Cuando pensamos en historias de amor entre hombres creadas en Japón lo primero que nos viene a la mente es el yaoi, el shonen ai y las novelas de ese mismo estilo dirigidas a las mujeres que disfrutan leyendo de romances entre chicos bellos. Sin embargo, el yaoi no inventó el hilo negro ya que la literatura nipona tiene una larga tradición en lo que a relatos homoeróticos se refiere. Prueba de ello es el libro de “El gran espejo del amor entre hombres” (Nanshoku okagami) escrito en el siglo XVII por Ihara Saikaku, un renombrado novelista y poeta cuyos textos se encuentran entre lo más selecto de las letras japonesas.
A lo largo de las cuarenta historias que conforman el Nanshoku, Ihara explora con una visión aguda llena de humor y sensibilidad el mundo en el que ocurre el drama romántico y las pasiones entre hombres, teniendo como protagonistas a miembros de la clase samurai y a los actores del teatro kabuki. Aunque también aparecen en el libro comerciantes, señores feudales y monjes budistas, el autor se enfoca principalmente en esos dos grupos porque ambos representaban un modelo ideal de lo que debería ser el amor masculino. Los samurai jóvenes eran un ejemplo a seguir para aquellos que apreciaban el amor entre muchachos. Por su parte, los actores que tomaban clientes entre sus admiradores también produjeron su propio modelo de amor adolescente.
Si bien las premisas de bellos jóvenes y prostitución sugieren que el Nanshoku es una lectura altamente candente, la realidad es que en estos cuentos no hay descripciones eróticas explícitas como las que aparecen en los fanfics. Si se le tuviera que dar una clasificación moderna este libro sería “shonen ai” ya que el aspecto sexual no es lo más relevante sino las relaciones entre los personajes, los elevados sentimientos, las promesas de amor eterno y la siempre presente tragedia que separa a los amantes.
Lo más atrayente de este libro es que se trata de un documento histórico, si bien con algunas licencias literarias, sobre la manera en que se vivía el amor entre muchachos en el siglo XVII. En esa época los hombres que podían pagar por acostarse con jóvenes o jovencitas lo hacían sin ninguna culpa ya que la sociedad veía como normal, y hasta como algo propio de conocedora gente de mundo, el tener sexo recreativo. A la preferencia por los muchachos se le llamaba “wakashudo” o simplemente “shudo”, que quiere decir “camino del amor entre los hombres”.Ihara escribió el Nanshoku pensando en entretener a los seguidores del wakashudo, específicamente a los “onna-girai” o misóginos, aquellos que únicamente tenían sexo con muchachos y que por lo tanto, dedicaban su vida a cultivar el amor entre hombres, buscando siempre ideales y paradigmas que hicieran ver su elección como la más elegante y sofisticada. Las historias de Nanshoku están redactadas como biografías de bellos jóvenes y apasionadas parejas a las que el autor señala como modelos a seguir, dignos de ser imitados por todos los muchachos.
Aunque los cuentos tienen como propósito abogar a favor del amor entre hombres, no tienen un tono pesado y aleccionador. Al contrario, a pesar de los siglos que han pasado desde que fueron escritos, son bastante amenos y fáciles de leer, además de ser sumamente interesantes porque ofrecen la posibilidad de asomarse al mundo de las relaciones amorosas de samurais y actores por medio de historias contadas por alguien que conocía realmente cómo se movían las cosas en esos medios.Otro punto digno de mencionarse de este libro es que viene con una magnífica introducción que aclara detalladamente el contexto histórico del amor homosexual en el Japón del siglo XVII. También incluye numerosas notas explicativas sobre personajes y conceptos que son desconocidos para el lector occidental, siendo así una gran fuente de información cultural de la sociedad japonesa antigua.
Dejando de lado el aspecto didáctico del Nanshoku, las fans del yaoi podrán entretenerse haciendo una comparación de los cuentos de este libro con las tramas que actualmente presentan los mangas shonen ai y yaoi. También es interesante notar que dentro del shudo los adolescentes llamados “wakashu” siempre tenían un papel de sumisión y obediencia en la relación con un adulto, siendo tal vez este el precedente en el que se basan los roles de “seme” y “uke” dentro del yaoi. Por cierto, en cierta medida es una ironía que el Nanshoku fuera escrito para hombres que detestaban a las mujeres, que veían como algo sagrado el amor por los muchachos, y ahora miles de escritoras y mangakas niponas deleitan a millones de mujeres con sus historias acerca de ese mismo tema de amor homosexual.
Por todo lo anterior, el libro de “El gran espejo del amor entre hombres” es una lectura obligada para toda aquella que guste del yaoi y que desee adentrarse más en los antecedentes literarios homoeróticos de la cultura que dio origen a ese género tan popular de manga y anime.
El gran espejo del amor entre hombres
Reseña de Geisha Sakura
