-Tienes que dejar de hacer eso –dice Harry, dirigiéndose directamente al dormitorio.
-Estaba prácticamente encima tuyo –gruñe Draco.
-No. No lo estaba. Me estaba alcanzando una bebida y mostrándose hablador. Que no es lo mismo que intentar ligar conmigo; ni siquiera lo menciones. Sé cómo funciona ese cerebro tuyo (1).Draco se tira sobre la cama.
-Te estaba mirando como si fueras la maldita primera costilla.
Harry sacude la cabeza y rápidamente se desabrocha los botones de la camisa, prácticamente arrancando algunos en el proceso.
-Es embarazoso, ¿es que no lo ves? ¿No piensas que podría arreglármelas por mí mismo si algo así pasara?
Draco gruñe mientras rueda sobre su espalda, masajeándose el cuerpo.
-No, no lo creo. Por eso estoy siempre rondando: para mantener a los malditos comedores de carne alejados (2).
Harry se ríe.
-¿No querrás decir comedores de hombres?
-Viene a ser lo mismo. Y ahora ven a la cama. Necesito reclamarte.
-Ya veo. Bien, señor Malfoy, ¿qué pretendes?
-Llevarte tan cerca del orgasmo tantas veces que cuando te deje caer en él te desmayes del alivio.
-Promesas, promesas...
-...que yo siempre cumplo.
Draco siempre se ve a sí mismo como una Veela. A Harry no le importa demasiado. Hace más interesante lo que había sido una normal y monótona vida... hasta que Draco inrrumpió en ella y la volvió patas arriba.
Según Draco, Harry es su compañero, y por eso, estarán siempre juntos. Asimismo, Harry debe satisfacer sus necesidades de chocolate y sexo, y soportar esa bufanda naranja chillón que es tan dado a ponerse cuando lleva su abrigo gris oscuro.
Harry puede soportarlo, porque de lo que no es capaz es de volver a la monotonía. Nada de lo que Draco Malfoy hace –o de lo que alguna vez ha hecho- es remotamente monótono, y a Harry le gusta. Incluso piensa que puede acabar amándole.
-¿Qué ha pasado con todo el chocolate? ¿Draco? ¡Draco!
-¿Hmm? –pregunta Draco, revolviéndose de su siesta y estirándose como un lince de pelo rubio y liso.
-¿Qué ha pasado con el chocolate? Lo necesito para mi kit de raciones, y no tengo tiempo de conseguir más.
Draco parpadea y se encoge de hombros.
-Ni idea. Tienes llevar chocolate, Harry. No puedes ir a esa vieja cripta sin él. Ni siquiera sabes lo que puedes encontrar allí abajo mientras intentas romper maldiciones con ese tal Goodfellow.
-Sí, soy consciente de eso, por eso te pregunto adónde se ha ido el chocolate.
-¿Por qué debería yo saberlo?
-Quizá porque tienes grandes marcas alrededor de tus labios.
Hay que mencionar, como mérito suyo, que Draco ni siquiera mueve una ceja.
-¡Oh, eso! Estaba antes, desde que me comí esa tarta en el pueblo. Tú sabes cómo me pongo cuando se acerca la luna nueva, esos ciclos lunares son fatales para mí, me hacen comer con demasiado frenesí. Gracias a los dioses ya se habían terminado los relámpagos.Harry aprieta los labios.
-Luna nueva fue hace una semana.
-Oh, interesante. Entonces debe de haber sido un antojo aleatorio de algún tipo. Simplemente llama a Goodfellow por la Red Flu y dile que esta vez tendrá que protegerse él mismo.
-Sabes que no puedo hacer eso –Harry le dispara a Draco una malévola y larga mirada- pero supongo que le puedo preguntar si puede compartir su chocolate conmigo.
-¡No te atreverías! –Draco salta sobre sus pies y agarra a Harry por la túnica del uniforme en un abrir y cerrar de ojos.
-Bien, entonces parece que tenemos un problema –dice Harry, manteniendo su voz y su varita preparada.
Draco se encara con él.
-¿Eso significa que tengo que salir a por más?
-Sería genial.
-Bien, pero esta me la debes, Potter. Creo que me cobraré el pago en especies. Una vez que regreses, por supuesto.
Harry observa a Draco mientras se va.
-Siempre lo haces –dice, con una sonrisa jugando en sus labios.
A Draco le importa Harry más de lo que él mismo quiere admitir. No puede vivir sin él, está seguro. Cuando Harry no está, Draco siente como si no pudiera respirar. Especialmente odia cuando Harry está merodeando por ahí con ese tal Goodfellow. Es un tipo demasiado guapo y divertido como para que le caiga bien a Draco. Da gracias a los dioses por sus encantos de Veela, porque no puede concebir una razón por la que Harry debería dejarle entrar en su vida. La magia tiene que estar detrás de eso. La magia de la Veela, se figura Draco, porque nada más encaja.
Después de besarle y someterle durante todos esos años, Draco le confesó a Harry que era una Veela y que obviamente el propio Harry era su compañero. Harry simplemente asintió, su mirada fija en la bufanda naranja chillón de Draco. Sus dedos la alcanzaron y la ajustaron, tironeando posesivamente cuando Draco le dijo que se iba a mudar con él. Harry nunca dijo una palabra, simplemente le sonrió con esa curiosa expresión suya de párpados entornados… esa que hace que Draco sienta que tiene algún valor.
-Simplemente ingnóralos –dice Draco mientras él y Harry caminan cogidos de la mano calle abajo, con los fotografos de Corazón de Bruja siguiéndoles y disparando sus cámaras.
-No puedo. Han estado aquí durante una hora y ahora ese desagradable reportero se une a ellos. Nos han estado persiguiendo durante semanas, intentando obtener algo de nosotros. ¿Por qué simplemente no pueden dejarnos en paz?
-Vamos a comer a Chez Minuet. Seguro que no les dejan entrar.
Harry frunce la nariz y los labios.
-Odio ese lugar. Francamente, desearía que no nos dejaran entrar a nosotros tampoco.
-Deja de actuar como un idiota. Te encanta ese sitio, al menos eso me dices siempre.Harry mira a Draco, su expresión dando a entender que es Draco quien adora Chez Minuet y que cuando accede a ir es porque quiere hacerle feliz. O al menos eso es lo que Harry espera que entienda.
Draco gira la cabeza y se aclara la garganta.
-Haz como si no estuvieran.
-No, ¿sabes? Ya estoy harto de esto –dice Harry, parando en seco y se girándose, arrastrando a Draco con él-. ¡Dejadnos en paz! Os aseguro que no hay nada excitante en el hecho de ver nuestra compra semanal, a no ser que queráis saber el tamaño de nuestros calabacines, o algo parecido.
-¡Harry, Harry! –el reportero le llama y ambos se giran para irse.
-Te lo dije, no más preguntas.
-Bien –replica el reportero- estoy seguro de que puedo escribir algo de mi propia cosecha acerca de El Hombre Que Vivió y su consorte mortífago.
Harry se suelta de la mano de Draco y carga hacia el reportero, empujándole hacia la valla que hay tras él.
¿Quieres un titular? ¿Qué tal éste? –dice, puntualizando cada palabra con un empujón- Draco Malfoy tiene más humanidad, humildad y capacidad de perdón en un dedo que el que tú tendrás en toda tu miserable y triste parodia de vida. Es mi compañero en todos los sentidos de la palabra y estaré contento de permanecer a su lado mientras él lo esté al mío.Harry deja escapar al aterrorizado reportero y da unos pasos hacia atrás.
-Ya habéis obtenido un titular y unas encantadoras fotografías de nosotros haciendo la compra. Fuera. Ahora.
El reportero asiente frenéticamente, alejándose de Harry tan rápido como le es possible. Hary se gira hacia el fotógrafo, dejádolo paralizado con sólo el peso de su presencia.
-Si tan solo una foto de esto escapa accidentalmente y aparece en la portada, bien, no creo que necesite explicarte lo que sucederá, ¿verdad?
El fotógrafo asiente con la cabeza y huye. Harry le sigue con la mirada hasta que desaparece.
Cuando se gira, tiene que contener la respiración ante la expresión de orgullo y lujuria pintada en el rostro de Draco.
-No era necesario –dice Draco, induciéndole a uno de esos feroces besos que hacen que Harry se tambaleé y olvide cómo hilar las palabras.
-Sí, lo era –dice Harry después de recobrar la compostura. Acaricia con sus dedos el cabello de Draco- Completa y totalmente necesario.
Permanecen así durante un rato, sin preocuparse de lo que ocurre a su alredeor.
-Vamos, tenemos una compra que terminar y es tu turno de encontrar los calcetines sucios.
-Maldita sea, Potter, lo hice la semana pasada.
Harry se encoge de hombros.
-Pero acabo de defender tu virtud, así que seguro que puedes ocuparte de los calcetines.
Draco sonríe.
-Eres un bastardo, ¿lo sabías?
Harry sonríe, también.
-Sí. Pero es por eso por lo que creo que sigues conmigo.Draco escucha a Harrry parlotear acerca de calcetines, y compras, y ruidosos reporteros, pero en realidad su corazón late tan fuerte que no lo escucha. Harry ha dicho que le quiere. Harry ha dicho que siempre le querrá.
Piensa que es la primera vez que realmente cree que Harry no le echará de su apartamento una mañana cualquiera cuando finalmente se de cuenta de la situación. Piensa que ahora reconoce esas sonrisas de ojos entornados por lo que realmente son. Sabe que Harry realmente nunca fue tan pasivo como daba a entender.
Harry le quiere. Draco agarra la mano de Harry y le atrae hacia él mientras continúan su camino.
-Por el amor de Dios, ¡ahora! ¡Por favor! –suplica Harry, su piel húmeda de sudor y sus ojos brillando con deseo.
Draco guía su pene hacia la entrada de Harry, apenas presionando.
-Ssssí –susurra Harry en una sinfonía silbilante, sus ojos cerrados mientras sus dedos agarrran las suaves sábanas que tiene debajo.
Draco empuja suavemente unas cuantas veces, torturando a Harry deliberadamente.
-Dentro de mí. Lo necesito… Draco… vamos… dentro de mí –jadea Harry, su cabeza sacudiéndose hacia atrás y adelante.
-¿Por qué debería dártelo? –bromea Draco, apenas refrenándose a sí mismo para no enterrar su pene en Harry y tomarle para una larga, larga cabalgada.
-¡Lo necesito… lo necesito…! -Harry grita, sacudiendo su cabeza de lado a lado- por favor, te necesito. Quiero que me folles.
Draco se ríe y se aleja de nuevo.
La mano de Harry se dirige al cabello de Draco, agarrando sus mechones dorados. Le mira directamente a los ojos mientras le empuja hacia delante.
-Quiero que lo hagas. Quiero que entierres ese enorme pene en mí. Reclámame.
Inclina la cabeza y mira al rostro reticente de Draco.
-El ciclo lunar ha empezado. Lo sientes, ¿no? Ven, y reclámame. Lo necesitas –le incita, sus ojos verdes desafiantes.
Draco se mantiene apartado, jadeando
-Tú pareces necesitarlo más.
Harry mueve las caderas y acaricia con sus manos su torso.
-Quizá. Pero si tú no vas a dármelo…
-Mío –gruñe Draco mientras se echa hacia delante, enterrándose en el cuerpo de Harry.
Hacerle el amor a Harry es como volar a la velocidad de la luz sobre las copas de los árboles en el Bosque Prohibido. Tan terrorífico como regocijante. Harry es salvaje y caliente y se abandona completamente, entregándose por entero a Draco. Le deja tomar lo que quiera y confía en que Draco le devuelva esa confianza al final.
Draco no entendía el significado de esto hasta que tuvieron el altercado con los reporteros la semana anterior. Ahora entiende qué es lo que Harry le da, y siente como si no pudiera respirar por su peso, que se aprieta contra él, que le envuelve.
La confianza es una cosa peligrosa. A Draco le aterroriza lo que Harry le regala sin hacer preguntas. Le recogija ver que finalmente tiene la capacidad de devolverlo.Draco embiste y empieza a volar.
-No puedes irte. Es demasiado temprano. Sólo has estado dos días en casa.
-Tengo que irme, Draco. ¡Joder, para ya!
-Perdóname por querer pasar el tiempo con mi compañero.
-Podrías… podrías, maldita sea, Draco, dejar de lado el asunto Veela por una vez. Estoy cansado y no soy capaz de encontrar mis malditos calcetines y no puedo enfrentarme con… eso, en estos momentos.
-¿De qué hablas?
Harry se masajea las sientes y suspira.
-Nada. Sólo para ya. Tengo que ir a ese encargo. Por favor no hagas esto más difícil de lo que es. Volveré en una semana… dos, como mucho.
-Siempre dices eso, y entonces no sé nada de ti durante mucho más tiempo, y cuando le pregunto a tu superior, actúa como si fuera la esposa de un pescador.
Harry no dice nada y se agacha bajo la cama, buscando a los escurridizos calcetines.
-Bien, ¿vas a defenderme?
Harry suspira. Baja la cabeza. Deja de buscar sus calcetines.
-A veces puedes ser un poco quejica.
Draco se pone colorado, lo que le hace sentirse enfermo por dentro.
-¡Que te jodan, Potter!
-Lo hacen, actualmente.
-Vete. Fuera. Lárgate a ese encargo con Goodfellow. Estar con él obviamente es más importante que yo.
-¿Cómo puedes… siquiera has escuchado las ridículas palabras que han salido de tu boca? ¿Lo has hecho?Harry se pone en pie y cruza la habitación en un abrir y cerrar de ojos. Agarra fuertemente a Draco de los hombros, sujetándolo como si fuera lo que al mismo tiempo le sujetara a él.
-Por favor, no hagas esto. Por favor. Lo siento, tengo que irme, pero no quiero que la última cosa de la que hablemos antes de que me vaya sea de este estúpido asunto. Pensé que ahora sabías qué es lo que siento por ti.
Draco traga y mira hacia otro lado.
-¿Draco?Draco se desembaraza de Harry. Lo siente alejarse y escucha sus suspiros exhasperados. Pese a eso, no dice nada.
- Bien. Como sea. Nos vemos –dice Harry, embutiendo sus enseres en su mochila y saliendo de la habitación con un portazo.
Draco está levantado toda la noche, caminando de un lado a otro del apartamento, buscando frenéticamente los calcetines. Harry se ha olvidado los calcetines. Draco tiene que encontrarlos para poder…
Draco se para y se deja caer en el suelo.
No tiene ni la más remota idea de cómo contactar con Harry. Nunca lo hace cuando él está en medio de un encargo.
No hay ningún sitio al que enviar los malditos calcetines.
Por eso odia cuando Harry se va, porque en el silencio que sobreviene a su partida su mente se llena con pensamientos de traición y dolorosa tristeza. Dioses, ha sido tan idiota. Debería haber dicho algo, hecho algo, antes de que Harry se fuera. ¿Y si… y qué si…?
Draco se pone en pie y sigue buscando. Quiere estar seguro de que Harry tenga calcetines cuando vuelva a casa.
Harry flota en una niebla de color blanco lechoso, incapaz de moverse o ver o hacer algo útil. Como si hubiera estado dormido durante años y acabara de darse cuenta.
-Señor Malfoy, no está ayudando –escucha.
Harry intenta sentarse y preguntar algo, pero la niebla le mantiene atrapado.
-No puede administrarle eso. Lleva raíces amargas, puedo olerlas desde aquí. Él no las tolera.
-Nosotros somos los sanadores, señor Malfoy. Somos nosotros quienes decidimos el tratamiento del señor Potter.
-No pueden darle eso. Simplemente no podrían hacerlo peor. Tiene que usar una alternativa. Severus Snape sabría que hacer… él le ha hecho pociones a Harry antes. ¿Qué están haciendo? ¡He dicho que no podéis dárselo!
Harry escucha el sonido de cristal rompiéndose y lo que parece un golpe a continuación.
-Quítame las manos de encima –brama Draco.
Harry sabe que quien sea que se ha artrevido a tocar a Draco lo ha pagado. Un fiero sentido de orgullo crece en él. Nadie –nadie- le dice a Draco Malfoy lo que hacer. Harry ama ese aspecto suyo tanto como su bufanda naranja, y la manera en la que Draco le mira justo antes de introducirse en él por primera vez.
Escucha murmullos y maldiciones y alguien que está encima suyo. Intenta abrir los ojos, pero no cooperan. Siente como alguien le toca; hay como un tintineo de magia justo después.
-No hará daño a nadie que busquemos una alternativa a la raíz amarga –Harry escucha una voz diferente murmurar- Si el señor Malfoy tiene razón, la raíz amarga puede empeorarle.
-¿Vas a creerle? Ha sido como una maldita pesadilla desde que trajeron a Potter aquí, metiendo las narices en todas partes, gritándole a todo el mundo, agarrándose al pobre tipo como si fuera parte de su vida o algo –dice la primera voz- incluso reconoció ser una Veela, lo que ya hemos probado que es imposible… de hecho todavía está actuando como si lo fuera.Un tipo diferente de dolor se expande en Harry. ¿Cómo se atreven a decirle a Draco que no es una Veela? ¿Cómo se atreven a apartarle de él? Harry lucha para mantenerse consciente, determinado a empujar a ese sanador contra la pared y explicarle precisamente por qué Draco seguramente es Veela. Es la Veela de Harry. Y eso todo lo que importa.
-En cualquier caso, es su compañero. Tiene derecho a vigilarle.
-Bien. Como si Potter fuera a irse a alguna parte.
Harry lucha más, ineentando forzar su camino hacia donde quiera que esté. Draco necesita que le defiendan y ése es su trabajo. Es la única cosa en la que es competente. Pero cuanto más lucha, más rápido la niebla se abate sobre él. Se está volviendo fina y suave de alguna forma. Harry está tan cansado… Abandona.
Alguien le trae de vuelta. Siente una mano fría estrechando la suya ligeramente. Gotas de líquido en su brazo y en su rostro.
-Mejor que vuelvas, o te mataré yo mismo –dice Draco, su voz ronca y rota- no puedes dejarme. Moriría sin ti. Tienes que volver, Harry. Por favor. No puedo… no puedo hacer esto solo. Lo siento. No pensaba todas esas cosas que te dije. Yo solo… por favor. No me dejes.
Harry se aparta de la niebla lechosa, el dolor de la pérdida le crucifica. Todo lo que quiere es coger a Draco en sus brazos y besarle y decirle que todo va a ir bien. Y entonces pegarle un peñetazo a ese estúpido sanador, el que había tenido la audacia de decirle a Draco esas sucias mentiras.
Too lo que consigue es un débil movimiento de mano y un gruñido apagado en el fondo de su garganta.Brazos alrededor de él, y un cuerpo presionándose contra el suyo en un instante.
-¡Harry! Muy bien. Lucha. Vuelve a mí, pruébales que se equivocan. Enséñales qué clase de obstinado cabezota puedes ser. Por favor. Por favor, vuelve a mí.
Harry pelea cada vez más fieramente, sin importarle el dolor mientras, al final, pueda volver a Draco.
-¿Qué estás haciendo? ¡Vuelve a meterte en la cama ahora mismo!
-Oh, por el amor de… Draco, iba a por un vaso de agua. El sanador sólo dijo que me lo tomara con calma, no que pasara todo el día y la noche en la cama.
-Pensaba que te gustaba pasar todo el día en la cama.
-Y me gusta, cuando me estás follando, o cuando te lo hago yo a ti, pero no ha habido sexo en cinco jodidas semanas.
-Casi mueres, idiota. Es muy pronto para el sexo. Especialmente sexo con una Veela. Soy parte animal, ya sabes.Harry deja escapar una suave sonrisa. Es la primera referencia de Draco al hecho de ser una Veela desde que Harry estuvo en el hospital. Que Draco se llame a sí mismo Veela le hace inexplicablemente feliz.
-Eso verdad… no había pensado en eso –dice.
En los ojos de Draco aparece una luz que deja Harry sin aliento.
-Sí. El sexo Veela es muy debilitante. Somos amantes tan increíbles que despojamos a nuestros compañeros de toda su voluntad y resistencia.
Harry se lame los labios.
-Había olvidado esa parte, es lo que tiene haber dejado de tener sexo Veela durante tanto tiempo.
Draco suspira.
-Y aún no lo vas a tener. Nada de sexo hasta que el sanador te libere del reposo absoluto.
-¡Pero no estoy en reposo absoluto! –repone Hary.
-Porque él no te conoce como yo. A decansar, Potter. Nada de sexo hasta que estés mejor.
Harry suspira.
-¿Puedes al menos venirte a la cama conmigo? Quiero tocarte –dice con mala cara.
-Oh, de acuerdo. Pides mucho, ¿lo sabías?
-Aprendí del mejor –dice Harry con una sonrisa feliz al tiempo que se apresura a hacer sitio para Draco en el nido de edredones y almohadas. Mueve las puntas de los pies, sonriendo ante la sensación de los suaves calcetines de algodón. Por alguna inexplicable razón, Draco ha insistido en llevarle un par nuevo de calcetines cada mañana.Draco descansa sobre su espalda y Harry se acerca hasta que está pegado al lado de Draco, su cabeza en su hombro. Draco coloca sus brazos alrededor de Harry y le abraza antes de recorrer la espina dorsal de Harry con sus dedos en perezosas figuras con forma de ocho.
-Todavía no puedo creer que volvieras –Dice Draco un rato después, antes de que la laxitud del sueño les lleve a ambos.
Harry se encoge de hombros, utilizándolo como una oportunidad de estar aún más cerca y enredar sus piernas con las de Draco.
-Demasiadas llamadas. Demasiado tiempo fuera de casa. De todas formas somos los dos independientes económicamente y ricos. No es como si tuviéramos que trabajar. Al menos por ahora.
-Gracias a los dioses que finalmente te convencí –dice Draco.
Harry ríe, su suave aliento recorriendo el torso de Draco.
-Hueles bien –murmura mientras inhala profundamente.
Draco gruñe.
-Es el jabón.
-Huele como tú. Huele a hogar –dice Harry, su voz débil por el sueño.
Draco le besa en la frente.
-Te dije que necesitabas descansar –susurra.
Harry no contesta, en su lugar se aprieta más fuerta y respira profundamente.Draco sonríe.
No le importa si no es realmente una Veela. Todo lo que importa es que es la Veela de Harry y que huele como al un hogar, y que Harry esá hecho un ovillo alrededor de él, ambos siendo protectores y protegidos.
Siente que se desliza en el sueño, la presencia de Harry alrededor de él. Su cabeza descansa contra la de su pareja y se deja caer.
Fin
N. de la t.:
(1) Harry se refiere al juego de palabras existente entre chat (hablar) y chat up (ligar)
(2) En el original Draco y Harry ulizan las palabras “meat eaters” y “man eaters” (literalmente, comedores de carne y comedores de hombres), en una referencia muy clara a Death Eaters, el término inglés por el que se conoce a los mortífagos.
Rating: NC-17
