
Por Amanuensis
Traducido por Danvers
- Beta,
Lena
—Draco, alguien puede vernos.
—¿Y qué si lo hacen?- Draco empujó a su esposo contra un lado de la fuente y esta vez, mientras lo besaba, presionó intencionadamente sus caderas contra Harry. Éste respondió con un quejido, pero con una notable ausencia de resistencia.
Finalmente Draco rompió el beso, aunque no se apartó. Otra vez, no hubo protesta por parte de Harry. Draco amaba verlo sonrojado y jadeante.
Frotándose contra la cara de Harry, Draco dijo:
—Tengo algo que decirte, Sr. Potter-guión-Malfoy…
—¡Oh! ¿Qué es, Sr. Malfoy-guión-Potter?
—Pues es justo eso, el guión tiene que desaparecer.
Harry bufó:
—Dios, sí. Cuando nos presentaron en el salón de baile casi me atraganté. ¿Quién pensó que era una buena idea?
—Obviamente alguien algo estúpido. ¿Nadie se ha parado a pensar que esto solo funciona con una generación?
—Así que si uno de nuestros hijos se casase, por ejemplo, con Justin Finch-Fletchley, tendríamos…
—Arg. No tendríamos nada. A Ningún hijo mío le permitiría salir con ese imbécil.
Harry lo miró con fingido reproche.
—¿Hijo tuyo? ¿Yo no tengo nada que decir en esto?
Draco escogió una táctica Slytherin para distraerlo.
—Harry… —Se apoyó en él y lamió el lunar justo bajo su oreja, todavía apretado contra el cuerpo de su marido, para sentir cómo se estremecía.
—Entre la idea de nosotros teniendo hijos y la preocupación sobre si Finch-Fletchley se casaría con ellos, esta conversación se está volviendo decididamente rara.
—Draco, tú eres el que me ha arrastrado fuera de nuestro propio banquete para enrollarnos detrás de las enredaderas. Ahora no vamos a hacer un concurso para ver quién es más raro…
Draco se alejó lo suficiente como para ver la cara de Harry.—¿Enredaderas? Eso te lo acabas de inventar.
—No lo he hecho. Estamos justo al lado.
—No te creo.—Puedes girarte y mirar el letrero, imbécil.
—¿Y por qué querría hacer eso? —Se inclinó ligeramente —. ¿Por qué querría mirar los jardines Malfoy cuando tú estás aquí…? —Puso su boca cerca de la de Harry, pero se detuvo justo antes de besarlo y sonrió—. ¿… y los puedes mirar por mí?Harry hizo una mueca.
—Gilipollas. Es tu jardín familiar.
—No, no lo es. —Draco sonaba alegre—. Es nuestro jardín familiar.Vio cómo la expresión de Harry cambiaba. Un poco, pero cambiaba.
—Ey —dijo Draco, queriendo aclarar las cosas—, A nadie le gusta su familia política. ¿Por qué tendrías que ser privilegiado?
Un suspiro.
—Tienes razón.
—Bien. Te has casado conmigo, no con mi padre.
—Según tú me he casado con todos vosotros. Somos familia ahora ¿verdad? – Harry dijo familia como Draco había dicho enredadera.
—No —Draco se puso serio otra vez—. Tú eres mío.
—De tu familia, o…
—Sabes exactamente qué demonios quiero decir, Potter. —Draco le besó, dándole todos los argumentos que podía ofrecer. Estuvo bien. Y muy convincente.
Cuando el beso acabó (y Harry estaba convencido a fondo y Draco no podía evitar sonreír un poco), Harry miró en dirección al salón y dijo:
—Lo cierto es que tendríamos que volver.
—Ah, deja de preocuparte. Es tradición que la feliz pareja se escabulla tan pronto como pueda.
—Sí, bueno, a eso me refiero. Si es tradición, quiere decir que cualquiera que lo sepa verá que no estamos y vendrá a buscarnos. Tratando de pillarnos in-fraganti.
—¿Y?
—Bueno, podría encontrarnos Justin Finch-Fletchtley, por ejemplo.
—Arg —dijo Draco por segunda vez, fingiendo estremecerse—. Tienes razón. Es mejor que volvamos. Ponte las gafas.
—Oh, como si eso fuera a esconder algo. Es mi boca la que nos va a delatar, gilipollas.
—Tú intenta llamarme eso de nuevo y te lo haré aquí mismo, al lado de la fuente. Y Finch-Fletchtley y los demás podrán hacer todas las fotos que quieran.
—Creo que eso te gustaría.
—Creo que a ti también te gustaría, pervertido.
—No te equivocas —dijo Harry alegremente.
—Malfoy.
—Comadreja.
—Cabrón.
—Gilipollas.
Weasley sacó la mano del bolsillo, la extendió, y Draco la tomó. El apretón fue firme, casi doloroso, pero en realidad no trataban de romperse ningún hueso. Admirable de ver.
—Tú hazle daño y te pondré las tripas por collar.
—Así eres tú, comadreja, nada de creatividad. ¿Qué tal... tú hazle daño y crearé un nuevo cereal llamado Malfoy mutilado, un hueso de dedo gratis en cada caja?
—Sí, bueno. Qué puedo decir, estaré demasiado furioso como para hacer algo tan elaborado.
Fueron interrumpidos por Hermione. Draco se cayó la respuesta que había preparado. Había accedido a ser civilizado con Granger.
Y Harry le había advertido que no se refería solamente a evitar la palabra sangresucia.
De todas formas no la hubiera usado. A veces aún pensaba en ella, pero por lo menos no se encontraba en su vocabulario hablado.La gente puede cambiar.
—Felicidades, Draco. —Le besó en la mejilla—. No te lo mereces, pero bueno, no hay nadie que lo haga.
—¿No será al revés? Creo que eso se lo tendrías que decir a Harry. —Como respuesta a una burla como esa, había estado bastante civilizado.
Hermione rodó los ojos.
—Otro rubio rico que se cree el dueño del mundo.
—No, solo un Slytherin que sabe qué le pertenece. Gracias, Granger. En fin, ¿dónde está mi modelo de marido?
—Creo que está por allí, con Fred y George.
Más Weasleys. Y Harry quejándose de MI familia. Sí, ahí estaba, rodeado de esa plaga de cabezas rojas.
—Ron —dijo Hermione—, creo que tendríamos que ir con ellos ahora mismo. Probablemente Fred y George estén tratando de darle algo asqueroso diciéndole que incrementa la resistencia o algo así.
—Yo me encargo—. La comadreja se marchó, un hombre con una misión.
Hermione, sin embargo, se quedó. Draco la miró.
—¿Sientes la necesidad de amenazarme, Granger?
Ella sacudió la cabeza.
—No. Lo creas o no, pienso que has cambiado. Y sé que eres lo que Harry quiere. Intentad haceros felices mutuamente.
Draco hizo un gruñido, que era lo más cerca que podía estar de decir “Eh, gracias por comprenderlo”.
Parece que Hermione lo entendió. Asintió y se fue tras Ron.
Draco se centró en Harry. Aun en la distancia era evidente que habían estado besuqueándose.
Demonios, estaba delicioso. Draco llegó a la conclusión de que la sutileza se podía ir a hacer puñetas; se iba a llevar a Harry a la cama ahora mismo, aunque tuviese que levantarlo y llevárselo sobre sus hombros.
Sospechaba que Harry disfrutaría con eso. Por mucho que protestara…
—Draco.
Se giró al oír la voz. Retrocedió lo necesario para mirar a su interlocutor a los ojos.
—Padre.
Su padre, inmaculado como siempre, sin un pelo fuera de sitio, le sonrió.
—Esa mirada… Estás impaciente por irte, ¿no es verdad?
Draco sonrió. Era evidente que los dos tenían la misma cantidad afecto en sus sonrisas, que no era mucho. De tal padre, tal hijo.
—No puedo engañarte…
—Un hombre ciego podría verlo. No te culpo. Las recepciones de boda son más para los invitados que para los novios: una oportunidad para comer, beber y bailar a costa de los anfitriones, y encima sentirse altruista porque estás ahí para hacer feliz a la pareja. Me gustaría hablar contigo antes de que os escabulláis.
Oh, ¿por qué ahora? No iba a servir de nada preguntar si podía esperar—. Buscaré a Harry.
—Me gustaría hablar a solas contigo.
—¿Por qué? —Draco tuvo cuidado en no mostrar ningún desafío en su voz. Su padre siempre lo hacía sentir como un niño rebelde si lo detectaba—. Cualquier cosa que tengas que decirme, también puedes decírsela a Harry. Ahora es mi marido.
Estaba seguro de que no había otra manera de interpretar eso último más que como un desafío, pero su padre solo sonrió.
—Sí, una vez yo dije eso también de tu madre. Draco, no seas tan ingenuo como para pensar que el matrimonio es el fin de los secretos. Quiero hablar contigo a solas.
Draco odiaba haber desarrollado, con el paso de los años, una resistencia tan baja para el comportamiento de deja-que-mi-padre-lo-haga-a-su-manera-así-es-más-rápido.
—Bien, ¿dónde?
—En mi estudio. Envía a Harry a esperarte a vuestro cuarto, no nos tomará mucho tiempo.
Esa era una idea que le gustaba.
—Muy bien.
Animado por la perspectiva de que pronto estaría sudoroso, destrozando la habitación, haciendo el amor a su esposo, Draco caminó, acechando en realidad, hacia el grupo de gente que estaba felicitándolo, y puso su mano sobre el hombro de Harry.
—Muy bien, todos vosotros —anunció—, he decidido que esta es la única manera de llevarme a mi nuevo marido de aquí. Voy a darle el beso más largo y húmedo imaginable, con mucha lengua, hasta que tengáis que gritar; ¡Iros a una habitación! Que es exactamente lo que haremos, y entonces vosotros tendréis la culpa.
El anuncio fue recibido con sonidos de expectación, y Harry estaba sonrojado tras su sonrisa. Adorable.
—Arg, ¡solo iros! —dijo Fred. O George.
—No, esperad, ¡yo tengo que ver eso! —dijo George. O Fred.
Granger, que estaba riendo, le dio a Harry un pequeño golpe en el hombro.
—Iros si estáis tan decididos. ¡Pero recordad que no vamos a dejar de hablar de vosotros en cuanto os hayáis marchado!
—¿Eso significa que me quedo sin beso? —dijo quejumbroso Harry.
Draco puso su mano bajo la barbilla de Harry, lo acercó y lo besó. Curiosamente fue Harry quien empezó con la parte húmeda de la lengua. Los gemelos aclamaron, la Comadreja fingió estar molesto. Draco acabó el beso y agarró el brazo de Harry, deseando que en vez de la pajarita hubiera llevado una corbata, por donde podría haberlo arrastrado.
—Vamos o les diré que mi apodo para ti es El Niño Que Vivió Para Que Le Lamiesen Los Dedos De Los Pies.
—¡Dejad de hacer eso! —dijo Harry sobre los silbidos que suscitó la observación—. ¡Eso suena a los indios del oeste, por el amor de Dios!
—¡Demasiada información! —dijo Ron, que no parecía estar bromeando.
Dejando los abucheos atrás, Harry y Draco escaparon juntos del salón de baile. Pero cuando Harry trató de besarlo justo tras las puertas, Draco se resistió a regañadientes.
—Tengo que hablar con mi padre primero. Quiere conversar conmigo.
—¿Ahora? ¿No puede esperar?
Draco se lo quedó mirando. Después de un momento, Harry suspiró.
—Empiezo a entender. No, nada que tu padre quiera puede esperar. ¿Siempre va a ser así, Draco?
—Será un momento. Por favor déjame escoger mis batallas, ¿vale?
Harry suspiró de nuevo.
—De todos modos no voy a discutir eso ahora. No sería justo. Bien.
Draco le dio un beso rápido en la boca.
—Ve a nuestra suite y ponte guapo para mí, macizo. Estaré allí en un minuto.
—Oh, sé que estarás. Porque tengo dos palabras para ti. —Puso su boca cerca de la oreja de Draco—. Colcha. Marta Cibelina.
—Guau. Buenas palabras. Allí estaré.
*****
—Estás JODIDAMENTE loco.
Distante, sintiendo cómo sus manos temblaban, Draco comprendió que era verdad. Una de ellas le tembló de rabia.
—¿Por qué? —dijo su padre—. ¿Porque quiero a tu marido? Difícilmente. Uno no tiene que ser rubio para poseer esa belleza etérea, Draco. Es… delicioso, tú lo sabes.
Draco giró y se encaminó hacia la puerta.
—Ni lo pienses —dijo su padre fríamente.
Draco se giró de nuevo.
—Quería intentar quedarme aquí, ¿lo sabías? No solo por ti o mamá. Francamente, quería quedarme bajo este techo porque quería dárselo todo a Harry. No era por mí. Él dijo que no le importaba que viviésemos de nuestros sueldos en algún lugar de clase media en la Inglaterra muggle, si eso significaba que no nos tendríamos que preocupar de que controlaseis nuestras vidas, pero lo que no le dije es que yo lo hubiera preferido. No se lo dije. Me callé porque recordé cómo había crecido con sus odiosos parientes. Quería mostrarle algún lujo y quedarme en esta casa era la manera de conseguirlo. ¿Sabes qué odioso pedazo de mierda eres, padre? ¿Echándonos ahora con esto? Jódete tú y todo lo que alguna vez. Nosotros nos vamos. Y voy a tomar el apellido de Harry para SIEMPRE. SIN el puto guión.
El pomo de la puerta no giraba. Movió su varita.
—¡Alohomora!
Nada pasó. La puerta seguía sin abrirse.
Se giró hacia su padre.
—¡Abre la maldita puerta! —Estaba furioso por tener que pedírselo. Maldijo las defensas anti-aparición de la mansión.
—Draco… Sé que sabes que no estaba pidiendo tu permiso. Ni siquiera tu aprobación.
—¡Eso no va a pasar! No te dejaré que intentes que una antigua ley…
—Esto ha pasado en cada generación.
Eso lo paralizó. De ninguna puta manera.
Su padre estaba asintiendo.
—Tu abuelo y tu madre, Draco.
Draco no había pensado que pudiese ponerse más enfermo. Sorpresa.
—Es más que una tradición. Es el derecho del señor de la mansión.
—¡Puedo traducir francés jodidamente bien! —gritó Draco.
Droit du Seigneur.
Su padre iba a invocar el Droit du Seigneur en su esposo. En Harry.
—Pero no pareces entender que enfureciéndote no cambiarán las cosas. Te traje aquí para explicártelo. Y darte la oportunidad de explicárselo a Harry tú mismo, si quieres.
—¿Decirle qué? ¿Qué mi padre es un puto pervertido igual que el resto de mis antepasados? ¿Quién demonios tiene unas reglas como estas? ¿Todas las familias de magos?
—Solo las mejores. —Su padre tenía una sonrisa de suficiencia en la cara.
—No vas a tocarlo —escupió Draco.
—¿No crees que deberías preguntarle primero a él? Quizá no sea tan reacio a la idea como tú crees.
—Bastardo.
—Para de hablarme de esa manera. Ahora mismo. —La voz de su padre era dura—. Soy el amo de esta casa, y tu padre, y tendrás que obedecerme.
—No, esta vez no quiero. Abre la maldita puerta.
—Eres un Malfoy —antes de que Draco pudiera decir cuánto lamentaba que eso fuese verdad, su padre siguió—. Cumplirás con tu deber. Y tu marido también.
—Y una mierda lo haremos.
Su padre tenía la varita en la mano.
—Hubiera deseado no tener que llegar a esto.
*****Harry decidió no esperar a Draco cuando encontró el champagne en su habitación. Abrió la botella y bebió una copa mientras observaba la habitación. Sí, la colcha de cibelina estaba sobre la cama, como él había pedido.
Esperaba que Draco no tardase mucho. No había comido mucho en la recepción y el champagne iba a ir directo a su cabeza.
No es que fuese algo malo…
Ahora bien, ¿debía esperarle desnudo sobre la colcha, o esperar y sorprenderle con un striptease de ropa de etiqueta?
Tocando la pajarita, decidió esperar. Le gustó la idea de deshacerla y enrollarla alrededor del cuello de Draco, y atraerlo hacia él para besarlo.
Iba por su segunda copa de champagne cuando la puerta se abrió.
—Aquí estás —dijo volviéndose hacia la puerta.
Y se detuvo. No era Draco.
Menos mal que no se había desnudado.
—Lucius. ¿dónde está Draco?
Lucius Malfoy, ya sin su túnica de gala, no contestó inmediatamente. Pero tenía una mirada en su cara que a Harry no le gustó.
Una de ligera diversión.
No había mucho que le gustase de su nuevo suegro, la verdad sea dicha. Ser un ex-mortífago que había comprado su libertad durante la persecución tras la muerte de Voldermort era tan solo una de las razones. El hombre era un snob, mentiroso, y muy muy peligroso, y esa era la mejor parte.
Solo se le ocurría una cosa cuando intentaba pensar en algo que le gustara de Lucius Malfoy.
Era la idea de que si Draco iba a estar así en veinte años, él se iba a convertir en la envidia de todo el mundo mágico. Tendría que conseguir un bastón como el de Lucius para alejar a los destroza-hogares de su marido. Ya lo sufría bastante tal como era ahora.
Tendría suficiente tiempo, durante los próximos años, para insinuarle a Draco lo caliente que se vería con el pelo largo.
Pero ahora estaba hablando con el padre, no con el hijo. No se podía permitir el lujo de distraerse así.
—¿Dónde está Draco, Lucius? —repitió, no gustándole ni una pizca el silencio de Lucius.
—Draco y yo hemos tenido una ligera discrepancia.
Tranquilo.
Esperó, decidido a no seguirle el juego a Lucius.
—¿Puedo tomar un poco de champagne?
—Solo hay dos copas.
—Eso no es un problema.
Harry sentía cómo se calentaba a pesar que querer controlarse. Se obligó a dejar de apretar los puños mientras veía cómo Lucius se servía el champagne.
—Draco y yo teníamos algo que discutir, pero no ha ido tan bien como yo esperaba. Quiero tener una conversación parecida contigo, que espero que tenga un resultado más agradable.
Harry se cruzó de brazos. ¿Por qué? Oh, ¿por qué no había seguido sus instintos cuando estos le habían dicho que presionara a Draco pasar la noche de bodas fuera de la mansión?
—No habrá nada de agradable en la discusión si no me dice dónde ha ido Draco, Lucius.
—¿Ido? —Lucius bebió un sorbo de la copa—. No se ha ido a ninguna parte, Harry. ¿Es eso de lo que tienes miedo, de que te haya abandonado? Difícilmente. Es un Malfoy. Igual que tú, ahora. Los Malfoy siempre cumplen su deber hacia su familia.
Dijo todo eso sin ninguna pausa, para que Harry no pudiera interrumpirlo. Harry sospechó que había conducido la conversación hacia ese tema a propósito.
No lo podía evitar. Quería saber a dónde iba a parar con todo esto.
—Y ahora lo está cumpliendo.
—Sí. Por supuesto… Draco tenía una pequeña dificultad con sus obligaciones. Pero es mi deber recordárselas.
—¿Dónde está,…? —Harry se guardó el resto. No quería llamar a su suegro bastardo el mismo día que se había convertido en tal. En su suegro, no en un bastardo. Lo último no era nuevo.) Visiblemente esperaba de él una lucha verbal. Quizá se trataba de una prueba—. ¿Qué conversación sobre el deber puede tener conmigo que no incluya a Draco?
Lucius le sonrió, levantando levemente las cejas. Harry tuvo la impresión de que se había anotado un punto.
—¿Hablas algo de francés, Harry?
Harry se obligó a encogerse de hombros con indiferencia.
—Crepes Suzette. Laissez-faire. Chat, chapeau. Alguien me dijo que diente de león viene del francés, pero no supe si creerlo— ¿Dónde coño está Draco, tú, pedazo de merde? Lo pensó pero no lo dijo.
—Es verdad, viene de dent-de-lion, diente de león. Godric Gryffindor solía llevar uno en su pecho, ¿lo sabías?
—No, no lo sabía. —Tranquilo. Calma.
—Sí, bueno, es un pequeño detalle histórico. Pero no es lo que estamos discutiendo. ¿Conoces el término “Droit du seigneur”, Harry?
—No, pero estoy seguro de que le encantará explicármelo. —Incluso estaba sonriendo mientras decía esto.
—Es una vieja costumbre de la aristocracia. Data de los tiempos en que los señores feudales tenían completo poder sobre los vasallos que trabajaban sus tierras.
—Oh, sí. Vasallos. Siervos. Entonces tenían muchas maneras de evitar usar el desagradable término de esclavo, ¿no es así?
La sonrisa de Lucius era aún más apreciativa. A Harry no le gustó la idea de que viera nada positivo en el asunto.
—Lo entiendes perfectamente. El señor de la mansión tenía completo poder sobre todos los que estaban por debajo. Tenía tantos privilegios que “Droit du seigneur” en realidad es bastante impreciso, ya que todo lo que significa “derecho del señor”. Estaba expresado de ese modo para no herir modestas sensibilidades.
No le permitas que te lleve por ese camino. Haz que lo diga sin rodeos.
—Ah. Bueno, ahora ya sé un poco más de francés, gracias a su cortesía. Gracias, Lucius. ¿Querrá decirme ahora dónde está Draco?
Lucius chasqueó la lengua.
—Aprendes rápido, ¿no, Harry? —Harry sabía que no hablaba del francés—. “Droit du seigneur” era el derecho del señor de la mansión a pasar la noche de bodas con la novia de cualquier vasallo que se casara. Creo que la tradición empezó con el sacerdocio, cuando se pensaba que un niño concebido por un cura era un milagro divino. Con los años la gente admitió que no tenía nada que ver con los niños o la divinidad, que era parte de ese misterio lascivo de utilizar las reglas que se pudiera para asegurar que los privilegiados tuvieran todo el sexo que quisieran.
—Lucius. —Sus palabras emergieron de un lugar muy frío que Harry creía cerrado desde la muerte de Voldemorty que acababa de volver a abrirse—. ¿Dónde. Coño. Está Draco?
Lucius se volvió hacia él de tal forma que debería haberse oído un ruido sordo cuando lo hizo.
—Draco… está siendo castigado por negarse a reconocer el deber de un Malfoy, Harry.
Harry había dejado su varita cerca de la botella de champagne. Esperando no perderla en el montón de ropa de la que había anticipado que se desharían.
Dio un paso hacia Lucius.
—Lucius. Dígame donde está ahora mismo. Inmediatamente. Me ha visto usar Maldiciones Imperdonables. Sabe que no dudaré en usarlas otra vez.
Lucius actuó como si no hubiera escuchado.
—No ha dejado de ser una costumbre en las familias de magos más antiguas. Desde luego, ahora ya no existen vasallos. Así que con los años se ha limitado a los hijos del señor de la mansión. Draco estaba… ofendido esta noche, cuando le dije que no usara el argumento de “eso es historia” para evitarlo.
Harry bajó la guardia por un momento.
—¿Me está diciendo… que dejó que su padre durmiera con su mujer cuando se casaron? —No intentó esconder su aversión.
—De verdad, Harry, haces que suene tan bajo... No es tan sórdido como el adulterio. “Dormir con”… Debería retarte por insultar de esa manera a la madre de Draco.
—Pero no es un duelo lo que quiere conmigo, ¿no es así, jodido bastardo? —escupió Harry.
—Ah. Bien. Me preguntaba si entendías la esencia del asunto.
—¡¿DÓNDE ESTÁ DRACO?!
Lucius sonrió. Malévolamente.
—Mi hijo, el heredero de la línea Malfoy, está aprendiendo que hubiera sido mejor para él venir a explicarte por qué esta noche las cosas sucederán de diferente forma a cómo esperabais.
Harry se abalanzó hacia la mesa donde estaba el champagne.
La varita no estaba ahí.
Atacó a Lucius con un gruñido.
Lucius ni se molestó en mostrarle a Harry dónde la había escondido.
—Espero que no necesites una lección similar, Harry.
—Y una MIERDA YO--- MALDITA sea, Lucius, ¿qué ha HECHO con él?
Lucius soltó una risita divertida.
—Harry, es mi hijo. No me digas que crees que lo he matado y lo he metido en el maletero de su preciado Porsche. Él está totalmente a salvo. Tan solo… no está disfrutando mucho en este momento. O quizá él… bueno, supongo que es un poco difícil de explicar. Simplemente me permito decir que se sentirá agradecido cuando haya terminado. —Harry dio un paso hacia delante, intentando parecer amenazante, Lucius continuó—. Agradecido a ti.
Harry se detuvo.
—Oh. Será BASTARDO —siseó.
—Como parece que es tu insulto favorito, y no lo haces para calumniar a mi familia, lo voy a dejar pasar —dijo Lucius, seco como un desierto—. Pero sí, lo has interpretado correctamente. Cuanto antes aceptes tu deber como parte de la familia Malfoy, antes consideraré que el castigo de Draco ha sido suficiente. Podemos discutirlo todo lo que quieras, pero será Draco el que pague las consecuencias del retraso. ¿Está suficientemente claro?
Las mazmorras. Lucius debía tener a Draco en las mazmorras. Maldita sea.
¿Cómo iba a llegar a las mazmorras sin su varita?
—Tú, enfermo hijo de perra. ¿Qué demonios pasará si no me acuesto contigo y en cambio te arranco el jodido corazón?
—Oh, puedes intentarlo. Puedo mostrártelo.
Harry atacó.
Pensó que Lucius probablemente tendría su varita en un bolsillo interno de su chaleco, o quizás hasta la suya propia, pero Harry no podía perder el tiempo en pelear por intentarlo. Primero tendría que someterlo.
Tardó solo un momento en descubrir que no iba a ser tan fácil como había pensado.
Lucius ni siquiera había cogido su varita. Cuando Harry arremetió contra él, había levantado las manos para enfrentar a su atacante.
Y de repente Harry se encontró forzado a retroceder hacia atrás y levantado contra la pared de la habitación. Con las muñecas inmovilizadas a cada lado de la cabeza.
No podía moverse.
Tenía la mitad de la edad de Lucius, y había estado jugando a quidditch desde que tenía once años hasta ese mismo verano. Y no podía moverse.
Y Lucius ni siquiera había acelerado su respiración.
Y no había utilizado la magia.
Harry le dio un puntapié. Lucius lo esperaba y lo esquivó, aunque eso le dio la oportunidad a Harry de apartarlo de la pared. Le siguió, intentando romper la posición de Lucius y golpearlo fuertemente para que el futuro de su familia política estuviese jodidamente condenado.
Pero no consiguió llegar tan lejos.Lucius no le permitió romper su posición.
En cambio, Lucius le hizo la zancadilla, y Harry cayó de rodillas y fue empujado hacia atrás, con Lucius agarrándole por las muñecas de forma que estaba en la misma posición que antes, solo que ahora sobre el suelo alfombrado, con las manos sobre la cabeza, con Lucius Malfoy encima de él.
Momentáneamente aturdido por el golpe contra la alfombra, Harry estaba mirando fijamente la cara de Lucius cuando de nuevo el pensamiento llenó su mente. Draco, en veinte años… Sintió incluso un traicionero estremecimiento porque él le miraba a menudo así justo antes de besarle ansiosamente… Pero cuando se recuperó, Harry se golpeó mentalmente de forma furiosa con un ¡No es Draco! Intentó soltar sus muñecas sin éxito. Intentó levantar la rodilla para hacerle algo de daño, y pudo conseguirlo; pero no logró encontrar ningún punto que doliera lo suficiente como para quitarse a Lucius de encima.
Lucius estaba agarrando tan fuerte sus muñecas que podía sentir cómo los dedos se le iban durmiendo.
Harry hacía deporte, sí. Pero no estaba entrenado para luchar, aparte de las peleas a puñetazos que siete años de internado garantizaban… menos, porque al tratarse de una escuela de magia muchas de ellas eran tras una varita.
Lucius Malfoy obviamente no tenía tales deficiencias en su educación.
Harry, ignorando la duda que crecía en su cerebro (rechazó totalmente llamarlo miedo), dijo:
—Bastardo enfermo, ¿cómo crees que vas a escapar de esto?
—Todavía no he visto que puedas detenerme, Harry —dijo Lucius, con tan solo una ligera tensión en su voz que traicionaba el esfuerzo que estaba haciendo para contener a Harry—. Oh, te refieres al aspecto legal, ¿verdad, querido chico? Me temo que, como te dije, esta no es una simple tradición matrimonial, como lanzar arroz. Aún es una ley mágica, para familias con una línea de sangre aristocrática. Ni tú ni Draco tendréis ningún recurso legal. De hecho, tendré la ley de mi lado si tomas represalias. ¿Realmente quieres comenzar tu vida matrimonial como un fugitivo? ¿Querrías eso para Draco?
Draco. Siempre Draco. Maldito sea, sabía qué botones debía tocar.
—¿Qué le estás haciendo, maldita sea? —gruñó Harry, sin pensar en cualquiera de las otras amenazas.
—No, creo que no. Creo que será más satisfactorio dejar que lo imagines. Lo que te puedo decir es que no es muy bueno. Y oh, sí, depende del tiempo. Cuanto más pronto accedas y acabemos esto con nuestra mutua satisfacción…
¡Mutua!
—... antes dejaré libre a Draco de… su incómoda situación.
—Es tu hijo. —La voz de Harry se quebró en la última palabra.
—Y quién mejor que su padre para decidir qué castigo le conviene. Ahora, te concedo que es la noche de bodas del chico. No quería que no se cumplieran sus expectativas… Así que simplemente digamos que no estará perdiéndose ese aspecto de la noche.
—¡Qué demonios quiere decir eso! —Harry sabía que Lucius no respondería. Tenía una ligera idea sobre lo que había querido decir—. ¡Bastardo enfermo!
—Sí, sí, ya lo has dicho antes. Harry, déjame aclararte una cosa: no estoy particularmente interesado en atarte y violarte. La parte de atarte suena deliciosa, pero la verdad es que prefiero que mis parejas lo deseen cuando están en esa posición. Sin embargo, lo haré, tan solo para demostrarte que no puedes desafiarme, y porque te tendré de ese modo si no puede ser de otro. —Algo en la manera de decirlo perturbó a Harry: ese tono de melosa lujuria que se escondía en la amenaza, de nuevo, parecido al tono en que Draco murmuraba su nombre. Harry trató de convencerse a sí mismo de que se debía a la inevitable influencia de toda la casa, y no porque Lucius lo afectara del mismo modo en que lo hacía su hijo.
Draco no es cómo tú, casi dijo en voz alta.
Pero Lucius seguía hablando:
—También, tu conducta esta noche afectará a la rapidez con que libere a Draco de su castigo. Soy bastante capaz de retenerte un día o dos, y dejar a Draco el mismo tiempo en la posición en que se encuentra, como pago por hacerme tomar a la fuerza lo que deberías haberme dado obedientemente. ¿Has sentido alguna vez el Petrificus Totalus, Harry? No es agradable, y cada vez menos cuanto más tiempo pasas en él.
Harry no supo si Lucius estaba amenazándolo describiéndole lo que le estaba pasando a Draco. No es que importara.
En lo más profundo, era dolorosamente dulce saber que Draco se había negado a esto, negado hasta el punto en que Lucius le estaba haciendo algo terrible como castigo. También significaba que la última cosa que quería Harry era ceder, porque… porque entonces Draco estaba pasando por lo que estuviera pasando para nada, y… y él había rechazado la idea así que no querría que Harry cediera. ¡Maldito seas por dejarme esto a mí, Draco!
Oh, ¿hubieras preferido que hubiese venido a decirte que tenías que aceptarlo? ¡No metas a Draco en esto, toda la culpa es de Lucius, ¡ estúpido de mierda!
—¿Puedo tomar tu silencio como aceptación? —dijo Lucius, arqueando una ceja.
—Y una mierda.
—Ah. Parece que será el Petríficus después de todo. Muy bien.
—¡No! —En ese momento Harry sintió que la presión sobre sus muñecas se relajaba solo un poco, mientras Lucius se disponía a coger su varita; Harry empujó con toda su fuerza.
No. No, había sido un incauto. Un ardid. Todavía no se había podido mover. Maldita sea.
—Piensa sobre cuán desagradable sería una violación en estas circunstancias, Harry. Por otra parte, te invito a que pienses cuán placentera puede llegar a ser la noche. No eres virgen; sabes exactamente qué esperar. Y yo puedo ser muy generoso con un amante complaciente. — Acercó su cara—. De hecho puedo asegurarte que no pensarás que la noche no ha dado la talla. Y no me importará si gritas el nombre de mi hijo cuando te corras.
Harry podría haber arrancado esa sonrisa de la cara de Lucius.
—No eres más que un bastardo.
—Si tu definición de bastardo es “persona que consigue lo que quiere”, entonces estaré feliz con el epíteto. ¿Qué va a ser, Harry?
—Jódete tú mismo.
—No es una de tus opciones. ¿Te rendirás? No podrás sacar a Draco de la situación en que se encuentra, te lo aseguro. Crees que dominarme puede ser una solución, pero te aseguro que no es así.
Harry dudaba que Lucius debiera estar tan pagado de sí mismo. Él era una persona de recursos. Pero Lucius estaba decidido a dejarlo indefenso si no contestaba.
Lamió sus labios, intentando no parecer lascivo.
—No… no me hechices, maldito seas. —Intentó ganar tiempo mientras pensaba.
—¿Debo tomar eso como un sí, entonces?
Harry trató de recordar a qué sí se refería. Te rendirás.
Era incapaz de decirlo, aún cuando fuese para ganar tiempo. Asintió con la cabeza, sintiendo su pelo chisporrotear por la electricidad estática de la alfombra.
—No te importa si me aseguro, ¿verdad?
Antes de que Harry pudiese preguntar a qué se refería, Lucius se inclinó y aprisionó su boca con la suya.
Harry se puso rígido.
Oh… Dios... mío.
Era igual y diferente a besarse con Draco. El sabor… su sabor era casi el mismo, el vino sabía en sus labios igual que sabía en los de Draco, mezclándose con ese sabor a sal y miel que claramente era común en las bocas de la parte masculina de los Malfoy. Pero cuando Draco lo besaba, su hambre hacia la boca de Harry siempre era un desafío, una risueña demanda de Respóndeme Potter. Y Harry siempre quería, siempre respondía con las lenguas luchando como si sus besos fueran una competición de dime-que-no-me-deseas-tanto-como-yo, en la que los dos podrían ganar.
Pero Lucius… Lucius lo besó como si no le importara que Harry respondiera o no, besándolo para mostrarle que podía hacerlo, sin prestar atención a señales o indicios que pudieran ocurrir, devorando su boca con la actitud de quien devora una comida: sin preocuparse de si la comida consiente en ser devorada.
Lucius lo besó como si fuera la víctima del beso.
Era abrumador e implacable y… no completamente desagradable.
Era demasiado que procesar para Harry comprender que había sido besado hasta quedarse sin aliento.
Por su suegro.
Harry era ligeramente consciente de que estaba respirando de nuevo, lo que quería decir que el beso debía de haber terminado. De hecho, estaba comenzando a sentir de nuevo sus manos. Lo que significaba…
Oh.
Harry descubrió que la cara de Lucius, que estaba sobre la suya, había retrocedido, y lo que tenía ahora ante sí era el final de una varita.
—Levántate despacio —dijo Lucius.
Harry usó sus al fin libres manos para empujarse hasta quedarse sentado, a la vez que Lucius se levantaba, apuntándole con la varita mientras lo hacía. Gana tiempo, pensó Harry mientras se ponía de pie, notando cómo Lucius sostenía la varita: con el codo flexionado, listo para cambiar a cualquier posición necesaria al primer movimiento de su oponente.
Lucius gesticuló con su mano libre.
—Ven aquí.
Harry dio un paso hacia delante; hasta donde quería llegar, de todos modos.
—Será Suficiente. Extiende las manos, la palma hacia arriba.
—¿Por qué?
—Porque te lanzaré un Petrificus Totalus si no lo haces.
Bastardo. Harry alzó las manos despacio, rotando las palmas hacia arriba, preguntándose si debía actuar ahora.
—Magus Vovere. —Harry no estaba preparado para oír esa abrupta declaración; intentó alejarse con una sacudida, pero una luz estaba saliendo disparada del extremo de la varita de Lucius y rodeaba sus muñecas como colas de serpiente. Ni siquiera podía mover sus manos, mucho menos apartarlas.
—Commencus. Éstas son las condiciones de este juramento, Harry James Potter…
Oh, no. La promesa inquebrantable del mago.
Harry nunca había aprendido nada sobre esta, pero vino a él algún recuerdo sobre su mención. Mierda. Debía haberse movido, debía haberse movido.
—Te rendirás a mí, aquí, en estos aposentos, durante las horas de oscuridad, y en el contexto de todo el placer sexual que yo desee, incluyendo aquello que requiera de tu participación activa. Ninguna acción o inacción tuya puede ocasionar que salgas de esta habitación, cualquier daño que me provoques, o un esfuerzo por romper la promesa. De no atenerte a las reglas, automáticamente se invocará el hechizo establecido en este juramento.
Y éste es…, Harry intentó decir. Pero no pudo. Su vocabulario hablado se había reducido a dos posibilidades; podía sentir las palabras Acepto y Niego en su boca como guijarros, y su boca demasiado llena con ellas para crear cualquier otra palabra.
—Yo, el convocador, decreto que el hechizo será Petrificus Totalus. Las condiciones de la promesa están fijadas. ¿Qué dices tú?
No se podía apartar. El hechizo lo sostenía; podría decir Niego y todo acabaría, lo sabía, pero Lucius no iba a darle otra oportunidad. Eso era así.
No.
Draco sufriendo quién sabe qué pervertidas torturas en las mazmorras.
No.
Porque no había querido que Harry hiciese esto.
No.
… Que tuviera que hacerlo.
No.
Violado mientras estaba petrificado.Joder.
Por el padre de Draco.
Joder.
—Acepto. —JoderjoderjoderjoderJODER.
La luz se desvaneció; sus muñecas dejaron de estar inmovilizadas. Harry miró a Lucius.
—¿Por qué es…?
Harry se detuvo. Iba a preguntar: ¿Por qué estás haciéndonos esto? Preguntar si Lucius odiaba tanto la idea de que su hijo se hubiera casado… Dios, por dónde empezar… con un no-purasangre, un hombre, un Gryffindor, un enemigo de aquellos a los que Lucius había servido, que Harry supo se habían interpuesto entre Draco y su padre, a pesar de que Draco tuvo cuidado en no contarle nada, y Lucius mismo había mantenido una fachada de indiferencia… ¿para qué discutirlo con el medio-sangresucia?
¿Aborrecía tanto esto como para intentar separarlos de esta manera?
Pero no había completado la pregunta porque sabía la verdad. Había sido igual con el beso.
Lucius estaba haciendo esto porque podía.
Lucius sonrió a Harry, como si pudiera escuchar su monólogo interior. Probablemente podía imaginarlo, de todos modos.
—Eso está mucho mejor. Todavía podremos hacer un Malfoy de ti, Harry. Tienes un fuerte sentido del deber.
—Para de decir eso.
—Mmm. Si te molesta, creo que puedo concederte eso. —De repente había extendido una mano, y agarrado el brazo de Harry. Tiró de Harry, que adelantó dos pasos, quedando directamente delante de Lucius—. ¿Confío en que comprendiste la esencia del juramento?
—Lo hice —dijo Harry firmemente—. Ahora deja ir a Draco. De cualquier cosa que le estés haciendo.
Lucius arqueó la ceja de nuevo.
—Lo siento, ¿tenías la impresión de que era así? No, Harry, pensé que lo había dejado claro. El castigo de Draco acabará cuando yo esté satisfecho con tu parte del trato. Si esto acaba contigo petrificado después de todo, yo os dejaré a él, y a ti, allí, en justa retribución, el tiempo suficiente como para que los dos os arrepintáis. Follarme al equivalente de un cadáver caliente no es en verdad una de mis fantasías, y me harás muy infeliz si esto acaba así. —Extendió la mano y delineó las gafas de Harry sobre su cara.
Las manos de Harry ansiaban su varita, un arma, la garganta de Lucius. Tuvo que agarrar el borde de su chaqueta para calmarlas.
—Jodido bastardo.
La sonrisa de Lucius se enfrió.
—Bien, podemos empezar por ahí. Ni uno más de esos epítetos. Si lo dices fuera del dolor físico o de la pasión del momento, no estaré contento. —Sonrió, todavía fríamente—. Como te dije, puedo mostrarte lo agradable que puede ser esta noche para los dos, ahora que tengo tu cooperación.
Dio el último paso hacia Harry, acortando la distancia entre ellos.
—Un poco más, creo, para empezar ¿sí?
Puso dos dedos bajo la barbilla de Harry para levantar su cara. Ése era un movimiento que Draco nunca había hecho antes de besarlo; él y Harry tenían la misma altura.
Bueno, pensó Harry. No quería pensar en Draco mientras tanto. No estaría bien.
Excepto que todavía… Había demasiadas similitudes, además del sabor. Draco había sido el único hombre que había besado durante los dos últimos años; había olvidado la esencia de ser besado apasionadamente, el instinto de atender a las señales físicas, incluso más allá de la habilidad del beso. La manera en que Lucius deslizó la mano por su nuca, apretando su cuerpo contra Harry, ocupándose de su labio inferior con su boca… Todas estas cosas no tendrían, no deberían haberle hecho sentir nada, a menos que hubiese una natural atracción física con que empezar. Y la había, maldita sea. Lucius era la belleza y el deseo animal personificados. Harry lo había admitido hacía mucho tiempo, y lo había vuelto a hacer tan solo unos minutos atrás, y en ese momento no se había avergonzado de ello… ¿no era esa la misma expresión de ángel caído que cortaba su respiración cuando miraba a Draco?
Y sobre la habilidad del beso…
Lucius estaba bastante decidido a barrerlo con él. Un beso nada bueno, nada dulce; simplemente como antes, el beso le era impuesto. En lugar de exigir respuesta, como el de Draco, exigía rendición. Y toda la situación había acabado con una maldita proverbial bandera blanca… ¿Qué demonios podía hacer Harry?
No deberías excitarte tanto por besarte con tu el hijo de perra de tu suegro.
Ah, demonios, no podía estar… maldición, estaba. Ya estaba endurecido bajo sus pantalones; no era justo, el bastardo estaba haciendo algo espantoso a Draco y estaba robándoles su maldita noche de bodas, y todo lo que Harry podía hacer era responder: “Bueno, Es bastante atractivo, como su hijo…”
¡Mierda!
Se apartó de Lucius. Demasiado tarde. Vio la mirada en su cara y comprendió que sabía exactamente por qué se había tenido que apartar justo entonces.
—No, creo que no. Vuelve aquí.
En ese momento, la obvia satisfacción de Lucius por la angustia de Harry hacia su traición física, dejó en él una chispa de enfado que mantuvo para evitar que Lucius se pegara a su cuerpo mientras lo besaba, plegando sus brazos ante él. Aunque Harry supo que la percepción del endurecimiento de su órgano no iba a ser ignorada.
Especialmente porque podía sentir lo mismo en Lucius.
Un número indeterminado de minutos después, Lucius lo soltó y le dio un pequeño empujón hacia atrás.
—Siéntate.
En el borde de la cama, obviamente; estaba tan solo unos pasos detrás de él.
No era fácil. Parecía que hacerlo lo haría gritar de satisfacción, más todavía que haber cedido al beso.
Harry retrocedió, se sentó al borde de la cama con las manos agarrando levemente ambos bordes a su lado. Levantar la vista hacia Lucius fue igual de difícil.
La colcha de cibelina estaba fría bajo sus palmas. La última cosa que Harry quería era compartir eso con Lucius, y no con su marido. Pensó en arrastrarla fuera de la cama.
Pensó en lo tonto que parecería.
Lucius caminó hacia delante, alcanzó el cuello de Harry y en dos movimientos tiró de la pajarita y la deshizo. Harry recordó sus intenciones con respecto a ese lazo y Draco.
—Quítate la chaqueta —dijo Lucius.
Harry se la quitó encogiendo los hombros; Lucius estaba haciendo lo mismo con su chaleco. Mientras que Draco y Harry habían evitado la ropa formal para el evento, la mayoría de la generación anterior lo había preferido, y Lucius había llevado túnica encima de la camisa y el chaleco.
Quitar el chaleco dejó a los dos con el mismo número de prendas. Lucius le lanzó una mirada que solo se podía describir como apreciativa y se sentó al lado de Harry, en el borde de la cama. Harry no pudo evitar retroceder, pero Lucius cogió una de sus manos y atrajo la palma hacia su boca, de una manera que hizo pensar a Harry que lo iba a morder.
Pero era solo un beso, un beso húmedo en el centro de su palma. Harry lo sintió y se estremeció al mirar cómo los ojos de Lucius se cerraban mientras lo hacía.
Mientras la besaba, Lucius quitó el gemelo de la muñeca de Harry. Entonces tomó la otra mano y repitió la acción, desde del beso en el centro de la palma hasta quitar el gemelo. Harry esperó a que Lucius acabase el beso para decir:
—Dámelos. —Lucius concedió, dándole los gemelos a Harry, que se los guardó en el bolsillo de la retirada chaqueta. Eran un regalo de Hermione y no quería perderlos.
Y no, su preocupación no parecía insignificante ni absurda. Cuando esa noche acabase, iba a tener que continuar con su vida. Con cuantas menos angustias tuviera que tratar esa noche, mejor.
Draco.
Maldita sea, tendrían que superar esto de alguna manera.
Lucius movió sus manos hacia la garganta de Harry y empezó a desabrochar los botones de la camisa, uno a uno. Cuando tuvo la mayor parte del pecho descubierto se inclinó hacia él. Esta vez fue el turno de Harry de cerrar los ojos al sentir los labios de Lucius en su esternón, sobre su pecho. Empezó a sentir un nudo en la garganta.
Estoy enamorado de tu hijo, quiso decir, quiso suplicar. Estoy enamorado de tu hijo. No nos hagas esto.
No lo dijo.
Lucius había abierto el resto de la camisa; estaba besando el camino hacia el estómago de Harry, y entonces puso una mano en su hombro, empujándolo hacia la superficie de la cama. Cuando sintió la boca de Lucius en su ombligo, tirando de los bajos de su camisa para liberarlas de sus pantalones, se mordió los labios. Era eso o maldecir al bastardo.
Escuchó suspirar a Lucius mientras se sentaba de nuevo.
—Estás absolutamente apetecible en esta posición, querido Harry. Creo que necesito besarte de nuevo. —Y lo hizo, gateando encima de él hasta que pudo inclinar su cabeza y besar la boca de Harry de la misma dominante manera, succionando su labio inferior, una y otra vez, mordiéndolo hasta que Harry pensó que se inflaría dos veces su tamaño, como si fuera una reacción alérgica a alguna fruta prohibida particularmente sabrosa.
De nuevo, jadeante. De nuevo, un sentimiento no totalmente desagradable.
Maldito hombre.
El beso solo había conseguido ponerlo más duro. Harry odió eso, y decirse a sí mismo que tan solo era humano no lo ayudaba en nada.
Como si hubiera leído su mente, la mano de Lucius se movió con determinación sobre la parte delantera de los pantalones, y las caderas de Harry dieron una sacudida contra su mano. Él gimió, incapaz de contenerse.
El sonido que hizo Lucius en respuesta fue de satisfacción, sin ser una burla. Besó a Harry más delicadamente.
—Creo que me gustaría que te quitases la ropa mientras yo miro. —Apretó la erección de Harry a través de la tela—. Quiero ver si esto es tan encantador como se siente.
Con la cara ardiendo cuando Lucius se quitó de encima, se obligó a sentarse, y entonces, con los ojos expectantes de Lucius en él, se levantó. Intentando juzgar cuán rápido sería demasiado rápido (no quería escuchar a Lucius decirle que fuera más lento, que hiciera un espectáculo para él…) se quitó la camisa abierta a una velocidad que supuso estaba en el límite de lo aceptable.
Lucius hizo otro ruido apreciativo. Estaba apoyándose ligeramente con una mano detrás de él, sobre la cama, mientras veía a Harry desvestirse. Harry vio cómo la colcha de piel negra sobre la cama resaltaba la blancura de su camisa, de su pelo. Era tan parecido a cómo había imaginado a Draco que eso le hizo detenerse. Una nostalgia amarga le brotó de lo más profundo.
Se inclinó y pasó unos momentos desatando sus zapatos, sacándoselos, apartándolos a un lado. Cuando se quitó los calcetines, no pudo resistir alzar la vista hacia Lucius, y de nuevo quiso lanzarle un hechizo que quitase esa débil sonrisa de su odiosa cara. ¿Dónde había puesto el bastardo su varita?
No importa, ahora. No quería soportar esto bajo el Petrificus, y definitivamente no quería ser culpable del sufrimiento de Draco más de lo que ya era.
Desabrochó sus pantalones, los empujó abajo y salió de ellos, echándolos sobre una silla. Sus calzoncillos no estaban escondiendo nada; Harry miró airadamente mientras se los quitaba también, y quedó allí de pie, sin más que su mirada airada y su dureza. ¿Jodidamente satisfecho?
Desde luego que lo estaba, y desde luego él no.
—Muy bien. Gírate un poco… — Harry apretó los puños cuando se obligó a obedecer, determinado a no posar para él, y todavía consciente de que el escrutinio estaba causando que se pusiese aún más duro.
—Bastante, bastante hermoso. Lo sabes, ¿verdad?... Ven aquí. —La voz de Lucius era suave, y esa apacibilidad era peor que los tonos amenazantes; Harry tuvo que tragarse el nudo de la garganta mientras caminaba hasta la cama. Lucius tocó no su erección, sino sus hombros, alcanzando a poner sus manos suavemente sobre ellos, haciéndolo inclinarse en otro beso, de nuevo, suave, aunque no menos imponente, y Harry casi tropezó estando de pie.
No lo deseo.
Verdad, pero Lucius lo deseaba a él, de un modo que implicaba algo más que encontrar un lugar donde enterrar su polla, y eso era muy difícil de ignorar.
Y ahora las manos de Lucius estaban en su polla, o más concretamente, debajo, abarcando su escroto y alzándolo, hasta el final de la rígida parte inferior de su erección, provocando que jadeara; y la mano estuvo así mientras la otra tomó su brazo para atraerlo hacia abajo de nuevo, esta vez directamente al regazo de Lucius, a pesar de que no era un peso pluma. Y siguió besándolo, con la mano que estaba en su brazo ahora tras sus hombros, subiendo para deslizarse por el pelo de la nuca. Y el contacto en esos lugares de su cuerpo era irresistible, y Harry no sabía qué era peor, que Lucius estuviera completamente vestido mientras él estaba desnudo, o la alternativa de estar los dos desnudos, y ese era un pensamiento bastante intimidatorio.
La mano de Lucius estaba apretando más firmemente alrededor del bulto de sus pelotas y su polla, y Harry intentó no gemir, lo que era jodidamente difícil, muchas gracias, Lucius. Podía sentir a Lucius responder con un murmullo de satisfacción contra su propia boca, lo que fue otro espantoso e interesante momento, e intentó mover sus caderas, aunque Harry no quiso pensar siquiera si ese movimiento se dirigía fuera del regazo de Lucius o hacia su mano.Lucius dejó de besarlo el tiempo necesario para murmurar:
—Delicioso. Todo tú. Como si hubiera podido pasar de esto. —Su mano en los hinchados genitales de Harry no le permitía bajar la guardia, de hecho los estaba trabajando más duro y rápidamente, y Harry se encontraba en el dilema de qué hacer con sus propias manos en medio de toda esa imposible sensación. Se encontró incapaz de ponerlas en otra parte que no fuera en los hombros de Lucius, reacio a tocar al hombre voluntariamente. Por otra parte, estaba a punto de caer de espaldas, y exponerse así simplemente era demasiado vulnerable a esas alturas.
Había humedad en la mano de Lucius y Harry supo que venía de su propia polla, que empezaba a gotear a pesar de toda la disposición que Harry hubiera podido tener a que las cosas sucedieran de otra manera. Harry supo que no ayudaría en nada pensar en otra cosa; demasiadas cosas estaban en su contra: las condiciones de la Promesa del Mago, de las que no quería ser víctima; la habilidad de ambas manos de Lucius, y su boca, sobre todo de cara a lo siguiente: el orgasmo, provocándole reacciones (y en el futuro, no lo dudaba, el orgasmo, el maldito bastardo…)
… Por no mencionar al propio Lucius.
Maldita sea, odiaba que ese pensamiento volviese a él. Lucius era insoportablemente sexy, incluso vestido, quizá especialmente vestido, con el inmaculado y cuidado gusto que siempre tenía. La parte racional de Harry nunca iba a olvidar cuánto odiaba a este hombre por hacerle esto a él, pero la parte que estaba dirigiendo la respuesta de su polla, y su respiración, y la impresión de que su sangre estaba intentando fluir de repente en direcciones contrarias… esa parte no se preocupaba por nada. Esa parte hablaba en gruñidos guturales y estaba haciéndole saber a Harry que él no estaba dirigiendo el show, de ninguna manera.
Lucius permitió a Harry deslizarse fuera de su regazo hacia la cama, donde estuvo inmediatamente encima de él, besándolo, atrapando su dura polla entre los dos cuerpos; donde Harry podía sentirla frotándose contra la lana de los pantalones de Lucius, caliente y punzante, haciéndole retorcerse de un modo que no podía controlar. Lucius se rió entre dientes.
—Sí, así, Harry —dijo, mientras presionaba su propia erección cubierta por la tela contra la pelvis de Harry, haciendo que las manos de Harry asieran con más fuerza sus brazos cuando gemía—. Dime cómo te gusta. ¿Te gusta duro y rápido? ¿O prefieres que te provoque?
Oh, no, pensó Harry. Por favor, que pare de hablar. No quiero oírle decir eso. Pero Lucius siguió implacablemente:
—¿Todo es sexo oral entre tú y Draco? Apenas puedo creerlo, viendo la dulce forma de tu culo; debe de estar desesperado por tenerlo bajo él, retorciéndose mientras lo empala. O quizá eres tú el que está encima. Sospecho que Draco en verdad podría ser la puta, cuando está enamorado, o piensa que está enamorado… ¿Grita tu nombre? ¿Se pone a cuatro patas y te suplica que lo folles, mirándote por encima del hombro de una forma tan tentadora que no puedes esperar a enterrarte dentro de su culo o su boca, y quizá parezca la cosa más cruel que no puedas hacer las dos cosas a la vez? Cuando está arrodillado chupándotela, ¿busca tus ojos y tú miras hacia abajo, para poder ver cada pestaña de sus párpados contra su piel como pétalos en una flor? ¿Casi te corres sólo con verlo así?
Harry consiguió estarse callado todo el rato, pero sabía que su expresión estaba más allá de la furia. Lucius rió entre dientes de nuevo, pasando ligeramente sus dedos por la cara de Harry de un modo que lo hizo estremecerse.
—Daría mucho por ver eso. Ambos sois dos bellos jóvenes. —Besó a Harry una vez más y entonces se levantó. Harry miró mientras Lucius se empezó a desvestir, con su curiosidad rayando en el morbo, queriendo saber si su violador era tan perfecto como el corte de sus ropas insinuaba.
Demonios, lo era.
Harry no podía evitar recordar lo que había pensado sobre Draco: que en veinte años pudiera estar así. Pero eso era peor, no quería pensar en Draco durante todo eso.
Así que miró.
Lucius se desnudó con esa gracia fácil del que sabe que no le falta nada en el físico. De algún modo su ropa se tendió al lado pulcramente, sin que diera la impresión de que él se hubiera dado cuenta siquiera de dónde la había ubicado. Harry se había colocado medio sentado, deseando irse corriendo, aunque abrumado por la necesidad de ver lo que estaba pasando.
Si Draco tenía el magnífico cuerpo de un joven en buenas condiciones físicas, su padre no era menos asombroso, pareciendo, no veinte años más viejo, sino veinte años más perfeccionado. Harry tenía debilidad por la clase de músculos pectorales que te hacen querer hundir los dientes en ellos; Lucius los tenía, y eso apenas era nada. Harry vio el grosor de sus bíceps y casi se sobresaltó; con razón Lucius no había tenido ninguna dificultad en controlarlo.
Y entonces llegó a esa cosa debajo de la cintura. Oh, Dios. Ligeramente… solo ligeramente más grande que Draco. Quien nunca le había dado razones para quejarse.
Sin embargo, Lucius no se quedó ahí de pie, posando. Fue hacia la cama y se sentó, atrayendo a Harry hacia él. Harry se encontró de nuevo en el regazo de Lucius, y eso fue suficiente para hacerle inspirar de forma brusca, debido a la sensación de estar piel-sobre-piel con el hombre.
De nuevo Lucius lo estaba besando, su boca bajaba de la de Harry a su cuello, y ésta no era la clase de besos que había extendido más temprano en el torso de Harry. Ahora estaba lamiendo la carne de Harry en serio, no tanto devorando como intentando dejar su olor en él, posesivamente. Harry gimió de nuevo cuando la boca de Lucius se movió sobre su pezón y lo mordió, y sus manos fueron de nuevo a los hombros del hombre como si fuera a intentar apartarlo si aquello se volvía demasiado para él.
No es que pudiera hacerlo realmente, dadas las malditas condiciones.
Como si lo hubiera notado, Lucius le dio un empujón a Harry en el centro del pecho, y Harry fue dirigido de nuevo hacia atrás. Con una sonrisa rapaz en su cara, Lucius volvió al pezón de Harry, mordiendo de nuevo, estimulando la punta con su lengua para que Harry se arqueara hacia atrás e inhalara de forma audible, moviéndose finalmente para prestar las mismas atenciones a su gemelo. Harry descubrió que su respiración estaba empezando a volverse rasposa, dentro y fuera, mientras Lucius dio unos ligeros roces y casi dolorosas mordeduras y lengüetazos en esa carne tan sensible, hasta que incluso los roces ligeros eran casi insoportables.
Ni siquiera entonces Lucius se detuvo. Esto era diferente. Draco nunca había sido así de lento, nunca tan paciente. No es que Harry se hubiera quejado nunca; él no era diferente, tampoco: demasiado impaciente por llegar al evento principal como para permanecer impasible ante tanta provocación. Draco no había sido provocativo desde sus primeras veces juntos, también demasiado joven y ávido para sorprenderse durante mucho tiempo con el juego de “oh, es el Niño Que Vivió quien me desea”.Lucius lo mordió de nuevo y Harry no pudo guardar un pequeño gemido. Lucius rió entre dientes contra su pecho, pero no detuvo lo que estaba haciendo. Por supuesto que no, pensó Harry. No sería tan fácil. Si todo lo que Lucius quería era oírle gritar, Harry podía jodidamente bien gimotear como un niño de cuatro años y acabar con todo eso.
No. No haría eso, ¿verdad?
El cabrón lo sabía, también.
Sin embargo, Harry estaba precariamente cerca de gritar Mira, solo PARA esto cuando la boca de Lucius se movió de sus pezones. Y no era aburrido, tampoco: los círculos gemelos de carne se habían sensibilizado tanto que incluso una respiración sobre ellos ahora mismo lo tendría peligrosamente cerca de gimotear.
La serie de lengüetazos que Lucius extendía sobre su vientre era igualmente enloquecedora: suaves y lentos trazos, pareciendo centrarse en cada impulso de cosquillas que tenía. Harry, de hecho, se tapó su propia boca con la parte de atrás de la mano, por si realmente necesitaba morderse el nudillo. No le importaba si Lucius lo veía. Tenía que hacer algo para impedirse empujar a Lucius; no, definitivamente no quería acabar con el cuerpo petrificado.
Sin embargo, el hecho de permanecer inmóvil era como si ya estuviera petrificado. La boca de Lucius estaba ahora cerca de su ingle, y dada lo dura que estaba la polla de Harry y el ángulo en que se estaba torciendo, la distancia parecía insignificante. Sin embargo, Lucius evitó deliberadamente su erección, concentrándose en cambio tan solo en la superficie de su estómago, incluso cuando su boca empezó a seguir el camino cada vez más espeso de vello que empezaba en su ombligo.
Lucius alzó su boca lo justo para decir:
—Extiende tus piernas.
Harry inhaló.
Se obligó a hacerlo.
Mientras lo hacía, la sensación de la marta cibelina bajo sus pelotas le hizo querer retorcerse.
Lucius estaba estudiándolo.
—Es casi triste, ¿sabes? —murmuró—. La idea de que ésta puede ser la única oportunidad de tenerte me parte el corazón, querido Harry.
Harry, sin embargo, no oyó pesar en su tono. Oyó premeditación. Ideas desplazándose por la mente de Lucius Malfoy mientras se preguntaba cómo maquinar tal cosa.
Harry no hizo más que cerrar los puños. No lo haría.
Hasta que el roce de la boca de Lucius sobre su erección rompió aquella resolución de golpe, él estaba convencido de que iba tener marcas sangrientas en el centro de las palmas de sus manos, por clavarse las uñas. Dios, estaba jodidamente duro.
Lucius lo tomó dentro de su boca y empezó a lamer. Cada movimiento de su lengua en la parte inferior de la polla de Harry era casi una agonía; sin embargo, lo estaba haciendo muy despacio. Los pensamientos de Harry de que no podía durar mucho sufrieron un pequeño cambio.
—¡Joder…! —jadeó. Oyó que Lucius reía entre dientes de nuevo.
Cuando Lucius apartó su boca por fin no fue para detenerse, sino tan sólo para decir:
—¿Te gustaría que fuera más rápido, Harry? —Y volvió al mismo patrón agónico de lentas lengüetadas.
Harry estaba jadeando. No iba a decirlo, no.
La lengua de Lucius pasó por encima de la abertura de la punta de su erección.
Harry se quebró.
—¡SI! Oh, Dios mío, ¡PARA esto!
Harry tenía que dejar de hacer promesas que no pudiera mantener.
Lucius dejó lo que estaba haciendo, pero solo para bajar las pelotas expuestas de Harry y chupar una en su boca como una serpiente que roba el huevo de un pájaro. Harry dio unas sacudidas, mientras gemía “Oh, joder…” de nuevo, apenas sabiendo cómo podía aguantar sin moverse.
Sus manos no estaban sobre su boca ahora; estaban a sus lados, asiendo la superficie de la piel bajo él, que no era lo suficientemente larga como para agarrarla bien. Sus muslos temblaban por el esfuerzo de no moverse, y se llenó de ira ante el conocimiento de que Lucius podía sentirlo.
Lucius se tomó su tiempo, metiéndose en la boca y lamiendo su escroto. Harry estaba casi cegado de dolor, deseando que se detuviese pero queriendo desesperadamente que volviese a su necesitada erección. No. Maldita sea, no.
Pero cuando Lucius lo hizo, Harry no pudo hacer otra cosa que arquearse contra su boca con un gemido.
Las olas de presión vencieron a Harry, extendiéndose por él cuando las manos de Lucius jugaron con sus bolas mientras su lengua raspaba la parte inferior de su polla, y se ahogó y retorció la colcha de marta cibelina en sus manos en lugar de agarrar los hombros de su atormentador, sintiendo cada golpe de la lengua de lucius seguido del coro de Sí… Sí… Sí… que se repetía en su cabeza y con la necesidad de odiarse por ello.
Lucius se detuvo.
Harry gimió.
Apartando su boca y poniendo una mano en el lateral del culo de Harry, Lucius dijo:
—Vuélvete.
Harry apenas podía respirar, mucho menos moverse, pero las manos de Lucius no le permitieron permanecer inmóvil. Lo impulsaron y dirigieron hasta que estuvo boca abajo en la colcha, con su polla increíblemente dura sintiendo la caricia suave de la piel de modo que todo lo que podía hacer era no tirarse a la cama en un ritmo desvergonzado.
Lucius tenía ahora sus manos en la parte más baja de la espalda de Harry, justo encima de la zona pélvica. Harry podía sentirlo posicionarse entre sus piernas todavía extendidas. Va penetrarme el culo, pensó Harry, estremeciéndose en un modo que no era causado solamente por el miedo.
Pero fueron los dedos de Lucius lo que él sintió en primer lugar, separando las mejillas de su culo, acariciando con una delicadeza irresistible esa entrada firme, sin hacer nada para relajarlo realmente, pero provocando temblores intensos mientras estimulaba la contraída carne. Los dedos de Lucius estaban secos, y no hicieron ningún intento por entrar en él todavía. Harry podía sentir la piel bajo él humedeciéndose con el goteo de su polla mientras él estaba expuesto y era acariciado de esa forma tan lasciva. Puso la boca contra la cama para silenciar otro gemido.
Casi gimoteaba cuando sintió la lengua de Lucius presionar contra él. Harry siempre se sentía abrumado por esa intimidad en particular; su cara ardía mientras esa lengua resbalaba lamiendo el pliegue de sus mejillas separadas, estimulando la piel extremadamente sensible de Harry, que asió de nuevo la ropa de la cama, inhalando bruscamente y conteniendo el aliento mientras su abierta entrada era sondada tan hábilmente.Harry ya no se preocupaba de los ruidos que estaba haciendo. Ahora en realidad parecía más vergonzoso quedarse callado con algo así.
Con sus músculos rindiéndose a la invasión, con su cuerpo entero rindiéndose a la experta caricia, Harry se arqueó, levantando los hombros, presionando sus caderas más fuertemente contra la superficie de la cama mientras Lucius lo penetraba con su lengua, despacio, haciéndole querer gritar y retorcerse y moverse hacia atrás contra ese húmedo e insinuante órgano diestro. Dios, no podía creer que Lucius pudiera debilitarlo tan fácilmente.
Y entonces algo más firme estaba entrando justo en el interior de su ano, facilitado por la humedad de la saliva de Lucius, e igualmente hábil en sus movimientos mientras lo dilataba y abría, sin entrar más profundamente todavía. Harry se derrumbó en la cama cuando Lucius agregó una segunda yema a su primer dedo, y su gemido no fue lo bastante ruidoso como para impedirle oír la exquisita voz sensual de Lucius murmurando:—¿Más, Harry?
A-ha No, él no iba a conseguir que dijera eso. Harry sujetó su boca en la piel del dorso de su mano para impedirse contestar.
Los dos dedos de Lucius dentro de su ano dieron un pequeño giro.
—Contéstame, Harry. Te lo ordeno. ¿Quieres que vaya más profundo?
Mierda. Él sabía que si se negaba a hablar, se encontraría petrificado. ¿Podría evitarlo?
…No. Apenas podía respirar, mucho menos pensar en algo ingenioso que le permitiese contestar en negativo.
—Dios… oh, Dios, sí, maldito seas, Lucius…
Harry se estremeció cuando sintió a Lucius inclinar la cabeza hacia la punta de sus dedos, que ya estaban entrando parcialmente en él, y lamió la longitud expuesta, humedeciéndolos más con su propia saliva, mientras que esos movimientos de su lengua rozaban también la hendidura de Harry, hasta que los mojó bastante como para enterrarlos en lo más profundo de un movimiento. Harry enloqueció.
A través de los sentidos enturbiados por una agonía de sensaciones, Harry era consciente de que Lucius se había estirado a su lado, medio encima de él, a lo largo de su lado izquierdo, con la mano izquierda de Lucius sobre su hombro y su boca bastante cerca de su oreja, sus labios rozándola.
—Puedo sentir tu pulso de esta manera —dijo la voz, humedeciendo con su aliento el pelo justo detrás de su oreja. De pronto, Harry sintió como si el hueso de su cráneo fuese frágil como la mica.
—Podría decir cuando los latidos de tu corazón laten más rápido, mi indefenso Harry, como cuando piensas sobre cómo va a ser mi polla entrando en ti después… ah, sí, justo así. —Harry gimió ante esa baja traición, su culo apretado involuntariamente alrededor de los dedos profundamente dentro de él—. Respóndeme, Harry: ¿te ha hecho Draco rogar alguna vez por tenerlo dentro de ti? ¿Te ordena, o provoca de esta manera, ehh?
Harry no pudo censurar su respuesta:
—Sssssí…
—Ah, pensé que lo haría. ¿Y tú le has hecho lo mismo a él, entonces? Aguantar el enterrar tu propia polla dentro de él, no importa cuánto lo desearas, hasta que lloriqueara Por favor, Harry, por favor, fóllame? —Los susurros obscenos se acompañaron por una lenta retirada y empuje de los dedos de Lucius.
—Yo… ¡sí, maldita sea, sí…!
Lucius se rió entre dientes.
—No somos tan inalterables como nos gusta pretender, ¿no, Harry? —No permitió a Harry contestar, en ese momento giró sus dedos de nuevo y lamió el borde de la oreja de Harry mientras lo decía, y cualquier respuesta que Harry pudiera haber dado se perdió en un sonido cercano a un sollozo, haciéndole querer echarse a sí mismo un Obliviate para no tener que recordar nunca cómo había sonado.
Pero ése era sólo el principio, ya que Lucius empezó a follárselo en serio con los dedos, y Harry habría pensado que el dolor de hacer eso sin nada más que saliva para la lubricación lo habría hecho luchar contra Lucius con todas sus fuerzas. Sin embargo, luchar no estaba siquiera cerca de lo que tenía en mente, aún sin la amenaza del Petrificus pendiendo sobre él. Lucius logró de alguna manera rozar su próstata en tan solo el tercer empujón, dejándolo de nuevo jadeante, intentando agarrarse a algo, y terriblemente, terriblemente consciente de su pulso latiendo contra los dedos de Lucius.
Aquella boca estaba todavía justo al lado de su oreja.
—Te sugiero que me digas qué utilizáis, querido muchacho, como lubricante, y en qué lugar de este cuarto lo guardáis.
Harry apenas podía pensar.
—En… umm… el... —No, un momento, no lo había puesto aún en el cajón de la mesita de noche, ¿verdad? —. Cuarto de baño. Bajo el… joder… lavabo…
—Creo que es un buen momento para que lo cojas, entonces. Ponte sobre las manos y rodillas, Harry. Vas a arrastrarte.
Bastardo, pensó. Lo que dijo realmente fue:
—Umm… Dios…
Y entonces se obligó a ponerse sobre las manos y rodillas.
Pero cuando empezó a moverse más allá, casi se desplomó al sentir los dedos de Lucius todavía profundamente dentro de él. Otro gemido ininteligible se le escapó.
—Muévete, mi querido yerno.
Que te jodan. Empezó a arrastrase otra vez fuera de la cama, comprendiendo que Lucius estaba también levantándose. Y todavía no había retirado sus dedos.
—Oh, sí, Harry, voy contigo.
Harry gimió un sonido que intentaba ser una protesta, pero Lucius lo ignoró, o más probablemente, lo saboreó. Si Lucius le hubiera puesta una maldita correa en el cuello, no habría podido ser más humillante.
Y así fue como Harry se encontró arrastrándose hacia el baño para coger el tubo de lubricante, con los dedos de su suegro enterrados en su culo mientras le seguía medio agachado, empujando despacio dentro y fuera de manera que la fuerza de Harry casi cedió múltiples veces.
De algún modo Harry llegó allí y abrió la puerta corredera del armario bajo el lavamanos. Cuando alcanzó el tubo, Lucius dijo:
—En tus dientes.
Aquellos dedos se movieron de nuevo sobre su próstata y todo lo que Harry pudo hacer fue obedecer. Ni siquiera pudo pensar un epíteto cuando se puso el tubo en la boca.
Pero logró pensar varios bastante descriptivos mientras era obligado a arrastrarse hacia la cama de la misma manera.
Lucius cogió el tubo con la mano izquierda mientras dirigía a Harry de nuevo a arriba de la cama.
—Justo en el centro de la cama, así está bien, Harry. Ahora… extiende tus brazos y piernas. No, más abiertos.
Harry dio un siseo que estaba lo más cerca posible de voy a matarte, cabrón, dado que Lucius había prohibido los insultos hablados. Extenderse de esa manera, con esos dedos todavía dentro de él, era un asesinato incluso más de lo que el arrastrarse lo había sido. Y su polla todo lo que hacía era lloriquearle para que se moviera, ahora que tenía esa colcha de piel de nuevo bajo ella.
Sintió a Lucius colocarse en la cama entre sus piernas separadas. Los dedos enterrados en su culo salieron parcialmente, y Harry los sintió volver abundantemente resbaladizos, cubiertos de lubricante y moviéndose más rápidamente ahora. Esta vez casi aulló cuando Lucius rozó su próstata.
—No te muevas. Y no te atrevas a tocarte la polla.
Los dedos se estaban retirando y Harry sintió la cabeza suave de la erección de Lucius presionando contra él, centrándose con tal precisión que cuando empujó adelante lo empaló un buen número de centímetros, a pesar de que su polla era más grande que la anchura de los dos dedos. Harry se estremeció, hundiendo sus dedos en la cama (todavía incapaz de conseguir apretar esa piel, ¡maldita sea!), y se obligó a rendirse a la penetración cuando más de esa gruesa polla entraba por el anillo muscular.
Cuando estuvo completamente envainado dentro de él y Harry podía sentir las caderas de Lucius apretadas contra sus nalgas y sus testículos contactando con la hendidura y rozando contra la base de su propio escroto, entonces Lucius empezó a retirarse despacio, tan despacio que Harry casi estaba lloriqueando cuando él le embistió de nuevo. Se retorció, sintiendo la creciente mancha de humedad en la piel, que tiraba pegajosamente de su propia polla, queriendo que Lucius se moviera más rápido, que le golpeara si era necesario… no en esa invasión agónicamente lenta.
Agónicamente lento eran palabras que nunca había aplicado al sexo, no con Draco. Los dos eran reconocidos seguidores de la escuela de calentura cantidad-sobre-calidad, y cuando tenéis apenas veinte años y sois ambos varones, es escasamente probable que seáis sexualmente incompatibles.
Y ahora, esto. Oh, iba a ser tan fácil de introducir en su vida sexual con Draco, ¿verdad? Ey, Draco, ¿quieres probar algo diferente? Lo aprendí cuando tu padre y yo estábamos follando.
Otra de esas lentas embestidas. La respiración de Harry estalló fuera de él en un grito de “Oh, joder…” mientras su cuerpo entero temblaba, con sus dedos empezando a tener calambres por la rigidez extrema de las garras en que estaban contraídos.
—Ssh. No te muevas. —La voz de Lucius era suave como la almohada que asfixia a un bebé.
Y Harry intentó obedecer, lo intentó con todas sus fuerzas.
Pareció ser suficiente para Lucius, pues ninguna maldición dejó helado de repente a Harry en el sitio. Harry quedó sin hechizo, libre para permanecer quieto por su propia voluntad, libre para quejarse y libre para sentir el agua traidora amenazando con verterse de sus ojos. Libre. Bien.
Lucius se retiró. Del todo. Harry lo oyó exhalar un sonido que transmitió dolor y satisfacción a la vez, algo difícil de comprender para Harry.
Lucius aún no se había corrido.
Ninguno de los dos lo había hecho.
Sintió a Lucius levantarse de la cama. Harry giró la cabeza lo suficiente para ver a Lucius de pie al lado de la cama, mirándolo. Todavía muy erecto.
—Quiero verte arrastrándote de nuevo —dijo Lucius, con su voz espesa por el supremo esfuerzo que estaba haciendo para mantenerse a raya. Harry se estremeció al oír aquello—. Fuera de la cama, vuelve al baño.
Su polla protestó, protestó por apartada de la superficie de piel, protestó mientras se arrastraba fuera de la cama y de nuevo hacia el cuarto de baño, con sus muslos rozando su longitud mientras lo hacía, de forma que cada movimiento era un maldito argumento para seguir haciendo aquello. ¿Y qué tendría Lucius en mente ahora?Lo averiguó una vez estuvo en el baño y Lucius hizo algo con los grifos hizo que la bañera (tan grande como un balneario) se llenase en unos momentos. Un baño, parecía ser.
Lucius se metió en la bañera, con sus cabellos blanco-rubios extendiéndose sobre la superficie del agua cómo pálidas serpientes, y gesticuló hacia Harry.
—Ven.
El agua caliente le alivió considerablemente cuando entró despacio, tanto que no puso remilgos cuando Lucius sacó sus brazos y atrajo a Harry en un abrazo contra su pecho en el agua profunda. De nuevo Lucius devoró su boca, y Harry reveló un gemido al sentirse dominado. La erguida erección de Lucius empujó suavemente la suya, apretando después duramente contra su ingle. Harry pensó que era un buen punto tener agua para mantenerse a flote, ya que de pronto se agotó toda su resistencia.
Todo lo que quería era que aquello terminase.
Lo que significaba, tenía que reconocerlo, que quería correrse.
Lucius había deslizado una mano por su espalda, por la curva de su culo y su muslo, y ahora estaba acunando sus testículos con una mano, allí en el agua, apretando ligeramente, y luego no tan ligeramente. Harry gimió de nuevo, con su boca aún capturada por la de Lucius.
Al fin Lucius dejó de besarlo y lo soltó. Harry notó que le ponían algo en la mano: una pastilla de jabón. La miró fijamente, sintiendo como si el calor del agua hubiera embotado su habilidad para entender.
—Límpiame —dijo Lucius—. Querrás hacerlo antes de la próxima parte.
Acceder a ello le costó más esfuerzo del que había pensado. Más esfuerzo obligarse a limpiar la polla de Lucius, ahí en esa bañera, que el que le había costado arrastrarse a lo largo del suelo con los dedos del hombre apretados dentro de su culo.
Cuando ya estaba listo, Lucius dijo:
—Ahora… permíteme ver cuán talentosa es esa boca tuya.
De nuevo, ese embotamiento le hizo ir lento al decir:
—¿Qué… aquí?
Los dedos de Lucius estaban en la barbilla de Harry, con su pulgar acariciando su labio inferior de un modo que decía Sabes que podría estar haciendo esto en tu polla, ¿verdad? Y además lo deseas terriblemente, ¿verdad?
—Coge aire y ve bajo el agua. Puedes volver arriba cuando tengas que respirar. Desde luego, espero que pongas tus mejores esfuerzos en ello.
Podía apostar que sí. Inspirando profundamente, y volviendo a inspirar una gran bocanada de aire de nuevo, ya que la primera se le había quedado en el nudo de la garganta, Harry se deslizó bajo el agua.Se las arregló bien al principio, lamiendo la dura erección de Lucius durante bastante rato antes de subir a la superficie para respirar, pero cuando intentó introducir la gruesa longitud en su boca, se desorientó momentáneamente e intentó respirar a través de la nariz. Tosiendo y escupiendo saliva mientras intentaba recuperar la respiración por encima del agua, Harry vio la risa de Lucius, y no era cariñosa ni tierna.
Intentó no pensar sobre qué podía significar.
Lo hizo mejor en su siguiente intento. Pudo chupar y lamer la erección de Lucius durante lo que pareció una buena parte de un minuto antes de subir a respirar, sin incidentes esta vez.
Lucius lo mantuvo así hasta que la duración de cada inmersión se hizo necesariamente más y más corta; entonces cogió al jadeante Harry, lo empujó contra un lado de la bañera y de nuevo empezó a violar su boca con besos. Harry se encontró luchando por aire, incapaz de conseguir suficiente a través de su nariz dado que Lucius se las arreglaba para dejarlo inutilizado con la sola virtud de sus besos.
No ayudó cuando Lucius puso un dedo entre sus nalgas y lo penetró de nuevo; Harry sintió su erección, que no había decaído durante todo aquello, ponerse aún más dura. Gimió en la boca de Lucius, gastando un precioso oxígeno.
El agua parecía envolverlo por todos los sitios donde el cuerpo de Lucius no lo hacía, como si el agua fuera simplemente una extensión de Lucius, de forma que pudiera profanar a Harry del modo más completo. Harry sentía las pequeñas gotas de agua cayendo de los extremos de su húmedo pelo a sus hombros: frías, provocándole escalofríos por la espalda. Todo eso estaba pensado para abrumarle de sensaciones, como si el agua contuviese alguna clase de poción. Pero Harry dudó que fuera el caso. No era necesario; postergar el orgasmo era excepcionalmente suficiente para él. ¿Cómo podría una poción superar eso?
La otra mano de Lucius estaba ahora sobre la erección de Harry, con los dedos acariciándolo suavemente. La combinación de aquello y las ondas de agua que los movimientos creaban, jugando por encima de él, lo estaban volviendo loco. Oh, Dios, quería correrse YA.
Lucius finalmente soltó su boca. Harry se encontró con la cabeza cayendo contra el borde de la bañera mientras jadeaba. Oyó que Lucius reía entre dientes de nuevo.
Oh, Dios, si el hombre en verdad tenía la intención de complacerse con algún juego de respiración después de esto, Harry no iba a ser capaz de aguantarlo. No.
Pensó otra vez en Draco, y en los límites.
Y comprendió que no, que realmente no tenía ni idea de dónde estaban, ¿verdad?
Las manos de Lucius estaban saliendo de entre sus piernas para cogerle por los hombros y levantarle y sacarle de la bañera. Momentáneamente, Harry temió que no fuera capaz de sostenerse; sus piernas amenazaban con ceder completamente.
Pero Lucius le dejó apoyado contra una pared mientras sacaba una toalla, y después se la dio a Harry; cuando iba a usarla, Lucius dijo:
—No, a mí. —Y apartó su pelo hacia atrás, sobre sus hombros. Harry se obligó a cumplir y se despegó de la pared. Ni siquiera necesitó otra toalla seca, cuando estaba terminando, para absorber el agua del pelo de Lucius, dado que la toalla era muy grande y gruesa.
Lucius no se molestó en sacar otra cuando la cogió de Harry y repitió el proceso en él. Bueno, repetir el proceso no era demasiado exacto, pensó. Para cuando Lucius había terminado de secarlo, Harry se sentía como si hubiera sido totalmente corrompido por tan solo ese acto (Lucius había hecho un trabajo minucioso y desvergonzado con él), y también escarmentado de la calidad de su propia habilidad en la tarea. Si él pensaba que había sido delicado (o duro) antes…
Lucius no habló esta vez cuando dirigió a Harry de vuelta a la alcoba, ni tampoco le exigió que fuera de rodillas. Lo que hizo, cuando los dos estuvieron de pie junto a la cama, fue sentarse en el borde y poner de nuevo a Harry sobre su regazo.
Y entonces, repentinamente, boca abajo encima de él.
Harry estaba asiendo de nuevo la ropa de cama. Estaba tumbado con el culo encima de los muslos de Lucius, que estaba acariciando lentamente sus nalgas con las palmas de las manos. Para... prepararlo.
Oh, no.
Aquello no estaba dedicado a Harry en sí mismo. Aquello significaba la autorrealización de quién lo estaba haciendo, y pensó que Lucius muy posiblemente tuvo a Draco en esta posición en algún momento. De pequeño. Esperando ser castigado.
La idea de cualquier Malfoy excitándose con ello bajo esas circunstancias hizo que sus centros de aversión trabajasen a mil por hora. Esto no es bueno. No. ¡Arg!
Podría haber sido peor. Podría haber sido un sucio juego de aguantar la respiración, se dijo a sí mismo.
—Separa las piernas —dijo Lucius. Harry estaba empezando a reconocerla como una de las órdenes favoritas del hombre, tal fue la lascivia que puso en darla. Harry siguió la orden lo mejor de pudo, tal como estaba, echado sobre el regazo de Lucius.
Lucius se movió bajo él solo lo suficiente para atrapar la erección de Harry entre los muslos y sostenerle allí.
Harry se estremeció tan fuerte esta vez que casi se vino.Cuando llegó la primera palmada, justo en el centro de su nalga derecha, Harry se sacudió pero no hizo ningún sonido. Lo que pensó que estaba muy bien: no se trataba tanto del azote como de la manera en que el movimiento tiraba de su polla.
La segunda palmada fue solamente un poco más fuerte. De todos modos, las sensaciones de su polla fueron más considerables.
Sobre la quinta, empezó a ver que eso podría cambiar. Lucius no estaba limitando las palmadas tan solo a su culo, también estaba apuntando hacia la parte de atrás de sus muslos.
En la décima siseó. En la duodécima aulló.
Maldijo en la decimoquinta.
—¡Ay! Maldita sea…
Después de la vigésima, cuando parecía claro que no iba a ser capaz de mantenerse quieto durante más tiempo, Harry sintió sobre sus nalgas y muslos el masaje de la mano de Lucius, en movimientos circulares. Aquello, en contraste, más que consolador hizo saltar su erección cuando hubo un contacto directo con la palma de Lucius. Éste hizo aquello durante unos momentos, lo azotó de nuevo, acarició y apretó su carne después del mismo modo, lo azotó por vigesimosegunda vez, y comenzó a seguir el intenso patrón de aquella manera.
Con el calor de su trasero sobrepasado (apenas) por el de su cara y su polla, Harry perdió la cuenta antes de que Lucius terminase. Ciertamente había perdido su dignidad, gimiendo y apretando la piel de marta cibelina en sus puños, estremeciéndose al borde del clímax pero sin que le estuviera permitido caer en él.
Lucius lo levantó, restableciendo a Harry en su regazo, y éste pudo ver la mirada de satisfacción de Lucius cuando su culo recalentado se puso en contacto con su regazo. Todavía sonriendo, Lucius enganchó una mano por debajo de la rodilla de Harry y le giró de modo que quedara sentado a horcajadas sobre él, cara a cara. Harry sintió la rígida erección de Lucius entre sus nalgas y tembló.
Lucius estaba agarrando sus brazos tan fuerte que estaba seguro de que le dejaría cardenales. Su boca no intentó seducirle o ser dulce cuando la empujó contra la de Harry, mordiendo, chupando furiosamente sus labios y lengua cuando se aburrió de morder, y Harry se encontró siendo devuelto a la cama, en medio de aquel beso fiero y casi lacerante, con el peso de Lucius sobre él mientras forzaba los muslos de Harry.
Harry sintió las manos de Lucius de nuevo en su abusado trasero, separándolo, y había puesto también las manos en el tubo de lubricante, ya que estaba cubriendo su hendidura de gel. Lucius le metió de repente tres dedos, nada suave o lento ahora, y Harry gritó con los dientes apretados, temiéndose que sería un alarido si relajara los músculos de su mandíbula.
Entonces Lucius asió a Harry por los tobillos, empujando sus muslos hacia su pecho mientras la erección de Lucius presionaba contra su lubricada entrada. Lo abrió. Harry lanzó los brazos a los lados y se agarró a la ropa de cama, y esta vez sí dio un alarido, que aumentó cuando la siguiente embestida de Lucius se impulsó contra su próstata.
El Lucius al que le satisfacía hacerle gemir de frustración ya no estaba, y en su lugar Harry se encontró abandonado con una bestia salvaje cuya actitud era la de despachar a su presa con rapidez. Harry no podía simplemente permanecer tumbado allí y aceptarlo mientras Lucius entraba y salía de él, retorciéndose, levantando las caderas, apartando la cara cuando el pelo aún húmedo de Lucius rozaba su cara y su pecho, pero forzado a volver cuando la boca de Lucius bajó sobre la suya, todavía devorándola, todavía mordiendo.
Y entonces las embestidas redujeron el ritmo, después de todo, y Harry sintió la mano de Lucius envolviendo su erección, no acariciando sino estrujándola hasta el punto que la separación entre el éxtasis y el dolor fue imperceptible, y entonces el pulgar de Lucius se arremolinó lentamente encima de la punta de la erección de Harry, en círculos lentos, firmes, y así fue como el dolor que lo consumía desde los pezones hasta las ingles al fin fue liberado, y aulló en la boca de Lucius cuando se corrió, empapándole los dedos con la erupción de esperma, pegándose a él como si se tratase de poner cada parte de sus cuerpos en contacto, con una mano —su cara se sonrojó de vergüenza al recordarlo después— irrefrenablemente enredada en ese pelo largo y la otra extendida en el aire como intentando alcanzar la cosa ausente que había esperado que le salvase.
Cualquier cosa que hubiera podido ser.
Y como Lucius aumentó la velocidad de nuevo, la hipersensibilidad de su próstata casi le hizo perder la consciencia mientras Lucius chocaba contra ella, llenando las profundidades de Harry con su gruesa polla, casi tumbado sobre él en la cama, arrancándole más de un grito hasta que Lucius se corrió también, casi silencioso excepto por el temblor de su exhalación, inundándolo con una ola caliente de humedad que parecía querer llenarlo hasta la garganta.
Lucius soltó los tobillos de Harry, pero no hizo ningún otro movimiento para levantarse aún. Harry permaneció allí, pestañeando, jadeando, intentando recuperar la respiración y suprimiendo el impulso de escapar de debajo de él.
Cuando Lucius siguió sin moverse y Harry pensó que podría hablar sin que su voz se quebrara, delatándole, dijo:
—Bien. Déjeme ir. Deje ir a Draco.
Sintió al bastardo sonreír contra su cuello.
—Las horas de oscuridad, según yo recuerdo, eran las condiciones, Harry. —Lamió su oreja—. No tengo ninguna intención de perder un solo minuto de esta noche de bodas.
*****
—¿Te dije que podías detenerte?—Ha amanecido, maldita sea.
Lucius miró en dirección a la ventana. Un ligero tinte purpúreo tocaba el cielo oscurecido.
Técnicamente, Harry tenía razón.
Una verdadera lástima.
Enredando sus dedos en el pelo de su yerno, tiró de su cabeza, apartándolo de su ingle.
—Muy bien, un beso y puedes irte.
La boca de Harry se redujo a una pequeña y enfadada mueca antes de que Harry se controlase y se obligase a poner la boca contra la de Lucius. Éste abrió los labios de Harry con su lengua y se apoderó completamente de su boca antes de liberarlo.
El muchacho salió de la cama tan rápidamente que uno hubiera pensado que se acababa de dar cuenta de que estaba maldita. Cogió la primera túnica que tocó en el armario y se la puso.
—¿Dónde está mi jodida varita?
Lucius no se molestó en esconder su sonrisa.
—Te la devolveré después. Lo único que necesitas—continuó, antes que de Harry pudiese protestar—, es esto.
Hizo un gesto y el objeto apareció en su mano. Ofreció el pedazo de metal grabado a Harry.—Esto te permitirá entrar en los calabozos, y cuando los elfos domésticos lo vean, te obedecerán si les pides que detengan lo que están haciendo.
—Quiero. Mi jodida. VARITA.
Lucius contestó tranquilamente:
—Estás perdiendo tiempo, Harry.
El muchacho lo miró fijamente, siento todavía el vivo retrato de la corrupción, con esas telas cubriendo de cualquier modo su desnudez.
Entonces avanzó de tres zancadas, cogió la heráldica Malfoy de la mano de Lucius y estuvo fuera tan rápidamente que su túnica no terminó de arremolinarse a su alrededor en el giro.
Poniéndose de pie y estirándose, Lucius empezó a recoger su propia ropa. Qué joven tan afortunado era su hijo.
No era particularmente importante para él si Draco no lo perdonaba nunca. Ahora era un adulto, y como adulto, debía aprender qué injusto lugar era el mundo.Aquello, después de todo, era la última lección que cada padre debía dar a sus hijos.
*****
—¿Draco?Las protecciones que tenía el calabozo, como Lucius había prometido, habían caído a su llegada. En la tenue luz Harry no podía ver el interior de cada celda completamente, y esperaba que Draco pudiera escucharlo y pudiera contestarle.
Creyó oír algo. No solo el eco de su propia voz contra las paredes.
—¡Draco! —Avanzó hacia el sonido.
Oh.
No era… una celda donde había estado retenido, no.
La cámara central.
La cámara de tortura central.
—Oh, mierda.
Harry se dijo, después, que si la vida de Draco realmente hubiera estado en peligro, él se habría movido. Se habría movido al instante.
No se hubiera quedado paralizado ante esa visión espantosa, luchando contra la suprema nausea que lo había golpeado como un bludger en la tripa.
No era la posición. No, para ser honesto, bajo otras circunstancias, la posición podría haber sido… bastante caliente.
No, eso no era lo que le había enfermado.
—…los elfos domésticos… te obedecerán si les pides que detengan lo que están haciendo.
Jodidos… ELFOS… domésticos.—¡Lejos de él, putos pervertidos! —gritó, finalmente saliendo de su parálisis y avanzando. Recordó la heráldica de metal y la levantó—. ¡Lejos de él YA, yo lo ordeno!
Viendo la señal en la mano de Harry, los cuatro elfos domésticos de género indeterminado corrieron precipitadamente lejos de donde estaban arracimados sobre la ingle de Draco y lejos de la mesa.
—Sí, amo Harry —dijeron dos de ellos a la vez.
—¡Y no me llaméis así, joder! ¡Oh, mierda, Draco…!
Draco, con los ojos abiertos y una mirada de locura en ellos, hizo un ruido cercano a un balbuceo.
A primera vista, no parecía estar herido. La posición no debía haber sido cómoda, y menos si había estado en ella toda la noche, como suponía.
No parecía haber ninguna marca en él, al principio.
Pero el brillo en su pecho y estómago… Por Dios, Draco había sido prácticamente glaseado con su propio semen. Parecía haberse corrido una docena de una docena de veces, y estaba duro otra vez. Joder.
Y su ingle entera estaba roja como si se la hubiera quemado al sol.
Harry se acercó al pie de la mesa donde Draco había sido despatarrado, con la intención de liberarlo de las correas de sus tobillos, pero aún no estaba a diez pasos de la mesa cuando Draco gritó:
—¡No la toques!
Harry se sobresaltó y se quedó quieto, con su conmoción siendo sobrepasada por el alivio de ver que Draco al menos estaba todavía consciente y coherente. Miró la cara enloquecida de Draco, con sus propios ojos no menos abiertos.
—¿Qué puedo hacer? ¿Tiene una trampa? —dijo balbuceando.
Draco hiperventilaba, pero parecía intentar mantener el control.
—La mesa... no. No... me la... —tragó—... toques.
—¿Qué cojones te han hecho? —La mirada de Harry se movía entre la mencionada parte del cuerpo y la cara de Draco en una rápida alternancia.
De nuevo, Draco intentó conseguir tener su respiración bajo control antes de contestar.
—Es… Oh, joder, ¡no agites el aire así! … Es una Poción O-oscura de mi padre. Causa… hipersensibilidad. Oh, puto maldito desgraciado, siento como si todavía estuvieran s-sobre mí, Harry…
Harry no esperó más; llegó al extremo de la mesa y empezó a desabrochar las correas de los tobillos.
Draco tragó audiblemente.
—¿Recuerdas el partido Slytherin/Hufflepuff de nuestro sexto año? ¿Aquel que no hubo lluvia u oscuridad y ambos bandos conseguimos todos aquellos puntos? —Casi había sido un record mundial—. Eso es… creo que esas son las veces que me vine. Ah, joder maldito sea Gryndelwald… NNNN! ¡CUIDADO, Harry!
Harry, que no había estado cerca de la lastimada y dolorosamente erecta polla de Draco, sino que solo había terminado con la primera contención, retrocedió.
—¿Qué? ¿Qué puedo hacer? —balbuceó otra vez.
—Solo… oh, Dios, ve lento. No… no dejes que mis piernas se muevan mucho…
Con los dedos temblando, Harry deshizo la contención con tanto cuidado como pudo.
Cuando se movió alrededor de la mesa para soltar las muñecas de Draco, éste dijo:
—Harry…
—¿Sí? ¿Qué? ¿Qué ocurre? —Oh, Dios, ¿cómo iba a conseguir sacarlo fuera de la mesa?
—Yo solo… oh, mierda, Harry, lo siento tanto, tanto, joder…
Harry se detuvo.
—¿Qué?
—Lo siento. Siento no haber podido detenerlo. Lo mataré. Lo juro por Dios, lo mataré por ti.
—Qu... —Harry lo miró fijamente—. ¿Qué, crees... Draco, joder, crees que necesitas matarlo por mí? Si lo quieres muerto, Draco, ¡yo seré el primero que lo haga!
—Debería… debería haberte escuchado. Haberte hecho caso sobre Voldemort. Haberte hecho caso sobre no convertirme en mortífago. Debería haberte hecho caso sobre mi padre. Dios, ¡soy un jodido idiota!
Harry había desatado las contenciones de las muñecas, pero Draco no intentaba moverse aún.
—Mira, no hablemos de eso ahora. ¿Cómo puedo... Qué te parece si traigo algo para limpiar esta poción, para neutralizarla?
La risa de Draco se convirtió en tos.
—No… —dijo él, cuando pudo respirar—. No puedes limpiarla. Ni lo intentes. Tú trae agua cerca de mi polla y probablemente intentaré matarte. No hay ningún antídoto. Tendrás que dejar que desaparezca.
—Mierda. ¿Cuánto tiempo tardará en hacerlo, joder?
Otra tos.
—Días.
—¡MIERDA!
—Créeme, ¡LO SÉ, JODER!
—¿Cómo demonios voy a bajarte de esta mesa? ¿Puedes andar siquiera?
—¿Me has preguntado lo que CREO que me has preguntado?
—Bueno, ¡tu padre me quito mi JODIDA VARITA! ¡Ni siquiera puedo hacer un mobilicorpus a menos que…!
Harry se detuvo.
Dirigió toda la furia de su mirada a los elfos domésticos de la esquina, que tuvieron el sentido común de encogerse.
—De acuerdo —dijo—. Vosotros. Llevadlo de vuelta a nuestras habitaciones. Levitadlo hacia allí. DESPACIO. Si le hacéis daño, pequeños pedazos de mierda, incluso si él hace una sola mueca de DOLOR, os pelaré a todos hasta dejaros como feas BANANAS de cuatro extremidades y orejas puntiagudas. ¿Me habéis entendido?
Se miraron entre ellos intentando determinar si la autoridad de Harry sobre ellos llegaba a ese punto.
Entonces miraron a Harry de nuevo y claramente decidieron no cabrearlo más.
Mientras se preparaban para transportar al sufrido Draco, Harry murmuró:
—Si Lucius no ha salido de la maldita habitación voy a atravesarlo con un jodido cuchillo de mantequilla.
Oyó a Draco aguantar la respiración. Pero no de dolor, esta vez.
—Harry, joder, Harry, no tenemos que volver allí. Podríamos usar uno de los cuartos de huéspedes…
—No —dijo Harry, tan fuerte que calló a Draco—. NO permitiré que piense que ganó. NO le permitiré pensar que estoy malditamente TRAUMATIZADO para ir a la jodida habitación. He pasado... maldita sea, mucho a lo largo de mi vida como para estar asustado por los recuerdos de lo que pasó en una HABITACIÓN.
Después de un momento, Draco se atrevió a hablar.
—Encontraremos ese piso en Londres.
—Maldita sea que lo haremos. Pero no hoy. —Miró tan fijamente a su marido que casi daba miedo—. No vamos a huir de esta casa como jodidos hurones. Esperaremos a que estés bien y entonces iremos a buscar un lugar y cuando tu padre nos pregunte si tenemos una llave de repuesto que queremos que guarde, se la daremos, pero no le diremos que es la llave que abre la puerta de la jodida trampa del foso de fuego que vamos a instalar para ÉL.
Draco lo miró fijamente. Entonces esbozó una pequeña pero firme sonrisa.—Bravo.
*****
Menuda mierda de luna de miel, pensó Draco tres semanas más tarde.
Durante días, el mero movimiento había sido una agonía. Las corrientes de aire sobre su piel en carne viva eran suficiente para que gritase. Había pasado una semana antes de que pudiera caminar hasta el cuarto de baño, mucho más en poderse vestir.
Y Harry había estado con él en todo momento.
No fue de la manera que hubiese escogido para averiguarlo, pero ciertamente supo una cosa: eso era amor. Todo el que había sugerido (incluyendo a su Padre el Bastardo de Mierda) que él y Harry estaban juntos solo por el sexo, se había probado que estaba Jodidamente Equivocado.
No es que hubiera habido sexo mientras estaba convaleciente, de todos modos. Poder caminar y vestirse había sido una gran bendición, pero eso no significaba que estuviera todavía listo para el mambo horizontal.
Lo que significaba que Harry y él habían tenido mucho tiempo para hablar.
Aunque parezca extraño, la fase donde todas las acusaciones (te dije que no podíamos confiar en tu padre / te dije que nunca te tendrías que haber casado conmigo / te dije que eras el imbécil más terco del planeta) se suponía que proliferaban, había sido increíblemente breve, y habían pasado mucho más tiempo en la fase de la disculpa mutua: Lo siento, no, lo siento, posiblemente tienes que sentirlo, es mi culpa, no, es mi culpa. Aquello les había durado días.
La parte más dura de todo, mucho más duro que esperar a que se fueran los efectos de la poción para que pudiera hacer una jodida meada sin ayuda y sufrimiento, era la parte que Harry y él habían tenido que exponer lo ocurrido, incapaces de disfrazarlo en vagos conceptos, porque simplemente no podría quedar sin ser dicho.Draco sabía exactamente lo que su PBM (Padre el Bastardo de Mierda) había pretendido. Sospechaba que lo había conseguido.
Su PBM se había asegurado de que Harry se estrujase bien los sesos.
Draco había tenido que decirle a Harry que lo sabía. Y que eso era culpa de su PBM, no de él.
Harry no había querido darle detalles (Draco no estaba seguro de que pudiera haberlo oído sin decir ¡Agh! cien veces; era de su padre de quién estaban hablando) pero le dijo lo suficiente como para saber que era verdad.
Y había habido lágrimas.
Pero su PBM no había roto a Harry. No lo había hecho.
Y no los había roto a ellos, tampoco.
Si esa había sido su intención, había fallado por mucho. Draco había sido muy serio acerca de cambiar su apellido por el de Harry. Todo lo que su PBM había hecho era unirlos contra él.
El día que Draco se dio cuenta que los efectos de la poción estaban empezando a reducirse, había querido cantar el Aleluya, pero ni siquiera eso se acercó al increíble alivio que había sentido cuando Harry lo había besado con pasión después el mismo día, apretando cuidadosamente su propia erección, con sumo cuidado, y gimiendo que no podía esperar hasta que Draco estuviera listo para sus habituales juegos de colchón.
Mientras él todavía sentía que su PBM merecía la muerte por todo eso, era bueno saber que ni siquiera él podía derrotar la largamente cultivada capacidad de aguante de Harry.
Tres semanas después, se sentía lo suficientemente bien como para empezar La Gran Búsqueda de Piso de Recién Casados en Londres con Harry.
Y alguna otra cosa además.
Se levantó duro esa mañana. Bien, eso no era raro, dado los eventos de hacía tres semanas; había estado tieso aproximadamente un 99% del tiempo, mientras todavía estaba bajo los efectos de la poción. Pero esa mañana era natural, saludable, la erección mañanera del tipo Hola, ¿estamos animados?
Y tocarla había estado bastante bien. No estaba listo para los juegos olímpicos sexuales, pensó, pero definitivamente bien.
Maldita sea, era bueno estar de vuelta.
Le habría gustado preguntarle a Harry si quería ayudarle a cuidar del pequeño Draco alegremente resucitado, pero Harry no estaba allí en ese momento. Le pareció oír agua en el baño, así que pensó que podía esperar.
Pero Harry no volvió durante un buen rato, y para entonces Draco estaba deseando con arrepentimiento que se le bajase la erección (ahora él necesitaba el baño).
Encontró a Harry en él, sentado en el suelo junto al retrete.
—¿Harry? Qué… Harry, ¿estás…? —Parecía ciertamente verde, y casi… casi como si hubiera estado llorando. Mierda. Draco tuvo otro de aquellos cincuenta-momentos-al-día de Él va a morir, refiriéndose a su PBM—. ¿Estás bien? —dijo, mientras intentaba calibrar si Harry necesitaba que se quedara o prefería estar solo.
Pero nada hubiera podido prepararlo para lo que Harry dijo luego.
—Draco…
—Draco, creo… creo que podría estar embarazado.
Fin
Harry/Draco
Lucius/Harry
Rating: NC-17
Noncon/Dobious