El paseo de su vida
Por GMTH
Traducido por Ami
(1)

“Creía que ibas a comprar tabaco.”

“A eso he ido,” dijo Sirius, levantando el brazo para enseñar el bulto de la manga donde había enrollado el paquete.

“¿Y para eso has tardado dos horas?”

“No seas ridículo, Lunático. He tardado cinco minutos.” Sirius levantó la cabeza y estudió el motor de la motocicleta, acercándose para retirar un poco de grasa con el dedo. “Estaba volando un poco brusca, así que supuse que tendría que rehacerle los hechizos.” Miró por encima del hombro y le sonrió de forma traviesa mientras sostenía el inyector de grasa entre las manos. Sus mejillas estaban decoradas con rayajos verdi-negros, al igual que la punta de su nariz.

Remus apoyó el hombro sobre el tronco de un árbol cercano y metió las manos en los bolsillos de sus pantalones cortos de chándal. Miró perplejo a Sirius mientras acercaba el inyector a algo misterioso en el motor de la moto; un momento después, un pegote de grasa encantada salió del sitio en cuestión, y Sirius continuó con lo siguiente, susurrando para sí mismo según trabajaba. La camiseta de Sirius se humedecía formando un triángulo invertido en su espalda, señal del tiempo que había estado sentado bajo el ardiente sol de verano, al igual que la cinta empapada de sudor que se había atado alrededor de la frente. Si miraba bajo las puntas de su pelo, Remus podía ver la plaquita canina plateada que Sirius llevaba por una broma; debía haberse echado la cadena hacia atrás para que la placa no se enredara con la maquinaria.

Remus se removió, sus dedos prestando atención al pequeño agujero al fondo de uno de sus bolsillos mientras los omóplatos de Sirius se movían bajo su camiseta. Una gota de sudor cayó por en medio de sus pectorales.

“¿No me has oído llegar?” Dijo Sirius de repente, y Remus se incorporó.

“No. Supongo que me has pillado en la ducha. El calor…” Su voz fue apagándose.

“Ah. Por eso vas por ahí medio desnudo.” Sirius le volvió a lanzar otra mirada descarada. El corazón de Remus dejó de latir un segundo. Tragó con fuerza ese nudo que se le había formado en la garganta, buscando algo que decir, pero Sirius le ahorró el esfuerzo. “Pásame esa llave, ¿quieres, Lunático?” dijo, señalando vagamente hacia un montón de herramientas que le quedaban fuera del alcance.

“Sí, claro.” La imaginación de Remus volaba mientras se separaba del árbol y daba un paso inseguro hacia delante. Sirius estiraba el cuello en ese momento, intentando divisar el motor por debajo y Remus podía ver, brillando bajo el sol, el contorno de sus hombros y los músculos en tensión alineados con su garganta. Su respiración le sonó de repente demasiado fuerte. Notó entre sus piernas cierto sofoco que nada tenía que ver con el calor.

Remus se inclinó con cautela para coger la llave y dejarla en la mano de Sirius. En ese momento estaban tan cerca que podía notar el empalagoso olor de la piel húmeda de su amante, y el árbol sobre el que se había estado apoyando ahora quedaba demasiado lejos como para volver a él. En lugar de eso se apoyó en el asiento de la moto y se echó hacia atrás para no tener que apoyarse sobre la patilla del soporte. Sirius le miró perplejo. “¿Molesto?” Dijo Remus con voz ronca.

“No. Pero no te muevas durante un momento.” Sirius bajó la cabeza y manipuló la llave, y Remus agarró el manillar para que la moto no se balanceara. “Con esto debería bastar.” Sirius tiró la llave al suelo provocando un estrépito, y se levantó sonriendo. Se sacó un trapo mugriento del bolsillo de atrás de sus vaqueros y se limpió un poco la grasa de las manos, levantando luego un brazo para secarse el sudor de la cara con la manga. Remus notó el sonido de su barbilla al raspar contra la tela, después de varios días sin afeitarse. Los vaqueros de Sirius se ajustaban a sus caderas, mostrando parte de su bien musculado abdomen y el final del oscuro hilo de vello que desaparecía bajo la cinturilla. El calor que Remus sentía entre sus piernas se convirtió en continuas pulsaciones al ritmo de los rápidos latidos de su corazón.

Sirius se giró y se inclinó para recoger su Zippo, y Remus se rió. “Dioses, Sirius, ¿qué has hecho? ¿Sentarte en un charco de grasa?”

Sirius movió la mano hasta la parte trasera de sus vaqueros e hizo una mueca. “Eso parece.” dijo, secándose los dedos sobre un muslo.

Remus meneó la cabeza. “Cerdo.”

“Puede. Pero también soy un mecánico de la hostia. Escucha este motor.” Sirius pasó una pierna sobre el asiento y se puso delante de Remus, arrancando la moto con un movimiento fluido. El motor rugió con ganas y se sentó delante de Remus, apretando algo en el manillar que revolucionó el motor. “Precioso, ¿no?” gritó sobre su hombro, su voz vibrando por la risa.

“Por supuesto” dijo Remus, echándose hacia delante en el asiento para presionar su erección contra los riñones de Sirius. Envolvió su pecho con los brazos y apretó el torso desnudo contra su camiseta sudada. Notaba las vibraciones de la moto en sus testículos y no pudo evitar agitar las caderas.

“Lunático…” dijo Sirius, cuando los curiosos dedos de Remus empezaron a subir bajo su camiseta hasta presionarle los pezones. “¿Por qué tengo la sensación de que no estamos hablando sobre lo mismo?”

“Cállate, Canuto.” Remus escarbó en el elástico de sus pantalones y liberó su erección. Ya tenía la punta húmeda, y jadeó al juntarla a Sirius y dibujar un camino sobre sus últimas vértebras. “Quiero follarte,” murmuró al oído de Sirius, lo suficientemente alto para hacerse oír por encima de las vibraciones del motor. “Justo aquí, Sirius. ¿Te imaginas? ¿Mi polla llenando ese bonito culo tuyo mientras nos llevas por las calles de Londres?”

“Dioses, Lunático…” Sirius soltó el manillar y se echó hacia atrás para agarrarse a las caderas de Remus.

“No,” gruñó Remus. “Vuelve a poner las manos donde estaban y no las vuelvas a quitar de ahí. Eso es. Quieto. Esto es lo que quiero que hagas. Levántate.”

Sirius se levantó, sus pies apoyados a ambos lados de la motocicleta, y Remus se apartó los pantalones hasta dejarse el elástico bajo las pelotas. Un círculo de grasa marcaba el asiento en el lugar donde Sirius se había sentado, y Remus pegó el sexo al centro para que sobresaliera justo delante suyo. “Vale, ve bajando ahora. Despacio. Yo te diré cuándo parar.”

Sirius descendió de nuevo hasta que la costura de entre sus piernas apretó la polla de Remus. “¡Para!” Exigió Remus, cerrando los ojos. “Oh sí. Eso es.” Empujó las caderas, deslizando el pene entre las piernas de Sirius. No era tan estrecho como el trasero de su amante, pero entre la fricción en la parte superior de su miembro y las vibraciones debajo, Remus sentía que podría explotarle la cabeza.

Dejó las manos sobre las caderas temblorosas de Sirius y se echó hacia delante y hacia atrás, adelante y atrás, toda la moto moviéndose con él al balancearse. Empezó a sudar en los costados y la cara interna de sus muslos provocó un chirrido sobre el asiento, pero apenas se dio cuenta. “Me gustaría estar follándote, me gustaría estar follándote,” repitió como en un cántico, deslizando una mano hacia delante para agarrar el bulto entre las piernas de Sirius, estimulándolo al ritmo de sus empujones. Podía sentir la punta de su sexo frotándose con sus propios dedos con cada embestida; las vibraciones del motor le llegaban a la punta de los dedos y añadían un estímulo extra. Era delicioso. Una de las más increíbles sensaciones que Remus había sentido nunca.

Pero aún no era suficiente.

“Baila para mí, Sirius,” dijo toscamente, pellizcando el pezón de su amante de forma brusca, y Sirius empezó a contonearse inmediatamente. Echó la cabeza hacia atrás hasta dejarla sobre el hombro de Remus y bajó las caderas para que el trasero manchado de grasa de sus vaqueros se friccionara en círculos sobre la punta enrojecida del miembro de Remus. “Oh sí. Oh dioses. Justo así. Oh…” Remus tragó con fuerza y empujó una última vez, su polla hinchándose al correrse fuertemente, lanzando borbotones blancos sobre el asiento negro de la moto. Se encogió y se dejó caer, parpadeando para sacudir el sudor de sus párpados mientras su corazón latía con fuerza, imprimiendo sus latidos sobre la columna de Sirius.

El pecho de Remus aún subía y bajaba cuando Sirius paró el motor y saltó del asiento. “Vamos, Lunático,” dijo, su voz sonando como si arrastrara los pies sobre gravilla, mientras Remus parpadeaba por culpa de la luz del sol. “Vamos arriba. Tú ya has montado en la moto, ahora me toca a mí.”

 

 

Fin

 

 

 

 

(1) Nota de la traductora: Al traducir el título original, “The Ride of his Life”, se ha perdido el doble sentido de éste, ya que podría entenderse “Ride” tanto como “vuelta” o “paseo” (en moto en este caso), como “polvo”.


Sirius/Remus

Rating: NC-17

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