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Lucius visita un establecimiento que conoce bien, donde un chico exquisitamente adorable de origen marroquí abre los labios y suspira, en varios idiomas diferentes, palabras de necesidad y satisfacción durante las horas que Lucius pasa sobre él, usando su cuerpo como un antipirético, poniéndole en todas las posiciones imaginables sobre sábanas de algodón con tantos hilos que se sienten como si fueran nubes. El cortesano derrama lágrimas varias veces y le llama dios.
La imagen de los grandes ojos verdes sigue imponiéndose en los pensamientos de Lucius durante todo el encuentro. Quizás debería haber elegido a una chica hoy.
No obstante, está lo suficientemente satisfecho como para quedarse dormido, durante la tarde, mientras escucha la respiración soñolienta del chico debajo de él, cuando de repente se despierta completamente. Ha dejado a Potter solo en la mansión. A salvo, sí, pero sin nadie más en toda la casa aparte de los elfos domésticos.

Esto no le pasa a Lucius Malfoy.

Nunca es cegado por la lujuria. Antes de que algo así pueda afectar a su criterio, habrá resuelto el problema satisfaciendo ese impulso. Y siempre con el objeto de esa lujuria.
Se levanta y viste, le da al chico una considerable propina y se aparece de vuelta en la mansión.
Espera encontrar a Potter en la biblioteca y ahí está. Puede observarlo durante un minuto sin que él se sienta observado.
El chico está pasando páginas de un tomo concreto sobre algo rápidamente, leyendo por encima cada una con un aumento obvio de su frustración. Al final cierra el libro de un golpe, lo empuja lejos de él como si fuera comida que se ha echado a perder, y entierra los dedos en el pelo, los codos en la mesa enfrente de él.
Se queda así sentado, inmóvil. Lucius no cree que esté llorando, pero parece como si quisiera hacerlo.
Finalmente Lucius hace algún ruido para llamar la atención. Potter levanta la cabeza.
Ninguno de los dos habla al principio, luego Lucius dice, “¿Estás bien?”.

El chico le mira, entonces lentamente sacude la cabeza.
“¿Qué pasa?”
Harry no ha apartado la mirada. “Tú...” No termina la frase.
Lucius no está seguro de querer escucharla.
“Huiste de mí”.

No, definitivamente no quería escucharla.
De repente está furioso. No tiene que darle explicaciones al chico. No se preocupa sobre si hiere los putos sentimientos de alguien. No huye de algo que desea. Nunca.
Y aún así, hoy huyó. Hoy, estaba obsesionado con no herir a Potter.
Y ahora está abrumado por la necesidad de explicarse.

No.

“Estúpido e ignorante niño. ¿A quién te crees que estás hablando?” Cruza hacia Potter, despacio. “No soy tu amigo, chico. Ni tu padre, ni tu confidente, ni nadie que se interese por ti. Esto no es un baile de exquisiteces en el que bailaré contigo; al menor intento de colarte arremeteré contra ti y te quedarás con lo que venga. Si no sabías esto antes, mejor será que lo aprendas ahora”.
Potter está sacudiendo la cabeza. “No estoy—esto no es un baile. Sé lo que quieres. No entiendo por qué huiste”.
Le lleva un segundo a Lucius echar abajo la parte más importante de eso.
Sonríe sarcásticamente. “Te crees que es así de sencillo. Tú quieres, yo quiero y eso es todo. No tienes ni idea de lo que quieres. Lo que quieres es consuelo, compasión y una forma de recuperar la confianza que una vez tuviste. Yo no doy esas cosas, chico. Y, a diferencia de ti, yo no las confundo con sexo”.

“No”.

“Sí”. Agarra al chico de los brazos y le arrastra al suelo. “Corre a otro lugar en busca de esas cosas, Harry Potter. De mí no conseguirás ninguna de ellas”.
“¡Ya lo he hecho!” grita el chico, resistiendo el apretón de Lucius en sus brazos por la forma en que tensa, pero no intentando apartarse. “¡Estás mintiendo y ni siquiera lo sabes!”.
La acusación le sorprende tanto que le deja sin palabras al principio, dando a Potter tiempo para seguir. “Ya me has mostrado que puedo confiar”.
Eso le detiene. Está verdaderamente contento cuando eso pasa. No está seguro de adónde le habría llevado su ira.
Pero todavía sonríe sarcásticamente cuando dice, “¿Cómo puedes estar tan convencido de eso?”
“Porque todavía estoy aquí. No en la guarida de Voldemort”.
“¿No ves cómo eres completamente un niño? ¿Que piensas que es tan simple como eso?” miente, consciente de que es tan simple como eso. “¿Cómo sabes que eso no es la guarida de Voldemort? ¿Que esto no es mi entrenamiento para esculpirte en la forma de otro de sus fieles Mortífagos?”
“Porque lo sé”.
“Tú no sabes nada”.
“Sé que me deseas”. La voz del chico cambia mientras lo dice, y esconde su rostro después. “Me he prostituido, ¿lo recuerdas? No soy completamente ignorante ante ese tipo de señales”.
“Oh, lo siento, me he debido de olvidar. Olvidar que te encontré, hace menos de dos semanas, tan asustado de que tu padrino, quien te había estado jodiendo, pudiera ser devuelto a Azkaban, que estabas en camino de convertirte en un diestro prostituto en Knockturn Alley”.

“No”, dice Harry, escondiéndose todavía más.

“Oh sí, creo que sí”. Lucius todavía tiene sus manos en los brazos del chico y ahora le empuja contra la pared, su rostro cerca del de Harry. “Sodomizado por su padrino como cualquier niño muggle patético y sin poderes. Y como un niño, incapaz de aceptar que eso era traición. Te escuché decir que él no sabía lo que estaba haciendo”.

Una lágrima se derrama por la mejilla del chico. “Él no lo sabía”.

“Bebé. Eres tan frágil que podrías hacerte añicos. No porque fuiste prostituto; no, te diré lo que pienso de eso. Fue probablemente el momento de fortaleza más grande que tendrás en tu vida. Pero ahora has decidido que yo puedo hacerte olvidar”.
“N-no...”

Lucius sigue como si él no hubiera hablado. “Hay muchas cosas que quiero hacerte que hagas. Llorar. Gemir. Jadear. Suplicar. Sangrar. Correrte. Crees que tú también quieres esas cosas. Pero lo que realmente quieres es algo que nadie puede obligarte a hacer. Olvidar. No te tendré así más de lo que le daría a un niño hambriento un banquete esculpido en jabón, sin importar cuánto chillara el niño que lo quería”.
Empuja a Potter lejos de él. En este momento, haciéndole eso, este rechazo cruel, como satisfaciendo un sentimiento que pudiera tener del chico. La satisfacción le atiborra, como una comida copiosa.

Le da la espalda al chico y comienza a alejarse.

“¡Tú no lo sabes!” Dos brazos le rodean la cintura como si la persona a la que pertenecen le fuera a hacer un placaje. En vez de eso, el chico se limita a sujetarle. Es un movimiento muy peligroso; el instinto de Lucius es coger su varita y enfrentarse a ello.
Si se da la vuelta, tendrá que encarar al chico. En cambio, se obliga a permanecer quieto mientras Potter le presiona contra su espalda.
De nuevo, esa saciedad de placer mientras se visualiza a sí mismo, controlado, inmóvil. Incluso por la bella y desesperada figura que se aferra a él.
“No es eso para nada”, susurra Potter. “No quiero—“
El chico se detiene. Lucius le escucha inspirar. No, es más que una inhalación. El rostro de Harry presiona su hombro, casi en la nuca.
Y entonces es liberado. Se da la vuelta, ve al chico retrocediendo, su rostro acongojado.
“Tú—me deseabas—me abandonaste para—“
No corre hacia la puerta de la biblioteca. Pero es casi tan rápido.

Lucius le deja irse. Recuerda que no, no se ha duchado después de su concienzudo encuentro con el cortesano.
Ahora ya no se siente satisfecho. La angustia de Potter le ha robado eso de algún modo.

Sabe lo mucho que le deseaba.

Y que yo, que nunca me niego nada a mí mismo, me he negado a tenerle. Me busqué a otro porque no me permitiría a mí mismo tenerle a él.

¿Cuál de los dos es el que está más jodido?

Parece que ya no es una respuesta fácil.


*****


Potter no le acompaña en la cena ni en el desayuno. Esto no sorprende a Lucius. Ni tampoco busca al chico.
Recibe otro mensaje vía chimenea de MacNair. Se imagina a sí mismo diciéndole al rostro en llamas que ya ha terminado con el chico, que no tiene paciencia para intentarlo durante más tiempo, que Voldemort puede tenerle por fin.

Es algo que imagina. No algo que esté considerando en realidad.
En cambio, alimenta a MacNair con algunos de los detalles que ideó el día anterior. MacNair no parece escéptico o impresionado, pero está de acuerdo en hablar con Pettigrew y darle la información.
Lucius también recibe un búho de Draco. El tono del mensaje es deliberadamente informal; todo lo que su hijo menciona sobre Potter es que no quiere que el “imbécil de Gryffindor” toque su escoba.
Lucius no va a la biblioteca, aunque los elfos domésticos le dicen, cuando él les pregunta, que Potter no ha salido de sus habitaciones en todo el día, y que tampoco ha comido.

Se dirige al salón de baile.
La tía-abuela Jeanne-Maire le mira con una mirada severa. Pero no dice nada. En vez de eso, hace un globo con forma de burro. Ella retuerce la cabeza, fingiendo meter la cabeza dentro del culo del burro, y lo agita hacia él de modo significativo.
Él frunce el ceño de nuevo. ¿Por qué pensaba que le gustaba el viejo murciélago?
Mira a su propio retrato, hecho hace diez años, como el de Narcissa.
Siempre está posando en su retrato. Nunca lee, o juega al solitario, y nunca, nunca interactúa con ningún observador. Simplemente se sienta ahí con la mano en la cabeza del galgo, quien a veces olfatea su mano deseoso de ser acariciado.
Lucius al menos puede ser honesto consigo mismo y sabe que sus objeciones respecto a saciar su lujuria con el dispuesto Harry no tienen nada que ver con la edad. Sabe que ahora apenas aparenta ser mayor de lo que aparenta en ese retrato de hace diez años. Y que es un trabajo excelente, a cualquier edad, el rostro el resultado de una educación cuidadosa, patricia y delicadamente llevada a cabo, el cuerpo cuidado con más precisión y perfeccionado que el de cualquier hombre la mitad de joven.
¿Qué es lo que pasó, hace dos días, que le dijo a los elfos domésticos los deseos del chico? ¿Estaba mirando a su retrato y suspirando? ¿Haciendo dibujos lascivos en los márgenes de los libros? La segunda vez fue en mitad de la noche. Se imagina a Potter tumbado boca arriba en la cama, la mano izquierda detrás de la cabeza, la otra bajo las sábanas... murmurando un nombre mientras se corre.

Malditos elfos domésticos entrometidos.

Se retira a su estudio. Tiene coñac allí, pero la licorera está casi vacía. Le llevaría un momento hacer que un elfo doméstico le trajera más, pero siente que el estado de la licorera es algún tipo de señal de que no debería emborracharse esta noche. Como si pudiera sentir que se está planificando otro ataque.
Sus instintos no están completamente equivocados. Aunque no es un ataque.

Cuando sale del estudio, el crepúsculo apenas visible a través de las ventanas, Potter le está esperando.
Sentado en el suelo en el vestíbulo enfrente de la puerta.

No tiene ni idea de cuánto tiempo lleva el chico esperando ahí. Han podido ser horas. Lucius no está seguro de si encuentra esto conmovedor o despreciable.
Potter le mira. “He tenido que prohibir a los elfos domésticos que te dijeran que te quería ver”. Una triste sonrisa destella en su rostro. “Es difícil hacer una declaración patética y dramática en este lugar”.
Lucius abre la puerta del estudio un poco más. “Entra y siéntate”.
El chico agita la cabeza. “Si me levanto de aquí nunca lo diré”.
Lucius está considerando si quiere oírlo.
Cruza los brazos y se apoya en la jamba de la puerta.

El chico traga.
“Te equivocas al pensar que te quiero utilizar para olvidar. Te equivocas al pensar que quiero olvidarlo todo. No sé lo que está haciendo Sirius ahora mismo. Si está todavía en la casa. O qué. Pero cuando me fui necesitaba ayuda. No puedo olvidar eso. Incluso aunque quisiera, no puedo permitirme olvidarlo”.
Toma una inspiración profunda. “Te equivocas sobre lo que me puedes dar. Me lo diste el día que me trajiste aquí. Un lugar en el que no tuviera que preocuparme por ser encontrado. O ser... herido. Podría... pensar qué hacer con lo de Sirius. Antes no había ningún lugar para pensar sobre ello”.
“Y no me entregaste a Voldemort. Si yo sólo hubiera sido un cuerpo para ti eso no te habría detenido. Vi enseguida que me deseabas, de esa forma. Pero no te habrías arriesgado a sufrir la ira de Voldemort sólo por eso”.
“¿No?”.
“No. Porque entonces me hubieras tenido, enseguida. Pero no lo hiciste. Me salvaste, allí en el Callejón Knockturn... y seguiste salvándome, cada día que me ocultaste aquí... y entonces me volviste a salvar cuando vino Colagusano. Pero nunca me tocaste”. Se muerde los labios. “¿Qué se supone que tenía que pensar sobre eso?
Puesto así, ¿en qué, de hecho, estaba él pensando?
“Sé”, continúa Harry con prisa, “que crees que sólo he dejado una huella en ti como si yo fuera una especie de—patito... Pero no es eso. Eres muy bello”. El rostro de Harry empieza a arder. Lucius mira y se pregunta si puede continuar ahí plantado con los brazos cruzados. “La noche en que apartaste a Colagusano de mí—pensé que había venido un Arcángel. Te deseo tanto. No por consuelo—me diste eso. No para restablecer la confianza—ya has restaurado eso. Si me dijeras que sólo estoy influenciado porque me salvaste, entonces diría, demonios, sí. ¿Por qué no iba a estarlo?” Sus ojos están un poquito enfadados; el sonido que sale de su pecho sería un sollozo de no ser por la ira. “Lo viste. Ayer. Y no pudiste alejarte de mí lo suficientemente rápido. Maldita sea, ¿por qué hiciste eso?”
“¿Te refieres a que cómo me atrevo a presumir protegerte de nuevo?” La boca de Lucius se tuerce.
“¡Sí!”

Los dos se miran mutuamente en silencio durante un tiempo. Finalmente Lucius dice, “¿Comprendes lo que quiero hacerte? No quiero medias tintas de nadie. Y desde luego no de ti. Ni citas ocasionales, Harry. Ni interludios vagos de exploración mutua. Quiero consumirte. Quiero arder dentro de tu piel como una marca. Para que lleves mi olor sobre ti durante el resto de tu vida. Para que compares todos los amantes que tengas en tu vida conmigo, y los encuentres tan deficientes que te eches a llorar. Así es como soy, Harry. No tienes ni idea de lo que estás pidiendo. Y nunca vuelvo hacia atrás una vez que he comenzado.”
Harry le devuelve la mirada. Abre los labios. Empieza a hablar, pero tiene que tragar primero. “Y tú crees que no puedo manejarlo“.
“No puedes. No tan pronto después de todo lo que has pasado”.
Harry lanza un ladrido corto, burlón, que no podría llamarse risa. “Creo que suena tan agotador para ti”.
“Pequeño niñato presuntuoso”.
“Si yo soy presuntuoso, entonces tú también. Eres el que ha dicho que yo no encontraría compasión o confianza en ti. Como si fuera a joder tu reputación o algo así”. El chico se levanta, poniéndose derecho enfrente de Lucius como si se estuviera preparando para luchar en el aire. “No estoy intentando olvidar. Quiero estar... intacto de nuevo. No lo que era antes. Eso lo sé. No soy estúpido. Sino entero intacto”.
Escucha al chico decirlo, y esta vez se maravilla, no por la excentricidad de las elecciones que él ha hecho, sino cómo echaba de menos esto. Esta... fuerza, que es el chico. No su cuerpo, no sólo su voluntad, sino la criatura dentro de ambos.

Afligido, pero no deshecho.
“Si no me desearas no querría tu compasión como un sustitutivo. Si pensaras de mí como una mercancía dañada que necesita un polvo por compasión me cabrearía. Difícilmente podría culparte pero me cabrearía”. Traga de nuevo. “Pero no es así”.
Está esperando algo. Lucius se lo da. “No”.
“Me dices que quieres... todo eso de mí...” Otro poquito de ira de nuevo. “Maldita sea, si todo esto es porque soy demasiado joven te partiré la cara”.
La imagen de Harry lanzándose hacia Lucius como un pequeño torbellino, dando puñetazos a todo lo que puede, hace sonreír a Lucius.
Pero Harry lo toma como una burla, por el gruñido que hace que sus labios se retiren de sus dientes. Sin embargo, no se lanza, pero se vuelve y comienza a bajar furioso por el vestíbulo.

Lucius mira cómo se retira.

Alza su mano.

“Accio Harry Potter”, grita.

El chico se queda helado, preparándose para lo esperado.
Que no sucede.

Despacio se vuelve para mirar a Lucius.
Quien todavía está con la mano extendida. No hay varita en ella.
Sólo su mano.
Harry le mira.
Finalmente, “No bromees”, dice con una voz temblorosa.
“Seguro”, dice Lucius en voz baja.

Harry se acerca despacio. Cuando llega a donde está Lucius se detiene. Mira a la mano extendida.
Lucius le ve chuparse los labios. Aunque le enardece, puede ver que no hay ninguna intención lasciva en ello. El chico está reuniendo su valor.
Despacio toma la mano de Lucius en una de las suyas. Mira a la palma como si quisiera besarla, pero no lo hace.
En cambio levanta la mano hacia un lado de su rostro. Pone las yemas de los dedos de Lucius contra su mejilla.

Sólo entonces le mira.
“Quémame”.

Lucius mueve la mano. La desliza a lo largo de la línea del pómulo del chico, y más allá de la mandíbula. Rodea su mandíbula con la mano.
Harry no aparta la mirada.
Lucius inclina su cabeza y atrae la boca del chico hacia la suya. Escucha los ruidos más nimios de la garganta de Harry mientras lo hace.

Le quema.

Abre la boca del chico con su lengua, y la lengua de Harry responde. No es una respuesta tan osada como lo eran sus palabras, pero Lucius lo esperaba; de hecho, le habría decepcionado si Harry no hubiera puesto ningún tipo de reparo sobre esto.
Si pensara que no tenía por qué estar asustado de nada.

Su brazo rodea el cuerpo del chico, atrayéndole mientras profundiza el beso todavía más. Escucha la respiración de Harry mientras se acelera. Otro de esos sonidos, en lo más profundo de su garganta, esta vez más fuerte, mientras Lucius explora cada grieta de su boca con la lengua, forzando al chico a revelar cada sabor, desde cualquier comida o bebida que haya tocado su boca ese día hasta el sabor esencial de su carne con la sal remanente de las lágrimas que todavía persiste, más fuerte que cualquier confesión audible, en sus labios.

Por un momento Lucius se pregunta quién va a quemar a quién.
En realidad se lo pregunta durante más de un momento.

Pero no necesita dudar. Repentinamente el peso de Potter está entre sus brazos mientras las rodillas del chico le fallan, y sus bocas se separan abruptamente, las manos de Harry aferradas a los brazos de Lucius, la boca del chico presionando su hombro, la humedad y el calor de su respiración humedeciendo el tejido de la camisa de Lucius de una forma que parece quemar su piel como había imaginado.
La idea de la ingenua pasión de Potter—sin llamarse a engaño, no importa lo que el chico hiciera en el Callejón Knockturn, Lucius sabe que todavía sólo hay inocencia en él—consumiéndole, de forma diferente a cómo él tiene la intención de hacer que el chico arda, es notable pero cada vez lo siente más como una posibilidad, que deja a Lucius preguntándose si no quedará nada de ellos más que cenizas antes incluso de llegar a una cama.
Podría tomarle aquí en el vestíbulo, contra la pared, y podría garantizar que sería la mayor experiencia de la vida del chico, ahora o por venir.
Pero no necesita hacerlo.

Sus brazos estrechan al chico. Podría hacer aparecerse a ambos en su habitación. Pero no tiene intención de perderse esta oportunidad.
Como si el chico no pesara nada, le levanta en sus brazos. Escucha a Potter inspirar, le siente momentáneamente tenso, y entonces se derrite contra su pecho.
Y entonces el chico desliza su mano por detrás del cuello de Lucius y le atrae en un beso. Lo que le falta de experiencia lo hace la necesidad. Lucius le deja devolver la exploración de su boca, entrañable en su falta de habilidad, esperando hasta que Potter se aparta, sin aliento y mirando, antes de cambiar la posición del chico entre sus brazos para llevarle más fácilmente.
Ninguno de los dos dice una palabra de camino a la habitación. El chico aprieta su rostro contra el pecho de Lucius y de nuevo Lucius puede sentir su aliento a través de su camisa.
Una vez en el dormitorio no le baja inmediatamente. Le deja inspeccionar la habitación por un momento, la cama con dosel de la suite del amo dos veces más grande que la de la suite de invitados en la que ha estado Potter estas dos semanas pasadas. La luz es perfecta, tenue para crear atmósfera pero no tan baja como para esconder nada.
Lucius no le vuelve a besar, todavía no. Baja al chico de sus brazos, pone un dedo bajo su barbilla e inclina su cabeza para que le mire a los ojos. “Permanece muy quieto. Pon las manos en los costados. No te muevas a menos que te lo diga yo”.

Ve cómo Harry casi asiente y entonces recuerda que eso entraría en el criterio de movimiento, y se detiene.
Lucius procede a desnudar al chico con una falta de precipitación que no disfraza sus sentimientos: no tiene deseos de acelerar esto, tampoco. La camisa se desabrocha botón a botón, y no la retira inmediatamente, no hasta que ha pasado las yemas de los dedos a lo largo del pecho del chico, desde el hueco de su garganta hacia su cintura. Escucha cómo el aliento de Harry se agita al respirar, su vientre palpitando bajo los dedos de Lucius.
La palpitación sólo aumenta cuando la camisa es retirada y descartada, y Lucius, ahora de rodillas enfrente de Harry, desabrocha el cinturón. Se asegura de que el borde toque la piel del chico mientras lo saca de las trabillas.
Ve las manos de Harry apretarse en puños mientras Lucius abre sus pantalones. “Te dije que no te movieras”, murmura, y siente a Harry estremecerse por el reproche, más peligroso por su suavidad. “Serás castigado por ello después”.

Los labios del chico se abren mientras respira, como en pánico.
O como si no pudiera pensar en un destino mejor.

Desliza los pantalones de Harry piernas abajo, ahuecando cada pantorrilla a la vez para indicar que Harry puede sacar los pies de ellos. El chico está en calcetines, y Lucius se los quita con los mismos movimientos lentos, ignorando deliberadamente la dureza de la erección del chico que sobresale bajo sus calzoncillos.
Pero sólo hasta entonces. Cuando todo lo que lleva son los calzoncillos, Lucius se inclina hacia delante y deja que sus labios rocen la punta de la polla del chico, cubierta por la tela, esta vez recompensado por un gemido, aunque Potter hace todo lo que puede para no moverse. Parece conocer las reglas tanto que incluso pese a gustarle la idea de ser castigado por Lucius, sólo le irritará si deliberadamente intenta provocarle a ello.
Cuando sus dedos enganchan el borde de los calzoncillos, sin embargo, Harry inclina la cabeza hacia atrás y dirige sus ojos hacia el techo, fijándolos allí mientras Lucius le baja los calzoncillos, deliberadamente estirando la cinturilla del frente para no que atrape su erección, negándole incluso ese pequeño contacto.
No. Él determinará cuándo eso será tocado.
Cuando se los ha quitado completamente, Lucius permanece de rodillas enfrente del chico, sin tocarle, sin ninguna intención de tocarle. Todo lo que quiere es que el chico no sea capaz de resistir la tensión, que le mire de nuevo.
Lo hace, finalmente. Cuando lo hace, Lucius se levanta y en el mismo movimiento agarra las muñecas de Potter y las levanta por encima de su cabeza, agarrándolas con una sola mano. “Intenta no moverte esta vez”.
Harry traga.

Lucius se inclina y hace lo que lleva queriendo hacer desde hace dos semanas: presiona sus labios contra los de Potter y succiona el labio inferior del chico en su boca, dejando que su lengua se deslice por él, entonces investiga por el borde óseo justo bajo los dientes del chico, hasta que ha insinuado sus propios dientes alrededor de ese labio, atrapándolo, siguiendo así hasta que Harry hace ese ruido con la garganta de nuevo, y entonces muerde, de manera que el ruido se oye otra vez, más alto, y muerde un poquito más fuerte, hasta que siente el tirón en los brazos del chico mientras intenta—no, no intenta, prueba a ver si puede liberarse del apretón de Lucius, mientras que a su vez hace lo que puede para obedecer, incluso ante el pequeño dolor del cual no tiene idea de si será peor.
Todavía no.

Lucius se levanta, empezando a inflingir una serie de mordiscos que no son más que pequeños tirones de sus dientes sobre ese irresistible y tierno labio inferior, y Harry está sentado muy quieto durante esto, pero por su respiración y el pulso que Lucius puede sentir en la palma mientras pone su mano contra la garganta del chico, levantando su barbilla, su cabeza hacia atrás de forma que Lucius pueda alimentarse de su boca durante largos minutos sin tener más que inclinar su cabeza hacia Harry. Siente los ligamentos en las manos de Harry cambiando de sitio en su apretón, tensándose mientras los dedos del chico se abren en el aire, como si necesitara algo que agarrar.
Lucius no le vuelve a preguntar si está seguro. Ese momento llegó y pasó, y Lucius Malfoy no da una segunda oportunidad en estas cosas.
Libera la boca del chico, aunque no sus muñecas, y le observa jadear, sus ojos sobre el rostro del chico, manteniendo su mirada fija, como queriendo hipnotizarle. Harry parpadea rápidamente pero no aparta la mirada, como si le estuviera suplicando con esa boca abierta y jadeante. Tan impaciente.
Bien.

Usando su apretón sobre las muñecas del chico, propulsa a Harry hacia atrás, hasta que la parte de atrás de las rodillas del chico alcanza el borde de la cama. Desde ahí se inclina todavía más sobre él y tira de sus muñecas hasta que tiene a Harry completamente en la cama, próximo a su centro. Sólo entonces le suelta.
Harry inmediatamente coloca sus palmas sobre la superficie de la cama, a ambos lados de sus caderas, mientras desplaza su peso todavía más lejos, sentándose a medio incorporar, sus labios todavía abiertos. Sus dedos parecen cavar ligeramente mientras fija sus ojos en Lucius.
De pie al lado de la cama, Lucius todavía no tiene prisa. No se tira sobre el chico, o se mueve para desvestirse aún. En cambio mira el rostro de Harry, se asegura de que todavía tiene la mirada hipnotizante del chico, y sólo entonces deja que sus ojos se retiren del rostro del chico y comienza un lento camino por su cuerpo, tomándose su tiempo tan deliberadamente en el examen de los hombros de Harry que el chico se estremece bajo su mirada fija, gimiendo cuando Lucius empieza su estudio de su pecho y estómago, cambiando de posición en la cama como si se fuera a apartar, pero en realidad volviendo su cara hacia su hombro cuando la mirada baja todavía más, siguiendo la línea de vello negro que baja por su vientre, todavía sin prisas, como si cada áspero pelo le condujera sólo al siguiente y no más allá, una y otra vez, así que cuando Harry, su rostro todavía llameante, se atreve a volverse descubre que Lucius no sólo no ha terminado el escrutinio de su cuerpo, sino que ni siquiera ha llegado a su ingle. De nuevo el chico gime.
La polla del chico está más encarnada que sus mejillas, ya con un brillo de humedad en la punta, y Lucius le ve estremecerse como si no estuviera seguro de si va a perder esa erección bajo tal mirada intensa y humillante, o se va a hacer todavía más dura, lo que difícilmente parece posible. Lucius inclina su cabeza deliberadamente, de modo que Harry puede verle examinar su polla desde más de un ángulo. Sólo eso, y las caderas del chico se sacuden.
Lucius sabe que puede hacer que se corra así, sin ni siquiera tocarle una vez.

Continúa el estudio del cuerpo del chico, bajando por sus muslos, lo que Harry parece encontrar todavía más intenso que la mirada fija de Lucius en su polla, por la manera en que un gemido acompaña a la siguiente sacudida de sus caderas, a lo largo de la línea de sus pantorrillas hasta sus pies. El sonido de angustia juvenil, no hay otra forma de describirlo, que Harry hace mientras se da cuenta de que está curvando los dedos de los pies cuando Lucius observa, es completamente adorable.
Lucius no ha terminado.

Empieza a caminar alrededor de la cama en un lento y lánguido semicírculo, sus ojos comienzan a hacer el viaje a lo largo del cuerpo de Harry a la inversa, así que, de nuevo, puede ver al chico desde cada ángulo, y deja que Harry le vea haciéndolo. Al final de la cama, en ese lado, se toma su tiempo poniendo la mano en una columna de la cama, apoyándose ligeramente contra ella como si tuviera todo el tiempo del mundo, escudriñando la forma en mitad de la cama de una forma que dice que no estará satisfecho hasta que haya despellejado al chico con los ojos, y que el chico se sienta desnudo más allá de la mera desnudez.
Su mano cambia de posición en la columna; traslada el apretón a su otra mano, caminando hacia el otro lado de manera que ahora está al final de la cama, definiendo el semicírculo todavía más, dejando que Harry sienta que le envuelve sin duda como si fuera una jaula, sus ojos todavía inmovilizando a Harry en el centro de la cama como una aguja de disección. Esto es lo que quiere, dejar que el chico conozca la experiencia completamente paralizante de esperar desnudo en una cama a un amante que le acosa así, que se toma tiempo para atraparle aunque no tenga otro lugar a dónde ir.
Sabe que lo hace muy bien.

El chico ya no se retuerce. En vez de eso, está temblando. Sus ojos siguen a Lucius pero ya no hay más movimiento, mientras Lucius llega al otro lado de la cama. Allí, simplemente se cruza de brazos, como si dejara a Harry aterrorizado en suspenso de que él pueda no haber encontrado el examen especialmente agradable después de todo.
Y deja que Harry le vea abrir los labios y suspirar.
Profundamente.
Pero da un paso hacia atrás, no hacia delante.

La retirada de sus propias ropas es, en contraste, eficiente. Mientras revela su propio cuerpo, sabe que será suficiente; no necesita hacer ningún tipo de exposición para el chico.
Tampoco era su intención hacer que Harry le quitara su ropa. Este tipo de seducción nunca debería requerir ninguna otra acción por parte del que es seducido aparte de la orden de estarse quieto. Cuántos que se imaginan a sí mismos como amantes dominantes confunden la dominación con la seducción. Controlar la situación significa hacerse cargo de cada acción individual que ocurre en esa habitación, en esa cama. No algún De rodillas o Tómame en tu boca suavemente gruñido como algún tipo de exhibición de poder; difícilmente. El tema tiene mucho que ver con arcilla en bruto para ser moldeada como uno cree que encaja, y no con una cosa obligada con amenazas.
Cualquiera que no pueda ver la diferencia no es mejor que aquellos que pensaban que verían las olas retirarse ante la real mano del Rey Canuto. Uno no puede ordenar la obediencia.

Sólo te la puedes ganar.

No hay nada que Lucius haga en esa habitación que no esté calculado. Incluyendo la forma aparentemente descuidada en que permite que sus ropas se desparramen por el suelo mientras se las quita.
Incluyendo el hecho de que ha estado cuidadosamente ocultando su propio nivel de excitación física, así que cuando se quita los pantalones y la ropa interior su polla sólo está en un estado semierecto.
Lo cual permite que Harry vea. Se asegura de que Harry la vea creciendo hasta una erección completa mientras él mira a Harry otra vez. Y se asegura de que Harry lo sabe.
Se acerca a la cama. Pone una mano sobre el hombro de Harry.
Le empuja hacia atrás mientras se desliza dentro de la cama a su lado.
El chico mantiene sus manos a los lados del cuerpo. También mantiene sus ojos sobre los de Lucius, el sonido de su respiración desigual, obstaculizándose en su pecho. Y Lucius apenas está tocándole.
Perfecto.

Ahora empieza a tocar al chico. Comienza a aprender todo su cuerpo con las yemas de los dedos de la misma forma en que lo aprendió con los ojos: sobre cada ángulo y plano, cada superficie, cada cambio de textura. Algunas cosas son siempre las mismas en cada amante nuevo y sin embargo todavía un placer de encontrar: la forma en que la piel del exterior del brazo se hace tan suave cuando uno se mueve hacia la superficie interior, la forma de tocar la triple unión de la línea de la mandíbula, garganta y oreja, que deja espacio sólo para un dedo, siempre produce un pequeño giro de la cabeza y normalmente un jadeo, la forma en que nadie puede yacer quieto cuando le tocan el ombligo. En algunas Harry es único: el color rosa pálido de sus pezones, el escaso vello entre sus cejas que algún día amenazarán con crecer juntas, cuando sea mayor, la peca sobre la protuberancia del hueso de su muñeca izquierda... La hendidura bajo la cabeza de su deltoides parece tener la forma perfecta para acomodar la boca de Lucius, y Lucius decide explorar esta posibilidad.
Descubre que tiene razón.

Habiendo hecho este placentero descubrimiento, Lucius decide que su boca también puede disfrutar un poco más de las cualidades únicas de Harry. Le quita las gafas al chico y le planta un beso en el puente de la nariz; entonces mueve los labios hacia esa marca pálida y dentada de la frente de Harry y también la besa. Escucha a Harry inspirar cuando hace cada una de estas cosas, pero más ruidosamente en la última. Se pregunta si le han hecho esto antes. No a menos que fuera un amante, asumiendo que no ha tenido ninguno; la madre del chico, muerta un momento antes de que le hicieran esa marca, no pudo hacerlo.
Sin embargo su impulso no es curarla, sino dejar otra marca próxima a ella, una tan profunda que el chico nunca vuelva a pensar en la primera.
Lucius se echa el pelo por encima de un hombro, donde no puede fallar caer sobre el cuerpo de Harry mientras Lucius sigue rozando con su boca la piel del chico, ambos contactos diseñados para hacer que el chico se estremezca. Lucius, en ocasiones, ha usado un hechizo sobre su pelo durante sus encuentros en la cama, usándolo para acariciar, estrechar o atar a su amante, dependiendo del humor en el que esté, pero por ahora sabe que sólo con dejar a Harry sentir ese peso de seda moviéndose sobre su piel debería ser suficiente para hacer que el chico se dé cuenta de las infinitas posibilidades.
Pronto, sin embargo, no es suficiente deslizar ligeramente su boca y su cabello sobre la carne de su cuerpo.
Ya no quiere seguir siendo tierno.

Aunque todavía hay una intensa dulzura en la forma en que su mano alcanza y agarra la polla de Harry, queriendo extasiar más que magullar, pero nada a lo que se le pueda llamar tierno. El chico grita una vez, entonces mientras la otra mano de Lucius se extiende por debajo para coger el escroto del chico, el sonido que hace es casi un ruido penetrante, y finalmente las manos de Harry se elevan para agarrarse de los hombros de Lucius, aferrándose desesperadamente, y mientras Lucius empieza a trabajar los genitales de Harry con ambas manos, toda la incomodidad y el temblor y la humillación a la que el chico no le dio voz antes se encuentra en una palabra: “Lucius...”
Oh, se va a dar un banquete con este chico. Hará una comida de él que sólo le dejará más y más hambriento, lo sabe. Y al chico, le robará todos los recuerdos; no le quedará ningún pensamiento más desagradable que la posibilidad de que puedan separarse y no volver a compartir esto de nuevo.
Un pensamiento que de repente parece... lo más repugnante también para él.
Harry se agarra y Lucius se regocija. Acaricia las pelotas del chico y su polla ya goteando, acariciando ambos por debajo, los dedos haciendo presión en líneas y pequeños movimientos circulares, no demasiado deprisa, no queriendo que esto se acabe tan pronto.
Ni que ese orgasmo pudiera significar remotamente acabar, esta noche.

La polla palpita en su mano, la piel como terciopelo sobre su núcleo duro, y escucha al chico gemir de nuevo: la voz quebrantada, casi sollozante, sin obtener nada como respuesta. A Lucius le gusta así.
Sus manos se mueven hacia los hombros del chico y atrae a Harry debajo de él, presionando su boca contra la garganta del chico, lamiendo un camino hacia abajo desde ese prominente músculo del cuello hacia la clavícula, demorándose allí y bajando después hacia el pezón, el cual muerde. Ahora cuando Harry se retuerce Lucius puede sentirlo contra su cuerpo entero, enroscando sus piernas entre las del chico, dejando a su propia polla asentarse contra el muslo de Harry.
El chico lo nota e inspira. Lucius siente la mano del chico moverse desde su hombro, y mover su propio muslo, cuando toca, al principio sólo con las yemas de los dedos, la longitud de la polla de Lucius. Aunque sabe que Potter ha tenido más experiencia de la que el chico debe preocuparse por recordar, con este tipo de cosa, Lucius también sabe que los eventos del Callejón Knockturn no tienen relación con esto para Harry en este preciso momento. Aprieta su cuerpo con más fuerza contra el del chico.
“Sigue”, dice.
Ánimo. No una orden.

La palma de Harry se curva alrededor de la polla de Lucius, y Lucius deja que Harry le oiga suspirar. De nuevo, esa falta de mañas en los movimientos del chico mientras le acaricia, presionando su rostro contra el hombro de Lucius como si tuviera miedo de ver algo en la cara de Lucius que le dijera que está haciendo algo mal. Lucius siente algo que tira de sus emociones de una forma que es más que lujuria, que le hace darse cuenta de qué perfectamente parece Harry conservar esa inocencia esencial, sin importar lo que le haya pasado. El chico tendrá el doble de su edad algún día, asumiendo que se las apañe para vivir tanto, y Lucius apostaría a que ese núcleo intachable todavía seguirá ahí.
Lucius cambia de postura. Ahora sus caderas están directamente sobre las de Harry, y presiona su rígida polla hacia la ingle de Harry, para que el chico pueda sentir esa dura longitud contra la suya. Moldea su piel con la de Harry, y ahora sus pollas están atrapadas entre ambos, dejando Lucius que su peso se asiente completamente en sus caderas para que no haya posibilidad de que Harry pueda desplazarle sin usar algo semejante a la violencia. Para aumentar el sentido de impotencia del chico entrelaza sus dedos con los de Harry y empuja al chico manos abajo a cada lado de su cabeza contra la cama, su rostro justo por encima del de Harry. El chico se pone tenso, lanza un grito sofocado.
No hace un verdadero movimiento para intentar liberarse.

Lucius establece un ritmo lento, meciendo las caderas de Harry en la cama con las suyas propias, permitiendo que una de sus pocas sonrisas de la tarde cruce su cara, esta vez una malvada que está diciendo Estás aquí para que yo te use, sólo para mi placer, mientras que está siendo extremadamente atento con la manera de hacer contacto con la polla del chico, queriendo llevarle hacia una impaciencia insaciable gracias a un ritmo tranquilo. Harry no le decepciona, gimiendo, gritando sofocadamente, lloriqueando su nombre de nuevo casi sufriendo, intentando empujar su vez como rogando a Lucius que acelere el ritmo, y que Lucius no ignora... mucho, lo agradece con su sonrisa, y lo rechaza.
Cada músculo de las caderas de Harry se intenta coordinar con la inflexibilidad del ritmo de Lucius, pero este necesitado chico todavía no tiene la paciencia para dejarse domar. Lucius no cede. Espera hasta que el chico casi solloza de frustración, espera hasta que él mismo está satisfecho con su propia resistencia (era cierto lo que decía sobre tener la intención de superar a cualquier amante que Harry pueda encontrar, y esto es sólo el principio más insignificante), espera hasta que el chico susurra, “Lucius, por favor...”, e incluso entonces sigue prolongándolo.
Pero finalmente deja que el ritmo se acelere, y ahora el chico solloza de verdad, con los ojos secos pero no hay forma de confundir ese sonido, y de nuevo dice, “Lucius...” mientras arquea su cuello hacia atrás, ya sin tensar los brazos, pero al fin dándole un ritmo al que puede soportar acoplarse, y se aplastan el uno contra el otro, Lucius maravillándose de que nada de lo que ha hecho hasta ahora parece haber provocado algo negativo para el chico, dado todo por lo que ha tenido que pasar—lo admite, Lucius ha estado intentando tenerlo en cuenta, por eso ha elegido empezar con esta intimidad concreta para iniciar al chico en su cama.

La desnuda extensión de garganta debajo de él es demasiado tentadora como para resistirse. Inclina la cabeza y usa labios, lengua y dientes para juguetear sobre esa superficie compleja y encantadora, notando cómo el chico mueve su cabeza en pequeños ángulos con cada nuevo punto que Lucius prueba. Entre eso y el ritmo de sus caderas, los quejidos de Harry se incrementan. El chico todavía mantiene la cabeza hacia atrás, sus mandíbulas apretadas de manera que cada sonido tiene que forzar esa barrera para pasar, nada articulado, ya no.
Para Lucius, cada uno de ellos es todavía más delicioso que el sonido de su nombre.

Harry implora con cada movimiento de su cuerpo, cada sonido de su garganta, y Lucius no piensa negárselo. Cada súplica le está haciendo igualmente egoísta, y siente el pulso del latir de su polla contra el del chico, el contacto parece arder, y le hace esperar, saborear cada grito y la forma en que el chico está empezando a moverse de prisa, sin romper el ritmo sino capeando el temporal, y Lucius no se pierde el momento del orgasmo del chico, ni un muerto podría perdérselo, le haría resucitar, mientras el chico no parece decidirse entre gritar o maullar, sofocando la incongruencia de los sonidos mezclados mientras intenta ponerse rígido bajo Lucius, pero no puede, porque Lucius sigue llevándole con ese ritmo, sin querer perderse nada, ni el sonido ni la expresión del rostro de Harry ni el repentino charco caliente de humedad en su vientre, y sólo cuando las tres cosas son tiempo presente tendiendo al pasado Lucius se permite perderse en la sensación del chico bajo él, la tríada del vientre de Harry y su polla y su esperma inundando totalmente la polla de Lucius como una hidra o un runespoor o un perro a las puertas del infierno, y su propio sonido mientras se corre es ese suspiro cuidadosamente producido que comunica a los oídos de su amante, No me quitarás el control, ni siquiera en este momento... pero, mi querida criatura de dulce cuerpo, está cerca.
Sus propias caderas no están completamente quietas durante una larga serie de momentos, todavía cambiando de posición a cada minuto para recoger y saborear cada réplica, dejando que Harry sienta también este placer. Por fin decide liberar las manos del chico, curioso como un jugador de ruleta por ver dónde deciden posarse, y tras el momento o dos que le lleva a Harry darse cuenta de que son libres, el chico las mueve, no hacia el rostro de Lucius o sus hombros o su culo, los sitios más esperados, sino que busca las recién retiradas manos de Lucius y entrelaza sus dedos de nuevo, sosteniéndolas así como si fuera a rogarle.

Y le ruega. “Lucius, por favor... por favor no pares... no te pares aquí”, susurra.
Lucius besa el hombro del chico muy divertido. “No tengo intención de ello”.
“Yo...” Lucius le mira. Observa el rostro del chico mientras humedece sus labios, intenta expresar lo que intenta decir. “Quiero... quiero tenerte dentro, por favor...”
Bien, bien.
“¿Estás seguro de estar preparado para eso?” Lucius se sorprende a sí mismo. Pensaba que no iba a volver a preguntarle Estás seguro.
“Dijiste que me quemarías. Quiero que me quemes por completo. Por favor, por favor hazlo”, gime el chico, presionando su boca contra el hombro de Lucius a cambio, escondiendo su rostro, sus pestañas rozando la piel de Lucius.
Sus pestañas están húmedas.
Lucius gira el rostro del chico hacia el suyo y le besa en la boca. Escaldará cada capa de piel del cuerpo del chico, le forzará a que las haga crecer de nuevo.
Lucius ya se está volviendo a poner duro.

Se despega de Harry, le da la vuelta a la forma sin resistencia del chico, y se pone cómodo por detrás de él. Recoge al chico sobre su pecho, los brazos por debajo, por la cintura.
Lucius presiona su rostro contra el espacio entre los omóplatos de Harry, momentáneamente permitiéndose tomarse este momento por la forma en que el chico parece encajar perfectamente debajo de él. Incluso por la forma en que Harry gira su rostro a un lado para hacer un hueco que invita a Lucius a acurrucar su propia mejilla ahí, si quiere.
Lo hace.
“Dolió antes, ¿no?” murmura cerca de la oreja del chico.
Harry no se tensa exactamente, pero Lucius todavía puede sentir que el chico no quería que le mencionara eso; por todas las protestas que no está intentando olvidar, todavía no quiere que le recuerden las cosas con tanta franqueza.
Lucius sabe que le duele. Ha visto que la manifestación de dolor de Harry ha sido tan cruda y sangrante para él como para llevar a cabo cualquier angustia tipo Lo pedí o Me gustaba.
Sin embargo Lucius sabe que evitarlo todo tampoco ayudará al chico a ocuparse de su dolor. “Esto no dolerá. Lo prometo. Aunque te mostraré más que un poco de cómo el dolor y el placer pueden ir unidos, en el futuro, prometo que esto no te dolerá”.
Y aquí es cuando Lucius muestra a Harry por qué afirma la destreza que tiene como amante. Prepara al chico con una lentitud casi insoportable, gradualmente, para recibir su polla, empezando por la atención que le dedica a los músculos de la espalda de Harry, masajeando profundamente desde su cuello bajando hacia sus muslos hasta que el chico está rendido y gimiendo en lo alto de la cama, entonces acaricia con las yemas de los dedos y la lengua la columna vertebral de Harry hasta que llega a la raja de su culo y continua con el mismo detalle meticuloso allí, forzando jadeo tras jadeo del chico. Lame la apertura enrollada del ano del chico hasta que los gritos de Harry son un quejido constante de “Ohjoderohjoderohjoderohjoder...” mientras se muerde el puño, sus piernas abiertas, escalofríos atormentándole de pies a cabeza.

El tarro de lubricante en el cajón de la mesilla está encantado para que nunca se acabe, para que ser esterilizado cada vez, y también para estar templado. Lucius lo reparte con la palma, sin costuras, Harry no se da cuenta de cuándo lo hace, y usa un dedo bien cubierto para reemplazar a su lengua en los movimientos circulares y empieza a abrir el ano del chico.
De nuevo, su progreso es tan lento como para ser casi un ejercicio de fotografía fotograma a fotograma. Hasta que ese dedo está bien dentro del chico, notando el calor y el pulso y la opresión de ese canal, es casi imposible creer que no hubo ningún movimiento.
No retira ese dedo cuando comienza a deslizar un segundo dentro del chico. De nuevo, el ritmo gradual y la abundancia de lubricante están de su lado. Harry gime, todavía con el puño contra la boca, pero ni una vez intenta retirarse, nunca llega a darle un tono afilado a sus gemidos, nunca dice la palabra no—ni tampoco le ruega que vaya más rápido.

Cuando tiene tres dedos enterrados en el culo de Harry, Lucius utiliza la otra mano para girar la barbilla del chico hacia él, y le empieza a besar de nuevo. Un beso provoca un gemido, el siguiente un jadeo, y el siguiente un suspiro, y así Lucius le lleva a través de los comienzos más básicos de los distintos tipos de dulzura que dos bocas juntas pueden producir, todo ello mientras le dilata con sus dedos, y aunque ese acto debería tener una urgencia que el chico no podría ignorar, los besos son ejecutados tan cuidadosamente que Harry parece considerarlo la más abrumadora de las dos cosas que le están haciendo.
Lucius continua la lección de besos hasta que ha retirado sus dedos del todo, de nuevo con tanto cuidado que el chico casi no se da cuenta, y entonces se posiciona sobre el chico otra vez, presionando con la longitud de su polla en la raja de Harry y simplemente descansando allí hasta que las nalgas de Harry la rodean con total impaciencia, y Lucius desliza sus manos por la cintura del chico y sus dedos buscan su polla, deslizándose sobre ella donde está presionada entre el cuerpo del chico y la superficie de la cama, y Harry presiona sus caderas hacia delante, el chico completamente perdido sobre cómo moverse, y así cuando la cabeza de la polla de Lucius sondea el no tan contraído ano del chico el sonido que éste hace es un suspiro de alivio perfecto.
Lento progreso, copiosas cantidades de lubricante. Desde este punto es todo lo que Lucius necesita para cumplir su promesa. Harry se queja debajo de él, pequeños quejidos de necesidad por tener a Lucius totalmente dentro de él, para estimular ese vago algo adentro, de lo que Lucius apenas le hizo darse cuenta cuando sus dedos le estaban abriendo. Lucius le llena de una forma que sabe que hará sentir al chico como si cualquier otra polla de otro tamaño o forma estuviera mal.

Y una vez dentro, intenta no empujar tanto como, admite, lo está deseando, mucho. En cambio espera, espera a que el chico empiece a moverse por sí mismo, deja que el instinto del chico se haga cargo de lo que debería estar parando aquí. Tan pronto como Harry intenta cambiar de posición, Lucius no le permite moverse demasiado, consciente de que el inexperto chico es probable que recuerde su propio dolor si le deja. Eso no pasará.
Echa sus caderas hacia atrás una fracción, pero también tira de Harry con él, una mano en la cadera del chico y la otra todavía en su polla, haciendo que se sienta más como una retirada de lo que es en realidad, sin hacerle daño. Harry exhala como si le hubieran golpeado en el estómago, el gemido del final ocultando la posibilidad de que fue realmente el dolor el que lo provocó.
Dejándose entrar en toda la longitud que puede alcanzar, Lucius hace que las caderas del chico empujen su polla dentro del círculo de sus dedos, sin que Lucius parezca mover la mano en absoluto. De nuevo un desigual grito sofocado de Harry.
Las manos del chico se aferran a las sábanas, casi rasgándolas con las uñas, los brazos extendidos por encima de sus hombros de una manera que francamente hace que Lucius quiera atarlos en esa posición. Más tarde. Habrá tiempo para eso. Mucho tiempo.

Imprime un ritmo empuñando la polla del chico que es mucho, mucho más rápido que el movimiento de su polla dentro del chico, y aún se las apaña para sincronizar los dos. Harry grita entre las sábanas bajo ellos, sus caderas elevándose y cayendo, cayendo hacia el apretón del puño de Lucius rodeando su polla, gimiendo el nombre de Lucius otra vez, y otra. Lucius se inclina para morder el hombro de Harry, colocando sus dientes allí en la carne un poco fuerte porque puede; el grueso músculo de ahí puede soportarlo sin distraer al chico con dolor, y Lucius siente fuertemente que necesita morder algo justo ahora.
El chico se deshace en lágrimas y orgasmo bajo él, llegando al clímax entre la mano de Lucius, desordenadamente mientras su ronco grito resuena en la pared cercana. Lucius cuidadosamente, gradualmente, se entierra dentro del chico a una profundidad de un puño, ya sin empujar, sólo meciéndose contra el chico hasta que alcanza su propio clímax en erupción, sintiendo la nube templada y mojada de semen derritiéndose sobre su propia polla dentro de las igualmente acaloradas profundidades del culo del chico, permitiendo que su propio gemido suene contra la nuca del chico, donde su boca presiona, justo debajo del suave vello de la nuca, atronando la espina dorsal como si prefiriera comunicar su agradecimiento directamente a las sinapsis de Harry.
Aunque ambos se acomodan en silencio por lo que parece ser un largo rato, cuando finalmente Lucius cambia de posición su peso como si fuera a retirarse, el chico gime, roncamente, “No... por favor...”

Y Lucius, quien creía tener el control, se encuentra impotente para resistirse a esa súplica.
Su brazo izquierdo alrededor de la cintura del chico se desliza hacia su pecho, rodeando el músculo pectoral. Harry suspira como si ahora su mundo estuviese completo.

Lucius cierra los ojos.


*****


Lucius, quien todavía cree que no tiene instinto para ofrecer consuelo o compasión, sabe, hasta más no poder, cómo cultivar a alguien tan verde como Harry durante los primeros arrolladores días de ser amante de Lucius Malfoy.
Apenas permite que Harry deje la cama por un día entero, y eso sólo para ir al baño y poco más. No le deja vestirse, ni siquiera envolverse con una toalla alrededor de las caderas después de salir del baño—que comparte con Lucius, y en el que Lucius ni siquiera le deja lavarse a él solo.
Comen en la cama, y Lucius no permite que Harry coja ni un utensilio, sino que le hace tomar todo de los dedos de Lucius, con su boca. El chico todavía no aprecia el vino, no es una sorpresa, pero parece no tener objeción en que se lo sirvan directamente en la boca desde la de Lucius en mitad de un beso. Después de lo cual, habiendo tenido ya cierto número de tales intercambios, han aprendido que Harry tampoco tiene cabeza para el vino. Resulta ser no un borracho escandaloso ni uno sensiblero, sino de los que se quedan dormidos.
Afortunadamente Lucius conoce excelentes encantos para quitar borracheras.

Mientras prodiga su atención sobre Harry, tiene el agradable efecto secundario de hacer que el chico quiera corresponder. Lucius tiene mucho cuidado con esto. Pasan tres días completos hasta que permite a Harry que baje sobre él, literalmente haciendo que el chico le suplique hacerlo, y entonces, cuando al fin le deja, y Harry de pronto se vuelve casi tímido, intentando que Lucius le diga cómo le gusta que se lo hagan antes de empezar, él rechaza contestar. Le dice a Harry, no de una forma desconsiderada, que la pregunta es absurda y que use sus instintos.
Como él sospechaba, descubre que la visión de Harry haciendo eso es tan excitante como la sensación. Acaricia el rostro del chico, pero rechaza darle cualquier consejo verbal hasta que al final se corre, suspirando mientras sus dedos se curvan alrededor del cráneo del chico, murmurando, “Oh, sí...” mientras se abandona a la succión de la boca de Harry, el chico gimiendo al oír ese pedacito de reacción completamente sin disimular y no artificial.
Que consiguió sin ninguna instrucción. Lucius pretendía que él tuviera esa satisfacción.
Cuando toma a Harry, Lucius le tiene boca arriba la mayor parte del tiempo. Quiere observar las expresiones del chico; pero más importante aún, quiere que Harry sepa que él quiere observarles a pesar de la dificultad que Harry tiene dejándole mirar. Es más sencillo, claramente, para Harry apretar la cara contra la colcha y gemir, que dejar que Lucius vea cada sensación que genera en Harry mostrada en su rostro en un alivio crudo y humillante.
Lucius, sin embargo, sólo ve eso como lo que se merece. Le gusta mirar. Mucho.
A menudo.

Es una suerte que el tarro de lubricante tenga su propio conjuro renovador.

También cumple la amenaza de castigar a Harry por no ser capaz de estarse quieto esa primera vez. Lucius tiene un momento de indecisión sobre si introducir esto ahora, preguntándose cuál será la reacción del chico, pero la verdad es que simplemente no puede esperar ni un minuto más cuando atrae a Harry hacia su regazo, le coloca con el culo hacia arriba y le dice que va a ser azotado por su infracción temprana. El chico se comporta muy bien. No suplica no... y, sabiendo cómo Lucius desea esto, tampoco suplica sí. Dice au unas cuantas veces antes de que termine, y sus ojos empiezan a llorar, y la forma en que se frota los enrojecidos carrillos del culo con la mano cuando ha terminado es deliciosamente entrañable.

También descubre que Harry tiene cosquillas en un par de puntos. No en todos sitios, sólo en los pies y los costados, pero en esos lugares son muy intensas. Y Harry le maldice entre aullidos y después jura venganza total y sangrienta... pero Lucius descubre que posiblemente no puede resistirlo.
Es la primera vez que ha escuchado al chico reír de verdad.

Una noche Lucius simplemente tiene el impulso de sostener al chico en su regazo, acurrucado allí como un gato, y acariciar su cabello hasta que se duerme, escuchando al chico respirar con un ritmo lento y profundo, observando que toda la tensión desaparece de su rostro como la nieve con una repentina ola de calor.
No puede creer lo bello que es el rostro del chico de esta manera.

La mañana en la que él se levanta y descubre que Harry le ha estado observando dormir, sabe con certeza que tiene un problema.
Porque encuentra que le gusta.
La noche en que ata a Harry a la cama con los brazos extendidos y le venda los ojos es una de las más intensas que tienen. Harry intenta firmemente salir de esas restricciones todo el rato, lloriqueando por su impotencia, y Lucius decide prolongarlo dejándole así durante toda la noche, y la primera acción de Harry tras ser liberado por la mañana es tomar de las manos a Lucius y prodigarse en besos. Acaban sin salir de la cama hasta tarde ese día.

La mañana siguiente, Lucius se levanta y descubre que está solo.
Lo encuentra inquietante.
Lo encuentra intrigante.
No llama a los elfos domésticos para que encuentren dónde está Harry.
Sólo después piensa que fue porque tuvo el más pequeño, el más ligero... miedo... (¿un Malfoy sintiendo miedo? Imposible) de que el chico hubiera huido después de todo.
En cambio, se va a buscarle. Y le encuentra en el tercer lugar en el que mira.
La biblioteca. (Todavía cree, una vez le ha encontrado, que este era realmente el lugar más probable, pero aun así obedeció al instinto de mirar en las habitaciones de Harry y en la cocina primero).
Harry viste una de las batas de Lucius. Es demasiado grande para él, y le recuerda a Lucius la primera noche que trajo al chico aquí.
Está hojeando un texto en una mesa, y aunque está de nuevo buscando en cada página rápidamente, su rostro no muestra la frustración desesperada de la última vez que Lucius le vio aquí. En vez de eso, parece paralizado por lo que está encontrando ahí, y Lucius realmente cree que ha visto la mano del chico temblar mientras pasaba una página.
Esta vez no quiere hacer ningún ruido que anuncie su presencia. Pero tanto si lo ha hecho como si Potter sencillamente le ha notado allí, éste levanta la mirada de pronto.

Le sonríe. “Estás levantado”.

Lucius se asusta por la enorme y alada cosa que le surge del estómago, hacia el pecho, al ver al chico sonreírle así.
Cruza los brazos. Fríamente arquea una ceja. “¿Se supone que eso es una no muy sutil indirecta, Potter, sobre mis horas de sueño?”
“No”. El chico cierra el libro, cruza la habitación hacia él. “Se supone que es una introducción a un ‘Oh, bien. Llévame de vuelta a la cama’”. Descaradamente desliza sus brazos alrededor de la cintura de Lucius mientras lo dice.
Lucius decide que... prefiere a Harry descarado.
Le echa un vistazo a la mesa. “¿Estás seguro de que soy lo suficientemente interesante para apartarte de todo esto?”
Harry presiona su barbilla contra el esternón de Lucius. “No seas celoso. No puedo hacer todo esto de una sola vez. Llévame de vuelta a la cama, por favor. Muy por favor”, sonríe.
Lucius todavía está por la primera frase. “¡¿Celoso?!”, casi balbucea.
“Me gusta en ti. Te queda bien”.

Ha creado un monstruo.

Se lleva al monstruo de vuelta a la cama.

Y le vuelve a dar unos azotes.


*****


Se crea una rutina durante los diez días siguientes.

Harry pasa mucho tiempo del día en la biblioteca, investigando... algo sobre lo que Lucius no puede decidirse a preguntar. Como si el comentario de Harry sobre los celos hiriese su orgullo tanto como para que ahora no haga nada más que fingir desinterés.
Comen juntos (almuerzo y cena; nunca salen de la cama tan pronto como para desayunar, ni quieren poner freno a sus actividades carnales de la mañana como para esperar a que se lo traigan), y sus noches juntos comienzan tan pronto como dejan la mesa después de cenar.
Lucius casi espera que este chico de diecisiete años traicione su edad y su despliegue de atención haciendo algo como, oh, una petición para hacerlo en cada una de las habitaciones de la mansión, o algo en esa línea. Pero en vez de ello Harry parece absolutamente satisfecho, más que satisfecho, de ser llevado a las habitaciones de Lucius cada noche, a esa enorme cama con dosel y el escudo de los Malfoy en la pared, y el lugar donde una mañana se puso la camisa que Lucius desechó y dijo que quería llevarla todo el día porque olía a él.
Aunque Lucius ha pensado en interrumpir al chico en mitad del día para que se tome un breve e intenso descanso, no quiere hacerlo en la biblioteca. Una parte de él teme que aunque el chico responda, su mente quiera volver a los textos que le rodean.
Y eso sería un verdadero insulto.

Si las noches le sirvieran como el más remoto indicador, está siendo un completo imprudente. El chico es tan adicto a él como si fuera la heroína más pura, no necesitando embellecimientos para hacer el amor más allá de su cuerpo, sus besos y sus palabras para esclavizarle. Los embellecimientos son agradables; con seguridad Harry los encuentra más que simplemente agradables, pero Lucius sabe que son innecesarios.
El chico es suyo.
Quemado, cautivado, indefenso.
Completamente, a fondo, totalmente eufórico con ello.
Aunque está claro que la intensidad de esto asusta a Potter algunas veces.
Lo esperable de cualquier droga.


*****


Al noveno día, Twizzle, caminando al lado de Lucius en el vestíbulo, deja caer algo. Un trozo de pergamino. Está llevando un montón de eso y no se da cuenta.
Lucius lo recoge. Alguna clase de ilustración.
“Twizzle. Se te ha caído esto”.
Twizzle salta, mira al pergamino entre sus manos y vuelve hacia donde está Lucius y el pedazo que él sostiene.
“¡Oh!” Corre hacia él para cogerlo. “¡Twizzle no debe perder esto! ¡Harry Potter lo pidió expresamente! ¡Oh, Twizzle es una mala elfa doméstica!”
“Twizzle, deja de hacerte cortes con ese papel. Déjame ver eso otra vez por un momento”.
Obedientemente Twizzle deja de intentar cortarse la muñeca con el borde y se lo devuelve a Lucius.
Parece un dibujo, pero Lucius no creía que Harry fuera ese artista tan hábil. Entonces ve unas cuantas líneas chapuceras, y se da cuenta de que es un papel de calco. Una figura, muy parecida a un caballero o un samurai, posando con una espada. Alguna clase de bestia esbozada en el uniforme. Tomada de uno de los libros, sin duda.
Tiene curiosidad, pero se lo devuelve a Twizzle. “Sigue”.

Para su alivio, Twizzle no supone que eso signifique seguir con los cortes autoinflingidos con el papel, y se va brincando por el vestíbulo.
Lucius va a su estudio y escribe una carta para su hijo. No menciona para nada a Harry. No puede pensar en qué contarle sobre esto. Demasiadas cosas imposibles que explicar. Y mucho menos que el asunto pueda caer en manos no deseadas.
Todavía sin palabras de MacNair, o Pettigrew, o del mismo Voldemort.
Lucius descubre que ni siquiera le importa preocuparse sobre ello.
Y eso le golpea fuerte. ¿Cómo puede no preocuparse sobre eso? Si no le preocupa está muerto. Dios. ¿Tan borracho está con el chico? ¿Que no le importa nada si vive o muere por culpa de esto, siempre que ello no interrumpa el sexo ahora mismo?
Se sienta y piensa sobre ello durante un tiempo.
Llaman a la puerta del estudio. Va hacia ella y la abre.
Harry está fuera. No sentado esta vez, aunque Lucius se acuerda de aquella imagen y se pone medio duro sólo con eso.

“¿No vienes a cenar?”

Mira al rostro del chico, con los ojos muy abiertos, con un toque de preocupación.
Eso lo pone completamente duro.

“¿Te gustaría cenar en la habitación esta noche?”

Una sonrisa profundiza en un lado de la boca del chico. “Gran idea”.


******


“Lucius”.
“Sí, Harry”.
“Tengo que hacer una confesión”.
...
“¿Sí, Harry?”
...
“Me está empezando a gustar mucho el caviar”.
Lucius se incorpora en la oscuridad, tira de su joven amante bajo él.
“Niñato. ¿Tienes una idea de lo que cuesta el Imperial Osetra?”
“No...”
Lucius se lo dice.
“Oh”.
“¿’Oh’? ¿Eso es todo lo que puedes decir?”
“Puedo decir más si quieres. Y entonces puedes intentar callarme”.
“Sí, creo que lo haré”, ruge Lucius.


*****


El décimo día.
Lucius se vuelve a despertar solo.
Esta vez Harry no está en la biblioteca.
Lucius le pregunta a un elfo doméstico esta vez.
Va al salón de baile. Potter está allí. Parado delante de la chimenea.
Lucius se detiene y mira.

Se parece mucho al esbozo. Los elfos domésticos han hecho un trabajo extraordinario.
La parte superior es una chaqueta larga, ajustada a la cintura. Sus líneas parecen vagamente japonesas, que es lo que hizo a Lucius pensar en un samurai. Los pantalones son sueltos y van metidos por las botas. Harry se ha atado el pelo apartándoselo de la cara con una cinta. No esconde la cicatriz. El conjunto entero es negro.
Con la bestia destacada en la chaqueta en oro y verde.
A primera vista casi lo confunde con el león de Gryffindor, hecho en unos colores no del todo correctos. Pero sólo la cabeza es de un león. El cuerpo es de cabra y termina en la cola de una serpiente.
Quimera.
Algo se mueve en la cabeza de Lucius. Sabe lo que significa. Pero no puede ubicarlo muy bien.
En el cinturón del chico hay una vaina. Pero no hay espada en ella. Eso parece ajustarse también a su recuerdo.
Mira a Harry a los ojos.
El chico parece... perdido. Por primera vez en dos semanas, perdido.
Pero entonces capta la sutil diferencia. No perdido. Sólo... sin saber qué decir.
Así que Lucius habla.
“¿Qué es esto?”
Harry se muerde los labios. “Necesito cuidar de esto”.
Lucius intenta mantener su voz neutra. “Cuidar el qué”.
Un susurro: “Sirius”.

Ah.

Lucius no se sorprende al sentir erizarse el pelo de su nuca.
“Qué es lo que pretendes”.
Ve a Harry tragar.
“Tengo que ayudarle”.
Repentinamente Lucius comprende lo que significa ver los colores del mundo desaguar.
“No puedes ayudarle”.
“Sí, yo puedo. Quizás sea el único que puede”.
“Harry”. Dios mío. Está en peligro de perder el control. Realmente en peligro de perder el control. “Eres la última persona que puede ayudarle. Quien debería ayudarle. Posiblemente te estás engañando a ti mismo pensando eso”.
“Lucius, por favor escúchame. Por favor, sólo escucha y espera hasta que haya terminado”.
“NO lo haré”. NO puedes ir a él”.
“TENGO que hacerlo. ¿POR FAVOR escucha! Yo... no podía ni pensar en cómo hacerlo antes. En cómo siquiera empezar a entender lo que tenía que hacerse. Pero ahora sí. Son las pesadillas, o algo que se hace pasar por pesadillas, que... que le vuelven loco, ¡NO LE ESTOY EXCUSANDO, LUCIUS!” el chico grita, viendo lo que se está formando en el rostro de Lucius. “Pero nadie puede ayudarle simplemente desterrándolas. Lo que me hizo... si no se le puede ayudar más allá de eso, él nunca volverá. Por eso siguió repitiendo, porque sabía lo que había hecho y estaba olvidando cada vez. Tengo que impedirle que olvide y entonces ayudarle desde ese momento”.
“¿Y cómo pretendes hacer esto?”
“Perdonándole”.

No. Él no quería... escuchar eso.
“No puedo hacerle olvidar. No puedo hacerme olvidar, tenías razón sobre eso. Pero puedo perdonarle. Y soy el único que puede, el único que puede darle eso”.
No. “Harry. No puedes inventar estas excusas. Lo que hizo fue imperdonable”.
“Lucius, sé que vas a llamarme un insoportable pequeño y moralizador Gryffindor—“
“¡Lo que eres es un NIÑO ingenuo!”
El chico no intenta alzarse contra eso, esta vez. “—pero no hay ningún acto imperdonable. Sólo hay gente que no puede perdonar. Voy a desterrar los demonios de su pesadilla, y entonces le voy a decir que le perdono. Y se lo voy a decir una y otra vez, y otra, hasta que me crea. Y por eso sólo puedo hacerlo yo”.
Lucius quiere agarrar al chico por los brazos y zarandearle, pero hay algo en su presencia, más que simplemente la ropa, que no se lo permite. “Necesita pagar por lo que ha hecho”.
“Lo hará”. Lo dice con una frialdad que Lucius no esperaba oír, y eso le hace decidirse a escuchar el resto de lo que el chico tiene que decir. “Pero no en Azkaban. Azkaban le hizo lo que es. No dejaré que se lleve lo bueno que queda en él, que se lo coma como hizo con el resto de él”. Su mandíbula se marca. “Pero no va a volver a ponerme una mano encima”.
“Harry. ¿Cómo puedes imagina que vas a luchar contra él, si lo intenta? Eres el único que no quiere HERIRLE; ÉL no tiene esa limitación. No puedes ser el que HAGA esto”. Ahí. Eso es lo que había estado intentando decir. Este chico se ha rehecho mentalmente y Lucius tuvo el privilegio de ser el primero a quien dio su confianza. No perderá eso, se NIEGA a perderlo.
Se niega a perderle.

“Déjame hacer esto, si tiene que hacerse”.
La menor de las sonrisas en el rostro del chico, sin humor. “Tú no eres quien necesita perdonarle”.
“Pero puedo asegurar que no te vuelva a hacer daño de nuevo”. Por favor déjame hacer esto, quiere suplicar de pronto. Déjame hacer esto por ti.
“No puede. Me he asegurado de eso”.
“¿Cómo?”
“Los mismos hechizos protectores que me permitirán desterrar los demonios de su pesadilla”.
El chico pone la mano en la vaina vacía, y finalmente Lucius recuerda.

La quimera.

El símbolo de un Guerrero del Sueño.

Por eso la vaina está vacía. La espada sólo aparece en sueños.

El chico le mira, de repente no tan exagerado vestido así, sino más como un suplente al que le llaman para representar un papel que no está seguro de recordar muy bien. “Me permitiste llegar a ser así, sabes. Sólo tú”.
Lucius está callado.
“No sabía cómo empezar. No podía salvar a Sirius porque no podía salvarme a mí mismo. Pero tú... tú me salvaste. No sólo del Callejón Knockturn, no sólo de Colagusano y Voldemort. Tú me salvaste. Yo no podía intentar salvar a nadie. Tenías los textos en tu biblioteca, pero yo no tenía ni idea de cómo juntarlo todo. Y entonces me devolviste a mi ser. Hiciste eso cuando me deseabas pero no te permitirías hacerme daño... y cuando me mostraste que yo no era sólo una cosa destrozada que necesitaba compasión, sino alguien que era suficientemente fuerte para ser d-digno de ti—“
Su voz se quiebra y vuelve a morderse el labio. Cuando ha recuperado la calma, dice, “Estaba empezando a hablar en pasado ahora. Eso me asusta”.
Le lleva un momento a Lucius entenderle. “Esto no es hablar en pasado”.
“Me alegro”. Es un susurro.
“No lo es. ¿Me escuchas?”
“¿Me dejarás volver?”
Lucius se le queda mirando. Luego: “Te arrastraré de vuelta. No te daré elección. ¿Me entiendes, niñato insolente?”
Los ojos de Harry empiezan a bizquear por el rabillo, como si estuviera reteniendo las lágrimas. Entonces, como si Lucius hubiera dicho algo muy distinto, el chico dice, “Yo también”.

Dios mío. ¿Va... a dejarle realmente que se vaya, que haga esto, él solo?
Es como si... tuviera que hacerlo, que asegurarse de retenerle.
“¿Cómo—cómo puedes estar seguro de tus hechizos protectores?”
Una pequeña sonrisa. “Estoy seguro”.
“Quizás deberías dejarme probarlos”.
El chico sacude la cabeza. “No puedes. Tú no quieres hacerme daño”.
Sí. Ahora... sí que quiere, y mucho. Quiere encerrar al chico en su habitación, retenerle allí, castigarle por atreverse a tener un orden del día tan importante que no le implique a él.
“¿Cómo sabré que estás bien?”
Harry vuelve a sacudir la cabeza. “Ya sabes eso. Me hiciste muy bien”.
El chico toma un puñado de polvo del tarro de la repisa de la chimenea.
Lo arroja al fuego y murmura una dirección.
Camina hacia la ráfaga verde de llamas, el emblema oro y el verde de la quimera en la chaqueta refleja la luz a Lucius Malfoy.

Y se va.


*****


La sensación de no estar solo en la casa.


*****


El sentimiento de estar solo en la casa.


*****


Apartando su varita mientras se sienta al lado del cuerpo inconsciente de Sirius.
Deslizándose hacia un estado de trance.


*****


Sentado en la silla cerca del fuego, mirando a su propio retrato.
Su imagen acaricia al galgo y no levanta la vista.


*****


Mira hacia su cadera.
La espada está ahí, en la vaina.


*****


En su estudio, revisa más documentos.
“Sandleford. Haz algo por mí”.


*****


Allí.
Dementores.
Su patronus les mantendrá alejados de él si lo utiliza.
Él no es el único de quien quiere mantenerlos alejados.
En su centro, Sirius. Encadenado.
Los dementores le miran. Mientras se acerca, hay algo en sus actitudes que cambia. Sabe que ellos ven el símbolo de la quimera y saben para qué es.
Es la razón por la que un Guerrero del Sueño la porta.
Nadie quiere cagarla con una quimera.
Desenvaina la espada.


*****


“Lucius”. Es un siseo.
Lucius mantiene la mirada firme cuando se encuentra con los ojos rojos en el fuego. “Sí, Amo”.
La palabra no le disgusta. Sólo... cae mal en su boca. Espera que Voldemort no se dé cuenta.
“Mis espías me dicen que el chico ya no está en tu mansión. No puedes esconder esto”.
Lucius sonríe. “Sí, Amo, es cierto. Es parte de un plan mucho mayor que tengo para el chico. Uno que creo que le agradará”.


*****


El encanto, sólo una cosa física en un estado de sueño.
En una cadena. Para reemplazar a los que le han quitado.
La desliza sobre la cabeza de Sirius.
La sombra canina desaparece de detrás de Sirius.


*****


“Ssssssssí... Es retorcido. Vil. Un destino apropiado para El Chico Que Sobrevivió. Eres de veras uno de mis más fieles Mortífagos, Lucius”.
Lucius tiene que disimular una ligera nausea. ¿Quién escribe su diálogo?
“Me alabáis en exceso, mi señor”.
“Esperaré informes sobre los avances”.
“Por supuesto, mi señor”.
No debería ser duro. Puede inventar tonterías como estas mientras duerme.


*****


Tres días.
Tres días de angustia. Y remordimientos.
Y curación.
Y resolución.
Y veredicto.


*****


“¿Alguna dificultad?”
“Ninguna, Lucius. Debería llegar por búho en un día o así. ¿Puedo preguntar, si no te importa, por qué tú—“
“No”.
“Por supuesto. Siento terriblemente entrometerme, Lucius. No es asunto mío”.


*****


“No tienes que hacer esto, sabes. Puedo guardarlo por ti... hasta que regreses”.
“No. Tengo que hacerlo”.
Asiente.
*Chas! *.


*****


Cinco días después de que el chico se haya ido.
Lucius está en su estudio cuando las salas hacen “toing”.
Un momento o dos después, un puf! de humo anuncia la presencia de un elfo doméstico.

“Amo Lucius—“
“Lo sé, Twizzle. Lo he sentido. ¿El salón de baile, sí?”
“Si, Amo Lucius”.

Hace una pausa para coger un documento del escritorio, sorprendido de lo firmes que están sus manos. Entonces se aparece en el salón de baile.
El chico se ve como si hubiera dormido con la ropa puesta durante cinco días. O mejor, como si no hubiera dormido con la ropa puesta durante cinco días.
Por la forma en que Harry se conduce, Lucius puede decir que ya ha terminado.
Lo que significa que ni se ha molestado en limpiarse después.
No ha querido esperar a limpiarse después.
Sólo quería volver aquí.

Lucius deja salir el aire que ha estado reteniendo. “¿Mereció la pena?”
El chico mira al suelo. Asiente.
“Sirius se... va. Deja el Reino Unido” Harry levanta la vista. “Durante diez años”.
Lucius espera. Le da la oportunidad de decirlo todo.
“Va a vivir entre muggles. Sin magia. Sin su forma de animago. Y... rompió su varita”.
Lucius sabe que si un mago completamente formado hace eso, normalmente tendrá que volver a aprender la mayoría de lo que sabía desde el principio, cuando elija una nueva varita. Si Sirius Black realmente va a vivir sin magia durante diez años, definitivamente tendrá que volver a aprenderlo todo.
Todavía no es suficiente.

“Va a trabajar como misionario en África. Víctimas de guerra. Enfermedades incurables. Niños hambrientos. Ese tipo de cosas”.
Lucius eleva las cejas. “¿Niños?”
El chico asiente.
“Eso... fue lo más duro. Hay una maldición sobre él. Yo se la puse. Si alguna vez... intenta dañar a un niño, dañar a alguien, de la forma en que me dañó a mí... si alguna vez intenta herirles de otra forma intentando de alguna manera persuadirles para eso... entonces... morirá. Simplemente—morirá”.
Lucius piensa sobre ello.
Quizás... quizás eso sea suficiente.
Y Harry se lo hizo. Eligió hacérselo.

“Impresionante”.
“No”. Es casi un siseo, el chico se da la vuelta para irse.
“No”. Lucius da un paso hacia él. “No estoy siendo sarcástico”. Desafortunadamente, ser sarcástico es la única manera que tiene de ser, a veces. ¿Cómo iba a saberlo el chico?
“Estoy honestamente impresionado, Harry. No pensaba que pudieras hacerle justicia. Perdonarle, eso. No hacer justicia. No tan cerca como estás”.
Lucius puede oír las lágrimas empezando a obstruir la garganta del chico mientras dice, “¿Qué... qué pasa si he hecho mal? Lucius, ¿y si en realidad no los he disipado? ¿Y si vuelven? Podría haberle matado por no hacerlo bien”.
Lucius Malfoy no consuela. No da compasión.
Y aún así se sorprende diciendo, “No le habrías matado. No puedes coger sus actos y hacerlos culpa tuya. Y si le dejas ir para que haga daño a otros, entonces serías culpable. Lo que hiciste estuvo bien”.
“¿Lo estuvo?” susurra el chico.
Lucius se encoge de hombros. “Sospecho que Sirius Black lo cree así. ¿Piensas que quiere vivir con el riesgo de dañar a otro niño como te ha dañado a ti?”
Con los ojos en el fuego, Harry sacude la cabeza negando.
Deja de hablar de Sirius, quiere decir Lucius. Sabe que no es justo.
No le importa.
“Me alegro de que estés bien”, no puede reprimirse de decirlo. Lo dice en vez de decir a alma descubierta Me alegro de que estés de vuelta.
“Estuviste conmigo, sabes. Te vi ,en el estado de sueño. Te puse ahí”.
“En serio”. No parece que haya nada más que decir a eso.
“Significaste para mí más que la espada”.

¿Cuándo ha aprendido este niño a ser tan profundo, incluso con esas palabras tan sencillas?
¿O es otra cosa? No que sean profundas... sino que las palabras vengan de él.
O porque... él es el que las está escuchando.
Lucius piensa en la imagen de sí mismo, fortaleciendo a Harry en el estado de sueño. Se alegra de ello... pero también le perturba.
“Hay una parte de mí que se opone a ser usado de esa manera, sabes. A dejar que te pongas en peligro. Nada merece la pena como para eso. Black no. Ni nadie”.
Harry sacude la cabeza. “No le odies”.
Lucius la sacude como respuesta. “¿Qué puedo hacer si no?”
“Si no hubiera sido por él, no habría habido nosotros”.
Los ojos de Lucius se encienden. “¿Tienes idea de lo completamente jodida que es esa lógica?”
“¿De qué te enfadas?” La voz del chico es suave. “¿De la idea de nosotros?”

No.

“No”. Dice la palabra antes de poder evitarlo.
Lucius mira al chico, la sucia ropa negra y todo. Se sorprende contemplando el emblema de la quimera.
Encaja. Encaja con todo esto.
León y serpiente. Pero no solamente combinados. Combinados, y con algo adicional.
Es apropiado, dado lo cabezotas que son ambos.

...No, espera. Eso no es una cabra, es una mula. ¿Qué diablos es una cabra entonces?
...Randy. Oh, dios mío. Se atraganta.
“¿Qué?” dice el chico, viendo su cara.
“... Más tarde. Oh, debería decírtelo, Voldemort piensa que mis diabólicos planes para ti son a largo plazo. Le gusta lo esencial. Así que creo que puedo mantenerle con falsas esperanzas por algún tiempo”.
“Oh. Eso está... bien”.
“A menos que quieras convertirte en un Mortífago después de todo. Confío en que me lo harás saber si alguna vez cambias de idea sobre eso”.
“Um... sí. Yo... sacaré el tema si lo hago”.
“Buen chico”.
“Así que... estos planes a largo plazo. ¿Implican que yo esté... por aquí?”
Lucius le mira. Quiere decir, Tienes algún otro sitio adonde ir, o Uno de los elfos domésticos dimite, quieres el trabajo, o Bueno, tu escuela comienza de nuevo pronto, o alguna de cientos de afirmaciones no comprometidas, humorísticas o realistas o cualquier cosa menos decirle al chico cómo se siente en realidad.

El documento de su bolsillo está casi quemándole.

Harry encuentra el valor para dirigir la cuestión, dirigirse él, directamente.
Y un Malfoy no tiene miedo, ¿verdad?
(No, pero un Slytherin nunca responde a algo directamente).
Oh, me cago en la puta.

No puede dejar al chico marchar. Se llevó cada pedacito de vida que había en Lucius la última vez que caminó hacia ese fuego.
Bien, por supuesto que lo hizo. ¿No dijo el hico que Lucius había estado a su lado en el estado de sueño?
Saca el pergamino. Camina hacia la chimenea y lo coloca sobre la repisa.
“Le pedí a mi representante en el ministerio que se encargara de esto mientras estabas fuera. Él es—muy rápido. Me gustaría que... le echaras un vistazo”. Y repentinamente toda su osadía le abandona, como si la mirada del chico hiciera que las cosas se invirtieran y Lucius fuera sólo un chico de diecisiete años. “Yo... saldré al exterior, daré un paseo por el jardín mientras lo haces, ¿de acuerdo?”
Atraviesa el salón hacia las puertas acristaladas que dan a los jardines.
Y sale por ellas.
Preguntándose, mientras las cierra tras él, si las volverá a oírse abrir de nuevo, y cuándo.


*****


Harry observa a Lucius salir. Le mira retirándose con un pánico creciente.
Cálmate. Calma.
Coge el pergamino de la repisa de la chimenea.
Por supuesto es un documento legal, Lucius se lo dijo, pero está lleno de expresiones jurídicas como repeticiones múltiples de en tanto que la parte y donde los abajo firmantes y hasta este momento.
Pero ve las palabras clave.
Palabras como el demandante Lucius Etienne Malfoy y ruptura de la relación matrimonial y cumple el requisito de duración de la separación legal y de mutuo acuerdo y Sentencia de Divorcio.
Por un momento eterno Harry se dice que no puede sacar conclusiones precipitadas.
Y entonces piensa, ¿Qué estoy diciendo?
Ahora desearía haberse tomado un tiempo para lavarse y cambiarse de ropa. Porque el meticuloso Lucius Malfoy (soltero Lucius Malfoy, corrige) va a ser besado, y mucho, por un crío con un mugriento uniforme negro de Guerrero del Sueño.
Casi corre hacia las puertas acristaladas.


*****


Jeanne-Maire Malfoy está contenta con la ubicación de su retrato. Aunque ella había pedido estar en una pared del dormitorio, preferiblemente en una que perteneciera a un guapo jeune homme, no le sorprendió que su petición fuera rechazada. Pero el salón de baile es un compromiso razonable. Desde su sitio en la pared, no sólo puede ver la mayor parte del salón, sino que también tiene una agradable vista de la entrada a los jardines.

Observa mientras el très beau petit monsieur con ojos verdes deliciosamente ingenuos abre las cristaleras y alcanza a su apuesto aunque terco sobrino justo enfrente del jazmín trepador. El abrazo es tan profundo que sólo puede decir dónde acaba uno y empieza el otro por el contraste del color de sus cabellos.

Oscuro y claro presionándose el uno contra el otro como estrellas en espectros diferentes.

Jeanne-Maire suspira, sonríe, y empieza a hacer globos con forma de paloma. Las bodas son sus eventos favoritos en el salón de baile.

 


Fin

SEGUNDA PARTE
PRIMERA PARTE
Notas adicionales de la autora