Travesura Realizada

por Rhysenn

Traducido por Ami

Era otro fin de semana en Hogsmeade, y Remus recordaba con un cariño agridulce sus días como estudiante en Hogwarts —hasta su quinto año, aquellas visitas habían sido las únicas veces en las que veía la Casa de los Gritos desde fuera. Recordaba cómo James le daba codazos cada vez que pasaban, y le susurraba, No queda mucho, Lunático. Casi lo hemos conseguido. Casi.

Ahora en su oficina, Remus rodeó su mesa —el Mapa del Merodeador abierto sobre ella, sus secretos revelados. Se lo había confiscado a Harry hacía dos noches, aunque una parte de él sabía que James se sentiría muy decepcionado si su hijo lo perdiera. Pero con Sirius Black intentando encontrar y asesinar a Harry, Remus evitaba que el Mapa cayera en manos equivocadas.

Probablemente esa era también la razón por la que Harry no tenía permiso para ir a Hogsmeade, aunque era una lástima que tuviera que pasar el día solo. Remus miró el reloj —acababa de pasar la hora de comer. Tal vez a Harry le hubiera gustado algo de compañía. Además, Remus se arrepentía de haber sido tan duro con él la otra noche, después de que Snape descubriera a Harry por los pasillos con el Mapa del Merodeador.

Desplegando el Mapa para revelar las distintas partes del castillo, sus ojos buscaron entre todos los brillantes puntos aquel que estaba marcado como Harry Potter...

...y para su sorpresa, lo encontró en un aula del tercer piso, junto con otros dos puntos llamados George Weasley y Fred Weasley.

Bueno, pensó Remus, era un detalle por parte de los gemelos Weasley que le hicieran compañía a Harry mientras sus amigos estaban por ahí gastando sus Sickles en dulces y bromas mágicas. Estaba claro que la novedad había terminado cansando a los estudiantes más mayores — después de todo, recordó Remus, en su quinto curso, las visitas a Hogsmeade eran un rollo en comparación a sus aventuras mensuales bajo la luz de la luna.

Además aún quería tener unas palabras con Harry —todavía estaba el problema de que hubiera visto a Peter Pettegrew en el Mapa. Seguramente había sido un error.

“Travesura realizada,” dijo Remus suavemente, tocando el Mapa con su varita; aquellas palabras le resultaban familiares, como la letra de una canción infantil. Plegó el mapa con cuidado dejando hacia arriba la parte sin escribir del pergamino y salió de la oficina.

El aula estaba al final de la tercera planta, cerca de las escaleras del aula de Adivinación. Hasta donde Remus sabía, estaba en desuso —a ningún profesor le hacía gracia la idea de tener a la Profesora Trelawney pasándose de vez en cuando con palabras cordiales de desgracia y muerte.

Cuando llegó al pasillo del tercer piso, lo encontró vacío y en silencio, a excepción del soido de pasos distantes y voces provenientes de otras partes del castillo. Pero cuando Remus se acercó al aula al final del pasillo, el claro sonido de risas, rápidas y jadeantes, le hizo detenerse.

La puerta estaba un poco entreabierta; no lo suficiente para poder ver qué sucedía dentro, pero Remus estaba seguro de que los sonidos que había oído venían de dentro de la habitación. Se deslizó con cuidado para acercarse más y sintió la necesidad de empujar la puerta y abrirla — pero no quería que le viesen, aún no.

Un Hechizo Espía que una vez Sirius le había enseñado acudió a su mente. Los chicos lo habían encontrado en una revista de hechicería para adultos, y podía hacer cualquier material —madera, acero o lo que fuera —temporalmente transparente para quien lo conjurara. Ni qué decir que el baño de chicas había sido la elección más popular para experimentar en aquel tiempo.

Remus levantó la varita y apuntó a la puerta. Murmuró el hechizo entre dientes y esperó mientras la madera brillaba un momento antes de volverse transparente, como un cristal ahumado. Se acercó para echar un vistazo a lo que estaba sucediendo dentro del aula —y lo que vio le cortó la respiración.

Harry estaba dentro —estaba tumbado sobre su espalda, desnudo, encima de dos pupitres juntos. Y con él estaban los gemelos Weasley. Los dos también estaban desnudos— uno estaba separándole las piernas a Harry, moviéndose hasta quedar de pie entre ellas, y el otro gemelo estaba agachado lamiéndole el estómago, hacia abajo…

“¿Te gusta?” escuchó preguntar a uno de los gemelos, no podía decir cuál —pero un elocuente gemido de Harry confirmó que ambos estaban haciédolo bien.

Vio al primer gemelo arrastrar las manos por los muslos de Harry hasta sujetarle los tobillos. Con un movimiento suave, le levantó las dos piernas y el otro gemelo se adelantó, sujetándole los muslos.

“Mírale, George,” dijo uno de ellos, con un suspiro de placer. “Está tan... “

“...tan mono así. ¿Verdad, Fred?”

“Oh, sí. De hecho, ”el primer gemelo dio un paso atrás con una expresión malvada en el rostro, “podría estar aquí todo el día mirándole.”

Harry hizo un sonido ahogado.

“Por favor,” dijo sin aliento, “oh por favor, George, sólo – necesito... “

El gemelo al que Harry había llamado George se rió, y sus manos se abrieron paso entre sus piernas. Hiciera lo que hiciese conseguía que Harry jadeara, temblara y se retorciera. Mientras, Fred le sujetaba la cabeza y le quitaba las gafas con cuidado, dejándolas en una mesa alejada. Entonces se inclinó a besarle el pecho, relajándole mientras los dedos de George trabajaban rápidamente, muy dentro de su cuerpo.

Un momento después George apartó la mano y se acercó más —Remus alcanzó a ver la polla dura de George, apretándose contra la entrada de Harry. El chico rodeó a George con las piernas y éste se agitó, juguetón; Remus tuvo que tragar saliva y morderse el labio para evitar hacer cualquier sonido cuando vio la forma en que se encogían los dedos de los pies de Harry.

“Relájate, Harry,” dijo George suavemente. Éste dejó escapar una risa ahogada y separó aún más los muslos; y Remus podía adivinar por la tensión en la parte baja de la espalda de George que éste ya estaba empujando. Harry dio un respingo cuando el sexo de George entró en él — dejó salir un grito rasgado y depravado, el cual fue rápidamente acallado por la boca de Fred al besarle, amortiguando los suaves jadeos del chico.

Remus presionó los puños a sus costados, obligándose a no reaccionar, a no… excitarse por la escena que se estaba desarrollando frente a sus ojos. Era Harry, se recordó a sí mismo, su alumno, el hijo de James —Remus sentía que la cara le ardía de vergüenza y que su propia polla se endurecía con la visión de George Wasley tirándose lentamente a Harry Potter, tanto tiempo, tan fuerte y tan profundo que hacía a Harry jadear frenéticamente, arqueándose sobre la mesa. Al mismo tiempo Fred Weasley se hacía cargo del resto del cuerpo desnudo y tembloroso de Harry; succionó los pezones de Harry, su mano arrastrándose hacia abajo para agarrar su erección.

“Qué estrecho,” jadeó George, respirando con dificultad, “Dios, estás jodidamente caliente...“, mientras empujaba y angulaba sus embestidas para golpear un punto profundo dentro de Harry, haciendo al chico sacudirse y estremecerse y gimotear el nombre de George.

Remus se rindió ante el intento de luchar contra el calor que hacía que su pene se retorciese bajo la túnica; cerró los ojos, pero solo un momento. Cuando los abrió de nuevo, George se movía más rápido, su polla entrando y saliendo de Harry con tanta fuerza que los pupitres golpeaban entre sí casi tan alto como los gritos de placer del moreno.

“Oh Dios, Harry —Gruñó George mientras se corría— se sacudió adelante y atrás, aún dentro de Harry, vaciándose en lo más profundo del chico bajo él. Los quejidos de Harry mientras se retorcía bajo George parecían resonar sin fin en los oídos de Remus.

La mano de Remus se deslizó entre los pliegues de su túnica, acercándose a su sexo, que ya dolía y goteaba con anticipación y deseo contenido. George acababa de apartarse, y la imagen ante los ojos de Remus era tan abrumadoramente erótica que dolía —Harry, tumbado sobre los pupitres, con un aspecto completamente atractivo. Sus piernas estaban abiertas, y le goteaba semen del culo, enrojecido por la entusiasta follada de George —y se veía tan joven y suave y estrecho.

Harry volvió a tumbarse, apoyado sobre sus codos; su cara estaba sonrojada y sonreía a los gemelos mientras Fred se movía para tomar el lugar de George. Remus vio el modo en que los ojos de Harry se abrieron cuando Fred deslizó rapidamente dos dedos dentro de él usando el semen de su gemelo como lubricante, y luego pegó la polla a la ya dilatada entrada.

George estaba frotando las manos por todo el pecho de Harry, pellizcándole los pezones de forma juguetona, aún húmedos gracias a las anteriores lamidas de Fred. Su boca se acercó sin despegarse hasta la polla del chico; Harry dejó escapar un ronroneo suave de satisfacción, pero en seguida se transformó en un grito agudo y ahogado cuando Fred de repente empujó hasta introducirse en él de una sola embestida.

La sensación de ser felado por George mientras Fred le sujetaba con firmeza y se lo follaba con un ritmo fuerte y acompasado era más de lo que Harry podía soportar —murmuraba palabras imposibles de entender, casi sollozando, hasta que finalmente se corrió en la boca de George, con la polla de Fred aún golpeando en su interior, empujando más adentro con cada empellón.

Los gritos agudos de Harry parecían masajear a Remus —oh dioses, pensó desesperadamente, no podía, no ahí...

Apartó la vista, lo último que vio fue a Fred agachándose sobre Harry y tirándoselo fuerte y rápido mientras George subía y besaba profundamente la boca abierta de Harry, apagando los frenéticos jadeos de Harry con su lengua...

Remus echó a correr desde el aula, y no paró hasta que estaba al fin de vuelta en la seguridad de su propia oficina. Dio un portazo, cerró con llave, y se echó sobre la puerta cerrada, su respiración saliendo en bocanadas cortas y erráticas.

Su mano se movió de forma automática hacia abajo y se cerró en torno a su polla, y empezó a masajearle. Los gritos de placer de Harry aún resonaban en sus oídos, y en todo lo que Remus podía pensar era en el modo en que Harry había vibrado y pasado de un gemelo a otro conforme cada uno reclamaba su turno con él…

Remus exaló un gruñido de dolor —se trataba de Harry, pero no podía evitarlo. Su salvaje pulso casi le reventaba las venas, revelándole su verdadera naturaleza— conforme apretaba la mano en torno a su miembro, todo lo que podía pensar era cómo habría sido estar en el lugar de Fred, o el de George. Su mano se movía con voluntad propia, bombeando más rápido de lo que Remus se imaginaba que penetraba la estrechez del chico —el calor, el pecado, el tacto de ese cuerpo joven presionado contra él, envolviéndole...

...y Remus se corrió, un torrente caliente empapándole la mano mientras se mordía desesperadamente los nudillos para amortiguar el sonido del nombre de Harry; el sabor a sangre en su boca era amargo, y detrás de sus pestañas cerradas se revelaban imágenes instantáneas de salvaje luz de luna y relámpagos verdes.

 

 

 

 

Fin


Gemelos Weasley/ Harry - Remus

Rating: NC-17

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