Castillos de arena
por Sansa
Traducido por Silence Messiah
Capítulo Uno - Septiembre, 1997
“Una idea puede volverse polvo a magia,
todo depende del talento que se aplique”.Harry tomó una profunda bocanada de aire, enfermo de anticipación, alisó su pelo y golpeó la puerta.
-Entre –ordenó la voz mordaz del Profesor de Pociones. Harry cerró lentamente sus ojos soñadores: durante unos instantes disfrutó la forma en que el suave y profundo timbre de su voz se disparaba contra su pene, tensándolo.
Como no tenía ningún deseo en particular de hacer esperar al hombre tras la puerta, Harry empujó el madero y se deslizó dentro, cerrándolo cuidadosamente a sus espaldas.
Snape ni siquiera levantó la vista de sus correcciones. Se encontraba encorvado sobre su escritorio, así que su larga y negra melena oscurecía sus facciones. Harry sonrió. Él sabía por qué Snape no lo miraría, así que con la facilidad que da la práctica, redujo la sonrisa y adoptó una cauta y tímida apariencia.-¿Profesor?, ¿Cuál es mi castigo esta noche?
Harry fue testigo de la tensión en el cuerpo de Snape, prácticamente fue capaz de oírlo tragar ruidosamente antes de contestar.
-Los calderos –masculló-, friégalos –se reclinó ligeramente en su silla y otro montón de pergaminos se apiló frente a él.Harry se paseó alrededor del montón de enormes calderos colocados junto al muro. Lentamente llevó sus manos a los broches de su túnica, deshaciéndolos uno por uno; dejando que el sonido metálico cruzase el espacio que lo separaba de la mesa de Snape.
Pudo oír su profunda y temblorosa inspiración.
Deslizó la túnica por sus hombros, y esa vez no hubo duda del brusco, ahogado gemido que precedió al chirrido de la silla cuando Snape se retorció en ella.
Harry cerró los ojos e imaginó al hombre alcanzar su polla hinchada hasta colocarla bajo los pantalones. Algunas noches lo hacía.
Harry estiró los brazos sobre su cabeza, sintiendo como la camiseta se deslizaba a través de su espalda y sus brazos. Luego, se inclinó para tomar el primer caldero del suelo. No pudo evitar el esbozo de una mueca cuando los pantalones se aferraron a él, pero sabía que cada plano de la curva de sus nalgas se exhibía, y era plenamente consciente de que Snape lo miraba.
Echando un poco de jabón en el caldero, Harry vertió el agua a trancazos, consiguiendo empaparse a sí mismo y a los alrededores. Sonrió al oír como, primero, la silla de Snape rechinó ruidosamente contra el suelo y, luego, sus pisadas al saltar sobre sus extremidades. Harry se encogió, esperando la consiguiente avalancha de insultos que estaban a punto de volar en su dirección.-¡Potter, imbécil! ¿Cuándo aprenderás a realizar correctamente la más simple de las tareas sin tener que ponerlo todo perdido? –rugió, rodeando la mesa y empujándolo. Harry casi gimió.
Fue suficiente.
Snape se detuvo al instante cuando fue consciente de la dilatación de sus pupilas, el rubor de sus mejillas, la dureza de sus pezones y la tensa erección, obvia a través de sus estrechos vaqueros. Soltó otra exhalación entrecortada y retrocedió unos pasos.
-¡Merlín! Maldita sea, chico. ¿Qué te he dicho? La respuesta es no. ¡No! ¿Has perdido la razón? Es imposible. Cuando el Señor Oscuro lo descubra –y te lo aseguro, Potter, lo hará-, ¿tienes idea de lo que me hará?
-No te herirá –susurró el muchacho, acercándose un paso más.
Podía sentir el agua esparciéndose entre sus dedos, deslizándose por sus brazos y goteando lentamente por su pelo. El frío aire del calabozo le ponía de punta el vello de los brazos, y tornaba los pezones en duros y pequeños botones.
-Lo averiguará, Potter –masculló entre dientes. Como Harry avanzase, él retrocedió un paso más. Sin embargo y a pesar de sus negaciones, sus palabras y sus acciones, el muchacho podía ver la clara evidencia de su excitación a través de la túnica.
Le sonrió, inclinándose hasta cerrar la distancia que los separaba, obligándolo a echarse un tanto atrás.
-Él ya lo sabe –susurró Harry con aire conspirador y un guiño. Observó como los ojos del Profesor se abrían cómicamente y, también, su intento de llegar a su varita.
No la cogió a tiempo. Nunca tuvo la oportunidad.
-El León se come a la Serpiente –susurró en lengua Parsel, y los brazos de Snape cayeron. Él permaneció allí como cristalizado, su mirada fija en algún punto distante de la habitación. Harry rió triunfante, suavemente; y entonces otro carcajeo hizo eco, como una respuesta, desde una esquina distante de la habitación.Harry observó a Draco desembarazarse de la Capa de Invisibilidad. Ofreció a su compañero una sonrisa torcida que fue devuelta con lascivia.
Draco atravesó la habitación de una zancada, desplazando a Snape en el proceso. Se acercó a Harry con rapidez, arrollando su boca con un beso fiero que duró varios segundos. Snape observaba pasivamente sin que su expresión variase un solo instante.
Finalmente, Draco rompió el beso. Harry protestó con un gemido sufrido, y tomó las caderas del otro, exigiendo atención para su erección ignorada, pero el otro sonrió contra su garganta y deslizó las manos sobre sus nalgas, amasándolas y apresándolas. Cuando Potter comenzó a gimotear y a empujarse contra él, Draco se zafó.-Basta.
Harry bufó, disgustado, y procedió a colocarse a sí mismo bajo la sofocante presión de los pantalones, pero resultaban tan apretados que acabó por desabotonarlos, liberando así su llorosa erección. El rubio sonrió ampliamente: no llevaba ropa interior.
-Bien, no hay duda de que has adoptado el conjunto que sugería para esta noche. ¿Has dañado algo de forma permanente?Harry gruñó.
Draco se dedicaba a andar en círculos alrededor de Snape, sacudiendo la cabeza.
-Merlín, este te quiere joder. ¿Está todo esto programado mediante tu engaño mágico?
Harry suspiró irritado cuando fue evidente que Draco no iba a jugar. Se reclinó sobre la mesa de trabajo, la cual yacía a sus espaldas, y cruzó los brazos sobre el pecho.
-No todo –admitió.
Draco paró de rondar y miró a Harry.
-Eso pensaba. Y el sentimiento es mutuo, por lo que veo –dijo, arrastrando las palabras. Sus ojos se centraron significativamente en su excitación.
-Esto es por ti, calientapollas.
-Oh, creo que no –respondió con los ojos entrecerrados-. Has estado todo el día pensando en esa noche, ¿Crees que no lo he notado? ¿Una noche a la semana no es suficiente para el Gran Harry Potter?
Harry frunció el ceño.
-Los celos son traicioneros, Draco –se impulsó lejos de la mesa y se le acercó-. Folla bien, pero no es tú.Aparentemente aplacado, Draco dejó que Harry lo estrechase en su abrazo. Después de un instante, sin embargo, lo empujó.
-No aquí. No con él mirando.
Harry suspiró y retrocedió.
-Bien, manos a la obra, entonces.
Draco gruñó ofuscado.
-Así que dispuestos a que él te folle.
-Sabes que sí.
-Puta.
-Si a nuestro Profesor no le importa, tú también podrás tener lo tuyo –escupió despectivamente-. Ahora, al trabajo.Draco apretó la mandíbula, pero no respondió. En cambio caminó hasta Snape y, cuando estuvo directamente frente a él, lo inclinó hacia atrás. El Profesor, sumido en un relajado y profundo estado hipnótico, cayó pesadamente contra el suelo. Harry retuvo el aliento y dio un paso adelante, deteniéndose inmediatamente después cuando Draco lo miró:
-¿Qué? –dijo, desafiándolo a pronunciarse.
-No había ninguna necesidad de hacer eso –respondió tras unos instantes.
-Que te jodan, Potter. Soy yo el que esta a cargo de este interrogatorio, no tú.
-Pensaba empezar, Draco. Fui el que lo obligó a sucumbir. El que lo sedujo, el que lo conquistó. Fui yo el que lo obligó a aceptar un estado de hipnosis. ¡Sin todos mis esfuerzos, este plan no sería nada!
-¿Y solo por eso quieres tener a tu patético y desmemorizado amante, Potter? Dime –su voz se transformó en un murmullo melifluo. Se acercó a Harry-. ¿Qué se siente al ser mirado cada noche como si fuese la primera vez que te toca? ¿Te excita? Por supuesto que sí. ¡Eres patético! Hechizarlo con un Obliviate es, probablemente, el acontecimiento más destacado de la semana, ¿No?Harry era consciente de que la situación se le escapaba de las manos. Cuando Draco estuvo lo suficientemente cerca para tocarlo, alzó la mano y recorrió su mejilla tiernamente con la punta de un dedo. Draco olvidó abruptamente su diatriba cuando Harry trazó las líneas de su rostro, mostrando con sus ojos como se sentía.
-Él nunca serás tú, mi amor. Lo sabes. Es tan solo un entretenimiento. Una concesión de nuestro Maestro. Más que nada disfruto humillándole.
Harry se inclinó hacia delante y lo acogió entre sus brazos. Él se resistió al principio, revolviéndose furioso y tironeando de su camisa, pero finalmente claudicó, apoyando la cabeza en el hombro de Harry. Dejó que le susurrase palabras cariñosas al oído, que lo acariciase por los brazos, deslizándose por su piel hasta ponerle la carne de gallina, encendiendo su pasión.-No seas ridículo, mi amor –susurró, deslizando las manos al frente de los vaqueros de Draco; magreando su creciente erección- déjame mostrarte lo que significas para mí –dijo, mordiendo suavemente su cuello. Cuando Draco no protestó, Harry se hundió sobre sus rodillas y, sin romper el cruce de miradas, comenzó a desabotonar los botones de sus vaqueros uno por uno- tú posees mi corazón, Draco, nadie más –murmuró. Su boca descendió al encuentro de su polla, y la succionó expertamente.
Consciente de que el tiempo que tenían era corto, usó cada truco en su arsenal para llevarlo rápidamente al clímax. Bajó los vaqueros de Draco más allá de sus caderas y usó sus manos para abrirle las nalgas, dejando a sus dedos deslizarse provocativamente sobre su ano. Draco gimió enloquecido.
Por el rabillo del ojo, Harry podía notar a Snape revolverse ligeramente. Cerrando los ojos, obviando aquel ramalazo de dolor en su corazón, él succionó más duro, tomando a Draco muy profundamente en su garganta. Lo sentía tensarse, no duraría mucho.
-¡Oh, Harry! Maldito seas, maldito seas, mierda… Cómo me lo haces. Oh sí, así es… apretado… ¡Ahhh! –Draco erupcionó, vertiendo la simiente que Harry recogió, mamando hasta el ablandamiento del órgano, hasta que Draco gruñó y por fin lo liberó.
Harry se levantó con gracia a sus pies y compartieron un beso profundo.
-¿Estás mejor ahora? –preguntó a su deprimido amante.
Draco suspiró y enderezó su ropa.-Sí, sí. Siento haber sido tan mezquino –lo alcanzó, intentando ordenarle el pelo que le había alborotado en un momento de pasión, para después abandonar-. Te mereces una recompensa. Has hecho mucho por la causa y, si el Señor Tenebroso lo aprueba… -Draco se encogió de hombros- ¿Cómo no voy a hacerlo yo?
Harry se rió suavemente de la lógica retorcida de su amante. Se inclinó para besarlo una vez más.
-¿Nos ponemos a la tarea? –sugirió tras romper el beso.
Draco asintió. Como si fuesen uno, ambos se giraron la vez hacia la figura de Snape. No se había movido del lugar donde había caído, su cara permanentemente relajada. Draco curvó los labios, disgustado.
-Hazlo levantarse –ordenó a Harry. Este se acercó por detrás y, antes de ordenar nada, se tomó su tiempo para ordenar sus ropas.
-El león se come a la serpiente –siseó.
-Estoy escuchando –se dejó oír desde el piso una monótona voz que solo podía pertenecer a Snape.
-Levántate –ordenó Harry en el mismo tono mortuorio, y Snape se elevó en toda su estatura-. Responderás a las preguntas que te serán formuladas.Draco se izó a sí mismo sobre una mesa cercana y comenzó a disparar una andanada de preguntas, cuestiones que su padre deseaba resueltas esa semana.
-¿Cuándo es la próxima incursión programada por la Orden?
-El próximo martes –respondió Snape inmediatamente.
-¿Cuál es el objetivo?
-Los Nott.
-¿Por qué?
-Va a celebrarse una reunión del círculo interno en su residencia –confesó.
Draco frunció el ceño.
-Eso es cierto, ¿Cómo lo sabe? No se le está dando información relevante –murmuró para sí. Snape, sin comprender el carácter hipotético del monólogo en su estado actual, respondió de todas formas.
-Dumbledore me lo dijo.
-¿Cómo lo sabía?
-No lo sé.
Draco bufó de exasperación.
-Se supone que el viejo confía en ti –acusó, pero como la oración no se había planteado como pregunta, Snape no respondió.
-¿Quién asistirá a la redada?
-Cada miembro de la Orden y muchos aurores del Ministerio que son leales a Dumbledore.
Draco asintió y se giró hacia Harry, quien parecía estar teniendo la misma línea de pensamientos.
-La oportunidad perfecta para sus débiles filas –aventuró Harry.
-¿Tiene usted alguna otra información que pueda serle útil a nuestro Maestro? –preguntó Draco. Snape permaneció sin embargo en un obstinado silencio.
-¿Y bien?
Snape finalmente respondió entre dientes.
-Él no es mi Maestro.Draco retrocedió con la cara encendida de cólera. Echó mano de su varita, preparado para lanzar una maldición a aquel bastardo traidor, pero Harry agarró su mano.
-No está siendo deliberadamente rebelde –le recordó-. Hiciste una pregunta que no podía responder. No considera a Voldemort su maestro.
Harry podía sentir la tensión emanando del cuerpo de Draco. Finalmente, este se liberó de su agarre y giró sobre sí mismo, reuniendo los rescoldos de su autocontrol. Snape mantuvo la mirada fija en el frente, aparentemente ajeno a los hechos que se sucedían. Harry deslizó una larga mirada sobre él antes de ir al encuentro de Draco y envolverlo entre sus brazos.
-Tranquilo, mi amor –susurró y, milagrosamente, Draco acabó por relajarse y desasirse de sus brazos con celeridad forzosa.
-Estoy bien –le aseguró después de un breve lapso-. Es solo… que es difícil sentarse todos los días en la clase de ese bastardo y fingir que me gusta. Pretender que ignoro que es un jodido traidor.
Observó que Draco sonreía y lanzó un suspiro mental de alivio.
-¿Has terminado con él?
Draco asintió distraídamente, dedicado a adecentar su túnica.
-Sí, es todo tuyo. Solo estoy aquí para recordarte que debes ser cuidadoso.
Harry se rió, y la sonrisa de Draco tendió lentamente a ensancharse.
-Lo sé, no dispares al mensajero –bromeó-. Padre solo estaba preocupado porque hicieses mal tu Obliviate.Draco terminó de abotonarse la túnica y tomó a continuación la Capa de Invisibilidad de Harry, rescatándola de la esquina donde la había dejado.
Harry rió de nuevo.
-Dile a Lucius que si está tan preocupado, que venga y lo haga él. No he fracasado antes, ¿No? –preguntó, girando la cabeza en dirección a la estática figura de Snape.
Draco se encogió de hombros y le robó un beso antes de dirigirse a la puerta.
-Como ya he dicho, no la tomes con el mensajero. Te veo mañana –dijo, colocándose su Capa de Invisibilidad sobre los hombros.
Harry arqueó una ceja y miró hacia la cabeza oscilante, intrigado.
-¿No vas a quedarte a mirar? –preguntó esperanzadamente.
Draco arrugó la nariz.
-Esta noche no. Tengo que informar a mi padre, pero –añadió con una sonrisa desagradable, antes de desaparecer por completo- puedes comentar más tarde todos los detalles jugosos conmigo.
Harry sonrió abiertamente.
-Desde luego –dijo, atendiendo a los pasos de Draco, que se alejaba. La puerta de la Clase de Pociones se abrió para luego cerrarse. Durante un estresante momento, Harry no se movió. Concentró sus sentidos en cualquier sonido que indicase que draco no había salido de la habitación. Había ocurrido antes, pero esa vez no podía permitirse tener audiencia. Después de aproximadamente dos minutos, pronunció un hechizo revelador que no encontró dispositivos de escucha ni de grabación… y tampoco rastro alguno de Draco Malfoy. Suspirando de alivio, enfrentó a Snape.
-Se ha ido –dijo.
Lentamente, Severus se giró hacia Harry. Sus ojos habían perdido el aire vago y desenfocado. Con paso mesurado, se acercó a Harry, mirándolo a los ojos, y acarició su rostro con una manos de largos dedos.
-¿Estás bien? –preguntó gentilmente.
Harry suspiró y asintió.
-¿Y tú?Severus asintió, pero sus labios se encontraban firmemente apretados. Harry lo miró intrigado, a la espera de todo lo que no había sido dicho.
-Sin embargo –dijo finalmente, abandonándolo lleno de dudas-, no disfrutó el procedimiento –Harry agarró su brazo antes de que se alejase demasiado.
-Yo no disfruté haciéndolo –replicó serenamente.Severus asintió, volviendo a él, tomándolo en sus brazos.
-Este plan tuyo ha sido una mala idea desde el principio. No podremos mantener esta charada eternamente –dijo, besando la frente juvenil.
Harry suspiró y dejó que su cabeza reposara en el hombro del profesor.
-Haremos lo que debamos, solo tenemos que tener cuidado. Debes creerme, Severus. Tú sabes cuanto de mi he puesto en esto. Y definitivamente, está siendo un éxito.
-E increíblemente peligroso –gruñó, pasando los dedos por su pelo rebelde en una caricia.
Harry tragó saliva con dificultad. Él comprendía el estado de la situación, pero también sabía que seguirían como hasta ahora, haciéndolo, caminando sobre la fina línea entre la verdad y la decepción. Entre la vida y la muerte. Tejiendo una cada vez mayor y más inestable red de mentiras alrededor de ambos. Se prometió a sí mismo que algún día, uno cercano, él pondría fin a todo de una vez por todas.
Caminó detrás de Severus y puso los brazos alrededor de su cuerpo.-Por lo menos he logrado una manera de darnos tiempo a solas –su voz se amortiguó contra la espalda del profesor, quien inspiró.
-Sí, y una realmente plausible, si tenemos en cuenta la líbido de cualquier muchacho de diecisiete años. Estoy seguro de que el Señor Oscuro se regodea en la idea de que me uses –sintió a Harry hacer una mueca contra su espalda (Incluso a través de las vestiduras, podía notarlo), devolviendo la línea de sus pensamientos a la situación presente-. No perdamos tiempo, entonces –sugirió ásperamente.
Rápidamente giró sobre sus talones, tomó la mano de Harry y lo guió hacia la puerta.
Harry frunció el ceño y se resistió.
-Debemos permanecer aquí –suspiró.
Severus tiró más fuerte y, por fin, Harry cedió.
-No, Harry –dijo-. Esta noche te tendré en mi cama, que es a donde perteneces. Planeo borrar de tu memoria el contacto de ese pequeño monstruo inicuo, incluso si solo puedo hacerlo por esta noche.
Harry sonrió tristemente mientras Severus lo llevaba, otra vez, hacia la puerta.-Vivir el día a día –murmuró para sí mismo, pero Severus lo escuchó y le contestó:
-Sí. Vivir el día a día.Vivir el día a día.
Capítulo Dos - Septiembre, 1996
“El verano pasa, y uno recuerda su propia exuberancia”.
El Expreso de Hogwarts viajaba hacia Escocia. Dentro de sus vagones, una joven generación de magos y brujas se dirigía hacia su futuro, completamente ajena a los entresijos de oscuridad que habían sido hilvanados en torno a ella.Harry cerró los ojos y ordenó el retorno de la magia. La sintió deslizarse a través de todos los compartimentos, uno tras otro, fragmentada en jirones. Una parte se detuvo brevemente, aquella que se había ocupado de su objetivo: completó su trabajo antes de obedecer su llamado y retornar a él. Inspiró profundamente, permitiéndose un largo, indulgente ramalazo del adictivo, oscuro poder, antes de desterrarlo a las profundidades de su mente. Cuando se asentó dentro de algún nuevo lugar de su psique, inclinó la cabeza contra el áspero y manchado almohadón del asiento, deleitándose en la euforia que el hechizo dejaba a su paso. Sus pies hormiguearon, las puntas de los dedos yacían en combustión, deseosas de tocar de nuevo la magia ilegal. Resueltamente, Harry aclaró su mente, cortando la conexión exactamente en el punto en el que siempre lo hacía. Jamás se permitía más de un segundo, nada más allá de una leve degustación. No fallaría en su misión tan rápida o espectacularmente solo por someterse al seductor poder que ahora poseía.
La puerta del compartimiento se deslizó a un lado. Harry frunció el ceño. Era demasiado pronto para la llegada de de este nuevo visitante al que debía esperar. La insinuación que su hechizo había plantado en la mente de Draco requeriría algún tiempo para fermentar y, así, llegar a lo más profundo de su subconsciente, convenciendo al Slytherin de que no solo quería, sino de que necesitaba ver a Harry. Lo corroyó una rabia irracional tan pronto como el intruso entró, sentándose a su lado.
-¿Harry?
La voz de Hermione resonó suavemente en su oreja. Solo había susurrado su nombre, seguramente creyendo que dormitaba, pero Harry sabía que ignorarla no era una buena idea. No se iría. Y él necesitaba que lo hiciese.
-Sí, Hermione.
-¡Oh, está despierto! –Harry rió y abrió los ojos. Sí, estaba despierto, y si no lo hubiese estado antes, ciertamente lo estaría ahora. Qué había de todas esas personas que se sentían ofendidas por la falta de modales de uno, exigiendo el uso del “por favor” o el “gracias”, pero no tenían ningún reparo en perturbar a una persona que dormía al tiempo que preguntaba:
-¿Estás despierto?
-Más o menos –admitió, exhibiendo una de las sonrisas que había practicado durante todo el verano-. Tenía la esperanza de tomar una breve siesta.
-Oh, lo siento, Harry. Es solo que te eché mucho de menos este verano: no viniste a la Madriguera ni al Cuartel General. Solo quería decirte “hola”.Harry se sintió invadido por la culpa ante la no muy sutil admonición de su amiga. Cierto, no los había visto ni a ella ni a Ron desde que había desembarcado del tren, en Junio. Había escrito, pero nada realmente relevante. No es que Hermione fuese a descubrir su insustancialidad, ya que habían seguido llenas de las usuales quejas de verano acerca de los Dursleys. Aunque, en realidad, su verano había sido todo menos tradicional.
-Lo siento, “Mione” –suspiró, solo para verla sonreír.
-No importa, Harry. Te dejo para que tomes tu siesta. Ya nos veremos después del banquete.La culpa de Harry floreció en vez de aquietarse. Sin que Hermione lo supiera, pasaría la noche comentando sus placenteras y alegres anécdotas de verano con él, quien solo le ofrecía un sartal de mentiras. Harry sonrió y oprimió su mano brevemente en tanto que ella le dio un gentil apretón.
-Gracias por ser tan comprensiva –dijo, posiblemente las palabras más honestas que le hubiese dedicado durante aquel año. La sonrisa de Hermione no llegó a sus ojos.
-No pasa nada –se quedó quieta de camino a la salida, pero Harry había vuelto a cerrar los ojos, así que no pudo ver la mirada preocupada que le lanzo por encima del hombro en tanto que salía. Él había tenido claro desde el principio cuan difícil sería su Plan, pero aún no había llegado siquiera a Hogwarts y ya se encontraba enfermo de mentiras.Harry apretó los ojos fuertemente y llamó al Plan en su cabeza. Metódicamente comenzó a revisarlo, a analizarlo antes de pronunciar sin emitir sonido alguno las palabras que sabía de memoria, permitiendo que los pedazos de su mente se uniesen, dejando fuera la culpa.
El Plan lo era todo. El Plan probablemente lo mataría, pero era preferible prevenir la muerte de Hermione. Y la de Ron. Y aunque eso no le traería de vuelta a Sirius, pondría fin a Voldemort.
El Plan estaba lejos de ser perfecto. Ciertamente era complejo, lleno eventualidades, unas sobre otras, de tangentes y sub-rutinas. Tenía en su haber numerosas y calculadas posibilidades, solo en caso de que se presentase la oportunidad de llevarse por delante a sus enemigos.Era arte.
Había sido concebido mientras atravesaba el recalentado pavimento de “Litle Whinging” y el único coste de esa idea genial fueron un par de deportivas, ambas severamente castigadas a base de las maratones diarias. Las suelas del tercer par que había comprado ese verano seguían intactas cuando subió al tren aquella mañana. Apenas. Había caminado cientos de millas ese verano mientras intentaba escapar del constante dolor que la muerte de Sirius le provocaba. Posiblemente, pensó, incluso había recorrido miles. Pero de esta actividad aparentemente sin sentido se había concebido el Plan, el cual contenía indirectamente tanto cada uno de sus deseos de venganza como la meta final: la derrota de Voldemort.
A pesar de todo, su verano no había girado solo alrededor de la concepción del Plan. Por supuesto, todo le remitía a él, pero los pasados tres meses habían sido tiempo para la magia oscura. Y para el sexo.
La magia negra no era realmente oscura, había descubierto Harry. Era simplemente poderosa. Poderosa magia usada para los fines erróneos. Había sido la sociedad la que la había catalogado como tenebrosa. El mundo mágico jugaba a un juego de semánticas, eso era lo que Harry había aprendido ese verano, un conocimiento que había adquirido tan solo haciendo lo que el Profesor Snape le había sugerido desde su primer día en Hogwarts: él pensó acerca de ello. Él caminó y pensó. Y una vez la verdad hubo venido hasta él, también lo hizo la magia. Vino sin esfuerzo, como si a través de su epifanía se hubiesen abierto las compuertas de un poder que siempre había existido en su interior.
Reconoció la adicción que este le provocaba un tiempo después, y tomó medidas para combatirla. Pero respecto al hecho de que poseía esos nuevos conocimientos, fue algo que se guardó para sí mismo.
Encontrar a un tutor que lo introdujese en las artes del sexo no había sido una dura empresa. Su búsqueda lo había llevado hasta gente que estaba más que encantada de enseñar a un joven y hermoso muchacho cómo acoger profundamente una polla en su garganta. Cómo mezclar placer y dolor. Como posponer un orgasmo y como liberarlo en el momento oportuno. Practicó hasta alcanzar la perfección.Sabía que llegado el momento, su actuación debía ser perfecta.
La puerta de su compartimiento se deslizó a un lado nuevamente, interrumpiendo sus cavilaciones, y esta vez, Harry sonrió. Abriendo sus ojos, escudriñó las facciones con una perfecta expresión de indiferencia, su mirada fija en el nuevo visitante, llevado hasta él mediante los engaños de la magia.
-Bueno, bueno, Potter. ¿Qué ha pasado con todos tus amigos? ¿Eres demasiado bueno para ellos, después de todo? ¿O te han abandonado para trabajar en esa especie de tensión sexual que llevan intercambiando desde el año pasado?
Harry no respondió, dejando que sus ojos fuerana la deriva a lo largo del cuerpo de Draco, tomando nota de los pantalones hechos a medida, el jersey de cachemira, y la chula y arrogante postura. Draco permitió el repaso durante un minuto antes de enmascarar su incomodidad con otra andanada de insultos.
-¿Qué pasa, Potter? ¿Cuál es el problema? ¿Aún lloriqueando por la muerte de ese convicto inútil?
Harry escondió el repentino e imparable torrente de dolor que siempre acompañaba cualquier mención sobre Sirius. Estiró sus piernas y se levantó lentamente para enfrentar a Draco. Después de tantos meses de intrigas, por fin podría actuar.
Draco ensanchó los ojos en tanto que Harry se acercó a él, quedando cara a cara, pero no se acobardó. Harry sonrió con suficiencia.-¿Finalmente has encontrado tus huevos, Malfoy?
Los ojos de Draco se abrieron pero, antes de que pudiese decir nada, Harry habló de nuevo.
-Cierra la puerta, Malfoy.
-¿Qué?
- Cierra la puerta, Malfoy. Y echa el cerrojo.Harry observó como Draco se tomaba un cierto tiempo para contemplar sus palabras. Sospechaba que la bravura del Slytherin no trascendería más fronteras, así que no le sorprendió cuando intentó irse.
-Que te jodan.
Harry se abalanzó hacia delante y, agarrando a Malfoy por el jersey, lo metió dentro del compartimiento. En menos de dos segundos tuvo la puerta cerrada y el habitáculo silenciado. Clavó a Draco contra su pecho, cruzando un brazo a través de su torso, y rápidamente bajó todas las persianas.
Cuando Draco se recuperó lo suficiente como para echar mano de sus facultades de lucha, Harry se inclinó hacia delante y reposó su cabeza sobre el hombro del rubio.-Por favor, Draco..
La lucha se detuvo.
Harry alivió un tanto la presión con que sostenía el cuerpo de Draco contra su pecho, lo suficiente como para poder mirarlo a los ojos. La contemplación estaba llena de odio y calor por parte del Slytherin. Harry, por su parte, mantuvo la expresión en blanco, tan solo aplicó un deje de desesperación.-Por favor –dijo de nuevo, hundiéndose sobre sus rodillas. Antes de que Draco pudiese concebir lo abrupto de la situación, Harry tenía sus pantalones desabrochados, los calzoncillos bajados y su boca alrededor de la fláccida polla.
Había sido una maniobra difícil de aprender, pero la había practicado una y otra vez hasta que pudo realizarla en tres segundos: era el momento clave en el cual era más vulnerable a Draco, ya fuese con una patada en la cara o derivados. La opción de exponerse al fracaso no era plausible: volver a acercarse a Draco tras un intento fallido sería algo francamente difícil.
Agarró las caderas de Draco y succionó, lamiendo suavemente su hinchada polla con la lengua. Solo entonces sintió como las manos de Draco se aferraban a ambos lados de su cabeza, apartándolo. Harry obedeció, renuente a dejarle, pero el movimiento de Draco, aunque firme, había sido blando, por lo que no opuso resistencia. Encontró los ojos de Draco en una mirada recíproca, sorprendiéndose momentáneamente al ser testigo del abrupto cambio en los ojos del rubio, los cuales había mutado de un plata cruel a un gris tormentoso.
-¿Qué es lo que estás haciendo, Potter? –siseó, incapaz de esconder el leve temblor que impregnaba su voz.
-Creo que es más que obvio, Malfoy –susurró a su vez.Las manos se cerraron sobre su pelo con más fuerza, aplastándolo allí donde siempre había sido rebelde. Algunos mechones se escapaban de entre sus dedos para volver a su estado natural, pero Draco volvía a sepultarlos.
-¿Por qué?
- Porque me haces sentir algo. Nadie más es capaz de lograrlo.
-¡Me odias! –escupió, iracundo ante la sola idea de que se estuviese burlando de él.
-Sí, te odio –concordó Harry. Su voz nunca cambiaba, nunca fluctuaba. Podría haber estado discutiendo los hábitos de aseo de Fluffy con Hagrid-. Pero al menos es algo. Crudo. Real. Quiero más de esto. Más de ti –dijo, y volvió a su tarea. Esta vez metió casi todo el largo de su erección en las profundidades de su garganta.Se regocijó en secreto cuando, después de solo una breve vacilación, la tensión nerviosa abandonó a Draco y su cuerpo delgado comenzó a presionar rítmicamente las caderas, al encuentro de su ansiosa boca. Harry hizo uso de todos sus recién aprendidos conocimientos para prolongar su placer, pero la resistencia de Draco estaba a punto de ser hundida. Pudo alejarlo del orgasmo dos veces, la primera con un leve apretón en sus testículos, la segunda al presionar la base de su pene. La tercera vez, Harry aceptó que no habría nada que detuviese el éxtasis, así que rápidamente lo tomó en su boca hasta la raíz.
-¡Joder! ¡Joder! ¡Hijo de… Ahhh Dios! –los gritos de Draco llenaron el pequeño compartimiento, pero a Harry no le preocupó, pues su hechizo silenciador era uno de los mejores. Había esperado sus gritos. De no haber sido así, habría quedado decepcionado, avergonzado por no haber hecho bien el trabajo para el cual había practicado tanto ese verano: hacer que aquel bastardo chillase. No había previsto, no obstante, lo que ocurrió a continuación.
-Harry, Harry –Draco jadeaba, mesando el pelo moreno-. Mierda, muévete… Voy a correrme.Harry estaba impresionado, pero lo liberó de su succión y dejó que Draco sacase su latiente pene. Qué coño, pensó. ¿Era Draco tan remilgado que no concebía eyacular en la boca de otro? Idiota sentimental. No tenía tiempo para la impecable educación en esos momentos. Con resolución, volvió a tragarse su erección, mietras que al mismo tiempo sus dedos tanteaban aquel terreno delicado tras los testículos masculinos, donde presionó con firmeza.
Draco gruñó e impulsó su cuerpo hacia delante, enterrándose a sí mismo tan profundamente como le fue posible. La boca de Harry se llenó abruptamente de su caliente y chorreante semen y él lo recogió sin dejar escapar una sola gota. Él lo bebió con un sentimiento de regocijo, disfrutando perversamente los roncos gemidos que le arrancaba, los jadeos, los sollozos y los temblores de los músculos de sus piernas. Pero cuando el tiránico agarre de Draco se volvió una suave caricia en su pelo, este se retiró repentinamente.Permitió a Draco apoyarse contra la puerta, retirándose él mismo a un lado opuesto del compartimiento. Tomó nota de la apariencia de su enemigo, de la aturdida y satisfecha expresión de su mirada, y se felicitó por su Plan: había previsto numerosas reacciones por su parte, cada una con su enorme número de fatalidades, pero había tenido éxito. Confuso y desequilibrado, Draco estaba pidiendo a gritos el siguiente peldaño de su ardid.
-Lo siento. Quiero decir… Por favor, vete –mientras Harry moldeaba una expresión agónica y horrorizada en su rostro (una de sus favoritas y a la que esperaba sacar mucho partido ese año), su hechizo estaba siendo proyectado. Cuando finalmente Draco tragó con fuerza y se subió los pantalones, Harry pronunció las palabras que invocaban la magia negra que habría de instalarse en la mente de su enemigo.
¿Habrán cambiado sus lealtades? Susurró seductoramente el conjuro. Harry se permitió un breve destello de triunfo al ser testigo de cómo Draco paraba de abotonarse sus pantalones mientras la idea tomaba raíz en su mente. Sin embargo, cuando levantó los ojos de nuevo, la expresión horrorizada de Harry no había variado un ápice.
-No te preocupes, Potter. No le contaré a nadie como has disfrutado chupándome la polla.
Harry decidió que aquel era un patético intento de reafirmarse a sí mismo y tranquilizarse, independientemente del método. Cuando pareció que el Slytherin iba a añadir algo más, Harry lo cortó. Era el momento de poner fin a aquella confrontación particular antes de que la estupidez de Draco echase por tierra todo su trabajo duro. Prefería que Draco se pensase las cosas por un tiempo, que la idea madurase, antes de servirse de ella. El paso del tiempo sería su más poderoso aliado, pues el giro al lado oscuro sería más creíble siendo un proceso lento y gradual en vez de un repentino cambio de lealtades.
-No, Dra… Malfoy. No… Solo vete. Por favor.
En honor a Draco, hizo precisamente eso. Eliminó el hechizo bloqueador de Harry con el “Finite Incantatum” y voló fuera del compartimiento con la gracia que lo delataba como un Malfoy. Cuando la puerta golpeó a sus espaldas, Harry suspiró profundamente y ocultó la cara entre sus manos.
Se había comprometido.
Antes de haber llegado a ese punto podría haber abandonado el plan en cualquier momento. Podría haber vuelto de nuevo bajo las alas protectores de Dumbledore, haberse dejado guiar como una marioneta de carnaval a través de lo que, estaba seguro, sería su corta vida. Aunque esa posibilidad siempre había estado abierta, jamás la había considerado realmente como algo posible. El Plan lo había sido todo.
Ahora, se había convertido en su vida.
Fin
Rating: NC-17
