
Siempre he tenido problemas con la etiqueta de PWP, aunque no por las razones que podéis pensar. Me gusta el sexo en mis fics, tanto como lectora como escritora, si es sugerente, complejo y relevante. Pero este es el mismo criterio con el que evalúo toda la narrativa. No, la etiqueta me molesta como una camisa que pica porque es usado con frecuencia para imponer una falsa dicotomía entre trama y sexo, favoreciendo a la primera sin sentido crítico. Se supone que debemos asumir la superioridad intrínseca de las historias sin sexo. Después de todo, ¿cómo podría el pobre sexo competir con la ilustrísima doña Trama?
La respuesta es simple: no debe hacerlo. El sexo y la trama son confrontados sin motivo, lo cual se hace evidente cuando consideramos una definición básica de esta. Y creo que debemos hacerlo: discutir sobre la trama nos permite perfilar sus límites imprecisos; pero en vez de eso, los gustos y prejuicios personales se disfrazan de crítica legítima. Me gustaría regresar aquí a lo básico y analizar brevemente este extenso y escurridizo término antes de examinar las implicaciones para el PWP.
El Penguin Dictionary of Literary Terms and Literary Theory la define como ‹‹el plan, diseño, esquema o patrón de los sucesos en una obra, poema o trabajo de ficción; y, además, la organización de los hechos y personajes de tal manera que provoquen en el espectador o el lector curiosidad e incertidumbre. En el continuo espacio/tiempo de una trama se cuestiona continuamente en tres tiempos: ¿por qué pasó?, ¿por qué está pasando esto?, ¿qué es lo próximo que va a pasar y por qué?››. (A lo que habría que añadir: ¿va a pasar algo?)
Los co-editores de Longman Introduction to Fiction añaden, en su definición del término, ‹‹para tener una trama, una historia no necesita un conflicto intenso y sostenido… Incluso una historia altamente dramática debe cuidarse de adoptar una estructura claramente reconocible, muchos escritores contemporáneos lo evitan ya que lo consideran demasiado artificial o arbitrario.››
La trama, como estas definiciones muestran, es un título bajo el que se puede agrupar a un número infinito de historias, y es, sin duda, aplicable a aquellas centradas en relaciones sexuales, dado que puede o no garantizar algo. Trata de conexiones y esquemas, estructura y desarrollo, elementos que pueden ser encontrados en el denominado PWP, y no simplemente un nivel literario, como en ‹‹¿se correrá fulanito con diez minutos de mamada o con veinte?›› Una historia llena de sexo que plantea solo esa pregunta, u otras similares, seguro que recibe críticas, pero, ¿puede una obra de ficción plantear una sola pregunta a sus lectores?
Una escena de sexo no es diferente a cualquier otra escena de acción: si es unidimensional no es interesante. Los escritores que pueden llevar bien los diálogos, las caracterizaciones y las descripciones en las escenas no sexuales seguro que pueden hacerlo cuando la desnudez está implicada. Después de todo, ¿cuál es la diferencia? El sexo simplemente le proporciona al autor otra base sobre la que aplicar sus otras habilidades narrativas. Un lienzo, por así decirlo.
Un buen escritor garantizará que el sexo no sea una serie de posturas, sino una manera legítima de explorar el personaje u otra acción literaria respetable. Luego el fallo no está, entonces, en el género, sino en el cómo se hace.
Es decir, un énfasis narrativo en el sexo no necesariamente excluye los elementos esenciales de una trama. Una historia cutre es una historia cutre, y la obra de ficción que se divorcia del sexo puede, y a veces lo hace, asfixiarse en su propia insuficiencia, en donde la única pregunta que se hace el lector es ‹‹¿cuándo va a acabar esta porquería?››. El despliegue de la trama convencional garantiza, quizás, una estructura narrativa, una progresión lineal de A hasta Z. No dicta el desarrollo, el cual es el corazón no de la trama, sino de la buena escritura.
Más que rechazar al llamado PWP, necesitamos convencer a escritores y lectores de que el sexo es una herramienta válida para expresar al personaje, desarrollar la acción, fomentar la tensión. Después de todo, el sexo en sí mismo no puede ser considerado no literario. Grandes escritores lo han usado con frecuencia y bien, desde Sófocles a Chaucer, de Rushdie a Atwood. Su presencia en una historia, incluso su predominio en la narración, no la invalida automáticamente.
He leído cantidad de historias llenas de sexo en varios fandoms y he encontrado los elementos esenciales no sólo de la trama, sino de una narración magnífica. Es frecuente que las mejores de ellas no estén etiquetadas de PWP, probablemente porque las connotaciones peyorativas perjudicarían la imagen del fic, aunque, en un sentido técnico, la definición sea aplicable.
El sexo no arruina una historia, la mala escritura lo hace. No confundamos los dos términos.
En defensa
del PWP
por Thamiris
Traducido por SCR
Beteado por Silence Messiah