"En mí, ahora."
Obi-Wan apretó los puños con fuerza en las sábanas a la vez que echaba la cabeza hacia atrás, buscando sus labios, tan tentadores, por encima de los suyos. Notaba una calidez proveniente de las sábanas, húmedas al tacto que marcaban la forma de su cuerpo, justo bajo su trasero. Qui-Gon le había llevado al límite por lo que parecía horas.
Una maravillosa tortura.
“Padawan,” murmuró Qui-Gon, entrecruzando su respiración con la de su amor. Su mano presionó con vehemencia el muslo de Obi-Wan a la vez que se deslizaba hacia el cuerpo del joven, incapaz de resistirse a una petición tan sincera. El placer le inundó, haciéndole perder el control y provocando que jadeara a la vez que notaba el mundo que lo rodeaba desvanecerse. Obi-Wan lo acalló con un beso.
“Te quiero.” Las piernas de Obi-Wan envolvieron el cuerpo de Qui-Gon y le asieron impetuosamente. Unirse había significado rendirse al placer. Siempre era así entre ellos dos: una necesidad devastadora y fundamental. El hecho en sí le dejó sin respiración, perdido en una corriente bestial de la Fuerza que crecía a su alrededor, celebrando su amor. Hubo veces que creyó que esto era la Fuerza –vida y pasión y alegría y deseo en uno, regocijándose del milagro de la existencia en sí.
Qui-Gon gimió y enterró la cabeza en el pelo de su amado, dejándose llevar por una oleada de pasión.
* * * * * *
"En mí, ahora."Ben presionó su frente contra la sudada y húmeda almohada. Arqueó la espalda y reveló, por medio de un gemido, una necesidad pura que lo enloquecía. Una mano se deslizó por su espalda; gráciles dedos trazaban la línea de su espina dorsal; un peso enjuto pero fuerte se acomodaba entre sus rodillas.
“Desearía que pudieras verte a ti mismo.” Las palabras estaban teñidas de admiración que rozaban la devoción. No era ningún secreto que Ray lo amara –cuerpo, corazón y mente-, y ahora estaba más claro que nunca. Ray se inclinó para besarle el hombro. Su aliento chocaba contra el cuerpo de Ben mientras recorría con su boca ávidamente su piel. Entonces, la voz indicó: “Puedo olerte.” Lo que hizo que Fraser se preguntara a qué olería para Ray, ahí, sudado, resollando y apretando las sábanas. El pensamiento le hizo estremecerse de pies a cabeza.
“Por favor, Ray.” La voz de Ben disminuyó hasta un ronco susurro. Estaba temblando. Sus nervios, a flor de piel por la necesidad, los mantenía a raya. Frotó su dolorosa erección con dureza contra el colchón, lloriqueando de frustración. No era suficiente. Nada lo sería excepto…
“Te tengo.” Los brazos de Ray bajaron a su estómago, obligándole a arrodillarse. Y sí, finalmente… Ben abrió las piernas para él, arqueando su cuerpo e invitándole tentadoramente.
Algo cálido le empujó fuerte desde atrás, moldeándose a su forma. Tan abrasador como el sol que derretía un glacial día de diciembre. Y eso era la presión que anhelaba. Una fuerte penetración que lo llevaba al clímax…
Posiblemente, la vida no podía ser mejor que esto.
* * * * * *
"En mí, ahora."Jim respiró con pesadez, admirando el largo y pálido trasero que tenía expuesto delante de él. Blair se movió impacientemente. Cada parte de su cuerpo transmitía la misma necesidad que provocaba que Jim se estremeciera. Estaba increíble así: afable, vulnerable y ansioso. Ansioso por lo que Jim quería hacerle. Durante un momento, la determinación de Jim flaqueó, amenazante respecto a la bestia sensual que tenía ante él pero, como siempre, la presencia de Blair le castigaba, le sujetaba y le mantenía arraigado con firmeza.
“Sí,” susurró Jim, deseando que esos níveos y delgados muslos se separaran. Recorrió con el pulgar la húmeda hendidura que vio allí, saboreando la palpitante reacción que provocó. Y, con un suspiro, “Déjame verte.”
Blair alzó la cabeza de su pecho, donde tenía los brazos cruzados, y gimió debido a que Jim le estaba tocando. “En mí,” dijo de nuevo. Esta vez, con mayor fervor, como si fuera una oración.
“Sííí.” Jim apretó los dedos en la cadera de Blair hasta que lubricó gracias a esos dedos tan diestros, contrarios a los suyos, torpes. Había estado tentado de tomarle el pelo durante un rato, pero la verdad era que se encontraba en un estado tal como su repentina agresividad y exigente exploración. No había tiempo para más preámbulos; ambos estaban preparados. Más que eso.
Blair se giró para mirarle en el momento final. Visión angelical: pelo despeinado y penetrantes ojos azules que derretían a Jim totalmente. Sus labios se curvaron en una sonrisa que amenazaba con arrebatar la razón de Jim, además de la dulzura. Jim le mantuvo la mirada sin respirar cuando se unieron, con las palabras que quería decir trabadas en su garganta.
“Te quiero,” Blair jadeó diciéndolo por los dos. “Te quiero, Jim…”
* * * * * *
"En mí, ahora."Clark cerró los ojos y pensó en temas como la confianza, la esperanza, la fe y el amor. Afables manos que sabía lo que habían estado haciendo friccionaron sus hombros, acercándose hacia su pecho. Elocuente con palabras silenciosas; Lex podía tener una conversación entera con sus manos. Confiaba en ellas, quizá, más que en sus palabras. Las palabras, después de todo, podían ser una mentira.
“¿Estás seguro, Clark?” Un suave y desigual susurro llegó al oído de Clark, moviendo su cabello. Clark tembló, excitándose y enfriándose al mismo tiempo. Su piel se estremeció; deseaba dolorosamente más caricias. Sus piernas se separaron con una necesidad instintiva, atrayendo a Lex hacia él y sujetándole ahí, donde lo necesitaba Clark.
“Lex…” Y no había más palabras que pudiera decir Clark. Porque se habían mentido el uno al otro tantas veces durante tanto tiempo que ahora, era mejor esconder lo que verdaderamente sentían, ya que pedir perdón era algo irrisorio. Quizá, en otro universo, se hubieran convertido en enemigos si no hubieran alcanzado este lugar donde las palabras eran superfluas y sólo las manos y el cuerpo mostraban la única verdad que realmente importaba.
“Clark.” Mejor una palabra que una rendición. Un suspiro cruzó los labios de Clark cuando Lex entró en él. Las manos aferraban los brazos de Clark en un diálogo mudo. Clark intentó agarrarle impetuosamente, dejando que sus cuerpos dijeran todas las palabras que eran incapaces de pronunciar en alto. Cosas como:
Perdóname
y
Cree en mí
y
No puedo vivir sin ti.
Y en algún lugar, más allá del penetrante júbilo, Clark supo que esto era una verdad que nunca se perdería entre ellos.
* * * * * *
"En mí, ahora."Las palabras eran una orden dura y necesitada, sin embargo, real. Harry se rió de manera entrecortada mientras se ponía en posición. “Qué impaciente,” se burló colocando una temblorosa mano en el muslo de Severus.
Severus se giró para escrutarle por encima del hombro con el largo y oscuro pelo cubriéndole la cara y, con ello, su visión. Su mano se revolvía como una garra en la almohada, preparándose para empujar la cama. Pero Harry puso una mano en su espalda, pidiéndole que se calmara.
“Shh,” dijo Harry, inclinándose para acariciar la cara de su amor a través de su pelo. “Te tengo.” Hacer el amor con Severus era como tocar a un hipogrifo salvaje así como así, a riesgo de perder la vida o algún miembro mientras te acercabas a él cada vez más. Pero valía la pena –y mucho- si ambos te podían dar tal nivel de intimidad.
La mano de Harry apretó su varita; un hechizo no verbal y listo. Con un suspiro, Severus se relajó de nuevo en la cama y esta atípica sumisión hizo que Harry se sintiera, una vez más, como si le hubieran dado un regalo muy raro y muy preciado.
Y sí, esto era lo que quería, lo que ambos necesitaban. Se agarró a la espalda de él y sintió, más que oyó, la respiración de Severus, la oleada de placer que se introdujo en él. Mordiéndole el hombro, Harry enterró sus dedos en la espalda de Severus y le cogió de la mano cuando empezó a moverse, sujetándola fuerte. Un coro de gemidos necesitados y quejidos se cernió sobre los dos.
Era extraño pensar cómo habían llegado hasta ahí tras tantos años. Tantos sacrificios. Habían pasado mucho tiempo juntos –primero como profesor y alumno, después como adversarios, aliados y directos a amantes sin llegar a ser amigos siquiera. Pero nunca ninguno de los dos había notado la carencia, ya que lo que ellos tenían era más que una amistad. Se necesitaban, se complementaban, de una forma que nadie en la Tierra podría posiblemente entender.
“Harry…” farfulló Severus. Sus dedos se entrelazaron con los de Harry cuando él se curvó debido a la nueva sacudida.
* * * * * *
En algún lugar de un universo cercano, Rushlight sonrió.
