Esfuerzo
en vano
Por
Charlottesometimes
Traducido
por Ami - Beta,
Firu
Continuación
de M25
Normalmente, Dan no llevaba su iPod cuando iba a que le maquillaran. Normalmente, le gustaba charlar con la gente de maquillaje y peluquería al igual que con casi todo el mundo. Pero normalmente, había más sillas libres y Tom se podía sentar donde quisiera para que le encasquetaran la enorme peluca de gato persa en la cabeza.Dan debería haber borrado aquellos morbosos retoques fotográficos de su disco duro, pero no lo había hecho. Habían hecho que Tom se largara la primera vez que iba a pasar allí la noche y evidentemente le habían llevado al punto de no hablarle durante semanas. Pero Dan no podía enfadarse con Tom por confundirse acerca de las imágenes. Aquella noche en la M25, Tom había admitido haber pensado en él, pero había evitado hábilmente responder por qué gracias a un golpe de suerte con el tráfico.
Lo que le molestaba era el beso. Fue un buen beso, un beso suave, uno que le hubiera gustado reflejar con afecto y que no hubiera acabado con Tom casi rompiendo algo para intentar escaparse después. Él lo empezó, así que ¿por qué siento como si hubiera hecho algo malo?
La tensión fue palpable en escena. A Harry Potter no le gustaba Draco Malfoy precisamente. Fue bastante fácil sentir el fuerte torrente de odio entre los dos personajes cuando Dan miró a Tom, preguntándose por qué se había molestado en besarle solo para deshacerse nuevamente de él.
Tampoco es que Dan hubiera estado disponible para recibir explicaciones. Aunque tampoco se había esforzado demasiado por no estarlo. No estaba seguro de si Tom estaba siendo evasivo a propósito, o si simplemente no era oportuno que charlaran. Dan rechinó los dientes pensando sobre el obvio empeño de Tom por salir con Emma en las grabaciones para el material de detrás-de-las-cámaras. Lo vio unas cuantas veces, fijándose en lo sincero que parecía y deseando que pareciera más desesperado.
Cuando Dan miró al espejo iluminado, vio llegar a Tom. Tenía la música demasiado alta como para escuchar lo que decían, y en ese momento no creía querer saberlo. Tom miró el asiento vacío junto a él e hizo una mueca de disgusto, entonces se encogió de hombros de forma juguetona y se acercó a la silla, rechazando con la mano una bebida que le ofrecían.
Aquello avivó el enfado de Dan, su iPod cambió de pista y reprodujo “Hope There’s Someone”, de Anthony & the Johnsons. Avanzó unas cuantas pistas más, sin querer escuchar nada tan ñoño con Tom sentado a su lado. Lo dejó en “Banquet”, de Bloc Party, decidiendo que aquello pegaba más con su estado de ánimo. Entre otras cosas, era animada y le ayudaría a no sentirse emo en presencia de Tom.
Cerró los ojos y meneó la cabeza al compás, decidiendo hacerse el indiferente tanto como pudiera hasta que la maquilladora le agarró la barbilla para que se estuviera quieto y así poder ponerle la cicatriz. Dan suspiró y abrió los ojos, manteniendo la mirada fija en sí mismo. Pudo ver de reojo a Tom moviendo los brazos, y lanzándole una mirada.
Se estaba burlando del baile de Dan, sonriendo abiertamente con las manos tapándose los oídos. Tenía los ojos cerrados, los labios estirados en una sonrisa ancha y alegre y su cabeza se movía hacia delante y hacia atrás mientras su torso se ondulaba bajo una camiseta negra demasiado grande. Dan estaba tan furioso con él por la burla como Tom lo estaba de radiante, y a los demás trabajadores eso les divertía demasiado como para echarle la bronca en ese momento. Se quitó un auricular y arqueó una ceja, preparado para escuchar lo que Tom tuviera que decir cuando se dio cuenta de la camiseta que llevaba.
La bandera anglicana resaltaba en la camiseta con los ojos y la boca de la Reina tapados por la frase “Dios Salve a la Reina”. Dado que sabía las preferencias de Tom respecto a la música rap, encontró aquello bastante fuera de lo común. Dan la miró con sospecha, preguntándose si Tom estaba saliéndose de sus costumbres sólo para fastidiarle.
-Bonita camiseta -dijo Dan. Se quitó el otro auricular, apagó el iPod y lo dejó sobre la repisa.
-¿Sí? Gracias -dijo el otro. Su expresión hermética era imposible de descifrar, lo cual aún frustraba más a Dan.
- ¿Fan suyo? - Preguntó Dan, girándose sobre la silla para mirarle.
Las luces brillantes hicieron que el sonrojo de Tom fuera a la vez más obvio y más difícil de ver. Dan entornó los ojos, como si eso hiciera que el breve rubor en sus mejillas durara ahí más tiempo.
- Sí… he llevado esta camiseta varias veces. ¿No te has dado cuenta?
Tom sonó casi herido, pero Dan no se dio cuenta. Se había esforzado al máximo por no mirar hacia donde estaba, y evidentemente había salido airoso. Podía ver marcas de desgaste en la imagen: el signo ineludible de una camiseta muy usada. ¿Durante cuánto tiempo se había paseado Tom con una camiseta de los Sex Pistols y con qué propósito?
- Supongo que no. Son uno de mis grupos favoritos, ¿sabes? -dijo, intentando no sonreír al ver que Tom parecía estar sufriendo por la atención prestada. Probablemente lo habría dejado estar con toda esa gente alrededor, pero era gratificante pincharle de ese modo después de meses tratando de averiguar qué tuvo de malo aquel beso para que Tom se hubiera secado. -¿Cuál es tu canción favorita?
Los ojos de Tom se ensancharon como si le hubieran tirado encima un jarro de agua fría y su expresión se volvió esquiva. Dan se preguntó si tan siquiera se había bajado alguno de sus mp3.
-Me gusta la de la anarquía.
Dan rodó los ojos y sonrió.
- Oh, la que va sobre anarquía, ¿hmm?
- Sí, ésa -dijo Tom.
Tom era buen actor, pero ese no era un buen papel para él.
-Anarchy in the U.K. -se echó hacia atrás en su silla para que los empleados pudieran volver al trabajo-. A mí también me gusta -dijo, mientras volvía a ponerse uno de los auriculares en la oreja.
-¿Sabes? Si sigues necesitando clases de conducir… Aún tengo el coche. Podría… dejarte escuchar cómo suena en mi equipo, si quieres. - Tom sonrió de forma tan decidida que a Dan le resultaba difícil resistirse.
- Ahora mismo prefiero a The Killers, pero gracias -dijo mientras se ponía el segundo auricular. Vio la expresión de Tom ensombrecerse y se sintió un poco culpable, pero sinceramente, el muy idiota se lo merecía.
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En el trabajo, había pocas personas con las que Dan sintiera que podía hablar sobre aquello. Se había dado cuenta de que después de su encuentro inicial con Tom, se había sentido atraído hacia él más que como un amigo, pero si él no ponía de su parte aquello no era nada. Ahora parecía que Tom ponía de su parte y que Dan pasaba del tema. Al pasar de ello, Dan ni siquiera estaba seguro de quererlo, exceptuando que si recordaba el beso antes de que todo se fuera al traste se encontraba con que estaba entre los más dulces que había recibido, llegando a rivalizar con sus torpes aventuras en Australia y más experiencias recientes. Al contrario de lo que se decía al filtrarse algunas fotos en Internet, Dan no tenía novia ni tiempo para una.
De pie fuera de su caravana, Dan miraba pasar a los famosos seguidos de asistentes que salían y entraban de los decorados. Cuando era más pequeño, eso le intimidaba; pero ahora se había acostumbrado tanto a ello que lo veía algo de lo más común. Aunque ese día tenía una razón para mirar; quería hablar con un adulto.
Alan Rickman no le valía. Tan listo como era en muchas cosas, estaba seguro de que le acabaría tomando el pelo a Dan y que probablemente idearía alguna situación embarazosa que haría que todo el mundo se acabara fijando en lo pillado que estaba. David Thewlis parecía tener prisa por irse a otro sitio, igual que Gary Oldman, pero Gary captó la mirada de Dan e inclinó la cabeza. Le dijo algo a sus acompañantes y se acercó a la caravana de Dan, aparentemente interesado en él.
Dan se preguntaba si su disgusto se notaba tanto como para haber causado esa reacción, pero bueno, Gary parecía ser más sensible que los demás actores. Tras intercambiar algunos saludos, Dan invitó a Gary a pasar a su caravana, sentándose después de que Gary rechazara tomar ningún refresco ni ningún aperitivo.
-Parecías perdido ahí afuera -dijo Gary. Se estiró en el sofá marrón, igual que el que tenían todas las caravanas de los actores.
-¿De verdad tenía tan mal aspecto? -Dan se tocó la cara, sintiendo el borde áspero de su cicatriz con los dedos. Se la rascó antes de recordar que aún tenían que rodar algunas escenas, y se obligó a dejar la mano quieta sobre su abdomen.
-Sí -le aseguró Gary, asintiendo y sonriendo del modo condescendiente en que los adultos le sonríen a un adolescente salido. Entonces miró la hora.
Tomándolo como una forma de apremiarle a que lo soltara, Dan dijo:
-Tom se ha puesto una camiseta de los Sex Pistols y yo sé que a él le gusta otra mierda pero no los Sex Pistols y creo que se la ha puesto para llamar mi atención porque le besé el año pasado y fue un buen beso, uno de mis mejores besos, ¡pero se secó la boca y se largó tan rápido que hizo derrapar las ruedas!
Gary parpadeó lentamente al recibir el torrente de información, entonces miró al techo diáfano de la caravana, murmurando algunas palabras como “Tom” y “beso” y “Sex Pistols”. Cuando volvió a mirar a Dan, sonreía satisfecho.
-Curioso, pensé que se había puesto la camiseta por mí.
-¿Qué? -Dan se sentó al borde de la silla barata que había acercado desde la pequeña mesa de la caravana.
-Ya sabes, hice de Sid Vicious, ¿no es por eso por lo que empezaste a llevar camisetas de los Sex Pistols? -preguntó Gary.
Dan no estaba seguro si Gary se estaba quedando con él o no, pero no lo había visto de ese modo. Sintió algo encogerse en su pecho, como si todo el aire de sus pulmones se hubiera vaciado. Debía ser eso. A Tom le gustaba Gary.
- Ah. Bueno, sí. Quiero decir, no. No… las llevaba por esa razón. Pero pensé… quiero decir, me gustaban los Sex Pistols pero eres un actor brillante y yo sólo quería hablar, pero no quería… ¿Te ha… le has besado?
Gary se rió, echando la cabeza hacia atrás al hacerlo. Era difícil no confundir su genuina risa con alguien más maniático o siniestro, y Dan se creyó paranoico al pensar que se estaba riendo de él.
-No, ni siquiera me ha hablado nunca. No hacemos ninguna escena juntos.
-¿Pero no ha estado paseándose por tu caravana? -preguntó Dan.
Gary se rió de nuevo entre dientes mientras hablaba.
-No, tú eres el único que se pasea por mi caravana.
-Entonces ¿cómo sabías que llevaba una camiseta de los Sex Pistols? -preguntó Dan. Se daba cuenta de que su tono había subido una octava, y de que Gary también se había dado cuenta, lo cual le hizo sonrojarse. Se había alterado y ya no había remedio.
-Porque me lo acabas de decir -dijo Gary alcanzándole el pelo a Dan y alborotándoselo-. Me parece que quiere llamar tu atención. ¿Es lo que querías oír?
Puede -Dan se arregló el pelo, manteniendo la cabeza gacha para que Gary no pudiera ver su enorme sonrisa-. ¿De verdad lo crees así?
Gary se encogió de hombros.
-No conozco de nada a Tom, de verdad. ¿Tú qué crees?
-¡Si lo supiera, no preguntaría! -Dan descubrió su sonrisa. Gary lo había hecho sonar bastante obvio-. Simplemente… no quiero que me haga daño de nuevo, como aquella vez.
Respirando hondo, Gary dijo:
-A veces es difícil aceptar esa parte de uno mismo. Al ser actores, muchos de nosotros estamos más preparados para enfrentarnos a las posibilidades. Podemos adoptar papeles y examinarnos a nosotros mismos desde diferentes puntos de vista -hizo una pausa mientras Dan asentía para hacerle ver que entendía lo que estaba diciendo-. Pero a veces incluso los actores nos asustamos un poco cuando nos enfrentamos a algo de nosotros mismos de lo que no estamos seguros. ¿Entiendes?
De repente la niebla se disipó y todo parecía clarísimo. Tom sólo tenía miedo. Y Dan también. Pero a no ser que alguno de los dos diera otro paso, no ocurriría nada. Apretando los labios, asintió y se puso de pie. Gary le siguió y Dan le dio un abrazo rápido.
-Sí, creo que lo entiendo.
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Fuera de la caravana, Dan oía el sonido de la ducha. Ya era tan tarde que los asistentes estaban a punto de marcharse, y una vez te encontrabas entre el círculo de caravanas, no les importaba demasiado frente a qué puerta estuvieras. Si Tom hubiera tenido un asistente que se paseara frente a su puerta, ya se habría ido. Dan la empujó y la encontró abierta, así que entró en silencio.
La caravana de Tom era igual que la suya, un poco menos acogedora ya que no pasaba allí tanto tiempo como Dan. Estaba a punto de anunciar su presencia cuando el agua dejó de caer. Dan notó la boca seca de repente y se devanó los sesos tratando de encontrar la razón por la cual se había metido en la caravana de Tom.
El tiempo y energía gastados en buscar un guión que no existía habían sido un fastidio del que Dan no se había librado antes de que Tom abriera de golpe la puerta traslúcida de la ducha, revelando toda su gloria, desnudo y mojado. Mientras que en otra ocasión había sabido que Dan estaba ahí y había salido de la ducha con la toalla puesta, esta vez estaba claro que no esperaba ningún tipo de compañía. Se echó el pelo mojado hacia atrás y palmeó sobre el lavabo de mármol falso hasta encontrar la toalla.
Al pensamiento racional de Dan le importó tan poco dónde había dirigido la mirada, que en seguida se vio atrapado en la hilera sobre el marcado abdomen de Tom, la cual se dirigía a una mata de rizos castaños que brillaba por las gotas de agua como piedras preciosas alrededor de la semi-erección de Tom. De inmediato Dan se preguntó si él la tendría tan grande. Tom era más alto, ¿no tendría que ser más grande? Aunque no parecía estar del todo dura. La piel aún le cubría el glande, y Dan se sonrojó al darse cuenta del modo calculador en que estaba valorando la erección de Tom.
Tenía tanta fijación por saber por qué Tom estaba excitado y por qué no se acababa de masturbar dentro de la ducha, que su grito le hizo pegar un bote. En un momento, la toalla blanca estaba cubriendo su sexo y los ojos de Dan se apartaron hacia la pequeña televisión, que habría sido una buena distracción si no hubiese estado apagada.
Dan estaba deseando que Tom dijera algo, aunque fuera para echarle de allí a gritos, pero estaba tan estático como Dan. Estuvieron ahí de pie durante unos pocos minutos incómodos que les parecieron horas, dándole tiempo a Dan de darse cuenta de que los muebles de Tom eran oscuros, mientras que los suyos eran claros, haciendo parecer su caravana un poco más grande. Al volverse a mirar el sofá, se dio cuenta de que era en forma de U, a diferencia del suyo en forma de L y de que no había dormitorio.
-Te han cambiado la caravana -dijo Dan finalmente.
-La han simplificado. Lo han ido haciendo durante las dos últimas películas, supongo. ¿Has venido para comparar el mobiliario? -preguntó Tom. Movió los ojos nerviosamente hacia donde tenía la ropa doblada.
-Eh… no -Dan se dio cuenta de que casi había arrinconado a Tom en su propia caravana y eso le hizo sentir increíblemente idiota. Y aún así quería seguir viéndole de esa forma, examinarle y alterarse por el excitante hormigueo al ver su sexo.
Tom miró a Dan a la cara confundido y de nuevo a su ropa. Suspiró lentamente.
-¿Podrías al menos volverte mientras averiguas qué haces aquí?
-Cierto.
Dan giró sobre sus talones y se cruzó de brazos mientras intentaba adivinar qué era lo que quería decir, pero no conseguía centrar sus pensamientos en ninguna otra cosa que no fuera el hecho de que no quería que Tom se asustara, y que quería seguir viéndole desnudo. Estaba bastante seguro de que decir cualquiera de esas dos cosas le haría acabar de patitas en la calle.
-Estaba, uhm… pensando si podrías… llevarme de nuevo a casa -a Dan le impresionó su propia habilidad para improvisar estando bajo presión. Se sonrió a sí mismo por haber sido tan listo.
Escuchó el roce de tela tras él y volvió la cabeza para ver a Tom, mirando hacia el bulto que se advertía bajo sus calzoncillos de algodón blanco. Tom le lanzó una mirada de indignación mientras se subía los vaqueros de un tirón y cerraba la cremallera.
-No. Tengo cosas que hacer -dijo Tom de mal humor.
Girándose de nuevo, Dan apretó los labios, sus brazos aún cruzados estrechamente sobre el pecho.
-¿Por qué llevabas esa camiseta, Tom?
-No… no lo sé. No es más que una camiseta. Vete de aquí -dijo Tom. Sus ojos buscaron una vía de escape, pero el otro estaba más cerca de la puerta que él. Tom evaluó a Dan, que aún era un poco bajo a pesar del reciente estirón que había dado, y adelantó la cabeza y los hombros como si pudiera pasar apartándolo de un golpe.
La decisión fue tomada en una fracción de segundo y si le hubieran preguntado, Dan no habría sabido lo que había hecho. Pero lo que eligió en ese momento fue extender los brazos para detener a Tom por los hombros. Juntó la frente a la de Tom durante un instante, sus rostros sintiendo el aliento del otro, intenso y acelerado.
Fue Tom quien rompió la distancia entre ambos inclinando la cara hacia un lado, separando los labios mientras deslizaba la mano por la espalda de Dan hasta sujetarle la nuca para mantenerle quieto. Las manos de Dan cayeron por los hombros de Tom, bajando por sus brazos y apretando ligeramente los músculos para poder sentir su calidez y tensión hasta que alcanzaron la cintura de Tom y la rodearon, acercándolo para que sus cuerpos se encontraran.
Y aunque fue Tom quien empezó el beso, también fue quien lo rompió, jadeando cerca de la cara de Dan mientras le lanzaba una mirada de débil resistencia.
-No… podemos…
Si Dan hubiera tenido algo más de mala leche, habría pateado el suelo de rabia, pero había madurado lo suficiente como para superar esa fase, así que simplemente se apartó lo suficiente como para poder ver su vago semblante. Sentía las gotas del pelo húmedo de Tom sobre la mano que había subido por su mejilla.
-¿Por qué no?
-Porque… porque está mal, es… ¿cómo podríamos…? Simplemente no podemos. Ni siquiera puedo… tener una novia de verdad sin fotógrafos y… ¿ahora… esto? -dijo Tom, buscando los ojos de Dan, seguramente en busca de alivio o de una justificación.
Dan recordaba el lío que se había armado cuando siguieron a Tom por Alemania, y se acordaba de que después había desaparecido de la vida pública. Exhaló despacio, sin dejar de mirarle a los ojos.
- ¿No has… no piensas en mí? ¿En aquel beso?
Tom cerró los ojos y asintió lentamente. Dan rozó el dedo en la mejilla de Tom, sintiendo su mandíbula bajo ésta cálida y tersa.
-¿Has visto Brokeback Mountain? -preguntó Tom.
-No, no me dio tiempo -dijo Dan-. De todas formas me han hablado de ella. ¿Vaqueros gays?
-Sí -dijo Tom, mirándole a los ojos de nuevo durante un momento para luego volver a apartar la vista-. Supongo que no quiero… pero… no podemos… sólo…
-Mira, la semana que viene estamos de exámenes y no vamos a filmar en todo el mes. ¿Por qué no… vienes a casa y la vemos juntos, eh? -preguntó Dan con suavidad.
Miró el reloj digital que había sobre el tocador y pensó que si Tom no lo iba a llevar a casa se tendría que ir ya. Tragó saliva, bajó los ojos para mirar el cuerpo de Tom y dijo:
-¿Te parece bien, Tom? Puedes quedarte a dormir y ver una peli conmigo, ¿no?
-Es muy deprimente -le avisó Tom, mirando en la misma dirección que Dan, hacia el reloj.
-¿Significa eso que no quieres verla?
-Yo…- Tom le echó una mirada furtiva y se mordió el labio inferior-. Supongo que sí.
Decidiendo que no era el momento de darle a Tom ninguna excusa para escaparse, Dan dijo:
-Genial. El jueves que viene mis padres van a ir a una fiesta, así que tendremos la casa para nosotros solos, ¿vale?
Antes de que Tom pudiera negarse, Dan se apartó y caminó hacia la puerta.
-Debería… debería… -Tom parecía desconcertado, pero no iba a decir “no”.
-Llévate pijama. ¡Nos vemos!
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Cuando ya llevaban media hora viendo Brokeback Mountain, Dan se empezó a sentir seriamente alterado. Mientras Heath Ledger y Jake Gyllenhaal se besaban, miraba a Tom de soslayo, el cual estaba haciendo un gran esfuerzo para no devolverle las miradas. Separando un poco las piernas, apretó la rodilla y el muslo contra él, que lo único que hizo en respuesta fue tragar saliva.
Con la atención de nuevo centrada en la pantalla, los ojos de Dan se abrieron de par en par cuando Jake fue volteado, se abrieron las cremalleras y demás. Se sonrojó notablemente, deseando con todas sus fuerzas poder mirar a dos sitios a la vez, para poder ver qué ocurría en la gran pantalla de televisión de su cuarto y la reacción de Tom al mismo tiempo. Dan apretó los labios hasta que la escena finalizó con un gruñido.
Tom miraba hacia las rodillas juntas, su cara tan roja como Dan imaginaba que estaría. La situación en la pantalla era tan incómoda como lo era en el sofá de piel marrón de Dan.
Se devanó los sesos para encontrar algo que decir, pero cuando abrió la boca todo lo que salió fue:
-Uhm…
-Sí -dijo Tom, apartando la rodilla y encogiéndose en el sofá.
-Sí -repitió Dan, frunciendo el ceño.
Un rato después, comenzó otra escena de sexo y Dan vio, preocupado, que aquello había ido demasiado lejos para Tom. Se alivió pensando que Tom estaba ahí y que había admitido haber visto la película antes, así que estaba claro que ya sabía lo que iba a ocurrir.
Superando su sentimiento de decepción, Dan se centró en la pantalla, distrayéndose con la historia y el repentino cambio hacia la heterosexualidad. Arrugó el entrecejo un poco, no estaba muy seguro de qué significaba aquello en la película, pero estaba tan distraído en ello que apenas notó que Tom se acercaba de nuevo hasta que posó la mano sobre la suya.
Dan intentó no sobresaltarse cuando sintió la calidez de la mano de Tom. Parecía que llevaba ahí apenas un segundo cuando se empezó a mover de nuevo, acariciando suavemente el dorso de su mano, los dedos rodeándole los nudillos. Bajando la vista, vio la forma tierna pero descuidada con la que la mano de Tom se movía sobre la suya. Lo hacía de forma casi afectiva sin darse cuenta, y la suave caricia hizo que a Dan se le pusiera la carne de gallina, su cuerpo temblando de nerviosa excitación.
Sin darse cuenta, Dan estaba conteniendo el aliento, demasiado asustado para moverse por si le espantaba y el suave tacto desaparecía. Tras un momento, la mano de Tom fue más despacio, así que giró la mano dejando la palma hacia arriba. Tom dudó un segundo, y después continuó dibujando formas sobre su sensible piel.
Nunca había pensado demasiado en la sensual diferencia entre la palma de su mano y el dorso, pero los dedos ligeramente ásperos de Tom frotándose piel contra piel eran algo que casi no podía aguantar. Los ligeros toques casi le hacían cosquillas y Dan quería cerrar la mano y parar ese torrente de sensaciones, pero más allá de eso, quería comprobar a qué estaba jugando Tom.
Enseguida los absurdos movimientos se convirtieron en trazos más largos y lentos desde la punta de los dedos hasta el final de la palma, sus manos besándose en el centro hasta que Tom dejó la suya completamente encima de la de Dan. Doblando los dedos hacia dentro, Dan se atrevió a deslizarlos entre los del otro y le sujetó la mano levemente.
Ambos tardaron unos minutos en moverse. Finalmente, Tom le apretó la mano mientras los dos hombres en la pantalla se encontraban de nuevo. Con ese estímulo y posiblemente porque la película era demasiado sosa para el gusto de Dan, se giró para mirar a Tom, sus labios separándose ligeramente al tomar aliento para coger fuerzas y aliviar los fuertes latidos de su corazón.
Tom le miró de reojo primero y fue volviendo la cabeza poco a poco, casi con sigilo. Levantando la mano para seguir la línea de su mandíbula, alzó la barbilla de Dan y se inclinó hacia delante hasta presionar sus labios contra los de él.
El beso fue cálido, suave y sin prisas en comparación a los otros que se habían dado. Dan inclinó la cabeza hacia la derecha y bajó el labio inferior, dándole paso a pesar de que la idea de ser rechazado de nuevo le sobrecogió el pecho dolorosamente. Pero todo en lo que podía pensar en realidad era que necesitaba continuar, intentarlo, seguir el violento torrente de sangre que resonaba como olas de mar en la orilla, zumbando en sus oídos. Todo lo que podía sentir era la conexión de sus lenguas suaves como el terciopelo, el choque de mandíbulas y dientes y sus manos aún agarradas fuertemente, sudando por los nervios.
Le estaba besando, le estaba comiendo la boca a Tom Felton y se sentía salvaje, pero bien. En un momento, Tom volvía a apartarse y Dan sintió una sacudida en la boca del estómago. Si se marchaba de nuevo después de todo aquello, si Tom volvía a huir… Dan no sabía qué iba a hacer, o qué iba a decir.
Indeciso, abrió los ojos, con miedo. Pero Tom no había apartado la mano. Si el pasado hubiera sido un indicio del futuro, Tom ya habría salido por la puerta. Cuando abrió los ojos y enfocó la mirada, Tom aún estaba allí, sonriendo.
-Ha sido una buena película, ¿no? -preguntó Tom.
Dan sonrió ampliamente.
-Sí, ha estado bien.
Aunque tenía ganas de más, Dan se dio cuenta de que Gary tenía razón. Tom necesitaba tiempo y llevar las cosas a su propio ritmo. Funcionaría, pero necesitaba ir despacio. Se acercó a Tom y dejó reposar la cabeza sobre su hombro. Tom apretó el dorso de la mano de Dan en respuesta, con la mejilla sobre la cabeza de Dan.
Entre la sencilla banda sonora y la calidez de sus cuerpos, los dos chicos se quedaron dormidos felizmente abrazados.
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Dan miraba al techo de su habitación, escuchando la respiración de Tom. El resto de la tarde había ido bastante bien, con solo un par de pausas mientras hacían la cena para hacerse algunos arrumacos. Tuvieron suerte de que no se les quemara la cena. Pero ya era tarde y a esas alturas de la noche, Dan no podía dejar de preguntarse qué significaba todo aquello y a dónde les llevaría. Tal vez la indecisión de Tom tenía una razón de ser. Se había perdido casi toda Brokeback Mountain pero había visto el final. Se preguntaba si era por eso por lo que Tom se resistía. Sabía que definitivamente aquello le había dado que pensar.
-¿Qué haces? -preguntó Tom.
Dan giró la cabeza para ver a Tom acostado de lado devolviéndole la mirada, con sus ojos normalmente azules ahora de un color gris oscuro debido a la luminosidad de las farolas de la calle.
-Pensaba en cuándo me voy a quedar dormido -dijo Dan. Tenía muchas ganas de abrazar a Tom, pero éste volvía a tener razón al preocuparse por si alguien llegaba mientras estaban dormidos.
-Me sorprende que sepas pensar.
Poniendo los ojos en blanco por la respuesta de Tom, Dan dijo:
-Puedes salir del papel de Malfoy cuando no estás actuando.
-Yo también estaba pensando -la expresión de Tom estaba demasiado oscurecida en la penumbra para que Dan pudiera hacerse una idea de en qué estaba pensando.
-¿Sobre qué? -Dan se puso de lado y miró a Tom con atención.
Tom dudó. Cerró la boca y dejó claro que era demasiado reticente a decir lo que quería decir.
-Sobre nada. ¿Y tú? -Tom sonrió de medio lado.
Las sábanas blancas de Dan se arrugaron sobre su pecho desnudo. Dejó volar la imaginación pensando en Tom como si fuera una de esas estatuas de alabastro, tumbado en la cama con él.
-Sobre la película -confesó Dan.
-Yo también -dijo Tom, que sonó algo aliviado-. ¿Crees que alguna vez…? O sea, ¿has pensado en hacer algo así?
-¿El qué, abandonar a mi amante y casarme con una mujer? Supongo que es lo suyo. Sería lo más fácil. Yo no sé si podría, la verdad. Hace falta tener agallas para llevar esa carga en la vida. No creo que yo valga para eso. Pero supongo que éstos son tiempos mejores. Hay todo tipo de organizaciones y creo que estarían más que felices de tenerme en sus filas. Creo que podría hacer algo bueno -dijo Dan, acariciando la cara de Tom.
-Me refiero… a lo que hicieron en la tienda.
Dan no estaba seguro de quién de los dos estaba más sonrojado. Tampoco es que pudiera verlo con la permanente penumbra azul a la que las luces de la calle habían reducido su cuarto.
-Eh… supongo que he pensado en ello. Aunque no sé si podría meterme nada en el trasero.
Tom asintió lentamente.
-Yo tampoco. ¿Crees de todos modos que eso es todo? A mí me ha… encantado lo de besarnos.
-Obviamente -dijo Dan antes de darse cuenta de lo arrogante que había sonado. - Quiero decir, a mí también me gusta lo de besarnos-. Apretó los labios, decidiendo no dejar salir nada más que pudiera resultar embarazoso.
-Nunca me había besado con un chico antes. Sólo con chicas. Los besos no son tan diferentes como pensé. Pero apuesto a que algo metido en mi trasero… Seguro que dolería -dijo Tom.
Dan asintió. Había metido uno o dos dedos ahí en alguna ocasión, en la ducha. Había dolido un poco, aunque seguramente era por lo incómodo de la postura. Miró la camiseta de Tom, deseando encontrar un modo razonable de hacer que se la quitara. Ambos habían optado por ponerse camisetas y boxers para dormir, pero Dan tenía calor. Decidió tomarse la confianza de quitarse la camiseta.
-Sí, no quiero saber nada acerca de meterme cosas por el culo, la verdad.
La forma en que Tom le miraba, hizo que Dan se diera un poco más de cuenta de que estaba sin camiseta. No le miraba con ninguna lascivia, lo cual aún así le habría gustado. Pero en lugar de eso, más bien parecía asustado.
Haciendo uso de todas sus habilidades como actor, Dan decidió actuar como si tal cosa.
-Acabo de excitarme -dijo, moviéndose bajo las sábanas.
Tom asintió a aquello y se quedó tumbado rígido, mirando al infinito durante unos segundos. Dan pensaba que estaba intentando tomar una decisión; pero al final, la decisión fue dejarse la camiseta puesta. Aguantándose la decepción, Dan dejó la mano abierta entre ambos. Pronto la mano de Tom la cubrió y ambos hicieron desaparecer el espacio entre ellos y se abrazaron de nuevo.
A pesar de que Tom no se había preocupado de quitarse la camiseta, no parecía importarle explorar el pecho y la espalda de Dan, recorriéndole la piel en suaves círculos, al igual que le había hecho en la mano. Todo era lento, acompasado. No sólo le tocaba; adoraba la piel de Dan, mirando la forma en que sus dedos se arrastraban por el torso de Dan y trazaban círculos alrededor de sus pezones.
Todo aquel contacto y aquellos juegos, la respiración pesada de Tom mientras se echaba casi encima de Dan para besarle de nuevo, hicieron que el sexo de Dan despertara. En mitad de los besos y las suaves caricias, advertía que Tom mantenía las caderas separadas a propósito. Con cuidado, le atrajo hasta ponerlo completamente encima suyo, sintiendo la longitud de su erección presionando con fuerza sobre su pelvis, la suya atrapada entre ellos.
Había tenido muchos revolcones insulsos con chicas, rozando su excitación contra la de ellas, y sus pantalones habían acabado hechos un desastre al hacerlo. Ahora eran huesos incómodos y ángulos masculinos para los que era difícil encontrar una postura cómoda. Aún así, el dolor y la incomodidad de la postura desaparecieron en cuanto Dan sintió la presión del miembro de Tom sobre el suyo. El otro debió notarlo también, porque se quedó estático. Antes de que pudiera moverse o apartarse, Dan levantó la cadera, frotándose con el otro, tratando de sentir la dureza de sus miembros palpitando y restregándose uno contra otro.
Dan mantuvo el brazo alrededor de la cintura de Tom, echándole un vistazo al rostro normalmente pálido de Tom encendido por el rubor, sus ojos cerrados y los labios entreabiertos con éxtasis. Deslizó una mano hacia abajo por su torso y le besó la barbilla, repartiendo mordiscos hasta volver a besarle de forma profunda para acallar los sonidos de protesta y alarma al tocarle el sexo directamente por primera vez.
No sabía que algo pudiera ser tan intenso ni tan erótico. Tom se quedó lacio, descargando todo su peso sobre Dan, escondiendo la cara en su cuello mientras se impulsaba contra su mano, follándosela con virginal semi-inconsciencia. En aquel momento, Dan deseaba poder encender la luz para poder verle el miembro, y su mano cerrada en torno a otra cosa que no fuera algo en penumbra.
Tom movió una mano indecisa hasta el miembro de Dan. Se detuvo, tan cerca que podía sentir el calor que irradiaba su sexo, pero no tanto como para tocarle.
-Tócame, Tom -susurró, balanceando las caderas para incitarle a que le tocara, pero en lugar de eso, Tom continuó acariciando los costados de Dan y dio un empujón dentro de su mano.
Dan le acercó y envolvió ambos sexos con la mano, masturbándolos juntos. Era algo rudo, pero se sentía bien, porque se trataba de la polla de Tom rozándose contra la suya y parecía tan sucio, tan malo, algo por lo que acabarían teniendo tantos problemas, que sólo de pensarlo Dan quería hacerlo más.
Escuchó los amagos de suspiros y gemidos que salían de Tom, y sintió una corriente de excitación al saber que estaba a punto de hacerlo –de hacer que Tom Felton se corriera en su cama–. Le había besado, le había seducido y ahí estaba, con su erección junto a la de Tom y su mano masturbando ambas, e iban a correrse juntos.
Dan gritó primero. Un torrente de energía le explotó desde detrás de los ojos y contrajo las ingles al sentir el áspero tacto de su semen en la mano. Entonces el miembro de Tom se estremeció, explotando y dejándose ir en la mano de Dan y sobre su abdomen.
Tom le lanzó a Dan una mirada vulnerable, la cual le hizo preguntarse si había hecho lo correcto o si Tom iba a huir aterrorizado de nuevo. Aunque lo hiciera, Dan sabría que había tenido la experiencia más intensa en su corta vida, y que no había sido con una chica. Incluso aunque Tom se marchara y no quisiera volver a tener contacto con él, al menos sabría algo más sobre sí mismo. Sabría cuánto lo deseaba y cuánto lo necesitaba.
Acostado de forma lacia encima de Dan, Tom no se movía. Se limitó a descansar ahí durante un rato largo, muy largo. Luego le besó suavemente, pero con un deje de pasión e incluso miedo. Rodó sobre sí mismo hasta su lado de la cama y cogió unos cuantos pañuelos de papel de la mesilla para limpiarse.
Después de darle a Dan otro beso rápido, Tom se volvió y se quedó dormido en minutos. Dan se acurrucó tras él. Que se jodiera la señora de la limpieza; estaba hecho un ovillo junto a Tom y no había más que hablar.
Fin
RPS
Dan/Tom
NC-17
