
21 de Febrero. Seis y veintinueve de la tarde. La Casa del Llibre de Barcelona.
Empieza la cuenta atrás. El último libro de Harry Potter (mientras Rowling no diga lo contrario) sale a la venta en español. La gente corea: 3! 2! 1! Corren hacia la pila de libros. Por fin lo tienen en sus manos. Yo miro a mi alrededor; caras de ilusión, risas, sonrisas, búsquedas rápidas de páginas ya aprendidas en inglés (¿realmente había alguien que no lo hubiera leído?).
- ¡¡Mi hija no, mala bruja!! – Algunos ríen, resignados. Otros se lamentan a voz en grito. Otros casi lloran.
La versión catalana es algo mejor:
- La meva filla no, mala pècora!
Me siento rara en el ambiente de fiesta. Estoy melancólica. Los finales siempre son tristes. Éste lo es más, pero no vamos a hablar del epílogo. Lo triste es pensar que toda esta afición quizá se perderá cuando se estrene la última película. La gente necesita combustible.
La fiesta empezó a las cinco de la tarde, con un concurso de escobas tuneadas. La mejor escoba-bólido, con matrícula Harry Potter incluída, no ganó. El jurado era muggle.
Luego el concurso de disfraces. Una jugadora de quidditch (Gryffindor, por supuesto) presentaba el evento. Casi me tiro al cuello cuando le dijo a una chica Slytherin que mejor no le iba a dejar hablar porque iba de las malas. Me obligué a recordar que la maldad Slytherin es canon. Hasta la propia autora nos aconseja que no nos guste Draco, que es malo. En fin…
Habían varios Griffindors y un Slytherin. Y Bellatrix. Realmente imponía. A punto de deliberar, apareció un nuevo concursante. O debiera decir personaje. Su aparición fue estelar. Trelawney llegó con su atuendo sesentero, su pelo amarillo y rizado, su apariencia despistada y alocada. Ganó, por supuesto.
Trelawney resultó ser la querida Ángela de MundoPotter, la página que nos convocó a muchos de nosotros. Ángela vino de Canarias, eso sí es afición. Como premio se llevó un vale de 50€, con lo que el libro le salió gratis. Lo merecía.
Tras los concursos salió un mago a distraernos. Me sacó a hacer el ridículo. ¡La de la corbata! (verde, por supuesto). Yo me hice la loca. - ¡Soy prensa! - Pero no coló, y eso que era verdad. Al menos Bellatrix estaba conmigo en la tarima. Tan solo tuve que escribir un personaje en una hoja. Se me revolvió el estómago escuchar al mago decir: - Severus Esnape. – Así, como suena. Bellatrix escogió a Dobby. Se notaba que le tenía ganas, después de ayudar a escapar a Potter de la Mansión Malfoy.
Antes de la cuenta atrás se entregaron unos libros a los participantes, gentileza de MundoPotter.
Después de la compra Alex Vivaut, genial anfitrión, nos llevó a las chicas y a mí a tomar algo. Hablaron de Londres, de cuando fueron al estreno de La Orden del Fénix. Yo soñaba con noviembre y The Half Blood Prince. Se me hizo extraño hablar de los libros sin tocar el tema slash. Bueno, se nombró a Dumbledore. Sin comentarios.
Eché de menos a mis chicas eslaseras, aunque pude hablar con ellas. Hasta hablé con la corresponsal de Madrid, Aly.
La noche fue productiva, promocionando el fandom. Recomendé a una chica, fan de los gemelos Weasley, un fic gen de Helena Dax. Y lo mejor de la noche. Introducí a Trelawney en el slash, y por la puerta grande.
Y se acabó el día. Todos sabíamos cómo acababa la batalla, quienes morían, quienes sobrevivían, y quienes tenían un final peor que la muerte (sí, ahora hablo del epílogo). Pero lo importante no fue recibir el libro en sí. Los más freaks no corrimos a por el libro. Lo miramos de lejos, con recelo. Pero es el último, había que comprarlo.
Lo realmente importante fue reunirnos entre nosotros, amantes del Mundo de Potter. Comentar, criticar, reír. Confraternizar con quien nos entiende. Y sobre todo… Sacar la varita a pasear.
