Tiempos difíciles
por Juwel
Traducido por Wakatta
- Beta
final, Heiko
Después de la muerte de Voldemort, vino la Caza.El Ministerio había visto finalmente las ventajas de no usar a los Dementores en Azkaban (sobre todo teniendo en cuenta que nadie parecía capaz de encontrar, y mucho menos reorganizar a esos temidos demonios) pero incluso sin su ayuda, Azkaban aún era una formidable fortaleza plagada de protecciones mágicas contra huidas al igual que un entorno oscuro y severo muy apropiado para los castigos que consideraran oportunos. Gracias al hecho de que la batalla final había tenido lugar en los terrenos del Colegio Hogwarts de Magia, había una nueva complicación: el arresto de bastantes estudiantes de Slytherin que habían luchado del lado de los Mortífagos, y en muchos casos se habían contado entre sus jefes. También estaban los miembros de los clubes de abusones (más conocidos como Snatchers) que también necesitaban castigo. Mientras los adultos más peligrosos estaban encerrados en celdas privadas, sencillamente no había suficiente espacio para todo el mundo.
Y así nació el Ala Juvenil de Azkaban.
***Draco se había quedado más que atónito cuando le habían capturado, inmediatamente después de la batalla. Estaba cogido de la mano de su madre y mirando aturdido a los estudiantes y profesores curar sus heridas, cubriendo los rostros de los muertos... y a muchos de esos rostros los había conocido. Pensar en ello le hizo estremecerse. No tuvo tiempo para volar a casa, a la Mansión Malfoy, no tuvo tiempo de pensar en escapar. Pensaba que había sido una de las gemelas Parvati quien les había enviado el hechizo aturdidor a él y a sus padres. O quizá había sido Ginny Weasley. Un relámpago de luz, y el suelo volaba para encontrarse con él. Después, nada.
Se despertó en una celda húmeda con un horrible dolor de cabeza. Sólo le tomó unos segundos confirmar varias cosas: una, no tenía varita; dos, estaba llevando la misma ropa destrozada y medio quemada de la batalla (u oliendo peor aún), y, la última, que no estaba solo.
Dos literas ocupaban la habitación, y sobre una de las camas bajas se sentaba Gregory Goyle, con aspecto igualmente desaliñado y sangre seca en la camisa, y sobre la otra estaba Adrian Pucey, graduado hacía dos años y llevando una túnica negra, que sugería que había estado entre los mortífagos fuera del castillo. Era un joven un tanto bruto, más flaco que Gregory pero con más musculo. Jugaba en el puesto de Cazador cuando estaba en Hogwarts.
Draco le dirigió una débil sonrisa a Goyle. Si tenía a Goyle a su lado, entonces podría contar con su fuerza, teniendo en cuenta que él mismo era más delgado y delicado. Draco se había estado dejando crecer el pelo el pasado año, como su padre. Lo que le llevaba a otra cuestión: ¿dónde estaban sus padres?
- Goyle, ¿qué sitio es este?
Goyle le miró de manera inusual.
- Azkaban.
No fue consciente de levantarse, pero de repente estaba de pie, y fue como si varios puñales se le clavaran más y más profundamente en el cráneo, detrás de las cuencas de sus ojos. Draco se tambaleó, se sujetó la cabeza e intentó mirar a través de la pequeña ventana que dejaba sólo entrar un rayo de sol, y aire, presumiblemente, pero no vio nada, sólo el cielo. Y la puerta era de madera sólida, sin huecos, sin ventanas. Había un agujero en el suelo del que salía un hedor inconfundible.
- No puede ser...
Potter, él había salvado su vida. Dos veces. ¿Por qué salvarle, sólo para arrojarlo a una mazmorra?
La voz de Goyle era fría, sin emociones. Y de alguna forma hizo a Draco estremecerse; era como si nunca se hubieran encontrado antes, como si fueran extraños.
- Lo es. Vaya que si lo es.
Se puso en pie y de repente estaba frente a Draco, demasiado cerca, forzándole a apartarse, hasta que no pudo ir a ningún lado, su espalda contra la fría pared de piedra. Había un brillo amenazante en los ojos de Goyle que Draco nunca pensó que pudiera estar dirigido a él.
- Tus malditos padres podían habernos llevado con ellos. Tu estúpido plan nos atrapó aquí con ellos.
Su plan de emboscar a Potter y su banda en la Sala de Los Menesteres... bien, debería haber funcionado. Lo habría hecho, si Crabbe tontamente no hubiera forzado hechizos que estaban más allá de sus posibilidades y hubiera provocado al Fiendfyre. Goyle no era el tío más brillante del mundo, pero, con el tiempo, podía hacer las cosas funcionar. Draco puso una mano en su pecho. Tras Goyle, Adrian también estaba de pie mirándoles con aire pensativo y malévolo. Algo en ese mirar hizo saltar las alarmas en la cabeza de Draco.
- Era un buen plan, sólo necesitábamos más ayuda, creo. Habría funcionado si Crabbe...
- ¡CRABBE ESTÁ MUERTO! -la intensidad de la emoción golpeó a Draco, y podría haberse golpeado a sí mismo por no darse cuenta antes, por no verlo... Crabbe y Goyle, tan callados todo el tiempo, siempre juntos... pero no tuvo tiempo de sopesarlo, porque Gregory le sujetaba, golpeándole contra la pared, una y otra vez hasta que su cráneo chocó de nuevo contra la piedra y una nueva ola de dolor le inundó, mareándole y haciéndole pensar que lo que quiera que estuviera en su estómago no iba a durar mucho ahí si aquello continuaba.
- Gregory -intentó decir, pero de repente le dio un puñetazo en el estómago y no podía respirar, mucho menos hablar. Era consciente de resbalar por la pared, era consciente de las manos de Gregory levantándole, y temió que lo próximo serían sus sesos esparcidos por el suelo. Y entonces Adrian estaba allí, hablándole tajantemente a Goyle y diciéndole que se fuera. Su cara roja por lágrimas no derramadas, Goyle lo hizo, pero terminó pateando a Draco en la espinilla. El dolor explotó y Draco cayó, sujetándose la pierna.
Adrian puso a Draco boca arriba y éste le miró con agradecimiento, pero la esperaza que había sentido murió cuando vio la expresión en el rostro de Adrian. Algo oscuro, predatorio, hambriento. Una mirada que de repente reconoció de los días que jugaba al Quidditch, antes de que Adrian se graduara, cuando Draco sólo tenía dieciséis años... miradas dirigidas a él en el vestuario, miradas que hacían que Draco se diera prisa en ducharse y vestirse, miradas, que hasta ahora habían parecido inofensivas con la protección de Crabbe y Goyle. Draco se atragantó.
- ¿Adrian?
- Pequeño cobarde. ¿Piensas que no nos hemos dado cuenta? ¿Cómo intentabas jugar con el favor de Quien Tú Sabes, y el trabajo desastroso que hiciste con todo lo que él te encomendó? No pudiste matar a Dumbledore, hiciste una chapuza en el castillo, y el Horcrux... ¡y es culpa tuya que estemos todos en este maldito lugar!
Adrian agarró la camisa de Draco y tiró de ella, y Draco escuchó el sonido de los botones siendo arrancados.
- ¡Gregory! -gritó, porque Goyle quizá estuviera enfadado, quizá quisiera herirle en su angustia de perder a Crabbe, pero no podría quedarse de brazos cruzados y permitirle a Adrian hacer aquello. ¡Era inconcebible! Pero Goyle le había dado la espalda. Las manos de Adrian estaban en los pantalones de Draco, que también le fueron arrancados, y entonces Adrian empezó a luchar con sus propios pantalones con una sonrisa maliciosa en el rostro.
Draco finalmente intentó luchar, pero no tenía esperanza, contra la superior fuerza y tamaño de Adrian. Sus brazos estaban bloqueados y un puñetazo en el estómago paró cualquier idea de propinarle una patada. Otro golpe en la cabeza le dejó medio inconsciente, y de repente estaba siendo desgarrado, completamente desgarrado, y el dolor era peor que lo que hubiera podido imaginar. Gritó, pero entonces la boca de Adrian estaba sobre la suya, silenciándole, negándole incluso eso.
Quería vomitar, quería explotar en una bola de guego, como el fiendfire. Adrian sabía a algo asqueroso y oscuro, y con cada embestida apretaba más fuerte, la agonía disparándose en su médula espinar. En algún momento entre tanta miseria, Draco finalmente lo dejó, dejó de luchar, y simplemente permaneció tumbado, dejando que Adrian hiciera lo que quisiera. Adrian le sintió relajarse finalmente y rió, terminando el beso, dejando un rastro de saliva en la mejilla de Draco. Draco sintió la urgencia de limpiársela, pero luchó para ni siquiera moverse. El dolor era menos intenso cuando no luchaba. Debería haber recordado eso de los castigos que le inflingía su padre.
Adrian finalmente llegó con un gruñido y Draco intentó pensar simplemente en arena, rocas, algo seco, en lugar de aquella inmunda humedad chorreando fuera de él. Se quedó mirando al techo, fingiendo catatonia, pero su corazón le traicionaba con sus latidos rápidos. El antiguo Cazador finalmente se quedó de encima de él, sonriendo con satisfacción.
- Tan bueno como siempre supe que sería. Te haremos usar la boca la próxima vez.
Draco tragó con fuerza. "Querido Merlín, sácame de aquí. Que alguien se lo diga, que les digan que intenté mantener a salvo la identidad de Harry cuando le capturaron. ¡Intenté protegerlos a todos!" Y Harry le había salvado, dos veces. Se había sujetado a aquel cuerpo cuando las llamas volaban alrededor de ellos, y de alguna forma lo había sabido, que Harry no le iba a dejar morir, que serían los dos o ninguno... Pero Harry no estaba allí ahora. Sus padres, Dumbledore, Snape, ninguno de ellos estaba allí. Miró a Gregory de nuevo.
Adrian estaba de vuelta en su litera, estirándose perezosamente, poniéndose los pantalones mientras canturreaba una melodía para sí mismo. Gregory finalmente miró alrededor, cuando Draco empezó a buscar sus ropas. Había una luz oscura en sus ojos. Draco se quedó paralizado.
- Es todo tuyo -murmuró Adrian. Bostezó, mirando perezosamente a Draco. Draco intentó decirlo con los ojos, porque su lengua parecía paralizada, su garganta seca de terror. No, Goyle no. No era posible. Vale que había estado un poco ausente de los asuntos de la escuela ese año, pensando en Voldemort usando su casa como cuartel general, pero... las cosas no habían podido haber cambiado tanto. ¿Lo habían hecho?
Goyle se puso en pie y asintió ligeramente con la cabeza, las manos moviéndose lentamente sobre su cuerpo hacia el cierre de sus pantalones. Había un profundo sentimiento de odio en sus ojos. Draco se forzó a hablar, reculando.
- Gregory... no.No había ningún poder en sus palabras. Y mientras Goyle se acercaba, golpeando de nuevo la espalda de Draco contra la sucia pared, Draco siguió repitiendo las palabras, en una desparejada letanía, hasta que un golpe en la cabeza le hizo callar, y el dolor le atravesó de nuevo.
Después de eso, sólo hubo oscuridad.
Era una pesadilla familiar, variación de aquella que le había asaltado por lo menos una vez al mes desde la desgraciada noche de la muerte de Dumbledore.- Draco, Draco, tú no eres un asesino.
La expresión de Dumbledore había traspasado a Draco, directo a su corazón, haciendo su varita temblar. Aún así, casi podía escuchar la risa de Voldemort en el dormitorio trasero, con Lucius, y los gritos de dolor de su padre, las lágrimas de su madre, las palabras que le susurró. "¡Sálvanos, Draco! Devuélvele el honor a nuestra familia".
Se encaró a Dumbledore, sabiendo con desesperación que Dumbledore tenía razón, que era un cobarde, que estaba demasiado asustado para matar, y al mismo tiempo demasiado asustado para no matar, asustado de moverse o de ni siquiera pensar. Él sólo era un niño perdido que sabía que el monstruo del armario era real y que nunca estaría a salvo.
En su sueño, no era Snape el que llegaba, el fuego verde surgiendo de su varita para golpear a Dumbledore en el pecho, sino Harry, que parecía aparecer de ningún lado, desviando la varita de Draco y apunándola hacia él. Esos ojos verdes le abrasaban, parecían enviar calor por todo su cuerpo. "Vamos a llevarte con nosotros", decía, y entonces le abrazaba, protegiéndole, pero incluso así Draco se sentía rendido, incluso aun sintiendo el cuerpo sólido del Niño Que Vivió contra el suyo, su corazón latiendo deprisa, allí estaba Voldemort, sujetando la cabeza severa de su padre, y riendo mientras levantaba la varita hacia él. "¡Agáchate!" gritaba Harry, pero no había escudo que pudiera parar la maldición asesina que impactaba contra ambos.
- ¡No! -Draco se sentó de golpe y casi se golpeó la cabeza contra el marco de madera de la litera que estaba encima suyo. El movimiento pareció despertar a cada nervio de su cuerpo, y se tumbó de nuevo, intentando no moverse, intentando relajar los músculos que sufrían agónicos espasmos. De una pesadilla a otra. Todavía estaba en Azkaban.
Cuando el dolor de su culo había desaparecido de algún modo y los pinchazos en su cabeza se habían borrado lo suficiente para permitirle pensar de nuevo, abrió los ojos. Todo parecía espantosamente quieto. Una mirada alrededor de la habitación se lo confirmó: a Goyle y Pucey no se les veía por ninguna parte. Con cautela, moviéndose muy cuidadosamente debido a sus heridas, Draco salió de la cama, notando mientras lo hacía que por lo menos alguien le había echado un edredón encima para cubrir su desnudez. Encontró sus pantalones en el suelo y se los puso, asqueado ante el rastro de suciedad y sudor en ellos. Su camisa estaba desgarrada y llena de sangre, pero también se la puso, sólo para cubrir las marcas de su pecho y su garganta. Estaba sediento.
Se giró para ver si había agua... o algo que se pareciera a un lavabo, por ejemplo, y finalmente se dio cuenta. La puerta estaba abierta. ¿Había llegado alguien para liberarlos?
O quizás era una huida, pensó Draco un momento después. En cuyo caso, no había tiempo que perder. Aunque su cuerpo protestó, se puso de pie y se tambaleó hacia la puerta. Asomándose, se agachó en parte para evitar ser visto, pero también porque de momento su cuerpo no le dejaba caminar recto. Había un pequeño vestíbulo y entonces una puerta que parecía conducir a una gran habitación. El vestíbulo estaba cerrado y era imposible ver que había más allá. Lentamente, cautelosamente, siguió adelante, pegado a la pared, dirigiéndose hacia la puerta para atisbar por la esquina.
Se parecía a la Sala Común de Slytherin, excepto en que no era ni de lejos tan acogedora, y que las mesas eran de madera de roble desnuda, y que nadie parecía ir bien arreglado, llevando en el mejor de los casos ropas arrugadas y en el peor de los casos yendo como lo hacía Draco. Pero había muchas caras que reconoció, antes de que sus ojos se toparan con Pucey y Goyle, sentados en una mesa lejana, comiendo algo que parecía pan y salchichas. Eso le recordó a Draco lo hambriento que estaba. ¿Cuándo había sido la última vez que había comido?
Pucey se había introducido en un pequeño grupo de ex jugadores de Quidditch, incluidos Miles, Bletchey, Boyle y Terrance Higgs, aunque Draco no veía ningún rastro de Derrick, Montague o Flint. Se preguntó si estaban muertos. Otros Slytherins, incluyendo ex estudiantes y otros actuales, llenaban el resto de la sala, ninguno por encima de la línea de los 21 años. Blaise Zabini mantenía otra "corte" alrededor de él, de admiradores que le lisonjeaban. Blaise siempre había sido un pomposo y un mujeriego, aunque Draco sabía de primera mano que tanto le daban hombres que mujeres. Por último, había unos cuantos jóvenes que habían peinado el país en busca de sangres sucia y traidores a la sangre, los Snatchers, incluido Scabior.
Draco sintió un escalofrío. Alguien que pudiera querer ir por ahí con Greyback e incluso llamarle amigo no era nadie a quien él quisiera tener cerca. Se atrevió a dar unos pasos, intentando recuperar la compostura y arreglar su camisa, a pesar de lo inútil que era, moviendo la cabeza en dirección a Blaise. Él le protegería, estaba seguro. Pero Blaise le miró una vez, sorbió por la nariz ostentosamente y miró en otra dirección, sacudiendo su largo cabello castaño. Draco sintió que el corazón se le caía a los pies. Si Blaise no le protegía, entonces...
Pucey le hacía señales de que se acercara. Draco miró de nuevo con desesperación a la plantilla de Blaise; después de todo había otro par de Slytherin de su año allí, amigos de Blaise. Pero todos le ignoraron. Una sensación de pánico crecía dentro de él. Sabía que la familia Malfoy estaba enemistada con los Mortífagos; joder, ellos mismos se lo hicieron saber con respuestas frías e irónicas durante todo el año. Pero parecía que había pasado del disgusto a la simple expulsión. No podía dejar que Pucey y Goyle... ni siquiera quería pensar en ello. Tenía que haber alguien con quien pudiese hablar. Miró alrededor, y efectivamente había al menos un guardia vigilando la sala común, detrás de unas barras de hierro y con la varita preparada. Draco se apresuró hacia él.
Mantuvo las manos arriba mientras el guardia le apuntaba directamente con la varita, sintiendo resurgir el miedo... se parecía demasiado a las sesiones de castigo, después de que Snape matara a Dumbledore, que Voldemort ofrecía públicamente para demostrar qué poca entereza tenía bajo la maldición Cruciatus.
- ¡Por favor! Sólo necesito hablar con alguien -imploró, sintiendo los ojos de los otros en él, preguntándose si Pucey mandaría a Goyle para interceptarle. Se apretó contra las barras, intentando hablar en susurros para que no le escucharan los demás.
El guardia le miró con disgusto.
- Eres ese niñato Malfoy. ¿Qué quieres?
¿Por dónde empezar?
- ¿Mis padres también están aquí? -fue su primera preocupación, sabiendo que, si estaban libres podrían ayudarlo de algún modo. El hecho de que él hubiera sido aturdido prácticamente en sus brazos no era muy halagüeño. Pero quería saber.
Obtuvo una risa del guarda.
- Oh, sí que están, arriba.
Draco no estuvo seguro de si aquello le hizo sentir más deprimido, o de alguna manera le confortó saber que estaban cerca.
- ¿Sería posible que hablara con ellos? -Su padre en particular sabría qué hacer. Al menos el padre que él recordaba antes de Voldemort. Ese hombre había ido lentamente desapareciendo en una pálida sombra de hombre, no mucho mejor que Colagusano. Pero Voldemort se había ido. Seguramente Padre estaría planeando la vuelta del poder Malfoy.
El guardia sacudió la cabeza.
- Lo siento, ese privilegio no corresponde a los criminales.
Draco miró sobre su hombro. Pucey hablaba con Goyle, y otros se giraban para mirarlo, murmurando. Desesperado se giró de nuevo al guarda.
- No puedo estar aquí. Dame una celda privada si debes, pero no me dejes allí con los otros -en voz baja añadió:- yo no acudí cuando Tú Sabes Quién llamó a sus seguidores. No luché en el castillo; puedes preguntar a Harry Potter. Me cambié de lado. Ellos saben que me cambié de bando.
Su voz temblaba. Podía ver por el rabillo del ojo que Goyle se dirigía hacia él. Si no hacía entender al guardia ahora...
Pero el guardia sólo le miró con desdén.
- Bueno, esto es lo que obtienes por ayudar a Quien Tú Sabes, ¿no? ¿Esperas que me crea una palabra de lo que dices? ¿De un Malfoy? -empezó a girarse, quizás para llamar a otro guardia, Draco no podía asegurarlo, pero sabía que estaba en un problema.
- ¡Escucha! Al menos cámbiame de celda. ¡Gregory Goyle intentó matarme antes! Pucey quiere... -pero las palabras se atascaron en su garganta. No importaba lo desesperado que estuviera, no podía admitir que recientemente se había convertido en el pequeño juguete de Pucey. Draco se abrió la camisa para enseñarle al guardia sus marcas- ¿Ves? No son de la batalla. ¡Me las han hecho ellos!
El guardia le miró finalmente con gesto de disculpa, y por un momento Draco pensó que se las había arreglado para convencerle. Pero entonces se encogió de hombros y volvió a mostrar su expresión impenetrable, y Draco sintió una ola de desesperación.
- No hay celdas libres, lo siento. Azkaban está lleno. No te queda otra que lidiar con tus amigos -movió la varita y las barras empezaron a quemar, forzando a Draco a apartarse de ellas.
La mano de Goyle se posó pesadamente sobre su hombro.
- Ven conmigo.
Derrotado, Draco lo hizo, siguiendo a la espalda de Goyle hasta el rincón de la mesa donde Pucey y sus colegas esperaban, riéndose de alguna broma que probablemente fuera a sus expensas. Mientras pasaba por las filas de Slytherin, al menos uno de los cuales Draco sabía que era hijo de mortífago, se sorprendió de que Theodore Nott se girara para escupirle.
- Cobarde -siseó.
Ni siquiera se molestó en limpiar el salivazo de su mejilla. Pucey le sonreía y sólo su mirada le puso la piel de gallina. No puedo hacerlo, se dijo a sí mismo, ¿y cuántas veces esa frase había cruzado su mente en los últimos dos años? Demasiadas, escondido en la Sala de los Menesteres, llorando en el lavabo mientras intentaba explicárselo a Myrtle. Pero finalmente llegó al final, y le empujaron hasta que cayó sobre sus manos y rodillas frente a Pucey.
Pucey se revolvió el pelo y sujetó su colgante.
- ¿Has tenido una buena siesta? Apuesto a que debes de estar hambriento, hurón -Draco se sonrojó recordando demasiado bien aquella particular transformación. Así que habían decidido llamarle así. Brillante.
Empezó a alcanzar el pan, pero Pucey lo quitó de su alcance, y Goyle le golpeó en la parte trasera de la cabeza.
- Ah, ah. Nada de comida hasta que ofrezcas tus pequeños servicios, hurón -Pucey acarició el frontal de sus pantalones con expresión lasciva. Draco recordaba demasiado bien sus palabras de aquella mañana- Antes de tomar el almuerzo tienes que desayunar -sus compañeros de mesa rieron.
El estómago de Draco gruñó, traicionándole. Miró a Bletchley y Miles, pero decidió que eran demasiado parecidos a Pucey como para apartarle de él.
- ¡Era vuestro capitán! -dijo en un lamento desesperado.
- ¡Sólo porque tu maldito padre financiaba al equipo! Y de cualquier forma, ¿a dónde nos llevaste? -Miles dio un pisotón en la mano de Draco, quien hizo una mueca y la apartó rápidamente.
- Ve a ello, Draco, o tendrás que esperar hasta la próxima comida para comer algo. O beber -Pucey hizo como si bebiera de una jarra o algo... probablemente agua, pero eso ahora sonaba muy bien. Draco tragó.
Con la mesa ocultando lo que estaba ocurriendo de la vista del guardia (quien tampoco parecía demasiado interesado de todas formas, decidió Draco) finalmente se arrodilló, alcanzando de manera insegura los pantalones de Pucey para desatarlos. Pucey apartó sus manos.
- Sólo con tu boca, hurón. Y mejor no utilices ningún diente, o los perderás.
Y simplemente lo hizo, o quizás fue el hambre. Una parte de él deseó tener el coraje de maldecirlos a todos y mandarlos al Hades. Pero obedeció de todas formas, echándose hacia adelante e intentando no respirar, sabiendo que el olor sólo le haría tener arcadas. Delicadamente deshizo cada nudo con sus labios y su lengua, resuelto a no pensar en nada mientras su carne encontraba carne cálida y dura debajo.
En ese punto no podría haber parado aunque quisiera. Adrian le cogió del pelo, forzándole, y empujó dentro de su boca, haciéndole atragantarse. Draco era amordazado por su pene mientras empezaba a empujar rítmicamente, emitiendo suaves gruñidos.
Draco escuchó risillas, Miles o Bletchley seguramente. Luchó contra el pánico, respirando cuando podía, y no preocupándose por lo técnico del asunto. Desde luego parecía que Adrian después de todo tampoco estaba interesado en ello. Finalmente Adrian se corrió y él lo tragó todo, sintiendo náuseas, la garganta le escocía. Tosió una vez y se sentó de nuevo en el suelo, limpiándose las lágrimas de los ojos.
Pucey le tiró un trozo de pan, que rápidamente engulló en grandes bocados, y no sólo porque tuviera hambre sino para intentar alejar el sabor. Impensable, que un Malfoy pudiera estar allí, sentado en el suelo de aquella asquerosa prisión, haciendo sexo oral. Por comida. El pan cayó pesadamente en su estómago. Tragó con incomodidad, mirando hacia la jarra de agua.
- ¿Agua? ¿Por favor?
Todo el mundo en la mesa rió de nuevo, y Draco se mordió la lengua para no dar una respuesta que seguramente le habría hecho ser golpeado... o peor. ¿Qué era tan divertido ahora?
- ¿Por favor?
Agua, y después el lavabo. En ese orden.
- Si quieres agua tendrás que hacerle lo mismo a Goyle. O Miles, que creo que parece preparado -dijo Pucey con calma, tomando un gran sorbo.
El pensamiento de ponerse la cosa de Goyle en su boca fue suficiente para hacer que Draco retrocediera. Entonces pensó en lo que había hecho con horror. Sin otra palabra, sin pedir permiso, se puso de pie, y corrió hacia el vestíbulo, donde pensó que había visto un baño decente. Efectivamente, estaba allí, al final del vestíbulo; corrió hacia allí y cerró la puerta, arrodillándose frente al lavabo, cubriendo su boca con una mano para intentar mantener las cosas en su sitio. Necesitaba la comida. Necesitaba la fuerza. Necesitaba agua. Había un pequeño tanque, medio oxidado. Agradecido bebió de él, esperando que el agua no estuviera contaminada. Ciertamente sabía a sucio, pero no le importó.
No podía salir de allí. No podía enfrentarse de nuevo a otro momento como aquel. Se ocupó de sus otras necesidades y lavándose como pudo intentó borrar el olor. Pero nada podía borrar los recuerdos.
- ¡Todo el mundo de vuelta a las celdas! -escuchó al guardia gritar, y los murmullos de los otros jóvenes. Alguien empujó la puerta. Draco se sobresaltó.
El empujón duró un momento, y entonces siguió el silencio, y Draco se atrevió a pensar que le habrían dejado solo y quizás podría dormir allí, en el pequeño suelo frente al lavabo. Pero hubo una serie de pasos pesados al otro lado de la puerta, y el sonido inconfundible de llaves. Un guardia diferente al que le había hablado antes abrió la puerta y le miró con cara de pocos amigos.
- Vuelve a tu celda o me ocuparé de ti.
Resignado, Draco dejó en lavabo, caminando lentamente hacia la horrible celda donde Pucey y Goyle le esperaban. El guardia le empujó en los últimos pasos, y lo que vio allí le sorprendió. Un tercer compañero de celda, Warrington. El Perezoso, como Draco le había apodado en sus tiempos de Cazador. Aunque no era tan amigable.
Antes de que pudiera pensar más en ello, la puerta se cerró. Pucey tenía una mirada melévola, y Draco supo, tan ciertamente como si se enfrentara a un castigo de Voldemort, que iba a pagar por su breve escapada al lavabo.
Al final, deseó habérsela chupado a Goyle.
Harry contemplaba la foto de Remus y Sirius, la más reciente, tomada cuando trabajaban juntos en la Orden, mientras Harry estaba viviendo con los Dursley. Un regalo de cumpleaños, o algo parecido, dejado en Grimmauld Place. A pesar de que en sus rostros había una sombra de agobio que reflejaba los problemas del pasado y la difícil tarea que se les avecinaba, parecían mayormente felices. Harry se limpió los ojos cuando se le empañaron de lágrimas. Los echaba de menos terriblemente.
Habían pasado tres semanas desde la batalla final en Hogwarts. Estaba de vuelta en La Madriguera de momento, mientras Hogwarts era reparado y las clases habían sido canceladas, todos los TIMOS y ÉXTASIS retrasados hasta el año siguiente. Ya se había hecho a la idea de volver y finalizar los estudios, junto con Ron y Hermione. No estaban por allí en ese momento, sin embargo. Después de la batalla había habido una gran cantidad de ceremonias de recuerdo, una después de otra, Remus, Tonks, Fred... y entonces Hermione había declarado que se iba a Australia para encontrar a sus padres y quitarles la maldición. Ron había insistido en acompañarla.
La Madriguera estaba mucho más silenciosa de lo que Harry la había recordado jamás. Bill y Fleur, por supuesto, estaban viviendo en su pequeña casa de campo al lado del mar. Charlie había vuelto con sus dragones, y Percy volvía a trabajar para el Ministerio. Sólo Ginny y George estaban todavía en casa, y George pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en su habitación. La tienda de artículos de broma había sido cerrada indefinidamente, aunque había habido varias ofertas de Gryffindors graduados para ayudar a George a llevar el negocio. Pero por el momento el corazón de George no estaba en el negocio. Harry difícilmente podía culparle por ello. Cada vez que pasaba junto al reloj que indicaba dónde estaba cada Weasley, no podía evitar mirar la mano de Fred que simplemente señalaba: "En el Gran Más Allá".
Así que sólo quedaban Ginny y él mismo, aparte de Molly y Arthur, y ninguno de ellos sabiendo muy bien qué decir a los demás. Molly intentaba consolarle en lo referente a Remus, pero él sabía que estaba luchando contra su propia pena; cuando pensaba que nadie estaba mirando, lloraba, y todo lo que se servía en la mesa parecía tener un ligero sabor a lágrimas. Arthur era estoico y educado, diciendo a Harry que si había algo de lo que necesitara hablar, cualquier cosa, que fuera a verle. Pero también estaba ocupado; el Ministerio lo había promovido de nuevo, a vicepresidente de Asuntos Muggles. Aparentemente había un montón de trabajo que hacer, mientras Scrimgeour había estado en contacto con el Primer Ministro... el verdadero Primer Ministro. A Harry todavía le costaba creerlo.
Lo que dejaba a Ginny. Ginny, que había estado al acecho en los pasillos observándole últimamente, lanzándole miradas cuando pensaba que Harry no estaba mirando. Descubrirlo fue un poco desconcertante.
Él sabía lo que ella quería. Habían roto, separados casi un año a partir de ese momento, cuando él le había dicho que no se podía arriesgar a que nada le ocurriera a ella, cuando partió en su viaje en busca de los horcruxes y para derrotar a Voldemort. Voldemort estaba muerto ahora, los horcruxes destruidos, y todo el peligro, o al menos casi todo, había pasado ya.
¿Entonces por qué no podía lanzarse y estar con ella?
Primero se había dicho a sí mismo que estaba de luto, que el pensamiento de hacer... algo era absolutamente aborrecible, especialmente con Ginny, considerando la muerte de su hermano. Pero habían pasado semanas. Él sabía que no era eso lo que le retenía de estar con ella, de hecho de intentar evitarla. Era algo más. Ella siempre había sido un sueño lejano, esa inalcanzable recipiente lleno de oro. Ahora que tenía libre acceso a él, el oro había perdido su brillo.
Harry sacudió la cabeza y volvió a la tarea de pegar fotos en su álbum, encontrando que la siguiente era una foto de Colin Creevey, con su cámara en mano, naturalmente. Había sido tomada por su joven hermano, que había sobrevivido, demasiado joven para luchar en la batalla. El álbum se estaba llenando, estaba terriblemente lleno. Demasiados muertos. Pero él quería crear este recuerdo de ellos, su prueba de que todo había ocurrido realmente. No quería olvidar una sola cara de los que habían muerto para permitirle llevar a cabo la tarea final de derrotar a Voldemort.
Un golpe en la puerta le hizo cerrar el álbum, sobresaltado. Miró alrededor para encontrar a Ginny inmóvil en el umbral, su brazo apoyado en la puerta, observándole.
- Oh, hola, Ginny -hizo un gesto hacia el álbum-. Sólo estaba trabajando en un proyecto.
Ella se mordió el labio, entreviendo algunas de las fotos, y entró en la habitación cerrando la puerta tras ella.
- ¿Cómo te sientes?
Harry se encogió de hombros, suspirando hondamente.
- Bien, supongo. Sólo intentando... ya sabes. Encajar de nuevo las cosas -encajar de nuevo su corazón, después de todas las pérdidas. Rehacer su vida de nuevo. Intentar continuar, después de haber vislumbrado lo pacífica que parecía la vida después de la muerte.
Ginny asintió, y Harry apreció la preocupación en su rostro, la seriedad. Ella había sido muy paciente con él, especialmente teniendo en cuenta que nadie en su familia era particularmente paciente. Ron en especial. Mordisqueó su labio de nuevo.
- Estaba atrapando gnomos de jardín. Estoy aburrida. No hay mucho que hacer aquí -ella le miró a la cara, y él pudo verlo ahí, todas las preguntas que quería formular- ¿Te gustaría salir a dar un paseo?
Harry observó la ventana, la exhuberante ladera verde, el pequeño bosque por el que había caminado en dirección al Traslador cuando la Copa de Quidditch, lo que le parecía que había sucedido hacía mucho tiempo. Sacudió la cabeza.
- No estoy de humor.
Un rastro de ira apareció en el rostro de Ginny.
- Harry... ¿Estamos aún juntos?
Harry parpadeó, sorprendido, sintiendo un extraño nerviosismo. Se puso en pie, sujetándose al respaldo de la silla, aunque si fue para que actuase como una barrera entre ellos, no lo sabía.
- ¿Por qué...? Por supuesto que lo estamos. Nada ha cambiado.
- Todo ha cambiado. Tú has cambiado. Un montón -había algo en el rostro de Ginny, tristeza, o quizás frustración. Le recordaba a los rostros expectantes que se habían agrupado en torno a él en Hogwarts, esperando su liderazgo. Él simplemente no quería liderar nada más.
Harry se rascó la cabeza.
- Bueno, todo el mundo ha cambiado. Tú estuviste al cargo del E.D. todo el año pasado. Tú también has cambiado. -Había un aura de liderazgo alrededor de ella, de poder. Le sentaba como un guante. Él aún no estaba seguro de si le gustaba o no.
Ella sacudió la cabeza.
- No dirías eso si realmente me conocieras. Finalmente salí de la sombra de mis hermanos -ella le observó durante unos segundos mientras él se movía, apartándose de la silla y recopilando las fotografías esparcidas sobre la mesa. Miró arriba mientras ella daba un paso hacia adelante, con la resolución pintada en el rostro.
- Bésame.
- ¿Ahora? -dijo Harry, luchando contra el impulso de dar un paso hacia atrás al tiempo que ella se acercaba más y más, pero antes de que pudiera decir otra palabra, ella estaba presionándose contra él, su boca encontrando la suya, sus labios presionando contra los suyos. Un golpecito de su lengua, intentando obtener acceso... él intentó mantenerlo en un simple beso, dejando sus manos con indecisión en sus hombros. Se sentía extraño. Y en absoluto como en su primer beso.Después de un momento, ella rompió el beso, frunciéndole el ceño.
- Me besas como lo haría mi hermano. Argh.
Echándose hacia atrás, Harry tragó, no muy seguro de cómo responder a eso.
Había una humedad sospechosa en los ojos de Ginny, mientras ella empezaba a pasear por la habitación.
- ¿Sabes que me enamoré de tí el primer día que te ví, cuando sólo tenía diez años? Esperé y esperé a que te fijaras en mí. ¿Los otros con los que salí? Sólo eran distracciones, porque no sabía lo que hacer, porque no sabía qué te atraería finalmente a mí. Y entonces finalmente lo hiciste... -ella paró, y se restregó los ojos con enfado-. Bien eso duró todo un minuto -se quedó de pie, mirándole, y él sintió que se sonrojaba de vergüenza, y culpa, rodando por su estómago.
- ¿Me amas? -ella sonaba tan herida. Él nunca habría querido herirla, jamás.
Asintió con énfasis, acercándose a ella de nuevo, acariciando sus brazos.
- Siempre. Me preocupo por tí... ¿Por qué debería preocuparme tanto por tu seguridad, si no?
Ginny cruzó los brazos, su expresión endureciéndose.
- Harry, aún tengo cuatro hermanos que podrían decir lo mismo. Pensé que tú eras diferente -dejó escapar un suspiro de frustración- quiero alguien que sea mi compañero, alguien en quien apoyarme, no que sea mi amigo. Y más -le miró fijamente- ¿Qué es lo que quieres hacer conmigo? ¿Realmente?
Era una pregunta con trampa; tenía que serlo. Harry pensó desesperadamente cuál podría ser una respuesta adecuada.
- Quiero casarme contigo algún día.
No era la respuesta correcta; ella levantó las manos.
- ¿Ves? Algún día. Siempre es algún día, allí en la distancia. En el colegio siempre tenías algo que te mantenía ocupado, algo que demandaba tu atención. Y entonces allí estaba Quien Tú Sabes. Bien, ¿sabes qué? Ya no hay más excusas, Harry. Ninguna distracción. Es solo tú y yo y un futuro abierto de par en par. ¿Y qué hay de ahora? ¿Y qué hay de aquí? -dio un paso acercándose, y esta vez él dio un paso hacia atrás, sin ni siquiera pensarlo.
- Podría poner un encantamiento de silencio en esta habitación, y podríamos echar un polvo. Mamá está tan ocupada en sus cosas que nunca se enteraría. Joder, George probablemente se animaría al saber que algo picante está pasando en esta casa -le miró con intensidad y él pudo sentir su corazón latiendo, pero no era un latido de excitación o pasión. Eran latidos de miedo.
Esperó a que ella se moviera, que hiciera el hechizo, cualquier cosa. Pero no se movió. Finalmente suspiró.
- Era lo que pensaba. Tú no me deseas. No realmente -miró al suelo y esta vez no había dudas; había lágrimas en las comisuras de sus ojos.
Harry intentó pensar qué decir. Una vez la había deseado. ¿Lo había hecho? Él había querido algo, eso estaba seguro. Pero toda la pasión parecía estar muerta en él ahora. No sabía si era por el estrés del pasado año, el horror de la batalla final, el hecho de que había estado muerto y estaba aún vivo... Pero ella tenía razón. Él no sentía nada por ella en ese momento. No físicamente.
Ginny parpadeó unas cuantas veces, pareciendo volver a hacer acopio de voluntad. Le miró con firmeza.
- Me voy a dar un paseo. Dime si realmente quieres esto, si realmente me quieres a mí. Convénceme. De lo contrario, tú y yo hemos terminado-. Con eso, se dio la vuelta y salió.
Harry fue a la puerta, pero todavía no podía pensar en algo que decir. ¿Por qué? ¿Por qué no la quería? Podía imaginársela como esposa, como madre... pero no podía imaginársela besándola. ¿Qué estaba mal en él?
No tuvo tiempo de pensar mucho en eso. Acababa de abrir la puerta para, al menos disculparse, cuando la Sra. Weasley subió por las escaleras. Parte de él dio un grito de victoria, "¿Ves? Si hubiérais estado enrollándoos, ella os habría pillado". Pero era una excusa muy mala. Molly caminó hacia él, con expresión preocupada.
- ¿Qué es? -preguntó.
Dejó escapar el aire.
- El Ministro de Magia ha venido a verte.
- ¿El Ministro de Magia? -preguntó Harry, mirando por encima de Molly para ver si Kingsley, que recientemente había asumido oficialmente el puesto, estaba esperando en la parte baja de las escaleras.Molly le puso una mano en la espalda, guiándole escaleras abajo.
- Está esperando fuera. Dijo que necesitaba hablar contigo en privado.
Harry gruñó entre dintes. Probablemente más asuntos sin resolver de Voldemort o de los Mortífagos. ¿No había hecho ya su parte? Todo lo que quería esos días era que le dejaran en paz, solo. Pero sabía que no podían; todavia era la única persona que tenía todo el conocimiento necesario del mundo mágico para entender lo que había pasado, y el significado de ello. Salió al porche, donde Kingsley estaba de pie, vestido en su usual set de túnica negra y morada, su piel oscura brillante por la transpiración. Parecía cansado.
Kingsley le guió hacia el granero, y encontro un árbol umbrío para sentarse debajo; el tiempo había sido miserablemente caliente últimamente.
- ¿Qué es? -preguntó Harry, mientras veía a la Sra. Weasley desaparecer de nuevo en la casa. Ginny no aparecía por ningún lado.
- Bien, ya sabes, estamos intentando atar cabos sueltos, haciendo que todos los que estuvieron bajo la Imperius estén ahora libres, de que no haya más Mortífagos escondidos en los rangos del Ministerio. Las reparaciones continúan en Hogwarts y Gringotts. El Ministerio está sometido a una completa rehabilitación. Estarás contento de saber que el Wizengamot ha sentenciado a Dolores Umbridge a cinco años en Azkaban por su implicación en toda la debacle de los nacidos de muggles.
- Deberían haber sido diez -murmuró Harry, frotándose la mano donde las cicatrices de su castigo con ella probablemente nunca se desvanecerían.
Kingsley se encogió de hombros.
- De cualquier manera, ella va a ser castigada. Azkaban está llena, y cuando digo lleno es lleno... estamos intentando encontrar rápidamente otro lugar donde poner a todos los magos que han cometido crímenes mientras los Mortífagos y Quien Tú Sabes estaban haciendo todo aquello, intentando que los hijos de muggles están todos seguros. Intentamos básicamente reconstruir la sociedad entera. He encargado que se construya una prisión más moderna, algo más humano que Azkaban. Pero por el momento eso es todo lo que tenemos. Y por supuesto cada uno de ellos tiene que ser probado, todos se afanan en levantar sus defensas, hacer sus llamamientos. Es una pesadilla legal por el momento.
Harry quería preguntar qué tenía que ver eso con él, pero tenía el presentimiento de que ya lo sabía. Sabía más nombres de Mortífagos de los que debería, gracias a sus incursiones en los pensamientos de Voldemort durante la cacería de Horcruxes. Después de la última batalla, el Ministerio le había pedido que diera toda la información que tuviera. Él había tenido la esperanza de que fuera suficiente.
- Está muerto, ya sabes. Puedes decir su nombre ahora.
- Voldemort -dijo Kingsley con una pequeña mueca-. Los viejos hábitos mueren con dificultad. De cualquier modo, estoy aquí porque uno de los que apelan ha pedido directamente que tú testifiques. Es Narcisa Malfoy. Clama que ella salvó tu vida y que su sentencia debería ser eliminada -era obvio por la manera en la que hablaba que le restaba importancia al asunto y estaba esperando a que Harry lo negara.
Harry tragó con sorpresa.
- ¿La habéis estado reteniendo? –sinceramente, no había seguido los acontecimientos. No había incluido a los Malfoy en su lista de Mortífagos, y tenía la esperanza por el hecho de que se sentaran con los victoriosos en el Gran Comedor de Hogwarts de que se contara con que habían cambiado de bando. No es que confiara en Lucius, pero por lo que había visto el último año, su cooperación había sido forzada en el mejor de los casos. Sus acciones en la batalla final se lo habían confirmado. Todavía recordaba las súplicas de Dumbledore a Draco, el mensaje que de alguna forma había sentido como dirigido también a él. "Ven al lado correcto, Draco...". Inherente en ese mensaje había estado que si él alguna vez tenía la oportunidad de encarrilar a Draco en la dirección correcta, debería hacerlo. Dumbledore incluso había ofrecido la protección de la Orden. Eso tenía que significar algo.
Kingsley asintió.
- Por supuesto. Vo... ¡Voldemort estaba establecido en su casa! Eran todos conocidos mortífagos, los Malfoy...
Por supuesto que Kingsley lo vería de esa forma. Harry sintió el bulto de la culpabilidad aposentarse en su estómago; debería haber prestado más atención.
- Ella es legal. Salvó mi vida. Mintió cuando Voldemort preguntó si yo estaba muerto. Si ella no hubiera mentido, él me habría matado. Y yo habría fallado mi misión -había intentado explicar lo que había pasado en el Bosque Prohibido a algunos de sus amigos, incluidos Ron, Hermione y McGonagall, que necesitaba saber exactamente todo lo que Dumbledore había hecho, para el mundo mágico y para Hogwarts. También le dio una abreviada a Kingsley.
Esto, sin embargo, no se lo había contado a Kingsley.
- ¿Eso hizo? Hmmm... -Kingsley parecía meditar las cosas-. Vale, esto atrasará unos cuantos asuntos, entonces. Definitivamente tienes que testificar. ¿Puedes venir al Wizengamot en el Ministerio mañana por la tarde? Queremos dejar esto dispuesto rápidamente.
Hary asintió con énfasis.
- ¿La dejarán en libertad, entonces?
Kingsley se encogió de hombros de nuevo.
- No sé. Todavía sigue siendo una conocida mortífaga en compañía de Quien Tú Sabes... quería decir, Voldemort. Pero ciertamente puede reducir su sentencia. Hay otros factores que hay que tener en cuenta -parecía incómodo-. Ya sabes, todas las propiedades de los Malfoy han sido confiscadas. El Ministerio está flojo de dinero, teniendo que reorganizarse, conducir todas esas audiencias y juicios, y las reparaciones que no sólo van a tener lugar en Hogwarts, sino también en las residencias Muggles y negocios que los mortífagos destruyeron con sus ataques. Todo eso tiene que ser pagado. Así que estamos incautando las cosas de todos los mortífagos convictos. La Mansión Malfoy está programada que salga a subasta la semana que viene.
Miró a Harry.
- Puedes hacer una puja, sabes... Sé que has estado recibiendo pagos y regalos por tus servicios. Grimmauld Place es central, cierto, pero nunca librarás la casa de la presencia de la familia Black. Quizá quieras buscar un sitio más agradable. El dinero iría para hacer frente a las reparaciones.
Harry no pudo ocultar su sorpresa. ¿La Mansión Malfoy? ¿Suya? Era impensable. Y todavía más impensable la idea de que Narcisa y su hijo, después de todo lo que habían pasado... y ahora no tenían nada. Draco indigente. Era inimaginable.
Kingsley puso una mano en el hombro de Harry, sacándole de sus pensamientos.
- ¿Estas bien? Sé que no quieres volver a ponerte en el centro de atención. Te mereces vivir en paz. Pero si pudieras testificar lo que me has dicho, frente al Wizengamot, pienso que las cosas podrían arreglarse.
Harry asintió con aire atontado.
- Puedo ir.
Kingsley sonrió.
- Buen tío. Te veré mañana allí a las una, entonces. Dale saludos a los Weasley -con una palmada en la espalda de Harry, se levantó y desapareció.
Harry volvió a la casa. Molly estaba allí, mirándole expectante, pero sacudió la cabeza. No estaba preparado para responer preguntas por el momento. Se dirigió a la habitación de Ron, donde estaba instalado, cerrando la puerta tras él y suspirando. Testificando por Narcisa Malfoy. Algo que nunca se había imaginado haciendo. Y Azkaban estaba lleno. ¿Estaba Draco allí también, se preguntó? ¿Con su madre y su padre? Tendría sentido mantener a las familias juntas, pero recordó lo que Sirius y Hagrid le habían contado sobre Azkaban, y sintió un escalofrío. Incluso sin dementores, sonaba horroroso.
Sintió una enorme urgencia de ir a la Mansión Malfoy y averiguar algo más sobre la subasta. Pero, ¿por qué? Difícilmente podría encontrar recuerdos agradables del lugar. Casi le habían entregado a Voldemort, y Bellatrix torturó allí a Hermione, por no mencionar la muerte de Colagusano. Y Dobby.
Por eso, una parte de él no quería volver a ver aquel lugar. Pero no podía evitar recordar la expresión en el rostro de Draco cuando le pidieron que identificara a Harry. Esa suprema reticencia, ese miedo. Draco debería haber querido entregarlo, ¿no habría hecho las cosas mucho más fáciles para él? ¿Por qué no lo había hecho entonces? No era suficiente para sacarle de Azkaban, Harry estaba casi seguro de eso, especialmente cuando Ron y Hermione estarían felices de testificar cómo Draco había intentado apartarles de encontrar la diadema. No parecería que Draco hubiera cambiado de bando.
Harry repasó su mochila, la que le había compañado durante gran parte del año y que todavía no había deshecho. No importaba cuántas veces se lo repitiera a sí mismo, no podía hacerse a la idea de que todo había terminado. De que no tendría que seguir escondiéndose. De la mochila sacó un pequeño cofre de madera con cajones, cada uno de ellos cerrado. Había algo dentro de cada cajón, pero ahora estaba interesado en lo que había en el superior. Sacando una llave de dentro de su bolsillo, lo abrió y sacó una varita. Madera de espino y pelo de unicornio. La varita de Draco.
Era una varita elegante, simple y refinada. Harry la sujetó, y sintió su afinidad con ella, esa conexión que le había ayuado a derrotar a Voldemort. ¿Esa unión se debía tan sólo a que se la había arrancado a su anterior dueño? ¿O había algo más profundo, algo que les ataba a él y a su anterior propietario? Sacudió la madera, sintiendo el poder, casi nublándole la cabeza el pensar que haría cualquier cosa por él. Su propia varita le había hecho sentir como un viejo amigo. Pero nunca le había hecho sentir tan... fuerte.
Se retorció un poco, sintiendo cómo su corazón latía más fuerte, sintiendo un extraño aleteo en su estómago. ¿Qué le estaba pasando? Acarició con el dedo la punta, y casi sintió un escalofrío, el calor fluyendo por sus manos. Se sentía muy bien.
Con una abrupta realización, Harry volvió a guardar la varita dentro del cajón y lo cerró rápidamente. Maldición, se estaba excitando por una puñetera varita. Quizá debería haber aceptado la oferta de Ginny. Tumbado en la cama, miró al techo, intentando encontrarle sentido a las cosas. Lo gracioso era que ni siquiera había pensado en el sexo en todo el año pasado. Había estado tan concentrado en destruir a Voldemort que no había habido lugar para otros pensamientos. Ginny tenía razón. Tenía que descubrir lo que realmente deseaba.
Intentó imaginarse besándola de nuevo, intentó volver a resucitar algunas de las fantasías que había tenido en quinto... pero habían sido relativamente inocentes. Pensamientos de ella acariciando su pelo, abrazándole. Pensamientos reconfortantes en los tiempos oscuros. Besándola; él sabía lo que se sentía. Besándola, y metiendo una mano bajo su blusa, acariciando un pecho... oh, Dios, no. Su mente no quería ir por ahí.
¿Qué iba mal en él?
Rápidamente Harry buscó otras imágenes, cualquier cosa, intentando probar que no era completamente asexual. Él mismo, tumbado con su cabeza en el regazo de Ginny... pero esa imagen rápidamente se convertía en otra, en una que había visto mientras viajaba en el tren hacia Hogwarts, escondido bajo su Capa de Invisibilidad. Draco, tumbado en su asiento con la cabeza en las rodillas de Blaise, Blaise acariciando su pelo. ¿O había sido Pansy? Pero no, le gustaba más la idea de Blaise. La imagen cambió con naturalidad, de Blaise acariciando el pelo de Draco a Blaise dejando correr su mano por el cuerpo de Draco, agachando la cabeza para besarle...
Harry se sentó, sintiendo un inconfortable sacudida en el pene. No. No era posible. Simplemente tenía a Draco metido entre ceja y ceja aquel día. Eso no significaba nada.
Con resolución, se incorporó y apartó el cofre, ordenando la habitación hasta que ese incómodo sentimiento desapareció. Iría a testificar, y volvería inmediatamente después. No tenía necesidad de mirar en la Mansión. No tenía que pensar más en eso. Draco había elegido a sus amigos, y eso era todo.
Fue escaleras abajo a ayudar a Molly en la cocina.
Harry se sentó en la silla de testigos en el Wizengamot, mirando hacia las caras de los aproximadamente cincuenta magos y brujas que componían el tribunal, después de la pérdida de Dolores Umbridge y unos cuantos magos oscuros que previamente habían tenido cargos allí. No había habido tiempo de rellenar los asientos. La escena le resultaba aterradoramente familiar, devolviéndole a su quinto año cuando había sido acusado de hacer magia no autorizada y le llevaron a juicio. Excepto por el hecho de que la acusada estaba sentada en el banco, pareciendo más pequeña y encogida. Narcisa Malfoy.La última vez que la había visto estaba pálida, pero cuando antes parecía frágil y perdida, había una nueva fuerza en ella, la aceptación del destino. Había perdido su aire de superioridad que él recordaba de la primera vez que la había visto, ese hábito de mirar a los demás por encima del hombro. Sobrepasada por los hechos, su postura lo demostrada, los hombros caídos, su pelo rubio enmarañado por encima de ellos, los ojos caídos. Maldita podría ser la mejor palabra para describirla. Maldita y llena de arrepentimiento. Tenía algo entre las manos, un pañuelo, se dio cuenta Harry, posiblemente de su marido.
Kingsley empezó a hablar y Harry volvió su atención al asunto que le había traído allí.
- Harry James Potter. Entiendo que vas a respaldar las reclamaciones de la acusada que desafió una orden directa de Quien Tú Sabes en un intento de ayudarte a derrotarlo, ¿correcto? Como habéis oído, la Sra. Narcisa Malfoy está acusada de ayudar a Quien No Debe Ser Nombrado en su toma del poder en el mundo mágico durante los últimos veinte años. Describe lo que ocurrió en la noche del 3 de Mayo de este año.
Harry asintió.
- Llegué a la conclusión de que necesitaba enfrentarme a Voldemort, porque en el hechizo que utilizó para recuperar su cuerpo, utilizó mi sangre, así que en efecto había algo de mí en él y viceversa. Ninguno de los dos podría sobrevivir mientras el otro vivía dentro de nosotros -ya había decidido no mencionar los horcruxes o su largo año par destruirlos. Antes de Voldemort, todo conocimiento sobre los horcruxes había sido prohibido para evitar que los magos intentaran crarlos, y eso todavía parecía la mejor política a seguir. Además estaba el hecho de que Dumbledore le había ordenado que sólo se lo contara a unas pocas personas. No iba a traicionar esa promesa, incluso ahora.
Continuó mientras el Wizengamot escuchaba.
- Así que dejé que Voldemort utilizara la maldición asesina en mí. No morí, pero esa parte de Voldemort que había existido dentro de mí, que me había hecho esto... -les enseñó la cicatriz con forma de rayo- desapareció, y eso significó que Voldemort podía ser finalmente asesinado, de una vez por todas. Desafortunadamente, también significaba que yo también podía morir.
Harry miró a Narcisa.
- Estaba tendido en el suelo después de haber sido atacado por la maldición asesina cuando recuperé la conciencia. Sabía que tenía que intentar matar a Voldemort, pero para hacerlo tenía que convencerle de que ya estaba muerto, o que no tendría la oportunidad. Le pidió a uno de sus seguidores que comprobara que yo estaba muerto. La elegida fue Narcisa. Estaba aterrado. Si ella le decía que sólo estaba fingiendo, me volvería a lanzar la maldición, y ciertamente moriría, y él todavía estaría vivo. Ella puso su mano en mi pecho, y sé que podía sentir mi corazón latiendo. Pero entonces susurró en mi oído. Preguntó si su hijo Draco estaba todavía vivo. Le dije que sí, porque acababa de verlo hacía poco tiempo, en Hogwarts. Le dijo a Voldemort que estaba muerto. Mintió por mí, y gracias a eso, salvó mi vida y me permitió continuar con mi artimaña, así que pude vencer a Voldemort.
Kingsley miró duramente a Harry.
- ¿Y en qué lugar deja esto a sus crímenes?
A pesar de que Harry sabía que Kingsley sólo estaba haciendo su trabajo, hablando en representación de los otros magos, no pudo evitar sentir el pelo erizarse.
- Cambió de bando, ayudándome y no ayudando a Voldemort. Dumbledore le dijo previamente a Draco Malfoy, que si él cambiaba de bando, le podría ofrecer la entera protección de la Orden del Fénix. ¿Así que por qué no le ofrecemos protección a ella? Ella puede haber sido una mortífaga. Pero por sus acciones de esa noche, creo que renunció a serlo -Harry estuvo tentado de hablar del comportamiento de Draco también, pero no era la ocasión. Tampoco pensaba que fuera muy decisivo; a pesar de tener repetidas oportunidades, Draco no había hecho nada heroico por la causa del bien. Si el Wizengamot podía ser magnánimo con Narcisa, por lo menos sería un comienzo.
Hubo un murmullo entre los magos y brujas, hablando con otros en susurros. Harry apenas podía distinguir nada; la habitación había sido diseñada con ese propósito. Amelia Bones, cabeza del Departamento para la Aplicación de las Leyes Mágicas y una de las interrogadoras jefe de su propia vista, se levantó para dirigirse a él.
- ¿Crees entonces, que las pasadas transgresiones contra la comunidad mágica deberían ser olvidadas? ¿Que sus fechorías no deberían tener castigo?
Harry sacudió la cabeza; parecía la misma, pero más vieja, más segura en su posición, el pelo más largo, rozando sus hombros. Él finalmente se incorporó unos cuantos centímetros también.
- No. Pienso que debería servir el tiempo que el Wizengamot considere razonable. Pero no una sentencia de por vida -miró a Kingsley- y dejadle sus posesiones. Dejadle la oportunidad de vivir, por lo menos. Al igual que ella me la dio a mí.
Hubo más discusiones entre los magos y brujas, un murmullo bajo en la habitación. En su camino hacia allí aquella mañana, Harry había sido interceptado por varios fotógrafos del Profeta al igual que otros periódicos y revistas (incluido El Quisquilloso, que estaba de vuelta). Sabía que le iban a dar publicidad a su testimonio. ¿Un mortífago, en parte responsable de la desaparición de Voldemort? Aturdiría a la gente, al igual que su relato de las acciones de Snape lo había hecho tras la victoria. Él era el encantador héroe del mundo mágico, sin importar cómo se sintiera acerca de eso. La opinión pública probablemente no se tomaría bien que el Wizengamot se portara con severidad con alguien que le había ayudado en un momento tan crucial.
Kingsley asintió en dirección a Harry.
- Gracias por tu tiempo. Si tenemos más preguntas, te llamaremos de nuevo -no había necesidad de utilizar Veritaserum o pedirle sus pensamientos, no. Todos creían en su palabra. Después de todo, él no tenía razones para querer ayudar a Narcisa.
Harry volvió a sentarse en un banco lateral, y Narcisa fue llamada a la silla... la silla con las cadenas que él recordaba tan bien. Se estremeció. Kingsley se la quedó mirando, con expresión pensativa.
- ¿Así que confirmas que todo lo que Harry Potter ha dicho es verdad?
Narcisa se mostró resuelta al encontrar la mirada de Kingsley.
- Lo es.
- ¿Y oficialmente declaras delante de este tribunal que no eres una mortífaga? ¿Que no intentarás ayudar a ningún mago oscuro que intente obtener el poder, como hizo Quien Tú Sabes? ¿Juras lealtad hacia las reglas del Ministerio y sus leyes de conducta? Esto incluye la rehabilitación de todos los magos y brujas nacidos de magos, tengo que decírtelo -la voz profunda de Kingsley resonó en el hall, y varios de los magos y brujas se movieron. Harry sabía que habían sido los que condenaron a los llamados "sangre sucia" no hacía mucho tiempo. Kingsley estaba todavía trabajando duro intentando reparar todos los desgarros en el tejido de la sociedad mágica hechos por los planes de Voldemort.
Narcisa tragó.
- Lo juro. No desearé ayudar a ningún mago en ningún intento de llegar al poder. Eso no ha dado a mi familia más que desgracia. Sólo quiero la seguridad de mi marido y mi hijo, y una nueva oportunidad en la vida. No me preocupan los muggles, o lo que el Ministerio haga con sus normas -miró a Amelia Bones, que fruncía el ceño. Con un último suspiro, añadió-. Juro lealtad al cuerpo legislador del Ministerio de Magia.
Amelia asintió. Kingsley también asintió, y tamborileó con los dedos en el podio, meditando.
- Dadas estas extraordinarias circunstancias, creo que la sentencia de la defendida debe ser reducida a... tres años. Y una segunda moción, todas las posesiones directamente relacionadas con Narcisa Malfoy, incluidas las posesiones de la familia Black, pero NO las que fueron adquiridas tras su matrimonio con Lucius Malfoy, volverán a ella y no serán contempladas bajo la Sección 59 de los Actos de Reorganización del Ministerio acerca de los embargos a los mortífagos convictos.
Otro mago secundó la moción... muy al estilo de los sangre pura, pensó Harry. Y entonces se llamó a votación. Las manos se levantaron por ambas opciones, pero al final, la moción fue aprobada y Amelia Bones finalmente levantó su mano a favor. Narcisa arqueó la cabeza, silenciosamente suspirando con alivio, frotándose los ojos con el pañuelo. Dos magos vinieron a sacarla de la habitación y Harry se puso en pie para irse. Todo había terminado, al fin.
Entonces Narcisa se giró repentinamente hacia él.
- ¡Harry Potter! Necesito hablar contigo. Por favor, sólo un momento -le dirigió a sus captores una mirada implorante, sus mejillas aún húmedas por las lágrimas.
Harry hizo una pausa, mirando a Kingsley, pero éste estaba ocupado en otros asuntos. Mordiéndose los labios, Harry asintió en dirección a los guardias, y les siguió a la sala de espera. Los guardias le dirigieron una mirada extraña. Harry se encogió de hombros.
- ¿Nos concedéis algo de privacidad, por favor? -algo en el rostro de Narcisa le dijo que la necesitaba. Ellos se apartaron y esperaron.
Narcisa se apartó a otra sala, regiamente, y Harry se preguntó si su humildad había sido fingida.
- Harry. Gracias por testificar por mí. Draco siempre decía que eras honrado con tus fallos. Pero ciertamente no puedo culparte por esto.
Harry se encogió de hombros con embarazo.
- Era la verdad. Me ayudaste. No deberías ser castigada por eso.
- Te das cuenta de que ayudarte era sólo una consecuencia. Mi preocupación principal era ayudar a mi hijo -Narcisa se le quedó mirando intensamente, una mirada que Harry no pudo leer, como si ella estuviera intentando mirar en su alma. Había cierta desolación en ella, como si todo el sufrimiento hubiera hecho desaparecer todas sus capas de orgullo y soberbia y hubiera dejado sólo una brutal honestidad-. Draco me dijo que salvaste su vida dos veces esa noche. Una del Friendfyre, otra de un mortífago.
Harry asintió, sorprendido de que Draco lo hubiera mencionado.
Narcisa le sorprendió más, echándose hacia delante para cogerle la mano.
- Te debe una, una deuda que necesitará reparar algún día. Para que eso ocurra, sin embargo, necesito pedirte otro favor. Draco está en Azkaban, prisionero con otros jóvenes que lucharon por Quien Tú Sabes. Necesito que compruebes que está bien. Ellos saben que él no acudió cuando Quien Tú Sabes llamó a todos. Ellos piensan que es un traidor -había mucha emoción en su voz, mucha urgencia. Harry sacudió la cabeza, confuso.
- ¿No estaba en la misma celda que tú?
Una oscura y triste sonrisa y un movimiento de cabeza fue la respuesta.
- El Ministro puso a todos los jóvenes juntos, todos por debajo de los veintiún años. No creo que sepan lo que hacer con ellos; están en régimen de mínima seguridad por lo que tengo entendido. Pero tú no entiendes. Algunos de ellos son muy, muy peligrosos.
Harry miró a los guardias, esperando alguna confirmación, pero ellos eludieron su mirada, evitándole. Empezó a tener un mal presentimiento. Draco, que parecía tan perdido tras la batalla, sujeto por su padre y por su madre... pero seguramente ellos les habrían apartado, ¿no? ¡Era Draco Malfoy, por el amor de Dios!
Narcisa le tiró de la manga, llamando su atención.
- ¿Harry? Por favor, ¿irás a comprobarlo? ¡Hazme saber que está bien!
No hubo siquiera una pregunta en la mente de Harry.
- Iré -estarían la mitad de la casa de Slytherin, al menos los de cursos superiores, todos juntos-. No pueden pretender mantenerlos juntos. Parece ridículo.
Narcisa hizo un sonido burlón.
- ¿Quién sabe? Iré a verlo, cuando salga -ella enmudeció, apartando un hilo de sus ropas. Parecía como si con todos los cambios que habían tenido lugar en la prisión últimamente, ni siquiera tuvieran uniformes decentes que vestir.
Su silencio pareció ser la señal que los guardias habían estado esperando. Con un gesto a Harry, se dirigieron al frente para coger de nuevo a Narcisa de los brazos. Mientras la llevaban a una puerta posterior que dirigía presumiblemente a la red Flu, ella miró por encima de su hombro y le dirigió una última mirada:
- ¡Prométemelo!
- Lo prometo -dijo suavemente, y se preguntó en qué acababa de meterse.
Draco estaba arrodillado en su sitio acostumbrado en el suelo junto a la silla de Pucey cuando se fijó en la copia del Profeta.La mano de Pucey estaba en su pelo, acariciándole casualmente como si fuera un obediente perro cazador. Era lo mejor que le había pasado en toda la semana, después de otra sesión de castigo que le había dejado con una costilla rota. Dolía cuando tosía. Dolía cuando se movía. Incluso dolía cuando respiraba, pero era mejor de lo que había estado en toda la semana. Al menos podía moverse sin estar agonizando de dolor. Las marcas también estaban desapareciendo. Ninguno de los guardias se había dado cuenta.
Así que Pucey había comprado su obediencia, por ahora. La mano de Pucey se delizó por su mejilla, levantando gentilmente la cabeza de Draco. Draco dejó que su cabeza fuera posicionada, y fue recompensado con un trozo de salchicha, de la mano de Pucey. Masticó y tragó sin pestañear. A continuación se quedó mirando al vacío, dejando que su mirada se pusiera vidriosa. Eso, y esconderse, parecía disminuir los abusos. Si ellos olvidaban que estaba ahí, no jugaban con él. Estaba empezando a tener una visión menos repugnante de los hábitos de Colagusano. Pero era la supervivencia.
Se preguntó de dónde habían sacado el periódico. No había muchos visitantes, pero sabía que algunos de sus compañeros tenían amigos en otros lados, en Europa, por ejemplo. Había visto una lechuza llegar con cartas para entregar. Probablemente el periódico había llegado en una de ellas, razonó. Estaba descansando en el otro lado de la silla de Pucey, donde éste lo había dejado después de leerlo. De alguna forma, estaba seguro de que ese lugar no había escogido por casualidad. No podía leer los titulares sin moverse de su posición. Otra invitación para desobedecer.
Draco intentó mirar por el rabillo del ojo al periódico, desviando la mirada hasta que empezó a nublársele. "Potter", se las arregló para disinguir, y entonces tuvo que descansar, y aceptar otro trozo de comida, y otra incómoda caricia en el pelo de su nuca. A Pucey parecía gustarle que fuera más largo cada día que pasaba. Miró al periódico y se las arregló para distinguir otro nombre. "Narcisa". Su corazón dio un salto. ¿Potter y Narcisa, en el mismo titular? Con súbita imprudencia, se echó hacia delante y atrapó el periódico.
"Harry Potter salva a Narcisa Malfoy de Azkaban" decía el periódico, y empezó a leer rápidamente incluso cuando Pucey agarró el periódico y otro de sus colegas empezaba a golpearle salvajemente en el costado. "Harry Potter testificó en beneficio de Narcisa... salvó su vida la noche de... la sentencia reducida a sólo tres años en Azkaban..." Hizo un ruido salvaje mientras el periódico le era arrebatado de las manos, dejándole cortes en las manos y furioso.
- ¡Devuélvemelo! -gritó, incorporándose para arañar a Adrian, arreglándoselas para hacerle un arañazo en una mejilla, entes de que Goyle le apartara de él. Pero no iba a ser vencido tan fácilmente. Se revolvió contra él, pegando patadas y gruñendo mientras intentaba alcanzar a Pucey para destrozarle.
El guardia se pegó contra las barras.
- ¡Para! ¡Desmaius!
La fuerza del hechizo golpeó a Draco contra la pared donde resbaló hasta el suelo. Allí yació incapaz de mover, incapaz de respirar, su cuerpo gritando por el dolor de demasiados golpes apilados sobre la costilla tan sólo parcialmente curada y la conmoción del hechizo. Miró aturdido al guardia mientras abría la puerta e irrumpía en la sala común, con otros dos guardias guardándole las espaldas, las varitas fuera y apuntándoles.
- Disolveos, escoria. ¡Finite incantatum! ¿Qué está pasando aquí?
Pucey levantó el periódico que había sido arrancado de las manos de Draco.
- Nada, señor; sólo una pequeña discusión por un artículo que hemos visto en el periódico. Apuesto a que a Draco no le hace gracia ver a su madre tan acogedora con Harry Potter, ¿sabes? -sonrió de medio lado, haciéndole una señal a Goyle para que ayudara a Draco a levantarse. Draco habría rehusado, pero no le dieron opción, con un fuerte empujón en los brazos, estaba levantado, aturdido, y Goyle le mantenía erguido, cogiéndole con fuerza de los hombros para decirle que sería mejor dejarlo pasar. Draco miró a Pucey.
El guardia se dirigió a Draco y le apuntó con su varita, desviando la atención de Draco de Adrian.
- ¿Es verdad? No habrá peleas en este ala. Tenemos un arsenal de castigos que jamás has conocido. ¿Me escuchas?
Draco se dio cuenta con horror de que le estaban culpando a él. Miró a Pucey de nuevo, lívido, y a los que le rodeaban. Por supuesto todos respaldarían las palabras de Pucey. Ciertamente, no tenía amigos allí. Tragando, finalmente asintió, no creyendo que fuera capaz de hablar, su pecho aún en tensión, cada respiración lanzando cuchilladas a través de él. El guardia asintió, y Pucey se limpió el rastro de sangre del arañazo de su mejilla.
El guardia miró alrededor a los otros compañeros que se habían arremolinado para mirar.
- ¡Vuelta a las celdas! El tiempo de recreo ha terminado -con una última mirada de disgusto a Draco, se dirigió de vuelta al área de los guardias tras las barras de hierro. Goyle empujó a Draco hacia adelante, significativamente. Draco se preguntó qué clase de castigo tendría Adrian para él esta vez. Adrian, mientras, había dejado el Profeta en el suelo. Draco intentó echarle un último vistazo, pero todo lo que vio fue una foto de Harry fuera de la sala de vistas, con aspecto irritado.
EN su celda Goyle estaba ya en su cama cuando Draco atravesó la puerta. El tercer compañero de celda, el Perezoso Warrington, había sido el otro cazador del equipo de Draco el segundo año. El apodo le venía más por su aspecto que por la manera en la que se movía; tenía un pelo desaliñado que le caía sobre los ojos, pero podía moverse sorprendentemente rápido para alguien tan fornido si le daban una razón. Pucey asintió una vez y Draco se encontró a sí mismo sujeto a la pared por Warrington, con Goyle mirando, por el momento. Si los dos se involucraban, sabría que estaba en un verdadero aprieto.
Pycey miró a Warrington ansiosamente.
- ¿Lo conseguiste?
- Está en mi bolsillo. Me llevó mucho tiempo afilarlo -dijo Warrington con su leve acento de Sheffield. Desgarró el frente de la camisa de Draco, apartándola, dejándole desnudo de cintura para arriba.
Draco miró a Warrington con consternación, estremeciéndose. ¿Qué demonios iba a pasar ahora? Se revolvió, pero Goyle se estaba moviendo, posicionándose en el otro lado, agarrándole del pelo y presionándole de nuevo contra la pared. Eso era malo.
Determinado, Pucey alcanzó el bolsillo del Perezoso y sacó algo pequeño, metálico y de forma punzante. Probablemente habría sido una bisagra de una puerta o una cama, pero le habían dado forma para convertirlo en un pequeño e improvisado cuchillo, con una punta muy pronunciada. Draco tragó, sintiendo que se desvanecía.
- No vas a matarme -intentó sonar valiente, pero de su boca no salió más que un leve susurro que no sonaba a nada más que patético.
Pucey soltó una risilla.
- No hoy, Draco. Es demasiado divertido mantenerte por aquí para jugar contigo -de repente se convirtió mortalmente serio, agarrando el rostro de Draco-. Pero si montas otro numerito parecido en la sala común tendré que hacer algo drástico -presionó la punta del pequeño cuchillo contra la garganta de Draco, lo suficientemente fuerte para que Draco lo sintiera traspasando su piel, para que sintiera una gota de sangre deslizarse por su garganta. Raramente se atrevía respirar.
El cuchillo lentamente viajó del cuello de Draco hacia su pecho, la presión la justa para arañar la superficie, para marcarle. Los ojos de Pucey estaban oscuros y hambrientos.
- Necesitas entender algo, Draco. Eres mío. Mientras estés aquí conmigo, todo lo que hagas, todo lo que digas, lo harás con mi permiso. ¡Dilo! -introdujo la punta del cuchillo unos milímetros en la piel del pecho de Draco, cortándole. Draco contuvo el aliento, aterrado.
- Tuyo -susurró Draco-. Haré lo que digas -Pucey estaba deslizándose más abajo, aproximadamente unos tres centímetros. Draco se preguntó si Pucey pensaba trinchar un trozo de su cuerpo cada vez. Tras él, vio a Goyle humedecerse los labios.
- Más te vale creerlo -murmuró Pucey. Miró a Draco, levantando el trozo de metal para enseñarle la sangre. Una sonrisa siniestra reemplazó a su entrecejo fruncido-. Voy a marcarte para que nunca lo vuelvas a olvidar.
Un segundo corte, primero uno pequeño diagonal, y Draco se dio cuenta de que estaba marcando una P en su pecho. Dio un salto, intentando resistirse, pero Goyle y Warrington le sujetaron con rapidez. Más sangre se derramó, manchando sus pantalones. Los cortes no eran demasiado profundos, no lo suficiente para poner en riesgo su vida, pero sí para dejarle una cicatriz permanente. Lágrimas calientes le quemaban la garganta. Las palabras de Adrian se hundieron en él. "Jamás escaparé de aquí".
Pucey dejó de cortar, llevándose el cuchillo a la boca para chupar la sangre.
- Hecho. Si me desobedeces de nuevo te corto los huevos -envolvió en cuchillo en un tejido y lo escondió en su bolsillo antes de quitarse los pantalones. Draco pudo ver que estaba excitado. Sabía lo que iba a venir ahora.
Cerró los ojos; era mejor de esa manera, mientras sentía que le bajaban los pantalones hasta las rodillas, unas manos que le alzaban una pierna para rodear una cintura desnuda. Más fácil imaginar que no estaba allí, que no era Pucey. Hizo una mueca ante la primera y dura embestida -nunca le preparaba, oh no- y aguantó los sensibleros besos y las embestidas, relajado. Dolía menos de aquella manera. Intentó pensar en Blaise, pero con Blaise dándole la espalda, y peor, pidiéndole a Pucey "favores", la fantasía murió rápidamente. Pelo oscuro. Quiso mantener el pelo oscuro. Ojos que eran más agradables. Le daba igual que fuera brusco, con tal de que los ojos fueran amables. Jugó a imaginárselos de diferentes colores, pero el color que parecía encajar era el verde. Fieramente verde.
Por supuesto que era Harry Potter al que se estaba imaginando haciéndoselo. Draco no podía sacarse la imagen de Harry agarrándole ásperamente del pelo, y ciertamente Harry era temperamental a veces. ¿Por qué no? Y si había manos de más agarrándole, bien podría ser por algún hechizo de Potter. Algún tipo de venganza por aquella lucha de niños. Finalmente estaba empezando a sentirse bien.
- ¿Quién te ha dado permiso para disfrutarlo? ¡Abre tus malditos ojos! -gruñó Pucey, y la fantasía se evaporó. Draco abrió los ojos. Pero no los enfocó, dejó que se quedaran vacíos. Aprendería a soñar con los ojos abiertos si tenía que hacerlo.
- Eso está mejor -murmuró Pucey, volviendo a besarlo. Los labios de Harry serían más suaves, por supuesto, menos demandantes al principio, pero mientras la pasión aumentaba, no estaría muy lejos de aquello, pensó Draco casi distantemente, sintiendo el asalto como si le estuviera ocurriendo a alguien más. Harry también lo haría mejor que esto, con el tiempo. Simplemente necesitaba instrucciones sobre la técnica.
Pucey se corrió, y las manos empujaron a Draco sobre el sueño, dejándole allí, excitado e insatisfecho. La fantasía se fue de nuevo con las risas de Pucey.
- Eres un bastardo enfermo Draco. Estás empezando a disfrutarlo.
Lo peor, concedió Draco, es que tenía razón.
Harry miró hacia el imponente edificio que ya no sería nunca más la Mansión Malfoy, sintiendo el sol en la espalda. La mansión era de piedra gris con una verja de hierro y cuidados setos y sauces, cerca de cuatro acres de tierra incluido un pequeño estanque de patos. Tenía la absurda imagen de Draco jugando allí de niño.
Ahora, sin embargo, la casa parecía oscura y vacía, casi abandonada. El área entera estaba escondida mediante magia de los ojos de los muggles, por supuesto, para que pareciera sólo un gran estanque. No había vecinos cercanos más que una granja muy vieja sobre una polvorienta colina.
Una larga señal había sido erigida frente a la puerta, anunciando la venta de la residencia y la subasta. Había una gran caja negra de madera debajo de la señal y mientras Harry miraba una lechuza voló allí y dejó caer un trozo de papel en la caja. Más letras aparecieron en un trozo de pergamino fijado a la señal, y Harry se dio cuenta de que estaba informando de cómo iban las pujas. La versión mágica de una subasta silenciosa, entonces.
Harry se agachó para ver la última línea del papel. Daba un número de puja, y entonces un espacio en blanco, luego una cantidad. Gruñó suavemente. La casa estaba siendo seriamente vendida por debajo de su precio si esa era la máxima fija. Tres mil cincuenta galones de oro, puja número 57. Se preguntó cuántos magos y brujas diferentes estaban pujando. No le sorprendió que ninguno de ellos dijera su nombre. Comprar la casa de un conocido mortífago tenía que ser como mínimo arriesgado.
Un suspiro escapó de Harry mientras miraba la casa de nuevo. Recordó a los Snatchers llevándole allí, los recuerdos algo confusos por las actividades de Voldemort esa noche y el dolor que había sentido. Él difícilmente había visto el lugar. Era aún increíble que el Ministerio pudiera incautarse de todo. "Voldemort vivió aquí. ¿Cómo puedo incluso considerar hacer una puja?".
Sabía perfectamente en lo que estaba pensando. Estaba pensando en Draco, más que en nadie más y en las palabras de Dumbledore, y en el hecho de que Narcisa hubiera salvado su vida. Lucius había vendido el destino de su familia siguiendo a Voldemort. Se merecía todo lo que le ocurriera, peor Harry difícilmente podía pensar lo mismo de su mujer e hijo.
Mientras permanecía allí pensando, otra lechuza voló y dejó otra puja en la caja. Tres mil doscientos, y el sol estaba empezando a esconderse. La señal decía que la subasta terminaría en la puesta de sol. Si esperaba allí, podría poner la última puja antes de que se ocultara del todo.
Así que se sentó. Se sentó, mirando a las lechuzas ir y venir, mirando el sol ponerse en el horizonte, mirando las oscuras ventanas de la mansión y medio esperando a ver a alguien mirándole desde allí.. ¿Draco? O Voldemort. No podía evitar temblar de anticipación. Varias veces intentó obligarse a sí mismo a dejar el lugar sin hacer una puja. El tiempo pasaba despacio. Pero pensó en otros posibles dueños. ¿Y qué si -Dios no lo permitiera- alguien como Rita Skeeter se las apañaba para comprarlo? ¿O alguien de Durmstrang? Cada posible rostro que se le aparecía se le antojaba peor.
Finalmente se puso de pie. El sol era una bola roja de llamas, inclinándose sobre los árboles, pronto se lo tragarían. Buscó en su bolsillo un bolígrafo, y se dirigió al papel de las pujas. Sesenta y cuatro pujas ahora. Cuatro mil galeones... Hizo una pausa mientras otra lechuza aterrizaba y el número cambiaba, cuatro mil cien. Debía ser el último minuto, decidió, mientras otras tres lechuzas se acercaban. Miró de nuevo al sol, dejando que entregaran sus mensajes, esperando, esperando.
Mientras en sol disminuía a una pequeña línea, finalmente escribió en el papel, "Puja 69: Harry Potter. Cinco mil galeones". Miró cómo las palabras bajaban, aceptadas al mismo tiempo que el sol se ponía. Por un tenso momento se preguntó si lo habría hecho mal, o si sería demasiado tarde. Entonces las letras del letrero empezaron a reorganizarse ellas mismas. Donde se había leído "en venta" cambió a "VENDIDO". Tras eso, en gruesas letras rojas, se leía: "vendido a la puja 69, Harry Potter".
Tragó, sintiéndose de repente mareado.
Acababa de comprar la Mansión Malfoy.
A Harry le llevó otra semana organizarlo todo antes de ir a visitar a Draco en Azkaban como Narcisa le había pedido. Durante ese tiempo, transfirió el dinero de la mansión, firmó el contrato y se preguntó si se estaba volviendo completamente loco. También se había mudado de la Madriguera. Vivir con los Weasley se estaba convirtiendo demasiado incómodo para él, especialmente con las largas y tristes miradas de Ginny. De momento dormía en Grimmauld Place, pero todavía no se sentía bien. Se preguntó si alguna vez volvería a sentir algún lugar como su hogar.Kreacher, por su parte, estaba excitado ante la perspectiva de servir en la mansión.
La prisión, que Harry sólo había visto en visiones y sueños antes, se levantaba como una premonición sobre el mar del Norte; los daños causados por la fuga unos años antes habían sido reparados, y era de nuevo impenetrable. También casi imposible de escapar de allí, incluso sin los dementores. Un guardia inspeccionó a Harry y lo llevó hasta el nivel más bajo donde los "juveniles", todos los que estaban entre los 17 y los 21, eran custodiados. Por lo que los guardias entendían, todos los prisioneros serían mantenidos allí hasta que cumplieran los veintiuno, y entonces sus casos serían revisados por el Ministerio para ver si necesitaban pagar más tiempo por sus crímenes o si se les permitiría reintegrarse en la sociedad mágica. Era como si todos los que estaban cerca de esa edad fueran culpables de crímenes más graves y fueran a estar allí durante más tiempo. Para Draco y otros de su edad, eso significaba que probablemente estarían allí unos cuatro años.
Harry siguió al guardia hasta el área de vigilancia, una habitación separada de la sala común de los jóvenes por barras que se desplazaban automáticamente... muy moderno, fanfarroneó uno de los guardias. La mayoría de la prisión había sido diseñada en la misma era que la Torre de Londres. Harry miró a las barras, ignorando las maldiciones murmuradas por algunos de los presos, buscando a Draco. Se parecía a la sala común de Slytherin, pero sin ninguno de los agradables muebles o ricos tapetes u otros artefactos de los que Hogwarts presumía. Reconoció a un desafortunado número de estudiantes de Hogwarts, algunos parecían más viejos que la última vez que les había visto, otros exactamente iguales. Pero no vio señal de Draco. De hecho, la sala común no parecía llena. Quizá Kingsley estaba exagerando sobre la masificación.
- No veo a Draco -le comentó a Bertie, el guardia.
Bertie estudió la habitación durante un momento, frunciendo el ceño.
- Yo tampoco. Tampoco veo a Pucey... suelen estar juntos, al igual que Goyle y Warrington. Deben estar todavía en su celda; está bajando el pasillo -sacó su varita, indicando a Harry que hiciera lo mismo -. Ven conmigo.
En la guarida de los leones, pensó Harry con un pequeño escalofrío, sujetando su varita mientras Bertie abría la puerta de la sala común. Los ojos miraron a Harry, llenos de resentimiento, pero ninguno de ellos se atrevió a acercarse. Desarmados, no tenían opción. Harry siguió a Bertie hacia la parte trasera de la habitación donde ésta se abría a un pasillo, intentando estar alerta a todo, deseando por un momento tener el ojo de Moody. Ellos eran jóvenes, pero podía ver el problema que Kingsley tenía con ellos. Eran peligrosos.
El tiempo parecía transcurrir lentamente mientras recorrían el pasillo. Harry podía sentir el corazón saltando en su pecho, y parecía un poco tonto, porque no era como si estuviera en una batalla; nadie allí representaba un verdadero peligro hacia él. Pero no sabía lo que diría al ver a Draco. Draco probablemente dejaría que su fría mirada resbalara sobre él, haciéndole sentir aquel divertido cosquilleo en el estómago como siempre le ocurría... y entonces lo mandaría a paseo con alguno de sus punzantes insultos. Harry se sentiría humillado una vez más.
Algo le resultaba extraño, sin embargo. El pasillo estaba lleno de gente; Harry reconoció a Blaise y a otro par de Slytherins de su año, todos por allí, esperando algo, parecía. El guardia los miró con enfado.
- ¿Qué hacéis merodeando por aquí? ¡De vuelta a la sala común! ¿Todos tenéis que ir al baño o qué?
Blaise le dirigió a Harry una sonrisa peculiar, una que envió un escalofrío por su médula espinal, y volvió perezosamente a la sala común. Uno de sus compañeros murmuró algo y se fue al fondo, abriendo una puerta que Harry se percató que era de hecho el baño. Lentamente, los otros dos se retiraron por una puerta cercana, y Harry repentinamente escuchó sonidos. Sonidos rítmicos de carne chocando contra carne, gruñidos... Casi involuntariamente dio los últimos pasos hacia la celda.
Al principio sus ojos rechazaron creer lo que veían. Alguien encima; el compañero que había estado con Greyback, Scabior el ladrón, se dio cuenta Harry. Tenía los pantalones abiertos, pero estaba completamente vestido, moviéndose contra alguien mucho menos vestido y bastante más hermoso. No podía ser Draco. Pero era. Podía ver su rostro claramente a pesar del largo pelo rubio platino que caía sobre su rostro; los ojos de Draco estaban abiertos, pero vacíos como si estuviera ciego, como si viera algo más. Simplemente yacía lánguido, dejando que le follaran.
Dos cosas golpearon a Harry al mismo tiempo; horror, pero al mismo tiempo un punzante, e incluso más terrible, deseo. El guardia estaba gritando algo; Harry no podía escucharle. Todo lo que podía ver era esos ojos grises, aceptando con serenidad... y entonces esos ojos tormentosos se enfocaron y se clavaron en él. Harry vio el reconocimiento en ellos. Y horror.
- ¡TODO EL MUNDO FUERA AHORA! -gritó Bertie, y el tiempo pareció volar de nuevo. Harry no podía enfrentarse a la expresión de los ojos de Draco, la presión en su ingle, el conocimiento de que... de...
Harry corrió. Simplemente huyó, sin importarle quien estaba en su camino, o lo que ellos pensaran, y corrió, de vuelta a la puerta de hierro, pidiéndole a los guardias que la abrieran para dejarle pasar, y entonces recorriendo los pasillos en zigzag, hacia la puerta principal de la prisión, hacia la terraza de piedra donde la gente del Ministerio podía Aparecerse, bajo el cielo abierto, jadeando como si hubiera corrido desde el borde del acantilado. Él... él...
¿Que iba a decirle a Narcisa? Tu hijo es una puta. ¿Pero era voluntario? ¿Involuntario? De cualquier modo, parecía incomprensible. Draco simplemente no... Harry sacudió la cabeza, recorriendo la terraza. No era el Malfoy que conocía. Dejar a los otros tener tanto control, no ser el que dirigiera el espectáculo...
Pero entonces, una vez que pensó en ello, ninguno de ellos había estado dirigiendo las cosas por mucho tiempo. El intento de Draco de controlar a Crabbe en la Sala de Requerimientos había sido débil como mucho.
¿Qué iba a decirle a Narcisa? No podía hablar con Draco ahora... no después... y la peor parte era que, incluso si era una violación, y pensaba que lo había sido, incluso eso, se había excitado. Excitado por eso. "¿Qué tipo de monstruo soy?" Quizá Dumbledore había estado equivocado. Quizá Voldemort era todavía parte de él, de algún modo profundo y depravado. No podía hablar con Draco. Pero necesitaba saber qué había pasado. Lo había prometido.
Harry finalmente se sentó en un miserable ovillo junto a las dobles puertas de madera de la prisión. Quería correr lejos y no volver nunca. Incapaz de ver... pero nunca sería capaz de borrar la imagen de Draco, siendo violentamente forzado. Y la fila. "Una jodida fila de ellos, sólo esperando" ¿Qué se supone que le iba a decir a la madre de Draco? ¿Por qué eso le había excitado?
Las puertas se abrieron. Bertie estaba allí, furioso e incómodo; Harry se puso en pie para hablar con el hombre. Kingsley había tenido que mover unos cuantos hilos para dejarle hacer esa visita.
- Mis más profundas disculpas, señor Potter... no tenía idea de que estuviera sucediendo eso. Hemos encerrado a todo el mundo en sus celdas... las mantendremos cerradas durante la hora de las comidas. Vamos a controlar las cosas más estrechamente.
Harry asintió, sintiéndose conmocionado y confuso. Había cuatro de ellos en una habitación, lo había dicho antes. ¿Cómo iban a vigilarlos?
Bertie continuó.
- Tenemos a Draco Malfoy listo y preparado para usted, si todavía quiere hablar con él. No se preocupe, le aseguramos que será castigado por lo que ha tenido que presenciar. Tenemos unos cuantos castigos que me estoy muriendo por probar, están hablando de usar algunos de los artículos de broma de los Weasley, un tipo de justicia irónica. Imagino que las pastillas para vomitar serían una buena opción.
Harry sacudió la cabeza, horrorizado ante el pensamiento.
- No será necesario -era como hablar con Filch con charla sobre castigos anticuados; había cierta excitación en ello. Tragó, asustado de vomitar él mismo-. Iré a verlo -al menos sabría la verdad antes de irse.
- Por aquí. Lo tenemos en la enfermería de momento -Bertie le abrió paso y Harry le siguió, cerrando la puerta tras ellos. Sus manos temblaban. Pero siguió a Bertie de todas formas, y al final sabía lo que le iba a decir a Draco, o al menos aproximadamente. "¿Qué te ha pasado?"
Las palabras murieron en sus labios cuando vio a Draco, vestido con la ropa de la prisión, sentado en mitad de una silla en algún tipo de sala de exámenes, sus hombros hundidos, la cabeza gacha, escondida tras una cortina de pelo, dos puntos de color en sus pálidas mejillas. Draco no miró arriba mientras Harry entró, pero pareció encogerse aún más en sí mismo, como si se hubiera echado una capa de invisibilidad por encima para esconderse. No había nada de orgullo o altanería en Draco. Parecía profundamente humillado.
Harry se giró al guardia.
- Danos algo de privacidad -esperó a que Bertie hubiera cerrado la puerta, entonces se giró hacia Draco, tragando. Merlín, desearía estar en cualquier otro lugar-. Estoy aquí porque tu madre me pidió que comprobara cómo estabas. Testifiqué en su favor porque ella salvó mi vida. Estará fuera dentro de tres años -no sabía qué tipo de noticias recibirían allí en Azkaban.
Draco miró arriba, y Harry se sintió conmocionado por la expresión de los ojos de Draco... Herido, muy herido, y furioso. ¿Por qué esas noticias deberían ser hirientes?
- Muy amable por tu parte dejarte caer por aquí, Potter -escupió Draco con tanto veneno que Harry hizo una mueca. Demasiado para no estar tan orgulloso. Sonaba tan malicioso como siempre.
- Estoy comprobando si estás bien -contestó Harry, la ira bullendo en su voz. Quizá las pastillas para vomitar no fueran tan mala idea después de todo. Pero una mirada a Draco eliminó ese pensamiento. Se veía subalimentado, y había oscuros círculos bajo sus ojos como si no hubiera dormido en semanas. Entre eso y lo sucio que estaba su cabello, no parecía Draco.
- No necesitas preocuparte, Potter. Seguramente estás ocupando salvando el mundo o algo parecido.
Tanto odio, tanto enfado. Las palabras hirieron a Harry, cada una dejando un pequeño corte. Fue a replicar, peor, de nuevo, perdió el hilo de lo que iba a decir. El cuerpo de Draco había adoptado una postura defensiva, una mano levantada como si fuera a recibir un golpe. Harry titubeó.
- ¿Qué ha pasado aquí?
Draco pareció recuperarse.
- ¿Qué, Scabior y yo? Simplemente la típica tarifa de prisión. Apuesto a que te gustó, ver cómo me daban por el culo. Seguro que podrían hacerte un hueco en la cola.
No podía estar haciendo eso, pensó Harry, sintiendo sus mejillas calientes. Se giró, intentando pensar cómo salvar ese obstáculo, como simplemente obtener la verdad y salir de allí. Antes de que hiciera eso, sin embargo, Draco estaba encima de él, buscando su varita en su bolsillo, intentando desesperadamente arrancársela. Harry actuó por puro instinto. Le arrebató la varita a Draco.
- ¡Desmaius!
El hechizo aturdidor envió a Draco al suelo a algunos pies de distancia. Hizo un ruido como un animal herido, en tono agudo y lastimoso, un sonido de agonía.
Harry no dudó Corrió al lado de Draco, guardando su varita de nuevo y liberándolo del hechizo.
- Oh, Dios mío, ¿estás bien?
Draco jadeaba como si le costara respirar; su rostro estaba ceniciento. Incluso así, mientras Harry intentaba levantarle la camisa para comprobar que no estuviera herido, Draco intentó apartar sus manos, infructuosamente. Harry contuvo el aliento ante la vista de marcas, algunas nuevas, otras viejas, cubriendo el torso de Draco. Éste se llevaba la mano a un lado del costado; Harry deslizó su mano bajo la de Draco para comprobar qué pasaba. Draco gritó.
- Maldita sea, ¿quién te hizo esto? ¿Scabior? -Harry se echó a un lado, intentando traer de vuelta a Bertie. Si eso era la enfermería, tenían que tener a gente para arreglar ese tipo de cosas.
Draco se encogió de hombros en medio del dolor.
- Todos ellos. Cada uno de ellos Eso no importa -se subió la camisa de nuevo, mirando a Harry-. Vete a casa, Potter. No hay nada que puedas hacer para ayudar.
Harry sacudió la cabeza. Eso no estaba bien. A pesar de que Draco podía ser un imbécila veces, no había lugar para dejar las cosas como estaban. Se retiró, manteniendo una mano en su bolsillo y un ojo en Draco al mismo tiempo, y llamó al guardia.
- Tiene que haber algo. Tu propia celda, al menos.
Draco rió sin alegría.
- Ya he suplicado por eso. Ellos han estado mirando, Harry. No se preocupan de lo que nos pase -enmudeció, sacudiendo la cabeza. Harry se giró mientras Bertie entraba.
- ¿Es eso verdad? -preguntó Harry, mirando al hombre-. Está cubierto de marcas. Dice que los guardias habéis visto cómo recibía alguna de ellas. ¿Qué estáis haciendo para mantener a los prisioneros seguros los unos de otros?
Bertie se encogió de hombros.
- No es nuestro trabajo. Nuestro trabajo es estar seguros de que no hacen daño a los derechos de los magos o Muggles. Son malvados. ¡Por supuesto que se golpean los unos a otros!
Harry no podía creer lo que estaba escuchando. Esa misma maldita mentalidad arcaica que estaba en toda la comunidad mágica.
- ¿Nadie ha comprobado cómo los Muggles se ocupan de estos asuntos? ¡Al menos intentan hacer justicia! -paseó con ira ahora, y frustración. Draco tenía razón. Él no tenía ningún interés especial en proclamarle como un buen chico. Todo el mundo sabía que era un mortífago, que había estado alojando a Voldemort. Al menos le soltarían a los veintiuno. Si lograba sobrevivir.
- Hablaré con el Ministro. Tiene que haber algo que se pueda hacer -le dirigió una última mirada a Draco, que aún estaba sentado en el suelo, la cabeza entre los brazos en una postura defensiva. Entonces Harry salió de la habitación, y después de Azkaban. Lo arreglaría todo para hablar con Kingsley. Seguramente después de lo que él había hecho por todo el mundo Kingsley podría concederle eso.
Parte de él todavía no podía soportar a Draco. Odiaba al confabulador, cobarde, traidor pequeño bastardo. Pero esa imagen no encajaba con la del asustado y joven hombre al que había escuchado llorar en el cuarto de baño, el que no había sido capaz de matar a Dumbledore. No al que había permanecido quieto mientras era violado brutalmente.
Harry llegó a la mansión y entró, ignorando el chillido del retrato de Bellatrix en el vestíbulo. Realmente necesitaba que Kreacher quitara todos esos cuadros. Un montón de cosas tendrían que ser sacadas de ese lugar por el Ministerio; todo lo que era de la familia Black, o de Narcisa. Estarían en el almacén hasta que ella saliera. Pero había aún un montón de muebles en aquel lugar. Ningún elfo doméstico; aparentemente no habían sido capaces de conseguir otro después de la pérdida de Dobby. Kreacher, sin embargo, estaba cumpliendo con su parte en cuanto a arreglar las cosas.
Cuando entró por primera vez en la casa llevando las brillantes llaves que le había dado el Ministerio, había sentido una avalancha de recuerdos, uno después de otro. El lugar en el suelo donde la lámpara había caído. El rincón donde habían torturado a Hermione. Ni siquiera quería ir donde habían mantenido a Luna y Olivander, el lugar donde Colagusano había muerto, pero por supuesto todo rastro de eso había sido limpiado hace tiempo.
No le había costado demasiado encontrar la habitación de Draco. Escasa, sorprendentemente escasa, pero con algunos recuerdos de la escuela incluyendo su uniforme de Quidditch, una foto de Crabbe, Goyle, Zabini y Pansy Parkinson y los resultados de sus TIMOS. Poco más, excepto por un ornadísimo ajedrez mágico, y un equipo de pociones de juguete. Ninguna foto de la infancia, ningún juguete. Se preguntó qué tipo de existencia había tenido Draco.
Permaneció de pie allí de nuevo, preguntándose qué porcentaje de lo que Draco había hecho era culpa suya. ¿Cómo habría sido con alguien que no fuera Lucius como padre? Harry sacudió la cabeza, sintiéndose de repente demasiado viejo para sus años.
Todavía deseaba a Draco, Dios le ayudara.
- Veremos qué puedo hacer para sacarte de ahí -le dijo a una foto de Draco, de su cuarto año, o eso parecía.
- Idiota -le dijo el cuadro.
- Imbécil -contestó Harry. Le dio la vuelta al retrato.
Maldiciéndose a sí mismo, maldiciendo el dolor que le quemaba el pecho, Draco se quedó mirando hacia donde Harry había salido de la sala. Sus ojos aún punzaban con lágrimas no derramadas mientras luchaba por mantener el control. No iba a dejar que el jodido guardia le viera llorar.
"Soy un imbécil estúpido", pensó con un salvaje sentimiento de autodresprecio. Había dejado que todo se estropeara. Se suponía que Harry no iba a presenciar la violación. Se suponía que no iba a ser testigo de la humillación de Draco. Le había quitado cada pedazo de orgullo que le quedaba, y había reaccionado como siempre le habían enseñado a reaccionar cuando se enfrentaba a alguien que le hacía sentir incómodo... con desprecio, fingiendo una fuerza que no tenía, golpeando con su lengua viperina. Siempre había funcionado para Padre.
Pero no quería ser tan directo con Harry; no esta vez. Era sólo que todo era tan degradante, y él odiaba sentirse de esa forma. Lo había visto reflejado en los ojos de Harry, cuán lastimoso parecía. Cuán débil. Feo.
"Él no va ayudar. Sólo quería irse", pensó Draco miserablemente, la parte trasera de su garganta ardiendo. Lo peor era que Harry sólo había venido por su madre, porque ella se lo había pedido. De otra forma él nunca habría venido; Draco lo veía ahora. Él podría haber salvado su vida durante la batalla, pero ahora no iba a hacerlo. No podía. Incluso si hacía un esfuerzo, ¿qué podía conseguir? Héroe del mundo mágico, seguro, pero todavía un adolescente, apenas sobrepasando la edad legal. Narcisa había salvado la vida de Harry y todavía tenía que permanecer encerrada tres años. Él no había hecho nada tan grande por nadie. No había esperanza para él. Tres años, ja. No estaba seguro de que sobreviviera tres semanas.
Ah, y la varita. Menuda estupidez, sí, pero había estado desesperado. Sólo un intento chapucero de escapar. Bien, pensó irónicamente, al menos alguien sabía que no era tan amigable con los mortífagos como todos parecían pensar. Quizá por lo menos le cambiaran de celda. Podría aprender cómo sería su siguiente torturador.
- Arriba Malfoy, es tiempo de volver -dijo el guardia, y Draco obedeció lentamente, haciendo una mueca mientras se levantaba. Se arriesgó a mirar a través del flequillo al guarda y se quedó helado por lo que vio. Antes, los guardias le habían ignorado, o tratado como si él fuera uno más de los encerrados. Ahora este le miraba como si se le antojara un aperitivo muy sabroso. Otro precio por el circo que Pucey había montado. Se preguntó si Adrian encontraría alguna forma de beneficiarse por entregarle a los guardas. Brillante.
El guardia le cogió del codo y le llevó de vuelta a la vacía sala común sin decir una palabra. Por un lado, Draco tenía que estar agradecido de que no estuviera siendo castigado por su "prostitución"; por otro lado, obviamente no iban a curar su costilla. Sintió el familiar pavor en el pecho mientras el guardia abría la puerta de la celda y le empujaba adentro.
Los ojos de Pucey podían matarle, por la manera en la que le estaba mirando. Draco cruzó con cautela hacia su litera, una mano en la escalera, preparado para trepar si Adrian le dejaba o quedarse allí si le daban otro tipo de orden. Pucey gruñó y escupió con burla.
- ¿Has tenido una agradable charla con tu viejo amigo Potter?
Draco sintió cómo le ardía la parte trasera del cuello.
- Sólo ha venido porque mi madre se lo pidió... Algún tipo de ridículo sentido del honor, supongo -no dijo nada más, tímido, con la esperanza de que Pucey no decidiera de que había sido culpa suya que el guardia y Harry los hubieran pillado.
- Van a cerrar las celdas durante las comidas en la sala común. Tendremos que rehacer nuestros pequeños planes. No creo que hayas terminado con Scabior, por cierto. Querrá obtener todo por lo que ha pagado -Draco no estaba seguro de lo que había pagado Scabior; Pucey se las arreglaba para obtener algo de todo el mundo, de algún modo. Tanto que incluso algunos de los más honrados estaban pensando que podrían tener una oportunidad. Aparentemente era lo suficientemente guapo como para obviar el hecho de que era un tío.
Draco asintió a las palabras de Pucey, porque no estaba seguro de qué más hacer. Era como esperar a que la nube de tormenta estallara. Pasaría, antes o después, pero sería genial si le dejaran dormir un poco antes. Estaba exhausto.
Pucey le miró, midiéndole. Tenía esa mirada, la que a Draco le daba pavor.
- No dejaré que Potter te saque de aquí, si eso es lo que tiene en mente. Te mataré antes que dejarte marchar -la inexpresividad de su voz le dijo a Draco que no estaba bromeando. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Condenado. Atrapado.
Una sonrisa sádica se extendió por el rostro de Pucey.
- Ahora quítate la camisa, y gírate. Has sido una chica muy mala.
Draco sintió una cuchillada de miedo en el estómago. Sintiéndose súbitamente asqueado, sin saber lo que iba a venir ahora, hizo lo que le decía Pucey, girando la cabeza hacia la litera, esperando algo que le iba a doler. Mucho.
No le decepcionaron. Algo le golpeó con un latigazo, algo de cuero pero con el final de metal... un cinturón con una hebilla, se dio cuenta... probablemente el "pago" de Scabior. Contuvo un grito, sintiendo los dientes de la hebilla atravesando su piel en el siguiente golpe; era difícil decidir qué dolía más, el aguijón del cuerpo o el duro roce de la hebilla. La hebilla, decidió, cuando golpeó su espina dorsal en el siguiente latigazo, lanzando una descarga que le hizo caer sobre sus rodillas. Se preguntó si Pucey podría romperle el espinazo de esa forma.
- ¡Arriba, perro!
Si había alguna milagrosa manera por la que Draco podría hacer un hechizo sun varita, ahora sería el momento estupendo. Gruñó, odiando a Pucey, odiando todo, a todos. Pero se puso en pie de nuevo y recibió otro golpe. Y por eso se odió a sí mismo más que a nada.
Cuando iba por el quinto golpe, podía sentir la humedad corriendo por su espalda. Una mirada al suelo confirmó sus sospechas; estaba sangrando, y mucho.
- ¿Durante cuánto tiempo vas a golpearle? -preguntó Goyle. El tono de su voz era peculiar. No preocupado, o asustado, no. Era más como si lo que hicera Pucey... le fascinara. Draco ahogó un sollozo. Su espalda se sentía como fuego líquido.
- Me pregunto qué podríamos hacer ahora. Le necesitaremos en pleno funcionamiento luego... Los otros no van a esperar eternamente su turno -Draco se estremeció de alivio por el respiro, dos lágrimas calientes traicionando su intento de mantener el control mientras corrían mejillas abajo. No iba a darles esa satisfacción, incluso si le mataban.
Pucey de repente se agarró la camiseta de la prisión y la restregó por la espalda de Draco para limpiar la sangre. Draco ahogó un grito; su espalda estaba en carne viva. Cuando vio la humedad en las mejillas de Draco, Pucey sonrió, sus ojos adquiriendo un matiz oscuro y hambriento. "Oh, por favor, no de nuevo. No ahora".
Girando a Draco para encararle, Pucey le besó con fuerza. Era todo lo que Draco podía hacer para no luchar, para no morder la lengua invasora. Dejó que su cuerpo quedara fláccido, sus ojos distantes. Podía ver la expresión de horror en el rostro de Potter. No había consuelo esta vez.
Pucey se apartó, estudiándole, y entonces le abofeteó, con fuerza. Draco parpadeó, sorprendido.
- ¡Mírame cuando te esté tocando! Sé lo que estás haciendo, y no te voy a dejar. ¿Con quién estás fantaseando, Draco? ¿Tu viejo amante Blaise? ¿Pansy? -se burló Pucey, y entonces añadió con ironía-. O quizá es tu héroe Potter con quien sueñas, ¿eh?
Draco intentó permanecer impávido, sin reaccionar, pero su ojo debía haberse movido involuntariamente, porque el rostro de Pucey se llenó de rabia.
- ¡¿Potter?! ¿Estás pensando en ese jodido mestizo? ¿Piensas que va a salvarte y sacarte de aquí? -echó atrás la mano y Draco se preparó para otra bofetada.
En su lugar le dio un puñetazo en la nariz. Draco la sintió romperse, e hizo un sonido angustioso mientras el calor se extendía por su rostro, sintiendo como empezaba a manar la sangre.
Mientras Draco levantaba los brazos para cubrir su rostro, Pucey le empujó al suelo.
- A ver si el Niño Maravilla te quiere sin tu aspecto perfecto, traidor.
Draco miró indefenso a Goyle y Warrigton, pero ellos sólo le devolvieron fríamente la mirada. Cogiendo un pedazo de camiseta para parar la hemorragia, Draco empezó a arrastrarse hacia una esquina donde pudiera intentar volver a poner las cosa en su sitio, pero Pucey sacudió la cabeza, pateándole.
- No te muevas. No te atrevas a moverte, o te romperé algo más que la nariz.
Así que se acurrucó allí, los otros charlaron un rato, riendo por la escena previa, haciendo sus orejas arder cuando Pucey describió la expresión de Potter... clásica, la llamó. Horror clásico. Pucey, Goyle y Warrington se fueron a sus camas ahora, preparados para dormir. El dolor en el rostro de Draco estaba volviendo y yéndose en oleadas.
Justo antes de que se apagaran las luces, Pucey le dirigió una última mirada, con una sonrisa.
- Oh, por cierto. Sé que no pudiste leer el resto del artículo la pasada semana. Vergonzoso: traía muchas noticias. ¿Sabes que el Ministerio embargó la Mansión Malfoy? Guardaron algunas cosas de tu madre, por lo que hizo y todo eso. Pero la casa en sí misma se ha vendido en una subasta -rió cruelmente-. Eso es lo que te dan por ayudar a Potter-. Se giró para dormir, dejando a Draco ovillado en el duro suelo de piedra.
No le habían dado permiso para moverse, y estaba seguro de que Pucey estaba esperando a que se levantara, así que se quedó allí, acurrucado en una miserable bola. Incapaz de gritar porque su rostro le dolía mucho. ¿Cómo de horrible se vería? No estaba seguro de que pudiera soportar mirarse a sí mismo. "No puedo aguantar otra noche", pensó desesperadamente, escuchando a los otros respirar, el murmullo que lo dominaba todo.
Debió haberse dormido un poco porque cuando abrió sus ojos de nuevo, la luz de la luna entraba por la pequeña ventana, bañando la celda en un brillo plateado. Goyle y Warrington roncaban ruidosamente. Pucey parecía muerto.
Lenta, muy lentamente, Draco rodó sobre sus manos y piernas, mordiendo sus mejillas ante el pinchazo de los músculos que habían permanecido demasiado tiempo en una posición, y por la manera en la que el movimiento empujaba su costilla medio curada. Su nariz estaba hinchada así que tenía que respirar por su boca, muy suavemente. Había una idea a medio formar en su cabeza, un nuevo plan de huida. Harry no llegaría a tiempo, incluso si decidía ayudar. Tenía que hacer algo por sí mismo.
Se arrastró hacia Pucey y se arrodilló allí, temblando un poco, esperando el momento en el que Pucey abriría sus ojos y vería que Draco se había movido. Los segundos pasaron, y nada ocurrió. Cautelosamente Draco alcanzó el bolsillo de los vaqueros de Pucey, lentamente introduciendo su mano lentamente, buscando algo puntiagudo y metálico envuelto en una tela... el cuchillo de Warrington.
Sus dedos se cerraron y cuidadosamente, muy cuidadosamente, sacó el paquete del bolsillo de Pucey, haciendo una pausa cuando éste dejó escapar un largo suspiro. Draco se quedó congelado, esperando. Pasaron los segundos y no hubo ninguna señal de que Pucey fuera a despertarse. Draco sacó el resto del cuchillo y lo apretó contra él, desenvolviendo cuidadosamente la pieza de metal.
Aunque estaba tentado de acuchillar con la punta afilada la vena yugular de Pucey, Draco sabía que eso no resolvería los problemas. Pucey era el que llevaba las riendas de momento, pero había otros tan capaces como él de ocupar su lugar si se les daba una oportunidad. Matarle le daría una satisfacción, pero no la libertad.
El tiempo pasaba. Los guardias chequeaban las celdas periódicamente durante la noche, para asegurarse de que nadie estaba excavando, y de que todos los prisioneros estaban vivos. Fuera lo que fuera lo que iba a hacer, necesitaba hacerlo rápidamente. No había oportunidad de mantener el cuchillo, no cuando Goyle, Warrington y Pucey le sobrepasaban en musculatura. No iba a matar a Goyle en cualquier circunstancia, no incluso después de lo que Goyle le había hecho. No podía cortar su último hilo de amistad.
Eso le dejaba solamente a sí mismo.
Volvió la muñeca, sujetando el cuchillo con su mano derecha, mirando a la pálida piel de su muñeca, las venas azules, claramente visibles a la luz de la luna. Un final a su tormento. Su hogar... desaparecido. Sus padres encerrados. Sus amigos contra él. No había ninguna razón para soportarlo más, si lo pensaba. Había sido un cobarde, dejando que fuerzas más grandes le controlaran, se sirvieran de él. Quizá esto era otra señal de cobardía. Pero no podía soportarlo más.
Presionó la punta contra la vena. Algunos idiotas intentaban cortar de un lado a otro sus muñecas. No, no. La sangre era más propensa a coagularse, no a fluir. Sabía que la manera propia era hacerlo de arriba a abajo. Si iba a hacerlo, iba a tener éxito.
Su corazón se aceleró. "¿Realmente quiero morir?", pero todo en lo que podía pensar era en la expresión de horror del rostro de Potter. Había pensado que la familia Malfoy era poderosa, indestructible. Pero Voldemort le había enseñado otra cosa en los últimos años. Sólo era una pequeña mascota horrible. Y no podía soportarlo.
Con súbita resolución cortó profundamente, cortando su muñeca, hacia el brazo, seccionando las venas. El dolor le hizo tambalearse, perdiendo un poco el sentido, mientras la sangre empezaba a encharcarse en el suelo. ¿Pero qué era el dolor? Había sentido el dolor, previamente. Sólo uno más. Tenía que cortar el otro. Entonces el dolor se iría, afortunadamente.
"Merlín, duele", pensó, intentando mantenerse en silencio, pero los pequeños sollozos ahogados se escuchaban a pesar de sus esfuerzos. Había un charco creciente de sangre; empapaba sus pantalones, y se dirigía hacia el desagüe. Pucey se removió, y, presa del pánico, Draco intentó pasar el cuchillo a la otra mano, pero los tendones habían sido cortados; no podía agarrarlo. "Pies", pensó. "Tengo que usar mis pies".
- ¿Qué estás...? ¡Oh, mierda! -Pucey se había puesto en pie y visto la sangre. Con pánico, Draco transfirió el cuchillo a sus pies, sujetándolo a duras penas. No tenía tiempo para preocuparse sobre la mecánica; acuchilló, y gritó cuando sintió el metal hundirse en su otra muñeca.
"No tengo suficiente tiempo... ¡maldición!". Pucey le quitó el cuchillo pero la sangre empezaba a manar también de la otra muñeca; a pesar de que el corte no era largo, sí era profundo. Puntos negros aparecieron en la visión de Draco.
- Goyle... ¡intenta parar la hemorragia! -dijo Pucey, sacudiendo a Goyle. Draco se encontró a sí mismo tendido en el suelo, a pesar de que no se recordaba haciéndolo. Débil. Cansado. La sangre parecía negra a la luz de la luna y las estrellas.
Pucey empezó a golpear la puerta.
- ¡Intento de suicidio! ¡Traed aquí vuestros malditos culos! ¡¡UNA HUIDA!! -pateó la puerta unas cuantas veces, frustrado.
Draco intentó liberar su brazo de Goyle, que intentaba -infructuosamente- detener la hemorragia. Goyle parecía pálido, pensó Draco, y el pensamiento le hizo reír. No iba a doler durante mucho tiempo.
Era difícil mantener la consciencia; la oscuridad le llamaba a su suave y permanente santuario. Pero Draco tenía que estar seguro de que sus compañeros de celda no conseguían salvarlo. "Sólo un poco más, eso es todo. Deja que los guardias tarden un poco más".
La puerta de madera se abrió bruscamente, y entonces aparecieron dos guardias.
- ¡ATRÁS! -ordenaron a Goyle y Pucey, mientras Pucey intentaba explicar tartamudeando lo que había pasado. Draco rió de nuevo; seguramente Pucey iba a perder su cuchillo, y su prestigio. Quizá incluso le castigarían.
Débilmente intentó alejar a la mano que acudió para revisarle, pero nada parecía funcionar ya. Hubo un momento de pánico que no duró mucho, cuando pensó que habían llegado a tiempo.
- Sólo dejadme ir -murmuró débilmente, la cabeza dejándose caer mientras uno de los guardias le levantaba.
Entonces se desmayó.
Kingsley se sentó en su escritorio tamborileando con sus dedos, esperando al que sabía que iba a ser un muy consternado joven. Barajó los papeles sobre la mesa, sintiendo cada libra del peso del puesto de Ministro de Magia. Algunos días sólo quería gritar a la gente "¿Es que no puedes ver lo que saldrá de esto? ¡Sé razonable, por el amor de Merlín!" Hoy quería añadir "¡Muestra algo de compasión!".
Pero había visto claramente que no hacía falta ser un mortífago para ser prejuzgado. O cruel. O vil. Todavía quedaban sombras incluso en el "buen" lado. Y aparentemente también en ese lado, si lo que Harry había contado de Narcisa era más o menos correcto. Dumbledore habría sonreído.
La puerta se abrió y Percy entró, dirigiéndole un gesto a Kingsley.
- Está aquí, señor.
Kingsley le correspondió y se puso en pie, su mano rozando un memorándum rojo que todavía intentaba aletear con sus alas en la mesa.
- Tráelo.
Percy asintió y salió. Kingsley tomó aire profundamente y lo dejó salir con lentitud. "Sirius, Remus, Dumbledore... Cualquiera de vosotros habríais manejado esto mejor que yo". Hoy no era el mejor día para ser Ministro. No, era el día de intentar guiar a un joven que había perdido demasiadas figuras paternas. Sabía que Arthur intentaba hacerlo lo mejor posible, pero había cosas sobre Harry que Arthur simplemente nunca entendería. Sólo los veteranos de la Orden de la primera guerra entendían cómo ésta podía cambiar a una persona. Y Harry básicamente había estado en guerra toda su vida.
Harry entró con Percy a su lado. A una mirada de Kingsley, Percy salió silenciosamente, cerrando la parte tras él. Percy era un buen hombre ahora que había establecido sus prioridades. Sabía que Kingsley necesitaría algo de privacidad. No serían molestados.
Una mirada a Harry le indicó a Kingsley que no había dormido bien. Había círculos bajo sus ojos, y su pelo oscuro estaba incluso más desordenado de lo normal. Incluso se apreciaba algo de tensión en la mandíbula. Ya no era un niño. Kingsley indicó la silla que estaba junto a su mesa.
- Por favor, siéntate. Probablemente te estás preguntando por qué te he mandado una lechuza esta mañana.
- Es por lo que pasó ayer durante mi visita a Azkaban, ¿no? -dijo Harry mirando al suelo. Caminó hacia la silla pero no se sentó, agarrándose a su respaldo lo suficientemente fuerte para que sus nudillos se tornaran blancos.
Kingsley tragó. Esto no iba a ser fácil.
- Sí, en parte por eso. Necesito que me des un informe completo, Harry. Sé que es difícil, pero los guardias no nos van a decir mucho. Es importante que yo tenga todos los detalles.
¿Era la imaginación de Kingsley, o Harry se sonrojó?
- Bien, probablemente te informarían de que hubo un... incidente -Harry soltó la silla y empezó a recorrer la habitación. Kingsley se sentó en su mesa.
- Sí, entiendo que tenían la intención de sacar a Draco Malfoy de la sala común cuando tú llegaste para que pudieras hablar con él, pero aparentemente no estaba allí.
Harry asintió.
- Un guarda... su nombre era Bertie, me escoltó hasta su celda.
Kingsley alzó una ceja.
- ¿Mientras lo otros reclusos estaban aún fuera? -eso no había constado en el informa, lo que no era sorprendente. Al menos un guardia iba a ser reprendido por esa infracción en la seguridad.
Harry se encogió de hombros.
- Yo tenía mi varita al igual que el guardia. Nos atacaron un poco verbalmente, pero nadie se acercó -se mordió los labios, mirando a las fotos de la pared de antiguos Ministros, su mirada endureciéndose cuando se topó con Cornelius Fudge.
- ¿Y? ¿qué pasó entonces? -esa parte era importante, porque había habido discrepancias en el informa, en si Harry había estado presente o no en el descubrimiento. Kingsley cogió un lápiz y lo golpeó sobre la mesa. Hizo una mueca cuando el lápiz se partió en dos.
No cabía duda de que Harry se había sonrojado, y eso por sí mismo le dio a Kingsley la respuesta.
- Él... bueno, aparentemente estaban usando la celda para la prostitución. Draco era el, em, ya sabes. Y de alguna manera nos encontramos con eso.
- ¿La prostituta, te refieres? -sorprendió a Kingsley y al misno tiempo no lo hizo, que Draco pudiera caer en eso. "Pobre Harry, haber tenido que presenciarlo."
- Sí -Harry se rascó la mejilla, como si el rubor fuera a desaparecer-. Quiero decir, técnicamente. No creo que fuera idea suya -miró a Kingsley y había furia en sus ojos-. Estaba bastante golpeado. No sé quién lo hizo. Pienso que hubo varios.
Kingsley dejó el lápiz roto, intentando mantenerse en calma.
- ¿Qué te hace pensar eso?
Harry se rascó el cuello. El sonrojo no desaparecía; en realidad iba a peor.
- Porque había diferentes tipos de marcas de dientes en él.
Por las barbas de Merlín.
- ¿Y tú hiciste esa comprobación en la celda o después cuando hablaste con él? -a su pesar Kingsley tuvo que hacer otra necesaria pregunta adicional-. ¿Cómo sabes que no deseaba esas marcas y mordiscos?
Una vena en la frente de Harry palpitó, y si él hubiera sido otra persona parte del Ministro, por no mencionar un antiguo auror y miembro de la Orden del Fénix, Kingsley habría estado asustado. Harry no estaba sólo enfadado. Estaba lívido.
- Porque él no estaba... ya sabes. Excitado. Y él miraba al vacío, como si no le estuviera ocurriendo a él. Y estaba herido. Quiero decir realmente herido. Tenía problemas para respirar cuando hablé con él... y sí, hice averiguaciones sobre las marcas entonces... ahí fue cuando le revisé de cerca -empezó a pasear de nuevo-. El guardia, Bertie, dijo que Draco sería castigado por ello. ¿Lo harán? No es correcto, lo sabes. Deberían haber castigado a Scabior o... quien sea que esté al cargo de eso.
Kingsley tomó la decisión de ponerse en pie de nuevo, cruzando la sala hacia Harry para descansar una mano en su hombro.
- No castigarán a Draco por eso, me ocuparé de ello. ¿Hay más detalles que yo deba saber? ¿Cómo era el estado mental de Draco cuando hablaste con él?
Harry se puso en pie lentamente, asintiendo para sí mismo, el sonrojo finalmente empezando a desaparecer, reemplazado por indignación y furia.
- Eso es bueno. Él estaba... no lo sé. Al principio parecía como cuando estaba en la escuela. Altanero y con la lengua ácida, ya sabes. Entonces al siguiente instante ya no lo era. Pienso que le disgustaba que le viera así... siempre ha sido orgulloso.
Harry no lo dijo, pero Kingsley podía adivinar lo que estaba pensando. Los Malfoy tenían que estar viviendo momentos duros ahora, perdiendo su estatus.
- ¿Le hablaste de Narcisa?
Eso recibió un rápido asentimiento.
- Parecía saberlo ya. Se enfadó conmigo por ir a verle. No quería que yo encontrara las marcas -Harry se mordió de nuevo los labios, dándose la vuelta para enfrentarse a Kingsley-. Deberían mirarle en San Mungo o en algún otro lugar. Estoy seguro de que había más de lo que ví... eso fue sólo su torso.
Kingsley asintió ausente. Necesitaba mantener a Harry concentrado en el día anterior por el momento.
- ¿Mencionó algo sobre sus compañeros de celda?
Harry sacudió la cabeza.
- No. Dijo que todos le atormentaban. Y que había pedido una celda para él solo, pero que los guardias no le habían escuchado -sus ojos brillaron con ira-. Tiene que haber algo que puedas hacer, Kingsley. Adelanta su vista. Consíguele una celda propia al menos. Para ser honesto, no pienso que él se merezca estar allí.
- ¿Y qué te hace pensar eso? ¿Él también te ayudó?
Harry hizo una mueca, retorciéndose de nuevo. Kingsley se preparó a sí mismo para la respuesta.
- No... no exactamente. Pero era tan inepto ayudando al que supuestamente era su bando, que casi parecía como si no lo fuera. Mira... no sé lo que McGonagall te habrá contado sobre la muerte de Dumbledore. Pero Voldemort le pidió a Draco que lo hiciera, matar a Dumbledore. Le dijo que tenía que hacerlo o los mataría a él y a su familia. Pero Draco no lo hizo. Hizo unos cuántos débiles intentos que fallaron, pero cuando tenía a Dumbledore supuestamente solo, ni pudo conjurar el hechizo. Dumbledore le dijo a Draco que él no era un asesino, que todavía había esperanza para él. Vio algo valioso que podía ser rescatado. Y Dumbledore me había inmovilizado debajo de mi capa invisible, así que él sabía que yo estaba mirando y escuchando. Quería que yo oyera eso. Así que siento como si hubiera algo que debiera intentar hacer, ¿sabes? Y después, al año siguiente, cuando los Snatchers me atraparon, Draco no me identificó. E impidió a Goyle y Crabbe que nos matara en la Sala de los Menesteres -Harry gruñó suavemente para sí mismo-. Por supuesto, no sé realmente que estaba haciendo allí en primer lugar. No sé si realmente sabía que yo iría allí, o sólo estaba intentando esconderse durante la batalla.
Y al final, la explicación quedó inconclusa para Kingsley. Harry podía simplemente estar actuando altruistamente; no había manera de asegurarlo. Caminó hacia la mesa y levantó el memorándum rojo.
- ¿Así que adelantarás su vista, lo más pronto posible? ¿Y te asegurarás de que le dan algún tratamiento allí en Azkaban? Al menos cambia su celda... no la actual, y no Scabior. O quizá tiene peores enemigos en ese lugar... no lo sé. Recomiéndalo para rehabilitación o algo. Quiero decir, ¿qué van a hacer con todos ellos allí de todas formas? ¿Enseñarles cómo odiarnos? ¿Cómo se supone que vamos a restaurar esta comunidad si nosotros no mostramos algo de compasión? -Harry aún seguía en su diatriba, sus manos puntualizando sus palabras en el aire, y paseando de nuevo. Se paró cuando vio lo que Kingsley sujetaba- ¿Qué es eso?
Kingsley levantó el memorándum.
- Recibí la nota esta mañana... creo que de hecho la enviaron la noche pasada- "y aquí vamos", pensó, mirando a Harry cuidadosamente-. Parece que Draco Malfoy intentó quitarse la vida la pasada noche.
Harry se quedó pálido como un fantasma.
- ¿Intento? Así que está vivo, ¿verdad? -intentó alcanzar la nota, pero parecía asustado de cogerla, asustado de ver lo que decía. Retiró la mano- ¿Dónde está?
- Está vivo... a duras penas. Está bajo un hechizo adormecedor, en San Mungo-. "Pobre Harry", pensó Kingsley, porque Harry estaba ya buscando la puerta-. ¡Harry! ¡No hay nada que puedas hacer ahora!
Pero Harry ya había dejado la oficina. Kingsley sacudió la cabeza, suspirando. Bueno, eso lo aclaraba todo; no había ninguna pregunta en su mente ahora. "Sirius, ¿qué he habrías dicho a tu ahijado?" ¿Habría advertido a Harry? O lo habría ignorado como si fuera un capricho pasajero, se preguntó Kingsley; Harry era demasiado como su padre. Terco. Advertirle sólo haría que su resolución se fortaleciera. Con todo, el pensamiento hizo que el miedo perforara su corazón.
No podía dejar que Harry sucumbiera a los encantos de Draco Malfoy.
Cuando Harry llegó, estaban cambiando las vendas de la espalda de Draco. Le tomó cierto tiempo convencer a las enfermeras y un vistazo a su cicatriz para probarles que era quien decía antes de que le dejaran entrar, e incluso entonces el Sanador Jefe, Hippocrates, le hizo saber que sólo podría quedarse unos minutos. El hecho de que le recordaran de cuando Arthur Weasley había sido mordido por Nagini probablemente ayudó, consideró Harry, mientras entraba a la habitación donde una enfermera atendía las heridas de Draco.
Draco estaba tumbado inconsciente sobre su estómago en una cama blanca de hospital, y por lo que Harry podía ver, desnudo, aunque una sábana en su mitad superior le proporcionaba algo de intimidad. Estaba tan blanco como las sábanas, y las paredes de color blanco, y la lámpara blanca colgando sobre sus cabezas y proporcionando luz a la habitación. Sus muñecas estaban vendadas fuertemente hasta casi el codo. Largos mechones de pelo rubio casi blanco escondían su rostro, pero parecía que incluso allí también había vendas.
Lo que llamó más la atención de Harry fueron los cardenales, las marcas y los cortes literalmente rayando la espalda de Draco, el rojo destacándose sobre la pálida carne.
- ¿Quién demonios hizo eso? -preguntó Harry, cruzando la habitación para mirar más de cerca.
La enfermera le siguió, asustada. Frunció el ceño, y alcanzó un pequeño portafolio de la mesa, mirando por encima de sus gafas para comprobar el registro.
- Mmm. El instrumento pudo ser una correa o un cinturón con terminación puntiaguda y metálica, por lo que parece. Una hebilla de un cinturón, creo. Puedes ver la imprimación en las marcas -estaba apuntando a una. Harry pensó que iba a ponerse enfermo.
- ¿Y quién le hizo eso?Ella sacudió la cabeza, al parecer irritada por las preguntas, volviendo a soltar el portafolio y apartando otra tira de vendas para dejar ver lo que parecía puré de patatas verde y olía a algo de Herbología.
- No lo sé. Pudieron ser castigos, porque se sabe que les tratan con dureza en Azkaban. O pudo haber sido alguno de sus compañeros de celda -miró de nuevo al portafolio-. De acuerdo al informe, fueron sus compañeros de celda.
Harry iba a encontrar al que había sido, y vería lo que pensaban de los métodos de castigo de Azkaban, y las pastillas de vomitar.
- Fui a verle ayer por la tarde, por petición de su madre. Parecía tener problemas para respirar. Había un montón de marcas. ¿Habéis comprobado esas? -por qué le explicaba aquello a la enfermera, no lo sabía. No era como si necesitase una razón para ir a comprobar cómo estaba Draco, ¿no? Y sí, sabía cómo parecería desde fuera, él irrumpiendo de esa forma, como preocupado... no quería terminar el pensamiento. Sólo quería ver que la justicia hacía su trabajo.
Sabía que era una maldita mentira.
"Te gusta, y estás preocupado por él". Se mantuvo en silencio un momento mientras la enfermera terminaba el tratamiento, mordiéndose el labio inferior mientras miraba. La enfermera reemplazó los vendajes -demasiados vendajes- y asintió en su dirección para que se acercara.
- Tiene una costilla rota, pero ya lo he enmendado. Algunas heridas internas y probablemente daño al hígado, pero el sueño reparador hará su trabajo. Lo peor era la pérdida de sangre, nos va a costar un poco más arreglar eso de nuevo. Ayúdame a darle la vuelta.
Con cautela, Harry maniobró con la mitad inferior de Draco mientras la enfermera le daba la vuelta a la superior, teniendo cuidado de mantener la sábana en su sitio, teniendo cuidado de no tocar demasiado o pensar en lo que había debajo. No estaba bien, Draco podría estar frío, en Dios sabía qué estado, y él teniendo ese tipo de pensamientos.
Una vez que pusieron de nuevo a Draco sobre su espalda, sin embargo, Harry fue capaz de ver mejor su rostro. De un vistazo notó el hecho de que la nariz de Draco estaba completamente vendada. Había marcas oscuras bajo los ojos cerrados de Draco.
- Santo... no puedes decirme que esto también se lo ha hecho él -Draco parecía casi fantasmal, las mejillas hundidas, la piel de cera. Había perdido peso desde la batalla de Hogwarts, y eso que nunca había estado especialmente bien alimentado.
- Nariz rota. De nuevo, está casi arreglada, pero es cartílago, y no queremos poner en peligro su respiración o dejar un daño permanente en su rostro, así que mejor que lo dejemos vendado por ahora -la enfermera se incorporó, mirando su portafolio. Volvió su vista al paciente por un momento y tomó una de las muñecas de Draco, esposándola al borde de la cama-. En caso de que se despierte. No es que Hippocrates pudiera dejarle irse con algo; tendrá a Mungo Jr. vigilándole -asintió a una esquina de la habitación a un pequeño almohadón gris donde un gato blanco dormía. El gato abrió un ojo en dirección a Harry, revelando un ojo azul ligeramente saltón que le recordó a la Sra. Norris.
- ¿Y quién le rompió la nariz? -con Draco boca arriba, había un montón de heridas nuevas a las que mirar. Las marcas de dientes que había mencionado previamente Kingsley, y los cardenales que ahora se estaban volviendo de color verde y amarillo. Una vieja, fina cicatriz cruzaba el pecho de Draco; una que Harry reconoció con una enfermiza punzada de culpa. Le había hecho a Draco esa. Pero había otra cicatriz, una nueva de color fieramente rojo. Harry se acercó, examinando el pecho de Draco.
¿Era una "P" marcada en su pecho? Harry parpadeó, incrédulo. Tuvo que recorrer con el dedo la lívida cicatriz para asegurarse de que era real.
- Esto tiene que ser muy reciente -¿Habían estado torturando a Draco con Harry? ¿Quién más tenía un nombre que empezaba con la "P"?
La enfermera miró sobre su hombro.
- Hum, sí. Siento decir que es muy tarde para que podamos hacer algo con esa. Será permanente -apuntó unas cuantas cosas en el gráfico, y lo metió en un bolsillo de su túnica-. Es hora de irse. Estará dormido unos cuantos días más. Le puedes preguntar después.
Harry tenía que pensar, asombrosamente rápido, ella parecía habérselo tomado como que estaba trabajando para el Ministerio, quizá como auror, incluso aunque aún no había terminado sus EXTASIS. Beneficios de matar al mago oscuro más peligroso de la centuria.
- ¿Podrías dejarme sólo un minuto a solas con él? Sólo quiero hacer unas cuantas observaciones. Estoy seguro de que leíste que había testificado en favor de su madre -Si iba a marcarse un farol, sería uno grande.
Ella miró en dirección al gato que se había levantado y los estaba mirando.
- Imagino que está lo suficientemente seguro. Mungo nos dejará saber si algo va mal -le hizo una señal a Harry con la cabeza y se deslizó fuera de la habitación, cerrando la puerta tras ella.
Harry miró al gato, sintiendo con disgusto el peso de su mirada en él, y volvió su atención a Draco. Toda la charla, todas las atenciones de las enfermeras, y todavía estaba dormido como un muerto. Vale, dormido. No muerto. Afortunadamente no estaba muerto. "Pero demasiado cerca", pensó, extendiendo cautelosamente una mano para poner las sábanas un poco más alto. Draco tenía el pelo de punta en los brazos. Harry subió las sábanas y las remetió para que se quedaran así.
Draco parecía un fantasma; piel blanca, cama blanca, habitación blanca. No estaba bien. Él no pertenecía allí más de lo que pertenecía a Azkaban. Harry parpadeó, mirando la línea de la mandíbula de Draco, la manera en la que su pelo, que tenía que haber sido lavado recientemente, caía despreocupadamente sobre la almohada, sobre su mejilla. Harry con cuidado apartó un mechón, su dedo rozó la suave piel de la mejilla de Draco. Dormido como estaba, sin su habitual sonrisa sarcástica... era guapo. Incluso con la nariz vendada. Harry miró sus pálidos y finos labios, y se lamió los suyos inconscientemente.
Hubo un golpe en la puerta.
Harry se apresuró para alejarse de Draco mientras la puerta se abrió y Kingsley entró. Harry se sonrojó.
Kingsley miró en dirección a la dormida figura de la cama.
- Te dije que no había nada que pudieras hacer por el momento, Harry -le hizo una seña para que le siguiera, y había algo en sus ojos que le dijo a Harry que era mejor obedecer. Con cuidado, Kingsley cerró la puerta tras ellos-. Tiene un aspecto horrible.
Harry asintió.
- Siento como si fuera mi responsabilidad -parpadeó rápidamente; por alguna razón la confesión hacía que los ojos lagrimearan y su corazón latiera dolorosamente. Kingsley le puso una mano en el hombro, asintiendo.
- No puedes salvar a todo el mundo, ya sabes.Súbitamente apareció la rabia. Harry miró al Ministro, quitando su pesada mano de su hombro y alejándose.
- No me digas eso. Nunca me digas eso -si él no hubiera sucumbido a los trucos mentales de Voldemort, habría estado allí un momento antes para ayudar a Fred... o a Lupin... Debería haber averiguado lo de los horcruxes antes. No debería haber involucrado a sus amigos. Tendría a más de ellos con vida.
- Harry -Kingsley suspiró, frunciendo el ceño, sus ojos llenos de pena-. Ven y siéntate un momento. Vamos a hablar -hizo una seña en dirección al Sanador Jefe para usar su oficina y llevó a Harry allí, sentándose en una silla de metal blanco que parecía tener al menos medio siglo. Su enorme corpachón quedaba ridículo encima de ella, pero pareció no darse cuenta.Reticente, Harry le siguió y se sentó también. Evitó mirar a Kingsley.
- Ahora, puedo adelantar la vista de Draco, como mencionaste en mi oficina, pero no creo que sea la mejor idea -empezó Kingsley.
Harry decidió que tenía que mirarle a los ojos después de todo.
- Pero...
- Escucha, Harry. Una vez que Draco esté ante el Wizengamot, lo que pase con él es enteramente decisión suya. Pueden sentenciarlo a Azkaban de por vida. O, como dijiste, pueden liberarle. Necesita tener una defensa muy fuerte, sin embargo, para que tal cosa suceda. Necesitarás tiempo para construirla -Kingsley miró a la pequeña ventana en la puerta, comprobando si Hippocrates el Sanador estaba fuera. Estaba. Kingsley se sentó de nuevo-. Le doy una o dos semanas en San Mungo mientras se cura. Entonces a no ser que haya otras heridas que necesiten tratamiento, tendrán que devolverle a Azkaban. Probablemente no en la misma celda que antes, pero no puedo garantizar que tenga una celda individual con la masificación con la que están lidiando en este momento.Exasperado, Harry se levantó.
- Entonces, ¿van a hacer algo bueno? ¿Para esto le salvé la vida? ¡Ya no es un mortífago! ¡El abuso que ha sufrido debería probarlo!
Kingsley asintió, palmeando la mano de Harry en un intento obvio de calmarle.
- El tema es que necesitas pruebas de que ya no es un mortífago. Necesita dejar clara su elección; necesita decírsela al Wizengamot y convencerles de que ya no es una amenaza. ¿Honestamente piensas que podría hacerlo lo suficientemente bien para satisfacerles?
Harry sacudió la cabeza, frustrado. Si la reacción de Draco por su pequeño intento de ayuda era algún indicativo, mostraría su habitual sonrisa sarcástica y sellaría su destino. Se mantuvo en silencio un momento, pensando. Kingsley tenía razón; tenía que ser más listo. Lo que Draco realmente necesitaba era rehabilitación, y no iba a obtenerla allí en San Mungo y ciertamente tampoco en prisión.
- Pide que lo pongan en arresto domiciliario... en la Mansión, conmigo. Di que es un suicida; obviamente, lo es. Dame la oportunidad de trabajar con él. Entre Kreacher y yo mismo, podríamos asegurarnos de que no intentara escapar. O lastimarse.
Por un momento, Kingsley sólo me miró.
- ¿Lo dices en serio?
Harry asintió, mirando a Kingsley con seriedad, sosteniendo su mirada sin miedo.
- Lo digo completamente en serio. Quiero hacerlo. Necesito hacerlo.
Kingsley empezó a sacudir la cabeza, pero cuando Harry empezó a protestar de nuevo, suspiró, murmurando algo.
- Lo comprobaré. Pero Harry... sabes que no estás cualificado para este tipo de tarea. Tienen asistentes aquí. Puede hacer la rehabilitación en la seguridad de este hospital.
- Hay hilos de los que puedes tirar... ¡utiliza mi nombre! Maté a Voldemort, ¿hay algo que Draco pueda hacer? Y aquí no funcionará. Es demasiado orgulloso, ni siquiera hablará con ellos. Pero quizá hable conmigo -si acaso, Harry sabía que probablemente podría convencer a Draco. Podía apelar a su instinto Slytherin de supervivencia.
Kingsley asintió, rascándose la barbilla pensativamente.
- Como dije, lo comprobaré -ante la mirada de incredulidad de Draco, sonrió-. Lo haré, realmente. Veo que esto significa mucho para ti -Harry se sonrojó un poco; el hecho de que Kingsley le había cogido allí era suficiente para atestiguar que era verdad.
- Gracias -al menos era un intento.Pensó que Kingsley dejaría que el Sanador volviera a su oficina, pero en su lugar el hombre mantuvo sus ojos oscuros en Harry, escrutándole. Harry se revolvió un poco.
- ¿Algo más?
Esta vez fue Kingsley quien se encogió de hombros.
- Harry, sé que vas a pasar por un período difícil. Sólo quiero que sepas que si hay algo de lo que quieras hablar, lo que sea, estoy aquí. Quiero ser capaz de ayudarte -sonrió un poco, una sonrisa tocada por el dolor de la pérdida. Harry de repente supo en quién estaba pensando; todos los miembros caídos de la Orden del Fénix. Remus, Tonks, Moody. Demonios, casi no habían dejado a ninguno vivo.
Harry no supo qué contestar a eso.
- Estoy bien -sólo en el más general sentido de la palabra. La verdad era que no sabía qué hacer ahora, habiendo sobrevivido a la confrontación final con Voldemort. Realmente había esperado morir.
- Siempre puedes hablar con los consejeros de aquí. Los Weasleys están preocupados por ti. Dicen que nunca estuviste de luto en el sentido estricto. Que te has convertido en una persona retraída. Que no les has visitado ni una vez desde que te mudaste.Harry pudo ver por qué Kingsley había sido un auror tan bueno.
- Hago las cosas a mi modo. Estoy bien -quiso dejar claro por su tono que la discusión estaba oficialmente acabada.
Con un suspiro, Kingsley finalmente se puso en pie.
- Sólo dime si vas a volver a Hogwarts a principios de curso. Todavía puedes ser un auror muy bueno -le dirigió a Harry una mirada sardónica-. O un abogado. Draco tiene suerte de tener un amigo tan dedicado como tú -hubo un énfasis en la palabra "amigo" que hizo a Harry preguntarse, preguntarse si Kingsley pensaba... pero el Ministro estaba ya dirigiéndose a la puerta. Contento de haber terminado con el interrogatorio, Harry le siguió.
Ambos toparon inmediatamente con el Sanador Hippocrates.
- ¿Asumo que alguien va a contarme de qué va todo esto?
Kingsley le dirigió una de sus amplias sonrisas y palmeó su espalda.
- Negocios, Smethwyck. Harry estaba estudiando el caso de Draco a petición de su madre cuando ocurrió el incidente. Va a representar a Draco, así que quiero garantizarle libre acceso mientras el joven Malfoy esté aquí. Mantén esa condición y déjanos saber cuándo se despierte -Harry estaba atónito ante la eficiencia de Kingsley. Quizá sería capaz de ayudarles después de todo.
- Tres días. Al menos, es lo que tardará el hechizo en disiparse -replicó Hippocrates, mirando a Harry con nuevo interés-. Te recuerdo. Viniste cuando Arthur Weasley tenía la mordedura de serpiente, sí. Se recuperó muy rápido, ¿no?
- Sí señor -replicó Harry inseguro. Intentó pensar si había algo que pudiera mencionar-. Voy a investigar acerca de cómo rehabilitar a Draco. Yo, eh, apreciaría cualquier consejo -después de todo, el hospital sabía más que muchos otros lugares acerca de los horrores que los mortífagos habían cometido. ¿Eso tenía que tener algún valor, no?Una expresión indescifrable pasó sobre el rostro de Hippocrates.
- Interesante esfuerzo. Te deseo mucha suerte, jovencito.
Harry asintió, no muy seguro de lo que decir. Con una última mirada a la puerta de la habitación de Draco, dejó escapar un pequeño suspiro.
Tenía que hacer algo de limpieza en la Mansión si iba a tener una oportunidad de mantener a Draco encerrado ahí dentro.
Cuando Draco se despertó, había un gato blanco mirándole a la cara.
Draco parpadeó, preparado para quitárselo de encima, pero en su lugar el gato se giró y saltó de la cama, rozando su peludo costado contra el rostro de Draco mientras lo hacía. Draco hizo una mueca y se sonó la nariz. Recordaba vagamente que su nariz debería estar rota. Y él muerto.
El gato se acercó a una puerta con una pequeña ventana y se sentó encarándola, expectante. Draco miró alrededor, intentando tomar nota de todo. Habitación blanca, cama de hospital. Vendas en las muñecas, una de las cuales estaba esposada al listón de la cama. Eso confirmaba varias cosas. Su intento había fallado. Y debía estar en San Mungo, aunque tenía que preguntarse en qué planta. ¿La planta de las heridas generales? O el ala de enfermedades mentales.
Una cosa era segura. Le curarían y le enviarían de vuelta. Draco sintió una ola de desesperación mientras el gato maullaba y la puerta se abría. Instantáneamente entró en modo supervivencia. Mirada vidriosa, sin interés en las cosas que le rodeaban. Estaba tumbado limpiamente, y esperó a que el sanador le comprobara y se diera cuenta de que sí, estaba despierto.
- ¿Draco Malfoy? ¿Cómo te sientes hoy?
Draco no contestó. Endureció su fachada mientras el sanador se movía alrededor de él hasta sentarse sobre las almohadas, desatándole las muñecas. El sanador le miró a los ojos. Draco no dejó que se enfocaran. El sanador comprobó su nariz. Draco sólo dio un respingo, aunque se preguntó cómo se veía; recordaba la sangre y el dolor. Seguramente había estado rota.
- ¿Puedes hablar, Draco?
"Sí, pero no voy a hablar contigo" pensó Draco, mirando al vacío. El sanador le miró en silencio un momento antes de suspirar.
- Así es como va a ser, ¿eh? Bien, tus heridas están curadas en su mayor parte. Él dijo que tú no nos hablarías; aparentemente tenía razón.
Una pequeña línea apareció entre las cejas de Draco antes de que suavizara de nuevo sus facciones. Él, ¿quién? Se preguntó. Hizo un pequeño repaso de sí mismo. Su costilla ya no le dolía, tampoco las áreas que ciertamente habían sido dañadas durante su estancia en Azkaban. Pero se sentía débil y cansado, como si hubiera estado enfermo. Bueno, probablemente estar a punto de morir se le parecía bastante. Tenía hambre, y necesitaba orinar. Pero se moriría antes de pedirlo.
El sanador se dio la vuelta mientras una enfermera entraba con un tazón de lo que parecían gachas. Puso el plato ante Draco pero de nuevo, él sólo lo miró. ¿De qué servía la comida si le ayudaba a recuperarse y a que le enviaran de vuelta a ser torturado? Bajo esa perspectiva, ¿de qué servía todo?
- No va a comer, ¿no? -dijo la enfermera, frunciendo el ceño.
El sanador sacudió la cabeza.
- Aparentemente no. Hazle comer. Voy a arreglarlo todo para transferirlo a la Cuarta Planta. Allí están más equipados para lidiar con esto.
El sanador se fue, y la enfermera sacó su varita.
- Última oportunidad de comer algo por tí mismo, Malfoy -dijo en tono bajo. Draco sólo le dirigió un parpadeo-. Bien entonces -con una sacudida de su varita, llevó una cuchara llena a su boca, y utilizando la magia para atarle, le alcanzó un poco de comida cada vez, forzándole a tragar. Era humillante e insípido al mismo tiempo; prefería sus gachas con pasas, gracias. Afortunadamente una vez que comió un poco, ella apartó el tazón, dejando de nuevo sólo al gato para vigilarle. Aprovechó la privacidad para usar el baño y mirar su cara en el espejo. Al menos le habían colocado bien la nariz, pensó. Todavía había marcas alrededor de sus ojos, sin embargo.
Esa ligera actividad le había cansado, así que Draco volvió de nuevo a tumbarse en la cama, e intentó no pensar en lo que venía ahora. No le dolía nada por el momento, mientras Pucey estuviera lejos. Se preocuparía al día siguiente, cuando llegara.
Durmió un poco, o al menos pensó que lo hizo, y entonces la enfermera llegó de nuevo con sopa esta vez, un caldo tibio con un poco de cebada. Él luchó menos esta vez, aceptando ser alimentado sin la varita. Ella observaba cada movimiento, esperando quizá que intentara sobreponerse a ella para intentar ahogarse a sí mismo con la cuchara o algo; no estaba seguro.
Ella le dejó ir para aliviarse de nuevo, aceptando quizá que a menos podía cuidar de sus necesidades más básicas sin asistencia, pero cuando él salió del cuarto de baño, había una silla de ruedas esperándole. Le hicieron sentarse y la enfermera empezó a empujarle, fuera de la habitación y por unos cuantos pasillos, hasta un viejo ascensor que chirrió y gruñó. Draco intentó ignorar la punzada de miedo que le recorrió. ¿Y si estaban ya llevándole de vuelta?
Sus miedos se calmaron un poco cuando el ascensor subió, no bajó. Ya estaban en la cuarta planta, como el sanador había mencionado antes. Draco sabía demasiado bien qué cosas encontraría allí; las bromas acerca de la Cuarta Planta de San Mungo eran legendarias, Enfermedades Mentales Mágicas. O en su caso, sólo un pequeño problema mental, se figuró; uno con el que todos los que trataban con el cuerpo no podían lidiar. Mientras las puertas del ascensor se abrieron y fue empujado dentro del ala, no pudo evitar darse cuenta de que había un gran número de magos y brujas que parecían estar como él mismo, llevando las blancas batas del hospital y mirando al vacío, hundidos en sus sillas en varios puntos de la habitación. Mantuvo un debate mental consigo mismo sobre si esto era mejor que ser golpeado y violado varias veces al día. Ligeramente, decidió.
La enfermera le llevó al sanador jefe de la planta, una mujer con expresión cansada y corto cabello gris en una melena, un aspecto un tanto moderno para una persona que parecía tan mayor, pensó Draco. Miró a Draco, leyendo su gráfica.
- Al, el chico Malfoy. ¿Éste es al que están intentando rehabilitar? -sonaba escéptica. Draco se preguntó qué habría querido decir con "rehabilitar". Si pensaban que iban a curarle de sus ansias de terminar con todo, estaban tristemente equivocados. Aunque si le daban la oportunidad correcta, estaría feliz de salir de allí y escaparse.
Una vez que la enfermera hubo entregado los papeles, se fue en silencio, dejando a Draco mirando los zapatos de la enfermera, sin querer mirarle a la cara y mostrarle que alguien acababa de llegar. Ella le sorprendió agarrándole de la barbilla y forzándole a mirar hacia arriba.
- Soy la Sanadora Strout, Malfoy. Y si piensas que voy a caer en tu numerito catatónico, te equivocas. Tengo algo que enseñarte.
Se incorporó y se puso detrás de Draco para empujar la silla, pasando diferentes alas hasta que llegaron a la Habitación 49, dentro de la cual empujó la silla, hacia un par de magos con túnicas del hospital sentados cerca de la ventana, rodeados de pequeños trozos de papel troceado. Eran un hombre y una mujer, vio, y algo en ellos le resultó familiar. El hombre no parecía ser consciente de lo que ocurría alrededor de él, miraba por la ventana, babeando, los dedos sacudiéndose como si alguien estuviera moviendo los hilos de una marioneta. La mujer, de cabello blanco y de aspecto casi fantasmal, era más activa. Se balanceaba atrás y delante en la silla incesantemente, mordiéndose los labios con concentración y tomando los trozos de papel, intentando forzarlos a unirse para hacer pequeñas bolas, y entonces deshaciéndolos de nuevo, con clara frustración. Levantó la mirada mientras Strout se acercaba, poniendo los ojos en blanco sin ser capaz de enfocarlos y haciendo ruidos como de animal herido. Draco sintió un escalofrío. Merlín, él nunca sería tan lamentable.
- Oh, has hecho un desastre, ¿no, querida Alice? Está bien. Tendremos a alguien que lo limpie en unos minutos -dijo la Sanadora Strout en voz mucho más suave, mucho más maternal, quitándole el pequeño y arrugado papel a la mujer. La mujer empezó a quejarse, los ojos mostrando pánico, intentando alcanzar el papel de nuevo, y la sanadora suspiró y se lo devolvió. Entonces se giró a Draco-. ¿Sabes quiénes son? Creo que estabas en clase con su hijo, Neville Longbottom. Tu tía Bellatrix les hizo entrar en este estado, mediante la maldición cruciatus. Piensa en ello mientras estés ocupado sintiéndote mal por tí mismo, jovencito -ella se alejó.
El hombre empezó a murmurar para sí mismo, balbuceos que Draco no pudo entender. "Me ha dejado con dos locos enemigos de Voldemort", pensó con un sentimiento helado. No era como si estuviera asustado de que pudieran herirle. Era sólo que, mirándoles, tenía un punto de vista único para comprender su sufrimiento. Había sido castigado por la maldición Cruciatus después de fallar en matar a Dumbledore, incluso cuando Snape había tenido éxito. Había pensado en ese momento, lamentándose bajo la varita de Voldemort, que se volvería loco. Ahora veía cuántas posibilidades había habido de que eso se cumpliera.
Se sentó allí unos minutos, sintiéndose peor a cada minuto que pasaba y preguntándose si la locura era contagiosa y si habría empezado a comportarse como un loco de atar cuando la sanadora volviera a por él. Entonces escuchó voces detrás suyo, una voz en particular que reconoció. No podía ser. No se atrevió a mirar alrededor para comprobarlo. Pero ciertamente sonaba como él. Harry Potter.
Harry estaba discutiendo con la mujer. O eso parecía.
- Sí, y me dijo que si podía convencerte a tí, podría ocuparse de ello hoy. Un mes. Es todo lo que pido. Si no tengo éxito, podéis traerle de vuelta e intentarlo con vuestros métodos. Pero ya te lo digo, que mi método funcionará mejor. Es muy testarudo.
"¿Habla de mí", pensó Draco, casi sonriendo. Dijo la sartén al cazo: cuidado que me tiznas. Pero su curiosidad ya había sido espoleada. Métodos. No estaba seguro de que le gustara como sonaba eso. ¿Qué quería Potter hacer con él?
Draco fue forzado a volver su atención a la mujer -la madre de Neville- por un momento, porque estaba intentando poner las bolas de trozos de papel en sus manos con un asentimiento urgente. Intentó devolvérselas, pero ella sacudió la cabeza firmemente, y puso sus manos encima. Sacudió la cabeza con nerviosismo y finalmente las sujetó, y ella sonrió. Era como la sonrisa de un bebé. Se preguntó qué clase de pensamientos pasaban por su cabeza.
Tras él, Draco escuchó que la conversación continuaba.
- Estamos bien equipados para lidiar con súbitos estallidos de rabia o con pacientes que se niegan a moverse también. Entiendo por qué esta mañana se negara a comer. Y se niega a hablar.
- Déjeme hablar con él -Harry sonaba decidido.
La Sanadora en cambio sonaba exasperada.
- Bien. Está allí, con los Longbottom.
Alice daba golpecitos en la mano de Draco de nuevo. Él la miró, deseando poder apartarla, abofetearla, lo que fuera. Le recordaba a Dobby. "¡Ya me has dado tu trozo de basura" Abrió la mano para enseñárselo. Ella asintió y lo cogió de nuevo.
Una mano en su silla de ruedas le giró. Draco tuvo que refrenar el impulso de levantar la mirada, sabiendo de quién se trataba, mirando en su lugar un par de vaqueros muggles y una camisa a cuadros escoceses. No iba a darle a Harry más satisfacciones que al resto de ellos. No se vio sorprendido cuando Harry se arrodilló para mirarlo. Lo que le sorprendió fue la preocupación en su rostro.
- Lo siento, debería haberte sacado de aquí antes.
¿Harry disculpándose ante él? Eso era... era ridículo. ¿Cuándo Harry se había disculpado ante él? Draco parpadeó lentamente, intentando no reaccionar.
- Sé que no quieres volver a Azkaban. Hacerte el loco no va a funcionar, ambos lo sabemos. Tu padre y tu tía fueron responsables de meter a mucha gente aquí, y ellos no van a ser muy comprensivos; te enviarán de vuelta tan rápido como puedan. Pero puedo ofrecerte algo diferente. Algo mejor que la muerte -Draco se sintió a sí mismo encontrando la mirada de Harry; si era la pasión en su voz o el fuego en su mirada, no pudo decirlo. Pero una vez que le miró a los ojos, se encontró incapaz de apartar la mirada.
Harry asintió, satisfecho.
- No sé qué noticias recibías en Azkaban. Pero el Ministerio incautó todas las posesiones de tu familia, excepto algunas de tu madre. Pero subastaron la Mansión Malfoy. Y yo la compré.
Draco sabía que no podía ocultar su estupefacción. Recordó que Pucey le contó todo sobre las pérdidas, todas las riquezas de su familia, su casa... ¿Pero Potter? ¿Qué podría querer él?
Harry tenía una pequeña sonrisa torcida, una dolorosa, en su rostro.
- Sí. Probablemente estés pensando, ¿por qué yo? -la sonrisa se diluyó y por un momento, pareció más viejo y cansado. Era una expresión que Draco nunca había visto en su rostro antes-. Ni siquiera yo lo sé, realmente. Sólo sabía que no soportaba la idea de alguien más -como Rita Skeeter- comprándola. O… bueno, captas la idea.
Pensando en eso, Draco tenía que conceder que Harry tenía razón. No es que la certeza de tener a Harry dentro de su hogar fuera una gran mejora. Miró a otro lado, pero Harry simplemente se movió para captar de nuevo su atención.
- Le he estado pidiendo al Ministro, al hospital, a todo el tribunal para obtener el permiso de intentar rehabilitarte por mí mismo, en la Mansión. ¿Sabes lo que significa, Draco? Significa que podrías dejar esta vida de mortífago, o de antiguo mortífago o como sea, e intentar empezar una nueva. Jurar que dejarás las Maldiciones Imperdonables y la magia oscura. Trabajar para el bando correcto. Es la oportunidad de no tener que volver a Azkaban -Harry ciertamente parecía solemne respecto a la idea, era obvio que había pensado mucho en ello. Draco se preguntó si Harry le había visitado antes, cuando había estado inconsciente. Si era un signo de preocupación, o simplemente otra misión heroica para hacerle más famoso. El pensamiento le hizo sonreír con ironía.
- Draco -dijo Harry, mirándole, aparentemente había captado el sarcasmo-. Piensa en esto. Puedes vivir en tu propia casa. No en San Mungo. No en Azkaban. Una oportunidad de recuperar algo de energía. Sé que esto tiene que apelar al Slytherin que hay dentro de tí.
Lo que decía Harry tenía sentido, más de lo que Draco odiaba admitir. Había estado más que dispuesto a decir adiós al mundo, pero el pensar en volver a casa... Un descanso del dolor y la humillación... sonaba bien. Casi tan bueno como para ser cierto. Parpadeó mientras los ojos se le empañaban un poco. Harry asintió.
- Necesito que trabajes conmigo, sin embargo, Draco. No lo puedo hacer yo solo. Necesito que me prometas dos cosas. Una, que no intentarás suicidarte. Y la segunda, que no intentarás escapar. Tengo que hacerte un Juramento Inquebrantable... pero no el habitual, ese no nos serviría demasiado. Lo he modificado un poco. Si intentas hacer eso, serás aturdido. ¿Lo entiendes? Háblame ahora, Draco. Déjame saber que no estoy perdiendo el tiempo contigo -Harry se levantó y dio un paso atrás, bajando la mirada a Draco, el pelo cayendo sobre sus ojos y una fina línea de sudor en su labio. Aparentemente había tenido que dar muchas vueltas cuando Draco había estado fuera. Era algo gratificante.
Draco asintió, y cuando Harry continuó mirándole, finalmente habló.
- De acuerdo -su voz sonaba extraña, ronca del poco uso. Se sonrojó, no muy seguro de qué emoción surgía a través de él mientras Harry sonreía.
- De acuerdo. Déjame llevarte a la Sanadora Strout -Harry se puso detrás de Draco, empujando la silla de nuevo, pero no antes de que Alice Longbottom hiciera aterrizar una bola de papel en el regazo de Draco. Éste suspiró, pero no dijo nada.
La Sanadora Strout miró a Harry expectante. Draco decidió que la túnica verde de los sanadores no le sentaba especialmente bien.
- ¿Y?
- Dice que acepta el juramento. Se lo dije -dijo Harry, y había una nota de desafío en su voz.
La Sanadora Strout bajó la mirada hacia Draco.
- ¿Es eso correcto?
Harry llamó la atención a Draco para que hablara. Aparentemente hoy era un mono amaestrado.
- Sí -de repente Draco entendió por qué Snape siempre tendía a hablar en monosílabos. Cada segundo que pasaba le gustaba menos la Sanadora.
Ella le miró durante un largo momento, después a Harry, y suspiró.
- Bien, al menos le has hecho hablar.
- Haré más que eso -asintió con la cabeza en su dirección- Necesitará su varita. Y recuerde... un intento de romper el juramento, y será aturdido, no asesinado -le dirigió una penetrante mirada. Ella asintió, y sacudió su varita mientras Harry alcanzaba la mano derecha de Draco. Le dirigió una sonrisa alentadora, y Draco se preguntó en qué acababa de meterse-. Draco, ¿prometes no intentar escapar de la Mansión mientras estés allí, hasta que el Wizengamot te declare un hombre libre?Draco consideró cuidadosamente las palabras, y las encontró suficientemente específicas. No decía nada de intentar escapar ni de Azkaban ni de San Mungo.
- Lo prometo.
Harry dejó escapar un suspiro, dejando ver que estaba nervioso por de la participación de Draco en esto.
- ¿Y prometes no intentar atentar contra tí mismo en cualquier modo mientras estás en la mansión? ¿O ser aturdido hasta la inconsciencia?
Ninguna mención del Wizengamot esta vez, notó Draco, y tuvo que ponderarlo durante unos segundos antes de asentir. Si le dejaban ir, no querría volver a la Mansión.
- Lo prometo.
Lazos fantasmales de luz rodearon sus manos, sellando el juramento. Harry miró a la Sanadora Strout expectante.
- Espero que esto sea suficiente.
Ella asintió, pareciendo pensativa, mientras hacía el hechizo.
- Esto va a ser interesante -estudió a Draco intensamente, como si fuera una especie especialmente interesante de gusarajo-. Tráele de vuelta en un mes. Veremos si ha cambiado o no.
Un aplazamiento de un mes, al menos, pensó Draco. De Azkaban o San Mungo. Un destino esperanzadoramente no peor que la muerte. Se encontró a sí mismo mirando a Harry, y encontró a Harry estudiándole también. El impacto acababa de golpearle. Un mes entero. Con Harry.
Esto iba a ser muy interesante.
Harry había meditado el plan entero con mucho cuidado, pensó Draco, mientras se preparaban para aparecerse en la Mansión. Había traído algunas de las propias prendas de Draco de su guardarropa y Draco tenía que admitirlo, había algo alentador en el hecho de ir vestido adecuadamente de nuevo en vez de llevar esas horrendas batas de hospital. Aparte de las túnicas de la escuela y algunas otras más formales (la mayoría negras o de una combinación de negro y verde) se sentía cómodo llevando trajes muggles de alta calidad. Este era más ligero para los meses de verano, de color gris metálico con una camisa de líneas en un verde suave. Acarició con la mano el rígido cuello, mientras Harry y él caminaban fuera del hospital hacia las ocupadas calles de Londres, flanqueados por dos enfermeras, que supuestamente iban a asegurarse de que Draco cooperaba en el cambio. O lo que fuera.
Una oleada de desorientación, y estaban parados frente a la Mansión. La primera cosa de la que Draco se dio cuenta era que la puerta ya no mostraba orgullosamente el escudo de la familia Malfoy, y en su lugar mostraba el que debía de ser el escudo de los Potter. Miró a las oscuras ventanas, al jardín no demasiado cuidado, sintiendo una oleada de miedo, imaginando que Voldemort estaba aún dentro, observando cada movimiento... pero Voldemort estaba muerto. La casa estaba vacía ahora. Tragó y siguió a Harry a través de la verja.
¿Era la imaginación de Draco, o ambos dejaron escapar un suspiro de alivio una vez que estuvieron dentro y la puerta cerrada?
Hubo un momento de silencio, mientras Draco miraba alrededor notando que faltaban objetos... las cosas de su madre, seguramente.
- ¿Las tienen en el almacén? -el silencio parecía casi ensordecedor. ¿Qué estaba haciendo él allí? Era una locura.
Harry asintió, incómodo.
- Imagino que se llevaron todas las cosas de tu madre antes de vender el lugar. Sólo dime si ves algo que se olvidaron -irónicamente, pero quizá sin sorpresa alguna, Draco no podía ver nada que pudiera pertenecer a Potter en ningún lado.
Mientras el silencio entre los dos se hacía insoportable, Draco finalmente se encaminó hacia las escaleras.
- ¿Imagino que mi habitación es todavía mi habitación? -no estaba seguro de cómo dirigirse a Harry, o los roles que deberían tener en esa situación. Seguramente Harry no podría pensar en sí mismo como el Sanador, o el profesor, ¿y él el estudiante? O paciente, en ese caso. Pero estaba preso, incluso si la prisión era más de su agrado. Eso, en cualquier caso, no había cambiado. Todavía hacía que Potter fuera su carcelero.
- Por supuesto -Harry le siguió mientras subían las escaleras-. Seré honesto... las primeras noches aquí, dormí en tu habitación. Quiero decir, mis otras opciones eran la habitación de tus padres, no gracias, o la de Bellatrix. O la de Voldemort.
Draco sintió que su mirada se desviaba a la segunda puerta a la izquierda, la habitación de los invitados que Voldemort había ocupado cuando había estado viviendo allí. Todavía podía sentir la contaminación en el aire, la oscuridad que lo cubría, aunque podía ser su imaginación. Se estremeció. La habitación de Voldemort había estado demasiado cerca de la suya para que se sintiera cómodo. Algunas noches había soñado que Voldemort le observaba mientras dormía, sonriendo con esa expresión que aparecía en su rostro después de uno de los castigos de Padre...
Se apresuró a irrumpir en su habitación antes de que pudiera pensar en más recuerdos desagradables. Lentamente miró alrededor, intentando encontrar algo que pudiera confortarle, que le trajera recuerdos de tiempos felices. Harry se paró bajo el marco de la puerta, incómodo.
- He quitado tu viejo equipo de pociones... Lo siento, pero no quería que lo usaras.
- Un gesto casi Slytherin tratándose de ti, Potter -dijo Draco, y no estaba seguro, pero pensó que casi le estaba halagando. Miró a Harry-. ¿Y dónde vas a dormir esta noche? -Una súbita imagen vino a él, de Harry lanzándose y sujetándole, empujándole sobre la cama... Sacudió la cabeza para hacerlo desaparecer, su corazón latiendo con fuerza. Harry no era Pucey. No le había traído hasta allí para eso. ¿Lo había hecho?
- He estado limpiando la habitación de Bellatrix y adecuándola para mi. Mejor que las otras -si Harry vio el miedo en el rostro de Draco, no lo demostró-. Probablemente estás cansado... dijeron que te llevaría unos cuantos días recuperarte completamente. Puedes dormir hasta la hora de cenar... Kreacher preparará cualquier cosa que quieras. Va a ayudarme a vigilarte.
De repente Draco fue consciente de lo terriblemente cansado que estaba. Harry tenía razón; no se sentía en su mejor momento. Se dirigió a la cama, necesitando apoyarse en algo.
- ¿Kreacher?
- Mi elfo doméstico. Venía con la casa que Sirius me dejó cuando murió -dijo Harry, había aflicción en su voz. Draco se sonrojó. Bellatrix había alardeado durante meses de esa pequeña hazaña contra su pariente. ¿Pero otro elfo doméstico?
- ¿Qué hay de Dobby?
Si acaso, Harry sólo palideció más.
- Murió cuando escapé de aquí... no debiste verlo. Bellatrix le lanzó una daga al pecho.
Draco se sintió golpeado por la noticia.
- Lo siento. Él... era un buen elfo doméstico. Era amable conmigo cuando era joven -No, el no debía haberlo visto... había estado apartando trozos de cristal de su rostro en ese momento. Maldita lámpara. ¿Y cómo Harry había tenido la suerte de adquirir, no sólo uno, sino dos elfos domésticos? Ellos se habían visto incapaces de encontrar un reemplazo desde que Dobby les había dejado, y muy a menudo Mamá tenía que hacer ella misma los hechizos para limpiar la casa y cocinar. Era molesto, de hecho.
Harry asintió, y el silencio cayó una vez más.
- Así que Kreacher estará por aquí para atender nuestras necesidades. Te voy... te dejaré solo un ratito -parecía tan perdido como el propio Draco. ¿Qué había planeado hacer cuando llevara a Draco allí?
- Bien -dijo Draco en voz baja, mientras Harry cerraba la puerta. Se quitó los zapatos y el abrigo para colgarlo en el armario junto a sus otros trajes, desabrochándose los botones de su camisa. Suponía que si iba a echar una siesta, necesitaría ponerse el pijama para no arrugar su traje. Se sentía hundido, irreal, llevando a cabo las actividades normales de una vida que actualmente era de todo menos normal.
Sus padres estaban en Azkaban. Su madre podría salir eventualmente. Lo más probable era que su padre no pudiera. Se preguntó si le vería de nuevo. Un peso se alojaba en su pecho, haciéndole más difícil respirar. Estaba solo. Increíblemente solo. Draco examinó lo que contenía su habitación, y su mirada recayó sobre unas cuantas fotografías de su escritorio. Allí estaba él, a la edad de once años, riendo y sonriendo, junto a dos compañeros de clase que doblaban su tamaño. Crabbe y Goyle.
El dolor le golpeó como un montón de bludgers. Vincent estaba muerto. Estaba muerto, y Gregory le culpaba por ello. No había importado mucho en la celda cuando Gregory golpeaba a Draco, o las veces que participó en la violación, porque Draco lo había sabido, era por venganza, no por lujuria como Pucey o Warrington. Goyle había amado a Crabbe, y había sido decisión de Draco que fueran a la Sala de los Menesteres. Era culpa suya. Goyle le odiaría para siempre ahora, y Draco siempre le había apreciado, considerado un verdadero amigo, incluso más que Vincent. Gregory siempre había sido leal.
No soy nada, pensó Draco, mientras una nueva oleada de pena le invadía. Su habitación. Ja. Nada de eso era suyo ya, ni los trajes, ni la cama, ni siquiera su maldito equipo de pociones. Todo pertenecía probablemente a Harry ahora. Se había apoderado de todo. Draco tocó dentro de su camisa, y sintió la cicatriz con forma de "P". Todo.
El sentimiento de pérdida le sobrepasó; cayó sobre sus rodillas al suelo con un golpe sordo, que envió una conmoción a su espina dorsal, pero no le importó, porque no tenía nada y no le importaba a nadie y ni siquiera podía morir apropiadamente sin montar un desastre. Un sollozo escapó de él, sólo que sonó como un grito, alto y torturado. Se cubrió la boca con su mano, pero no pudo hacer más para parar los sollozos que lo que hacía con las lágrimas, ovillándose sobre sí mismo, incapaz de luchar contra la tristeza.
No estaba rompiendo su voto porque de hecho no estaba haciendo nada más que llorar patéticamente, pero podía dar vueltas a la idea, y sentirlo más de lo que quería. Quiero morir, sólo quiero morir, pensó una y otra vez, hipando a causa de sus fuertes sollozos, y entonces la puerta se abrió y Draco supo que era Potter, pero no le importó. La última vez que Potter le había encontrado llorando le había desgarrado el pecho... todavía tenía la cicatriz. Vamos a ver qué hace. Dejemos que termine el trabajo.
Pero no estaba preparado para que, sin embargo, Potter se arrodillara en el suelo con él, envolviera con sus brazos a Draco. Harry le abrazó estrechamente mientras lloraba, ofreciéndole algo más que su propia manga para limpiarse el rostro. Draco se revolvió, pero Harry no le dejó ir, empujando a Draco contra su pecho, sus labios acariciando su pelo. Se sentía bien. Draco no podía recordar a alguien siquiera intentando abrazarle cuando lloraba. Ni siquiera cuando era pequeño.
- ¿Qué estás haciendo? -preguntó Draco, su voz sonando apagada y temblorosa, mientras intentaba aclararse los ojos. Su nariz estaba despellejada y estaba seguro de que sus ojos debían estar hinchados y rojos; no demasiado atractivo.
- Ayudar -dijo Harry con calma. Había puesto a Draco cerca de su regazo, ofreciéndole un hombro al que agarrarse. El acto hizo que nuevas lágrimas se derramaran por las mejillas de Draco; ¿por qué estaba Harry siendo amable con él? No tenía sentido.
- ¿Por qué?
Harry suspiró profundamente.
- Yo estaba allí, la noche en la torre, cuando se suponía que tenías que matar a Dumbledore. Estaba bajo mi capa, invisible... e inmovilizado por la varita de Dumbledore. Lo escuché todo, cómo supuestamente debías matar a Dumbledore u os asesinarían a tí y a tu familia. Y te vi. No ibas a hacerlo. Pienso que si los mortífagos no hubieran hecho su aparición, habrías aceptado la oferta de Dumbledore. Fue sólo mala suerte por tu parte que lo hicieran, y Snape tuviera que seguir adelante con ello. Pero creo que en ese momento me di cuenta de que tú no eras como tu padre. No has tenido mucha elección acerca del bando en el que estás. Francamente, eres un niñato consentido. Pero creo que hay algo bueno dentro de ti. Pienso que se te puede salvar.
- Soy un cobarde. Sólo estaba demasiado asustado para matarle -no había probado Azkaban. Había estado demasiado asustado para enfrentarse a Pucey, demasiado asustado para intentar vengarse cuando había robado el cuchillo.
Harry sacudió la cabeza.
- Eso no importa -sus brazos aún sujetaban estrechamente a Draco, como si pudieran absorber algo del daño que había en él, incluso a pesar de que luchaba por mantener su dignidad y no dejar escapar más sollozos. Dignidad... menuda broma. Ciertamente la había perdido antes de eso.
- No querías tener nada que ver conmigo cuando nos encontramos por primera vez -dijo Draco suavemente, y estaba sorprendido de lo que le dolía aquello, que Harry hubiera rechazado su oferta de amistad, que se hubiera ido con Ron y la sangre sucia en su lugar-. ¿Qué ha cambiado?
- Draco, teníamos once años -dijo Harry, y por el tono de su voz, Draco podría decir que estaba sonriendo-. Me gusta pensar que he madurado un poco desde entonces.
Harry giró la cabeza, y Draco sintió los labios rozando contra la parte trasera de su cuello, enviando un repentino calor a través de él. No podía creer lo mucho que ansiaba esto, el toque, el abrazo, incluso la presión de los labios de Harry... Las lágrimas estaban muriendo, y su cuerpo estaba tomando consciencia rápidamente de la proximidad de ambos. Harry había engordado un poco durante el año pasado, mientras que Draco era aún el más alto y le sacaba una cabeza, era más esbelto que Harry, debido sin duda a la vida que Harry había llevado durante la caza que Voldemort había montado. Se encontró a sí mismo presionando su espalda contra Harry, disfrutando la manera en la que el pecho de Harry se sentía contra su espalda, sintiendo las punzadas de deseo al mismo tiempo que la evidencia sólida de que Harry también estaba disfrutándolo. Escuchó a Harry contener el aliento, y su respuesta en modo de embestidas de sus caderas que hicieron que la boca de Draco se secara y su pene se hinchara. Él no debería... pero Merlín, quería hacerlo.
- No... no me toques -dijo Draco, e incluso en sus oídos sonó como una media súplica para que lo hiciera.
Aparentemente Harry escuchó el mensaje oculto, porque dejó de abrazar a Draco, sólo para dejar sus manos acariciando por encima de su camisa, tocándole ligeramente, explorando el pequeño espacio de piel expuesto entre sus botones abiertos. Draco apartó sus manos, no quería que Harry encontrara las cicatrices, pero eso sólo significó que Harry explorara su cintura en su lugar, y entonces más abajo, dirigiéndose hacia su ingle. La cintura de Draco corcoveó, pero incluso aunque empezaba a dejarse llevar por las sensaciones, Pucey estaba en su cabeza, su asquerosa sonrisa en su rostro. "Eres un bastardo enfermo, Draco".
De repente Draco estaba frío y cubierto de sudor, sintiendo náuseas. Se apartó de Harry, desesperado por librarse del contacto, o quizás más exactamente, de los recuerdos.
- ¡No me toques! ¡Déjame solo! -miró a Harry, odiándole porque había llegado demasiado tarde para salvarle de Pucey, por intentar salvarle y por hacerle sentirse confuso. La verdad era que todavía le deseaba, desesperadamente.
Las palabras funcionaron con Harry todo lo que Draco habría querido... o temido. Harry se levantó también, sonrojado hasta la raíz del cabello, sin encontrar la mirada de Draco.
- Lo siento -murmuró, reculando. Se quedó parado allí durante un momento, la cabeza baja, casi temblando, a pesar de que Draco no sabía por qué-. Te dejaré solo -con eso, Harry cerró la puerta.
El dolor había vuelto al pecho de Draco. Se debatía acerca de qué era peor. Esto o la náusea. Miserablemente, Draco se arrastró hacia la cama. Completamente vestido. Que se fueran al cuerno las arrugas. No estaba para preocuparse por ello.
Iba a ser un mes muy largo.
Harry estaba sentado en el escritorio en lo que había sido el estudio de Lucius antes de que él tomara posesión de él. Todos los papeles y archivos habían sido confiscados por el Ministro antes de que Harry comprara el lugar, para construir la acusación en el caso de Lucius, así que el lugar estaba bastante limpio cuando él se mudó. Era ciertamente un estudio muy agradable, con un escritorio rojo de madera de cerezo y estantes, ahora casi todos vacíos. Harry se había preguntado cuántos volúmenes de la estantería trataban sobre Magia Negra. O el estado de la familia Malfoy.
Kreacher apareció junto a su codo, haciendo que Harry diera un respingo. Le miró, y Harry asintió para que hablara.
-El señor Malfoy está dormido -informó Kreacher en su tono bajo y tranquilo, tan diferente al de Dobby. Harry aún estaba intentando acostumbrarse a las diferencias.
Harry exhaló un suspiro de alivio. Había estado sentado allí cuando había escuchado el aterrador sonido que provenía del vestíbulo, cuando Kreacher había aparecido para avisarle de que Draco se había desmayado y parecía sentir dolor. Había esperado algún tipo de reacción a las nuevas condiciones y al entorno, pero no había previsto algo tan fuerte, tan pronto. Igualmente inesperada había sido su propia reacción.
Le había parecido perfectamente natural simplemente abrazar a Draco, porque conocía el sonido del dolor de corazón y la pena; se había negado a sí mismo derramar una lágrima, pero aún habían estado dentro de él en el funeral de Fred y Remus, una cacofonía silenciosa, que le desgarraba en dos. Él entendía esa parte. Lo que no había entendido era la reacción de su cuerpo... después. Harry no estaba seguro cuando había cambiado de estar ahí, simplemente consolando, a algo mucho más físico, pero lo había hecho, y por un momento había parecido que Draco respondía. Y entonces... pero no quería pensar en eso. ¿Qué estaba pensando? Por supuesto la respuesta a eso era que ni siquiera lo había pensado. Su cuerpo había reaccionado. Su mano... ni siquiera recordaba haberla movido, pero oh, el deseo le había recorrido al sentir los músculos del estómago de Draco... era fuerte. Era una locura.
Ginny se reiría de él. Por tener reacciones por alguien.
Harry se movió, incómodo, en la silla. La parte mala era que su erección no había desaparecido desde la experiencia, incluso con el grito de advertencia de Draco, incluso sabiendo que estaba haciendo exactamente lo que no debería estar haciendo, lo que Draco probablemente más temía en esos instantes. Estúpido, estúpido. Eres un monstruo pervertido. La angustia de Draco no debería excitarle. No debería.
Para sacar semejantes cosas de su cabeza, Harry cogió los dos últimos mensajes que había recibido ese día vía lechuza. Uno era una carta de Kingsley.
Harry, entiendo que te has salido con la tuya al convencer al equipo de San Mungo para que te de tiempo para rehabilitar a Draco Malfoy. Apruebo tus esfuerzos y tu deseo por ayudar a la comunidad mágica. Pero desearía que no hubieras escogido un caso tan personal.Ve con cuidado, Harry. No confíes en Draco; es un digno hijo de su padre, y pienso que tú más que nadie sabes lo que eso significa. No apruebo la forma en la que los trabajadores de Azkaban están tratando a la joven generación de mortífagos, pero tampoco creo que sea apropiado interesarse personalmente en uno de ellos. He leído los archivos, Harry. Draco no es exactamente un inocente.
Por favor, mantenme informado. Y por favor, cuídate. Si hay algo de lo que quieras hablar, ven a verme.
Kingsley.
Harry se mordió el labio; bien, él no podía culpar a Kinsgley, pero al mismo tiempo la carta le fastidió. ¿No podía Kingsley confiar en que él supiera lo que estaba haciendo?
Bueno, aparte del hecho de que él no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba haciendo. Todo lo que sabía era que Draco no era el Draco que recordaba de antes del retorno de Voldemort. Todavía estaba esa lengua ácida, sí. Pero no veía la maldad que sí vio en Lucius o en los otros mortífagos. Harry apartó la carta y se dirigió a la siguiente. Era de Hermione, y estaba ansioso por leerla.
Harry,Te escribo para dejarte saber que Ron y yo estamos de vuelta de Australia, y hemos tenido éxito en traer a mis padres, aunque tengo que admitir que no estaban precisamente encantados cuando les expliqué lo que había hecho. Aún así, tengo que admitir que tuve éxito en mantenerlos a salvo.
Estaré castigada durante las próximas dos semanas, pero me encantaría que vinieras a visitarme si te es posible. Te hemos echado de menos, y esperamos que estés bien. He hablado con la Sra. Weasley y con Ginny, y sé que has estado un tanto callado, y que, ¿aparentemente has comprado la casa Malfoy? Harry, sé que voy a sonar como Ron, pero... ¿estás loco? ¿Qué es lo que ha hecho que quieras poseer ese trozo de basura? Estoy segura de que podrás sacar beneficio vendiéndolo de nuevo, pero todavía estoy sacudiendo la cabeza al pensarlo.
He enviado todo el papeleo a Hogwarts, para así poder volver... he estado pinchando a Ron para asegurarme de que haga lo mismo. Espero que tú también te hayas encargado del papeleo, Harry, porque estoy segura de que McGonagall te dejará colarte. O quizás no, ya sabes que ella siempre ha sido una persona muy severa en lo tocante a las normas. Así que mejor estate preparado, Harry.
Eso es todo por ahora... Por favor, contéstame, y ven cuando puedas.
Hermione.
PD: ¿Qué he leído acerca de ti ayudando a Narcisa? Harry, por favor, háblame. Estás empezando a preocuparme.
Tu amiga siempre.
Harry suspiró, dejando a un lado la carta. Él también echaba de menos a Hermione, y a Ron, pero sobre todo a Hermione en esos momentos, y a todos sus consejos astutos. No estaba seguro de cómo iba a explicárselo todo, lo que había hecho, pero de momento podría hacer uso de sus advertencias. Quizás en un día o dos sería capaz de reunirse con ella y discutir algunas cosas. Eso por supuesto asumiendo que ella no le arrancara la cabeza por intentar ayudar a Draco. Y hoy, esa reacción física... bien ni siquiera sabía con quién podría hablar sobre ese problema en particular. Por alguna razón, tenía la sensación de que Sirius podría haberlo sabido. Pero Sirius se había ido.
Harry empezó a escribir una respuesta a Hermione, preguntándose cómo iba a contarle las noticias acerca de Draco, cuando una lechuza negra empezó a batir sus alas en la ventana del estudio, con aspecto apresurado y urgente. Harry se levantó para abrir la ventana, y una cara con el sello oficial del Ministro de Magia aterrizó sobre el suelo. Le lechuza ululó, se echó atrás y, desde el marco de la ventana, le observó con sus ojos amarillos. Harry frunció el ceño, cogiendo la carta y rompiendo el sello. ¿Una segunda carta de Kingsley? ¿Qué tenía que decir él ahora?
Sentándose de nuevo, Harry leyó la carta.
Harry,
Siento molestarte tan pronto después de mi anterior carta, pero una noticia muy importante ha llegado a mi oficina. Estoy seguro de que recuerdas a Fenrir Greyback, el notorio hombre lobo contra el que Remus y Tonks lucharon tan fieramente en la última batalla.
Parece que Fenrir está vivo; se acaba de descubrir que excavó un túnel en la fosa donde se echaron los cuerpos de los mortífagos. Sabía que teníamos que haber incinerado su cuerpo.
Te lo digo porque estoy seguro de que estás al principio de la lista de personas tras las cuales irá. Quizás querrás poner la Mansión Malfoy bajo un Encantamiento Fidelio... Estoy seguro de que tienes amigos en los que puedas confiar el secreto. Por supuesto no cabe duda de que la Mansión tiene sus propias defensas y encantamientos, que querrás mejorar. Por favor, hazte con otra lechuza. Sé que aún estás de duelo por la primera, pero me sentiría mejor sabiendo que podrás dar aviso rápidamente si necesitas ayuda. También podrías enviar a tu patronus si necesitas avisarme rápido.
Ten cuidado, Harry. Mantenme informado.
Kingsley.
Harry se quedó mirando la carta, sintiendo el frío en su interior. Greyback vivo. Y por supuesto su nombre estaría en todo lo alto de la lista, él había arruinado la diversión de Greyback. Se preguntó si el hombre lobo intentaría matarle o infectarle. Se preguntó si Fenrir podría considerar tomar a Draco también como un extra. Recordaba esa mirada en los ojos de Fenrir cuando Dumbledore murió, cuando Draco había parecido horrorizado al saber lo que había dejado entrar en la escuela. Tragando saliva, dejó a un lado la carta. No había demasiado que pudiera hacer por el momento. Hablaría con Hermione sobre eso también. Ella sería una buena guardiana del secreto, aunque no estaba seguro de que algo tan bien conocido como la Mansión pudiera ser escondido, especialmente cuando Fenrir sabía exactamente dónde estaba.
Le escribió a Kingsley una simple nota de agradecimiento, asegurándole que tendría cuidado, y la ató a la pata de la lechuza negra, asintiéndole para hacerle saber que tenía que devolverla a Kingsley. Kingsley tenía razón; a pesar de lo mucho que odiaba reemplazar a Hedwig, realmente necesitaba hacerse con otra lechuza. Quizás mañana.
- ¿Kreacher? -preguntó Harry, convocando al elfo doméstico. Kreacher apareció en la habitación, sujetando un tarro en una mano y revolviéndolo con la otra. Parecía que el puré de patatas sería uno de los ingredientes del menú de aquella noche. Kreacher miró a Harry expectante.
- Una vez que termines en la cocina, necesito que hagas una investigación para mí. Encuentra cualquier rastro de hechizos defensivos en esta mansión, o algo que se pusiera para protegerla -el pobre Kreacher estaba probablemente sobresaturado de trabajo entre cuidar la casa y vigilar a Draco, pero no podía remediarlo. Era la única ayuda que Harry tenía por el momento.
- Sí, señor. Kreacher verá que puede encontrar una vez que la cena esté lista. ¿Quiere algo más el señor? -Kreacher removió con un dedo el blanco puré pastoso y lo probó; murmurando, conjuró algo de pimienta para añadírsela.
Harry sonrió y sacudió la cabeza.
- No, gracias. Eres una gran ayuda, Kreacher. Estaré abajo en un minuto.
Kreacher se fue, y Harry puso a un lado su pluma, incapaz de concentrarse en su respuesta a Hermione. El vestíbulo estaba silencioso; Draco probablemente estaría dormido durante otra media hora así que, si necesitaba reflexión, Harry podía aún recordar la palidez enfermiza del rostro de Draco, los ojos casi muertos cuando había entrado por primera vez en la Mansión. No, ciertamente no era el mismo Draco que Harry recordaba de Hogwarts. Se preguntó cómo había sido el pasado año para él.
Recorriendo silenciosamente el pasillo, Harry se acercó a la habitación de Draco, que lindaba con la suya. Una parte de él deseaba, necesitaba ver la figura descansando, y saber que Draco aún estaba allí. Tener la oportunidad de verle durmiendo, cuando no podía quejarse. Harry tragó, sintiendo sus mejillas arder. Parezco algún tipo de asaltante. No es para esto por lo que le rescaté. Pero había cosas que no podía negar durante mucho más tiempo.
Harry sujetó el pomo de la puerta, preparado para girarlo. Pero no podía arriesgarse, No podía arriesgar la posibilidad de Draco despertándose y verle observándole, o no despertándose, y el caudal de imágenes que acudirían a su mente. Lentamente, dejó el manillar y se forzó a sí mismo a moverse, alejándose de la puerta.
Ciertamente no podía negar que lo suyo era más que un interés pasajero en Draco. y no sólo por razones altruistas. No podía negar que deseaba a Draco.Y que Draco probablemente le odiaba.
Draco despertó ante los persistentes y suaves golpes en su puerta. Se sentó, desorientado durante un momento, intentando recordar quién era... o quién debía ser. Al ver su habitación, los recuerdos regresaron de golpe... el trato que había hecho con Harry, el hecho de que se había derrumbado frente al Niño Maravilla, el consuelo, todo. Por no mencionar el hecho de que los cuerpos de ambos habían reaccionado. Que había ordenado a Harry que se fuera.
Los golpes continuaban.
- ¿Qué es? -preguntó Draco molesto, deseando poder enterrar la cabeza bajo la almohada y dormir durante el resto del día. Iba a ser embarazoso enfrentarse a Harry de nuevo. Distancia. Lo que necesitaba simplemente era mantener las distancias con Harry, hacer lo que fuera para convencer al Wizengamot de que no era un mortífago, y seguir su camino. Hacia dónde iría luego, no lo sabía.
La puerta se abrió y Kreacher entró, su rostro solemne, sus orejas caídas por la edad. Debería haberse ido con mamá cuando Sirius murió, no pudo dejar de pensar Draco.
- Señor Malfoy, la cena está servida.
- No tengo mucha hambre -replicó Draco. Miró su camiseta, que se había arrugado al acostarse. Tampoco es que estuviera muy presentable.
- El señor Malfoy necesita comer para recuperar las fuerzas. Son órdenes del señor Potter, señor. Le espera escaleras abajo -con eso, Kreacher hizo una leve reverencia y se marchó, cerrando suavemente la puerta.
Draco se debatió entre ignorar la invitación y volver a dormirse, pero conociendo a Potter, era capaz de subir para arrastrar a Draco y sentarle y hacerle comer a la fuerza si se negaba. Suspiró. Colocándose un jersey de cuello vuelto negro (su favorito) y suaves pantalones negros, se dirigió abajo para encontrar a Harry en el comedor picoteando su comida en un silencio embarazoso, esperándole. Bien, iba a ser una tarde genial, obviamente. Draco no pudo evitar quedarse mirando la fina vajilla, y los ingredientes del menú, muy comunes, incluyendo puré de patatas y estofado de cordero.
- ¿Te das cuenta de que esta es la vajilla de las ocasiones especiales? -que una vez había pertenecido a su familia y ahora era de Potter, pensó con una punzada.
Harry se sonrojó, mirando los platos como si fuera la primera vez que los veía (y quizás así era) pero Kreacher hizo una reverencia y respondió.
- Sí señor, Kreacher lo eligió para celebrar la llegada del señor Malfoy a su querida mansión, antiguamente de la familia Malfoy, ahora de la familia Potter. Kreacher está orgulloso de tener al señor Malfoy bajo su cuidado.
Draco tenía que admitir que estaba impresionado. Se sentó, evitando mirar a Harry, lo que era relativamente fácil porque Harry también evitaba mirarle a él. Durante un momento, nadie habló, limitándose a tomar pequeños bocados. Estaba delicioso, y Draco hambriento, pero la comida parecía atascarse en su garganta. Frente a él, podía ver a Harry moverse nerviosamente, consternado, obviamente intentando obligarse a hablar.
- Draco, yo... -empezó, y entonces se detuvo mientras Draco le miraba. Había dos pequeños puntos brillantes en sus mejillas, y el cuello se le había puesto rojo, lo que era evidente sobre su pálida piel, y Draco encontró el contraste fascinante, especialmente teniendo en cuenta el intenso color de los ojos de Harry. Éste empezó de nuevo.
- Sobre antes, sólo quería decir...
- No te molestes -dijo Draco, levantando la mano para detener a Harry antes de que éste pudiera decir demasiado. Se había olvidado de todo: su derrumbamiento, el intento de Potter de consolarle... y lo que vino después. Era mejor pretender que nunca había pasado, especialmente si Harry estaba tan horrorizado como parecía.
Harry asintió en silencio y volvió su atención a la comida, pero Draco podría jurar que Harry se moría por decir algo más. Bien, la cuestión estaba en esperar a que hiciera otro intento de disculpa o hablar primero sin darle tiempo a comenzar. Draco reunió fuerzas para soltar una de sus bravatas que no sentía, intentando volver a tiempos más brillantes, volver a Hogwarts.
- Tengo que decir, no obstante, que no te hacía tan depravado, Potter. Tu novia debe de estar molesta.
Harry gruñó, mordiéndose las mejillas, probablemente en un vano intento de esconder su sonrojo.
- Ya no es mi novia.
Bien, al menos Harry no estaba intentando negar el hecho de que había estado interesado, pensó Draco. Encontró que el pensamiento era confortante y peligroso a la vez. Mejor cambiar de tema de nuevo.
- Estoy sorprendido de que estés solo. Pensé que el gran Héroe del Mundo Mágico estaría muy ocupado de celebración en celebración con sus amigos estos días. Seguramente Ron, y esa... esa... -Draco se recordó a sí mismo que si la gente tenía que aceptarle como un no-mortífago, tenía que sacudirse sus nociones sobre la pureza de la sangre y sus epítetos para los Sangre Sucia. ¿Cómo era su nombre, por cierto?- Esa chica nacida de muggles que siempre va contigo. La ves aún, ¿no?
Harry se encogió de hombros, pero había alivio en su rostro ante el cambio de tema. Sonrió, posiblemente por el intento de Draco de ser educado.
- Hermione. Su nombre es Hermione. Los veo... estuve durante un tiempo alojado en la Madriguera. Pero no quería obligarles a estar mucho tiempo conmigo; tienen demasiado con lo que lidiar ahora. Ron... bien, ha estado con Hermione en Australia. Acaban de volver, aparentemente.
- ¿Australia? ¿Para qué? -seguramente parecía algo así como una luna de miel para ellos dos, porque Draco difícilmente podía creer que fueran a esperar para siempre. Ugh. No quería pensar en eso.
- Bien, cuando estaban ayudándome a derrotar a V... Tú Sabes Quién, Hermione encantó a sus padres para que se olvidaran de ella y se mudaran a Australia, ya sabes, para protegerles. Estaba asustada de que tomaran represalias contra su familia. La Orden escondió a mis parientes muggles, también. La familia de Ron tenía sus propias maneras de defenderse, por supuesto, al fin y al cabo eran magos -Draco encontró interesante que Harry, que siempre había utilizado abiertamente el nombre de Voldemort (así es como le habían cazado tantas veces, supuso) de repente lo evitara. ¿Era porque se había acabado acostumbrando al hechizo que habían colocado en el nombre durante la guerra? ¿O porque estaban en la casa en la que Voldemort había estado viviendo?Draco no estaba muy seguro de cómo responder a todas esas noticias.
- Hermione... cierto. Me alegra saber que sus padres están bien, entonces -parecía lo suficientemente educado. Nunca se había sentido muy cómodo con todas esas muertes de muggles que habían parecido encantar a su padre y a Voldemort. Había tenido que presenciar demasiadas cosas-. Me pregunto si los Weasleys están mejor que nunca, sin duda habrán promocionado al Sr. Weasley de nuevo, y por supuesto los gemelos y su tienda de bromas estarán nadando en galeones en este momento.
Harry dio un respingo, palideciendo repentinamente. Sacudió la cabeza, y había una profunda línea entre sus cejas, tensión alrededor de sus ojos. Intentaba furiosamente mantener bajo control sus emociones. Draco se dio cuenta, y por supuesto la respuesta estuvo clara para él, incluso antes de que Harry hablara.
- Fred está muerto. George aún no ha vuelto a la tienda. También perdió su oreja, mientras intentaban ponerse a salvo -la amargura y el arrepentimiento estaban en su voz, al igual que la culpa. Draco conocía demasiado bien ese tono.
Con una pequeña conmoción Draco se dio cuenta de que ni siquiera sabía quién había muerto en la batalla.
- ¿Murió alguien más aparte de Fred... y Crabbe? -estaba casi asustado.
Harry parpadeó unas cuantas veces, sus ojos sospechosamente brillantes, y miró a Draco.
- Snape -tragó, y Draco nunca pensó que le vería más serio y solemne-. Voldemort le mató cuando pensó que Snape había tomado el control sobre la Vara de Saúco. No conozco a todos los mortífagos que murieron... Quiero decir, sé que los Carrow murieron, y Bellatrix, por supuesto, y Goyle y Crabbe padres. Dolohov y Yaxley. Nosotros perdimos a casi cincuenta. La mayoría adultos, diez estudiantes. Tres de Hufflepuff. Dos de Ravenclaw. Cinco de Gryffindor, incluyendo a Colin Creevey. Remus Lupin y Tonks. Soy el padrino de su hijo.
Se detuvo de repente, sus ojos llenos de lágrimas, tapándose la boca con la mano, y Draco sabía muy bien por qué lo hacía: él lo había hecho el día antes para ahogar sus sollozos. Draco miró a otro lado, incómodo. No quería traer de nuevo todo aquello a Harry. No se había dado cuenta de que el bando de Harry había perdido a mucha gente, y algunos estudiantes. Confirmó las ausencias que había visto en Azkaban, qué compañeros de Slytherin estaban indudablemente muertos. Por primera vez sintió la verdadera magnitud de lo que había sucedido, lo mucho que había golpeado en ambos bandos.
Prestó atención a Harry de nuevo. Éste miraba hacia abajo, su rostro crispado por el esfuerzo de mantenerse sereno, pero podía ver una lágrima en la comisura de un ojo, intentando derramarse. Draco de repente se sintió como la peor alimaña. No había sido su intención, sólo quería conocer algunas noticias.
- Lo siento -dijo suavemente.
Pero Harry ya estaba de pie, apartando su plato.
- Discúlpame -dijo en tono bajo, y huyó de la habitación. Draco miró a Kreacher, pero Kreacher no se movió, mirando solemnemente cómo Harry se iba, y Draco se preguntó si había presenciado ese comportamiento antes.
Draco no podía dejar las cosas así. Se levantó, haciéndole un gesto a Kreacher para prometerle que sí, tan pronto como lo hubiera resuelto, comería, y siguió a Harry. Le encontró en la sala de estar, mirando a través del gran ventanal al jardín, los brazos cruzados sobre el cuerpo, casi temblando por el esfuerzo de mantener sus emociones ocultas. Cautelosamente Draco tendió una mano, manteniéndola a unos centímetros del hombro de Harry, queriendo tocarle y asustado de hacerlo. Harry le había ofrecido consuelo previamente. ¿No podía él hacer lo mismo?
Draco estaba asustado. No estaba seguro de si era porque temía que Harry se enfadara con él, o si era porque temía a ese sentimiento que le había invadido antes, esa promesa de algo a lo que nunca deberían aspirar. Esa tensión entre ellos.
- Simplemente vete -la voz de Harry era áspera. Colocó una barrera entre ellos, tan sólida como cualquier sustancia.
El dolor golpeó el pecho de Draco, inesperado por su ferocidad... Pero debería estar acostumbrado a que Potter le hiciera daño, ¿no? Draco retiró la mano, reculando, pero no podía dejar de recordar cómo Harry le había sujetado antes, las palabras de ánimo susurradas suavemente. Se encontró con que no podía irse sin decir nada.
- Lo siento -dijo en tono bajo, intentando expresar que sentía cualquier papel que él hubiera jugado, queriendo o sin querer, en la guerra, porque todos tendrían que vivir con ello.
Harry no le dijo nada. Draco lo había esperado.
Añadió algo más, antes de girarse para irse.
- Siempre me gustaron Fred y George. Eran casi Slytherins, con sus pequeñas bromas, y siempre acechando. Les admiraba.
Una vez dicho esto, Draco volvió a la cena, dándole a Harry intimidad.
Era tarde cuando Draco se fue a dormir, y el siguiente día Harry le evitó, encerrado en lo que había sido el estudio de su padre, haciendo algún tipo de investigación en la Mansión, según Kreacher. No había mucho que hacer para Draco aparte de comer, dormir y leer lo que le habían dejado de libros en la biblioteca, así que pasó la mayor parte del día ayudando a Kreacher, hablando con el viejo elfo y descubriendo lo que se había perdido durante la batalla final y el tiempo pasado desde entonces.
Kreacher se lo dijo todo sobre Regulus Black, y los horcrux que había intentado destruir, y el hecho de que Regulus se había dado cuenta antes que todos los sangre pura de qué clase de lunático era Voldemort y lo peligroso que era servirle. Draco tuvo que imaginar lo que Bellatrix hubiera dicho de él... bien, de hecho no tuvo que preguntárselo. Ella habría llamado a Regulus un traidor a la sangre. Ella también estaba chalada, incluso más que Voldemort.
Tuvo una cena tranquila con Kreacher y de nuevo Harry les evitó, cenando en el estudio. Draco tenía en mente entrar a empujones y preguntarle qué demonios estaba haciendo, pero después de todas las revelaciones emocionales del día de ayer, decidió que podía tolerar un día de silencio y soledad. De hecho era la primera vez que había estado solo en mucho tiempo. En Hogwarts el año pasado parecía que alguien siempre le espiaba, fueran los Carrow, o Snape, o... Voldemort.
Draco se fue a la cama la segunda noche con el sentimiento de que empezaba a ser normal de nuevo, no una mascota en una jaula o un loco. Quizá hubiera una esperanza después de todo.
Y entonces, por supuesto, empezaron los sueños.
Dolor. Todo era dolor, y la asquerosa risa de Voldemort, la horrible visión de su rostro de serpiente cerca mientras miraba a Draco estremecerse en el suelo con agonía, golpeándole una y otra vez con la Maldición Cruciatus.
- ¡No más! -pedía Draco... ¿no había sido su madre? La espalda de su padre estaba vuelta hacia él, ignorando las peticiones de ayuda. O quizá se había girado para esconder las lágrimas.
- A lo mejor deberíamos llevarte con los muggles, hacer que mires mientras torturamos a esas criaturas indefensas. Enseñarte cómo ser un verdadero mortífago -susurró Voldemort y sacudió su varita. Parecía que la espina dorsal de Draco intentaba separarse de su cuerpo, una vértebra cada vez. Gritó hasta que quedó afónico, hasta que no le quedó voz.
Y entonces de repente la escena saltó y ahí estaba Pucey, besándole de nuevo, haciéndole estremecerse, introduciéndose en él una y otra vez y Voldermort miraba y se reía, haciendo hincapié con movimientos de varita...
Draco sentía el corazón desbocado, saboreando a Pucey y esperando verle allí en la cama a su lado. Su propia habitación. Estaba en casa, sí, y Potter estaba allí, y Voldemort estaba muerto. Pucey estaba aún atrapado en Azkaban.
Un grupo hizo que su corazón saltara de miedo de nuevo, y por un momento se preguntó si todavía estaba soñando, si Voldemort estaba en la otra habitación con su padre... un gemido siguió al grito, y tuvo que desechar esa teoría. Sonaba como Harry. ¿Qué le estaba ocurriendo a Harry?
Draco se levantó y salió al pasillo, mirando abajo, hacia la habitación que Harry estaba supuestamente usando, pero mientras caminaba hacia allí, escuchó otro gruñido y palabras murmuradas viniendo del piso inferior. Tragando, Draco descendió las escaleras, siguiendo los ruidos, que de pronto se diluían en el silencio como subían de volumen hasta acabar en un grito estrangulado, hasta que finalmente encontró a Harry en la sala de estar. Parecía que Draco no era el único de la casa que sufría pesadillas.
Se quedó allí desconcertado, a unos pies del sofá, mirando a Harry retorcerse. Harry todavía llevaba sus ropas, sus gafas en la mesilla de al lado, el pelo revuelto y húmedo de sudor. Draco tragó mientras una punzada de deseo surgía a través de él, algo inesperadamente. Aunque era obvio que Harry no estaba disfrutando sus sueños, algo en sus gemidos sonaba sexual.
Mientras Draco se quedaba mirando, preguntándose qué hacer, Harry gritó y se levantó, parpadeando. Le tomó unos segundos darse cuenta de que alguien estaba cerca, y cuando lo hizo, alcanzó su varita y sus gafas, poniéndose las gafas sobre la nariz y apuntando con la varita a Draco. Draco levantó las manos con derrota, sonrojándose un poco por lo que había estado pensando.
- Gritabas en sueños.
Harry le miró, sin responder de momento, y entonces bajó la varita y la dejó a un lado.
- A veces lo hago.
Draco alzó una ceja.
- ¿Pesadillas?
- Sí.
Draco asintió, recordando la mirada de consternación en el rostro de Harry mientras listaba a los muertos, sintiendo remordimientos de nuevo por recordarle aquello, por causar este incómodo silencio entre ellos.
- Yo también tengo.
Recibió una señal de asentimiento y una pequeña sonrisa.
- Lo sé.
¿Harry le había estado observando?
Parecían hablar de nuevo el uno con el otro. Y de nuevo Draco no tenía idea de qué decir. ¿Con qué tipo de cosas Harry tendría pesadillas? Antes de que pudiera preguntar, sin embargo, Harry tuvo un escalofrío, mirando alrededor a las sombras que les rodeaban.
- No puedo imaginar cómo debió haber sido, con Él viviendo aquí.
Draco mismo tuvo otro escalofrío. Se encogió de hombros, fingiendo indiferencia, y entonces preguntó lo que le había estado quemando todo el día.
- Kreacher me ha contado unas cuantas cosas hoy, y cómo trabajó con mi madre durante el quinto año, contra tu bando. ¿Cómo podías ver esas cosas? Voldemort lo vio; cómo lo usaba. No puedo imaginarme... -sacudió la cabeza. No podía siquiera empezar a imaginar como debía haber sido, saber los pensamientos de Voldemort, sus sentimientos.
Harry asintió, y entonces se quedó en silencio durante un momento, y Draco se preguntó si había dicho de nuevo demasiado. Entonces Harry sorprendió a Draco sonriéndole.
- No puedo creer que realmente estemos teniendo una conversación civilizada.
Draco resopló.
- Yo aún no puedo creer que tú compraras la maldita casa.
Harry asintió.
- Ni yo tampoco.
Ambos sonreían ahora.
- Todavía eres un loco imbécil -le dijo Draco a Harry, porque todavía no creía las razones que Harry le había dado para comprarla, y para ayudarle. No tenía sentido.
- Todavía eres un idiota.
Draco rió un poco.
- Tú tampoco eres exactamente un dechado de virtudes, Potter. Tan pagado de ti mismo todo el tiempo.
Esta vez Harry rió.
- No puedo creerme que te hayas reído -eso llevó a una súbita toma de conciencia en Draco... ¿Cuándo era la última vez que se había reído? No después de ir a Azkaban, seguro. No se había reído demasiado en los últimos dos años. Tampoco había tenido demasiadas ocasiones.
Harry le dirigía esa mirada que le hacía sentir acogedor. Draco no estaba seguro de hacia dónde ir, ahora que realmente habían empezado una conversación, ahora que el miedo de ambos empezaba a desaparecer. Miró a las escaleras, contemplando la idea de volver a la cama... y más pesadillas. Suspiró.
- Lo sé, yo no tendré sueño durante un rato. Nunca puedo volver a la cama después de uno de esos sueños -comentó Harry, en una voz que le dijo a Draco que quería seguir hablando, que quería que Draco se quedara un poco más. Sorprendentemente, Draco sentía lo mismo. Se sentía seguro con Harry, a pesar del pequeño susto del día anterior.
Lentamente, preguntándose si estaba loco o no, Draco se acercó y se sentó cerca de Harry en el sofá.
- Yo tampoco.
Habiendo hecho mucho, se preguntó qué pasaría a continuación.
- No duermo particularmente bien estos días -miró sus manos como si hubiera algo fascinante en ellas. Lo que quería hacer era quedarse mirando a Harry.
Dio un respingo cuando Harry lentamente puso un brazo alrededor de él, la piel apenas entrando en contacto con la suya, como si Harry estuviera asustado de tocarle. Dado lo de ayer, quizá lo estaba. El corazón de Draco se encogió, llenándose de un sentimiento de anhelo. Lo necesitaba. Sólo esto. Sólo alguien para abrazarle, para compartir su dolor. Necesitaba que el contacto fuera sólido, no vago. No asustado.
- Harry, o me abrazas de una vez, o, si te asusta tocarme, no te molestes -Draco ignoró el latido de su corazón, y miró el rostro de Harry, para ver su expresión, para ver lo que Harry pensaba.
Lo que Draco encontró fue una ternura total.
- Eres imposible -dijo Harry. Atrajo a Draco, abrazándole.
Se quedaron así algunos minutos, sin hablar, sin sentir la necesidad de hablar, de hecho. El abrazo estaba simplemente bien, no era el posesivo, aplastante agarre con el que Pucey le había obsequiado, pero era suficientemente firme como para convencerle de que Harry realmente quería abrazarle, de que no lo hacía por alguna noble causa. Creo que estoy empezando a comprenderte, pensó Draco. No estaba tentado de devolverle el abrazo a Harry, o mirar si Harry estaba teniendo algún "problema" personal como la última vez. Estaba perfectamente contento de disfrutarlo tal y como era. Cómodo. Seguro.
Casi pudo haberse quedado dormido, pero todavía había esa electricidad entre ellos. La cabeza de Draco descansaba contra el pecho de Harry, podía escuchar los latidos de su corazón, quizá demasiado rápidos, demasiado fuertes. Draco estaba disfrutando el contacto demasiado. No quería parar, pero no iba a ser capaz de dormir, no siendo tan consciente de Harry.
Tal y como él lo veía, sólo había una forma de solucionar el asunto. Lentamente, subrepticiamente, Draco cubrió con una mano el regazo de Harry, así que pudo confirmar una cosa. Harry se sentía muy bien. Pero su cuerpo no podía ocultar el hecho de que quería hacer algo más. Hábilmente, Draco empezó a bajar la bragueta de Harry. Le escuchó contener el aire, le sintió retorciéndose, y presionó su mano con fuerza contra su erección cuando intentó hablar.
- Cállate, Harry -dijo Draco en tono calmado. Tenía que ser de esta forma. En el momento en el que se moviera demasiado, le recordaría a Pucey-. Y no te muevas.
Harry dejó escapar un lento suspiro, casi un gemido. Esto, sin duda alguna era debido al hecho de que Draco le había liberado y estaba empezando a sacudirle lentamente, mirando abajo para ver exactamente cómo se veía Harry. No mal, decidió, no era gigantesca como en su exagerada imaginación, pero tampoco pequeña. Más fina de lo que había esperado. Draco revolvió con su otra mano en su propio pijama, tomándose a sí mismo, acariciándose al mismo ritmo, dejándose llevar por primera vez.
Draco dejó que el ritmo fuera lento al principio. No había necesidad de hacerlo brusco; apenas podía creer que realmente estuviera haciendo esto... y que Potter le dejara. Eso sólo confirmó una serie de teorías que tenía sobre su compañero. Un pequeño gemido escapó de la boca de Draco, y empezó a sacudirse sólo un poco más fuerte, un poco más rápido. Las caderas de Harry daban algún ocasional respingo, señalando a Draco cuando había tocado un punto especialmente sensible, y recreándose acarició con el pulgar sobre la cabeza del pene de Harry, escuchando a Harry tragar y contener el aire, los brazos rígidos rodeando a Draco, manteniéndole en esa posición. Una peculiar punzada de miedo traspasó a Draco en ese momento. Prefería tener el control de las acciones de Harry.
Las manos de Harry estaban empezando a moverse, sin embargo.
- Mantén los brazos sobre tu cabeza -dijo Draco a Harry, y de nuevo Harry obedeció, los ojos cerrados; quizá estaba asustado de enfrentarse a lo que estaba haciendo. O quizá estaba asustado de enfrentarse a Draco. Eso no le importaba a Draco, sin embargo. De esta forma era capaz de aguantar todo lo que quería, y mirar mientras Harry lentamente se desmoronaba, haciendo pequeñas embestidas con sus caderas, el sudor perlando su frente, mechones oscuros rozando su mejilla. ¿Quién habría pensado que sería capaz de constituir una visión tan adorable?
En un impulso, Draco empezó a ir más despacio, sólo para ver la reacción de Harry. Deseaba que ambos tuvieran menos ropa, pero eso requeriría dejar libre una mano para desvestirle, y le asustaba que, si hacía una pausa, uno de los dos o ambos volverían a sus cabales, y todo se acabaría. Harry arrugó el entrecejo, retorciéndose, y abrió los ojos, sus mejillas sonrojadas.
- No pares, por favor.
Oh, eso era simplemente hermoso. Draco empezó a bombear más fuerte, sintiendo cómo su propia necesidad se incrementaba, incapaz de aguantar mucho más con este tormento. Harry miró la mano de Draco, fascinado, y Draco se preguntó si era el primer trabajo manual que un chico le hacía... o el primero viniendo de una mano que no fuera la suya. El aliento de Harry salía en pequeños jadeos, puntuado por un respingo una y otra vez. Draco miró mientras los ojos de Harry se dirigían hacia Draco masturbándose, y un escalofrío le recorrió ante la intensidad de saberse observado.
La visión hizo lo mismo por Harry. Con una maldición murmurada y una embestida de sus caderas, empezó a correrse, y era obvio para Draco que Harry no lo había hecho en mucho tiempo porque había gran cantidad. La visión, y el súbito pensamiento de que sería genial tener ese pene dentro de él, fue demasiado para Draco. Suspiró, acariciándose rápida y duramente, y se corrió con un largo suspiro arrastrado, embistiendo. Se mantuvo así durante un momento después de que las oleadas de placer murieran, no muy seguro de lo que quería encontrarse, no muy seguro de lo que iba a encontrar en la expresión de Harry.
Cuando dudes, ve a lo básico, pensó Draco.
- ¿Bien? ¿Vas a limpiarnos? -sus manos estaban cubiertas de semen. No era plan moverse y esparcirlo por el sofá de ante de su madre. Le daría un ataque al corazón.
- Oh... de acuerdo -Harry parecía desconcertado y atontado, mirándole, porque seguramente no iba a atraparle o golpearle y ordenarle que se fuera de la habitación. Todavía estaba ruborizado, notó Draco. Actuaba de forma casi virginal, diría. Mirando la mano de Draco, Harry tragó con fuerza-. ¿Cómo lo hago? No podía ser tan estúpido, ¿podía? Draco puso los ojos en blanco.
- Con tu varita, Harry. Un simple hechizo limpiador. Lo haría yo mismo, pero por supuesto no tengo varita -sonrió-. Y mis manos están un poco... ya sabes.
- ¡Oh! ¡Cierto! -Harry se sentó, alcanzando su varita. Parecía demasiado confuso para recordar el hechizo durante unos segundos, y Draco esperó que lo hiciera bien y no terminara perdiendo una mano... o peor. Entonces con una sacudida de varita, el hechizo estuvo hecho, y ambos estaban mucho más limpios. Draco se arregló y se sentó de nuevo, mirando mientras Harry hacía lo mismo, un poco más lento, como si todavía no acabara de creérselo. Draco se estiró y bostezó.
- Creo que seré capaz de dormir ahora –el sexo (y del bueno) tenía ese efecto en él. Y no había pensado ni una sola vez en su compañero de celda. Tenía que ser un progreso.
Harry dejó su varita a un lado y miró cuidadosamente a Draco.
- ¿En tu habitación? -Había una nota que Draco encontró curiosa. ¿Esperanza, quizá?
Draco ladeó la cabeza, mirando a Harry.
- Francamente, estoy cómodo aquí. Pero no se te ocurra que puedes intentar algo mientras duermo -era importante que Harry entendiera que incluso aunque habían compartido una experiencia sexual, no iba a dejar que alguien le controlara a corto plazo. Todavía quedaban demasiados malos recuerdos.
Eso hizo sonrojar a Harry de nuevo.
- Ni siquiera lo soñaría -volvió a su posición original, la espalda apoyada contra el enorme brazo del sofá, subiendo las piernas para apretarse un poco-. No me importa si te quedas.
No había mucho espacio en el sofá, así que Draco hizo lo que parecía natural (y lo que en todo caso quería hacer). Se apretó junto a Harry y levantó su brazo, que descansó sobre su pecho, con sus propios brazos ligeramente alrededor de Harry. Harry parpadeó con sorpresa pero no intentó pararle, bajando los brazos con cuidado una vez que Draco se posicionó para descansar contra su espalda. Perfecto.
Inconsciente de lo que le pudiera parecer a Harry o de lo que el Niño Maravilla pudiera estar pensando, Draco cerró los ojos.
- Buenas noches, Potter. Espero que no ronques -era extraño. Nunca había dormido envuelto en alguien de esa forma. Pero esa noche, simplemente lo sentía como algo natural.
Draco sintió el pecho de Harry moverse mientras reía.
- Lo mismo digo.
Después de eso, ninguno dijo una palabra. El sueño vino rápidamente, y sin pesadillas.
Harry se despertó a la mañana siguiente, una mano ligeramente dormida por la posición en la que estaba, el cuello un tanto rígido por la falta de almohada, pero sorprendentemente descansado. No había habido más sueños, y, por primera vez en mucho tiempo, se había sentido seguro. Había una simple razón para eso. Esa razón aún estaba dormida, la mejilla presionada contra su pecho, el brazo alrededor de él.
Era un poco embarazoso, alcanzar una mano para coger sus gafas y volviendo el cuello para mirar a Draco, pero a Harry no le importaba. El rostro de Draco mostraba paz y reposo y Harry quería tener la oportunidad de mirarlo antes de que Draco se despertara. Era increíble lo guapo que era cuando no estaba mostrando una de sus expresiones snobs. El pelo rubio sobre la mejilla, rozando los labios rojos que Harry quería probar él mismo. Quería echarse hacia delante y rozar ese mechón, sentir esos labios. Quería una repetición de lo que había tenido lugar la noche anterior. Pero Draco era tan impredecible. Harry no tenía ni idea de si algo así podría ocurrir de nuevo.
- ¿Qué había sido, exactamente? ¿Acaso Draco simplemente se había dado cuenta de la necesidad de Harry de nuevo y había decidido actuar de nuevo como la prostituta de la celda? ¿Cuidar de sus necesidades? Pero eso no encajaba, porque Draco también se estaba dando placer a sí mismo a la vez. Lo había disfrutado. Y si ese era el caso, ¿entonces por qué quedarse y dormir con Harry? ¿Por qué Draco estaba echado encima de él como si fuera la cosa más natural en el mundo?
Demasiadas cuestiones para ser tan temprano, decidió Harry. Su mano ansiaba acariciar el pelo de Draco y sentir su suavidad, pero la mantuvo quieta, ignorando esa y las demás ganas de moverse. Una cosa estaba dolorosamente clara, por la manera en la que la vista de Draco durmiendo pacíficamente hacía que el corazón casi le doliera. Albergaba sentimientos por Draco. Sentimientos profundos. No sabía qué hacer con ellos.
Eso definitivamente no había sido parte del plan. El plan que había parecido tan simple al principio se estaba convirtiendo en más y más complicado. Había estado trabajando el día anterior para estar seguro de que todas las defensas de la Mansión estuvieran listas en caso de que Fenrir apareciera. Tener un lugar seguro para trabajar era definitivamente uno de los requisitos para ayudar a Draco. ¿Pero y qué pasaba con la seguridad emocional? ¿Cómo se suponía que iba a ayudar a Draco a recuperarse de lo que le había pasado en Azkaban, hacer que se pusiera de parte de la Orden, cuando todo lo que él quería hacer a veces era darle la espalda al mundo?
Realmente necesitaba hablar con Hermione.
Mientras Harry pensaba eso, Draco se estiró y abrió los ojos. Se quedaron mirando el uno al otro por un momento, y Harry podía decir por la mirada en los ojos de Draco que estaba tan inseguro como Harry acerca de lo que decir. ¿Cómo pasa uno de ser enemigo a... amante?
Harry nunca podría haber adivinado el siguiente movimiento de Draco. Con una mirada hacia la mesa, se incorporó y atrapó la varita de Harry. El corazón de Harry se paró, esperando el haz de luz verde, y se maldijo a sí mismo por no añadir alguna cláusula sobre maldiciones asesinas o daño físico al Juramento Inquebrantable. Estúpido. Realmente estúpido.
En su lugar, sin embargo, Draco lanzó un encantamiento diferente.
- Legilimens.
Harry no había tenido tiempo para preparar algún tipo de defensa mental. Instantáneamente fue bombardeado por recuerdos: sentado en el armario bajo las escaleras cuando quizá tenía seis o siete, hundido en la oscuridad y asustado de decir a Tía Petunia que había tenido un mal sueño... Siendo objeto de burla en la escuela llevando la ropa de segunda mano de Dudley... La primera vez que habló con una serpiente... El día que Hagrid le dijo que era un mago... Su desolación antes de la primera prueba en el Torneo de los Tres Magos viendo todas las chapas de "Potter Apesta" y escuchando las burlas... y entonces finalmente, la escena que Harry había estado esperando pero temiendo, él mismo descubriendo a Draco llorando en el baño de Prefectos.
Allí estaba la confusión de ver a alguien tan condenadamente seguro de sí mismo rompiéndose y mostrando debilidad, la súbita preocupación, el horror de ser descubierto y no saber lo que decir. Todo había salido muy mal. Nunca había tenido intención de involucrarse en semejante guerra de hechizos. ¿Por qué no había intentado hablar con Draco, preguntarle qué le pedía Voldemort, intentar ganar su confianza? Y realmente no había querido herirle, nunca había pensado que el Príncipe Mestizo fuera a crear una maldición tan horrible.
Harry sintió la maldición romperse y volvió a la normalidad, jadeando fuertemente, su corazón latiendo con fuerza. Encima de él, Draco respiraba con dificultad, con una expresión de sorprendida comprensión en su rostro. Enfadado, Harry le arrebató su varita.
- ¿Por qué has hecho eso?
Draco sacudió su cabeza indefenso, y ahora parecía asustado.
- Para entender... -se apartó de Harry, y la siguiente cosa que Harry supo fue que Draco corría por las escaleras de vuelta a su habitación. Harry se encogió mientras escuchaba el portazo.
No era bueno, pensó Harry, sentándose y guardando la varita en su bolsillo. Se sentía desaliñado y arrugado por haber dormido con la ropa puesta, aún estaba caliente, y ahora Draco no quería hablar con él. ¿Había hecho algo malo? ¿Qué había llevado a Draco a hacer eso? Nada tenía sentido hoy.
Le estaba destrozando, decidió Harry. Tenía que intentar contárselo a Hermione, y rezar para que a ella no le explotara un vaso sanguíneo cuando escuchara lo que había hecho la noche anterior.
- ¡Kreacher! -llamó Harry, esperando mientras el elfo doméstico aparecía tras él-. Necesito que vigiles a Draco hoy... voy a salir a por una cosa. Asegúrate de que no intenta dañar a nadie ni a nada.
Un pensamiento volvió a él. Draco había mencionado que había hablado con Kreacher ayer-
- Oh, y si pudieras intentar que hablara contigo... ¿averiguar por qué está molesto, vale? Simplemente intenta averiguar algo de él. Gracias.
Kreacher hizo una reverencia.
- Sí, maestro Harry -se desvaneció con un pop, y Harry subió a su habitación para tomar una rápida ducha y cambiarse de ropa. Intentó captar algún sonido de la habitación de Draco, pero todo estaba tranquilo. Con su varita en el bolsillo y una foto de la casa de Hermione en su mano se dirigió a la puerta. Sólo esperaba ser capaz de aparecerse allí con seguridad; nunca había estado antes.
La casa a la que llegó parecía la correcta, en cualquier modo. Era un sitio de apariencia simple, no terriblemente diferente a la de los Dursley excepto porque se percibía más animación en el ambiente y unas cuantas más malas hierbas en el jardín. Tocó en la puerta pintada de blanco y esperó con ansiedad, mirando a las ventanas oscuras de la segunda planta y preguntándose en cuál debería de estar Hermione. Una mujer con pelo oscuro y enmarañado abrió la puerta. Vagamente la reconoció de Flourish y Blotts, por el vistazo que le había echado en su segundo año. Parecía que había pasado toda una vida.
- ¿Está Hermione? -esperó parecer lo suficientemente respetable.
La mujer le miró, fijándose particularmente en sus gafas, y en la cicatriz con forma de rayo. Harry luchó contra el sonrojo que empezaba a extenderse por sus mejillas, pero justo cuando iba a preguntar de nuevo, ella asintió-. Debes de ser Harry Potter. Mencionó que quizá te pasaras. La segunda puerta en las escaleras de la izquierda, y mantén la puerta abierta, jovencito.
Harry asintió, sonrojándose aún más. Se preguntó qué pensaría la madre de Hermione si sabía que Harry nunca iba a estar interesado en Hermione de tal forma que requiriera mantener las puertas cerradas. Dándose prisa, alcanzó las escaleras y llamó a la segunda puerta, preguntándose si Hermione tendría un aspecto diferente a como era antes de su viaje a Australia.
Hermione abrió la puerta, pareciendo la misma que siempre había sido, el pelo enmarañado, los ojos marrones brillantes de sabiduría, y esa energía que siempre había sido tan suya.
- ¡Ya era hora de que aparecieras! Me moría por tener noticias -empujó a Harry dentro y cerró la puerta antes de que él pudiera mencionar las palabras de su madre-. ¿Qué es lo que escuchado acerca de que trabajas con Draco Malfoy?
- Pienso que está intentando ser bueno. No creo que su lugar sea Azkaban con los otros mortífagos -empezó Harry, echando un vistazo alrededor. La habitación era un tanto monótona... Las paredes llenas de estanterías, sin sorpresas, una cama con un edredón de encaje blanco, ordenador, algunas fotos de Ron, alguna de los tres juntos, y un póster de Víctor Krum, lo suficientemente interesante. Harry se sentó en la cama. Intentando ordenar sus pensamientos-. Le saqué de San Mungo para que se quedara conmigo. En la Mansión.
Hermione parpadeó.
- ¡Harry! ¿Estás loco? ¿Y si se escapa?
Harry asintió, se había esperado ese tipo de reacción.
- Le hice formular un Juramento Inquebrantable de que no intentaría escapar, o dañarse a sí mismo. Hermione... -se pasó una mano por el pelo, preguntándose cómo explicar las cosas-. Testifiqué a favor de su madre, porque ella salvó mi vida. Ella me pidió que comprobara cómo estaba, estaba preocupada acerca de cómo los otros mortífagos le iban a tratar desde que no respondió a la llamada de la Marca y luchó con ellos fuera del castillo. Por lo que ellos sabían, él había desertado. Y estaba mal. Tenía cicatrices por todo... -Harry miró sus manos-. Llegué para interrogarlo y estaba siendo violado.
Era gratificante ver a Hermione pálida, sus ojos abiertos de asombro.
- Pero los guardias... seguramente...
Harry sacudió la cabeza.
- A ellos no les importaba. De hecho, iban a castigarle por ello. Su compañero de celda se ensaño con él por haber sido capturado, le rompió la nariz. Draco se cortó las muñecas. Así es como acabó en San Mungo.
- Santo Dios -murmuró Hermione-. Siempre fue un imbécil, pero incluso así... -sacudió la cabeza, horrorizada-. ¿Y qué les dijiste? ¿Cómo te hiciste cargo de la situación?
- Hablé con Kingsley, y entonces tuve que hablar con el Sanador Jefe en San Mungo. Creo que estaban confusos acerca de lo que hacer con él, y pienso que todo el mundo estaba tan ocupado intentando reconstruirlo todo y lidiar con todos los mortífagos que simplemente no se preocuparon de lo que le ocurría a uno de los más jóvenes. Me dieron un mes para trabajar con él y "rehabilitarle". Si podemos convencer al Wizengamot de que ha cambiado y va a seguir las leyes y abstenerse de hacer algo oscuro, espero que le otorgarán el perdón o algo-. Harry miró de nuevo arriba, intentando leer la expresión de Hermione. Podía verla poniéndose pensativa, intentando razonar. Era una buena señal. Aún no iba a lanzarse contra él.
En su lugar, le miraba. Harry intentó no sonrojarse.
- Bien, pienso que eso sería excelente, si decide cambiar. Le apoyo -continuó mirándole, meditando. ¿No hacía demasiado calor allí? -Lo que no entiendo, Harry, es, ¿por qué tú? ¿Por qué quieres ayudarle? Pensé que le odiabas.
Ahora estaba furiosamente ruborizado, no había forma de evitarlo.
- Simplemente lo hago -en su interior estaba entrando en pánico. ¿Cómo se suponía que tenía que contarle lo de la noche anterior? ¡Ya era muy duro contarle las partes más inocentes de la historia!
El entendimiento llegó a sus ojos. Hermione puso sus manos sobre las caderas y Harry supo que estaba en problemas.
- ¿Se lo has contado?
¿Eh?
- ¿Contarle qué? -preguntó Harry, intrigado. ¿A quién? ¿A Draco?
Hermione puso los ojos en blanco.
- Que sientes algo por él, ¿quizá?
Harry se atragantó, poniéndose en pie, intentando evitar su mirada.
- Yo no... -escuchó cómo ella chasqueaba la lengua y se giró para mirarla-. ¿Cómo sabes eso?
- Lo tienes escrito en la cara, Harry -le dijo Hermione con expresión objetiva.
Sintió como si el suelo se balanceara, o quizá era sólo la perspectiva de Harry. Se encontró a sí mismo apoyándose contra la silla del ordenador-. Yo... no quería. Sólo ocurrió- era lo mínimo que podía decir en su defensa.
- Oh, Harry -Hermione sonrió, y Harry estuvo asombrado de descubrir que no estaba enfadada con él-. He sabido que eras gay desde que en cuarto año mirabas más a Cedric Diggory que a Cho. Tú has sido... bien, nunca has tenido química real con las chicas, ya sabes.
Bien, eso era una revelación. Harry se sentó de nuevo.
- ¿Por qué no me he dado cuenta hasta ahora? -¿De verdad había mirado tanto a Cedric? Siempre se había dicho a sí mismo que había estado observando la competición, pero cuanto más pensaba en ello... llevaba razón. Cho era interesante porque había sido una excelente jugadora de Quidditch. Pero eran las rosadas mejillas de Cedric las que habían hecho que su corazón se desbocara.
Hermione se sentó cerca de él.
- Bien, Harry, siempre has sido un poco lento.
Harry se sonrojó más intensamente.
- Ginny también se lo figuraba, creo... prefirió romper conmigo antes de que comprara la Mansión. Dijo que me veía más como un hermano –por una parte, había alivio por no tener que explicarle todo esto a Hermione. Por otra, se sentía más idiota que nunca. ¡En cuarto año!
Hermione sonrió con comprensión.
- Exacto. Así que, ¿ahora qué? ¿Cómo van a ir las cosas?
Harry exhaló un suspiro, rascándose la parte de atrás de su cuello.- Bien, por una parte, lloró un poco anteayer. No hablé con él demasiado ayer porque estaba ocupado reforzando las defensas de la Mansión... ¿Has oído que Fenrir escapó? Así que estaba preocupado por eso. Y entonces la noche pasada... -se mordió los labios-. Algo pasó. No estoy seguro de si fue bueno o no.
- No creo que quiera saber qué cosas pasaron. Asumo que esas cosas son, em, ¿quizás como lo que Ron y yo hicimos durante nuestro viaje? -Ahora era el turno de Hermione para sonrojarse.
Harry se puso en pie, alejándose de ella.
- ¡No quiero saber eso! -La imagen de sus dos mejores amigos... no. Simplemente no.
- ¿Y por qué estuvo mal? ¿A qué te refieres con que no sabes si estuvo bien o no? Pienso que debería ser bastante fácil de decidir, francamente -era típico de Hermione volver al tema original, y Harry le estuvo agradecido.
Se encogió de hombros.
- Bueno, fue bastante bueno, sólo eso. No es que, ya sabes, lo hiciéramos todo. Sólo, tú sabes, bien... manos y cosas. Ni siquiera nos besamos. Pero nos acostamos... y quiero decir nos acostamos, nada más, en el sofá, y entonces esta mañana él me quitó la varita y me lanzó un Legilimens. ¡Sacándome los recuerdos! Y entonces voló a su habitación. Estoy destrozado. No sé qué hacer ahora. Le he dicho a Kreacher que le echara un ojo e intentara hablar con él -Harry se sentó cerca de Hermione de nuevo y la miró a los ojos-. Quiero ayudarle, de verdad. Creo que me empieza a gustar. Pero no entiendo nada. Creo que quizá puedas ayudar.
Hermione le miraba de nuevo.
- ¿Hizo un Legilimens? Creo que eso es ilegal. Me pregunto su los Carrow se lo enseñaron en clase -sacudió la cabeza y asintió en dirección a Harry-. Puedo intentar ayudar... visitar la biblioteca y sacar algunos libros y cosas, ya sabes, autoayuda para supervivientes de abusos o terapia para víctimas de violaciones, quizá. Pero creo que lo que principalmente vas a tener que hacer es hablar con él. Hacer que te hable, que se abra. Es todo lo que se me ocurre.
- De acuerdo. Tienes razón, desde luego -pero de algún modo, escuchar a Hermione confirmarlo hizo a Harry sentirse un poco mejor acerca de todo. Al menos tenía una segunda opinión-. Y probablemente no haremos, ya sabes, más cosas durante un tiempo. Aunque lo juro, ¡él empezó! Yo sólo intentaba dormir.
- Nunca pensé que te estaría dando este tipo de consejo a ti, Harry -dijo Hermione con una pequeña risilla, frotándose la frente. Sonrió-. Sólo confía en tus instintos, y si algo sale mal, contáctame. Encontraremos una solución. Tienes algo de tiempo... y probablemente va a tomar tiempo. No espero que cambie en un día.
Harry le devolvió la sonrisa, echándose hacia delante para pasar el brazo por encima de Hermione.
- Sabía que podía hablar contigo. No podría hablar con alguien más. ¿Puedes imaginarte la reacción de Ron?
Hermione hizo una mueca.- Le daría algo. Esperaré tanto como sea posible para decírselo.
- Exactamente. No puedo creer que te lo tomaras tan bien, considerando todas las cosas horribles que él te llamó -hubo un golpe en la puerta y la madre de Hermione se asomó, mirándoles a ambos antes de dejar la puerta medio abierta. Hermione ahogó una risa. Harry tuvo que sonreír. Solemnemente intentó continuar-. De hecho se acuerda de llamarte "nacida de muggles" en lugar de la otra palabra, aunque ni siquiera puede recordar tu hombre. Preguntó cómo estabas. Creo que fue bueno, considerando las circunstancias.
Eso recibió otro asentimiento por Hermione, uno más pensativo.
- No puedo imaginarte enamorándote de un imbécil, así que tiene que haber alguna cualidad redimible en él. Ciertamente tiene razones suficientes para considerar un cambio, habiendo tenido a Quien Tú Sabes en su casa y todo. Y tú salvaste su vida. Algo como eso tiene que cambiar una vida -le miró con calidez-. Aún eres un héroe, Harry. Sé que dices que quieres una vida normal, pero no creo que estés completamente feliz hasta que estés salvando algo. Así que buena suerte. A ambos os deseo lo mejor.
- Todavía necesito a mis amigos -le recordó Harry.
Hermione sujetó su mano.
- Nosotros siempre estaremos aquí.
Después de visitar a Hermione, Harry hizo unas cuantas paradas necesarias, incluido el banco para ocuparse de los asuntos financieros y el Callejón Diagon para comprar una nueva lechuza. Eligió una negra esta vez. No le parecía correcto intentar sustituir a Hedwig, así que buscó justo lo opuesto: pequeña, rápida y negra, con grandes ojos amarillos y fijos. Además casaba con su humor de esos días, en cualquier caso. Unos cuantos reporteros de El Profeta le vieron e intentaron seguirlo, pero se las arregló para perderles con unas cuantas apariciones. También vislumbró a Neville de camino a algún recado, pero se escondió tras un edificio antes de que su viejo compañero de clase pudiera verlo. Todavía no estaba preparado para hablar con nadie de Hogwarts.
Era tarde cuando volvió a la Mansión, la nueva lechuza, Soot (porque era del color del hollín) en su hombro. Tuvo que terminar de acomodar a la lechuza en la torre de la Mansión y se dirigió a la cocina donde encontró a Draco en el pasillo, enfadado.
- ¿Y dónde has estado todo el día? -preguntó. El tono le recordaba a la forma en la que se dirigía a Harry en Hogwarts, rencoroso y altivo, pero su postura no casaba con el tono. Su espalda estaba encorvada, como esperando un golpe, y se paseaba como si estuviera nervioso.
Harry le miró, desconcertado.
- Tuve que hacer algunos recados. No parecías particularmente sociable esta mañana -¿Qué había hecho ahora? ¿Qué pasaba por la cabeza de Draco?
- ¿O acostándote con tu Weasley? ¿Rogándole que te llevara de vuelta? -Draco dio un paso adelante, su mirada clavada en Harry, un fuego en él que no se parecía a nada que Harry hubiera visto antes.
Harry dio un paso atrás.
- No. Te lo dije... rompió conmigo. Dijo que sentía... -hizo una pausa, preguntándose si era inteligente darle combustible a Draco para reírse de él-. Que era como besar a su hermano -le dejó deliberar un rato.
- Ese un pensamiento desagradable. Quizá porque hay tantos de ellos en el Mundo Mágico -replicó Draco.
Sólo intenta enfadarme, pensó Harry, apretando su mandíbula. Ignóralo. Draco aún estaba lleno de insultos.- No Ginny, ¿eh? Quizá esa asquerosa sangre sucia estaba ocupada chupándotela. Te gustaría eso, seguro. Ciertamente tiene una boca grande -Draco aún estaba avanzando hacia Harry, y Harry corría fuera de la habitación en retirada. Miró a Draco.
- Cállate, Draco. ¿Qué te pasa? Sólo tenía que hacer unos cuantos recados. Eso es todo.
- ¡Has estado fuera todo el maldito día! ¿Qué se supone que tengo que hacer aquí, esperar como un buen niñito a que llegue su mami? -Draco estaba gritando ahora, sus ojos del frío color del acero, mechones de pelo rubio blanquecino cayendo en su rostro. Estaba vestido de forma bastante agradable, de hecho, Harry tuvo tiempo de darse cuenta. Una camiseta azul suave que podría haber casado con sus ojos perfectamente... si Draco no hubiera estado tan furioso.
Harry no estaba seguro de cómo responder a eso. ¿Significaba que Draco le había echado de menos? ¿O sólo que había estado aburrido, o asustado?
- Lo siento -dijo sin mucho convencimiento, intentando aplacar al joven.
Draco exhaló un suspiro frustrado.
- ¿Qué se supone que tengo que hacer aquí, Harry? Este era tu gran plan, acomodarme aquí, curarme o lo que sea. ¿Qué demonios tengo que hacer durante el día? Ya he dormido, y los daños se han curado. Ahora, ¿qué?
Harry intentó calmarle.
- Lo descubriremos... esa es una de as razones por las que he salido hoy, para obtener algunos consejos, algunas ideas. ¿Querrás volver a Hogwarts si te dejan? ¿Terminar tus estudios?
- ¿Y convertirme en qué? ¡Se suponía que tenía que asumir el legado de Padre! ¿Quién me contratará ahora, Harry? -Draco sonaba como si estuviera al borde de las lágrimas.
¿Qué podía decir a eso? Harry estaba falto de palabras; sacudió la cabeza, levantando las manos en un intento inútil de aplacar a Draco. Había necesitado hacer todos esos recados, pero quizá habría podido regresar más temprano. Draco había obviamente pasado el día poniéndose en ese estado.
- Todavía puedes convertirte en profesor. Siempre fuiste muy bueno en Pociones.
- ¡Oh, cierto! Estoy seguro de que los padres de todos los Gryffindors, Hufflepuffs y Ravenclaws estarán encantados. ¡Seguro que seré jodidamente popular! -Draco agarró la camiseta de Harry y le sacudió, furioso-. Aquí está la verdad, Harry. No tengo nada que esperar del futuro. ¡No soy nada! Y tus pequeños intentos de cambiarlo no van a arreglar una maldita cosa. ¡Estaba mejor muerto!
Harry detuvo la diatriba de Draco con lo primero que le vino a la cabeza. Agarró a Draco de la cintura, empujándole hacia delante para besarle, profundamente. Había esperado asustar a Draco, con suerte sacarle de ese humor negro en el que estaba. Lo que no esperaba es que Draco le devolviera el beso, con una pasión que hizo que sus dedos se curvaran. Un calor delicioso floreció a través de él mientras el beso se hacía más profundo; no estaba seguro de quién abrió la boca antes, pero de repente estaba probando a Draco, sus lenguas luchando, agarrando estrechamente la cintura de Draco.
Nunca había besado así antes a nadie. No era tentativo y dulce; era sucio y sexy y mientras el beso se prolongaba, Harry se encontró a sí mismo queriendo arrancar la camiseta de Draco, bajarle los pantalones, arrojarle contra la pared más cercana... ¿qué demonios estaba haciendo? ¿No le acababa de decir a Hermione que no iba a hacer nada de esto durante un tiempo? Horrorizado, Harry rompió el beso, dejando que Draco se fuera, dando un paso atrás. Ambos estaban jadeando. Miró a Draco, desamparado.
- No pretendía hacer eso.
Draco se le había quedado mirando con ansia, quizá esperando a que Harry le besara de nuevo, esperando... algo. La vulnerabilidad en su rostro se terminó al escuchar las palabras de Harry, y de alguna forma éste supo que había dicho algo incorrecto, aunque no tenía ni idea de qué podría haber sido lo correcto. El altivo tono volvió. Si Harry no le conociera mejor, podría incluso decir que Draco estaba herido.
- Oh sí, querías hacer eso. Lo has querido hacer desde que me viste tomando por culo en la celda, ¿no, Potter?
Harry se sonrojó y miró a otro lado. Deseaba que la erección de sus vaqueros se fuera, que desapareciera. El enfado en el tono de Draco lo consiguió, hizo que su pene se arrugara y deshinchara, hizo que su garganta doliera por la pura emoción. Lo estaba echando todo por tierra.
Una mano en la barbilla de Harry le forzó a mirar a Draco.
- ¡Bien, adelante! Prácticamente eres mi propietario ahora, ¿no? Sólo ponme contra alguna pared y fóllame. Puedo ser tu pequeña puta... -Draco estaba llorando ahora, y Harry estaba entrando en pánico, inseguro de qué hacer, o cómo ayudarle. Sintió como si su corazón se rompiera.
- Nunca te haría eso -dijo Harry suavemente, intentando no romperse él mismo en lágrimas, apartando el pensamiento de que acababa de imaginarse esa escena. Dio un paso hacia delante, determinado a no dejar a Draco huir de nuevo-. Puedo arreglarlo para que te transfieran a San Mungo si quieres. No quiero herirte; quiero ayudarte. Sólo quiero ayudarte.
Draco sacudió la cabeza con vehemencia, y le dirigió a Harry una mirada asustada.
- No me envíes allí. Ellos sólo me reenviarán a Azkaban -tragó con fuerza, cogiendo la mano de Harry en tomo implorante, acercándose a él. La expresión de su rostro era por completo equivocada: una sonrisa seductora que Harry pensó que era falsa porque había visto la auténtica la noche anterior-. Por favor. Puedes hacer lo que quieras conmigo. Está bien. Pero no me envíes de nuevo allí.
Oh Dios; no era así como Harry había querido arreglar las cosas. Estaba cansado, estaba herido, y estaba completamente jodiéndolo todo. Dejó caer una mano en el otro lado de las mejillas de Draco y miró sus ojos, sintiendo su propio corazón latiendo con fuerza.
- Draco... no lo pillas. No es lo que yo quiera. Es lo que tú quieras. Si quieres quedarte, entonces te quedas. Estoy intentándolo lo mejor que puedo... no sé qué demonios estoy haciendo. Sólo quería proveerte de un lugar seguro donde pudieras poner en orden tu cabeza, ¿sabes? Pero todo depende de ti. Tienes que decidir en qué bando quieres estar.
Lentamente, el pánico en el rostro de Draco empezó a desvanecerse, y Harry pudo ver la vulnerabilidad de nuevo, el dolor. Dejó escapar su rostro pero mantuvo una mano en el hombro de Draco, con la intención de mantenerlo allí si intentaba correr de nuevo.
- No te entiendo -dijo Draco en un débil tono de voz carente de emociones-. No entiendo por qué quieres ayudarme.
Harry no estaba seguro de la razón original que había tenido, ninguna que no fuera el deseo de hacer algo bueno. Pero sabía la razón ahora. Y sabía que no estaba preparado para revelársela a Draco.
- No pretendía estar todo el día fuera. Pero me llevó un tiempo hacer las cosas que necesitaba -con suerte serviría como disculpa, si su ausencia había molestado a Draco. Pero aún tenía unas cuantas preguntas propias-. ¿Por qué me robaste la varita esta mañana? ¿Por qué rebuscar en mis recuerdos?
Draco se sonrojó con embarazo.
- Quería resolver mis preguntas. Por qué estabas ayudando. Qué pensabas acerca de ciertas cosas.
- Podías haberme preguntado, ya sabes -Harry no podía evitar la ira en su voz. Después de todo lo que Snape había hecho, realmente odiaba ese hechizo. No ayudaba que Draco lo hubiera aprendido de un mortífago-. No lo hagas de nuevo.
Eso recibió un asentimiento. Y un suspiro.
- Sólo quiero vivir una vida normal -susurró Draco, pasando débilmente su mano por su pelo.
¿Por qué eso despertó en Harry nuevas ganas de besarle?
- Puedo entenderlo. Créeme, puedo -las cosas parecían estar arreglándose finalmente, así que quitó su mano del hombro de Draco. Hermione iba a recibir un montón de cartas pidiéndole consejo, pensó Harry.
- ¿Dónde vas ahora? -Draco estaba ocupando secándose los ojos, recobrando su compostura. Todavía parecía tan vulnerable que le dolió a Harry.
- A la cocina. Kreacher debería estar trabajando en la cena ahora, pero sólo es un elfo, y es una casa un tanto grande, así que intento ayudarlo cuando puedo. ¿Quieres ayudar? -Si Draco quería hacer cosas, a Harry se le ocurría una lista completa. No serían cosas que Draco disfrutara, sin embargo. El jardín en particular era un desastre.
Draco parecía estar considerándolo. Con un lento asentimiento, se puso a su lado para que Harry le llevara.
- Yo también puedo.
Harry podía sentir la mirada de Draco en él mientras empezaba a recorrer el pasillo, a las escaleras que llevaban al nivel del suelo con la sala de estar, el comedor y la gran cocina. No se sorprendió cuando Draco habló.
- Tengo una pregunta más.
- ¿Sí? -Harry no estaba seguro de querer oírla. Tenía un extraño sentimiento de saber de qué se trataba.
- ¿Por qué me besaste? La verdad, por favor.
Una cuchillada de pánico recorrió a Harry. Le estaba resultando más duro esconder el hecho de que Draco le afectaba, y no sólo físicamente. ¿Pero qué pensaría Draco si lo llegaba a saber?
- Te besé porque sabía que te callarías. Y porque quería besarte -sintió el sonrojo empezar en sus mejillas y extenderse a la parte trasera de su cuello-. Te deseo. No en la manera en la que lo hacían esos bastardos en Azkaban... no a la fuerza. Y no contra tu voluntad -ahí. Lo había dicho. Hermione estaría orgullosa.
- Interesante -fue todo lo que dijo Draco. Harry no estaba seguro de si era algo bueno o malo.
Pero la pequeña sonrisa que se mantuvo en el rostro de Draco mientras silenciosamente trabajaban juntos cortando vegetales siguiendo las órdenes de Kreacher le hizo pensar que quizás había sido una buena decisión.
Su mayor miedo había sido que Harry encontrara que lo que habían hecho era horrendo, que se hubiera sentido disgustado con Draco y hubiera estado evitándole todo el día. Por qué debería importarle lo que Harry pensara, no estaba seguro. Pero así era. Más y más, se daba cuenta de que necesitaba a Harry. Era una necesidad a la que había que acostumbrarse.
Después de la cena, sin embargo, vino la inevitable parte de la cama. Harry le dijo buenas noches con una pequeña sonrisa que hizo que el estómago de Draco diera un vuelto, y se dirigió a su habitación, dejando a Draco y una cama vacía. Draco se puso el pijama y se tumbó, pero sabía que el sueño estaba muy lejos, y las pesadillas mucho más cerca. Se sentía seguro con Harry. Era un pensamiento vergonzoso, pero real. A pesar de su pasado, Harry se había convertido en su protector. Protector de la muerte, protector de prisiones y hospitales, y ahora también el de sus sueños. Más que nada, sólo quería caer dormido envuelto en ese estrecho abrazo.
Draco estaba tan cansado de estar asustado.
Se revolvió y dio la vuelta, intentando relajarse y cerrar los ojos, pero cada vez que lo hacía veía el rostro de Pucey, o Goyle, o Warrington. O Voldemort. Era como si todavía pudiera sentir ese espíritu malvado en la casa, observándole. Esperando.
- Bien, esto es estúpido -dijo finalmente hacia las sombras de su habitación. Incapaz de dormir en su propia cama, solo. En qué clase de debilucho se había convertido.
De nuevo, se preguntó si Harry estaba mejor.
Finalmente, con un gruñido, Draco salió de la cama. Sólo había un lugar al que quería ir en ese momento, y si a Harry le importaba, bueno, era culpa suya. Había llevado a Draco allí. Cogió su almohada (porque le gustaba más) y entró en la habitación de Harry, sin molestarse en tocar a la puerta a la vez que entraba, tirando la almohada en la cama cerca de la cabeza de Harry y trepando entre las mantas. Sintió que Harry se quedaba rígido de la sorpresa.
- No puedo dormir -dijo Draco impaciente-. Así que apártate a un lado.
Harry le miró en blanco durante un momento, y después se movió, poniéndose cómodo de nuevo, girándose hacia el otro lado. Draco frunció el ceño ante la espalda de Harry. No era exactamente lo que tenía en mente. Se acercó.
- ¿Estabas durmiendo?
- Lo intentaba -dijo Harry, y no sonaba molesto, afortunadamente. Sonaba confuso. Se lo merecía, pensó Draco, porque previamente había sido Harry quien le había confundido a él.
Draco no estaba seguro de si debía seguirle, así que se quedó quieto durante unos momentos. Las sábanas olían a Harry, y encontró que le gustaba ese olor. Deseaba que Harry se girara para encararle.
- Tengo otra pregunta -dijo a Harry. Éste se giró y le miró, bizqueando, porque no llevaba puestas las gafas. Su piel parecía de plata a la luz de la luna. Tenía buen aspecto sin gafas, decidió Draco-. ¿Puedes verme?
Harry parpadeó.
- Muy borroso. Puedo ver tu pelo, pero el rostro... no realmente -se incorporó hacia la mesilla de noche para alcanzar sus gafas y ponérselas-. ¿Por qué?
- Sólo me lo preguntaba. No era mi pregunta -dijo Draco encogiéndose de hombros. Quería que Harry fuera capaz de verle, estirado a su lado. Vanidad, quizás-. ¿No hay otras formas de corregir el problema? Me parece que es una deficiencia un tanto peligrosa.
Fue el turno de Harry para encogerse de hombros.
- Los Dursley jamás se habrían gastado el dinero. ¿Hay formas mágicas de corregir la visión?
Draco puso los ojos en blanco. ¿No acababa de preguntar él eso mismo?
- No lo sé. Deberías investigar, sin embargo. Pareces menos... -Oh, ¿cómo decirlo delicadamente?-. Mejoraría tu aspecto externo. La gente podría ver esos ojos verdes tan llamativos.
Una fina línea se formó entre las cejas de Harry. Parecía perplejo, decidió Draco.
- Supongo que debería decir gracias -hizo ademán de girarse de nuevo. Draco puso una mano en su brazo.
- Todavía tengo que hacerte la pregunta. Me dijiste por qué me besaste antes. ¿Por qué paraste? -Otra pregunta podría ser por qué Harry seguía intentando darse la vuelta, pero Draco pensó que era mejor empezar con el beso.
Harry miró abajo, Draco estaba casi seguro de que estaba colorado, aunque era difícil asegurarlo con la escasa luz.
- Porque... porque pensé que te asustaría de nuevo.
Y era interesante que el beso no hubiera conllevado nada negativo para Draco.
- ¿Qué hay de la noche anterior? ¿Qué pensabas de eso? -Draco se acercó más. Debía estar mejorando, pasados los horrores de la prisión. Quería que Harry se lo follara. No porque pensara que estaba preparado para ello, pero... el deseo era bueno. Sólo ser capaz de desearlo de nuevo era un progreso.
- ¿Qué piensas que yo pensaba? No te paré, precisamente, ¿no?-. Harry empezaba a sonar frustrado, que era precisamente lo que Draco sentía. ¿Es que el imbécil no pillaba ni una pista?
No había nada que pudiera hacer, salvo hacerlo, intuyó- Así que puso una mano en la parte trasera del cuello de Harry y se adelantó para besarle. Ya se daría cuenta de si le asustaba o no. Draco tenía el presentimiento de que no lo haría.
Harry emitió un sonido de sorpresa, moviéndose en la cama para pasar un brazo alrededor de Draco, empujándole más cerca. Su boca estaba abierta y le daba la bienvenida. Draco entró en ella, queriendo probar lo que apenas había saboreado antes. Succionó la lengua de Harry, sintiendo cómo se excitaba. Esa parte era buena. Pero las manos de Harry sobre él, intentando explorar... esa parte no lo era; le traía demasiados recuerdos de la celda, otras manos en él, empujándole, lastimándole. Se echó hacia atrás ligeramente.
- Las manos en tus costados, Potter. No puedo... -sacudió la cabeza. Definitivamente deseaba a Harry. Pero aún necesitaba el control total-. Es mejor que yo mande. No me siento... ya sabes- y realmente deseaba desesperadamente que Harry lo supiera, y que no tuviera que explicarlo.
Aparentemente Harry lo hizo, porque asintió y puso las manos en sus costados, mirando a Draco como si fuera un trozo de comida esperando ser saboreado... o quizá era Harry la comida. En cualquier modo, apagada la alarma que había sonado en la cabeza de Draco, éste asintió, sonriendo, y se montó a horcajadas sobre el cuerpo de Harry. Primero lo primero; estaban demasiado vestidos para lo que era satisfactorio. Draco se deshizo de la camiseta del pijama pasándola sobre su cabeza, entonces se ocupó también de la de Harry mientras le miraba hambriento. Se había dado cuenta antes de lo musculoso que Harry se había vuelto durante su año de exilio, ahora era el turno de acariciar los músculos, sentir la pálida piel, dejar su pulgar sobre un pezón. Harry tragó aire, mirándole con fascinación.
Se estaban moviendo más allá del territorio de un simple trabajo manual. La excitación corría por las venas de Draco mientras se echaba hacia delante y delicadamente acariciaba con sus labios el lóbulo de la oreja de Harry, después su cuello, encontrando un suculento lugar para morder y succionar. Se sintió complacido por el escalofrío que recorrió el cuerpo de Harry y la pequeña inspiración que le dijo que estaba teniendo éxito en hacerse que se desmoronara el ojito derecho del mundo mágico. Mordió, y rió mientras Harry gruñía. Las manos de Harry estaban cerradas, presionadas sobre la cama para impedir que se movieran.
Draco lamió casualmente el sitio que había mordido, y se movió más abajo.
- ¿Qué... estás haciendo? -preguntó Harry en un susurro sin aire mientras Draco encontraba un pezón rosado con el que jugar con su lengua, succionándolo ligeramente.
- ¿Qué? ¿Nadie te ha hecho esto antes? -Draco sonaba divertido cuando Harry sacudió su cabeza. Harry, el niño maravilla, aparentemente era el más inocente. Se movió al otro pezón para jugar con él con la misma atención, tomándose su tiempo. El pecho de Harry se movía pesadamente mientras tragaba aire, las manos dirigiéndose a un pronunciado bulto en los pantalones de su pijama. Draco se las echó atrás.
- ¿En tus costados, recuerdas?
Harry volvió a cerrar los puños, pero obedientemente las retiró a los costados, tumbado sobre la espalda. Pobre, pensó Draco con diversión. No está acostumbrado a obedecer órdenes.
Draco lamió con su lengua el pezón una vez más para hacerlo bien, y Harry dejó escapar un largo gemido bajo que envió una deliciosa oleada de lujuria a través de él.
- No tuve mucho tiempo... luchando contra Quien Tú Sabes -dijo en un intento de explicación, su voz haciendo altibajos mientras Draco rozaba con su mejilla el estómago de Harry. Las manos de Draco estaban ocupadas desabotonando el pantalón del pijama de Harry para liberar una erección obviamente desesperada de atención. Draco cerró sus manos sobre ella, apretándola mientras besaba el camino que bajaba hacia su destino. Los músculos del estómago de Harry se tensaron.
El pequeño intento de excusa de Harry requería una réplica.
- Siempre pudiste buscar tiempo. Pienso que simplemente careciste de un compañero digno -como él mismo, por supuesto. Draco se levantó sobre los codos y plantó un delicado beso en la cabeza del pene de Harry, dirigiéndole una malvada sonrisa. Harry parecía a punto de desmayarse.
Con esa imagen, Draco bajó la cabeza y arremolinó la lengua alrededor de la cabeza, metiéndose el pene en la boca, intentando demostrarle a Harry lo mucho que él había deseado esto. Al menos era su intención. Después de unos segundos, sin embargo, se encontró con que su garganta se cerraba con unas inesperadas arcadas reflejas, y su estómago se revolvía de pánico. ¡Era el maldito Harry, no Pucey! quiso decir a su cuerpo. Pero su cuerpo no parecía querer escucharle. Tuvo que pararse y sentarse de nuevo, sintiendo escalofríos. Gruñó, hirviendo de rabia, cerca de las lágrimas. ¡No iba a dejar que aquella cosa le controlara!
- ¿Qué pasa? -Harry se sentó también, una mano rozando suavemente la mejilla de Draco, intentando no tocarle. Draco sacudió la cabeza. Parpadeó alejando las lágrimas.
- Nada. Sólo no puedo... -sacudió la cabeza de nuevo con frustración. ¡Maldita sea! Golpeó con los puños en la cama-. Ellos me hicieron... -sacudió la mano. Harry debía ser capaz de captar la idea. Lo que le hicieron hacer.
- No tienes que hacer nada, está bien -Harry intentaba calmarlo acariciándole los brazos, pero Draco no quería que sus brazos fueran acariciados. Quería tener sexo salvaje, ahora. No entraba en sus planes estar jodido de esa forma.
- ¡No está bien! Y tengo que hacerlo. No voy a dejarlo. ¡Ahora túmbate! -Draco dio un paso al frente empujando la espalda de Harry contra las sábanas y manteniéndole ahí con su cuerpo. Oh, eso se sentía bien.
La piel contra la piel en la parte superior de su cuerpo, pero Draco aún tenía su propia ropa ahí abajo. Se deshizo de ella y volvió a tumbarse sobre Harry. Mucho mejor. Sintió que Harry también se relajaba, abriendo las piernas para permitir más contacto, observándole. Se frotó contra Harry, dejando que sus penes se rozaran el uno contra el otro, rozando fuertemente sus erecciones. Sí. Más de eso.
Así que no podía utilizar su boca en Harry aún. Bien, vale. Todavía podía follarse a Harry, y es lo que iba a hacer.
- Tu varita, Harry, necesito que me la dejes -Draco dio un pequeño empujón con sus caderas para puntualizar su petición. Harry dio un respingo.
- ¿Por qué? -Harry se retorcía bajo Draco, sus propias caderas intentando responderle, intentando rozarse contra el cuerpo de Draco. Draco agarró fuertemente a Harry para que parara. Tenía que concentrarse un momento.
- A no ser que quieras levantarte y traer el lubricante tú mismo. Te la devolveré, lo juro -Draco se apartó de Harry lo suficiente para que éste pudiera alcanzar la mesilla de noche. Tomando la varita, Draco la sacudió una vez-. ¡Accio lubricante! -la botella llegó proveniente de su habitación y la cogió, devolviéndole a Harry su varita.
Harry volvió a guardar la varita, sin apartar los ojos de la botella mientras Draco extendía un poco del resbaladizo fluido entre sus dedos.
- Me parece que... ¿tú estarás encima? -Había cierta reticencia, un toque de miedo en su voz que hizo que Draco se detuviera y le mirara.
- Oh, no me digas que eres virgen.
- ¿Hum? -El sonrojo de Harry fue suficiente respuesta. Eso y su expresión de ligero pánico-. ¿Dolerá? Siempre imaginé, ya sabes, ser sería el que estaría encima.
Se lo figuraba, pensó Draco dando mentalmente un suspiro. Aún así Harry parecía haberse tomado el rol de ser el que estaba debajo bastante bien.
- Puede, si se hace contra tu voluntad o estás tenso. Así que relájate. Confía en mí. Haré que sea bueno -Draco bajó la mano y apartó las piernas de Harry, los dedos rozando sus testículos, dejando que un dedo rozara la piel de su entrada. Las pestañas de Harry aletearon. Dio un profundo suspiro.
- Vale -Harry tragó, su cuerpo relajándose un poco más, las rodillas y las piernas separándose para dejar que Draco tuviera acceso.
Brillante, pensó Draco. Dirigió a Harry otra sonrisa, antes de moverse para arrodillarse entre sus piernas. Usó sus pulgares para separar las nalgas más, exponiendo la entrada de Harry, sin tocarle allí, pero dejándole sentir la anticipación. Dejándole pensar en ello. Una cosa que podía hacer definitivamente era borrar cualquier miedo que Harry tuviera, algo que afortunadamente Pucey nunca le había ordenado que hiciera. Moviéndose para tumbarse sobre su estómago, Draco se acercó para trazar el contorno del agujero de Harry con su lengua.
- Oh, Dios -dijo Harry, maravillado. Draco sonrió.
El siguiente lengüetazo fue con la parte recta de la lengua, presionando contra la piel, humedeciendo el área. Las piernas de Harry temblaban con el esfuerzo de mantenerse quietas y un más interesante sonido escapó de sus labios, pero Draco no se paró, presionando adelante, dejando que su lengua penetrara Harry. Una vez que hubo conseguido entrar, empezó a lamer el área, entrando más profundamente, una sarta de palabras escapando de la boca de Harry, "Ohdiosohdiosoh... ¡Dios!".
Desafortunadamente Draco no podía alcanzar tan lejos como para poner una mano sobre la boca de Harry y parar su incesante parloteo, pero probablemente le callaría de otras formas. Separó un dedo pegajoso y lo introdujo dentro, incluso mientras lamía el área alrededor. Harry dejó salir un gemido bajo, sus manos cerrándose sobre las sábanas. Draco levantó la cabeza un momento para mirarle.
- Ahora, ¿duele de verdad?
Harry sacudió la cabeza.
- No pares -suplicó, mirando hacia Draco. Sus gafas estaban ligeramente empañadas y había una luz hambrienta en sus ojos.
Draco sonrió y usó su lengua un poco más, trabajando al mismo tiempo que su dedo embestía a Harry, forzándole a abrirse más. Echó atrás la cabeza y sacó un poco más de lubricante, trabajando con un segundo dedo, hasta donde podía doblar los dedos y frotarlos contra el pequeño saliente de carne, lo que haría a Harry desearlo aún más. Harry gruñó en voz alta. Draco sacó sus dedos con lentitud, y los metió de nuevo, agradecido cuando se ganó otro gruñido.
- Confío en que estás preparado, ¿entonces?
- Oh sí -confirmó Harry, asintiendo. Se sentía como borracho. Draco pensó que parecería aún más adorable por la mañana, cuando lo hubiera pervertido a fondo. Levantó su pene, acariciándose un poco, disfrutando de la vista de Harry tumbado abierto y preparado y deseándole. Nunca había pensado que aquello pudiera pasar. Suficiente espera, decidió Draco. Agachándose sobre Harry, rozó con la punta su resbaladiza entrada y empezó a empujar dentro, echándose hacia adelante para besar a Harry, para ayudarle a distraerse.
Harry le agarró, olvidando la orden de mantener las manos a sus costados, pero Draco podía perdonarle dado que era su primera vez. Lamió el labio superior de Harry mientras esperaba a que remitiera la tensión inicial, introduciéndose otra pulgada, complacido cuando Harry jadeó al sentirlo. Draco mordisqueó la apretada mandíbula de Harry y simplemente le alivió poco a poco. Hasta que sintió a Harry relajarse alrededor de él. Apretado, caliente y absolutamente brillante. Draco dejó escapar un gruñido él mismo.
- Dios, había olvidado esto.
- ¿Quién...? -empezó a preguntar Harry, pero cortó su pregunta con un jadeo cuando Draco casi se salió, y entonces se deslizó de nuevo, rozando ese sitio tan agradable-. Oh, eso está bien.
- Por supuesto que lo está -replicó Draco. Lamió un camino hasta la garganta de Harry-. Y fue Blaise, por supuesto. Aunque la mayor parte del tiempo él estaba encima -había asentado un buen ritmo, sintiendo los músculos del interior de Harry masajear su pene con cada embestida. Agarró las caderas de Harry para tener más control. El tiempo de las conversaciones había acabado.
Harry pareció entenderlo, o simplemente se quedó sin palabras, besando cualquier parte de Draco que estuviera cerca de sus labios, lo que de momento era un lado de su cabeza. Draco se movió hacia su boca, besándole sin aliento entre cada embestida, la cama sacudiéndose con sus movimientos. Oh, Bellatrix, si estás viendo esto... disfruta. Pensó Draco con cierto placer salvaje. Quizá debería bautizar cada lugar de la casa de esta forma.
- Draco... necesito... -empezó Harry y finalmente movió su mano hacia su propio pene, acariciándose a sí mismo, lo que estaba bien porque Draco estaba algo ocupado sujetándose a sí mismo y empujando con sus caderas fuertemente dentro de Harry, el ritmo incrementándose, el placer incrementándose. Ambos estaban cerca. Gruñó y mordió la garganta de Harry y Harry gritó, el semen salpicando entre ellos dos, cogiendo a Draco por sorpresa. Con un gruñido, Draco embistió profundamente y sólo el pensamiento de que era la primera vez de Harry le deshizo. Se corrió con fuerza, estremeciéndose, los labios presionados contra la piel de Harry.
Permanecieron tumbados juntos por un momento, respirando fuertemente, sin hablar. Punzadas de placer aún recorrían a Draco, y sospechaba que lo mismo le ocurría a Harry, por los pequeños espasmos en los músculos de su culo. Lentamente, Draco se salió. No se molestó en esperar a Harry esta vez, sino que cogió su varita y convocó un encantamiento limpiador para ambos. Entonces devolvió la varita a su cajón.
No fue sorprendente que Harry hablara primero.
- ¿Te sientes... cómodo, usando mi varita?
Draco luchó contra la urgencia de reírse. Era una pregunta muy rara.
- No lo sé. La siento como la mía, supongo.
Harry permaneció en silencio y Draco se preguntó qué pensaba.
- La tuya era muy cómoda cuando yo la estaba usando.
Draco tenía el sentimiento de que había algo subliminal que no captaba del todo.
- Eso es bueno. ¿Alguna vez la recuperaré? -No pudo evitar que el sarcasmo impregnara ligeramente su voz.
Con un lento y cuidadoso movimiento, Harry apartó uno de los mechones de Draco de sus ojos. Fue casi una caricia.
- Quizá. Si siento que puedo confiar en ti.
La extraña calidez estaba de vuelta en el estómago de Draco. Se apartó de Harry, acurrucándose a su lado para poder usar su propia almohada de nuevo.
- No es como si fuera a trabajar para algún mago oscuro en un futuro próximo. Creo que he aprendido la lección -después de todo, ser un Slytherin tenía mucho que ver con promover tu propio poder, no el de otra persona que pudiera destruirte.
- Cierto -concedió Harry. Bostezó-. Cansado. Mañana, tenemos que hablar -estaba tumbado a su lado, encarando a Draco. Draco sintió la urgencia de abrazar a Harry, de dejar caer su cabeza contra el pecho desnudo. Se acomodó para rodear a Harry, tomando su mano para deliberadamente colocarla en su propia cintura. Harry se movió para tener a Draco más cerca, para que pudiera sentir la respiración de Harry sólo rozando su piel. Era una buena sensación.
Draco bostezó a su vez.
- De acuerdo -no quería pensar en seguir hablando. Quería dormir.
Poco después, lo hizo.
Harry se despertó cuando los primeros rayos de sol golpearon su rostro a través de una pequeña abertura en las cortinas. Se sentía bien, descansado, y desnudo. Desnudo, y no a solas, con el cuerpo presionado contra él, o el brazo sobre su pecho. Draco. De nuevo.¿Qué significa esto? Harry se preguntó a sí mismo, mirando a la borrosa imagen de la cara de Draco, sus rasgos afilados hundidos en las suaves y mullidas formas de la cama. ¿Por qué Draco había insistido en el sexo, al igual que en ese arreglo para dormir, cuando el primer día había parecido tan cortado? Podía sentir el pecho de Draco subir y bajar contra su lado, respirando lenta y profundamente. Le tomó una gran dosis de agilidad alcanzar sus gafas en la mesilla de noche. Sí, Draco tenía razón. Si iban a despertar así cada mañana, que le arreglaran sus ojos parecía una buena idea. Quería ser capaz de ver más que una mancha borrosa.
No se sorprendió cuando el movimiento causó que Draco se revolviera un poco, el brazo moviéndose por debajo del estómago de Harry hasta sus caderas, los dedos rozándose contra el pene de Harry. Harry se mordió el labio, intentando mantenerse en silencio; ya estaba medio excitado como era habitual por las mañanas, y los toques casuales no hacían más que endurecer su erección. Recuerdos de la noche anterior llenaron su mente y se retorció un poco, el calor creciendo dentro de él. Su culo estaba un poco irritado. Fue sorprendente descubrir que lo disfrutaba.
Draco se movió de nuevo, los dedos cerrándose, la mano estrechándose alrededor de Harry, y ésta vez no pudo evitar un gemido suave. Realmente intentaba ser bueno, pero cuanto más tiempo pasaban juntos, más difícil parecía. A pesar del sexo de la noche anterior, deseaba a Draco, con una ferocidad que casi asustaba. Nunca se había sentido de esta forma, esta necesidad sexual instantánea, con nadie antes. No eran sólo unas pocas mariposas en el estómago como había ocurrido con Cedric. Era un enjambre entero.
Cuando miró de nuevo el rostro de Draco, se encontró con que éste estaba despierto, parpadeando soñoliento, y el movimiento de su mano ya no era errático, acariciando la piel que estaba justo al lado de la erección de Harry. Había una pequeña y pensativa sonrisa en el rostro de Draco. Parecía pacífico, probablemente la primera vez que Harry le veía así.
- Buenos días -dijo Harry suavemente, asustado de romper ese momento de paz entre ellos. Esperaba que Draco no intentara robar su varita de nuevo. O huir.
Afortunadamente, Draco no parecía inclinado a hacer algo por el momento. Sólo miró a Harry, dejando que su mirada vagara por su cuerpo, sólo medio cubierto por las mantas.
- Buenos días -dijo Draco en un tono bajo que hizo que las venas de Harry vibraran. Movió su mano, y muy deliberadamente rozó con sus dedos la erección de Harry. Dejó escapar el aliento en un resoplido. ¿Podía desearlo... de nuevo?
Harry intentó moverse, por alguna razón no estaba seguro. Sólo que cuanto más le hacía Draco, más fuerte tiraban de su corazón los sentimientos que había entre ellos. No estaba seguro de que estuviera preparado para que las cosas se pusieran tan intensas. Pero mientras intentaba alejarse, las manos de Draco se cerraron deprisa alrededor del hueco, y Harry se quedó quieto. No podía escapar mientras Draco le tenía entre las manos. Con voz temblorosa, Harry preguntó:
- ¿Por qué me tocas?
Draco gruñó, divertido.
- Porque me gusta. No es como si tuviera muchas tareas que hacer hoy. Qué, ¿tienes que ir a hacer más recados? -Apretó los testículos de Harry. Más calor surgió a través de él.
Harry tenía que admitir que Draco tenía razón. Su única tarea del día era hablar con Draco. Cuanto más cómodo hiciera sentir a Draco, mejor. Y demonios, quería más. No estaba seguro de cuánto le dejaría hacer Draco.
- Quiero... -Harry tragó con fuerza, las mejillas ardiendo. Si no lo admitía ahora, nunca lo haría-. Quiero chupártela.
El color de los ojos de Draco se oscureció de forma dramática, y miró a Harry con creciente interés.
- ¿De verdad? -dijo arrastrando las palabras, empezando a masturbar a Harry lentamente, deslizándose más cerca-. Creo que podemos arreglar eso -entonces estaba encima de Harry, la mano atrapada entre ellos, y besando su boca, obligándole a abrirla, los dientes rozando su labio inferior. Harry gruñó sin vergüenza.
Draco rompió el beso, mirando a Harry con un calor que parecía hacer brillar sus ojos.
- Tengo una idea. Quédate... me daré la vuelta -bajó las sábanas a los pies de Harry, y se tumbó a su lado con sus pies en la almohada y su cabeza abajo junto al estómago de Harry. Harry se dio cuenta de sus intenciones.
- ¿Está bien? La pasada noche dijiste que no podías... -Harry había pillado que alguien en Azkaban, Pucey quizás, había forzado a Draco a hacerle sexo oral. Había pensado que era algo que podía hacerle a Draco y que podía disfrutar sin tener que luchar contra sus malvados flashbacks. Pero aparentemente Draco tenía otras ideas.
- Lo sé -dijo Draco impacientemente, alcanzando para acariciar a Harry de nuevo, sujetando su pene cerca de la base mientras acercaba la cabeza-. Pero esto puede funcionar... puedes distraerme -le dio a Harry una mirada significativa-. ¿Cierto?Incluso Harry no podía dejar pasar una indirecta como aquella.
- De acuerdo -dijo, la boca secándose mientras observaba la lengua rosa de Draco trazar un círculo alrededor de la cabeza de su pene. ¿Era posible desmayarse por la alta concentración de sangre en una parte del cuerpo? Posiblemente estaba a punto de descubrirlo.
Harry giró la cabeza, agachándose lo justo hasta que estuvo en posición de inspeccionar a Draco de cerca. Nunca había mirado a nadie tan cerca antes. Rizos de un rubio blanquecino, cuadraban con el pelo de la cabeza de Draco, largo pene en reposo... se estiró y echó atrás el prepucio, revelando la cabeza. Draco aún no estaba completamente duro, pero eso estaba cambiando. Fascinado, Harry la sacudió, observando la cabeza desaparecer en el tronco una y otra vez. ¿Era raro que pensara que esta parte era tan sexy como el resto de Draco?
Finalmente acercó la cabeza, decidió lamer primero la forma, un poco nervioso acerca de cómo sabría... pero sabía de la misma forma que cualquier otra parte de Draco. Como chupar su dedo, decidió Harry, y empezó a lamer más arriba, hacia la cabeza. Vale, probablemente no exactamente, no cuando Draco empezaba a humedecerse. Pero de hecho encontró el sabor muy bueno. Lentamente, empezó a introducirse la cabeza entera en su boca, chupando suavemente. Un gruñido desde el otro lado le hizo saber que Draco estaba disfrutando sus exploraciones.
Mientras Harry tentativamente empezaba a trabajar con Draco, Draco había estado sacudiendo el pene de Harry, sin boca, pero eso no le sorprendió. Ya había aceptado que por su parte sería probablemente algo más que un trabajo manual. Así que le sorprendió cuando de repente Draco se lo metió profundamente en la boca, su caliente lengua masajeando la parte inferior, los músculos de la garganta cerrándose estrechamente alrededor de él. Harry aspiró y dejó escapar un silbido.
- Dios... ¿intentas matarme?
Draco le dejó salir con un pop.
- Intento demostrarte unas cuantas cosas, Labios Suaves. Así que calla y aprende -había una nota de humor en la voz de Draco, y ternura por la manera que puso sus labios alrededor de su pene que suavizó el aguijón de las palabras. Bien, pensó Harry. Eso tenía sentido, dado que no sabía lo que estaba haciendo.
Intentó meterse más del miembro de Draco en su boca y garganta abajo, pero no podía siquiera acercarse a lo profundo que lo hacía Draco... y realmente era una gran distracción, tenía que decir. Se sentía tan bien que estaba tentado de simplemente pararse y regodearse en ello... pero quería complacer a Draco a cambio. No una razón real para hacerlo, excepto que estaba empezando a molestarle sólo quedarse tumbado y experimentar todos los placeres que Draco le suministraba, sin una oportunidad de tocarle a cambio. Bien, ahora le dejaban. No quería estropearlo.
Se convirtió casi en una competición entre ellos, Draco le demostró algunos nuevos trucos que le enviaron punzadas de placer que casi eran dolorosas a través de Harry, y entonces Harry intentaba imitar las cosas, haciendo a Draco apartarse por un momento, gruñendo. Por parte de Harry casi estaba constantemente gimiendo alrededor de la gruesa longitud en su boca, intentando mantener sus labios quietos. No podía evitar que se movieran sus manos, sin embargo, especialmente cuando Draco ligeramente le arañó con sus dientes. Harry arañó la espalda de Draco. Las caderas de Draco embistieron, y Harry casi se rió. Bien, esa era una forma de profundizarlo, concedió.
Draco empezó a asentar un ritmo, la cabeza moviéndose en el pene de Harry, tomándole en su boca una y otra vez, mientras trabajaba la base con su mano, y Harry sabía que estaba precariamente cerca.
- Espera... no quiero terminar... -advirtió a Draco, y se sintió aliviado cuando Draco paró, aunque por su respiración, él tampoco andaba muy lejos.
Harry empezó a chuparle con ansia, queriendo sentir que Draco se deshacía por él, queriendo ser la causa de ello. Aun no entendía el motivo de la repentina prisa de Draco por olvidar sus experiencias, pero no podía negar que era más que un compañero deseoso. Usó su mano para ayudar, al igual que Draco había hecho con él, sintiendo los escalofríos recorrer el cuerpo de Draco, sin parar incluso cuando su lengua empezó a molestarle. Sólo pasaron unos momentos hasta que se vio recompensado con chorros de semen golpeando la parte trasera de su garganta, que se tragó sin pensar. No puedo creer que realmente esté haciendo esto, pensó, manteniendo a Draco en su boca mientras las últimas convulsiones pasaron, y sólo entonces le liberó, lamiéndose los labios. Salado. Y dulce al mismo tiempo. No tan malo como había pensado.
Draco dejó escapar un largo suspiro, relajándose contra Harry, y su mano empezó a trabajarle de nuevo. Sin la distracción de la boca de Harry en él, Harry se preguntó si serían sólo manos, pero Draco le sorprendió al momento siguiente, su boca cerrándose rápidamente alrededor de su polla, la dulce succión y el calor y de repente los dedos de sus pies se curvaban, y el placer corriendo a través de él. Chupó más intensamente y rápido, bombeando con sus dedos arriba y abajo, y como una bestia, le llegó el orgasmo de Harry, arrancando un grito de sus labios, haciéndole retorcerse mientras llenaba la boca de Draco. Sus ojos se quedaron en blanco un momento mientras se tumbaba jadeando.
- Dulce Merlín -dijo Harry. Draco tenía mucho talento.
Hubo una risa proveniente de Draco, y entonces gateó hacia el otro lado de Harry, desplazándose a su lado con el brazo casualmente colocado alrededor de su cintura. Antes de que Harry pudiera siquiera mirarle, Draco le estaba besando, caliente y pesado, ya lengua introduciéndose e imitando lo que había hecho la noche anterior. Harry gruñó. Podía acostumbrarse fácilmente a esto.
Finalmente Draco rompió el beso, mirando a Harry. Harry le miró, y casi olvidó respirar. La luz del sol golpeaba la parte trasera de la cabeza de Draco, creando un halo alrededor de él. Parecía... precioso. No había otra palabra para él. Y Harry se preguntó qué tendría que pagar por dejar las cosas llegar tan lejos tan rápido. Para Draco, probablemente era un conveniente dolor en el trasero, un medio para llegar al fin. Nada más. Tragó, negándose a sentir dolor, aunque quemaba en el fondo de su garganta, en su pecho. Estúpido querer algo tan imposible como esto.
- ¿Qué? -preguntó Draco irritantemente, y la expresión que tenía en el rostro, esa bonita abierta vulnerabilidad, se cerró de nuevo y se convirtió en el habitual ceño fruncido-. ¿Por qué me miras de esa forma?
- Nada -Harry dijo inmediatamente, sonrojándose, preguntándose qué clase de expresión tendría en su rostro. Adoración, quizá. Lo que fuera, obviamente había despertado la naturaleza sospechosa de Draco. Pasó una mano a través de su pelo; ahora debía parecer asustado-. Creo que deberíamos hablar acerca de esto-. Lo que realmente quería decir es "¿Sientes algo por mí?". Por supuesto, no iba a correr ese riesgo. Las cosas ya eran lo suficientemente frágiles entre ellos.- ¿Qué vamos a hacer hoy? -Draco se estiró lánguido, mirando la habitación-. Estoy sediento. Llama a Kreacher.
¿Mientras estaban ambos desnudos en la cama? Pero Harry se preguntaba si los elfos domésticos podían verlo todo. Cogió las sábanas para al menos cubrirse a sí mismo, ignorando cómo Draco ponía los ojos en blanco, y llamó a Kreacher, pidiéndole agua. Kreacher asintió, sin mirarles siquiera, y se desvaneció con un pop. Harry se sentó, alcanzando la camiseta del pijama.
- Mi objetivo de hoy es que hablemos.
No se sorprendió cuando Draco se sentó también, mirando al vacío.
- ¿De qué necesitamos hablar?
Una pregunta podía ser por qué el sexo era más fácil que hablar. Harry jugueteó con las sábanas.
- Bien, para empezar, siento curiosidad acerca de por qué estabas disgustado ayer... Quiero decir, entiendo que te disgustaras porque yo me fui, pero... -No podía decirle. ¿Era porque Draco le había echado de menos? ¿O simplemente había estado aburrido y resentido y nadie más estaba por allí para atender sus necesidades?- . Y siento curiosidad por tus, ya sabes, arreglos para dormir. Si esto va a ser, como... regular -extendió las manos para indicar a los dos en la cama. Dormir juntos. El sexo.
Draco se giró, el enfado oscureciendo su rostro.
- ¿Qué, no me quieres aquí, en tu cama?
Ahí estaba esa sensación de nuevo, esa de que Harry decía algo que estaba lastimando a Draco de algún modo. Harry intentó hacerla desaparecer.
- ¡No, no quiero decir eso! Lo deseo. Lo he disfrutado... quiero decir, he dormido muy bien. ¿Y tú? -le había gustado casi que demasiado.
Tenso, Draco miró la cama, considerando la pregunta de Harry. Parecía estar debatiéndose consigo mismo acerca de cómo responder y Harry aguantó la respiración. La verdad, Draco. Sólo dime la verdad.
- He dormido muy bien -no era algo elaborado, pero no lo necesitaba; esa mirada de vulnerabilidad estaba de vuelta.
Harry asintió. Se recordó a sí mismo que debía tomarse las cosas con calma, con mucha calma y gentilmente.
- ¿Querrías dormir aquí en lugar de en tu habitación?
Draco le miró con sospecha de nuevo, y Harry podía imaginar lo que estaba pensando. Se preguntaba si había alguna trampa en las palabras de Harry, alguna intención peligrosa.
- No lo sé. Quizá. No estoy seguro. ¿Por qué lo preguntas?
Harry se encogió de hombros.
- Sólo saber lo que esperar, eso es todo. No tienes que hacerlo. Pero eres bienvenido si quieres -Ahí; lo dejaba abierto, abierto a Draco. Allí había algo que Draco probablemente no había obtenido en la prisión. No podía hacer nada más.
Lentamente, Draco empezó a relajarse de nuevo.
- De acuerdo. Lo consideraré -se quedó mirando a Harry con una mirada calculadora, haciendo que Harry se retorciera bajo su escrutinio. Afortunadamente, Kreacher volvió con una jarra de agua fría y dos vasos. Harry alcanzó uno y Draco otro. Sus muñecas se rozaron, con una rara sensación de calidez. Harry se bebió el agua para que Draco no pudiera ver su sonrojo.
Una vez que Kreacher se hubo ido, Harry intentó retomar su línea de pensamiento. ¿De qué más tenían que hablar? Oh, bien. Las sugerencias de Hermione.
- Y sé que es difícil y que probablemente todavía no confías en mí. Pero si te ayuda, ya sabes, hablar sobre eso que pasó... no saldrá de mí, lo juro. Quiero escuchar. Probablemente ayer te llegó del vistazo a mi cabeza que mi vida no ha sido todo rayos de sol y rosas.
Draco no dijo nada, tampoco es que Harry esperara que lo hiciera. Al menos lo había dicho, lo había puesto ahí. Harry se sintió impulsado a añadir una cosa más, sin embargo.
- Vi al menos una cosa por la que pasaste, cuando Voldemort mantenía a tu familia cerca de él. Le vi matar a Burbage la noche que Snape le contó mis planes para dejar la casa antes de mi decimoséptimo cumpleaños. Vi el miedo en tus ojos. Vi su cuerpo casi tendido sobre ti. Lo que estoy diciendo, Draco, es que no hay muchas cosas que me puedas contar que me impresionen. He visto hacer a Voldemort cosas terribles.
Una mirada de conmoción pasó por el rostro de Draco, seguido de varias emociones que Harry no pudo identificar. Esperaba que el alivio hubiera pasado junto a ellas; su propósito era enseñarle a Draco que estaba seguro.
- No sabía eso -dijo Draco lentamente. Quizá le llevaría un tiempo digerirlo. Draco le dirigió a Harry una mirada pensativa-. Pensaré sobre ello. La charla y... los arreglos para dormir.
Draco se levantó y alcanzó su propio pijama del suelo.
Después de la ducha, Harry y Draco salieron fuera para trabajar un rato en el jardín. Fue sugerencia de Draco; después de todo, no había llegado a salir nunca al exterior, confinado en la arisca y desesperanzadora atmósfera de la prisión de Azkaban mientras estuvo allí, y el tiempo era claro y soleado. Harry no dejó que Draco usara una varita para ayudar a arrancar malas hierbas y podar setos, insistiendo en que utilizara sus manos. Sorprendentemente, Draco no protestó demasiado. Aparentemente, un poco de trabajo manual al aire fresco y a la luz del sol era todavía una gran mejora después de sufrir abusos en una oscura y opresiva celda.Por la tarde, Harry pasó cierto tiempo escribiendo una carta a Kingsley, haciéndole saber que Draco estaba haciendo buenos progresos. También mencionó la ayuda de Draco con la casa y el jardín. Eso debía impresionar a Kingsley, pensó Harry, porque probablemente todavía consideraba que Draco era demasiado snob como sangre pura para ni siquiera mancharse las manos. Quizá antes hubiera tenido razón. Las cosas habían cambiado.
Esa noche Draco durmió de nuevo con Harry. El sexo fue un poco más fácil la segunda vez, ahora que Harry tenía una idea de lo que esperar, pero aún no se le autorizaba a tocar a Draco. ¿Estaba mal que fantasease acerca de Draco atando las manos de Harry sobre su cabeza para hacer las cosas más fáciles? No se atrevió a mencionárselo a Draco, sin embargo, dadas sus experiencias. Pero solamente el pensamiento fue más que suficiente para que se corriera, mirando profundamente a los ojos de Draco.
Cayeron en una especie de cadencia, trabajando en varios proyectos en la casa y discutiendo las posibles estrategias que llevar al Wizengamot. Harry estaba inmerso buscando en estanterías y estanterías de libros y revistas en la sección legal de la biblioteca, donde eligió los materiales más adecuados a su caso para llevar a casa y que Draco los pudiera examinar, mientras Draco pasaba el tiempo escribiendo un detallado discurso de defensa. Harry asumió que Draco también escribía sobre sus experiencias en Azkaban, pero, desde que Draco no le comunicaba nada acerca del tema, no podía estar seguro. Mientras tanto, Harry intentó leer subrepticiamente algo sobre técnicas terapéuticas para personas que habían sufrido abusos sexuales, lo que sólo le hizo sentir ansioso y disgustado. Según los libros, Harry lo estaba haciendo todo mal. Y entonces, ¿por qué Draco parecía estar haciéndolo mejor, un día tras otro? Quizá los libros nunca se habían enfrentado antes a alguien como Draco Malfoy.
Harry sabía que necesitaba programar otro encuentro con Kingsley para llevar a cabo su plan, pero aún no estaba preparado. Las cosas estaban relativamente estables por el momento. Y cuando Draco estaba empezando a expresar interés en lo que ocurría fuera de su pequeño santuario, Harry empezó a enviar a Soot a que les trajera El Profeta. Ya hacía una semana desde que había traído a Draco a la Mansión.
Cómo Harry había sobrevivido cerca de dieciocho años sin sexo, realmente no lo sabía.
Fuera era un caluroso día de junio, las abejas zumbando en el jardín, y una opresiva humedad cubriendo la mansión, mientras Harry estaba sentado estudiando documentos de pasadas sentencias del Wizengamot, con la esperanza de extraer alguna pizca de conocimiento que les proporcionara el punto de vista necesario para ganar el caso. Draco estaba estirado perezosamente en el sofá, relajado, sujetando El Profeta en sus manos, cuando de repente se sentó, poniendo el periódico cerca de su rostro para inspeccionar una foto en la portada.
- Aquí dice que Fenrir Greyback fue visto en Hogsmeade, no muy lejos de donde están haciendo reparaciones al Castillo de Hogwarts antes del nuevo trimestre -dijo Draco, incrédulo, enseñándole a Harry una tenebrosa foto de una oscura figura agazapada detrás de la Casa de los Gritos. Draco miró con enfado el periódico, sacudiéndolo-. Es imposible. Pensaba que estaba muerto.
- Como todo el mundo -dijo Harry con lentitud, sintiendo una pequeña punzada de miedo a través de él. No sabía qué clase de negocios Greyback podía tener en Hogwarts, pero no podía ser nada bueno. Dejó a un lado su libro, moviéndose nerviosamente.
Draco captó el movimiento, o quizá fue la expresión culpable del rostro de Harry.
- Lo sabías. Sabías que estaba vivo -no era una pregunta.
Harry se pasó una mano por el pelo, levantándose lentamente, sintiendo algo en la conducta de Draco que le advirtió de que las cosas podían ponerse feas.
- Kingsley me advirtió por lechuza, el día que llegaste. Esos primeros días estuve tan ocupado... estaba reforzando la seguridad de la Mansión desde los cimientos. Ya sabes. Desde que se hizo público que fui yo quien compró el lugar... -no sentía la necesidad de decir en voz alta que probablemente sería el primer objetivo de la venganza de Greyback.
Draco se quedó de pie también, los ojos oscureciéndose.
- Lo has sabido todo este tiempo. Y aún así no pensaste en avisarme. Pudo haber venido aquí en cualquier momento. Pudo venir y atacarnos la pasada noche -había un apenas moderado calor en él, lo suficientemente caliente como para quemar a Harry. Esa profunda, ardiente ira sorprendió a Harry; nunca había visto a Draco así antes. No era el gañido lastimero de un niño arruinado. Era la ira de un adulto furioso.
- ¡Cuidé de tu protección! ¡Aún así estabas cubierto! -Harry había tenido la intención de decírselo a Draco, ésa había sido su intención. Pero simplemente nunca parecía el momento correcto. La varita formaba parte de sus dudas. Aún no había decidido si devolvérsela a Draco. Todavía intentaba decidir si confiaba lo suficiente en Draco.
- ¿Y qué pasa si burla todas esas defensas? ¿Y qué si yo estoy solo y tú te vas en una de tus pequeñas escapadas? No tengo nada para defenderme a mí mismo, Harry. No tengo varita. Tú no pareces haberte hecho a la idea de devolvérmela aún -Draco estaba mirando a Harry, y Harry sentía que él sabía lo que estaba pensando, podía ver la duda en la sombra que de repente cubrió su rostro; el miedo.
- Kreacher te defendería. Me avisaría, y yo vendría corriendo -ofreció débilmente Harry.
Draco se pasó una mano por el pelo, acariciándoselo y dirigiendo a Harry intensas miradas mientras hablaba.
- Hemos estado viviendo aquí juntos durante una semana... He estado durmiendo en tu jodida cama, ¿y aún no confías en mí? -rodeó a Harry, y no había equívoco en la expresión herida de su rostro-. ¿Qué soy para ti, Harry? ¿Alguna pequeña mascota? ¿Un experimento? ¿Tienes alguna idea de lo que se siente al estar en mi piel ahora? ¿Lo que es saber que mi propia seguridad y comodidad están en las manos de un hombre que, por encima de todos, debería odiarme? -Se paró junto a Harry y le agarró del brazo, su ojos mirándole fieramente y brillantes-. Una palabra, Harry. Una palabra y podrías enviarme de vuelta a Azkaban. No he hecho ni una sola cosa contra tí aquí; he mantenido mi palabra. Y aún me tratas como si fuera un criminal. Perdóname si no salto de alegría ante la perspectiva de tener que esperar a que vengas a rescatarme. De nuevo.
Con un gruñido disgustado, Draco le liberó y se giró. Para desasosiego de Harry, Draco empezó a subir las escaleras hacia su habitación. Oh, no. No de nuevo. No podía dejar que Draco huyera de esa forma, no sin intentar por última vez arreglar las cosas. Harry se dio prisa en bloquear el camino de Draco, agarrándole de los brazos y no dejándole ir cuando Draco intentó liberarse. La humedad se deslizaba hacia abajo, sobre las mejillas de Draco plagadas de lágrimas de enfado, lágrimas que intentaron abrir un agujero en el corazón de Harry. Draco tenía razón, Harry no le había dado la oportunidad. Y ahora podía perder todo lo que había pasado entre ellos.
- No te vayas -pidió con voz suave, abrazando a Draco, a pesar de los intentos pronunciados de Draco de liberarse a sí mismo.
Draco sacudió la cabeza lentamente, su rostro lleno de dolor, su pecho estremeciéndose con sollozos apenas ahogados. Intentó de nuevo liberarse, pero Harry le agarró aún más fuerte, silenciosamente absorbiendo su rabia, alejando sus lágrimas con su silenciosa presencia. Después de un momento Draco habló en tono bajo, medio tocado por la emoción.
- Estoy cansado de estar asustado. Me gustaría ser como tú en ocasiones. Me gustaría ser valiente.
Harry tragó con dificultad. El dolor de Draco era hoy diferente al que había sido el primer día que él le abrazó; esta vez él era la causa. Empezó a acariciar su espalda, muy gentilmente.
- Yo también me asusto. Tú lo viste, recuerda ese año en el que los dementores estuvieron en Hogwarts. Tú viste lo asustado que estuve. ¿Sabes que Dumbledore me pidió que diera mi vida? Dijo que era la única forma con la que esperaba destruir a Voldemort. Dijo que tenía que dejar que Voldemort me matara. Tuve que caminar hasta ponerme frente a él, y simplemente... -Harry rió con amargura, sintiendo de nuevo el miedo que sintió, el abismo de desesperanza-. Le dejé matarme. Estaba muy, muy asustado. Pero aún estaba más asustado de perder a más amigos míos con aquel salvaje. Supongo que eso me dio la valentía suficiente para hacerlo.
- Muy Gryffindor, sacrificarte por otros. Es el opuesto a todo lo que me han enseñado como Slytherin -la voz de Draco era seca, sardónica, pero tocada con algo de dolor y honestidad. Harry se apartó un poco para ver el rostro de Draco. Había deseo allí, algo que hizo que su estómago se retorciera-. Yo nunca haría eso -continuó Draco mirando a otro lado cuando notó que Harry le observaba-. Autopromoción, no sacrificio. Eso es en lo que creemos.
Harry asintió; ciertamente era todo lo que Draco habría aprendido como hijo de Lucius. Un pensamiento llegó a él.
- Pero es divertido, mira lo que pasó. Sacrificándome a mí mismo, de hecho me promocioné. El Ministerio podría echarse atrás por mí, ahora.
Draco gruñó, limpiando su rostro, sonriendo un poco.
- Simplemente fuiste afortunado. Deberías estar muerto –se podía decir con toda seguridad que Draco no iba a huir, así que Draco lo liberó, dejándole recuperar un poco la compostura. Draco volvió a recuperar algo de su pose arrogante-. Pensándolo bien, si ser valiente significa ser un cabeza hueca como tú, creo que paso.
Por alguna razón, Harry no podía dejar de mirarle. Lloroso y aún tan digno, a pesar del miedo que Harry sabía que estaba dentro de él. Nunca había pensado que Draco fuera noble antes, pero había algo de nobleza en él ahora. Quizá realmente estaba cambiando. Ciertamente el viejo Draco nunca habría admitido sus miedos a Harry.
- Te devolveré la varita. Creo en ti. Lo siento... debía haberte dicho el primer día lo que aprendí de Greyback. Pero también estaba asustado.
La sonrisa de Draco se volvió irónica, un destello de dolor cruzó su cara dejando ver indirectamente lo mucho que intentaba controlar sus emociones. Miró hacia abajo, retorciéndose las manos.
- Gracias. No entiendo... -sacudió la cabeza-. No entiendo por qué estás invirtiendo tanto tiempo y esfuerzos en esto. En ayudarme -miró arriba, y el dolor apagado estaba de vuelta en sus ojos, como si esperara un golpe-. ¿Más disparates Gryffindors?
Harry sacudió la cabeza. Ahora sabía la respuesta verdadera, no como la última vez que Draco había preguntado.
- Porque me preocupo por tí -más de lo que Draco sabía. Más de lo que él se atrevía a admitir.
Draco se mantuvo en silencio un momento, la cabeza gacha, quieto. Harry esperó una respuesta, esperanzado por obtener algo que le indicara que el sentimiento era mutuo, algo. Tentativamente, se acercó un poco, extendiendo una mano. Draco se alejó, todavía mirando hacia abajo, las manos colgando a los lados. Harry intentó ignorar el estallido de disgusto.
- Necesito tiempo para pensar -dijo Draco suavemente.
Harry asintió. ¿Qué más podía hacer?
- Tendré tu varita lista para cuando quieras recuperarla -dijo como contestación, y miró mientras Draco se giraba y se dirigía a las escaleras hacia su habitación. Parecía que sus esfuerzos no habían sido suficientes.
O quizá había dicho demasiado.
Draco paseó por su habitación, intentando decidir por qué se sentía tan enfadado y también, por alguna ridícula razón, feliz al mismo tiempo. Por no mencionar vulnerable. Terriblemente vulnerable. Era todo culpa de Harry, esos sentimientos... palabras que Harry había dicho, la expresión en su rostro. ¿Qué había querido decir "me preocupo por tí"? ¿Significaba lo que él desesperadamente esperaba que significara? O quizá sólo significaba preocupación. No amor. No amor después de todo. Quizá significaba que una vez Draco estuviera bien, Harry pasaría de él y se dedicaría a otros menesteres. A más aventuras novelescas.
Gruñó, tirando uno de los libros de leyes en un rincón, y observando con satisfacción cómo chocaba contra la pared. Harry iba a devolverle su varita. Sólo ahora que había armado un escándalo por ello, no necesariamente porque Harry quisiera hacerlo por sí mismo o porque confiara en él. El pensamiento debería haberle complacido. En su lugar, le hizo sentir sucio y sin valor. ¿Qué demonios estaba mal en él? Harry debería estar aprovechándose de él; pero era intolerablemente bondadoso, tenía que reconocerlo. Y todavía sentía como si hubiera una gran brecha entre ellos. Y se estaba expandiendo.
- Debería dormir en mi cama, sólo para enseñarle -dijo Draco en voz alta, mientras se dirigía a la cama, y entonces gruñó. Estaba hablando consigo mismo. No podía ser una buena señal. Pero realmente no había ninguna razón por la que él no pudiera dormir aquí, si le devolvían la varita. Era capaz de defenderse a sí mismo si lo necesitaba. En todo prácticamente se sentiría más seguro de lo que había estado en años con una varita en la mano. ¿Verdad?
Excepto en que realmente le gustaba dormir acurrucado junto a Harry.
Incluso eso le disgustaba. Le estaba empezando a gustar de verdad Harry. Estaba empezando a formar un lazo con aquel insufrible idiota. Eso nunca debería pasar; la idea de un Malfoy y Potter juntos era simplemente absurda. Nunca funcionaría. ¿Cómo podía, con el ridículo parentesco de Harry y su fascinación por todo lo muggle? ¿Con los contactos pura sangre de Draco, o...? Pero de nuevo, sus propias aspiraciones y relaciones estaban bastante muertas, ¿no?
Draco pasó la mayor parte de la tarde intentando convencerse a sí mismo para quedarse en su habitación por la noche, pero al final, decidió, aunque reticentemente, bajar para cenar. No habló mucho, y Harry no se entrometió, dejándole solo con sus pensamientos y permitiéndole picotear su propia comida en paz.
A la hora de acostarse, Draco se quedó mirando la habitación vacía y luchó contra el miedo de que, si no iba a por Harry aquella noche, Harry quizá no le aceptara nunca más. El odioso y siempre bienintencionado héroe. Draco suspiró. Odioso héroe, cuyos fuertes y firmes brazos deseaba que le envolvieran firmemente. ¿Y por qué estaba tan enfadado con Harry, de cualquier modo? ¿De dónde había llegado aquel sofocante enfado que se había asentado tan pesadamente en su corazón? Tenía el incómodo sentimiento de que no era realmente con Harry con quien estaba enfadado. Harry, el siempre bienintencionado Harry, era simplemente el objetivo más conveniente para sus confusas emociones.
Con un gruñido, Draco se precipitó fuera de la habitación hasta la habitación de Harry, para encontrarle sentado en su escritorio, leyendo. Harry miró arriba y sonrió con cautela ante la dramática y súbita entrada de Draco. Draco le arrebató el libro.
- Quítate la ropa -ordenó.
- Hey, estaba leyendo... -empezó Harry, pero Draco no le dejó terminar, empujándole hacia la cama, atacando los botones de su camisa para arrancárselos, y arañando con rabia el estómago de Harry para verlo. Un jadeo entrecortado dejó la boca de Harry mientras miraba a Draco, aturdido-. Eh, supongo que puedo leer luego...
Draco no le dio la oportunidad de discutir más, haciendo entrechocar desastrosamente sus bocas y besándole con hambre, con fuerza. Estaba al mando allí; podía hacer lo que quisiera, y quería a Harry bajo él ahora mismo. Harry luchó mientras Draco le empujaba hacia la cama, quitándole los zapatos, temblando, mientras Draco le arrancaba los pantalones, tirándolos al suelo. Cuando Harry intentó hablar, Draco mordió su labio inferior, lo suficientemente duro como para que saliera sangre. Harry se quejó.
Estaba también el asunto de la ropa de Draco. Respirando con fuerza, Draco se alejó un momento, clavando su mirada en Harry mientras se arrancaba su propia ropa. Intentó decirlo con sus ojos. Su mirada era fiera e imperativa, y decía: No te atrevas a hablar. No te atrevas a moverte. Iba a poseer a Harry rápido y con fuerza. Grabar la experiencia en el cerebro de Harry. Asegurarse de que Harry nunca lo olvidaría.
Harry estaba acostado extendido sobre la cama, desnudo excepto por sus gafas, mientras Draco se quitaba los pantalones y volvía a su posición encima de él. A pesar de la rudeza de las acciones de Draco, Harry parecía lo suficientemente relajado y afable, mirando a Draco con recelo pero con interés creciente en su mirada, que parecía destellar. No había tampoco ninguna duda en cuanto a que Harry estaba excitado.
- Creo que lo estás disfrutando -dijo Draco en tono bajo, y de repente un pensamiento llegó a él-. ¿Dónde está mi varita?
- Oh, está allí mismo -dijo Harry, señalando la mesa de noche, donde Draco vio su oscura y pulida varita a la primera, colocada cerca de la de Harry. Harry cogió la varita de Draco y se la ofreció-. He de decir que me sirvió bien.
Draco no estaba seguro de cómo responder a eso. Alcanzó la varita que reposaba en la mano abierta de Harry lentamente, y, cuando estaba lo suficientemente cerca para tocarla, se la arrebató con rabia. Se sentía diferente ahora. No estaba muy seguro de en qué manera, pero lo hacía.
- Gracias -se dirigió a Harry. Ahora vería si Harry realmente confiaba en él-. Incarcerous -dijo claramente, y las cuerdas volaron desde el final de su varita para enrollarse alrededor de las muñecas de Harry, asegurándole al poste de la cama. Los ojos de Harry se abrieron con incredulidad y algo de miedo.
Eso hizo que Draco sonriera con satisfacción. De alguna manera le hacía más fuerte ver a alguien temerle, saber que al menos tenía de vuelta un poco de su antigua fortaleza. Y no tenía ninguna intención de dañar a Harry; más bien lo opuesto. Bajando la varita de nuevo, cubrió el cuerpo de Harry con el suyo y volvió embelesado a su boca, besándole con hambre, las manos moviéndose sobre la piel de Harry, ansiosas de tocar; las uñas dejando arañazos rojos en la piel de Harry, en su desesperación de obtener más sensaciones, más de Harry. Harry gimió, relajándose y volviéndose más receptivo bajo su peso.
Draco se lubricó dos dedos y empezó a jugar con Harry con dos de ellos, metiéndoles dentro y fuera con un ritmo rápido, mordiendo un camino desde la garganta de Harry a un pezón y cogiéndolo entre los dientes para succionarlo fuerte. Había otras cosas que podía haberle enseñado a Harry ahora que tenía su propia varita de vuelta, cosas que requerían la asistencia de la magia. Pero no quería. Manos, boca, pene, cuerpo... quería que fuera visceral. Real. Mordió fuerte, más fuerte incluso, oliendo la sangre justo bajo la superficie mientras metía sus dedos dentro de Harry. Harry dejó escapar un grito, dando un espasmo y estirando las cuerdas.
Satisfecho de que Harry estuviera tan preparado como lo necesitaba, Draco extendió un poco de lubricante en sí mismo y abrió a Harry, dejándole leer la urgencia en su rostro. Había una confusa mezcla de emociones dentro de Draco en ese momento: lujuria, deseo, ciertamente, pero también enfado, algo de miedo, al igual que algo oscuro y sin nombre, algo que no quería contemplar muy de cerca por el momento. Draco se introdujo en él de una embestida, disfrutando la expresión de dolor-placer en el rostro de Harry mientras gritaba. Se hundió profundamente en el estrecho calor, temblando.
- ¿Cómo te gusta, Harry? -las muñecas de Harry estaban rojas de restregarse contra las cuerdas, aunque no parecía hacerlo conscientemente, sino en un acto inconsciente y sensual. Quizá incluso le gustaba. ¿Le gustaba? -¿Cómo te sientes al no tener el control por una vez? Draco arrastró las palabras.
Harry dejó escapas un suspiro tembloroso, moviendo el trasero un poco mientras Draco lentamente entraba y salía nuevamente.
- Es bastante agradable, ahora y entonces -exhaló en voz baja y entrecortada, y le dirigió a Draco una mirada medio entornada que envió calor directamente a sus testículos. No era lo que había esperado después de todo; incluso estando debajo, incluso atado, Harry parecía ser el que lo controlaba. Draco gruñó y empezó a empujar más fuerte, silenciando posibles puntualizaciones de Harry con besos bruscos que hicieron que la sangre cantara en sus venas.
A partir de ahí todo se convirtió en besos urgentes y embestidas, con un montón de arañazos y mordiscos por parte de Draco. No podía obtener lo suficiente; parecía como si hubiera una bestia dormida bajo su piel, clamando salir afuera. Cubrió el pecho de Harry con pequeñas marcas de dientes y clavó las garras en su cintura, todo esto mientras le follaba con fuerza, brutalmente intenso, hasta que ambos estuvieron corriéndose con ruidosos gritos, cubiertos en sudor pegajoso y caliente.
Incluso tras el clímax, la bestia no estaba domada. Draco descansó sobre sus codos, su cuerpo aún unido al de Harry, furioso ante el hecho de que aún no había purgado a Harry de su sistema después de todo. Si acaso, se sentía incluso más adicto a él que nunca. Eso le enfureció; ¿por qué debía sufrir tanto, cuando para Harry no era más que una forma filantrópica de pasar el día?
Draco se salió, alcanzando su varita de nuevo.
- ¿Qué...? -preguntó Harry en su pereza post-orgásmica, las manos colgando limpiamente de sus lazos, el pelo mojado pegado a los ojos. Parecía tan deleitable; salvaje y pervertido.
Así no era como Draco quería pensar en él por el momento. Siempre bajo control, incluso cuando no lo tenía, siempre valiente, siempre seguro. Draco le odió en ese momento. Y sintió algo que no tenía nombre. Simplemente no era justo. Harry podía curar al lastimoso mortífago y llegar a tener aún más fama y gloria. Y Draco siempre continuaría temblando entre sombras y miedo.
- Incendio -susurró, y el extremo de su varita se encendió con calor. Presionó la punta contra el pecho de Harry y miró la carne quemarse, atacado por el súbito y cruel deseo de que Harry nunca lo olvidara. Entonces, en un momento, estaba hecho; y ahora había una oscura, quemada "D" grabada en el pecho de Harry. Un trabajo más sofisticado y artístico que su propia y tosca cicatriz, reflexionó Draco.
Entonces la realización le golpeó con horror. Acababa de quemar una cicatriz en la carne de Harry. Levantó sus ojos para encontrar los de Harry y se lo quedó mirando. Harry le miraba con expresión de conmoción y dolor.
- Yo... empezó Draco, palideciendo y empezando a temblar, sintiendo de repente sudor frío. Todo parecía como una pesadilla desmarañada-. Oh, Merlín, no quería... -se dio cuenta, a buenas horas, de que las manos de Harry todavía estaban atadas, e hizo desaparecer las cuerdas frenéticamente. Entonces dejó caer la varita en el suelo como si le mordiera-. ¡Lo siento!
En el instante en el que las manos de Harry se vieron liberadas, presionó una mano contra la quemadura, siseando y respirando con fuerza. "Debe de ser muy doloroso", pensó Draco para sí mismo, avergonzado y horrorizado, odiándose a sí mismo con tanta pasión como había odiado a Harry momentos antes.
- Lo siento... no sé qué me dio... quizá debería llevarte a San Mungo... -y entonces no pudo seguir, pero sólo podía imaginar las preguntas que le harían en el hospital, y que si ellos llegaban a saber que la primera cosa que había hecho Draco Malfoy una vez tuvo su varita de vuelta fue quemar a su salvador y favorito del mundo mágico, estaba perdido. Estaba perdido-. Harry, yo... -las palabras simplemente no parecían querer salir. La figura de Draco pareció arrugarse cuando empezó a temblar.
- Shh, shh -murmuró Harry, poniendo una mano en el hombro de Draco y sentándole. Miró hacia la marca de su pecho, fijamente-. Kreacher -dijo con calma-, tráeme algo de hielo.
Draco estaba mareado, respirando a trompicones y preocupado por si pudiera estar enfermo, lo que ciertamente no mejoraría la situación.
- Realmente lo siento -ofreció inútilmente con un hilo de voz, mientras el elfo doméstico aparecía al lado de Harry con una pequeña bolsa de hielo para presionarla en la piel inflamada. Cuando Kreacher se fue, Draco no pudo evitarlo; empezó a llorar-. Estaba tan enfadado. No sé ni siquiera por qué estaba tan enfadado.
- Estás lleno de razones para estar enfadado -dijo Harry con calma, frunciendo el ceño mientras la bolsa de hielo hacía su trabajo. Suspirando, dejó a un lado la bolsa y rodeó a Draco con sus brazos-. No es del todo culpa tuya.
- Potter... Harry... acabo de marcarte. ¿Estoy completamente loco? -dijo Draco, rompiéndose. E irónicamente, eso sólo le enseñó a Harry por qué no se podía confiar en Draco; estaba tan destrozado ahora como lo había estado en San Mungo. Sorbió el aire, la nariz taponada por las lágrimas, odiando el hecho de que sus emociones parecían estar alborotadas últimamente.
Harry suspiró con exasperación.
- Draco, te dejé que me marcaras. Incluso atado, podía haberte detenido. Todo lo que tenía que hacer era llamar a Kreacher. No quise hacerlo.
- Pero, ¿por qué? -la cabeza de Draco estaba descansando sobre los hombros de Harry, lo que tenía que admitir que era un tanto conveniente, porque significaba que las lágrimas simplemente rodaban desde sus mejillas al pelo de Harry. Últimamente parecía que pasaba mucho tiempo llorando en los brazos de Harry.
- Es una cicatriz que vale mucho. Me hace recordar muchas más cosas buenas que las demás -Harry curvó tristemente los labios en lo que Draco suponía que era una sonrisa, pero había demasiado dolor allí para ser real. Desgarró el corazón de Draco. Harry giró la mano para enseñarle a Draco las palabras que aún estaban marcadas allí, "No debo decir mentiras", y lo giró de nuevo para enseñarle otra marca en el antebrazo-. Voldemort me hizo esta, tomando mi sangre para volver a la vida -y por supuesto estaba la marca del rayo-. No me importa tener una cicatriz. Significa que nunca olvidaré esto.
Por un momento, Draco estaba seguro de que su corazón se había parado. "No puede haberlo dicho en ese sentido", se dijo a sí mismo con enfado. Pero increíblemente, parecía que Harry no iba a arrastrarle de vuelta a San Mungo y lanzarle contra el sanador más próximo. Le gusta la cicatriz. No puedo creerlo. Potter estaba realmente loco. Hacían buena pareja.
Todavía se sentía increíblemente culpable, sin embargo. Podía haberlo hecho dentro de la atmósfera correcta, pero lo había hecho enfadado. Lo había hecho como Pucey le había marcado a él. Todo le parecía mal aún.
- Debería haberte preguntado antes -Harry rió, asintiendo, y Draco quiso abofetearle. No tenía por qué mostrarse tan animado.
Draco dejó su mano deslizarse hacia sus propias cicatrices, la que Harry le había hecho por accidente, y la letra de Pucey, la "P". Tragó con dificultad. Todavía sentía como si hubiera un residuo en él, algo que no podía ser visto o tocado, pero que estaba ahí. Cubriéndolo de porquería.
- Desearía que pudieras reemplazar esta marca -"con una hecha por ti mismo", pensó Draco, pero no se atrevió a decirlo en voz alta.
Harry miró la letra grabada, y acarició con su pulgar, gentilmente, incluso de forma reverente.
- No puedo curarla. No creo que sea una buena idea quemar encima de la cicatriz. Pero puedo recortarla. Si tú quieres.
Definitivamente estaban los dos chalados, decidió Draco. Sonrió, porque la idea no sólo no sonaba mal, sino incluso deseable. Muy deseable. Podía llevar la marca de Harry, y Harry podía llevar la suya. Draco no quería pensar acerca de las ramificaciones de esto.
- Me gustaría. Por favor -miró cautelosamente a Harry, consciente de que últimamente le pedía mucho.
Harry tragó, asintiendo.<