Fandom Meeting

Índice
Portada
Un año más el Salón del manga llegó a finales de Octubre a la Farga de Hospitalet, como viene siendo costumbre desde hace ya 10 años. Y es que aunque el Salón consta con 12 ediciones, las dos primeras se hicieron en la estación de Francia, como solía hacer también con el Salón del Cómic. Y un año más, para todos aquellos con disfraces y stands que preparar, nos pilló casi en paños menores, con mil cosas aún por terminar.

Este año, después de la resaca de cuatro días del Salón anterior, volvíamos a los tres días de siempre, con el sábado mágico de cosplay y de overbooking. Aunque casi se puede decir ya que hay overbooking los tres días. Esperamos que los señores y señoras de Ficomic se den cuenta al fin de lo que todo el mundo ya ha descubierto: la Farga se nos queda pequeña.

Por primera vez, desde que soy aficionada al manga y al cómic en general, he tenido la oportunidad de ver un Salón desde dentro; es decir, estar en un stand y todo lo que eso conlleva. Así que voy a daros cinco céntimos de cómo se vive un Salón del Manga desde cada perspectiva, la de mis largos años de experiencia como visitante y mi primer año en un stand de fanzines.

Cuando uno es un simple visitante los días previos al Salón son un sin vivir de nervios y ansias de que llegue ya de una vez. El mayor de tus problemas es tratar de evitar las interminables horas de cola que puede haber para entrar. Los hay que están allí antes de las nueve de la mañana a pesar de que las puertas no abren hasta las diez, los hay que van disfrazados el sábado para evitarse hacer dicha cola (aunque este año había tanta gente disfrazada como no disfrazada, así que también había cola para entrar disfrazado), hay quien se cuela por todo el morro, y hay quien burla los controles de seguridad y entra sin hacer cola ni haber pagado ni nada de nada. La otra gran preocupación del visitante es tener el disfraz terminado para el sábado, en caso de ir disfrazado, claro, y encontrar alguna cosa decente para comer además de algún rincón donde poder sentase de tanto en tanto para descansar de las interminables horas de vagabundeo por los saturados pasillos del evento. Avanzar entre las masas hasta llegar al deseado cómic, pelearse con alguna abuela por cierto muñequito que tú quieres y ella quiere también quiere para su nieto, tratar de no morir asfixiada al entrar en la sala de proyecciones, y un largo de etcétera.

El visitante llega, mira, mira, y mira, vuelve a mirar, compra algo, y de nuevo se pone a mirar. Disfruta de las proyecciones si es que consigue entrar en alguna, queda con los amigos a distancia que sólo ve de Salón en Salón (y tiro porqué me toca), llega a aprenderse el contenido de todos los stands si visita el salón más de un día y por lo general compra hasta que su economía llega a la banca rota. Cuando el Salón finaliza a las nueve de la noche se va a casa agotado pero satisfecho, o apura los preciados momentos de ver a lejanos amigos para ir a cenar a algún restaurante japonés (y es que hay que ser fieles y frikis hasta el final).

Cuando eres un expositor las cosas se ven y se viven de forma bastante diferente. Los días previos al salón son una pesadilla, el tiempo se acelera vertiginosamente a la vez que la cantidad de cosas por hacer aumenta de forma exponencial. Vas tarde a la imprenta, no compras recambios de chapas suficientes, te quedan puntos de libros por hacer, y ¡oh, horror! Aún está el disfraz a medias (el nuevo de este año para el sábado, porque para variar reciclas los de otros años para el resto de días). Como es tu primera vez en uno de esos cuchitriles que Ficomic se empeña en llamar stand para fanzines, no acabas de hacerte a la idea del espacio que tienes ni de cómo puedes montar tus cosas de manera que queden bien, que se vea bonito, que llame la atención y que sea fácilmente accesible tanto para los visitantes para que miren, y a poder ser compren, sino también para uno mismo. Levantarse pronto cada mañana, estar allí antes de las nueve para organizar bien las cosas, pasar doce horas en un espacio mínimo rodeada de gente tan agobiada como tú de estar allí, e irte a dormir tarde porque cada noche quedaban cosas por preparar para el día siguiente. Tres días intensos de estrés máximo en los que ni ves el Salón ni apenas disfrutas de los amigos que te vienen a ver. Pero tan pronto llega, tan pronto se va, y antes de que una se pueda dar cuenta el Salón se ha acabado y sólo te queda el buen sabor de boca de los momentos vividos y una ganas terribles de repetir la experiencia al máximo para el siguiente.

Corresponsal de Intruders en Barcelona: Duare. Propietaria de la comunidad Medianoche en la Torre de Astronomía

Por Duare

 

Página oficial de Ficómic