Alto precio

De Cheryl Dyson

Traducido por Kaworu - Beta final, Heiko

-No me jodas. Estás bromeando, ¿verdad?- dijo Harry con brusquedad. Estaba sentado en la oficina de la directora McGonagall, aunque a McGonagall no se la veía por ninguna parte, ya que había desaparecido convenientemente para que Harry pudiera asimilar las noticias. Afortunadamente, el retrato de Dumbledore había insistido a Harry en que se sentara, antes de que aquel jodido y viejo bastardo manipulador le pudiese contar las últimas e infernales nuevas que harían la vida de Harry terrible y absolutamente complicada.

Dumbledore carraspeó y Harry se preguntó si quemar el retrato ayudaría en algo. No más Dumbledore, no más noticias interesantes sobre la vida de Harry.

-Me temo que no, Harry.

Harry se agarró de pelo con ambas manos para refrenar el impulso de gritar. Se lo tomó con calma.

-Me estás diciendo que la razón de que haya estado tan cansado últimamente, teniendo problemas para dormir y sin ganas de comer, (pasando por otros problemas que mejor no voy a mencionar), ¿es porque soy parte veela?

Dumbledore asintió.

-Por parte de padre, si.

-¿Mi padre era un veela?- Harry estaba muerto de vergüenza.

-Parte veela – corrigió Dumbledore.

-¿Y a nadie se le pasó nunca por la cabeza que tal vez fuera importante mencionármelo?- Harry trataba de mantener un tono estático, pero estaba deseando gritar.

-A veces no se manifiesta. Nosotros esperábamos...

Harry se cansó de asir su pelo y consideró el darse de cabezazos contra la mesa un rato. Quizá si lo hacía lo suficientemente fuerte, podía echar fuera al veela...

-Esperábais.

Dumbledore sonrió con benignidad. Harry comenzó a entender por qué Snape no había vacilado en la Torre.

-¿Hay alguna sorpresa más sobre mi futuro de la que tenga que ser avisado?- dijo Harry, mordaz.

Dumbledore sacudió la cabeza.

-¿No más profecías? ¿Nada que vaya a causar mi muerte a los 25? ¿Algún otro horroroso villano que quiera matarme o algún otro defecto genético como ser un jodido veela?

-No Harry- Dumbledore soltó una risita. Harry lo miró a los ojos. Decididamente el historial de Dumbledore era bastante malo a la hora de ocultar información importante a Harry. ¿Por qué había pensado que eso se acabaría simplemente porque el viejo había muerto? Lanzó un gran suspiro. Intentar sacarle a Dumbledore toda la verdad era una gran pérdida de tiempo.

-Vale, sigamos con las malas noticias que van detrás de esta fascinante revelación-. dijo Harry, cansado.

-No es tan malo como parece, Harry. Después de todo, sólo eres parte veela, y además hombre. Los efectos serán mínimos.

-Mínimos. Creo que nuestros significados de “mínimo” son algo diferentes. No me va a salir un pico y unas jodidas alas, ¿verdad?

-No, no, Harry. Nada de alas. Tus consecuencias serán puramente hormonales.

-Hormonales. ¿Por qué será que eso no me inspira mucha confianza?

-No temas, Harry. Todo pasará a la larga. En cuanto encuentres tu pareja.

Hubo un largo silencio en el que Harry pretendió no oír lo que acababa de escuchar. Por otro lado, Dumbledore, al ser una pintura, no tenía límite de paciencia, lo que Harry... bueno, sí que tenía.

-¿Mi qué?

-Tu pareja, aunque “pareja” puede que sea ya un término arcaico. En el pasado, un veela necesitaba una pareja de por vida y lo hacía de forma que sus lazos estuvieran siempre unidos, pero las cosas no son así de drásticas en estos tiempos tan liberales. Particularmente para aquellos con poca sangre veela. Tú no tienes que sujetarte a las reglas de los veela porque eres en parte humano. Y ellos no se inmiscuirán en tus asuntos.

Harry dejó a Dumbledore divagar, aunque, sinceramente, se sentía aterrorizado de saber más.

-Todo lo que necesitas de tu pareja... o tu alma gemela, como quieras, es contacto.

-Necesito contacto.- se dio cuenta de que estaba repitiendo las palabras de Dumbledore hasta la estupidez, pero no podía evitarlo.

-Eso es, Harry. El simple hecho de juntar vuestras manos o aceptar un abrazo. Tal vez intercambiar un beso, aunque esas acciones tienden a inflamar a aquellos con sangre veela... pero insisto. Cuando encuentres a tu alma gemela, solo tendréis que tocaros con regularidad.

-¿Oh? -se atrevió a preguntar Harry, a punto de echarse a llorar. El retrato de Dumbledore guardó silencio por unos instantes.

-Bueno, puedes enfermar y morir. Pero estoy seguro de que eso no ocurrirá, Harry. Eres un chico fuerte y sano. No me sorprendería nada que tu pareja quisiera consumar los lazos.

-¿Consumar?- preguntó Harry alarmado.

-¡Oh, cielos! ¿Ya es la hora? He prometido a Phineas Nigellus que iría a tomar el té con él en la Sala de Magos Famosos. Ya hablaremos, Harry, chico.

Y con eso, Dumbledore salió del retrato, dejando a Harry con la confusión veela.

-Jodidamente genial. Tengo que encontrar y tocar a mi alma gemela, o enfermaré y moriré. Gracias por irte justo antes de decirme exactamente cómo se supone que voy a encontrar a esta jodida alma gemela, ¡y será mejor que sea alguien que me guste! ¿Es que mi existencia en este planeta sólo sirve a algún sórdido juego para reírse de mi?- Harry miró a su alrededor porque había alzado la voz. Pero todos los demás retratos estaban vacíos. Malditos cobardes.

Harry se levantó y fue a buscar a Hermione.

Un mes después, Harry estaba al borde del pánico. En su trabajo sufría indeciblemente, debido a su incapacidad para dormir, comer o concentrarse. En su última misión había estado a punto de ser aniquilado, así que Kingsley lo mandó a hacer trabajo de oficina y Harry tuvo que contarle su pequeño problema veela.

El Ministro había sido comprensivo en lo referente a la enfermedad de Harry. Kingsley y Hermione habían conspirado para asegurarle a Harry un alma gemela lo más pronto posible tocando a toda bruja (y mago) de Bretaña. Había sido una brillante deducción de Hermione (basada en la tradición veela sobre la que había leído) que decía que el alma gemela de Harry no tenía que ser necesariamente hembra. A Harry no le importaba, pero no le hacía mucha gracia lo del plan de estrechar la mano de todos y cada uno de los trabajadores del ministerio en lo que Kingsley había descrito como “El día para conocerse”.

El Día Para Conocerse había sido un fracaso desastroso, dejando a Harry con dolor en los nudillos y la urgencia de lavarse las manos para quitarse de encima el sudor de algunos de los estrechadores de manos. Algunos de esos Innombrables daban bastante miedo.

Sin darse por vencidos, Hermione y Kingsley seguían programando función tras función, reunión tras reunión. Harry había estrechado mano tras mano y besado mejilla tras mejilla, sin excepciones. cada persona que tocaba no se diferenciaba de la anterior. Harry había esperado seriamente que su alma gemela fuese alguien a quien conociera, pero ninguno de los Weasley, ni Hermione, ni siquiera ninguno de los Gryffindor le traía algún sentimiento especial de veela. Harry podía haber dicho que todo eso era una gran estupidez, excepto por sus peligrosos síntomas.

La última función lo estaba matando. Harry se apoyó en una pared y cerró los ojos después de escanear entre la muchedumbre de la habitación en busca de Hermione. La había perdido por el momento, pero estaba seguro de que volvería para arrastrarle de nuevo a otra tanda de estrecha-manos estúpida. Todo lo que Harry quería era dormir. Estaba cansado hasta los huesos. Pero dormir era una pérdida de tiempo debido a las continuas pesadillas que le hacían despertarse cada treinta minutos, sudoroso, con la necesidad de agarrarse a algo o a alguien.

Harry pensó que había visto la cabeza rizada de Hermione balanceándose entre el corro de gente y se giró, directo al baño para buscar un momento de paz, por lo menos hasta que ella enviara a Kingsley a buscarle. Harry estaba distraído mientras caminaba por el oscuro corredor que conectaba con los servicios de hombres, cuando entró al lavabo de hombres justo cuando un hombre salía de él. Se chocaron y el otro se tambaleó.

Harry instintivamente alzó una mano para sujetar al hombre y sin querer tocó su cuello. Un shock casi eléctrico subió por la mano de Harry hasta su cerebro, llenándolo de luz caliente y blanca y un sonido como de campanas. Sintió algo encajarse en su sitio e instintivamente se acercó más para sentir más de esa exquisita magia.

Pensamientos caóticos se entrelazaban en la mente de Harry. Joder. ¿Al fin lo... he encontrado? Vale, entonces es él. Está bien. Es fantástico. Es bueno, siempre y cuando pueda seguir tocándolo y tocando y tocando...

El hombre le insultó y trató de liberarse, pero Harry rehusó, presionándolo contra la pared y hundiendo su cara en la mejilla del hombre. Dios, qué bien se sentía. Se sentía magnífico. E incluso olía bien y Harry supo sin duda alguna que también sabría bien. Torció la cabeza para presionar sus labios contra el perfecto cuello del hombre y deslizó su lengua por...

La acción pareció romper la parálisis del otro hombre y se quitó de encima a Harry con una maldición. Harry sintió cómo si su piel se liberara de pronto cuando chocó contra la pared contraria. Los dos hombres se miraron el uno al otro con idéntica expresión de shock.

-¡Potter! ¿Qué coño ibas a hacer? ¿Estás borracho?

-¿Malfoy?- Harry no podía reordenar sus emociones conflictivas. Parte de él quería hacer cenizas al tipo con un hechizo. Otra parte más grande quería echársele encima y devorar esos preciosos e increíbles labios que le parecían tan invitadores.- Malfoy, esto tiene que ser una jodida broma cósmica.

Malfoy se irguió orgulloso.

-Una broma. Muy bien pues. Tendrás noticias de mi abogado, Potter.- con eso, Malfoy se desapareció, dejando a Harry con una sonrisa de chiflado, debida casi enteramente a la ridícula situación, pero también debido a la maravillosa y lánguida sensación de paz que le embriagaba.

Había encontrado a su puñetera alma gemela. Ahora podía dormir. Harry se deslizó por la pared, rodeó las rodillas con los brazos, dejó caer la cabeza en sus manos y durmió sin sueños por primera vez en varias semanas.

Harry se despertó en su piso con Hermione mirándolo desde arriba.

-¡Harry! ¡Gracias a Dios! ¡Temíamos que nunca te despertaras! ¿Qué ocurrió?

Harry se retorció lánguidamente.

-Tengo hambre. Y sed.

Hermione se mordió el labio, obviamente deseando hacerle unas cien preguntas más, pero salió deprisa de la habitación y volvió con una bandeja llena. Harry bebió tres vasos de agua y dos botellas de cerveza de mantequilla antes de devorar la mitad de una gallina entera, dos pasteles de carne y un cuarto de Havarti.

-¿Mejor? -preguntó ella cuando finalmente apartó la bandeja a un lado.

-Dios. Sí. Me siento genial. ¡Mejor que en toda mi vida!

-Pero, ¿encontraste...?

Parte de la felicidad de Harry se derrumbó. Tembló.

-Bueno, sí. He conocido a mi jodida alma gemela y por supuesto ha sido de la manera más horrible posible.

-Es Draco Malfoy, ¿verdad?- dijo ella.

Harry esperó, sabiendo que esa lógica tenía que haber salido de alguna parte. Hermione jugó con un mechón de pelo entre sus dedos.

-¿Y bien?- dijo él por fin.

-Malfoy... está demandando en el ministerio, diciendo que tú le atacaste. Está soltando un montón de estupideces: asalto, maneras impropias, desviación pública, tocamiento ilegal de la persona Malfoy... Aunque no sabemos ciertamente si las dos últimas son violaciones de verdad, pero también leyes antiguas de... Bueno, no importa. He tenido a mi equipo investigando durante los dos días que has estado sin sentido.

-¿Dos días?

-Si. Así que asumo que tú.... ¿Le tocaste?

-Si, toqué a Malfoy. Me lancé a él, lo que probablemente sea una cosa buena, porque la única forma que tenemos de tocarnos es con los puños.

-¿Lo que dice Malfoy es cierto?

-Págale.

-¡Pero podemos ganarles en un juicio! Tus circunstancias atenuantes son claramente...

-Págale -repitió Harry bruscamente y se quitó las sábanas de encima. Necesitaba volver a trabajar, ahora que finalmente estaba despejado-. Lo que sean los daños que dice tener Malfoy, simplemente págalos. No puedo permitirme estar de malas con él.

Hermione tenía puesta su cara de “Injusticia”. Harry la ignoró. Estaba asombrado de que se pudiese sentir como siempre después de un estúpido toque y un montón de horas de sueño.

-Pero, ¿qué pasará después?

-Me ocuparé de eso cuando llegue el momento. Ahora que sé quién es y que un simple toque obrará el milagro, solo le provocaré para que se pelee conmigo. Le dejaré golpearme un par de veces y estaré bien.

-Eso no suena saludable, Harry. ¿Por qué no se lo explicas y ya está? Es posible que sea razonable.

Harry le dio una palmadita a Hermione en la mejilla e ignoró su mirada furiosa. Estaba preguntándose cuánto tiempo le duraría esa euforia Malfoy inducida.

 

 

 


En menos de dos semanas se acabó. El insomnio volvió despacio y los sueños comenzaron de nuevo. Aunque habían cambiado. En vez de buscar a alguien sin nombre, Harry se despertaba con el incontrolable deseo de encontrar a Malfoy. Su inconsciente estaba haciendo surgir todos los recuerdos que Harry tenía del tipo: Malfoy en una escoba, Malfoy en ropas de Quidditch, Malfoy sonriendo con la varita en alto, Malfoy agarrado a él mientras volaban en la Sala de los Menesteres...

Harry maldijo fuertemente y golpeó la pared de la ducha. Cada uno de los recuerdos estaba terriblemente cambiado. Malfoy en la escoba estaba muy bien personificado: su pelo rubio se movía con la brisa alrededor de su frente y sus grises ojos. Malfoy en ropas de quidditch, dioses, esa imagen estaba jodidamente mal, especialmente la parte en la que Harry quería quitarle las ropas de cuero, ¡joder! ¡Él no estaba teniendo pensamientos eróticos con Draco Malfoy! ¡No, no, no!

Su erección decía todo lo contrario. Y parecía encontrar la sola idea de Malfoy bastante atrayente, así que Harry gimió frustrado cuando todas y cada una de las imágenes que pensaba sobre mujeres voluptuosas se transformaban al instante en un rubio de ojos grises sonriente.

-Oh y Harry, acerca de lo de tocar a tu compañero, tendrás la incontrolable urgencia de frotarte contra él, no importa lo asqueroso y repugnante que te resulte.- Dumbledore no puso mencionar eso, ¿verdad?

Harry salió de la ducha maldiciendo la sangre de Veela por enésima vez.

Hermione había estado rondándole sin piedad acerca de la “Situación Malfoy”, pero Harry no tenía la respuesta. Había pensado en ir a ver a ese asqueroso niñato, o mandarle una carta, o algo, pero su indecisión siempre hacía que Harry lo dejara para otro día.

Kingsley, afortunadamente, le dejó en paz, cuando el trabajo de Harry volvió a su antiguo nivel. Harry había resuelto tres casos en una semana y se sentía fabuloso, por lo menos, hasta que los malditos síntomas regresaron. Sabía que Hermione lo notaría enseguida, así que en su día libre se apareció en el Callejón Diagon. Harry siempre dejaba las compras hasta última hora, así que estuvo hasta bastante entrada la tarde con suplementos para pociones, acondicionamiento para escobas, libros que planeaba leer cuando el tiempo le dejara y más cosas.

Tras mandar sus cosas a casa por diversos medios, Harry decidió parar en Gringotts y llevarse algunos “galeones sueltos”. Subió las escaleras y entró en el enorme banco, donde se paró abruptamente.

Una inconfundible figura de negro estaba parada cerca, sin mirar a Harry, mientras hablaba con un dependiente goblin. La mente de Harry se quedó inexplicablemente en blanco. Se movió como tirado por un imán, caminó detrás del rubio y le pasó las manos por la cintura.

-Ven conmigo un momento, Malfoy.- dijo Harry sin reconocer su propia voz de lo dulce que parecía. Se llevó a Malfoy a las puertas principales. Extrañamente, Malfoy no se deshizo de la mano que le sujetaba la cintura. En el instante en que dejaron las puertas de Gringotts atrás, Harry se desapareció para aparecerse de nuevo en su casa. No liberó al rubio, simplemente se deslizó hasta estar enfrente del rubio, que le miraba con expresión nublada.

Harry suspiró solo un instante al ver la escena frente a él, antes de presionar sus labios contra los de Malfoy. El brillo caliente que sintiera esa vez se intensificó cien veces en ese instante.

Seguramente eso era el paraíso. Las manos de Harry pasaron por su cuello y sus dedos trazaron la curva de la mandíbula de Malfoy mientras sus labios sentían la suavidad de la boca del rubio. La lengua de Harry pasó por su boca, abriéndola más. Presionó más, esperando una respuesta.

La respuesta que recibió no era la que esperaba. La mano de Malfoy se cerró alrededor de su cabello, tirando de él y rompiendo el beso. Harry tenía que retroceder o arriesgarse a quedarse sin pelo. La otra mano de Malfoy se había cerrado en su entrepierna, forzándole a tomar aire con un gemido de dolor.

Malfoy le soltó y Harry se dobló sobre si mismo, buscando aire.

-No me hace ninguna gracia, Potter. Recibirás noticias de mi abogado... de nuevo. Te sugiero que prestes atención esta vez.

Malfoy desapareció con un Crack y Harry caminó hacia el patio. A pesar de todo, se sentía jodidamente bien, excepto por la nuca... y su maltratado diafragma. También estaba un poco mortificado por haber atacado a Malfoy a plena luz del día en un sitio público. Todo el asunto se estaba convirtiendo en una seria jodienda.

Se hizo claro cuán jodido estaba cuando Hermione apareció en su casa antes de que se terminase de tomar su té de la mañana. Parpadeó al verla y se fue a preparar una segunda taza.

-¿Qué estabas pensando, Harry?-gritó mirándole.

-Estaba pensando en Earl Grey, pero si prefieres...

-¡El té no! ¡Esto!- dijo blandiendo unos papeles bajo su nariz. Harry frunció el ceño, no queriendo que entorpeciera su buen humor. Había dormido de un tirón por primera vez en días, sin jodidos sueños, además.

A Hermione no le gustó nada su falta de interés.

-Malfoy ha firmado una Orden de Alejamiento contra tí, Harry. ¡Una Orden de Alejamiento! ¡No te está permitido acercarte a menos de algunos metros de él! ¡Creí que ibas a hablar con él y explicarle la situación! ¿Qué ocurrió?


Harry se sonrojó al recordarlo. Realmente, no se había parado a pensar lo que había hecho. Había atacado a Malfoy, lo había secuestrado hasta su piso y se había restregado contra él. Seguramente Malfoy pensaba que Harry se había vuelto completamente loco.

-¿Orden de alejamiento?- dijo todo blanco.

-Si. Ha llenado otra jodida hoja de reclamaciones, que seguramente no dudarás en pagar -dijo sarcástica-. ¿Qué hiciste?

Mierda. Una orden de alejamiento. ¿Cómo se suponía que iba a tocar a Malfoy ahora? Si seguía así, acabaría en Azkaban.

-Mierda, tenemos que buscar algún modo de romper esta maldición.

-No es una maldición, Harry. Es genético, es...

-¡Lo que sea! Tiene que haber un contrahechizo o una poción, o ¡algo que podamos usar para quitármelo!

Hermione negó con la cabeza y se sentó delante de él. Aceptó el té, pero no bebió.

-Eso no es todo, Harry. -se sacó algo del fondo del bolso y lo puso sobre la mesa, hacia él. - Alguien del profeta se ha dado cuenta de las quejas de Malfoy. Hay un artículo cuestionando tu integridad y especulando sobre tu relación con Malfoy, además de otras cosas.

-Rita Skeeter – dijo Harry sin esperanza.

-Eso parece. No pone de quién es, pero sus huellas de escarabajo están por todas partes.

Harry pagó los daños a Malfoy y se puso a trabajar, aceptando las misiones más arriesgadas y tratando sus problemas veela con pociones. Pociones para dormir para noquearlo durante la noche y pociones energéticas para mantenerlo en forma durante el día. Casi no podía comer y empezó a tomar suplementos con nutrientes de pociones para tener hambre.

Cada momento libre que tenía lo gastaba recopilando información sobre las veelas y cualquier cosa, por remota que fuese, que se le pareciera, luchando por la esperanza de que se lo pudiera quitar de encima. Se negaba a ver a Malfoy de nuevo, sabiendo que no podría contenerse frente al rubio y sabiendo que a Malfoy le encantaría mandarlo a Azkaban.

Evitó a Hermione en lo posible, pasando fuera de casa el mayor tiempo que podía. Y en cuanto al Ministerio, se había propuesto no pisar la oficina a menos que fuese absolutamente necesario. En casa, encendió el fuego para evitar que surgieran visitantes vía Flu. Sabía que Hermione nunca se atrevería a aparecerse sin avisar, ya que tenía distintas ideas que él respecto a la intimidad y le había mandado bastantes lechuzas para que no desechara esas ideas. Simplemente mandaba excusa tras excusa de que algún día se reuniría con ella.

Sobre la quinta semana tras su ataque a Malfoy, Harry sintió como si un fuego cortante se hubiese colado en su alma, dejando un inmenso vacío.

Se despertó en el sofá. Hacía mucho tiempo que se había resignado a no dormir en la cama, ya que se despertaba cada veinte minutos o más y se sentaba o se preparaba una taza de té en la cocina, que se quedaba fría mientras él se sentaba en una silla, sintiéndose miserable y solo.

De repente, supo que había alguien en su casa y levantó su varita en un abrir y cerrar de ojos.

-¿Vas a maldecirme, Potter? -susurró una voz seca. La varita de Harry resbaló y él se sentó pesadamente en el sofá. Dejó caer la varita al suelo y escondió la cabeza entre las manos.

-Malfoy – dijo con voz estrangulada, ignorando el temblor de sus miembros únicamente por el conocimiento de que Malfoy estaba lo bastante cerca como para tocarle- ¿Qué estás haciendo aquí?

-Me trajiste una vez, Potter, aunque fuera contra mi voluntad. Así que supuse que tenía una invitación permanente.

Harry dejó que las palabras fluyeran despacio por su mente. No le decían nada. Sentía la proximidad de Malfoy, pero no se atrevía a hacer más preguntas. Le costó todo su esfuerzo Gryffindor no lanzarse sobre el rubio. El sofá se movió cuando el Slytherin se sentó a su lado y entonces Harry sintió una mano (Oh, Dios) una mano subir y descansar sobre su nuca. El contacto fue como la lluvia cayendo sobre tierra seca.

Harry luchó por respirar mientras la luz brillante lo envolvía, dejando una paz lánguida en su camino. Era como un bálsamo en el alma descarnada de Harry. Se dejó caer sobre la mano de Malfoy y gimió contento cuando el rubio continuó su toque por la cabeza, dejándose hacer sobre el hombro del Slytherin. La frente de Harry tocó el cuello del rubio y estaba demasiado cansado incluso para depositar allí un suave beso, a pesar de lo desesperado que estaba por hacerlo.

Harry se despertó cuando la cama se movió bajo él. Despertó con sorpresa, con sus instintos de auror en alerta permanente.

Se quedó helado al ver a Draco Malfoy bajo él. Los ojos grises estaban abiertos y nada felices.

-Me estás aplastando, Potter -dijo.

-Creí que habías sido un sueño- dijo Harry embobado, de repente consciente del cuerpo caliente a su lado.

-Desafortunadamente, no.- replicó Malfoy-. Y ahora que he hecho mi buena acción de este siglo, tal vez seas tan amable de dejarme en paz.

Harry casi obedeció. Estaban apretados en el sillón del salón. Por la luz que se colaba por las ventanas, parecía ser totalmente de día. Malfoy esperó, tal vez a que Harry se levantara, lo que fue un gran error. Algo sí que se levantó dentro de Harry, como un dragón que despertara de su gran letargo, totalmente alerta y voraz.

De repente Harry era consciente de cada una de las moléculas de Malfoy que le estaban tocando. Era incluso consciente de las ropas que vestía, pero esas ropas se transformaron inmediatamente en una desagradable barrera para algo que Harry quería tan salvajemente que le costaba respirar.

Malfoy debió de notar la descarga eléctrica, o ver su efecto en los ojos de Harry. Los ojos grises se abrieron y el pecho que estaba bajo el de Harry subió de repente con un temblor.

-Potter -siseó el rubio-. Déjame ir en este mismo instante.

-¿Sabes? No creo que lo haga –dijo con languidez el moreno y notó con sorpresa cómo su tono tenía cierta aura sexual. Bajó su boca para saborear esos labios tan atractivos, sólo para ver cómo Malfoy torcía la cabeza con brusquedad. Así que sus labios tocaron la mandíbula del rubio, que también estaba bien. Harry lo mordisqueó, haciéndose camino por el hueco hasta la oreja de Malfoy. La lamió, experimentando y abrió la boca para probar el lóbulo...

Y se encontró en el suelo. Malfoy estaba sobre él, como un ángel vengador. Su pelo platino suelto y tan maravillosamente desgreñado, pero la varita negra que apuntaba a Harry era sólida como la roca.

-Joder, Potter, a menos que quieras ser maldecido de seis formas diferentes hasta el domingo, será mejor que busques un modo de poner freno a tus putas hormonas veela.

Harry parpadeó y se puso de rodillas.

-¿Lo sabes?-dijo estúpidamente.

-Si, lo sé, gracias a tu amiga Granger. Habría sido muy amable por tu parte decirme por qué me atacaste, jodido imbécil. ¿No podías haberme enviado una nota?

Harry se sentó en el sillón, tratando de no hundirse ante la mera vista de Malfoy y fallando estrepitosamente. Las partes veela de su mente ya estaban formando un complot para volver a coger al Slytherin.

-Esperaba... encontrar una manera para quitármelo -dijo lamentándose.

-Y parece que te fue bien, ¿verdad? Por tu aspecto, parece que lleves muerto una semana.

Harry tenía que admitir que eso era verdad. A duras penas, su infusión Malfoy había conseguido recuperarle en cierta parte. Aún estaba cansado y hambriento, pero todos sus nervios temblaban. Se sentía gloriosamente vivo. Y de repente sospechó.

-¿Por qué estás aquí?- replicó con brusquedad. A pesar de que Malfoy hablara de una buena acción, debía de haber algo más. Los Malfoy no hacían buenas acciones. No sin otros motivos.

Malfoy sonrió.

-No creas que estoy aquí por tí, Potter.

Harry se rió, aunque el sonido casi estaba en sus oídos. Una parte de él, probablemente la veela, había tenido la ridícula esperanza de que Malfoy hubiese venido para ayudarle.

“Idiota. El día que Draco Malfoy venga a rescatarte por propia voluntad será cuando lluevan elefantes rosa del cielo.”

-Muy bien, entonces -dijo el rubio mientras se sentaba en una silla cerca de la ventana. A pesar de la pose relajada, la varita seguía apuntando a Harry. Un vistazo le bastó a Harry para ver su propia varita en la mesa contigua. Sabía que podía estar en su mano y Malfoy desarmado en un visto y no visto-. Quiero proponerte un trato de negocios, Potter.

Las palabras le dieron de lleno y le abstrajeron de sus pensamientos, aunque la idea de desarmar a Malfoy y subirse a él no abandonó completamente su cabeza.

-¿Trato de negocios? -preguntó Harry.

-Eso parece. Ya que necesitas de mi contacto para seguir manteniéndote con vida y yo no tengo absolutamente ninguna razón para regalarte el uso de mi... carne, podemos decir...

Harry pensó que Malfoy podría haber escogido otro tipo de frase, porque las palabras “uso de mi carne” hicieron aparecer una orquesta de imágenes en la mente de Harry, todas reclamando atención. Muchas de ellas tenían a Malfoy desnudo sobre objetos blandos y no fue hasta unos minutos que la mente racional de Harry se dio cuenta de que Malfoy seguía hablando y no simplemente estaba sentado ahí, como un buffet para Potter.

-¡Potter, siéntate! -chilló Malfoy de repente-. ¿Has escuchado algo de lo que te he dicho?

Harry retrocedió unos pasos y se sentó. Aparentemente, su cuerpo había ido a por Malfoy por voluntad propia. De todas formas probablemente su mente habría dado el consentimiento porque le parecía una gran idea.

Malfoy entrecerraba los ojos.

-Como te iba diciendo, he decidido ayudarte con tu pequeño problema... por un precio.

-Un precio -repitió Harry.

-En realidad, varios precios -Malfoy asintió-. He hecho una lista -aunque no había dicho una palabra, una pieza de pergamino salió volando sola de la carpeta negra de Malfoy, que, casualmente, estaba encima de una silla. Malfoy hizo flotar el pequeño pergamino hacia Harry, quien lo cogió y lo desenrolló curioso.

La primera respuesta de Harry fue la de diversión, después shock y al final algo parecido al horror.

Sus ojos examinaron la lista.

 

<<Contacto por dedo- 1 Galeón;
1 minuto máximo mano completa- 6 Galeones;
caricia de 1 minuto máximo- mínimo 10 Galeones;
varios tipos distintos de masaje- 50 Galeones, sólo de cintura para arriba;
beso máximo 15 minutos (sin lengua)- 50 Galeones;
con lengua 100 Galeones>>

 

En cuanto acabó de leer estas palabras, Harry empezó a calcular cuánto tiempo iba a tardar en vaciar su cuenta de Gringotts solo con besos y casi decidió aparecerse allí mismo para transferir los fondos a la cuenta de los Malfoy. Esa estúpida acción fue frenada por las últimas palabras de la lista.

 

<< Sexo oral (hecho por Potter) – 200 Galeones;
hecho por Draco – NO HAY BASTANTES GALEONES EN EL MUNDO>>

 

Harry saltó al leer el final.

 

<<Otro tipo se sexo – Olvídalo, chico Veela>>

 

La excitación de Harry se convirtió en una fina rabia. Intentó contener su desacuerdo de la regla “sin sexo”, recordando que se trataba de Malfoy y si no fuera por esos estúpidos genes de veela, odiaría a ese jodido bastardo con todas sus ganas. Follárselo no era una opción.

-Aún con la falta de sexo, ¿esto no te hace una especie de... prostituta? -preguntó Harry.

-Como yo lo veo, simplemente estoy prestando un servicio, más como un medimago o un terapeuta -Malfoy se levantó con gracilidad-. Antes de que se me olvide, he quitado la orden de alejamiento.

El labio de Harry subió con sarcasmo.

-¿Y qué es lo que te debo por esta noche?

El rubio sonrió al instante.

-Te mandaré el recibo.

Y con eso, se puso el abrigo y desapareció antes de que Harry decidiera qué maldición usar contra él. Se decidió por convertir una antigua vasija en polvo en cuanto el Slytherin se hubo ido.

Entonces se levantó, volvió a conectar la red Flu y fue a ver a Hermione.

La determinación de Harry de no ver a Malfoy duró sólo cuatro días. Incluso soñando despierto, su mente flotaba hacia la lista de Malfoy y de ahí al apartado de sexo oral. Cuando su pataleta se acabó, sus genes veela volvieron al ataque, proveyendo su mente de escenas de Harry arrodillado frente a Malfoy, hasta que la idea no sólo no le pareció repugnante sino altamente probable.

La lógica demandaba hacer algo al respecto y como el nombre de la lógica era Hermione Granger, hablaba en voz alta y estridente. Harry sabía que la lógica no se callaría hasta que estuviese satisfecha. Decidió ir a Malfoy a estrecharle las manos, esperando que un programa regular de tocamiento satisficiera a sus genes veela y dejara de mandarle visiones.

Esta vez pidió una cita formal y se apareció en las puertas principales de la Mansión Malfoy a la respetable hora de las 4 pm. Las puertas se abrieron solas y Harry pasó por delante de las exóticas aves que le miraban con auténtico desinterés mientras andaba por la entrada principal. Un elfo doméstico le guió hasta una sala enorme que probablemente tenía un nombre formal como recibidor o Sala de Estar o Estudio. Malfoy, acorde con las formas, hizo esperar a Harry hasta que se murió de aburrimiento y empezó a recitar hechizos rotativos sólo para pasar el tiempo.

Malfoy apareció, pareciendo a todas luces el señor de la casa, rápido e impaciente.

-Estoy muy ocupado hoy, Potter -dijo con condescendencia a un ansioso Harry-. ¿Qué va a ser?

Harry no tenía intención de pedir más que un jodido apretón de manos, pero el snobismo de Malfoy, su actitud de superioridad, le hicieron erizarse de inmediato. Ya era bastante malo para Harry rebajarse a ir allí, pero el jodido bastardo tenía que hacérselo más difícil. De repente, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para borrarle la sonrisa de la cara a ese Slytherin.

-Un beso- replicó-, con lengua.

Malfoy palideció, dando a Harry un momento de satisfacción antes de que su inteligencia fuera golpeada por su caballerosidad Gryffindor. Mierda, ¿es que estaba completamente loco? Malfoy se recuperó de inmediato y se encogió de hombros.

-Vale.

No se movió. Tampoco Harry.

-Te aseguro por todos los infiernos que yo no voy a ir a tí, Potter. Así que venga.

Harry avanzó furioso, curvó una mano tras la nuca de Malfoy y presionó rápidamente sus labios contra los del Slytherin. Un respiro después, Harry pensó que su corazón iba a estallar. Se parecía a la vez que besó a Malfoy en su piso, pero ésa vez Malfoy estaba en Shock e inexpresivo. Esta vez, Malfoy al menos estaba receptivo y esperaba plácidamente mientras Harry trataba de devorar sus labios. Una sensación como nunca antes había sentido envolvió todo su cuerpo. Inconscientemente, suavizó el beso y la mano que agarraba a Malfoy por el cuello.

Harry torció la cabeza lentamente y casi gimió cuando Malfoy abrió sus labios para dejarle paso. La lengua de Harry entró y el primer toque con la de Malfoy fue un aumento de placer. No podía haber nada más placentero que eso. Harry lamió, degustó y bebió de Malfoy hasta que la sangre de sus oídos palpitó de tal forma que todo se volvió de un blanco cegador.

Harry abrió los ojos y casi se salió de su piel. Convocó su varita con un grito y se levantó, advirtiendo la presencia de Malfoy al instante. El elfo doméstico, cuya cara había asustado a Harry al inclinarse sobre él, soltó un grito y reculó unos pasos.

Malfoy se sentaba en una silla enfrente de Harry, observándole inmutable.

-Si vas a desmayarte con un sólo beso, tal vez debas empezar por algo menos... peligroso.

Harry se preguntó si habría algún hechizo que hiciese que la tierra se abriera bajo sus pies y le tragara. Se había desmayado. Por un beso. Estaba seguro de que el universo se había confabulado para que él, Harry Potter, pareciese un completo idiota frente al jodido Draco Malfoy.

Se puso de pie.

-Creo que ya me he humillado a mí mismo lo bastante por hoy –dijo, sin mirar al Slytherin-. Gracias por tu tiempo, Malfoy. Asegúrate de mandarme... ya sabes... tu factura.

-Lo haré, Potter –oyó a Malfoy decir. Extrañamente, su voz no tenía ese tono de diversión ni de burla. Harry no podía definir su tono, pero estaba demasiado ansioso por escapar de allí que no tenía tiempo de analizarlo. Anduvo rápidamente a las puertas principales y se desapareció.

Harry se dispuso a trabajar con toda su alma, como hacía antes, pero esta vez tenía una razón mejor para sobrevivir. Veintiocho horas después de haber besado a Malfoy, se apareció en su piso cansado hasta la muerte, destrozado, casi sin poder razonar. Había pasado el día entero persiguiendo a un duro ghoul y no quería nada más que dormir en su cama. Se duchó y cenó un poco en el sofá, intentando fuertemente no pensar en qué hacer con Malfoy. Se sentía bien, excepto por una sensación que le inquietaba y seguramente no le dejaría dormir. Además, lo primero que haría la mañana siguiente sería seguir con la estúpida exorcización del ghoul.

Después de unos cuarenta minutos de autodebate consigo mismo, Harry metió la cabeza en la chimenea. Una espera interminable y una corta conversación después, se introdujo de lleno en la chimenea y salió a parar a lo que parecía una biblioteca. Malfoy estaba sentado en una silla, observándole. El rubio iba vestido con ropas holgadas azul hielo. El color le hacía parecer etéreo y casi frágil, pero no más amable.

-¿Qué va a ser esta noche, Potter?- Malfoy dejó un vaso que estaba cogiendo a un lado. Hizo un ruido de cristal al tocar la mesa. El líquido parecía Whiskey de Fuego. Harry tuvo de repente unas ganas terribles de probarlo en los labios de Malfoy. Forzó a su mente a rechazar ese pensamiento con furia.

-Solo estrechar las manos –dijo secamente-. No tardaré mucho, estoy más que cansado. Espero que me ayude a dormir.

Malfoy suspiró y estiró los brazos como un sonámbulo, sin molestarse en levantarse. Harry se acercó y se dejó caer de rodillas, no sin sentir un poco de vergüenza por la postura. Ya había acabado con su orgullo. Un poco más de humillación no importaba.

Tomó ambas manos con las suyas e intentó no gemir de placer.

-Y... -dijo Malfoy después de un momento-. ¿Cómo te ha ido el día?

-Jodido -admitió Harry. Le describió brevemente la experiencia de rastrear a una criatura mágica por un escarpado y traicionero terreno y esperar a que saltara sobre él saliendo de su escondite para desgarrarle con garras y dientes. Malfoy se rió cuando terminó la historia, que no era lo que Harry había esperado que hiciese.

-Es tan... propio de ti, Potter.

-¿Qué quieres decir?

-Sabes que lo adoras. Cazar al demonio malvado y castigar a los malos. Es tan Gryffindor.

Harry sonrió.

-Gracias.

Malfoy resopló.

-No era un cumplido. ¿Qué harías si no pudieras ser auror? Creo que te deprimirías y morirías.

-No lo haría. Yo... jugaría al quidditch o algo.

-La verdad es que me sorprendí bastante de que eligieses ser auror en vez de jugador de quidditch.

-¿Por qué?

-Mucha más fama, la gran gloria del quidditch.

Harry le soltó las manos, más rápidamente de lo que quería. Se puso de pie.

-Yo nunca quise eso. Nunca -caminó hacia el fuego y le miró por encima del hombro-. Gracias por verme de esa forma.

No esperaba respuesta, pero lanzó un puñado de polvos Flu y se fue a casa.

Tres días después, Harry estaba en casa con moretones y heridas sangrantes. Había encontrado a la terrible criatura, con quien se había enzarzado en una pelea horrible. Cuando se dio cuenta de que hacer que el bicho se rindiera significaba que tendría que matarlo, Harry dijo el hechizo y le puso fin. Los ghoul eran estúpidos. Los ghoul normales ya eran malos de por sí, pero los ghoul de los bosques eran grandes, viciosos y realmente nada, nada inteligentes.

Harry mandó una lechuza a Malfoy desde el Ministerio y gracias a Dios, Hermione le había mandado a casa después de dejar sus recuerdos en el pensadero, prometiéndole que escribiría ella el informe por él.

-Si no tuviera estos estúpidos genes veela, Hermione, me casaría contigo -dijo Harry agradecido.

-Ya estoy casada, Harry. Ahora vete a casa y descansa. Mañana tendré unas palabras con Kingsley por mandarte solo a una misión como esa.

-Dean está de vacaciones -murmuró Harry.

-No me importa, vete a casa.

Harry salió de la ducha y se encontró la monstruosa lechuza de Malfoy esperándole en el alfeizar. Abrió la ventana y tuvo que repeler la inclinación de la lechuza a morderle mientras trataba de quitarle el mensaje. Mandó a su casa a la lechuza y abrió el pergamino.

“No estaré en casa hasta las 11pm, pero después de eso, serás bienvenido.”

Treinta y cinco minutos. Harry se dejó caer en el sillón, seguro de que se dormiría antes de eso. Pero el sueño le evadió sin descanso. Harry odió la picante sensación en todo su cuerpo por la prolongada ausencia de Malfoy.

Cuando el reloj dio las once, Harry viajó por red Flu. Las campanadas aún no habían parado cuando apareció en la sala de estar de Malfoy.

-Puntual – dijo Malfoy en un tono que mostraba claramente lo contrario. Harry deseó no haber ido. Malfoy parecía sentirse igual de irritado que Harry. El rubio se paró cerca de la ventana observando los terrenos.

Harry volvió hacia la chimenea torpemente.

-Por Merlín, Potter, siéntate.- dijo Malfoy secamente. Harry anduvo hasta el sillón y se sentó. Pasó una mano sobre el suave terciopelo, que estaba tapizado en verde con motivos esmeraldas. Miró a Malfoy, que estaba vestido de manera más formal que la última vez que Harry le vio. Llevaba ropas tan oscuras que podían ser negras. Se preguntó dónde habría estado. ¿Una cita, quizá? Una llamarada de puros celos le pasó por dentro, dejándole mareado.

“Oh, mierda, esto es malo.”- pensó.

Malfoy soltó un bufido y se sentó al lado de Harry, dejando entre los dos la distancia de una mano. La mano de Malfoy descansaba sobre su propia pierna y parecía más pálida que de costumbre, violácea. El rubio giró la mano hasta que la palma quedó hacia arriba, como una silenciosa invitación. Harry puso la suya encima de la de Malfoy, agradecido y entrelazó los dedos. Estaba disgustado por ese nivel de gratitud.

Pero el toque de Malfoy era suficiente.

Estuvieron sentados unos minutos, sin decir nada, pero el silencio era confortable. Harry pensó si Malfoy contaba mentalmente los minutos para escribirlos en su cuenta. Suspiró y dejó que su cabeza se apoyara en el sillón, agradecido porque el sillón de Malfoy fuera tan grande y cómodo. Cerró los ojos y dejó que la paz lo invadiera. No estaba seguro de encontrar las fuerzas necesarias para levantarse.

Se levantó en una habitación que no le sonaba de nada, pero la cama era muy cómoda, así que se quedó donde estaba y dejó que sus ojos observasen la habitación.

“Genial” -pensó-. ”Me he quedado dormido. Malfoy probablemente me cobrará miles de galeones y dirá que su casa no es un hotel.”

La habitación era increíble, tenía que admitirlo. Era la habitación más opulenta que Harry había visto nunca. Los muebles parecían muy antiguos, pero estaban muy bien conservados. Se preguntó si se usarían mucho. Se intentó imaginar a los pálidos Malfoy sentados en la mesa, mirando hacia la cama y cerrando las cortinas llenas de brocados.

Esa imagen se transformó en Draco y Harry deseó que el rubio estuviese en la habitación. Se levantó, molesto cuando el pensamiento fue más incitante de lo que debería, especialmente en la parte en que Draco se inclinaba sobre la cama para darle un beso en la boca. Su eminente erección era alarmante.

Harry apartó las sábanas y se sentó, para encontrarse con que estaba vestido sólo con los boxers. Su dureza no se desinfló ante la idea de que Malfoy le había desnudado.

“Contrólate, Harry. Probablemente, Malfoy tiene a un elfo doméstico que haga eso” -pensó.

Ese pensamiento ayudó bastante y se le puso la piel de gallina. Pero la erección se bajó lo bastante como para caber en los pantalones. Parecían recién limpios y estaban sobre una mesa cercana.

Un elfo doméstico se apareció detrás de Harry mientras se abotonaba la camisa, lo que hizo que casi maldijera a la criatura en un acto reflejo de auror.

-El amo Draco le verá en La Sala Roja – dijo el elfo doméstico en tono monótono. Harry sonrió ante las palabras, como si hubiera pedido cita.

-Ahora mismo voy -Harry se puso la varita en el trozo de cuero que rodeaba su brazo.

-Harry Potter seguirá a Wyrm ahora – siguió el ser como si Harry no hubiese hablado. Harry suspiró y se puso los zapatos antes de seguir a la criatura obedientemente. El camino a La Sala Roja parecía eterno. La Mansión Malfoy parecía un jodido palacio. Se preguntó dónde estarían las habitaciones de los Malfoy y decidió que mejor no saberlo. Si se lo repetía las bastantes veces, quizá se lo creyera.

La Sala Roja era, definitivamente, roja. Aunque el color se parecía más a una puesta de sol de la Toscana que a la Sala Común de Gryffindor. Wyrm esperó hasta que Harry tomó una silla y se sentó en ella. El elfo doméstico desapareció justo cuando Malfoy entró.

-Buenos días, Potter – dijo amablemente, como si lo de que se hubiese dormido el día anterior pasara todos los días.

-Buenos días -dijo Harry después de un momento de sorpresa.

-¿Has dormido bien? -el rubio puso su habitual sonrisa sarcástica. Se sentó enfrente de Harry.

Una manada de elfos domésticos apareció y depositó un montón obsceno de comida en la mesa. Cuando se fueron, Harry abrió la boca para hablar.

-Simplemente come, Potter. Entonces podrás aparecerte en el Ministerio y fingir que esta noche no ha pasado nada.

Harry le miró sorprendido.

-¡Es que no ha pasado nada!

La sonrisa de Malfoy podría haber rivalizado con la de Mefistófeles.

-¿Estás seguro?- el tono sensual de Malfoy hizo que la polla de Harry volviera a reclamar atención. Era diez veces injusto que Malfoy tuviese ese efecto sobre él usando solo su voz. Harry se bebió medio vaso de zumo, que podría haber sido lubricante porque no paladeó absolutamente nada. Puso sumo cuidado cuando lo dejó sobre la mesa.

Decidió comer en vez de hablar. Parecía que Malfoy estaba de un humor extraño, juzgando la forma en que miraba a Harry, quien intentaba no darse cuenta de que el rubio comía como una seductora concubina. Prácticamente le hacía el amor a la comida, poniendo cada bocado cuidadosamente en la boca, mordiendo con precisión con sus perfectos dientes bancos, lamiéndose los labios de una forma que debería ser ilegal...

Harry presionó el dorso de su mano contra su dureza, intentando mantener a raya la erección. Fijó los ojos en el plato, en vez de en el rubio explosivo que tenía enfrente.

Harry consiguió desayunar sin mirar a Malfoy y controlando su lujuria imaginándose a Dolores Umbridge desnuda sobre él. Al final consiguió ponerse de pie sin sentirse avergonzado.

-Te llevaré a la biblioteca- ofreció el rubio. Harry sonrió.

-Probablemente una buena idea, ya que podría perderme y me encontrarías semanas después en algún rincón oscuro de tu casa, muerto por deshidratación.

-Los elfos domésticos nunca permitirían que eso ocurriera.-comentó Malfoy mientras se ponía delante. Llegaron a la biblioteca, que estaba cerca de La Sala Roja. Se pararon delante de la chimenea. Harry cogió un puñado de polvos Flu. Miró a Malfoy sin saber qué decir.

-Bueno... eh... gracias por... todo.- dijo.

Malfoy se acercó y levantó la barbilla de Harry antes de darle un beso tierno en los labios. El pequeño dolor de cabeza que Harry ni siquiera sabía que tenía, desapareció. Malfoy retrocedió con una sonrisa.

-Ese era gratis, Potter.

Harry cruzó a ciegas y apareció en su casa, confuso y feliz. Pasó el día tratando de averiguar por qué Malfoy se había comportado de forma tan inexplicablemente amable con él.

No fue hasta horas después que Harry pensó que el regalito de Malfoy era para volverle loco. Esto fue confirmado cuando recibió una lechuza de Malfoy diciendo que estaría fuera, por negocios, durante los tres próximos días. El muy bastardo podía haberlo mencionado en el desayuno. Rompió la nota y se fue a pedirle a Kingsley alguna misión peligrosa. Necesitaba hacer daño a algo.

Tres días parecían una eternidad. Harry había pensado que la necesidad de tocar a Malfoy disminuiría si seguía el contacto a un ritmo frecuente, pero al parecer era justamente lo contrario. Se sentó a la mesa y se echó la comida en el plato, convencido de que imitar el acto de comer equivaldría a hacerlo. No tenía hambre y la piel le dolía como si alguien le hubiese restregado un cepillo por ella. Sus ropas escocían. Se había quitado todo lo que podía y estaba sentado en la silla con los boxer puestos mientras maldecía la rasposa tapicería.

Se debatía sobre si mandarle una lechuza a Malfoy, porque el Slytherin había dicho tres días, no tres días y tres noches, pero ya se sentía lo bastante necesitado como para hacer más el ridículo.

Sonó un Pop en la habitación continua y se preguntó si sus defensas eran lo bastante fuertes como para repeler a sus enemigos, pero decidió que no le apetecía ir a inspeccionarlo. Si alguien le quería, podía ir a buscarle.

Malfoy atravesó la puerta y a Harry le faltó tiempo para ahogar un grito antes de saltar de la silla y abrazarse al rubio. Sujetó a Malfoy con fuerza hasta que el sentimiento de picor abandonó su piel y la fuerza volvió. Se dio cuenta de que estaba temblando y respiró pesadamente.

-Todo esto es absurdo -dijo en el pelo de Malfoy.

Malfoy le dio unas palmaditas en la espalda. No le había devuelto el abrazo a Harry, así que el moreno lo dejó ir a regañadientes.

-Vamos, tomemos algo -dijo Malfoy-. Me apetece beber.

Harry quería preguntarle dónde había estado, y casi no podía contenerse, pero sabía que las palabras sonarían rudas y celosas. Siguió a Malfoy al salón. El rubio fue al minibar y dejó su abrigo por el camino. Harry se sintió de repente muy desnudo, especialmente considerando el efecto que producía Malfoy en partes de su anatomía. El mero pensamiento hacía que algo se agitara.

“¡No, por favor, ahora no!”

Malfoy cogió unas botellas y las llevó mientras Harry se metía en la habitación.

-Estás bien, Potter. No necesitas vestirte formalmente en mi presencia. No estaré mucho tiempo.

Harry se sentó de mala gana en el sillón, al lado de un cojín con el que se podía tapar, si era necesario.

-¿Dónde has estado? - barboteó. Casi al mismo tiempo, quiso darse de cabezazos contra la pared como si fuera un elfo doméstico.

Malfoy cruzó la habitación y se sentó en el sofá cerca de Harry. Le alcanzó a Harry un vaso lleno de líquido claro que podía haber sido cualquiera de los innumerables alcoholes posibles. Harry lo olió. Vodka. Miró a Malfoy dubitativo y los ojos del Slytherin lo miraron mientras bebía de su propio vaso. Un reto. Mierda. Harry se envaró y bebió de un trago, controlando un escalofrío por sabor. No le gustaba beber.

-Estaba en Francia -dijo Malfoy.

Harry esperó, pero Malfoy no continuaba. Bebieron en silencio. Harry terminó su vaso y se llenó otro, pensando que el sabor no era tan malo después del calorcillo que le entraba en el cuerpo.

-Francia, ¿eh? -comentó mientras se sentaba de nuevo-. ¿Qué hay en Francia?

-Mi prometida –dijo Malfoy, haciendo que a Harry se le escapara el vaso y se derramara su contenido por la alfombra. Harry miró el desastre, pero el desmayo que sentía era mucho peor que el desastre.

Malfoy chasqueó los dientes y limpió el charco con un hechizo antes de llenarle otro vaso a Harry, quien se quedó mirando al suelo sin verlo. Prometida. La palabra le martilleaba los pensamientos y de repente se encontró con que le era difícil respirar. Prometida. Prometida. Prometida.

-Aquí, Potter. Maldita sea, estás pálido como la muerte. ¿Te encuentras bien?

Harry cogió el vaso y se bebió la mitad de su contenido, pensando que el calor calmaría su sangre. Una prometida. Mierda. ¿Por qué le resultaba tan sorprendente? ¿Había esperado que Malfoy arriesgara su reputación simplemente porque Harry le necesitaba? ¿Qué demonios le debía Malfoy a él? Harry miró al rubio, quien le observaba con cuidado.

Forzó una sonrisa, sabiendo que probablemente parecía más un rictus de muerte.

-Lo siento –se disculpó-. No sabía que estabas... comprometido.

Los ojos grises de Malfoy se encendieron.

-Comprensible. Cada uno de mis movimientos no aparece en la portada del Profeta-. No Como Tú, era como terminaría la frase. Harry estaba demasiado embobado para sentirse enojado. Sentía frío aún a pesar del calor del vodka. Quería hacerle toda clase de preguntas, pero no podía hacerlas salir de su garganta cerrada. Trató de hacerlas desaparecer con más vodka.

La voz de Malfoy fue sorprendentemente dulce cuando habló.

-Mira Potter, no tienes que preocuparte. Estoy seguro de que a ella no le importarán nuestros estúpidos apretones de manos y los ocasionales apretujones. Más bien creo que lo más difícil será tu caballerosidad Gryffindor.

Una pálida mano estaba sobre el antebrazo de Harry, enviándole un tsunami de necesidad a la sangre, impregnada de alcohol. Algo feroz pareció desatarse dentro de él y dejó caer el vaso por segunda vez. Un sonido, parecido a un rugido salió de su garganta mientras se giraba y tomaba los labios de Malfoy en un beso salvaje. Presionó al Slytherin contra el sofá, saboreando la sangre, bebiendo el sabor del cobre con el exquisito sabor de Malfoy. Sabía que el beso era doloroso y dejaría marca, pero no le importaba.

Lujuria pura se había apoderado de las funciones motoras de Harry. Sus manos se movían sobre Malfoy, trazando todas las curvas, todos los huecos, todos los valles. No era suficiente. Se peleó con los botones de su camisa y entró en éxtasis cuando sus dedos tocaron la carne del suave pecho.

Malfoy lanzó un sonido parecido a un gemido, que casi retornó a Harry a sus cabales. El sabor de la boca del rubio volvió a perderle, pero solo se preguntó por qué el rubio no se resistía. El hecho era que Harry no estaba siendo nada duro y sus manos se movían con languidez, apartando la camisa, para acariciar la polla de Malfoy por encima de sus pantalones. Fue un placer darse cuenta de que el rubio estaba tan duro como él y soltó un grito ahogado cuando el Slytherin aspiró fuertemente.

Harry abrió los pantalones de Malfoy con mucho cuidado, mientras le besaba suavemente. La mano de Harry se coló dentro, sus dedos tocaron la carne caliente. Harry tuvo que soltar los labios del rubio porque no podía respirar. La sensación era demasiado, se sentía muy bien. Volvió de nuevo y continuó deslizando su mano sobre el rubio. Nunca había querido nada más. La cabeza de Malfoy estaba inclinada, sus ojos semicerrados. Sus labios estaban entreabiertos, revelando unos dientes como perlas. El pelo platino de Malfoy decoraba sus rasgos perfectos, haciendo que Harry quisiera tocarle más y más.

La camisa abierta revelaba piel suave y más músculos que los que Harry habría pensado. Su mirada bajó para ver la magnífica polla entre sus dedos mientras la apretaba y acariciaba. Las caderas de Malfoy subieron y presionaron contra la palma de Harry.

-Eres tan imposiblemente hermoso -murmuró Harry y le besó de nuevo.

Las manos de Malfoy estaban quietas sobre el sofá, sin tocar a Harry. Pero estaba bien. Todo estaba bien, mientras no empujara fuera a Harry o le pidiese que parara. Por los gemidos que soltaba, parar a Harry debía ser lo último que le pasaba por la mente. Harry cambió sus movimientos al ritmo de los gemidos de Malfoy, pensando que nunca se había sentido mejor.

La boca de Harry se movió a lo largo de la mandíbula del rubio y bajó hasta el suave cuello. Bajó rozando hasta las piernas semiabiertas de Malfoy, besando un muslo y luego otro, haciendo que la rigidez se extendiera por ellos.

-Casi – jadeó Malfoy.

-Aún no –dijo Harry en tono ronco y se movió hasta tomar la cabeza de la polla de Draco en la boca. Malfoy gritó y se corrió, llenando la boca de Harry de líquido caliente. Sentir a Malfoy correrse entre sus manos, además de su sabor, sus sonidos y su esencia, llenó a Harry en un crescendo de emoción. “Mío” pensó fervientemente mientras sentía su propio orgasmo. Era algo como nunca antes había experimentado y lamió y succionó todo rastro de Malfoy que pudo mientras su propio fluido llenaba los boxers. Bajó y apretó su polla por primera vez para sacar hasta la última sacudida de su estimulado cuerpo.

Al final lamió a Malfoy una última vez y recostó su mejilla contra el suave abdomen. Malfoy le tocó finalmente, una mano pálida le acarició la cabeza y se quedó ahí, sin moverse.

Harry esperó a que la vergüenza y la angustia mental le asaltaran, pero después de unos minutos, no sintió nada excepto que estaba contento. Se quedó sobre la piel caliente de Malfoy y escuchó el ritmo de la respiración del rubio. No quería moverse ni pensar. Tan solo quería que aquel momento durase eternamente.

 

 

 


La resaca de Harry fue espectacular. El simple acto de abrir los ojos hacía que le escociesen las retinas. Los cerró fuertemente y dio tumbos hasta la mesa hasta que sus dedos encontraron la varita. Gracias a Merlin.

Trató de convocar una poción para la resaca que tenía para emergencias, en las raras ocasiones que Seamus o Dean le visitaban y pasaban toda la noche bebiendo lo último que habían inventado. Tuvo que decir el hechizo dos veces y su voz sonó como la de Alastor Moody resfriado.

La poción se sentía bien y fría en su mano y se la bebió sin pensar. Los efectos fueron inmediatos y violentos, desde los escalofríos hasta las ganas de mear. Se fue al baño para purgar los efectos de la resaca y de la poción de la resaca.

Harry se sintió casi humano cuando volvió a su habitación. Era su día libre, gracias a Dios, porque la hora en que solía despertarse hacía rato que había pasado. Caminó hasta el salón y se paró de pronto ante la vista del sofá. La tapicería oscura parecía esperarle con expectación, forzándole a rememorar la noche anterior.

Avanzó y se sentó pesadamente en el sofá mientras su mente se escapaba al momento anterior. Su garganta se cerró y pasó una mano para tocar el lugar donde había estado Malfoy.

Su mano se congeló cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo. No sentía humillación por atacar al Slytherin, todo lo que sentía era una sensación de admiración. Ya no le importaba que sus instintos veela le hicieran buscar a Malfoy, porque la emoción se había alterado.

Harry echaba de menos a Malfoy. Quería encontrarle y tocarle la mano. Quería ver el brillo de su pelo a la luz del sol. Quería escuchar su molesta voz y probar la suavidad de su cuello pálido.

Harry no sintió otra cosa que un sentimiento de finalidad cuando se dio cuenta de que estaba enamorado de Draco Malfoy.

Malfoy, que tenía una prometida.

Harry forzó a irse al pánico inducido por el pensamiento e imaginó qué haría Hermione. Cerró los ojos y visualizó su cara. Prácticamente escuchó su voz diciendo: “Bueno, lucha por lo que quieres, Harry. Ya has hecho cosas imposibles antes.”

Harry abrió los ojos. La prometida de Malfoy estaba en Francia y Harry estaba allí. Tal vez era estúpido intentarlo, pero quería a Malfoy y al menos tenía que hacer un intento por ganárselo.

No fue hasta que estuvo vestido y comido que vio el pergamino en la mesa de escribir de la esquina. Lo cogió sin sorprenderse al ver la preciosa caligrafía de Malfoy.


“Potter

Mi decisión de aparecer en tu casa anoche fue fortuita”.


Harry sonrió, imaginándose la sonrisa del rubio mientras leía la nota.


“Lo hice por un sentimiento de compasión y deber y fui recompensado ampliamente por mis esfuerzos. Casi me hace sentir un Gryffindor”.


Harry chasqueó la lengua ante esto y lanzó un bufido. Su alegría se esfumó y la sangre abandonó su cara cuando leyó las últimas líneas.


“Adjunto la factura de mis servicios a continuación: besos, con lengua 7 cada uno a 100G = 700 galeones; Mano entera 20, cada una a 10 G = 200 galeones; Masturbación (descontado) 1 100G = 100 galeones. Sexo oral – 200 Galeones. Deuda total: 1.200 galeones”.

 

Harry apartó la silla tan rápido que las patas rajaron el suelo de madera. Sus rodillas temblaron y se derrumbó en la silla. Veía puntos negros ante sí. El optimismo y determinación de antes le parecía ahora el pensamiento de un estúpido amante rechazado.

Durante todo el tiempo, Malfoy había estado calculando el recibo. Cada beso, cada toque, no había sido más que otro galeón más en las arcas de Malfoy. Harry forzó a la bilis de su garganta a bajar y tembló cuando su intento de respirar se transformó en un sollozo.

Se puso la cabeza entre las piernas para escapar del vértigo y trató de respirar una y otra vez a ritmo constante. Cerró los ojos. Parecía que el suelo estaba muy lejos. Trató de dar rienda suelta al pánico y al dolor.

Parecía que iba a ser eterno. Se sentía como el mayor de los idiotas, con su habilidad para abrazar el hecho de que estaba enamorado de Malfoy en un abrir y cerrar de ojos aún sabiendo que Malfoy no le quería a él. Se sentía como si lo hubiesen golpeado con un maldito Crucio. Realmente, ¿qué podía ser más lógico? Obviamente, Malfoy no le amaba. A Malfoy nunca en su puta vida le había gustado.

Se levantó de repente, agradecido de que la furia ciega arrasara el dolor de antes.

¡Esos jodidos genes veela! Harry había tenido bastante. Pasaba de ser una puta marioneta el resto de su vida. Se quitaría la maldición de encima él mismo, sin importar lo que costase. Si le mataba, bien. Era mejor estar muerto que afrontar la sonrisa cruel de Malfoy en su cara si Harry se atrevía a verle de nuevo. Arrugó la factura en la mano y la dejó en la mesa antes de coger un pergamino. Escribió tres mensajes. Uno a Gringotts autorizando el pago a Malfoy, uno a Kingsley, diciendo que se tomaba una ausencia indefinida, y otro a Hermione. A ella intentó explicarle lo que pasaba sin explicarle nada exactamente.

Cuando Hedwing volvió tras entregar los dos primeros mensajes, Harry mandó el último a Hermione y abandonó el piso después de sellarlo.

 

 

 

 

Egipto apestaba. Harry nunca había imaginado tanto calor. Le quitaba la energía de encima, aparte de que la ausencia de Malfoy le quitaba la vida también.

Harry estaba demasiado cansado para preocuparse por su misión. Su búsqueda le había llevado a Egipto como el origen de las veelas. Dibujos de su gente adornaban las paredes de cada tumba. Por suerte, su entrenamiento de auror le había permitido hacer Hechizos Traductores, así que los jeroglíficos eran fáciles de descifrar, aunque frustrantes. Harry sabía todo lo que necesitaba saber acerca de los veelas, excepto cómo romper el lazo con ellos.

Al parecer muchas culturas mágicas pensaban que un lazo con un veela era un honor fabuloso, así que, ¿para qué romper el lazo?

“Porque nadie en toda la historia ha tenido que enlazarse con Draco Malfoy”- pensó Harry.

Harry dejó que sus cansados ojos pasearan por los jeroglíficos frente a él. Se sentó en el suelo arenoso delante de un ritual veela detallado que no tenía ninguna relevancia para él. Intentó no pensar en Malfoy, pero el recuerdo de su única noche juntos le atacaba cada vez que cerraba los ojos. A veces sentía la veela de su interior como otra entidad, chillando con rabia mientras intentaba obligarle a volar con su dementor rubio.

Harry sabía que no era otra entidad, sino algunas hormonas incontrolables y su propia estupidez por dejarse enamorar por el Príncipe de la Absorción.

La mano de Harry se deslizó por la arena. Tal vez debería volver a su habitación de hotel, pero estaba tan cansado que no tenía la energía necesaria para desaparecer. Habían pasado dos semanas desde que viera a Malfoy por última vez. Su vigor había caído en picado. Todo lo que Harry quería era desplomarse en el suelo y dejar que su vida se fuera, al lado de la esfinge. Tal vez en unos miles de años algún mago arqueólogo encontrase su cuerpo reseco al lado de su varita.

-Venga Harry, ¿qué clase de actitud es esa? -se preguntaba a si mismo-. Mataste a Voldemort, salvaste el mundo. Eres un auror. Tú no te das por vencido, no importa lo que pase.

El diálogo interior no tenía fuerza. Podía ser perfectamente el viento sobre las dunas. No se podía enfrentar al esfuerzo de preocuparse. Dejó que su cabeza cayera sobre el pecho, deseando simplemente dormir. El Obliviate habría sido bueno, en vez de esa tortura, ese estado de somnolencia que estaba padeciendo, clamando por un deseo que nunca tendría.

Así que debía estar soñando porque los brazos de Draco se enroscaron alrededor suyo y su barbilla tocó la suya mientras le susurraba gentilmente en el oído.

-Eres la persona más estúpida sobre la tierra.

Era absurdamente reconfortante pensar que, incluso en sueños, Malfoy era un capullo.

El sueño no terminó. Harry sintió que Malfoy le alzaba. Se apretujó contra su delicioso calor, pensando que estaba muerto y que no se estaba tan mal entonces. Sintió la mano de Draco en el pecho y la cogió, entrelazando los dedos.

La boca de Draco presionó su cuello, acariciándolo.

-Descansa ahora – murmuró- estarás bien.

-No quiero estar bien- respondió Harry- Solamente quiero estar aquí.

-Idiota -dijo Malfoy. Harry sonrió y se deslizó en otro sueño diferente.

Esta vez el sueño fue más caliente. Sintió una mano sobre su pecho, bajando por el abdomen hasta la goma elástica de sus boxers. Una lengua comenzó a lamer, lentamente, en círculos calientes alrededor de sus nalgas, encendiendo fuegos a su paso hasta que llegó a la altura de la mano que sostenía la goma de los boxer de Harry para tocar su polla, que se endureció en un segundo.

Malfoy, (tenía que ser Malfoy por qué ¿con quién más había estado soñando estos días?) la apretó con gentileza, obteniendo un gemido de la garganta de Harry. Imaginó la risita de Malfoy en su pecho, mandando una vibración por su piel. Sonrió y gimió cuando las caricias se hicieron más fuertes, transformándose en un torrente de placer.

La boca de Malfoy de repente se posó sobre los boxer de Harry y el moreno saltó ante esta nueva sensación. Dios, no había nada mejor que eso... excepto lo que vino después.

Harry gritó dentro de la maravillosa boca de Malfoy, noqueado por la fuerza de su orgasmo. La garra de Malfoy no se soltó y le sujetó con fuerza hasta que los espasmos de Harry cesaron. El rubio lamió suavemente los labios de Harry una última vez antes de irse. Harry pensó que había sido el sueño más eróticamente realista que había tenido.

-Pensé que eso te despertaría.-dijo Malfoy con una sonrisa cuando Harry abrió los ojos. El moreno sonrió, absorto por lo hermosos que eran los ojos grises del rubio.

-Eres genial en mis sueños- comentó Harry y se paró, porque su voz nunca sonaba tan ronca en sueños... ¿Por qué debería?

-No es un sueño, Potter -Malfoy le apretó la polla con énfasis y luego le soltó.

La mente de Harry se rebeló y miró rápidamente a su alrededor. No reconoció la habitación, pero el decorado le era familiar.

-Aún estoy en Egipto -murmuró dubitativo.

-Aún estamos en Egipto, aunque no en ese desmadejado hotel de Giza. Nos he hecho aparecer en este hotel de Alejandría. Me niego a estar en un hotel que no tenga buenos elfos domésticos.

Harry cerró los ojos para prevenirse asimismo de hacer algo estúpido como pegar a Malfoy, o trazar las maravillosas líneas de su mandíbula, o tal vez obligarle a darle otro de esos besos.

-¿Por qué estás aquí? -susurró con rabia. Vio que Malfoy recitaba un hechizo para limpiar el desastre del abdomen de Harry y después le subía las sábanas al pecho. Malfoy dejó la cama y Harry oyó el cristal contra cristal de los vasos, después el sonido del agua.

-Bebe esto -dijo Malfoy -estás muy deshidratado. Aunque no es sorprendente viniendo de tí el adentrarte en una tumba en medio del desierto sin llevar una buena reserva de agua.

Harry le miró, pero se llevó el vaso a los labios y bebió. Estaba seco. Malfoy lo llenó de nuevo. Harry lo vació otra vez.

-¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?

-Dos días -dijo el rubio mientras depositaba los vasos sobre la mesa-. Debes de estar agotado. ¿Puedes andar?

Harry se movió y sacó las piernas de la cama. Se puso de pie y tembló cuando la blancura llenó su visión. Malfoy le sostuvo antes de que se cayera.

-Imbécil -dijo el rubio quedamente. Harry quería quitárselo de encima, pero su contacto estaba tan bien... apoyó la cabeza contra el rubio y bebió en el calor de los brazos que le rodeaban.

-Vamos -Malfoy le llevó de nuevo a la cama-. Vístete y bajaremos a comer algo.

Harry se sentó y se puso las ropas que Malfoy le daba. Se puso de pie más lentamente que antes y se sintió bien cuando el vértigo decidió no atacarle.

Dejaron la habitación y Harry notó que estaban en un hotel de lujo bastante caro. Un hotel con una suite de una cama de matrimonio en una habitación individual. ¿Habría dormido Malfoy con él durante los dos días anteriores? La idea se le coló en la cabeza con gusto, seguida de un gran pánico.

-¿Cuánto me va a costar esto? -dijo rápidamente.

-No te atrevas a humillar mi rescate poniéndole un precio, Potter -dijo Malfoy malhumorado.

-En serio –cortó Harry, molesto porque había sido Malfoy quien había puesto precio a TODO- ¿Cuánto?

-No voy a cobrarte. Hago esto desde el fondo de mi corazón.

-Tú no tienes corazón.

Malfoy bufó.

-Lo que tú digas. Vamos –el Slytherin los apareció en un mercado lleno. Harry pensó por un momento que era un mercado muggle porque el sonido era el mismo. Entonces echó un vistazo y vio sombreros puntiagudos y ropas europeas y se dio cuenta de que Malfoy nunca se cruzaría con muggles si hubiese alternativa.

Malfoy compró un montón de comida que Harry no reconoció y entonces se volvieron a aparecer en alguna playa remota. Bancos de algas se contrastaban contra el azul del mar Mediterráneo. Se sentaron en un banco mientras veían cómo el sol hacía sombras de colores en el cielo mientras se ponía. Comieron en silencio, hombros y rodillas se tocaban eventualmente.

Harry desvaneció los restos de papel de su comida y se puso de pie enseguida. Quería saber por qué le había seguido Malfoy, pero estaba seguro de que el Slytherin no se lo diría. Dio unos pasos y se apoyó contra la pared. El agua golpeaba contra los postes de madera. Harry espió a Malfoy por el rabillo del ojo, admirando cómo el pelo se le volvía dorado con el sol. Maldijo internamente. Parte de él quería rendirse a la realidad e ir y tocar a Malfoy. Estaba allí, ¿qué más podía pedir?

Harry se dio cuenta de que Malfoy se había movido para ir a su lado. Los ojos del moreno se dedicaron a pasear por la fisonomía aristocrática del Slytherin mientras el rubio observaba la puesta de sol. Se volvió y le apretó la mano durante un largo minuto, sin decir nada. Después la soltó, pero Harry volvió a cogerla. El rubio los apareció de nuevo en el hotel.

-Creo que voy a leer un poco- dijo el rubio, aunque Harry pensaba que iba a ir con él a la cama. Asintió con la cabeza, tratando de no sorprenderse por nada que el rubio hiciese.

Si Malfoy durmió en la cama o no, Harry nunca lo supo El rubio no estaba por la mañana. Podía haber sido un sueño si no fuera por el lujoso hotel. Harry se duchó y se afeitó. Cuando salió del baño, Malfoy estaba esperando. Le dio un papel de propaganda.

-Vamos Potter. Si estás decidido a continuar con esta odisea tuya, por lo menos busca en los lugares adecuados. Esto es Alejandría, ¿sabes? La cuna de los libros.

-La biblioteca se quemó.

-La biblioteca muggle se quemó. ¿Es que no sabes nada? -Malfoy sonrió respondiendo a su propia pregunta-. La biblioteca mágica está debajo, a salvo durante todas estas centurias.

Harry suspiró pesadamente y Malfoy sonrió. Le pasó una mano por la nuca y se acercó a él. Harry se dejó hacer y se unió al Slytherin. Sus labios acariciaron el cuello del rubio cuando se desaparecieron. El Slytherin se separó de él con brusquedad. Harry miró alrededor. Estaban en una enorme y oscura cámara subterránea. No había nada excepto una mesa pequeña con una lámpara de aceite. Malfoy ya estaba tras la mesa charlando con una mujer que debía de ser vieja cuando el edificio se estaba construyendo. Aunque por supuesto no era lo bastante vieja como para resistir el encanto Malfoy.

-Vamos, Potter -dijo imperiosamente-. La preciosa Gertrudis nos ha dado excelentes direcciones para ir a la sección veela -el rubio lanzó un beso a la geriátrica mujer y Harry sintió un flash de celos irracionales. Honestamente, ¿estaba envidioso de un posible fósil? ¿Qué narices pasaba con él?

Siguió a Malfoy por la oscuridad, guiado solo por la luz de la varita del Slytherin. Pareció que andaban durante años, hasta que llegaron a una mesa con bastantes lámparas y Malfoy apagó su varita. La luz reveló miles de estanterías.

-Toma asiento, Potter –dijo con el tono que usa alguien con su perro favorito-. Y por favor, come. No quiero que te me desmayes otra vez.

Malfoy desapareció y Harry se sentó con petulancia, pero se comió las pastas que había sobre la mesa antes de que Malfoy volviese levitando un montón de libros.

Se sentaron juntos y leyeron sobre los veela hasta que Harry quiso gritar de lo aburrido que era. La única cosa que lo mantenía aún allí era la pálida mano que le acariciaba la nuca cada pocos minutos, disolviendo el dolor de cabeza que le daba cada media hora de estar sin contacto alguno con Malfoy.

Harry dejó de ver las palabras después de un rato, y simplemente seguía allí por el contacto casual de afecto, odiándose asimismo por ello.

-Ni siquiera estás leyendo, ¿verdad, Potter? -preguntó Malfoy al final. Harry se puso colorado y paró de pasar páginas. Estaba a punto de protestar que Malfoy distraía mucho, pero las palabras murieron en su boca porque no quería que Malfoy se fuera de ninguna manera.

-Tonto del culo -dijo Malfoy, no sin cariño y volvió a coger la nuca de Harry, esta vez para acercarle a él y darle un suave beso. Harry decidió que Malfoy podía insultarle todo lo que quisiera si después iba seguido de un beso. El Slytherin se separó antes de que Harry llegara al punto de tirarlo al suelo. Harry se quedó en su dura silla, boqueando.

Malfoy se levantó y fue hasta las estanterías de nuevo y volvió con más libros. Harry se sentó de nuevo, con más determinación. Al cabo de otra hora leyendo, se levantó con frustración.

-¡Todo es igual! -chilló-. ¡Todos los putos libros y pergaminos! ¡Es un honor estar enlazado con un veela! ¡Estamos orgullosos de tener sangre veela! ¡Los rituales veela son sagrados! ¡No puedo creer que nadie en toda la historia quisiera luchar contra esto!

Malfoy suspiró.

-Los Gryffindors nunca podéis soportar la oscuridad por mucho tiempo. Salgamos de nuevo a ver tu jodido sol antes de que empieces a tirar objetos valiosos.

Harry estuvo a punto de responderle, pero el contacto del rubio en su mano mandó a paseo todo pensamiento racional. Cuando se recuperó ya estaban fuera. Sorprendido, sintió que se sentía mejor al sentir el sol sobre su cabeza. El aire del mar le sentaba bien y decidió que en su corazón siempre habría un hueco para Alejandría, y no tenía nada que ver con el hombre rubio que le miraba desde poca distancia. Mentiroso, se dijo a sí mismo. Debía de haberse quedando mirándole como un idiota, porque Malfoy se sonrojó y dirigió su vista hacia el Mediterráneo.

-Vamos a comprar -dijo de repente.

Harry le miró desconcertado. El rubio puso los ojos en blanco.

-Vamos idiota, sé que estás hambriento.

Malfoy los llevó de nuevo al mercado, donde compraron pan, carne y café negro. Después de comer fueron al mercado de la bisutería donde Malfoy se compró ropas, espejos, cajas de madera con perlas y delicadas joyas de oro, lapislázuli y malaquita. El corazón de Harry se contraía con cada nueva compra y solo se relajaba cuando veía que iban envueltas en paquetes a nombre de Narcisa Malfoy. No había nada para la misteriosa prometida de Francia.

Malfoy le sorprendió comprándole una cadena de oro que Harry había estado mirando. Un pequeño Ankh colgaba de la cadena. El rubio ignoró las protestas de Harry y se lo colgó deprisa alrededor del cuello.

-Cállate, Potter. Es una estúpida baratija, no significa nada.

El tono desdeñoso de Malfoy causó que Harry apretara los puños con enfado, pero el Slytherin estaba equivocado. Puede que no significara nada para Malfoy, pero realmente significaba mucho para Harry. Sus dedos tocaron la pequeña pieza de metal un millar de veces durante su paseo por el mercado. Al final, Malfoy debió de cansarse de las multitudes y la cantidad de albahaca y bassboussa que consumían.

-Deberíamos ir a Karnak -decidió Malfoy-. Te gusta entrar en las tumbas, ¿verdad? Ya volveremos a la biblioteca mañana.

Harry sonrió, incapaz de admitir que Malfoy podía haber sugerido aparecerse en el séptimo círculo del infierno y él habría asentido como un imbécil y cogido sus manos. Karnak pues.

Karnak era impresionante. Harry había encontrado las pirámides y la esfinge muy inspiradoras. Básicamente eran pilas de piedra y la Esfinge había perdido la mitad de su cara, haciendo que Harry quisiera hacer un hechizo de arreglo. Pero la estatua de Ramsés II en Karnak era impresionante. Se sintió como un turista mientras pasaban entre los pilares, estatuas y cavernas.

-Los muggles casi han acabado de saquear este sitio -dijo Malfoy riendo ante su expresión-. Hay más objetos de aquí en Londres que en Egipto.

-Entonces, ¿por qué estamos aquí?-preguntó Harry.

-Porque hay muchos lugares que los muggles no conocen.

Malfoy cogió su mano y se desaparecieron de nuevo, esta vez apareciendo bajo tierra. Un viejo mago los miró desde una sucia mesa. Estaba limpiando algo antiguo con su varita y miraba con absoluta precisión.

-Cerramos dentro de poco –dijo, abstraído. Harry esperó, pensando que el encanto Malfoy no funcionaría esta vez con un arqueólogo masculino.

-Estoy preparando un buen donativo, por supuesto -dijo Malfoy y el mago dejó lo que estaba haciendo para sentarse apropiadamente. Harry puso los ojos en blanco. Cuando el encanto fallaba, usa el dinero. De todas formas consiguió meterlos dentro del templo. Harry estaba maravillado mientras pasaban paredes y paredes de jeroglíficos.

El dependiente había cogido sus varitas y ningún dinero de la cuenta Malfoy ni hechizo iba a persuadirle de lo contrario. El lugar estaba preparado contra los ladrones. Tendrían que pasar multitud de defensas mágicas hasta que sus varitas les fueran devueltas.

-¿Cómo vamos a leer nada sin un hechizo de traducción? -dijo Harry.

-Yo puedo leerlo -dijo Malfoy. Y Harry casi se tira del pelo. Por supuesto que Malfoy podía leer los jeroglíficos. Probablemente hablara seis lenguas y podría traducir y escribir doce. Harry intentó no preguntar.

Un túnel estaba bloqueado con una señal de no pasar: Peligro en multitud de lenguas. Naturalmente una orden como esa era una afrenta para los sentimientos de Malfoy. El rubio se paró frente a ella, curioso.

-¿Peligro por qué? -murmuró.

-¿Qué más da?

-¿Dónde está tu sentido de la aventura, Potter?

-Tengo suficiente aventura con estar enlazado a tí –replicó.

-Aún no estamos enlazados -murmuró Malfoy, tan bajo que Harry casi no lo oyó. El Slytherin se acercó a la señal, sin percatarse del impacto que las palabras tuvieron en Harry. Era cierto: el lazo veela no estaba completo, y nunca lo estaría sin intimidad de verdad. Harry no había pensado en eso excepto en sus fantasías más íntimas. Malfoy había dejado perfectamente claro que una cosa así no sucedería nunca.

Pero Malfoy había dicho “Aún” y eso era interesante.

Un tablón salió de su sitio con un sonido de madera, devolviendo a Harry a la realidad. Salió de sus pensamientos y les echó un vistazo una última vez antes de echarles tierra por encima. Malfoy era sorprendentemente caritativo, pero no TAN caritativo.


Otro tablón saltó de su sitio dejando un espacio suficiente para que el Slytherin pudiese deslizarse dentro.

-Malfoy, ¿qué estás haciendo? -siseó Harry-. ¡Vuelve aquí!

-No seas marica, Potter. Sólo quiero ver qué es tan peligroso. ¿Crees que es una maldición? No puede ser una criatura o no habrían usado tablones tan finos. Creo que sólo tratan de mantener alejada a la gente por un nuevo descubrimiento...

Malfoy y la luz se estaban alejando, forzando a Harry a ir tras él, por el agujero.

-Joder, Malfoy, ¿alguna vez se te ha ocurrido que Peligro es sinónimo de No Seguro?

-La seguridad está sobrevalorada, Potter.

Harry debería haber esperado un desastre tras esas palabras. El túnel estaba lleno de vigas y era muy bajo. Malfoy alargó la mano y tocó una. En un parpadeo, piedra y madera cayeron sobre el Slytherin en forma de avalancha.

-¡Draco! -chilló Harry ante la desaparición del rubio. Se lanzó hacia adelante contra la nube de polvo. Manoteó desesperadamente por su varita. Se quedó quieto y chilló.

-¡Accio varita!

Un agonizante minuto después, escuchó un silbido y su varita apareció entre sus manos. Agradeció mentalmente en un suspiro y hechizó los cascotes. Conjuró un globo de luz y su cara se horrorizó. La única parte de Malfoy visible era una bota y parte de la pierna.

-¡Mierda! -chilló Harry y empezó a levitar piedras lo más rápido que pudo. Tuvo que parar para sostener las vigas varias veces, pero el cuerpo del rubio emergió poco a poco. Parecía horriblemente roto y doblado. La arena se teñía de sangre bajo su cuerpo.

-¿Qué está haciendo? -gritó el arqueólogo, alarmado por la luz de Harry o el ruido en la caverna.

-Mi amigo está atrapado –chilló Harry mientras quitaba un enorme cascote de la espalda de Malfoy. Parecía lo bastante grande como para haberle partido el espinazo. Por suerte una viga se había atascado entre las paredes, protegiéndole la cabeza de las rocas.

Harry apartó los restos que quedaban y se lanzó el mismo al lado del rubio.

-Oh, Dios, por favor, por favor, que esté vivo –rezó, y presionó sus dedos contra la pálida garganta. No pudo notar la respiración y dejó de respirar él mismo. Un pulso lento parecía temblar bajo sus dedos. Harry sintió un sonido extraño en sus dedos. Le costó un momento entender de dónde procedía y al final se lo figuró. Aparecía normalmente después de una larga ausencia de tocar a Malfoy y se metía dentro de él, con un crescendo de calor. Esta vez parecía que se estaba concentrando en sus manos y salía afuera, dentro de Malfoy. Harry apretó al rubio más cerca de él, esperando darle fuerzas al menos.

-¡Busque un medimago! –chilló, notando al arqueólogo cerca.

La respiración de Malfoy pareció pararse, pero podía ser solo un pensamiento de Harry. Movió la mano desde la garganta de Malfoy hasta su corazón, aunque sabía que podía funcionar por sí solo. Con la otra mano cogió su varita y empezó a recitar todos los hechizos curativos que se le ocurrieron.

Los huesos rotos estaban al borde de su capacidad. Solo podría recomponerlos en parte y estaba el riesgo de que se rompieran dentro del rubio, así que se concentró en hacer que los pulmones del Slytherin siguieran funcionando y curó las invisibles heridas y contusiones.

Pareció una eternidad cuando por fin el arqueólogo volvió con la medimaga. Era una mujer egipcia con ropas azul pálido que casi la cubrían por completo. Empezó a hacerle preguntas al hombre en árabe mientras este le contestaba confuso. La mujer miraba mal al hombre.

Después empezó a recitar hechizos que Harry pensó que sonaban mejor en su lengua. Luces multicolores salieron y se enroscaron por el cuerpo del rubio. Harry se sentó sobre sus rodillas, ansioso. La mujer se levantó después de un rato que a Harry le pareció demasiado corto. Así que preguntó al arqueólogo con pánico.

-Pregunta qué le pasa a tu amigo -le dijo el hombre a Harry.

-¿Qué quiere decir? -cortó Harry-. ¡Ha sido aplastado por todas esas piedras! ¡Mire la sangre! Sus piernas están rotas y una de las manos casi está pulverizada... -Harry cogió con su propia mano la de Malfoy, que para su sorpresa estaba perfectamente. Ahogó un grito, recordando los dedos rotos que había notado al quitar las piedras.

Después de otro corto intercambio de palabras, el arqueólogo se volvió de nuevo a Harry.

-Dice que no hay huesos rotos. Ni siquiera ha podido encontrar alguna herida. No hay daño interno.

La mujer habló de nuevo y palmeó a Harry en el hombro.

-Dice que la próxima vez intente contener el pánico. Y que es usted un gran medimago - la mujer retrocedió unos pasos y desapareció.

-Está dormido y necesita descansar -dijo el hombre-. O eso ha dicho ella. ¿Se van a marchar ya? -le dio la varita de Draco a Harry, quien la aceptó asintiendo con la cabeza. Se agachó y cogió a Malfoy en brazos antes de aparecerse en Alejandría. Después de depositar al Slytherin en la cama, tuvo un instante de vacilación. ¿Qué pasaba si la medimaga no estaba en lo cierto? ¿Qué ocurriría si Draco se estaba desangrando hasta morir?

Resuelto, Harry empaquetó sus cosas, firmó una autorización para pagar la habitación, cogió a Malfoy y se desapareció. Llevó al rubio directamente a San Mungo, donde confirmaron el diagnóstico de la mujer egipcia. Malfoy estaba bien. Posiblemente una conmoción cerebral, que se curaría con un hechizo y días de reposo. Le sugirieron que se lo llevase a casa.

Los elfos domésticos no querían dejar pasar a Harry por la chimenea de la Mansión Malfoy, pero finalmente les dejó claro que no pensaba dejar al rubio en sus manos. Mencionó también que Draco no estaría de muy buen humor cuando se despertase en el suelo de su biblioteca cuando tenía una cama muy cómoda arriba. Eso pareció decidirles y uno de ellos guió a Draco y a su amo levitado hasta la opulenta habitación de Draco.

Harry desvistió al Slytherin con cuidado y le arropó con las lujosas sábanas. Le cepilló el pelo y se quedó sentado en una silla viéndole dormir. Después de un rato, cayó rendido, con sus dedos aún tocando la cadena que tenía al cuello.

-Potter –la palabra penetró la conciencia de Harry y parpadeó mientras levantaba la cabeza. Estaba todo oscuro, excepto por la luna llena que entraba por la ventana y daba en su silla. No podía ver a Draco desde donde estaba, pero se acercó.

-¿Malfoy? -murmuró medio dormido. Una mano cogió la suya y lo arrastró hacia la cama.

-¿Estoy en casa? -preguntó Malfoy.

Harry asintió y entonces se dio cuenta de que Malfoy no podía verle en la oscuridad.

-Yo te traje. Estaba preocupado.

Hubo una larga pausa.

-Creía que estaba muerto.

Harry apretó la mano entre la suya.

-No muerto, pero casi.

-Me trajiste de vuelta.

-Yo... dicen que yo te curé. No sé cómo. Quiero decir, hice todos los hechizos que sabía, pero no pude haber...

Oyó una risa que pareció flotar en el aire.

-Potter, eres un tremendo cabeza dura. No leíste una palabra de los libros de los veela, ¿verdad?

Harry se sonrojó, agradecido porque Malfoy no pudiese verle en la oscuridad.

-Por supuesto que lo hice.

-Los veela pueden curar a sus parejas. Es uno de los beneficios de estar enlazados. Debió de ser una evolución, porque a veces el sexo podía ser un poco duro...

Harry siguió el sonido de su voz y le dio un beso en la boca. Eso comunicaba cómo se sentía al saber que el rubio estaba bien y conllevaba además el beneficio de acallar al Slytherin.

Se sorprendió cuando la mano se soltó de la suya y los brazos de Malfoy le rodearon. El beso de Harry le fue devuelto con una pasión que no había experimentado antes por parte del rubio. Su corazón se desbocó, aunque sabía que no podía esperar mucho de eso. No podía esperar sentimientos profundos del Slytherin, aunque le hubiese salvado la vida.

Las manos de Malfoy bajaron por la espalda de Harry, bajo su camisa y arriba de nuevo. Su toque hizo que Harry temblara y sus besos eran tiernos, desesperados, necesitados y dulces, llenos de devoción. Las manos de Harry pasearon por el Slytherin sin necesidad de guía. Harry estaba seguro de que esta vez no tendría bastante. Sabía que no podría parar.

Las manos de Malfoy desabrocharon los pantalones de Harry, haciendo que casi se le parase el corazón. El centro de racionalidad de su mente chillaba entre la caliente lujuria en la que su cerebro estaba envuelto, sabiendo que eso no era una buena idea. Malfoy solo tenía puestos los boxers. La camiseta de Harry ya no estaba y la sábana que los separaba era muy fina. Cuando se quedara sin pantalones no podría resistirse.

La llama de racionalidad chilló clemencia.

-Malfoy, no... No podemos... -gimió Harry contra los perfectos labios de Malfoy, que no podía dejar de besar. Olvidó qué estaba intentando decir.

La mano de Draco se cerró sobre la erección de Harry y éste olvidó su propio nombre. Saltó y se agarró a las sábanas, besando y tocando la piel que había bajo él. La piel, la carne en la que debía meterse lo antes posible.

Los besos y las caricias estaban muy bien, pero podía ser mejor. Dios, si, mucho mejor. Entonces la sábana desapareció y las últimas ropas también. El deseo era como una telaraña que envolvía a Harry, atrapándole y llevándole hasta el poder de Draco. Estaba perdido.

Se paró de repente, justo antes de romper definitivamente la barrera que los separaba. Porque aún era Harry Potter, con o sin genes veela.

-Draco -dijo con voz torturada-. Oh, Dios, Draco, no podemos. El lazo... nunca podremos escapar de él -sintió sus dientes rechinar y las ganas de sollozar. Su cuerpo se convulsionaba con el esfuerzo que estaba haciendo.

-Está bien –dijo Draco dulcemente. Harry deseó poder ver la cara del Slytherin. Las palabras casi lo parten en dos.

-No -dijo Harry.

Draco suspiró y murmuró un hechizo. El aire se llenó de burbujas brillantes púrpuras, flotando como luciérnagas. La cara de Malfoy se veía tan bella en esa semioscuridad que Harry tuvo que ahogar un grito. Una de las luces había alcanzado el pecho de Harry.

-Te deseo –dijo Draco serio y Harry se perdió de nuevo. Besó al rubio con un gemido de rendición.

Harry temblaba tanto que pensó que se iba a derretir. Tenía que recordarse a sí mismo respirar. Malfoy le besó y las manos del moreno bajaron por el rubio con reverencia. Los genes veela podían haber producido la llama, pero Harry sabía que lo que pasaba ahora no tenía nada que ver con la genética.

No estaba muy seguro de qué hacer, pero las manos de Malfoy lo guiaron. El Slytherin dijo los hechizos necesarios y Harry destrozó los estúpidos celos de su mente al pensar que Draco había hecho eso con alguien antes que con él. Eso era el pasado y ahora era ahora. Malfoy se había abierto a él y Harry le iba a responder con gratitud.

Harry se introdujo en Malfoy con agonizante lentitud, guiado por la suave presión de las manos del rubio en sus nalgas. El rubio se arqueó de súbito, subiendo a Harry hacia arriba. Harry jadeó, no sólo por la sensación de estar completamente dentro, sino por la magia que notaba dentro de él. Era como un orgasmo a la inversa, fluyendo hacia dentro en vez de hacia fuera y haciendo que cada nervio ardiese. Pensó que su pelo se iba a achicharrar.

-¡Joder! -jadeó Malfoy y Harry se encontró con sus ojos, abiertos por la sorpresa, semivioletas en la luz púrpura.

-Guau –gimió Harry y entonces Malfoy se movió de nuevo. Y el centro del mundo era la polla de Harry y Malfoy hacía sonidos que hacían a sus huesos derretirse. Harry estaba determinado a hacer que Malfoy olvidase a cualquiera de sus amantes anteriores. Se movió por instinto y por los sonidos y jadeos del rubio bajo él. Cada embestida era una bendición, un sentimiento que quería compartir con Malfoy, usando su mano libre para masturbarlo, hasta que los gemidos de Malfoy se transformaron en audibles sonidos de placer. Los sonidos le estremecían, yendo a parar a su ingle.

Harry mordió sus labios hasta hacerse daño, antes de barbotear estúpidas declaraciones de amor. Las palabras pugnaban por salir de allí de cualquier forma y se colaban por sus manos, sus labios, su cuerpo.

-Harry –murmuró Draco una vez, y le mordió en un lado del cuello, fuertemente, mientras se corría con un fluido brillante en la mano de Harry. Eso era más que bastante para que Harry se viniese en el orgasmo más explosivo de su vida.

Casi partió su labio en dos para no gritar fuertemente y probó su sangre antes de decir el nombre de Draco. Las manos del Slytherin le rodeaban fuertemente y, por un momento, dejó que su mente imaginara que esa iba a ser una de las muchas experiencias que compartirían juntos y no la única que sabía que iba a ser.

Harry besó dulcemente la frente de Draco, su mandíbula, su garganta, pensando “Te quiero” con cada toque. Draco suspiró aliviado y Harry paró, asumiendo que se había excedido. Salió de él con cuidado y se movió para salir de la cama, pero Malfoy le cogió de la muñeca.

-Quédate aquí, estúpido Gryffindor -ordenó.

Harry no podía negarse. Ni siquiera podía pensar en una buena respuesta para el insulto. Se tumbó al lado del rubio y sus ojos se encontraron. La expresión de Draco era enigmática y Harry rezó para que no fuera arrepentimiento o decepción. Abrió la boca para preguntarle, pero el rubio le tapó la boca con un dedo.

-No -susurró.

Harry obedeció y cubrió las manos de Malfoy con las suyas, antes de besarlas una a una. El Slytherin cerró los ojos y cuando el moreno terminó, soltó sus manos y pasó una de ellas por la cabeza de Harry, atrayéndolo hacia sí, hasta que la cabeza de Harry estuvo contra su pecho. El Gryffindor suspiró contento y se durmió.

Malfoy estaba dormido cuando Harry se levantó, aunque el día se colaba por la ventana. Auque no tenía la misma brillantez que el sol de Egipto. Era un cielo inglés, un cielo inglés de diciembre, oscuro y lleno de lluvia o a lo mejor de nieve.

Harry observó a Malfoy dormir hasta que no pudo aguantar más. Sus rasgos eran demasiado bellos, con esas pestañas doradas alrededor de sus ojos, el pelo platino desordenado de forma preciosa, haciéndole parecer más humano y menos dios. Sus labios estaban entreabiertos mientras dormía. Harry quiso tocar esos labios o esa barbilla una última vez.

Se retuvo a sí mismo y dejó la cama con cuidado. Si esa última noche hubiera sido una aventura, entonces Malfoy estaba perfectamente. Estaría bien. Harry, por el contrario, no estaba bien. Estaba peligrosamente enajenado con el Slytherin, hasta el punto de perderse a sí mismo si se quedaba. Se vistió, pensando qué pasaría ahora que el lazo veela había sido consumado. Sabía que para los veela tenía importancia, pero nunca pensó qué pasaría con Malfoy y él, así que no había prestado atención a esa parte en los libros.

Recogió sus gafas y su varita, cerró la puerta lentamente tras él y atravesó la chimenea hasta su casa, bajo las miradas de los elfos domésticos.

Le hubiera gustado que Hermione hubiese apagado las luces del árbol de Navidad. El ambiente era demasiado festivo para cómo se sentía. También le recordó que había estado fuera tres semanas y el mundo había seguido sin él. Se preguntaba si aún tenía un trabajo.

Hermione le dio una tercera taza de ponche mientras se sentaba tras su silla. La miró con desgana porque no era su bebida favorita en Navidad, pero el ron era un buen aditivo.

-Ya está. Se acabó.- dijo ella y le tendió un trozo de pergamino. Harry lo cogió después de dejar la taza de en la mesa y lo aireó un poco para secar la tinta. Lo leyó dos veces antes de asentir. Debería funcionar-. Sigo creyendo que deberías discutirlo con Malfoy.

La chimenea de Hermione explotó de repente con un humo rojo y Malfoy entró en la habitación. No parecía de muy buen humor. Harry miró a Hermione, quien se miró los pies sintiéndose culpable.

-Yo tengo que... hum... coger algo de mi habitación- prácticamente corrió por los pasillos y Harry la vio marcharse con sospecha. ¿Había llamado ella al Slytherin? Malfoy, que estaba frente a él, atrajo su atención.

-¿Cómo te atreves a salir a escondidas de mi casa como una moneda de cincuenta knuts? -sus ojos grises despedían una luz peligrosa.

Harry ahogó un grito, atónito.

-¡No salí a escondidas! Eran casi las once de la mañana -no tenía ni idea de por qué el Slytherin estaba tan enfadado, pero le enseñó el pergamino para aplacarle-. Estaba buscando lo del lazo veela y me he ido por una tangente. Encontré un hechizo del año pasado para romper una posesión. Hermione lo ha modificado un poco y creo que puede funcionar.

Malfoy le quitó el pergamino y lo leyó cuidadosamente. Harry pensó que antes estaba enfadado, pero ahora su mirada se transformó básicamente en glacial.

-Este hechizo puede matarte -dijo.

Harry se movió incómodo. No es que quisiera enfrentarse así a la muerte, pero tampoco le tenía miedo.

-Es una oportunidad.

Malfoy estuvo en silencio un momento. Cuando habló, su voz sonó sorprendentemente suave.

-¿Prefieres enfrentarte a la muerte que estar enlazado a mi?

Harry retrocedió ante estas palabras, sabiendo lo que había tras ellas.

-No, por Dios -dijo-. Yo no....a mí no me importa....estar enlazado a ti -“porque te amo”, casi barbotó. Cerró los ojos para evitar que Malfoy leyera la verdad allí-. Pero tú no te mereces esto. No lo quieres y casi te mata una vez. Quiero que seas libre.

Harry abrió los ojos para mirar a Malfoy.

-¿Así que te conviertes en un mártir y te sacrificas a ti mismo? -bufó- .Qué noble.

Harry frunció el ceño y Malfoy se acercó hasta estar lo bastante cerca como para tocarle. Su voz sonaba seca cuando habló.

-No presumas de saber lo que quiero o no quiero, Potter -alzó la varita y la presionó bajo la barbilla de Harry, obligándolo a alzar la cabeza-. Esto es lo que pienso de tu hechizo.

Quitó la varita de Harry y tocó el pergamino, que explotó en llamas. Harry, instintivamente, intentó salvarlo con un grito, pero Malfoy tiró el papel quemado y le cogió de la mano, casi salvajemente.

-Nadie deja a un Malfoy –dijo, y obligó a Harry a besarlo. La confusión hizo que el moreno se quedara quieto. Por una vez no dejó que el deseo lo cegara. Cuando Malfoy lo empujó, Harry se miró en sus ojos.

-¿Pero qué dices? ¿Quieres estar atado a mí siempre? -preguntó Harry, incrédulo.

-Digamos que la idea no es tan repugnante como debería –dijo Malfoy mirando algún punto tras el hombro de Harry, aunque sin soltar su agarre–. He roto mi compromiso esta mañana.

A Harry le costó procesarlo.

-¿Qué?

-Cállate, Potter. No puedes vivir en la mansión porque los elfos domésticos te odian y podrían asesinarte accidentalmente mientras duermes. Y tu piso es una atrocidad. Me niego a vivir en un lugar con menos de seis habitaciones para mi uso particular.

De repente la sonrisa de Harry le llenaba toda la cara. Escuchó con comprensión mientras Malfoy continuaba.

-Y no pienso vivir en el campo de ninguna manera. Soy alérgico a las flores silvestres y... al aire del campo. Para de mirarme así, Potter o te juro que te...

El beso de Harry frenó la charla de Malfoy y su corazón dio un vuelco cuando el rubio suspiró y se dejó caer sobre Harry. Se rió contra sus labios.

-Dios, eres como un grano en el culo. No sé por qué te amo –dijo Harry con rudeza.

-Por supuesto, yo elegiré la casa y tú la comprarás –siguió Malfoy como si Harry no hubiese dicho nada. Se paró y sus ojos se abrieron como platos-. ¿Acabas de decir...?

Harry se rió y abrazó al rubio más fuertemente. Se sentía bien.

-Si, gilipuertas. Llevo enamorado de tí desde hace dos semanas.

Por una vez, pareció que Malfoy se quedaba sin palabras. La sonrisa le transformó la cara en algo que hizo a Harry quedarse sin respiración. Aunque eso siempre le pasaba.

-¿Podemos volver a la Mansión y continuar con lo que te iba a hacer antes de que te fueras de forma tan ruda esta mañana? -preguntó finalmente.

-¿Y qué iba a ser? -dijo Harry, curioso.

Malfoy se lo dijo al oído, haciendo que Harry se quedara sin aire de nuevo. Empezó a pensar seriamente si sobreviviría a una relación con Malfoy.

-¡Hermione! ¡Te mandaré una lechuza después! -chilló y siguió al rubio por la chimenea enseguida.

No podía esperar a salir por el otro lado.

 

 

 

*Fin*

 

Harry/ Draco

Rating: NC-17

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