
En 1997 yo no era más que una niña normal viviendo una vida tranquila hasta que un pequeño mago interrumpió en mi inocente existencia para adentrarme en una aventura de magia, lealtad, amistad y valentía que hoy, once años después, ha conquistado a medio planeta. Para que entiendan de qué estoy hablando, empecemos por el principio. Soy Mónica, tengo 26 años, la cabeza llena de pájaros y el corazón conquistado por la saga de Harry Potter. Y no soy la única. También están Heiko, Crysania o Eve Malfoy por ejemplo. Y ahí estuvimos en la FNAC, enfrente de la sección de librería, para asistir al lanzamiento en español del último libro de la saga, el fin de la historia, el epílogo del viaje, el ciclo final de la aventura. A partir de ahora, en este artículo, se acabó la pura información y la normalidad rutinaria. Desvístase amable lector de realismo, de prejuicios y de indiferencia. Arrópese de magia, ilusión y sensibilidad. Venga conmigo, abra las puertas, cierre los ojos. Bienvenido a Hogwarts, el colegio mágico más prestigioso de Inglaterra.
Para asistir al lanzamiento del libro, quedamos gracias a Internet con todo tipo de aficionados. En la FNAC iban a hacer algo especial y la comunidad la comunidad slash, het y gen del fandom HP de Madrid no podía faltar. Así que la plaza de Callao, céntrica, señorial y espectadora de la rutinaria vida de Madrid se vio invadida por magos de esplendorosas túnicas y pizpiretas brujas con ganas de hacerte un petrificus total y dejarte patidifuso delante de los vendedores del top manta. También había gente vestida normal, como nosotras, que tampoco es plan de darle un disgusto a la vecina de enfrente y que se piense que han adelantado la Semana Santa y tiene un nazareno escondido en el ascensor.
La primera en llegar fue Eve Malfoy, luego Tuai, poco a poco se unieron todas y para cerrar el círculo llegó Heiko, siempre tarde(*), como el AVE que es una lástima pero no mola tanto como las escobas. Tras analizar con detenimiento lo que podían haber hecho con la traducción del inglés original, nos encaminamos hacia la FNAC, que presentaba ya una heterogénea fila de madres con niños pequeños, padres abnegados y fanáticos de la saga de toda clase y condición. Hagamos una pausa. Por Dios, Merlín y los pelos encrespados de Bellatrix, que no se vuelva a decir que Harry Potter es un libro “infantil”.
Todas las que estaban, todas las que éramos.
(*) Hago firme propósito de enmienda. Palabra de Gryffi.
Cuidadín con Harry
Crysania travestida de puffie
Allí en la fila, las televisiones se dedicaban a grabar totales mientras los organizadores nos pasaban un sesudo cuestionario para poner a prueba a los más acérrimos fans con preguntas tales como ¿cuál es el apellido de soltera de la madre de Harry? Si, si, en una convención de físicos, seguro que preguntan quién es Einsten.
Véase el cuestionario
Tras devanarnos los sesos e incitarnos al suicidio colectivo ante pregunta tan difícil, se abrieron las puertas del falso Hogwarts que la FNAC había encargado probablemente a Ikea. Nosotras pensamos por un momento que nos habíamos equivocado al vislumbrar a un señor vestido de Melchor. Hey!, creemos en las varitas mágicas, en los gigantes y esas cosas, pero los viajes en el tiempo se escapan a nuestro control y que yo sepa estábamos en febrero. Pero no, es que estaba disfrazado de Dumbledore. Por lo menos, no se parecía a Gandalf, que ya es un mérito.
También había un chaval vestido de Harry Potter, pero oyéndole hablar, pensaría el lector que pintaba menos que Melchor y Gandalf juntos, ya que recalcó que estábamos en Hogwarts, pero que Harry no era de allí, sino de Gryffindor. Si, claro. No se me ocurre ninguna comparación graciosa con la convención de fisicos, lo siento. El estupor me puede.
Entrada triunfal al salón de actos
Melchor y un Harry que ya había hecho la selectividad
Tal revelación, la de que Gryffindor se había independizado de forma unilateral cual provincia kosovar, provocó abucheos generalizados, en especial de Crysania M, que no puede evitar que se le alterara la sangre Slytherin. El caso es que el espectáculo se había montado con miras a un público infantil, pero los niños eran minoría y el suelo estaba repleto de personas adultas y respetables. Invoquemos otra vez a los pelos de Bellatrix para remarcar que Harry Potter es un libro para todo el mundo. Melchor, digo Dumbledore, hizo cuatro pseudotrucos de magia y entregó el lote de libros de regalo a un niño por su cuestionario. Eso también fue un truco de magia pero el niño se fue tan contento. Luego nuestro rey mago oscuro Dumbledore enseñó la foto de su ejército, donde luego nos podíamos hacer fotos con la brigada IN-QUI-SI-TO-RI-AL. No deletreo para usted, sino para Eve Malfoy que tuvo de deberes para esa noche aprender a escribir la palabreja después de decirla mal delante de todo el mundo, incluido el niño que había ganado el lote de libros.
Después hicimos el juego que nos propuso el bueno de Harry Potter, buscar tres “jorrorcruxes” (literal…) gracias a las pistas del cuestionario. ¿Hace falta que cuente que salieron de la nada tres niños con un anillo, un diario y un guardapelo? El show business es así, amiguitos.
¡La Orden estuvo allí!
Los miembros más activos de la Orden posan para Intruders
Al fin pudimos comprar el libro y poder tener por fin, el séptimo en nuestras manos. El momento álgido de la jornada. Pero no, porque allá abajo nos esperaban los cámaras y redactores de los medios de comunicación que secuestraron a Eve Malfoy para obligarla, bajo la amenaza de un cruel desmaius, a decir ante toda España el mayor spoiler de la historia, las dos últimas frases de Harry Potter. Del resto se encargó el programa Sé lo que Hicisteis y las veintisiete veces que usan los periodistas los totales en sus informativos. Si hay alguien en España que no sabe cómo acaba el libro es porque está apartado de la sociedad de la información. Eve sigue rezando para que esa raza de ermitaños aparezca.
Lena, beta de Intruders, siendo entrevistada por otro Harry. Le hizo un truco de magia con monedas XD
Mucha serpienteeee...
El agobiazo de la planta de arriba
El regalo.que.te.cagas de la FNAC
Fin de fiesta: comida y bebida, no pueden faltar en un meeting typical spanish
Crysania, pensativa con la varita en la mano. Je.
¡Gato! ^___^
Terminamos el día comprando distinta parafernalia friki, como la varita de Draco para Crysania o las chapas de Heiko, que se enamoró de las de la Orden del Fénix ganadoras en el duelo particular contra las chapas que llevaban inscrito un triste y lacónico “Adiós Harry”. La jornada especial se cerró con una gran cena regada por Heineken, que no había de mantequilla en el castizo lugar elegido para el evento. Harry se ha acabado, pero el fenómeno que comenzó en 1997 sigue creciendo con el esfuerzo e ilusión de todas nosotras y a pesar de epílogos, falsos Dumbledores, cuestionarios trampeados y falsas puertas de Hogwarts hechas de cartón piedra. La magia existe y aquel día se demostró. No había que mirarnos a los ojos. Allí estaba.
