
Había considerado dormir en otra habitación -quizás en el sofá, ya que la pequeña casa tenía pocas habitaciones de sobra-.
Solía ser una casa pequeña pero agradable.
Ha dejado de ser agradable.
Y no tenía mucho sentido elegir otro lugar donde dormir.
No era la habitación lo que atraía a su padrino cada noche.
Eso sería fácil, piensa
Harry, visualizando alguna clase de hombre lobo absurda que en vez de estar
basada en las fases de la luna, como las que afectan a Remus, se basara en
una obsesión con las habitaciones —la habitación de Harry,
para ser exactos— que atrajera a Sirius como una sirena, a entrar.
En su lugar, era la silueta de su ahijado.
*****
"¿Sirius? ¿Qué pasa?"
Silencio. Su padrino se mantiene quieto en el umbral.
"¿Qué es?"
No hay respuesta. Harry piensa en alcanzar su varita. Cuando eres un mago y te has enfrentado tantas veces como él a la magia negra, es así como funciona tu mente.
Y entonces, Sirius dice, "Harry…” con voz ronca, y se adentra en la habitación, y todo pensamiento sobre su varita es abandonado mientras Sirius se sienta en el borde de la cama de Harry, y Harry ve sus ojos en la oscuridad, ve la cara angustiada justo antes de que la entierre en sus manos, temblando.
Harry no ha visto a su padrino así desde… bueno, nunca. Los ojos sí, parecían vacíos la noche en la que se conocieron, pero incluso entonces, las manos de Sirius no temblaban.
"Les oigo", susurra.
"¿A quiénes?" dice Harry, terriblemente asustado.
"Cuando duermo," dice Sirius, respondiendo a una pregunta diferente. "Empiezo a soñar y ellos vienen a mi, siseando No has engañado a nadie, y Sabemos la verdad, y Sigues siendo un asesino. Y yo intento decirles que cometí un error, y ellos dicen Dile eso a James, Dile eso a Lily... Dile eso a Harry”.
Harry duerme con un jersey de Quidditch viejo y usado que Sirius le dio el día que Harry vino a vivir con él, dos semanas desde el día posterior a que Sirius fue exculpado del supuesto asesinato de Pettigrew. Ya estaba desgastado el día en que se lo dieron: era de su padre.
Se sube las mangas de la camisa hasta los flacos antebrazos, diciendo "Sirius, sabes que yo nunca, jamás…".
"Y luego me dicen que todo el mundo me odiará, que me odian, pero que siempre estarán conmigo, que me quieren, ¿quiero ver cuánto me quieren? Lo único que tienen que hacer es darme un beso”.
Harry no sabe si estremecerse o gruñir. Sirius está libre de Azkaban y libre de los Dementores al fin; no debería tener que sufrir más. No por un crimen que no cometió; ni siquiera en sueños.
O quizás sobre todo ni en sueños.
"Soy incapaz de dormir más, Harry. Creo... creo que me estoy volviendo loco”.
Harry pone su mano en el brazo de Sirius. Ni él ni su padrino comparten un grado especialmente alto de afecto físico en su relación. Crecer con una completa carencia de ello, y no vivir con alguien que se preocupara por él hasta ser un joven de quince años hace que sea embarazoso ahora.
Con la otra mano alcanza sus gafas de la mesilla. Pero Sirius coge su mano: “No, no la enciendas…”. Harry se da cuenta de que él cree que está buscando la lámpara.
En esta rara postura, Harry dice “dime cómo ayudar, Sirius”.
“Quiero que los sueños desaparezcan. Dime… dime que no me odias”.
“¡Por supuesto que no te odio! Ya te lo te dicho, yo nunca…”
“James… James no me odia, ¿verdad? James no…”
“Él nunca…”
Por cuanto insiste en oírlo, Sirius parece ser incapaz de dejar a Harry acabar una frase. “Tú… te pareces tanto a tu padre, sabes… James significaba… todo para mí, tú significas todo para mí…”.
No parece saber a dónde llegar con el resto de su pensamiento. Finalmente dice, “Sólo… quiero ser capaz de dormir. No sé lo que ayudará…”
Que les jodan a Voldemort y a los Dursley, piensa Harry. Ya ha tenido este pensamiento antes, pero nunca con esta pasión. Debería estar abrazando fuertemente a su padrino ahora mismo, asegurándole cuánto significa para él. Debería ser capaz de decir la palabra amor.
En vez de eso, todo lo que puede hacer es apretar el brazo que le agarra de una forma que él cree que es tranquilizadora.
Sirius parece darse cuenta. Parpadea, y sus ojos miran la cara de Harry.
Harry decide que debería intentar alcanzar sus gafas de nuevo. Lo intenta otra vez, con la otra mano.
Mientras se vuelve, Sirius de repente atrae a Harry hacia él, casi sollozando, “Ayúdame…” – y como Harry se había girado hacia la mesilla, su hombro se encuentra con el pecho de Sirius, y no es la posición más cómoda para un abrazo, y como si tuviera miedo de que Harry se apartase, Sirius se coloca de forma que queda detrás de Harry, sus hombros sobre su pecho, apretando su rostro contra la espalda de Harry con otro sonido sollozante, y por un momento el afecto que Harry se estaba maldiciendo por no tener es real; siente un intenso deseo protector por su sufrido padrino, contento porque al final él es tan necesario como amado y guiado por él. Coloca sus manos sobre las de Sirius, como intentando suavizar el temblor.
Y entonces Sirius aleja su rostro, y una de sus manos se mueve hacia la línea de protuberancias óseas vertebrales entre los omóplatos de Harry, y empuja.
Eso hace que Harry se curve hacia delante, como esa presión haría con cualquiera, y eso significa que hay mucha menos distancia para ser empujado hacia la superficie de su cama.
Gira la cara justo antes de darse con la almohada, instintivamente, para respirar. Deja escapar una consonante: “S-?”
Y la mano entre los omóplatos de Harry de repente le está sujetando en el sitio, y la palabra que está intentando pronunciar simplemente se desvanece.
Mientras se queda helado.
Mientras se da cuenta de que la otra mano de Sirius está subiendo el
borde de su jersey.
Es como si la mano en medio de su espalda le estuviera sacando el aliento.
Sirius está vestido, no para irse a la cama, como si supiera lo inútil que es hacer eso teniendo esas pesadillas que le acosan, sino todavía en ropa de calle, la camisa desabotonada por delante y en los puños. Harry siente la piel contra la suya, el pecho del otro hombre contra la parte baja de su espalda desnuda, y siente la otra mano de Sirius ahora entre las capas de ropa que aún los separan, y sabe que Sirius se está desabrochando los pantalones.
Deja salir la palabra. No sabe cómo. “Sirius…“.
Ni siquiera vacila. La mano de su padrino ha agarrado la cintura de los boxers de Harry y se los baja.
Harry saca los brazos de debajo de su cuerpo. “No. Sirius…”
Y entonces la mano que estaba en su espalda le agarra una muñeca. La gira, deliberadamente, la sujeta, sin prisa.
La pone en la superficie de la cama,
cerca del hombro de Harry.
Con decisión.
Harry ni siquiera intenta mover el otro brazo. Cuando Sirius le agarra de la muñeca, le deja.
Cuando Sirius la coloca sobre la cama,
también cerca del otro hombro, no intenta soltarse.
Cuando Sirius ajusta su posición sobre la espalda de Harry, Harry no
se mueve.
Porque si se moviera, sabe lo que sentiría.
Sirius empezaría a apretar las
muñecas de Harry.
Hasta llegar a controlarlo.
Hasta inmovilizar las muñecas de su ahijado sobre la cama.
De igual modo, Harry no repite el nombre
de Sirius. No dice la palabra no de nuevo.
Porque si lo hiciera, sabe lo que pasaría.
Sirius le ignoraría.
Su padrino le oiría decir no, y no le escucharía.
Por eso Harry no puede decir no.
Escucha la rápida respiración de Sirius. Siente una parte de Sirius que nunca ha visto presionando en la raja de su culo.
Si dice que no, Sirius le sujetará. Si Sirius le sujeta, Harry empezará a luchar, sabe que lo hará.
Y entonces Sirius puede hacerle más daño.
No puede decir no. Puede quejarse mientras su padrino le penetra. Puede hundir la cara en la almohada para amortiguar el ruido, absorber sus lágrimas. Puede morder la almohada, para evitar que sus dientes rechinen mientras su padrino le viola.
No puede, sin embargo, evitar escuchar lo que Sirius dice una y otra vez: “Ayúdame… por favor, Harry, ayúdame… haz que se vayan, hazles parar…”.
Y como Sirius ni siquiera le puede escuchar, dice no antes de que lo haya hecho. Dice no, y dice por favor, y dice por favor, no. Entre las quejas, los sollozos, dice todas esas cosas.
Y aprende que tenía razón.
Cuando Sirius entra en él, Sirius grita, no como una bestia sino como un niño, como si supiera la enormidad de lo que ha hecho después de todo, pero no parece que esa sea la causa, pues no intenta levantarse tras desplomarse encima de su ahijado, saliendo pero no alejándose, liberando las muñecas de Harry aunque enrollando los brazos en sus hombros, abrazándole de una forma que parece cariñosa, acurrucándose contra él mientras su rostro se acomoda contra el cuello de Harry, todavía murmurando “por favor, déjalo irse…”.
Cuando el murmullo cesa, Harry se da cuenta de que su padrino se ha quedado dormido.
Y duerme tranquilamente durante la noche.
Harry sabe esto porque él no duerme esa noche. Ni por un momento.
Ni se atreve a moverse.
Hasta que parece que está amaneciendo,
Sirius no se mueve. Las lágrimas de Harry se han secado hace tiempo,
aunque todavía tiene la nariz congestionada. El dolor físico
no es tan malo, no es tan reciente, como lo era la noche anterior.
Escucha a Sirius decir, “Qu…”.
Y siente su cuerpo ponerse rígido mientras dice, “¿Harry?”.
Sirius se sienta rígidamente con un grito, y entonces el vello en la piel de Harry reacciona al chisporroteo del ozono en el aire mientras el grito de su padrino se transforma en un aullido, y el cuerpo sobre el suyo cambia y cambia, el animago cae contra el suelo sobre cuatro patas y arranca la puerta con un aullido, dando un salto, estrellándose escaleras abajo hacia la planta baja. Harry escucha una puerta abrirse y entonces los aullidos se alejan, alejándose de la casa en la distancia antes del amanecer.
No intenta levantarse durante un buen rato.
*****
Sirius no regresa. Harry intenta hacer algo, incluyendo lavar las sábanas
y su ropa de dormir de la noche anterior. No parece ser suficiente, así
que también hace un encantamiento de limpieza sobre ellas.
Usa el mismo hechizo dos veces sobre él. Los encantamientos de limpieza de cuerpo entero duelen un poco. Es lo único que siente en todo el día.
Sirius no regresa. Harry intenta comer algo mientras el sol se pone.
Es casi medianoche antes de irse a la cama, obligado por el agotamiento que le ayuda a sobrellevar el entumecimiento, dado que lleva un día sin dormir. Vuelve a su propio dormitorio, a su propia cama, porque es lo que está acostumbrado a hacer cuando está cansado.
Pensaba que se despertaría al escuchar el primer paso. Pero obviamente el agotamiento ganó, y no se despierta hasta que escucha su nombre, muy cerca: “Harry…”
Sirius está de pie junto a su cama.
Harry se incorpora rápidamente. No tan rápido como se mueve Sirius, quien de pronto está sentado en la cama con Harry entre sus brazos, con su ahijado junto a su pecho, y su rostro contra el hombro de Harry mientras llora sobre él.
Harry no puede decir que se relaje. Pero deja a Sirius abrazarle, intentando pensar en cómo empezar, temiendo que Sirius llore y llore hasta que Harry encuentre cómo decir, “Sé que no fuiste tú”, o “No querías hacerlo”, o “Todo saldrá bien…”
Y entonces Sirius dice, “Puedo escucharlos…”
Y Harry se vuelve a quedar helado.
“Cada noche les oigo, cuando duermo, Harry, me dicen que todavía soy un asesino, que soy el culpable…”
El pulso en la garganta de Harry está empezando a ahogarle.
“…que James y Lily me odian, una y otra vez, no puedo dormir…“
Sirius no se acuerda de la noche anterior.
Harry intenta desembarazarse del abrazo de Sirius. El abrazo de Sirius se hace más fuerte. Transfiere ese apretón a la parte superior de los brazos de Harry. Empieza a darle la vuelta.
“¡Sirius, no…!”
Esta vez es empujado con tanta fuerza
que casi le magulla la mandíbula, a pesar de la almohada y el colchón
bajo su rostro.
Grita contra ellos, todavía incapaz de ahogar el sonido de Sirius murmurando
“ayúdame, Harry, ayúdame, por favor”.
“No…”
Ve que tenía razón. Luchar significa que Sirius le sujete. Las súplicas son ignoradas.
Así que deja de luchar. Intenta dejar de suplicar.
No puede dejar de quejarse.
Pero es mejor que sentir cómo Sirius le aprieta las muñecas, junto a todo lo demás.
*****
La mañana siguiente resulta muy parecida a la anterior, pero esta vez
Sirius no se transforma en un perro hasta que ha bajado las escaleras. Harry
sabe que no están atrapados en una especie de ciclo temporal, no es
algo tan sencillo como eso lo que está pasando aquí.
Sirius aprovecha el tiempo en su forma de animago para intentar purgar los recuerdos de lo que ha hecho. Hasta que puede soportar ser humano de nuevo.
Y tiempo después, su exhausta forma humana se duerme. Y empieza a soñar.
Harry se había ido a dormir con el mismo jersey que llevaba la noche anterior; lo hizo automáticamente. Hoy tiene que lavarlo de nuevo, usar otro encantamiento de limpieza.
Se da cuenta de que esto no ayuda a su aspecto descolorido. Pronto no se podrá leer el logo de Gryffindor en él, si esto sigue así. Así que mejor no ponérselo más.
Ese pensamiento le hace llorar histéricamente, sentado contra la pared de la lavandería.
Sirius está fuera todo ese día también.
*****
Esa noche finge no despertarse cuando aparece Sirius.
No funciona. Sirius le sacude. Le sacude fuerte. Sólo cuando Harry
deja la farsa Sirius empieza a hablar. Y nada de lo que Harry diga o haga
tiene ningún efecto sobre los hechos que siguen.
*****
Tiene que conseguir ayuda.
*****
“…Te pareces tanto a él, Harry… dime que James no
me culparía, que las voces me mienten, ayúdame, Harry…”
*****
¿A quién puede pedirle ayuda?
Siempre era Sirius al que recurría cuando tenía problemas. A
nadie más.
*****
“Harry… oh, dios mío, qué he… nooooo…”.
Intentar que no se transforme y se escape corriendo nunca funciona. Nunca.
*****
Podría lanzarle un Desmaius la próxima vez que entre
en la habitación.
¿Y qué haría entonces Sirius cuando se despertara?
¿Podría ser… peor después? ¿Sueñas
cuando te dejan sin sentido?
*****
Harry sabe que las autoridades se ocupan de este tipo de cosas. No tiene que
planteárselo. Es sólo que Sirius… no está bien.
Y entonces Harry se irá a vivir a otro lado.
¿Y dónde irá Sirius?
*****
Cambiarse de habitación no ayudará. No es el dormitorio lo que
busca Sirius.
*****
Ellos lo averiguarán.
Es como tener sus propios Dementores en la cabeza, siseándole.
Ellos te preguntarán, y preguntarán a Sirius. Y LO AVERIGUARÁN.
Y entonces Sirius volverá a Azkaban.
*****
Diecisiete días y noches después, Harry huye.
Se lleva todo el dinero que hay en la casa. Sólo hay dinero mágico. No hay gran cosa. No encuentra nada de dinero muggle.
No se lleva nada más. Un adolescente con una maleta atraería una atención no deseada.
El defecto de su plan, si se le puede llamar así, es que está huyendo y no ha pensado lo suficiente sobre hacia dónde. Pero bajo estas circunstancias difícilmente puede culpársele.
Incapaz aún de aparecerse, viaja con polvos Flu hacia el Callejón Diagon. En las escaleras de Gringotts, cuando va a agarrar el picaporte de la puerta, se detiene.
¿Y por qué el señor Harry Potter retira fondos de su cuenta sin la autoridad de su guardián?
Oh. Ah. Mi… mi padrino está enfermo/en el hospital/ocupado/en viaje de negocios/de vacaciones en Brighton/las Bermudas/Francia/la África Negra más profunda.
Hmm. Muy irregular. Me temo que no podemos autorizar esta transacción hasta que nos pongamos en contacto con él. No le importa esperar, ¿verdad, Sr. Potter?
La mano de Harry cae a su costado. Se vuelve y baja las escaleras de Gringotts.
Vaga por Callejón Diagon, pensando en cuánto dinero tiene y dónde irá.
Puede ir a la Madriguera. Ron estaría allí para él y la señora Weasley estaría encantada de mimarle.
Vaya, Harry, qué placer verte… oh, querido, ¡qué delgado estás! ¿Es que no has comido? Oh, Arthur, mírale… ¿qué sucede, Harry querido? Tienes un aspecto horrible, ¿qué pasa?
No. La Madriguera no.
Hermione…
Hermione sería peor. Le miraría y lo sabría. Él
no sabría cómo ella lo habría adivinado, pero él
sabía que ocurriría igual que conocía su propio nombre,
ella lo sabría.
Pasa por el Caldero Chorreante. Tiene dinero suficiente para pasar unas pocas noches allí.
¡Vaya, mira quién nos viene a visitar! ¡Es Harry Potter, tan cierto como que mi tía usa bragas de franela! ¡Mirad todos, El Chico Que Vivió nos hace otra visita veraniega!
Sigue caminando.
Tiene su varita, por supuesto. Ni siquiera se lava los dientes sin tener su varita cerca. Pero todavía es un estudiante menor de edad.
Ellos rastrean el uso no autorizado de la magia.
Alguien que sale de Artículos de Calidad para Quidditch lleva un largo paquete que sólo puede ser una cosa. Harry se da una patada mental a sí mismo. Podía haberse traído su escoba. Debería haberse traído su escoba.
E ir con ella, ¿a dónde, exactamente?
Para evitar chocar con la persona del paquete, hace un giro lateral.
Tarda un poco en darse cuenta de dónde está. Sólo ha estado aquí una vez antes.
Callejón Knockturn.
Oh, esto… esto es mejor que vagar por Callejón Diagon. Nadie quiere mirar a los ojos aquí. No tiene que preocuparse por encontrar a alguien que conozca.
Pasa el resto del día holgazaneando
por aquí. No se le ocurre ningún otro destino o plan. A medida
que la tarde se acerca, piensa en hacer señales al Autobús Noctámbulo.
Por lo menos sería un lugar para pasar la noche confortablemente. ¿Pero
y si Stan Shunpike todavía lo conduce? Stan le reconocería enseguida.
¿Y a dónde le diría que le llevase?
El atardecer cae. Parece todavía
más siniestro en el Callejón Knockturn. Harry lleva sentado
en la puerta de una tienda abandonada una hora, con la cabeza baja, y acaba
de decidir arriesgarse con el Autobús Noctámbulo y la Madriguera
cuando un zapato le empuja -no tan fuerte como para ser una patada- en el
muslo.
Mira hacia arriba. Hay un chico, todavía más delgado que él,
de pie -no desafiándole con una sonrisa sarcástica. El chico
tiene el pelo pajizo; necesita urgentemente un corte de pelo y la cintura
de sus pantalones le llega un palmo por debajo del borde de la camisa. Parece
ser de la edad de Harry o un poco más joven.
“Estás en mi sitio”, dice el chico.
Harry le mira. Se da cuenta demasiado tarde de que si no quiere que le interrogue o tener una pelea, debería moverse mejor que quedarse mirando.
“No eres uno de los de la escuela de Jaq. Conozco a todos los que Jaquintor trae, ves, y no te conozco, tú no eres uno de ellos. Así que no te quedas este sitio. Lárgate”.
Harry masculla, “lo siento…” y empieza a ponerse en pie.
Antes de terminar, sin embargo, el chico se inclina hacia delante, entornando los ojos. “Hey…”.
Harry sabe lo que el otro está
mirando. Se lo han hecho demasiadas veces. Los ojos del chico se dirigen a
la frente de Harry.
Justo lo que él no quería.
Pero no recibe el esperado “¡Tú eres Harry Potter!” No, lo que el chico dice es “eso… eso es muy inteligente, lo es. Jaq nunca ha probado a hacerlo con nosotros”.
¿Eh?
La cara de espabilado del chico no se suaviza. No tiene la capacidad de hacer ese tipo de expresión facial. Pero el desafío se retira, detrás de un espacio en algún lado tras los ojos. “¿Tienes algún lugar adonde ir?”
Harry simplemente se le queda mirando.
“Quiero decir para pasar la noche. ¿Tienes hambre?”
Harry no es estúpido. Está
traumatizado, desconsolado y demasiado entumecido para ni siquiera empezar
a sentirse desesperanzado. Sabe en qué negocio están metidos
el chico y el mencionado Jaquintor. Sabe lo que significa la oferta de comida
y un sitio donde quedarse.
No, no está tan necesitado de un sitio donde quedarse.
Camina hasta que se derrumba exhausto.
No de hambre, tiene dinero y eso no será un problema durante un tiempo.
Puede encontrar otra puerta, una fuera del Callejón Knockturn , donde
no se verá obligado a marcharse por un chapero.
Puede hacer eso hasta que las autoridades le encuentren.
Y le lleven a algún sitio.
Y empiecen a hacerle preguntas.
“¿Exactamente por
qué huías, Harry?”
“¿Qué tipo de problemas?”
“¿Perturbado cómo?”
Una palabra en la mente de Harry, una y otra vez.
Azkaban.
Le parpadea al chico.
“...Sí”.
*****
El chico se llama Christian, y Jaquintor está tan interesado en la
cicatriz de Harry como Christian pensaba. Jaquintor cree que Harry fue muy
listo por haberse inventado eso.
“...llamar la atención de tu clientela, muy bien. Les gustará la idea de un poco de diversión con El Chico Que Sobrevivió. Incluso te pareces un poco a él, con ese pelo. Veo que eres un chico que llegará lejos...”.
Harry se da cuenta de que Jaquintor
está esperando su nombre en ese silencio.
“Trevor”. El sapo de Neville. De algún modo parece apropiado.
No importa qué nombre eligiera. Nadie excepto Jaq y sus chicos lo usan.
Desde luego nadie de la clientela.
Que son... no tan malos como Harry había imaginado.
Venderte en el callejón Knockturn
no es en realidad el infierno que él había pensado sólo
hace unos cuantos días. El área de negocio es una serie de calles,
no un burdel; no hay nada más que oscuros callejones en los que ser
invitado, que no son muy susceptibles hacia todos los actos sexuales que impliquen
a un adolescente que uno pueda pensar. Y no se va con nadie que le quiera
acompañar dentro de un edificio; a sus habitaciones, o incluso fuera
del callejón Knockturn. Jaq le ha advertido sobre eso; una buena oportunidad
para el cliente, no un polvo rápido sino partes del cuerpo ilegales
para propósitos de Magia Oscura.
El noventa por ciento de los clientes sólo quieren su boca.
El resto, que quieren más y quieren tenerlo en los callejones, también pagan más.
A Jaq le gusta eso. Harry se imagina que Jaq no es tan malo como suelen ser los chulos, sin tener base para comparar pero sopesando lo que conoce y lo que los otros chicos le cuentan sobre sus experiencias con otros patrones. Jaq nunca toca a ninguno de los chicos. Las habitaciones que ocupan durante el día están en general libres de bichos. No tienen camas, pero tienen todas las mantas que necesitan, y con ellas puedes hacer un suelo mucho más confortable. El problema es que Harry hace poco se ha convertido en uno de esos adolescentes que pueden comer el doble del peso de su propio cuerpo en una comida y seguir flacos; probablemente va a empezar una etapa de crecimiento. Por eso está hambriento todo el día, aunque no puede decir que realmente tenga apetito. Todo el dinero adicional que Jaq le da se lo gasta en comida, sin darse cuenta de lo que come. Simplemente lo que más barato sea y más le llene.
Aunque a Jaq le gusta que esté delgado. Dice que hace que siga pareciendo joven.
Asimismo, Harry está aprendiendo otras cosas sobre el arte de ser un puto. Ahora sabe cómo serlo, cómo parecer a la vez indiferente y accesible. Cómo indicar a aquellos que buscan este tipo de servicios.
Christian le da consejos, le enseña cómo cultivar su propia especialidad. Christian es uno de esos niñatos petulantes. Su postura es más agresiva; encogiendo el estómago para hacer que sus caderas sobresalgan justo un poco a los transeúntes. Le dice a Harry que lo bordaría haciendo de pobre-chico-perdido, con el mismo aspecto que tenía el día que Christian le encontró, el aspecto llévame-a-casa-y-dame-de-comer.
Harry parece ir mejorando. Cada vez pasa más tiempo por las noches en esos oscuros callejones, con el noventa por ciento, a diferencia de permanecer en las puertas.
O el otro diez por ciento. Con esos clientes, Harry simplemente aprieta su rostro y sus manos contra las paredes de piedra de los edificios que bordean los callejones, y bendice a la piedra por no ser nada parecido a una almohada bajo su cara.
Podría irse. Podría caminar fuera del callejón Knockturn cualquier noche, cualquier día. No hay barrotes que le retengan aquí, ni siquiera las amenazas de Jaq.
Jaq nunca le amenaza. No tiene que hacerlo. Harry y el resto de chicos están ahí porque no tienen ningún otro sitio al que ir. Porque se están escondiendo.
Porque hay algunas cosas más terribles que prostituirse en el callejón Knockturn.
Una tarde, todavía antes de anochecer, alguien que sale de una tienda todavía abierta choca contra el hombro de Harry.
Harry no lleva las gafas. Decidió, al principio, que había demasiadas posibilidades de que le reconocieran aquí. Jaq se lo prohibió diciéndole que le gustaba que actuara como El Chico Que Sobrevivió y le ordenó que las llevara puestas. Así que ahora Harry se las quita y se las mete en un bolsillo al principio de la noche, y se las vuelve a poner antes de presentarse de vuelta ante Jaq.
Debido a esto, la figura que choca con él es todavía menos clara. Y no sólo está atardeciendo, sino que la figura envuelta en una capa tiene la capucha de la capa puesta. De hecho, Harry no está seguro de que es un hombre, pero la altura y complexión de la figura lo sugiere fuertemente.
Y Harry ha aprendido cómo convertir un choque casual contra su hombro en una oportunidad de negocios.
“Lo siento, señor”, dice, y alarga la mano para cepillar el brazo y el hombro del hombre, como si el contacto hubiera dejado mugre y él quisiera corregirlo. Deja su mano ahí. “¿Le puedo ayudar con eso?”
El hombre empieza a alejarse. No, piensa Harry, esta noche no hay negocio con éste.
Entonces el hombre vuelve el rostro -todavía no visto bajo esa capucha- en dirección a Harry. Y se detiene.
Se quita la capucha.
E incluso en el atardecer, piensa Harry, conozco ese color de pelo.
Lo ha visto a diario en Hogwarts. Una marcada mancha pálida en la mesa de Slytherin en el Gran Hall. En clase de Pociones, normalmente encima de una sonrisa sarcástica.
Moviéndose con el viento mientras su propietario intenta ganarle el snitch durante los partidos de quidditch.
Pero el cabello de este hombre es mucho más largo que el de Draco.
Durante un momento, Harry piensa, no llevo las gafas –estoy más delgado –soy mayor –tengo un aspecto horrible – no me reconocerá.
El amo me ha dado un calcetín.
¡Me has hecho perder a mi sirviente, chico!
Harry se da la vuelta y corre.
*****
Hay unas cuantas cosas que Lucius Malfoy necesita que sólo se pueden
encontrar en Callejón Knockturn.
Los putos, sin embargo, no están entre ellas.
No es que no haya pagado a putas. Sí que lo ha hecho. Pero el tipo de puta que un hombre como Lucius Malfoy obtendría sería de clase tan alta que ella o él ni siquiera tendría la descortesía de abofetearte por llamarle con esa palabra malsonante. Se reirían, en cambio, pero perderías todas las oportunidades de comprar los favores de uno de ellos, no sólo en su propio prostíbulo sino también en todos los rivales de su misma clase. Esos hombres y mujeres son como los antiguos cortesanos, y usar una palabra inferior sería el insulto más grave.
Este es el tipo de entretenimiento
de pago que Lucius Malfoy buscaría. Muchos son de las mejores familias,
y de la mejor educación; las escuelas de brujería Shinomichi,
en Japón, y Abramahir, en Siria, parece que lanzan un número
importante de magos que son importados a este negocio en todas las partes
de Europa.
Lucius Malfoy no buscaría un prostituto en las calles del callejón
Knockturn más que se comería la cena en uno de sus mugrientos
adoquines.
Pero cuando ve la cara de la pequeña rata callejera manoseando su capa en un intento de obtener su interés para una mamada en un callejón, la réplica que ordinariamente haría desaparece.
No. No puede ser.
El chico ahora vive con su padrino, lo lleva haciendo desde hace dos años. Imposible haberse perdido esa noticia, la sentencia de Azkaban anulada, la feliz reunión edulcorada del chico con su pseudopariente.
Y entonces los ojos del chico se abren enormemente y sale corriendo.
Eso aclara mucho.
Sólo hay una forma de asegurarse.
Saca su varita.
“¡Accio Harry Potter!”
El chico vuela de vuelta hacia él como una trucha en un sedal. Cae amontonado a sus pies.
“Bien, esto lo hace definitivo”
*****
Lucius Malfoy agarra a Harry del cuello de la camisa, como a un gatito rebelde.
“¿Qué... por todos los infiernos... está haciendo Harry Potter ofreciendo la mercancía más antigua del mundo en Callejón Knockturn, si se puede saber?” Suena demasiado incrédulo para ser divertido.
“Suélteme”.
“No, no lo creo”.
“¡No es asunto suyo! ¡Suélteme!” Harry le empuja, pero el apretón de Lucius es demasiado tirante, un giro del cuello de la ropa tan cuidadosamente hecho que le resulta difícil volverse, y Harry está empezando a asustarse por estar llamando la atención sobre esta pequeña escena.
Lucius, por otro lado, está de hecho empezando a sentirse divertido, terriblemente divertido. El chico ni siquiera lo intenta negar. ¡La perdición de Voldemort, el chico héroe, prostituyéndose en el callejón Knockturn! Sea lo que sea lo que le haya traído a esto, es la mejor venganza que podría haber soñado.
“¿Qué pasó con la sustanciosa fortuna que tus padres te dejaron, hmm? ¿Te la gastaste toda en chucherías y en los últimos modelos de escobas? ¿Necesitas encontrar una fuente de ingresos distinta? No pensaba que te quedase mucho, después de que tu administrador tomara su parte”.
“¡Maldita sea, suélteme”!
Lucius se da cuenta de que el chico parece tenerle menos miedo a él y estar más aterrorizado de los que les rodean, sus ojos revoloteando alrededor casi aterrorizados por las pocas caras que hay en la calle.
“Realmente creo que estarías
mejor en casa, chico. Seguro que el dinero no puede ser una necesidad tan
desesperada”.
“No puedo ir a casa. Suélteme”, repite el chico
“¿No? Bien, entonces, creo que me corresponde salvar la moral
de este lugar de tu extrema inmoralidad, mi caprichoso Harry. Estoy seguro
de haber visto a un Oficial de la División de Aplicación de
la Ley justo a la vuelta…”
“¡NO!” Harry se gira y Lucius está casi asustado
por la mirada del chico. Pero no es nada comparado con lo que dice a continuación:
“¡NO! ¡Llévame… oh dios mío, Lucius,
llévame a Voldemort, cabrón! ¡Maldíceme de muerte
aquí! ¡Enciérrame en la cámara de tortura de tu
puta casa… no me importa! ¡Hazlo, hazlo TODO! No…“.
Pero no me arrojes a las espinas (1). Lucius lo escucha claramente, aunque Harry no lo pronuncia.
¿Qué ha hecho el chico?
“¿Y por qué no puedes volver a casa?”
De nuevo, no estaba preparado para lo que esos ojos podían hacer. “No puedo”.
Lucius se da cuenta de que esto no
es tan simple como un fugitivo huraño. No, él ya conocía
eso. Tampoco es algo tan complicado como... oh, el cadáver de su padrino
tendido en el linóleo de la cocina de su casa, víctima de una
pelea no-eres-mi-jefe que fue demasiado lejos, fuera de control. No, el chico
no tiene miedo por él. No está intentando esconder algo que
él ha hecho. El que esos notables ojos verdes puedan comunicarle todo
eso es asombroso, pero cierto.
Y de esta manera, lo entiende.
Mira al chico.
No. No algo tan... mezquino, tan sórdido, para el Chico Que Vivió. Seguro que no.
Recuerda dónde están. Y lo que Harry estaba haciendo.
Encantador, piensa sarcásticamente. ¿Y cómo se supone que debe sentirse sobre esto?
Bien, él siempre ha sido un hombre de acción, cuando la introspección amenaza con durar demasiado.
Expira. “Bien. Entonces que sea la cámara de tortura de casa Malfoy. ¡Apparate!”
*****
“¿Que le encontraste DÓNDE?”
Lucius repite lo que acaba de decir en términos ligeramente menos oscuros a su hijo, que le mira incrédulamente desde la chimenea. “Le encontré vendiendo su culo en el callejón Knockturn”.
“¿Por qué?”
“Porque el canalla de su guardián, Sirius Black, ha estado follándose a su propio ahijado”.
“¿Él… te dijo eso?”
La mirada de Lucius es sombría. “No tuvo que decírmelo. Estaba en él, como la mugre de esas calles. ¿Qué podría haber sido tan malo como para que hiciera eso? La forma en que dijo que no podía volver a casa... Bien. Yo estaba allí, vi sus ojos. Y... también lo que le dije después. Que no pudo negar”.
“No… es mutuo, entonces”.
“No es mutuo. El chico no pudo soportarlo más, pero posiblemente no podía acudir a nadie. Aterrorizado de que encerrasen a su padrino de nuevo.
“¡Crees que alguien tendría la perspicacia para reconocer que un hombre que ha estado en Azkaban durante 10 años NO puede ser el mejor candidato para hacerse cargo de un chico que ha estado encerrado en un armario durante aproximadamente el mismo tiempo!”
“Sí, bueno”.
En el silencio, Lucius sabe que ambos están pensando lo mismo. Ninguno tiene que decirlo en voz alta.
Después de unos momentos, Draco dice, “¿Quieres que vaya a casa?”
Lucius arquea una ceja. “¿Eres su amigo?”
Draco resopla. “Difícilmente. Sólo pensaba… si necesitas ayuda…”.
“No. Sospecho que Potter te miraría y pensaría, ´¿No era suficientemente malo un Malfoy en la misma casa?` No, tú disfruta de Suiza. Sólo quiero que sepas que él estuvo aquí porque seguro que va a haber rumores y quiero que sepas la verdad. Eso no quiere decir, por supuesto, que compartas esa verdad con los demás, Draco”.
Draco parece ofendido. “No soy estúpido, padre”.
“Tienes diecisiete años”.
“Oh, touche. Bien, sí, lo sé, ‘Mantenlo secreto, mantenlo seguro’ y todo eso”.
“Me estás confundiendo con otro mago de pelo largo. Mantenme al tanto de cualquier cosa que oigas, ¿de acuerdo?”. Lucius coge algunos documentos de su escritorio.
“Claro, por supuesto. ¿Cuánto tiempo le vas a... mantener aquí?”
Otro silencio, éste más corto, durante el cual ambos vuelven a saber lo que el otro está pensando.
“Todavía no lo sé”.
Un evasivo mmph de Draco.
“Ya te iré contando los... progresos, entonces”.
“Puedes usar a Astarte para mandarme un búho. No tiene problemas con la altitud de estas laderas”.
“Muy bien”.
Draco se despide con la cabeza y desaparece.
Lucius vuelve a prestar atención al documento de su mano. Después de un minuto o dos toma otro puñado de polvo y lo lanza a las llamas.
Esta vez el rostro es de un hombre de mediana edad, perfectamente afeitado y bien arreglado de tal forma que indica que la grasa de sus mejillas sugiere un estilo de vida acomodado pero que trascurre en su mayor parte detrás de un escritorio.
“Sandleford. Necesito un favor”.
*****
Mientras se dirige hacia el ala de los invitados medita sobre los dos momentos de comunicación no hablada que ha tenido con su hijo.
Es todo tan despreciable. El pequeño Harry Potter destrozado y aquel contra quien se conspiró, Sirius Black destrozado, envuelto en algo tan infame que es una ofensa.
No incesto. Draco y él saben que no es eso.
Lucius Malfoy no tiene excesiva delicadeza con eso. Después de todo, es un Malfoy. Su primer amante fue su propio padre. Pero había sido a petición de Lucius; su padre era, después de todo, un hombre irresistiblemente guapo. Y él siempre se había volcado en cuerpo y alma en los intereses de su hijo. ¿A qué otro habría querido Lucius para que le guiara en su primera experiencia sexual?
Su hijo es hermoso. Sin embargo, Draco no le ha hecho una petición similar. Y a menos que lo haga, Lucius no traicionará el pacto que un padre tiene que tener con el bienestar de su hijo.
Y eso es lo que les hizo a ambos hacer una mueca de repugnancia al pensar en lo que Black le ha hecho a Potter.
No es que a ellos les guste el mocoso.
Y eso era la otra parte del asunto.
El rumor de la presencia de Potter en la mansión Malfoy pronto alcanzará a Aquel-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.
O, como Lucius ha llegado a pensar de él en privado, el Puñetero Capitán Ahab.
Eso tenía sentido hace años. Esclavizar a los despreciables muggles. Enseñar a los presuntuosos sangresucia cuál es su lugar. Un compromiso por el que a todos se les caía la baba.
Y ahora, desde su retorno, todo lo que ha sido es Coger a esa ballena blanca apestosa que es el chico Potter.
Es tan jodidamente tedioso.
Lucius sabe que Voldemort esperará que le lleve al chico. Lo que puede ser lo mejor por unas cuantas razones. Primero, está esa pequeña cuestión de que Voldemort le matará seguro si no lo hace. Entonces, si él destruye al chico finalmente, pueden volver a la más atractiva tarea de conquistar el mundo muggle.
Pero Lucius duda de que sea tan simple. Lo más probable, una vez que Potter sea muerto a manos del Señor Oscuro, es que entonces Voldemort se pase los próximos diez años regodeándose y deleitándose con su propia inteligencia, regalando a todo aquel que quiera escuchar con todo lujo de detalle, una y otra vez. Y los diez años siguientes a eso probablemente se sumirá en una depresión por el hecho de que la muerte de Potter significa que ya no hay suficientes retos. Oh, es como si lo estuviera oyendo.
Ayer, Lucius había estado justo en el mismo estado de ánimo que cualquier otro mortífago, que es lo que era, que tuviera a Potter en su poder, no se lo hubiera presentado a Voldemort con un “Mire lo que le he traído, Amo”, sino que lo habría empujado hacia el loco con un “¡Tómele y CÁLLESE de una puta vez!”
Hoy, la idea de llevarle esa patética insignificancia, reducida a prostituirse para permanecer en el anonimato lejos de aquellos con el poder para castigar a su padrino si supieran la verdad, al Señor Oscuro como un tributo... bueno, digamos que espera tener siempre un poco más de estilo que eso.
Voldemort no estará contento.
Voldemort puede besar su pálido culo aristocrático.
*****
“Es algo... lujoso para una cámara de tortura, ¿no?”
El chico no sonríe al decirlo. De hecho parece aterrorizado. La bata que el elfo doméstico encontró para él es un poco grande, y combinado con el pelo aún mojado le hace parecer más joven de lo que es.
Está buscando mejor un baño, no obstante.
“Sí. Bueno, la principal está siendo reamueblada. Tendrás que conformarte con la auxiliar. La cama se convierte en una doncella de hierro exactamente a medianoche”.
Potter mira la cama, como si estuviera seguro de que Lucius está bromeando pero sin embargo no pudiera evitar mirar.
Lucius está bastante seguro de que el chico nunca ha estado en un alojamiento tan opulento como este. Y ni siquiera es la mejor de las suites de invitados. Ésta sólo está un poco adornada; Lucius no puede imaginarse al chico confortable allí.
El chico traga. “¿Qué... qué va a hacer conmigo?”
Llamar al Ministerio y dejarles hacerte un tercer grado sobre tu desaparición. Derretir tus huesos en el horno y hacer contigo un pastel. Romperte y convertirte en un mortífago. Arrancarte la bata y violarte. Llevarte ante mi señor. Hacerte llevar un turbante y usarte como mi criado.
Lo que dice es “te vas a quedar aquí”.
“¿Durante cuánto tiempo? ¿A quién le ha dicho que estoy aquí? ¿Le dijiste que…”. Se detiene.
“En orden inverso, Harry: tercero, no he dado detalles de tus actividades a ninguna autoridad. Ni de dónde te he encontrado ni de lo que estabas haciendo. Ni de por qué huiste de casa. Y sabes que yo sé el por qué”.
Los ojos de Harry están completamente abiertos, detrás de sus gafas, y su boca es pequeña.
“¿Entonces te tomó cuando era un perro o en realidad tenía forma humana cuando intentó montarte?” ha dicho Lucius.
Y el chico no le siseó, no lo había negado, no le había llamado cabrón enfermo. Se había quedado helado. Y había hecho un ruido con la garganta que no podría provenir de nadie con más de cinco años de edad.
“Segundo, he tenido unas palabras con un miembro en concreto del Ministerio. Un representante mío. Y se lo dije a Draco, ya que no me gustaba la embarazosa visión de que volviera a casa y te encontrara aquí sin haberle avisado. Está en Suiza de vacaciones. Y primero, indefinidamente. Y posiblemente permanentemente”.
Potter se toma un momento para analizar la secuencia de sus preguntas a esa respuesta. “¿Eso qué significa?”
“Significa que me han otorgado la custodia temporal sobre ti”.
“¿Qué? ¿Cómo?”
Lucius le pone su mejor gesto serio. “Basándome en que estamos emparentados”.
“¡No estamos emparentados!”
Ah, es interesante ver que su fuego no había sido completamente aguado.
“Al contrario. Creo que te darás cuenta de que puedes conectar cualquier familia de magos que no sean estrictamente hijos de muggles. Tienes que buscar mucho, pero mi representante Sandleford es bueno en eso. Para mañana tendrá que eres el nieto de la tía abuela de la tercera esposa de mi sobrino, o algo así”.
“¡¿Por qué les dijiste que necesitabas la custodia?!”
“Como acabo de decir, porque tu padrino fue de alguna manera incompetente. ¿Qué estás intentando hacer, chico, hacerme husmear cada uno de tus detalles? ¿Cuántas veces, cuántas posiciones?”.
El chico hace otro de esos ruidos y da un traspiés hacia atrás. Se lleva las manos al rostro.
Mierda.
Lucius está enfadado consigo mismo. ¿Qué estaba intentado probar exactamente con eso?
Más tranquilo, dice “encontrarás que la mayor parte del Ministerio y del mundo mágico pensarían que sería más ventajoso para un pariente Malfoy, no importa lo lejano, alojarse lujosamente aquí, si el cabeza de la casa lo permite, que vivir con otro que no es de su sangre. A menos que lo refuten. Por lo que supongo, Sirius Black no se atreverá a refutarlo”.
Harry ha bajado sus manos. Se muerde el labio. “Según su lógica, puedo probar que Sirius también está emparentado conmigo”, dice con algo parecido a un pequeño gruñido.
Lucius no arremeterá esta vez, no se lo permitirá. “¿Por qué, exactamente, estás haciéndote el tonto? Por supuesto esto es simplemente una estratagema. Puedo romper la custodia en cualquier momento. Pero así es precisamente cómo tengo intención de mantener a las autoridades alejadas de ti por el momento, Potter. Creo que podrías estar contento de eso”.
El chico no responde. En este momento Lucius se da cuenta de que este chico no es para nada como Draco, a pesar de que tienen la misma edad y una gran fuerza de voluntad. Draco parecería enfadado, o al menos haría pucheros, al ser corregido. En vez de eso, Potter se queda ahí sin avergonzarse de ser visto considerando la lógica de lo que antes no había comprendido.
Suficiente.
“Los elfos domésticos pueden traerte comida. De hecho, pueden traerte casi todo lo que quieras. No vayas vagando por ahí a menos que te acompañe uno de ellos”.
*****
Y la noche cae, y Lucius tiene al chico Potter bajo su techo. En una suite
de invitados, no en una mazmorra.
¿Qué podía decirle al Señor Oscuro?
¿Por qué está siquiera preguntándose sobre esto?
Arrancarte la bata y violarte.
Oh sí. Había pensado en ello, ¿verdad?
Por todos los infiernos.
Se acuerda que la licorera con coñac en su habitación está al menos por la mitad.
Bien.
*****
Se despierta. Thwack.
Thwack.
Conoce ese sonido. Es el sonido de un elfo doméstico pegándose a sí mismo en la cabeza.
“¡Twizzle malo! ¡Oh, Twizzle es un mal elfo doméstico, amo Lucius!” ¡Thwack!.
Me cago en la puta.
“¿Qué pasa, Twizzle?” murmura, todavía sin despertar del todo.
“¡Oh, amo Lucius. Twizzle no vigiló de cerca al invitado, como el amo había ordenado! ¡Twizzle no vio que el invitado había salido de su habitación! Y ahora…“.
Ahora Lucius está despierto. “¿Dónde está Potter ahora, Twizzle?”
¡Thwack!. “La Trampa de Vestíbulo del Estudio, amo Lucius!”
*****
Casi no es tan malo como el elfo doméstico lo está poniendo.
Las habitaciones restringidas de la mansión no tienen algo tan simple como puertas cerradas con llave, o señales de Prohibida la entrada. En vez de eso, cada una tiene una Trampa de Vestíbulo. Cualquier persona no autorizada que entre repentinamente se encuentra de cara con una pared vacía delante y detrás de ella, sin puertas, y queda atrapado en ese pequeño espacio hasta que alguien autorizado le libera.
Lucius, usando un Lumos para
atravesar el hall, se aproxima a la puerta del estudio. Cree oír algo
de detrás de ella: una voz, muy apagada: murmullo-ORA, murmullo-MORA.
Interrumpido por, no está seguro, pero cree que es un sollozo.
Alohomora, se da cuenta. Como no hay puertas dentro de la trampa,
sin embargo, no funcionará.
Lucius pone su mano en el picaporte de la puerta del estudio. “Liberera”.
Se abre.
Al principio no ve a nadie. Entonces mira hacia abajo.
Potter está sentado en el suelo, apoyado contra la pared trasera de la Trampa de Vestíbulo, con la varita en la mano. Está a la mitad del Alohomora. También está llorando, y claramente lo ha estado por algún tiempo. Su rostro está manchado con lágrimas y mocos, y las mangas de la bata negra, que todavía lleva puesta, tienen grandes manchas de humedad.
Se limpia la nariz con una manga, parpadeando con la repentina luz. Lucius puede oír la difícil respiración en el pecho del chico.
Encerrado en un armario durante aproximadamente el mismo tiempo.
“Te dije que no fueras a ningún lado sin estar acompañado, ¿no?”.
El chico no responde. Se limpia la cara de nuevo.
“Sal de ahí, Potter”.
No lo hace. Vuelve la cara hacia un lado.
Suspirando (debería haberle llevado a Voldemort, yo tenía RAZÓN la primera vez), Lucius se pone en cuclillas y extiende una mano. “Sal o usaré Mobilicorpus contigo. No creas que no lo haré”.
El chico se toma unos momentos, pero finalmente alarga la mano hacia la de Lucius y se deja sacar de ahí. Lucius utiliza también el Momentum para poner a Potter de pie.
Pero una vez ahí, el chico no le suelta. Está temblando.
Lucius le lleva de vuelta a la suite de invitados. Twizzle les sigue gimoteando, pero al menos ha dejado de golpearse. Y Potter parece haber dejado de llorar.
En la puerta, Lucius piensa si reiterar su advertencia sobre ir acompañado por los elfos domésticos. Pero no lo hace. Sabe por qué Potter no lo hizo. El chico no tenía interés por los lugares a los que podía ir... sólo por los que no podía.
Así que en vez de eso, dice “duerme un poco. Mañana, si eres tan reacio a molestar a los elfos domésticos, te mostraré la casa. Incluyendo las salidas que te llevarán al exterior”.
El chico le mira como diciendo, ¿Vas a desperdiciar tu tiempo haciendo de guía para mí? Debes estar loco.
Quizás lo está.
*****
Lucius no actúa como si estuviera orgulloso de la mansión y
Potter no actúa como si estuviera impresionado. No es un tour histórico,
es una orientación. Cuando terminan, Lucius espera que Potter haya
sacado alguna idea de qué puede hacer para mantenerse entretenido,
y de que, sí, puede salir de la mansión si quiere. Lucius vio
rápidamente que Potter no hará nada más que golpearse
contra los barrotes de su jaula si no se le enseña cómo abrir
la puerta.
Pero espera que una vez se le haya mostrado, el chico elegirá quedarse, por el momento.
Porque si sale corriendo, Lucius tendrá que traerle de vuelta. Incluso sin transgredir ninguna ley.
Espera que Potter se dé cuenta de eso.
Cuando para cerrar el circuito lleva a Potter de vuelta a su suite, el chico se mete apresuradamente para refugiarse dentro. Lucius le deja.
Esta tarde, Lucius recibe un búho
de Sandleford. Él y el chico son en efecto primos séptimos,
se sorprende de verlo. La línea se traza, no de forma inesperada, a
través de su tía abuela Jeanne-Maire, quien sobrevivió
a tres maridos y a la edad de setenta y ocho decidió tener un cuarto:
su mozo de cuadra de diecinueve años. De hecho había causado
menos escándalo que si se hubiera casado con un muggle. Lucius siempre
le había tenido cariño a la tía abuela Jeanne-Maire.
Algo más llega esa misma tarde. Un comunicado privado de MacNair.
“¿Es cierto?”
“¿Es cierto el qué?”
Enmarcado por las llamas, MacNair parece irritado. “No finjas, Lucius. ¿Tienes al chico?”
Lucius tiene más juicio que para disimular. “Sí”.
“¿Y qué estás planeando, una sorpresa? Los rumores le llegarán pronto; querrá saber por qué no se lo has llevado”.
Difícilmente puedo darte una respuesta que ni yo mismo sé.
“Todavía no. Tiene información que necesito”.
“¿Qué tipo de información?”.
“Hay una cierta... suficiencia por su parte que me hace sospechar mucho. Creo que él sabe el paradero de Voldemort. Necesito encontrar cómo y quién más lo sabe”.
“¿Y un chico a medio entrenar te está ocultando eso? En serio, Lucius, eso ni siquiera necesitaría Veritaserum”.
“Te olvidas de quién es”. Se calla durante un momento mientras deja a MacNair que recuerde eso. “Hemos visto al chico resistir el Imperius. Pueden haberle entrenado a resistir el Veritaserum también. Estoy intentando usar otros métodos. Eso llevará un tiempo”.
“¿Y si nuestro amo no está de acuerdo?”.
“Entonces puede venir aquí y decírmelo. Adiós, Walden”.
Lucius se sorprende por sentirse tan indiferente como sus palabras suenan. No, realmente no teme a Voldemort. Incluso si Voldemort contactara con él directamente, Lucius podría hacer que sus planes sonasen lo suficientemente diabólicos como para agradar al Señor Oscuro. “Yo se lo entregaré completamente destrozado, con comprensión plena de cómo ha traicionado a fondo a aquellos a los que ama…”.
Voldemort compraría algo como eso. Lo cual es una ilustración perfecta de cuán triste se ha convertido toda la cruzada.
Lucius se entera por los elfos domésticos de que Potter permanece en sus habitaciones el resto del día.
Y el siguiente.
Y el siguiente.
Le aseguran que el chico come, algo. Y duerme.
Y no está construyendo ningún tipo de trampa peligrosa en la puerta de su suite.
*****
Al día siguiente, Lucius encuentra a Potter en un área en el
que no se lo esperaba.
Vestido con ropas negras y grises que le hacen parecer como si estuviera demasiado cálido con todas esas capas, Harry está en frente de uno de las estanterías de la biblioteca, con dos libros en los brazos, y está empezando a sacar un tercero.
Empieza cuando ve a Lucius. “Yo… usted dijo…”.
Lucius asiente. “Lo hice. Sólo intenta no verter nada sobre ellos”.
Se sorprende de que haya sido la biblioteca lo que haya sacado a Potter. Habría esperado que el chico estuviera en la habitación del billar, o en los establos. Por lo que Draco le había dicho, el chico no es de los estudiosos.
Pero ha salido de su habitación, por lo menos. Y... no parece tan miserable ni tan aterrorizado, por primera vez.
Aunque menos confortable, ahora que
sabe que está bajo la vigilancia de Lucius.
Lucius se gira para irse. Pero se da la vuelta.
“Como has llegado así de lejos desde tu habitación sin incidente, me preguntaba si querrías venir al comedor para el almuerzo”. Casi había dicho cena, pensando en dar al chico unas pocas horas para estimular su coraje, pero había tenido la inspiración de que el almuerzo sonaría como un evento menos formal, y era más probable que el chico aceptase.
Ve cómo el chico se queda ahí, con los libros en los brazos. Los sujeta contra su pecho como un escudo protector.
“¿Qué tengo que ponerme?” dice al final.
“Eso está bien. De hecho parece un poco cálido. ¿No es demasiado para ser verano?”
“Aquí hace frío”.
No es cierto. Pero entonces recuerda lo delgado que el chico parece.
“Bueno. Está bien. Te veré en una hora. ¿Hay algo que no te guste comer? ¿O a lo que seas alérgico?”
Harry le mira. “Alguien intentó que bebiera cicuta el año pasado. Pero no va conmigo”.
Lucius pone cara seria mientras dice, “Ah. Bueno, les diré a los elfos domésticos que no te sirvan la quiche entonces”.
Le echa un vistazo al libro que Potter sostiene mientras se da la vuelta y se marcha. No es lectura ligera. Todo son textos mágicos.
Suspira para sí mismo. Tiene que hacer que los elfos domésticos aumenten el número de rastreos para detectar trampas peligrosas en las habitaciones del chico.
*****
Una cosa que tampoco esperaba es que este niño campesino mitad muggle
tuviera unos modales excelentes en la mesa.
Se come todo lo que hay, y acepta cada
vez que se le ofrece más, como el adolescente que es. Es indefectiblemente
correcto (demasiado correcto, de hecho; obviamente nunca ha sido atendido
en la mesa por elfos domésticos, quienes casi dejan caer los platos
la primera vez que le oyeron decir gracias, y rompieron a llorar sobre la
bullabesa, ensalada nicoise y capas de queso con cada repetición posterior),
no devora su comida, e incluso sabe dejar su tenedor de ensalada en el plato
cuando ha terminado el plato. Lucius, quien estaba preparado para ser tolerante
incluso si el chico pedía ketchup, no puede resistir hacer un comentario.
“Mi... familia... esto es, mi tía y tío...”.
Lucius asiente, intercambiando una mirada momentánea con Harry que le hace saber que entiende que se está absteniendo de llamarles ese nido de arañas con forma de muggle.
“...bien, ellos creían que yo estaba lo suficientemente avergonzado de estar ahí; querían asegurarse de que no les ofendía con mi presencia más de lo necesario, así que me gritaron para que no sorbiera la sopa, quitara los codos de la mesa, ese tipo de cosas. Cuando me dejaban comer con ellos en la mesa, por supuesto. Cuando tenía 8 años Tía Petunia me hizo leer un libro de etiqueta. Creo que me disuadió de leer de por vida”.
“Eso sería demasiado con 8 años”.
“Ahí estaba yo, leyendo sobre la composición adecuada de una cuchara para caviar cuando nunca iba a comer caviar, y preguntándome lo primero por qué alguien querría comer algo que suena tan mal como huevos de pescado”.
Lucius se sorprende a sí mismo empezando a sonreír. “¿Y ahora?”
“¿Ahora qué?”
“¿Qué piensas de él?”
El chico se ha perdido lo que le preguntan, y Lucius se divierte prologándolo. “¿Perdón?” pregunta Harry, desconcertado.
“El caviar. Era eso, el montón dorado en la punta de las tostadas”.
Harry parpadea. “¿He comido huevos de pescado?”
“Te comiste todo lo que había en el plato, así que sí”.
“Oh...”. Lo piensa. “Me preguntaba por qué la mermelada estaba tan salada. Pensé que era por los elfos domésticos llorando sobre ella”.
El chico reacciona ante la tarta de limón como si el mismísimo Dios hubiera ungido su lengua. Después de la tercera porción de Potter, Lucius cede y les dice a los elfos domésticos que pongan el resto de la tarta delante del chico. No hay ni una gota de salsa de frambuesa en el plato cuando termina—abandona los modales y caza el último resto de ella con el dedo.
Lucius mira al chico chuparse el dedo
y cerrar los ojos en un descarado éxtasis juvenil con el sabor.
Es... asombroso cuánto reacciona ante eso.
Harry mira su dedo como si contuviese todos los secretos del mundo. Lentamente su expresión se desvanece, pierde ese aspecto de satisfacción.
Se sienta de nuevo y se mira el regazo. Empieza a mover nerviosamente la servilleta.
Lucius mira eso también.
“¿Por qué estoy todavía aquí?” dice Harry a su regazo.
Lucius mantiene una expresión neutral. “¿Dónde concretamente?”
“Me refiero a por qué estoy aquí y todavía no dividido en treinta trozos en la guarida de Voldemort” dice muy rápidamente. “¿Por qué estoy aquí hablando de cucharas de caviar contigo en la mesa de tu comedor, como si fuera todo lo que nos preocupara?”
Considera. “¿Preferirías estar hablando de otra cosa?”
Harry todavía no levanta la mirada. “¿Qué va a hacer conmigo?”
Lucius encuentra que la franqueza de
la pregunta es desconcertante. Improvisa posibilidades, como hizo hace cuatro
noches.
Antes de que pueda hablar, Harry continúa: “¿Me vas a
usar contra Sirius?”
Lucius frunce los labios. “¿Por qué querría hacer eso?”
“Porque no te dejaré,” dice Harry, sin contestar la pregunta pero continuando con su propio pensamiento. “No le diré nada a nadie”.
“Tanta lealtad por alguien que te traicionó”.
“No fue traición. ¡Él no sabía lo que estaba haciendo! Él…“. El chico se atraganta con el resto de lo que quiere decir. “Usted... usted probablemente esté grabando esto. Lo pondrá en un pensadero e intentará usarlo como evidencia”.
“Supongo que podría. Si quisiera hacerlo”. Espera que el chico sea lo suficientemente listo como para entender que no hablaría así si quisiera hacer exactamente eso. Está hablándole a un chico de diecisiete años, después de todo, quien puede no ser suficientemente sofisticado para este tipo de juego de palabras diplomático.
“¿Qué es lo que quiere?”
Otra vez, esa pregunta directa. Ver cómo te chupas la salsa de frambuesa de los dedos.
Para eso.
“Quizás encuentro entretenido tener al Chico Que Vivió bajo mi techo”.
Qué curioso. Le acaba de decir la verdad sin adornos.
Harry le mira, momentáneamente perdido. Entonces: “¿Qué pasa cuando ya no sea entretenido?”
“Dije que lo encuentro entretenido. No espero que bailes, Potter”.
“Bien, porque soy horrendo en eso”. Lo dice con un poco de hostilidad, no queriendo hacer sonreír a nadie.
“Crees eso, ¿no? Que te mandaré a Voldemort en cualquier momento”.
“¿Qué otra cosa se supone que debo pensar?”
Tú y todos. “Cierto. Todo lo que sabes es que hasta ahora no lo he hecho”.
El chico asiente, lentamente.
“Ni te he pedido que me creyeses. O he intentado darte cualquier otra excusa. Creo que has pasado por algo tan enormemente espantoso que era importante dejarlo estar, hasta el momento”.
“¿Por qué debería pensar que le importa? ¿Por qué le debería importar?”
Lucius pasa unos momentos girando la taza de café frente a él en su platillo antes de contestar. Tiene que luchar contra el impulso de decir toda la verdad. Eso sería peligroso para él.
“Porque no me gusta la forma en que la mayoría de la gente pensaría sobre lo que hice en cuanto te vi: mira qué lejos ha caído el chico héroe. Cuando la verdad es que todavía estabas haciendo todo lo que podías para ser el héroe”. Levanta la taza y apura el último sorbo. “Creo que eres un loco infantil por querer hacer eso, pero... eso no significa que tu voluntad sea menos”.
En voz muy baja: “No dejaré que vaya de nuevo a Azkaban”.
“Deberías querer que respondiera por lo que ha hecho”.
“Necesita ayuda”.
“Entonces alguien tendrá que saberlo”.
“No. ¡Si se lo dices a alguien juro que te mato!”
“Escúchate. Amenazando de muerte como el niño que eres”. Levanta una mano mientras Harry empieza a hablar. “Y antes de que empieces a protestar sobre que ya no eres un niño, te recuerdo que eso es precisamente lo que siempre serás para Sirius Black. Su ahijado. No importa la edad que tengas. Y por eso no puedes tomar ninguna decisión razonable sobre esto tú solo”.
Ve a Harry intentando calmarse. “Si se lo dices a alguien lo negaré. Encontraré una forma de volverlo contra ti. Te juro que lo haré”.
Lucius le mira. No quiere negociar con el chico. No sobre esto. “Harry, no tengo intención de decírselo a nadie. No me interesa crear un escándalo, ni tengo ninguna historia concreta con Black que me impulse a vengarme. Simplemente estoy señalando que tu deseo de protegerle es inapropiado. Él debería haberte protegido”.
“¿Por qué iba a creerte?”
Lucius sonríe. “Supongo que tendrás que creerme”.
Harry no sonríe. Pero la furia desesperada desaparece de su rostro. Por un momento, Lucius ve algo como un anhelo, como si quisiera, mucho, hablar de ello con alguien. Pero entonces el chico se controla.
“Así que deja que sea el final de esa parte de tus miedos,” dice Lucius por último.
Sabe que no puede dar ningún consuelo al otro. No más del que él tiene. Y Potter no pide.
“¿Encontraste lo que estabas buscando en la biblioteca?”
Algunos latidos pasan mientras Potter le mira de reojo. Finalmente parece decidir que, sí, va a permitir que se cambie de tema, intentará fingir que pueden ser educados. “Todavía no”.
Interesante. “Los elfos domésticos han adaptado la ropa para ti, sabes. Si hay algo que necesites en ese aspecto, ropa de montar, otra indumentaria deportiva, ese tipo de cosas, simplemente díselo”.
Un murmullo. “Ojalá tuviera mi escoba”.
“Puedes tomar prestada una, si quieres”. Lucius no dice nada como No vayas muy lejos. Si el chico elige huir lo hará. Pero tener una escoca no será ninguna diferencia: el chico primero tiene que tener un lugar donde ir.
“¿En serio?”
Oh, cómo se transforman esos ojos con sólo un poquito de esperanza en ellos.
“Has estado encerrado durante días. Ve. Te sentará bien”.
Una pequeña nube pasa frente
a sus ojos. “Me gustaría... aunque necesito pasar más
tiempo en la biblioteca”.
“Bueno. No hay otras cosas forzando tu horario. Puedes sacar tiempo
para ambas”.
Harry no dice nada, pero parece ver la viabilidad de esto.
“Y mientras estés bajo este techo, te agradecería mucho que por favor te abstuvieses de maquinar todo intento de hacerme darles ropa a los elfos domésticos que me quedan. Puedo encontrarme menos caritativo si lo haces”.
Por un momento, probablemente habría visto una chispa pícara en la mirada de Potter sobre el tema. Hoy no. El chico simplemente asiente.
“¿Hay alguien que quieras que sepa que estás aquí, Harry? O al menos hacerle saber que estás…“. Se detiene antes de decir a salvo.
El chico se muerde el labio. “No… todavía”.
“Como desees”.
El silencio se alarga. Lucius está decidido a dejar a Potter romperlo.
Probándole.
El chico coge una miga invisible de su plato con el dedo. “¿Y cuándo es la cena?”
Lucius mira el plato de tarta completamente desnudo enfrente de Harry, y levanta las cejas hacia el chico.
“¿Quieres decir que podemos comer esta cosa de limón otra vez?”, dice Potter con ingenuidad deliberada. “Oh, bien”.
*****
Potter pasa de hecho más tiempo en la biblioteca que fuera, en los
dos días siguientes. Pero entonces, uno de los elfos domésticos,
al que habían ordenado avisar a Lucius sobre los hábitos de
Potter y cualquier cambio en ellos, le lleva el rumor de que el chico ha estado
vagando por el salón de baile, aparentemente sin ningún propósito.
Curioso, Lucius decide comprobarlo.
Encuentra a Potter mirando los retratos de las paredes. La tía abuela
Jeanne-Maire está haciendo globos de animales en los suyos. Por mucho
que lo intentaran, nadie pudo nunca hacer que la buena señora apreciase
el refinamiento del bordado.
Ella le está mostrando a Harry una jirafa magnífica cuando el chico oye los pasos de Lucius y se gira para mirarle. La tía Jeanne-Maire le saluda y le da una vuelta al extremo de la jirafa, y toda la estructura se desinfla y va haciendo thbpp por el aire, por los confines del cuadro. Harry sonríe.
Lucius está sorprendido de lo natural que es esa expresión para él. Lo que probablemente es un poco extraño, dado lo poco que debe haber sonreído el chico durante su infancia.
“Es buena en eso,” dice el chico.
“Lo es”.
Harry gira la cabeza hacia el lado
opuesto del salón de baile. “Me preguntaba... la señora
Malfoy, ¿ella también está en Suiza?”
El retrato de Narcissa, hecho hace diez años, la muestra mirando por
el marco de una ventana. Siempre le ha hecho pensar en la difunta madre de
Blancanieves.
“No, no lo está”. Aunque reclamar la custodia sólo era una artimaña, Lucius piensa que no será suficiente explicación si el chico vive aquí. “El año que Draco fue a Hogwarts, su madre decidió que ya había cumplido con su deber de portar y criar a un heredero Malfoy. Nos separamos. Ella se mudó a Singapur para estar con una rama de la familia, como siempre había deseado hacer.
“Oh... Eso es... muy malo”.
La torpeza de Potter sonaba arraigada en la sinceridad, lo que sorprende a Lucius. “Nos llevamos bien durante los años que estuvimos juntos. Algunos matrimonios concertados lo han hecho peor. Y ella y Draco se tienen mucho cariño. De vez en cuando nos reunimos por urbanidad... reuniones familiares, estrenos de ópera, Copas del Mundo de Quidditch. Eso agrada a Draco.
“Pensé… parecía…”. El chico lo intenta de nuevo. “No puedo explicar por qué, pero la casa no se sentía como si ella viviera aquí”.
“No. La decoración de aquí no ha tenido ese toque femenino desde hace años. Incluso su habitación fue remodelada. Por otra parte, la principal habitación de huéspedes fue redecorada para ella si alguna vez decidía quedarse, pero nunca volvió a la mansión desde que se fue”. Potter todavía pone una cara como si todo esto fuera muy triste. Eso irrita a Lucius. “Hemos vivido separados lo suficiente como para poder divorciarnos sin encontrar oposición por parte del otro, si lo deseáramos, pero nunca ha parecido importante. No estés tan melancólico, chico”.
Potter abre la boca como para decir
Perdóname por existir, o No podría importarme menos
tu familia sin amor, o No me llames chico. Pero entonces la
cierra, deja que su irritación por el reproche se desvanezca de su
cara, y simplemente asiente.
“¿Celebras reuniones familiares aquí?” dice, volviéndose
para caminar hacia el centro del salón de baile.
“De vez en cuando,” dice Lucius, ciertamente impresionado de que el chico pueda elegir calmarse, para su corta edad.
Puede ver a la tía abuela Jeanne-Maire haciéndole señales desde su retrato. Ella señala a Harry retirándose, entonces se lleva las yemas de los dedos de la mano derecha -todas en contacto- a los labios y hace un silencioso gesto de ¡Muá!, abriendo los dedos como apreciando que Potter fuera una obra maestra exquisita. Ella sonríe.
Lucius la mira con el ceño fruncido.
Harry mira a su alrededor como si la idea de cien Malfoys reunidos en esta habitación fuera demasiado intimidante para ser considerada.
De repente la habitación parece demasiado pequeña, para Lucius, incluso para ambos.
No importa lo lejos que estén entre sí.
*****
Cuando la sala es asaltada dos noches después Lucius se da cuenta al
instante.
Ningún elfo doméstico tiene que darle esta noticia. Esto no es algo tan nimio como una puerta restringida. Esto es alguien que la casa reconoce como un intruso, pero que ya se las ha arreglado para evitar las puertas exteriores y las salas externas, y sólo ahora se ha tropezado con algo que había dentro. Las defensas de la casa gritan justamente en su cabeza.
Es la habitación de huéspedes.
Y Lucius ya sabe que no es Potter.
No es algo que Potter esté haciendo, eso es.
Se aparece justo fuera de la puerta de la suite.
Conoce una serie de sonidos que vienen de dentro. Son los sonidos que hace una garganta humana cuando quiere gritar, pero el dolor que está sufriendo el humano es tan grande que tal grito no es posible.
También conoce la otra serie
de sonidos. Palabras gruñidas con una voz que le resulta demasiado
familiar:
“¿...es lo que sabes, chico, que está intentando sacar
de ti? ¡Dímelo!”
Otro grito.
“¡Mi amo no será negado por más tiempo! Te llevaré ante él…“.
Lucius derriba la puerta y cruza la
habitación de tres zancadas. Tiene la varita en la mano y ni siquiera
piensa en usarla.
Arranca a Pettigrew lejos de Potter, esa mano plateada de Pettigrew en el
brazo del chico, donde su simple toque sobre la carne puede iniciar el
Cruciatus con sólo un pensamiento, y le arroja a medio camino
en la habitación.
Sigue mirando a Pettigrew mientras choca contra el suelo y se queda allí tirado, y empieza a levantarse. “Lucius…”empieza a decir.
“Fuera”.
“No puedes mantener…“
Lucius le coge por la garganta y acaba empujándole sobre sí mismo a través de ella. “¿Te atreves a decirme lo que no puedo hacer en mi propia casa? Debería matarte, Colagusano”.
Le lanza una mirada a Harry -una rápida, sabiendo que Pettigrew usará cualquier oportunidad para golpear. El chico está despatarrado mitad dentro y mitad fuera de la cama, intentando escapar a la agonía del Cruciatus; ahora está lo suficientemente recuperado como para mirar a los dos hombres.
Lucius arroja a la pequeña forma de Pettigrew atrás hacia la puerta. “Ven conmigo, pequeño matón patético”. Pettigrew tropieza, intentando liberarse pero a la vez sin atreverse a utilizar todo el poder de su brazo plateado sobre él, hasta que estén en el pasillo fuera de la suite.
Lucius le empuja contra la pared. Pettigrew chilla, “¡Desafías las reglas demasiado, Lucius! ¿Crees que el amo te dejará quedarte con su premio? ¿Sea cual sea la razón que le des?”
“Idiota”. Lucius acerca su rostro al del hombre. “¡Lo que le voy a llevar al Señor Oscuro será todavía mayor, más grande que una simple víctima para torturar y matar, más de lo que tú o incluso él puede imaginar, pero sólo si me dejas terminar esto! ¿Sabes cuánto trabajo acabas de arruinar esta noche? Lo juro, Colagusano, si tú o cualquiera de los demás intenta algo así otra vez, ¡te mataré sin dudarlo! Y sí, aumentaré la sensibilidad de las salas para que incluso incineren a una rata sin darle ni siquiera un aviso! ¡Vete, idiota!” repite, liberándole con un empujón.
Pettigrew se desliza por la pared, fuera del alcance de Lucius. “Informaré de esto directamente a nuestro Señor. Sea lo que sea lo que intentas entregar, Lucius... ya puede estar más allá de su imaginación. Y muy, muy pronto. O todas tus protestas sobre el “en tu propia casa” serán absurdas, dado que él se asegurará de que nunca veas nada más allá de las paredes de la mazmorra para el resto de tu corta vida”. Da otro paso hacia atrás. “Apparate”.
Se ha ido.
Lucius se gira hacia la puerta y ve que Potter está ahí de pie, con la varita en la mano. Joder. ¿Cuánto habrá escuchado?
El chico cruza los brazos mientras empieza a tiritar. Tiene un aspecto muy parecido al de la primera noche: vulnerable, todavía más joven, especialmente descalzo y con la parte de arriba del pijama ladeada, descubriendo un hombro esbelto. Y aun así no parece tener miedo de Lucius.
Harry traga audiblemente. Lucius cruza hacia él, consciente de que él mismo está vestido sólo con un pijama negro de seda, sabiendo que esta cantidad de ropa de cama podría ir tanto a su favor como en su contra para intentar parecer menos intimidante para el chico. Probablemente la Marca Oscura, visible en su antebrazo izquierdo, tampoco ayude.
Quiere explicar que lo que dijo era
necesario que lo dijese, que no hay tal trama en juego aquí. ¿Pero
cómo podría probar eso?
En su lugar, dice “¿estás bien?”
Harry asiente, todavía tiritando.
Lucius se extraña de que él no lo esté. Pese a los intentos de engañarse, es consciente de que no puede dar marcha atrás. Ha elegido oponerse a algo que Voldemort quiere.
Es muy difícil ser selectivo en este tipo de cosas. No te opones sólo a una cosa cuando se trata del Señor Oscuro. Eres suyo o no lo eres.
Lucius se da cuenta de que no ha sido él durante mucho tiempo. Ni tampoco la mayoría de los otros.
Así que, ¿qué es exactamente lo que se supone que tiene que hacer respecto a eso?
De nuevo: cuando la introspección dura demasiado, actúa primero. Su acción es coger al chico del brazo y llevarle de nuevo a su habitación.
“Me gustaría poner a un elfo doméstico aquí, contigo, para que monte guardia durante el resto de la noche. Por la mañana trabajaré en reforzar la seguridad de las salas”.
Harry asiente de nuevo.
“¿Crees que puedes intentar dormir? No soy optimista sobre darte un hechizo o una poción para dormir, dadas las circunstancias”.
Harry casi se traga la respuesta, pero Lucius puede apenas escuchar: “...intentaré”.
“Buen chico”. Pone la mano bajo el codo del chico y le dirige suavemente hacia la cama. Harry se sienta en el mismo borde, mirándola como si no estuviera seguro de cómo va a volver a meterse en ella.
Lucius le da lo que cree ser un saludo de ánimo con la cabeza, y se da la vuelta, pretendiendo encontrar a Twizzle o Yum-Yum o Wubbley, preguntándose no por primera vez por qué los elfos domésticos no pueden tener nombres menos embarazosos (si alguna vez encuentra uno llamado Pemberton le besará personalmente los pies).
“L-Lucius...”.
Se da la vuelta. Es la primera vez
que el chico le llama por su nombre; no le sorprende que tuviera dificultades
con ello.
En voz muy baja: “Gracias”.
Lucius le mira. El chico todavía no se ha colocado bien la parte de arriba del pijama; puede ver, junto con la curva de su hombro, la sombra hueca de su clavícula, el pliegue que marca su axila. Cómo su delgadez enfatiza la división en los dos montículos del músculo del cuello, haciéndole creer que puede ver el pulso en ese espacio.
Lo extraordinario es lo fácilmente que puede ignorar todo eso mirando a los ojos al chico.
Se da la vuelta antes de que Potter lo haga, abandona la habitación y va a buscar un elfo doméstico.
*****
Por la mañana, refuerza las salas.
Por la tarde, empieza a desarrollar la historia que le presentará a Voldemort. Empieza con lo que le dijo a MacNair, y trabaja desde ahí. Algunas cosas son obvias; si tienta a Voldemort con la posibilidad de que eso le llevará a debilitar a Albus Dumbledore, el Señor Oscuro seguramente puede picar. No quiere inventar nada sobre intentar convertir a Harry a su bando; si Voldemort no está interesado en eso entonces no habrá nada más que pueda hacer.
Por la noche, hace que Harry se una a él en el comedor para cenar. Los elfos domésticos le dicen que Potter no abandonó sus habitaciones en todo el día, y no intentó hacer mucho cuando estaba allí, ni siquiera leer los textos que ha sacado de la biblioteca. Lucius no quiere que los eventos de la noche anterior hagan que el chico se vuelva a meter en su concha, por eso le pide a Harry que se una a él de una forma que no admite discusión.
Intenta crear una atmósfera lo más normal posible a la hora de la cena. Sin luz artificial, sino normal. Aunque si le preguntaras por su definición de normal en circunstancias que le tenían protegiendo a Harry Potter bajo su propio techo, él sacudiría la cabeza y estaría de acuerdo con que el mundo debía, efectivamente, haberse vuelto loco.
El chico está tranquilo durante la cena. Lucius tiene que iniciar cada intercambio. No debería ser peor que el esfuerzo que ha tenido que hacer en más de una fiesta, pero está la complicación de que Potter ha elegido vestir una camiseta gris y una camisa negra, abierta en el cuello, que enfatiza su palidez y muestra lo suficiente como para distraerle.
Esto va a convertirse en un problema.
No está preocupado por desear al chico. Apenas. Simplemente va a estar jodidamente frustrado por ello.
Se acuerda de la mano de Harry sobre su capa en callejón Knockturn.
Si lo hubiera sabido...
No. Detiene ese pensamiento. No está preparado para bromear sobre ello.
Comparten un momento espontáneamente agradable durante los postres cuando Harry descubre la exquisitez que es la creme brulee. Incluso intenta robar la capa de caramelo de la porción de Lucius señalando detrás de él y diciendo, “¡Mira! ¡Colagusano ha vuelto!”
Casi merece la pena perder la mitad de la capa de azúcar caramelizado por darse cuenta de que el chico no está tan traumatizado por los acontecimientos de la noche anterior como él había temido.
Se despide de Harry en la puerta del comedor, y se deleita con el sonido del chico usando su nombre por segunda vez: “Buenas noches, Lucius”. Suena casi como si el chico hubiera tomado una profunda inspiración mental antes de decirlo, como para no tartamudear esta vez.
Interesante encontrar que en realidad le gustaba el tartamudeo.
*****
A media tarde del día siguiente, Lucius se vuelve en el escritorio
de su estudio y casi da un salto al encontrarse con un elfo doméstico
en total silencio.
“Harry Potter busca al Amo Lucius, señor”.
Lucius levanta una ceja. “¿Dónde está?”
“En la biblioteca, señor”.
Contento de que no suene como alguna clase de emergencia, Lucius todavía siente que debería dejar lo que está haciendo e ir ahora. El chico nunca ha pedido antes verle.
Apareciéndose en el pasillo fuera de la biblioteca (intenta no aparecerse directamente en una habitación donde haya alguien; demasiado riesgo de escindirse de esta manera), entra.
Harry está en uno de los escritorios alejados, con otro pesado tomo abierto delante de él. Levanta la vista cuando oye a Lucius acercarse, pero no dice nada.
Lucius recorre todo el camino hacia el escritorio. Potter sigue sin decir nada.
“¿Sí?”
El chico simplemente le mira. “¿Qué?”
“¿Qué pasa?” dice Lucius, incapaz de evitar que un poco de irritación coloree su voz.
Una pausa. “Lo siento… no sé de qué me estás hablando”.
Lucius parpadea. “Un elfo doméstico dijo que querías verme”.
La boca de Potter forma una pequeña o, pero no se entiende nada. “Lo—lo siento,” repite, “pero no, yo- no les pedí que te buscaran. Lo siento si…“
Los elfos domésticos no cometen errores como éste. Lucius tiene que reprimir un ¿Estás seguro?
En su lugar dice, “Bueno. Siento haberte molestado”.
El chico sacude la cabeza despacio. “No molestas. ¿Querías…?”
“No, estaba haciendo otra cosa. Te veré en la cena. Apparate”.
De vuelta a su estudio, no hay rastro del elfo doméstico. Si Wubbley estuviera allí, estaría siendo golpeado en la cabeza ahora mismo. A Lucius no le gusta ser interrumpido, ni que le hagan parecer idiota.
Ni tampoco tiene ganas de cazar a Wubbley ahora. Vuelve a los negocios.
*****