Un motivo de celebración
Por Dementordelta y Cruisedirector
Traducido por SCR
Beta, Lena
Segunda parte - Lee la Primera parte
Algo se estaba clavando a lo largo del muslo de Snape hasta su ingle. Otra vez se había quedado dormido con la varita en el bolsillo, pensó medio dormido mientras llevaba la mano hacia ella. Pero la varita estaba enredada bajo las mantas y esa no era su varita, era una más gruesa y cálida y…
Eso no era una varita. Esas no eran las mantas. La cabeza de Severus se despejó de repente. Alguien estaba en la cama con él, alguien con una erección, lo cual significaba que alguien sabía que estaba vivo y que había llevado a alguien a la cama…
‘Potter’. Ya recordaba. Desgraciadamente el recuerdo estuvo acompañado por una oleada de calor en su entrepierna, donde la dura polla de Potter estaba presionando la suya propia, la cual latió ansiosa, indiferente a detalles tan inconvenientes como el hecho de que deseaba a un chico arrogante y embobado. Que era el hijo de Lily Evans. Que Era El Niño Que Vivió. Que estaba profundamente dormido y no tenía idea de que las reacciones inconscientes de su cuerpo estaban provocando en Severus pensamientos completamente inapropiados.
Con un murmullo suave, Potter se movió levemente. ¿Estaba despierto? Severus abrió los ojos y echó un fugaz vistazo al perfil del chico y a su pelo rebelde; luego cerró de nuevo firmemente los ojos. Simplemente se quedaría tumbado ahí hasta que recobrase el control de sí mismo o hasta que Potter se despertara y se alejara con horror.
Las caderas de Severus se movieron por sí mismas. Potter… ‘gimió’.
Qué típico, pensó, haberle dado al molesto joven nada más que la hora y acabar así, atrapado en su propia cama, con un…Oh, Dios, ¿Potter se estaba frotando contra él?
Varios hechizos le vinieron a la mente, cada uno de los cuales tuvo que ser descartado por la carencia de la varita que descansaba, estaba seguro, en la cama, justo fuera de su alcance. Era ridículo, simplemente debía despertarle...Solo que la mano de Potter se deslizó posesivamente sobre su pecho, como si lo hiciera todos los días, como si se estuviera aferrando a Severus sabiendo quién era y no confundiéndolo con un personaje de un sueño erótico especialmente vívido. No había más remedio, supuso, que quedarse allí tumbado y… frotarse también. ‘¡No!’ Solo que su polla no le hacía más caso que cuando había tenido la edad del joven. Había pasado tanto tiempo desde que alguien lo había tocado, tantísimo tiempo... el suficiente para hacer que Severus, a pesar de estar acostado, sintiera que le temblaban las rodillas por ese contacto a través de capas de ropa.
Potter estaba profundamente dormido, ¿no? ¿Y si no lo estaba, sino que era todo un plan para humillar a su antiguo profesor? Esa confesión sobre que no le gustaban las chicas, cuidadosamente hecha para conseguir que también él lo admitiera, fingir emborracharse como excusa para compartir la cama y luego esto…
Pero Potter no era tan inventivo, especialmente cuando tenía que improvisar. Recordaba aquella absurda historia que le había contado sobre el libro de Pociones, cuando sabía perfectamente bien que Potter había escondido el suyo propio en algún lugar. El chico no era lo suficientemente enrevesado como para haber ideado una trama tan elaborada que se remontaba a las clases de Oclumancia, para las cuales no había sabido prepararse. Las inclinaciones homosexuales, al menos, probablemente eran verdaderas…
Potter Estaba frotándose deliberadamente, sin duda, gimiendo suavemente en su sueño. Severus se mordió el labio para evitar hacer un sonido, arqueando sus propias caderas hacia delante tanto como se atrevía. Su brazo se estiró accidentalmente, cayendo sobre la cintura de Potter, y el chico lo usó como una excusa para acercarse aún más, acurrucándose como si tuviera frío. De nuevo Severus abrió un ojo y lo cerró igualmente rápido y, soltando el aliento, dejó que se presionara contra él.
Merlín, aquello estaba ‘muy bien’: la presión de las pollas y los muslos y la dulce calidez del aroma del pelo de Potter debajo de su nariz. Severus volvió su cara hacia la almohada para así no gemir contra la cabeza de Potter. Lamentó haberse ido a la cama completamente vestido e igualmente se arrepintió de haber tenido ese pensamiento, porque estaba imaginándoselo completamente desnudo, frotándose contra él precisamente de la misma manera, pero con los ojos abiertos, tratando deliberadamente de que se corriera…
Con un jadeo sordo, Snape se desplazó de nuevo, tratando de apretar su polla entre la erección y el muslo de Potter. El chico hizo un pequeño ruido desde el fondo de su garganta y se movió con él. ¿Cómo se suponía que iba a lograr liberarse de tan dispuesto compañero?
Supuso que no habría perjuicio en tomar lo que, incluso dormido, el cuerpo de Potter le estaba ofreciendo. Comprobó que siguiera dormido y que, por tanto, hubiera menor probabilidad de que se diera cuenta de lo que ocurría y apartara a Severus de un golpe. Creyó ver un rápido movimiento en el ojo de Potter, como si lo hubiera abierto y cerrado rapidez, pero Severus no podía estar seguro. Tenía más posibilidades de ser maldecido por el fantasma de Lily, que se cernía sobre la escena del libertinaje de su hijo, dispuesta a sacrificar su eterno descanso por una oportunidad para lanzarle a Severus una maldición castradora.
‘Vete’, le dijo a aquel espectro mítico mientras se mecía con cautela con cada empujón del joven, firme y fuerte cuerpo, girando la cara hacia la almohada, inhalando más de su aroma mientras trataba de acallar sus propios gemidos, dedicándose más a permanecer quieto y no despertar al joven durmiente. Incluso las sábanas olían a Potter, como si hubieran estado durmiendo juntos durante meses y esa no fuera más que otra de sus correrías sensuales.
Alguien se quejó, aunque Severus estaba demasiado lejos de allí como para preguntarse cuál de ellos había sido. Esperaba que fuera Potter, el cual probablemente era muy escandaloso cuando estaba despierto... y estaría bien, muy bien, hacerle gritar su nombre, con la voz ligeramente seseante, como si estuviera pronunciándolo en el lenguaje de las serpientes. ‘Siií…’ Severus se meció sin poder evitarlo y sus pelotas se tensaron. Estaba jadeando sobre la almohada. Se lamentó de que fuera demasiado tarde para lanzarse un hechizo silenciador: iba a explotar la siguiente vez que Potter se moviera, y pensó que posiblemente él mismo gritaría.
No había salida: los dedos de Potter se aferraban a su camisa, sujetando a Severus contra él mientras sus caderas embestían inevitablemente hacia delante. Y entonces Potter siseó. No era Parsel, sino un largo suspiro entre los dientes apretados, mientras su cuerpo tenía espasmos y su polla se sacudía bajo su ropa…ahhhjoder, estaba corriéndose en sus calzoncillos y Severus también. Gruñó profundamente desde su garganta, porque era la única manera de estar seguro de que no pronunciaría el nombre de Potter. Se estremeció y eyaculó contra su muslo.
Era mejor que el whisky, mejor que la Amortentia… quizás mejor que ir a parar lejos de Hogsmeade para gritar que Voldemort estaba muerto, que Harry Potter había derrotado al Señor Oscuro. Severus no se atrevió a abrir los ojos. Su corazón estaba latiendo fuerte y era seguro que Potter se iba a despertar ya, todo sudoroso y sin aliento, para saltar de la cama repugnado cuando entendiera lo que acababan de hacer.
Potter tragó saliva, a la vez que soltaba la camisa de Snape y dejó salir un par de suspiros suaves. Su respiración volvió a las inhalaciones y exhalaciones largas y tranquilas. ¿Había vuelto a caer dormido el chico? Severus mismo apenas se atrevía a respirar. No recordaba haber dormido nunca justo después de una polución nocturna, pero Potter era joven y, aparentemente, desvergonzado. Quién sabía con lo que había estado soñando…
Forzándose a concentrarse, Severus hizo un hechizo no verbal que servía para limpiar ese tipo de suciedad antes de que los compañeros de dormitorio pudieran empezar a humillarle a uno. Un momento después, sus calzoncillos ya no estaban mojados y pegajosos. ¿Debía atreverse a lanzarle el hechizo a Potter? Abriendo de golpe un ojo, observó la cara durmiente, tan tranquila e imperturbable como si todo hubiera sido, efectivamente, un sueño. Decidiendo que el hechizo era menos peligroso que la posibilidad de que Potter despertara por el estado de sus calzoncillos, se concentró, cerrando los ojos. No vio razón para volver a abrirlos después.
La siguiente vez que Severus abrió los párpados, la luz se filtraba entre las láminas de los postigos y Potter estaba envolviéndolo como si fuera una segunda manta. Su mejilla, con barba de tres días, estaba muy cerca de la suya propia, y estaba tan tranquilo como cuando había...Severus cerró los ojos de nuevo y gimió. Oh, Dios, ¿realmente se había frotado contra Potter? ¿Y había permitido que el joven dormido hiciera lo mismo con él? Debajo de él, Potter se movió, con la mano moviéndose bajo la camisa de Severus, donde se había metido en algún momento de la noche. Severus abrió los ojos de nuevo a tiempo de ver a Potter abriéndolos también. Una indefensión destelló en ellos durante un solo momento antes de que fuera reemplazado por la cautela.
—Bueno días, ehhh, señor —dijo Potter, con la soñolienta voz áspera y baja.
Mirándolo, Severus trató de comprender por qué Potter estaba llamándole ‘señor’. Quizás no recordaba bien lo que había pasado. Los dos habían tomado mucho whisky, podía ser que Snape recordase mal la velada entera.
—¿Me emborraché? —preguntó.
Severus no podría haber explicado por qué ese pensamiento le habría supuesto una desilusión. Había encontrado la oportunidad perfecta para librarse de todo lo relacionado con Potter, Dumbledore y los demás… Todo el mundo había creído que estaba muerto hasta que Potter había aparecido en su habitación.
—No… no estoy seguro —Potter le brindó una sonrisa incierta—. ¿Me recuerda achispado y vomitando?
—¡No vomitaste! —Severus miró alrededor con disgusto, sin encontrar evidencia de vómito en su cama mientras buscaba a tientas su poción anti-borracheras…vacía. Maldita sea. Su estómago gruñó. Quizás simplemente estaba extremadamente hambriento.
—Tenía nauseas. Luego de algún modo nos quedamos dormidos. —Potter se había retirado y estaba apoyado sobre el codo, sin hacer ningún movimiento para dejar la cama de Severus. Si resultaba que no había sido un sueño extremadamente erótico, evidentemente Potter no lo recordaba, ya que no había saltado fuera de la cama y huido.
—Ahora lo recuerdo. Querías helado.
Había dicho una estupidez; sin embargo, provocó una sonrisa en la cara de Potter, haciendo que Severus se sintiera bastante acalorado y extraño.
—Todavía quiero. Me conformaría con más pan y queso, si tienes.
Menudo glotón. Eso no había cambiado. Asintiendo, Severus se levantó de la cama, tratando de recordar lo que tenía en realidad.
—Leche. Y harina de avena… no, eso se ha acabado. —Echó un vistazo a lo que había quedado del queso, seco por haber estado fuera durante horas, e hizo una mueca.Potter se estiró y le sonrió de nuevo. Estaba muy delgado; sin embargo, los músculos de los muslos que había desarrollado jugado al Quidditch era aún visibles a través de sus pantalones y…‘joder’. Severus se dio la vuelta, mirando ferozmente hacia el techo mientras que Potter se levantaba para seguirlo a la pequeña cocina.
—¿Hay huevos? Puedo cocinarlos.
—Eso creo, sí —dijo Severus sacando el cartón.
—Déjalos aquí y déjame a mí —dijo Potter, todavía descalzo, todavía adora… todavía ‘consternadoramente’ arrugado—. Es lo menos que puedo hacer por… —Severus vio sus mejillas enrojecer inexplicablemente mientras se giraba hacia los fogones—, por hospedarme —terminó, y se quedó mirando fijamente a la cocina, como si hubiera olvidad que podía hacer magia, hasta que Severus depositó los huevos. Entonces sacó su varita y hurgó en el cajón bajo los fogones en busca de una sartén adecuada.
Severus pensó que probablemente debería decir algo, pero no podía pensar en nada que no incluyese las palabras ‘¿qué haces todavía aquí?’ o ‘¿estabas despierto en mitad de la noche cuando te corriste en mi pierna?’, así que se inclinó y sacó la mantequilla y la sal.
Harry había encendido un fogón cuando Severus encontró la pimienta, y el olor de la mantequilla derritiéndose le hizo la boca agua. Se apoyó en la encimera mientras Potter rompía los huevos en la sartén.
—¿Cómo te gustan? —preguntó, con los dedos deslizándose sobre el surtido de utensilios del cajón de al lado de la cocina. Severus se dio cuenta de que estaba mirando fijamente los dedos de Potter, preguntándose algo que no tenía nada que ver con el desayuno; no, aquello ‘para nada’ tenía que ver con cómo sería tener los dedos de Potter deslizándose hacia abajo por su pecho, envolviendo su…
—¿Cómo me gustan mis qué? —preguntó Severus inexpresivamente, forzándose a mirar hacia arriba.
Potter le miró directamente, sonriendo y con aspecto de estar bastante satisfecho de sí mismo.
—Tus huevos.
El calor estalló en la cara de Severus. Se inclinó y olió la mantequilla para justificarlo.
—Lo que sea que estés haciendo estará bien.
Afortunadamente, Potter se había girado sin ver el sonrojo. Cascó más huevos y removió las yemas en el pálido líquido blanquecino.
—Revueltos entonces. Mi tía siempre me hacía hacerlos revueltos, para que así no estropeara el desayuno de mi tío.
—No soy exigente con los huevos. —Severus se irguió y fue a por lo que había quedado de queso. No olía mal del todo, y empezó a triturarlo para darle a sus manos algo que hacer. Aquello era tremendamente... hogareño... y sentía que algo de desinterés casual posiblemente sería beneficioso—. Nunca me ha gustado cocinar.
—¿Hacer pociones no es un poco como cocinar? —Potter alzó la vista mientras removía los huevos a la vez que Severus se colocaba detrás de él para dejar caer el queso triturado en la sartén. Así que por eso Potter había sido un estudiante de Pociones tan mediocre: le recordaba a sus parientes muggles. Aunque parecía contento mientras mezclaba el queso con los huevos, señalando con la cabeza hacia la despensa—. ¿Hay té?
Dejando el plato que había usado para el queso, Severus alcanzó el colador del té que estaba delante de Potter. Su pecho se presionó contra la espalda de Potter. El joven tembló, no cabía ninguna duda.
Por los calzoncillos de Merlín, ¿qué significaba eso?
—Genial —dijo Potter, demasiado contento—. No es del todo un desayuno si no hay té. —Le dio un golpecito con la varita a la cocina, apagando el fuego, y preguntó—: ¿Platos?
Potter no se había movido. Los platos estaban en el armario que estaba justo encima de él. Pensando que quizás reaccionaría mal a un repentino ‘Levicorpus’ no verbal, Severus movió la cabeza hacía el mueble justo antes de acercarse, teniendo cuidado de no tocar. No del todo.
No del todo hasta que Potter se inclinó hacia atrás mientras dejaba salir de su boca un suave sonido, justo antes de alejarse, casi culpablemente, sin que a Snape le diera tiempo a darse cuenta de qué había pasado. Era absurdo creer que lo había hecho a propósito. Lo más probable es que hubiera tenido demasiado calor cerca del fuego y hubiera retrocedido sin darse cuenta de que Severus estaba tan cerca de él. No había ninguna posibilidad de que Potter estuviera interesado en él, no en el traidor casi cuarentón que una vez adoró a su madre.
—Tazas —murmuró— y platos. —Dejó ambos sin mirar a ver qué estaba haciendo Potter, girándose y casi chocando con él cuando los dos intentaron alcanzar el cajón de la cubertería de plata. Potter, que esa mañana parecía sonrojarse por todo, se inclinó sobre la mesa y sirvió los huevos en los platos antes de echarle agua a la sartén y unirse a Severus en la mesa.
—Ya está —dijo Potter, con una sonrisa que se veía forzada, a pesar de que debía saber, tras seis años de lanzarse miradas de odio durante los desayunos en el Gran Comedor, que Severus no iba a sonreírle a esas horas de la mañana—. No está tan mal —continuó, hincándole el diente a su propio desayuno.
Severus gruñó, luego supuso que posiblemente era necesario usar palabras de verdad.
—Gracias —dijo tratando de no sonar reticente.
Potter se ruborizó y le sonrió sinceramente.
—Gracias por lo de anoche —dijo, y tartamudeó—: Quiero decir por, mmm, hospedarme.
Severus alzó la vista de sus huevos, los cuales estaban bastante buenos. ¿Potter había querido decir…? No, por supuesto que no.
—No hubiera sido prudente permitirte viajar sin estar seguro de que estabas sobrio.
—¿Por qué no? —preguntó Potter, con la boca llena de huevo. Tragó, se limpió la boca y añadió—: Ya no hay nadie afuera buscándome. Habría estado suficientemente seguro.
Incluso con el queso algo rancio, los huevos estaban en realidad bastante buenos. Nadie había cocinado para Severus hasta donde podía recordar.
—¡Te podías haber escindido! —declaró ente bocados—. O haberte caído de la escoba.
—Entonces menos mal que me quedé contigo Además, dormí realmente bien. —Potter no le miró a los ojos.
Severus no quería hacer hincapié en lo bien que había dormido. Probablemente Potter tenía la intención de marcharse en cuanto tuviera la barriga llena.
—Si no duermes bien quizás es porque te estés forzando demasiado duro. —Maldita sea, Severus estaba tratando de encontrar las palabras justas para hacer que el chico fuera más despacio.
—Ya no. No estoy seguro de qué quiero hacer ahora. —Tomando un sorbo de té, Potter hizo una mueca que posiblemente sugería su desagrado con las opciones, pero para estar seguros, Severus hizo volar el bol del azúcar desde la alacena. Se avergonzó de ver que estaba casi vacío. Con una sonrisa agradecida, Potter se echó una cuchara llena y luego le pasó el recipiente a Severus. Suspirando, bebió el té azucarado—. Solo quiero… no tener que pensar, ¿entiendes?
—Sí —respondió, conteniéndose las ganas de preguntar cual sería la diferencia si Potter no pensara. No estaba seguro de por qué estaba tragándose el sarcasmo, puede que porque era más difícil para su lengua cumplir cuando su barriga estaba llena y había té a la vista. Rechazó el cuenco el azúcar y dejó su cucharilla cerca de la cocina.
Potter miró dentro del casi vacío cuenco y añadió más azúcar a su propia taza, tan concentrado en lo que hacía que se perdió la desdeñosa mueca de disgusto de Snape.
—Quizá podríamos… —comenzó, mientras removía el té con más concentración de la que probablemente era estrictamente necesaria—. Quizá podríamos no pensar en cosas juntos, ¿sabes?
Severus dejó su propia taza y le miró con dureza.
—¿Qué quieres decir?
El joven se encogió de hombros una manera demasiado casual.
—No sé —dijo. Dejó finalmente la cuchara y alzó la vista—. Es solo que ninguno de los dos necesita estar nunca más en ningún sitio. Quizá podríamos hacer eso juntos.
Alzó una ceja mientras estudiaba la cara de Potter, tratando de discernir la verdadera razón. Era escurridiza como el resto de sus motivos para todo, para ir allí, para rechazar aceptar la carta de su madre, para dormir con Severus.
—Estás buscando un lugar para esconderte, ¿es eso?
Potter frunció el ceño.
—No, ¿y tú?
Quizás un ataque directo provocaría más respuestas directas.
—Dime de nuevo por qué viniste a mi casa —le retó Severus.
—Estaba buscando…Tú conociste a mi madre, yo no. Quería, no sé, algo. Su carta —Sorbiendo el té como si le fuera a dar fuerzas para la conversación, Potter le miró a la cara—. Pero eso no es. Cuando no encontré tu cuerpo en la Casa de los Gritos, vine a buscarte.
—Es evidente que no hice un buen trabajo escondiéndome. —Estaba enfadado, tanto consigo mismo como con Potter. El chico sólo estaba buscando algo que lo reconectara con su madre.
—No tienes por qué hacerlo. —Sonrió con temor y sorbió más té—. A menos que quieras, claro. —Dejó la taza; miraba de nuevo como si se preparara para algo desagradable—. ¿Quieres que te deje solo?
Severus observó el interior de su propia taza. Las hojas de té habían formado un patrón indescifrable en el fondo de ella. La Adivinación era una disciplina absurda.
—Supongo que es mejor que hagas todas esas preguntas sobre tu madre o si no solo tratarás de volver aquí.
Por un momento, Potter miró como si deseara hablar, pero después bajó los ojos.
—Sé que no quieres hablar de esas cosas. No más de que yo. No preguntaré si no quieres.
Severus dejó su taza de té. Consideró que Potter realmente se marcharía si se negaba a responder a ninguna pregunta.
—Supongo que dependería de qué quisieras saber —respondió enfadado.
—Sé que tú… —La voz se le quebró por la emoción—. Tú querías a mi madre. ¿Ella…?
¡Directo a la yugular! Severus se las arregló para no estremecerse, sobre todo porque estaba enfadado.
—Lo viste —ladró.
—Vi un poco. No lo suficiente.
—¿Necesitas ver cada pelea que ella y yo tuvimos y oír cada palabra cruel que tu padre me dijo?
Potter negó con la cabeza con vehemencia.
—¡No! No…Sólo… ¿Ella…? —cerró los labios y bajó la voz—. ¿Te quería?
—¿No era obvio que no? —la propia voz de Severus estaba crispada —. No como… Fue mi mejor amiga. Por un breve periodo de tiempo. Fue la única vez que tuve un mejor amigo.
Sin pensarlo, Harry extendió el brazo y puso una mano en el brazo de Severus. Este sitió como si estuviera siendo escaldado y se mordió el labio para reprimir un estremecimiento.
—No, no era obvio. Quizá te pareció como si no te quisiera, pero a mí me pareció como si… se preocupara por ti.
—Ella tenía otros amigos.
Los dedos de Potter se retiraron bruscamente como si también hubiera sido quemado por el contacto.
—Pero solo uno tan bueno como tú.
Obviamente Potter tenía algún tipo de idea exagerada sobre lo que había ocurrido entre Severus y su madre.
—Desde el momento en que fue sorteada para Gryffindor estuvo claro que eso cambiaría —dijo. Su brazo se sentía frío sin los dedos de Potter en él.
La respuesta solo hizo que Potter pareciera frustrado.—¡Pero fuisteis amigos incluso después de eso! ¡Lo vi! Fue solo cuando la insultaste cuando ella dejó de hablarte —dijo elevando ligeramente la voz.
Severus rechinó los dientes frustrado. Potter era a la vez persistente y burro, cualidades que Severus encontraba difíciles de tratar incluso cuando no se suponía que estaba muerto.
—Fuimos amigos. Por un breve periodo de tiempo.
Potter dejó su taza de té. Se meció hacia atrás en la tambaleante silla, estudiando a Severus.
—Más que eso —dijo lentamente—. Antes del colegio. Y después. Y ella se preocupaba por ti. Sé que lo hacía.
De repente, Severus entendió a donde llevaba todo aquello, lo que pensaba Potter que sabía y por qué era tan importante para él insistir en ello. Se rió fuerte.
—Potter, nunca le puse un dedo encima.
La boca de Potter se abrió por el asombro y Severus agradeció que hubieran terminado el exiguo desayunado.
—No quería decir algo como…. Quiero decir, ¡era mi madre!
Todavía divertido, aunque también avergonzado, Severus negó con la cabeza. Potter quizá no hubiera querido detalles, pero claramente había esperado la confirmación a cualquiera que fuera perversa fantasía que se hubiera montado.—Tu madre no era… ¿Cómo es la frase…? Mi excepción homosexual. —La boca de Potter se cerró de golpe. Estaba todavía mirando fijamente; sin embargo, parecía no recordar cómo hablar—. Lo siento, ¿esperabas que te dijera que cualquier hombre, no importa lo maricón que sea, habría ido tras tu madre hasta el fin del mundo?
Negó con la cabeza y tomó un sorbo de té. En seguida comenzó a toser.
—Hubo un tiempo —corrigió Severus— en el que habría seguido a tu madre, quizás incluso lejos de Hogwarts. Pero no por ‘eso’. No era un pretendiente.
Potter tomó otro sorbo de té, más lentamente, y se secó los ojos y la boca.
—¡Pensaba que eras hetero! —resopló.
Entonces Severus lo miró fijamente.
—Potter, ¿no tuvimos esta conversación ayer?
—No. —Potter negó con al cabeza enfatizándolo. Severus sintió que sus mejillas se sonrojaban.
—Creía que sí. Tú lo dijiste. —Levantó su propia taza, que estaba lamentablemente vacía. Las hojas de té que permanecían al fondo no ofrecían ninguna pista adicional.
—Me refería a mí. Pensé que dado que tú amabas a mi madre debías ser, bueno, no exactamente gay. —Se inclinó ligeramente hacia Severus—. Por eso, bueno, yo, esta noche…
Las palabras de Potter y sus gestos parecían contradecirse.
—Por eso, ¿qué? —dijo bruscamente Severus—. ¿Por eso te sentiste seguro compartiendo cama conmigo? —La cara de Potter se volvió escarlata y tosió de nuevo, negando con la cabeza—. Oh, ya veo. No lo habrías hecho si lo hubieras sabido.
—¡No! —Otra vez Potter agarró su brazo—. No es eso para nada. Nunca hubiera, bueno, quizá me habría…—Potter cerró sus ojos—, mmm, frotado de algún modo contigo.
Joder. Fulminando con la mirada a la taza de té, como si tuviera algún tipo de responsabilidad, Snape murmuró:
—No creía que estuvieras despierto.
La cabeza de Potter se movió bruscamente hacia arriba.
—¡Lo sabías!
—No tengo el hábito de conjurar Fregotego mientras duermo.
Una amplia sonrisa llenó la cara de Potter, mirad astuta, mitad avergonzada.
—Creía que había soñado esa parte —dijo mientras soltaba el brazo de Severus.
Severus miró hacia abajo, a la zona en donde los dedos de Potter había estado, como si allí debiera de haber una marca visible. Luego lo miró a él, buscando en su cara la burla que hubiera encontrado en la de su padre. Cuando no encontró nada, dijo:
—Sigo perplejo. Tú… ¿lo hiciste porque creías que era hetero?
Potter negó con la cabeza lo suficientemente fuerte como para ladear sus gafas. Las colocó en su sitio automáticamente y protestó enseguida:
—¡No! No quería decir eso. Me desperté y sentí…—Realmente Potter se sonrojaba más fácilmente de lo que su padre nunca lo había hecho—. Bueno, pensé que a lo mejor no importaba si pensabas que era un sueño húmedo, y olías tan bien y te sentía tan cálido y… —Bajó la cabeza, era la viva imagen de la tristeza; incluso los más famosos falsos remordimientos de Potter padre nunca habían parecido tan sinceros—. Lo siento, suena estúpido e irreflexivo cuando lo explico así —dijo bajando la voz.
Los labios de Severus se curvaron irónicamente. Impulsivamente alargó la mano para alzar de nuevo la barbilla del chico.
—Los sueños húmedos son la única manera de liberación sexual de la cual no he estado privado —dijo, soltando la barbilla de Potter.
La esperanza que surgió en el rostro de Potter era casi dolorosa de mirar.
—¿No te molesta? —dijo con la voz sorprendida, casi sin aliento.
Severus trató de ignorar que su propio pecho se detuvo un momento, sin aliento.
—¿Tuviste la impresión de que me molestaba? Pensé que era yo el que se estaba aprovechado de ‘ti’.
Potter negó con la cabeza de nuevo, esa vez menos violentamente.
—No lo hiciste. Yo lo empecé; me desperté primero y te notaba tan bien, yo, bueno…
Severus se aclaró la garganta para evitar que Potter se disculpase de nuevo, luego se dio cuenta de que no tenía ni idea de cómo responder en una situación como esa dado que nunca había tenido al hijo de su antiguo enemigo y rival sentimental disculpándose por haberse frotado contra él.
—Bien entonces —dijo, deseando no haberse bebido el té tan rápidamente—. Podemos achacarlo al alcohol y al cansancio, si lo deseas.
Frunciendo el ceño, Potter raspó un trozo de huevo de la mesa.
—¿Eso es todo lo que fue?
Instantáneamente, Severus se puso en guardia de nuevo.
—¿Qué piensas que fue? —Cuando Potter continuo mirando con el ceño fruncido a la superficie de la mesa, tuvo un pensamiento desconcertante—. Estoy seguro de que has tenido muchas oportunidades. El Elegido seguro que consigue una generosa ración de propuestas.
Potter se encogió de hombros.
—He estado un poco ocupado últimamente. —Tenía una expresión de desinterés, y Severus no podía decidir si estar aliviado o decepcionado por la confirmación de que efectivamente Potter no era virgen.
—Alcohol, cansancio y oportunidad, entonces, si tú lo dices. —Empujó su taza.
Claramente, ya habían tratado el asunto el tiempo suficiente.
—¿Más té? —Sin esperar una respuesta, Severus sirvió para los dos, luego observó cómo Potter vertía el resto del azúcar en su taza y lo removía sin ni siquiera agradecerlo. Irritado por el trato de silencio, ya que no parecía justo que Potter lo decidiera tras el hecho de que se había aprovechado de él, Severus demandó —: ¿Estabas esperando que me disculpara?
—¿Disculparte? ¿Por haberme follado tu pierna? —resopló Potter.
Así no era precisamente como Severus recordaba los hechos. Potter había rodado sobre él y él había… Severus sintió su polla animarse y se sonrojó.
—Esa no fue mi impresión —murmuró. Espera que Potter no tuviera algún sentido absurdo de la corrección que le obligara a reportar incidente. Luego recordó que tenía mayores problemas que implicaban a Potter—. ¿Estás obligado a comunicar que estoy vivo?
A pesar de estar sorprendido por la pregunta, Potter resopló ligeramente.
—En absoluto. En lo que respecta al mundo, moriste heroicamente.
Severus curvó los labios maliciosamente.
—Mejor de lo que esperaba.
Potter, no sorprendentemente, parecía confuso.
—¿El qué? ¿Ser un héroe o estar muerto?
Severus resopló suavemente.
—Estaba seguro de que iba a morir y no esperaba…—Estudió a Potter con curiosidad—. ¿Qué les dijiste exactamente? Sigo siendo el hombre que le dijo a Voldemort lo de la profecía. Y aún soy el que mató a Albus Dumbledore.
—Conté la verdad —dijo Potter. Se enderezó bastante más de lo que la desvencijada silla era capaz de permitir. Sin embargo, tanto la silla como él perseveraron mientras él continuó—: que actuaste bajo sus órdenes para mantenerme a salvo y que así yo pudiera sacrificarme. —Era extraño oír algo tan amargo viniendo de Potter, como si su boca hubiera sido tomada por otra persona, alguien mayor.
—Eso difícilmente me hace un héroe —dijo Severus desdeñosamente, a la vez que entrecerraba sus ojos al mirar a Potter—. ¿Estás enfadado conmigo o con él?
Potter finalmente ser rindió con el tema silla, saltando como si no pudiera permanecer quieto ni un momento más.
—¡Con él! —dijo. Giró y anduvo unos pocos pasos—. Me usó. Nos usó a los dos.Por largos años de estudio, Severus sabía que la rabia de Potter se disiparía si no se la alimentaba, y a él no le apetecía alimentarla, no aquella mañana.
—No me usó de ninguna manera que yo no consintiera. Y preferiría creer que él sabía que estarías a salvo.
La confusión ya estaba de vuelta.
—Sé que ninguno de vosotros podía decírmelo, pero eso no hizo más fácil el pasar por aquello. —Se arrojó de nuevo sobre la silla, ignorando el crujido de protesta y mirando fijamente sus manos.
—No podía contártelo porque sólo sabía lo que él escogió compartir conmigo. Y él no podía hacerlo porque el Señor Oscuro lo habría sabido, ya que tú te negaste a aplicarte en Oclumancia. ¿No es suficiente haber sobrevivido y triunfado?
Potter dejó salir un pequeño suspiro.
—Supongo que tendrá que serlo. Ser libre de hacer, bueno, cualquier cosa que crea que me gustaría hacer. —Miró en dirección a la ventana, dejando a Severus con una oleada de envidia: Potter era, en efecto, libre para ver tanto mundo como quisiera—. ¿Qué hay de ti? Eres tan libre como yo ahora, ¿no?
—Completamente libre —contestó Severus secamente.
—Por supuesto que lo eres. —Potter le miraba tan envidioso como Severus le había observado a él—. Sin Voldemort, sin estudiantes a los que enseñar, sin Gryffindor imprudente al que proteger.
—Sin trabajo, sin familia, sin colegas… sin hogar. Supongo que le mencionarías dónde ibas al menos a uno de tus amigos, ¿no? —Miró cómo Potter se mordía el labio y asentía—. Entonces no vas a ser el último que venga a mirar aquí. —Severus daba por hecho que tendría que dejar Spinner’s End, pero una idea empezaba a formarse en su cabeza—. Quizás podría enviarte de vuelta con mi testamento. ¿Te podría dejar la propiedad? Supongo que no querrías usarla y nadie más entraría en algo que es tuyo.
Toda la sangre había abandonado el rostro de Potter.
—¡Deja de hablar así! ¡No vas a suicidarte después de todo aquello! ¿Verdad?
Una vez más, Potter había llegado a una conclusión absurda.
—No lo había planeado eso —le dijo Snape, que estaba conteniéndose para no soltar una risita por lo bajo—, pero sería conveniente establecer legalmente mi muerte. De lo contrario el Ministerio podría incautar este inmueble.
Bien podría no haber hablado. Potter apretó su mano como para evitar que se tirara por la ventana..—¡No te dejaré! Arriesgaste tu vida para ayudarme, por ella. La traicionaría de nuevo si dejo que te mates.
Aquello estaba muy cerca de ser divertido.
—¿Planeas convertirte en mi guardián?
—Si tengo que hacerlo, sí. — La mandíbula de Potter estaba tensa.
Realmente no había nada más divertido que provocar a los Gryffindor cuando se ponían todo nobles y pesados.
—¿Qué harías si fueras yo, Potter? ¿Juntarte con tus viejos amigos los Malfoy y los Goyle? —Sabía que no debía satisfacer la afición de Potter por el autosacrificio. Un pensamiento le asaltó, demasiado divertido como para no mostrarlo, aunque trató de ocultarlo con una tos—. ¿Volver a Hogwarts y aterrorizar niños?
Potter obviamente no le veía la gracia a aquello Su mandíbula estaba en un ángulo que resultaba deplorablemente terco.
—Ahora puedes hacer lo que quieras. Ya nunca más vas a tener que recibir órdenes de nadie —dijo, como si Severus fuera una mariposa que estuviera tratando de liberar.
Severus dejó de pincharle, por el momento.
—No has respondido a la pregunta.
Durante un momento Potter pareció haber perdido el hilo de la conversación, tamborileando los dedos en la mesa.
—Me tomaría un tiempo de descanso —contestó finalmente—. Viajaría, conocería a gente normal… Echaría polvos con tíos normales —dijo la última parte casi desafiantemente.
Severus estalló en carcajadas. Potter quitó los dedos de la mesa, alarmado.
—Eso sería imposible —dijo Severus. Trataba de sofocar la risa amarga—, cualquier tío que me echara un polvo, como has dicho tan delicadamente, y no ha habido muchos, no serían “tíos normales”.
Era difícil definir la expresión de Potter, pero conservaba vestigios de la aburrida nobleza anterior, lo que no era una buena señal acerca de la respuesta de Severus.
—Entonces supongo que no piensas que soy normal ¿no? –preguntó, un poco a la defensiva.
—¿No es suficiente ser El Elegido? —preguntó Severus.
Resoplando, Potter dijo:
—Sabes que nunca lo pedí. No puedo evitar lo que la gente piense.
—¿Y no te gusta porque puede impedirte echar polvos con tíos normales? —preguntó Severus, con una sacudida de la cabeza.
—No me gusta porque crees que soy arrogante y mimado, cuando no hice nada para merecerlo excepto ser el bebé adecuado en el lugar adecuado —dijo Potter, con un aire un poco petulante, como un adolescente al fin y al cabo.
Severus inclinó la cabeza porque nunca podía resistirse a un misterio, incluso cuando sabía que su curiosidad le había metido en problemas en otras ocasiones.
—¿Por qué debería importarte lo que piense de tí? —preguntó.
Potter le miró parpadeando.
—Estoy aquí, ¿no?
—Por la carta de tu madre. —Severus agitó la mano desdeñosamente.
—Si fuera verdad, me habría marchado antes de meterme en la cama contigo. —Potter se sonrojó y agitó la cabeza—. ¿No puedes darme la oportunidad de probarte que puedo ser más como mi madre y menos como mi padre de lo que tú piensas?
Severus tenía demasiado orgullo como para admitir que precisamente eso era lo que temía. Incluso si Potter no era tan mimado y arrogante como su padre lo había sido, probablemente se casaría con alguien mimado y arrogante y nunca le diría una palabra amable a Severus.
—Tu madre era un ser humano, no una diosa. Tenía una pequeña inclinación a olvidar el pasado. Nunca fue suficientemente bueno para ella —murmuró—. Si tu amado padrino y tu hombre lobo favorito no pudieron contarte encantadoras historias sobre tu madre, te aseguro que hay muy poco que sacarme.
—No lo entiendes, ¿no? ¿Qué edad tenía cuando tuvisteis aquella pelea? ¿Quince? —Potter se pasó una mano por el pelo—. La gente no es de la misma manera cuando tiene quince que cuando se supone que son adultos. Sé que era un ser humano, pero también sé que murió joven. Murió para salvarme. Somos los dos únicos que quedamos en pie, ¡los dos únicos que seguimos vivos para tratar de encontrar un poco de calor humano y todo lo que puedes hacer es continuar guardando rencores!
Ese misterio se le estaba haciendo bastante pesado, como que le estuvieran gritando en su propia cocina.
—¿Ha huido tu manada de Weasley, y Granger, y los Lovegoods, y Longbottom y su abuela y el profesorado entero de Hogwarts? —comentó despectivamente Severus, poco seguro de qué era lo que quería que Potter dijera—. Slughorn conoció a tu madre como estudiante, lo sabes. Imagino que McGonagall también. — Presionó los dedos entre sus ojos— . Sí, puedo ver que he sido muy egoísta acaparando a tu madre solo para mí. Aunque no veo que sea el único aquí con un rencor.
—Eso no es…—Potter se sentó con fuerza, negando con la cabeza—. No es con ellos con los que quiero hablar. Es contigo. Gracias a ti tengo toda mi vida para hablar con ellos. —Severus le miró, todavía sintiéndose muy cansado—. No estoy siendo muy claro. Ya no te odio. ¿Tú…? ¿Tú me odias?
El “ya” hizo sonreír involuntariamente a Snape.
—¿Te decepcionaría mucho descubrir que nunca te he odiado? —preguntó.
—Me detestabas —resopló Potter.
—Me parecías arrogante e irresposable como tu padre. No me gustaba tener que darle a Malfoy un empujoncito extra cada vez para que cuando su padre me preguntara si te estaba eclipsando pudiera decirle que sí. Soy plenamente consciente de que nunca has practicado Oclumancia.
Precisamente aquello no indicaba que lo detestara.
—Entonces… —Potter tragó—. ¿Ahora no me odias?
Severus apeló a años de entrenamiento para resistir el impulso de poner los ojos en blanco.
—¿Te parezco un hombre que permitiría un furtivo magreo nocturno y una larga discusión en el desayuno con gente a la que odio?
Algo terriblemente similar a una sonrisa descarada tiró de las comisuras de los labios de Potter.—Fue un buen magreo nocturno furtivo, ¿verdad? —dijo y dejó que se mostrara parte de la sonrisa.
Severus tomó un sorbo de su entonces frío té e hizo una mueca, esperando que sus mejillas no estuvieran tan rojas como las sentía.
—Quizá te decepcione saber que he tenido poca experiencia en furtivos magreos nocturnos, especialmente en las últimas décadas. Me pareció agradable —dijo desdeñosamente, pero la sonrisa de Potter aún trataba de mostrarse.
—Quizás podríamos intentarlo de nuevo alguna vez —dijo de una manera casual que no habría engañado ni a un troll—. Ver si conseguimos hacerlo mejor.
La polla de Severus dio una sacudida de esperanza, aunque no podía estar seguro de si por la sugerencia o por la sonrisa.
—¿Alguna vez?
Potter seguía intentando ser sofisticado, o lo que probablemente pasaba por sofisticación entre los negados Gryffindor. Movió su silla más cerca de la de Severus.
—Alguna vez pronto.
Una suave sacudida de pánico le recorrió cuando se dio cuenta de que “alguna vez pronto” podría ser traducido por “ahora”. Desesperado por encontrar algún tipo de distracción, miró deliberadamente a los platos vacíos.
—¿Has desayunado suficiente? —preguntó, y entonces se preparó para algún tipo de morboso doble sentido.
O Potter estaba siendo simplemente cortés con la parte de “pronto”, o pensaba más con el estómago que con la polla. Siguió la mirada de Severus hacia el plato vacío y asintió con la cabeza, como si tratara de leer los restos de huevo como posos de té para entender a Severus. Severus mismo no era mejor con la sofisticación; nunca la había cultivado como una cualidad que pudiera necesitar como espía, no importaba lo que la literatura Muggle dijera, y no tenía ni idea de cómo hacer que “alguna vez pronto” se convirtiera en “¿qué tal ahora?”.
—Si tú… ah. Voy al baño —dijo de pronto, levantándose más decididamente de lo que se sentía. Potter podría coger la indirecta y encontrarse con él en la cama o marcharse y Severus no tendría que enfrentarlo. Se tomó algo de tiempo en el cuarto de baño, ignorando la imagen que le miraba desde el descolorido espejo. Ninguna cantidad de jabón iba a hacer que su pelo pareciera menos graso, ni sus dientes menos amarillos y torcidos, ni haría desaparecer las arrugas de su cara. Oía ruidos en la cocina: Potter apilando platos y tazas en el fregadero y echándoles agua. Luego silencio, mientras Severus terminaba con lo que había ido a hacer allí. Preparándose para un desengaño a la vez que trataba de de convencerse de que no sería para nada un desengaño, Severus abrió la puerta del cuarto de baño.
Potter estaba en su cama. No tumbado encima de las mantas, como habían dormido la noche anterior, sino bajo ellas, aunque aparentemente seguía vestido, ya que Severus no veía ningún rastro de sus ropas en ninguna parte. Tratando de no parecer ni tremendamente aliviado ni excesivamente ansioso, Severus levantó las mantas del extremo opuesto, se sentó y deslizó sus piernas bajo ellas.
Había sido mucho más fácil la noche anterior con el alcohol aún en la sangre. Incluso sin tocar a Potter, la tensión era palpable.
—Si no quieres…
Se arrojó hacia delante y pasó sus brazos alrededor de Severus, abrazándolo firmemente.
—¡Claro que quiero! Es solo que no sé qué… —Hizo un pequeño sonido de frustación—. Haré lo que sea, sólo tócame.
Hubiera sido más fácil ser rechazado antes del desayuno que una vez que Potter descubriera exactamente lo inepto que era Severus en todo aquello.
También podía no esperar… Inclinó la cabeza y besó a Potter firmemente en la boca. Con un quejido silencioso, Potter le devolvió el beso. No era malo —de hecho, era bastante bueno—, obviamente había estado practicando, seguramente con la chica Weasley.
Y seguramente él también estaba haciendo comparaciones; Severus estaba seguro de que era torpe y besaba demasiado fuerte. Ya había dejado de tratar de ocultar su erección. La pierna de Potter le rodeó, apretando un miembro igualmente espléndido contra la cadera de Severus. Desesperado por tener más contacto, Severus deslizó abajo su boca hacia el cuello de Potter, luego arriba hacia la oreja: quería probarlo todo, no podía dejar de gemir, se sentía muy expuesto a pesar de estar completamente vestido.
Tembloroso, Potter se convulsionó contra él, mucho más descaradamente de lo que lo había hecho la noche anterior, cuando los dos habían fingido estar dormidos. Severus pasó los dedos por la espalda de Potter, luego más abajo, metiéndolos bajo su camisa.
—Dímelo si esto no es lo que quieres —murmuró, sabedor de que era la última oportunidad para detenerse.
—Quiero más, por favor, ¡a tí! —Potter estaba prácticamente suplicando. Era la cosa más excitante que Severus había oído jamás. Gimiendo de alivio, subió la camisa y la sacó por la cabeza de Potter. El joven cuerpo era bastante delgado, pero musculoso, y Severus no pudo mantener su boca lejos. Lamió los pezones, lamió el pecho, mientras pensaba que le gustaría enterrar la nariz en la axila de Potter si no temiera asustarle y que huyera de la cama.
Se conformó con deslizar las manos hacia abajo, sobre el bulto en el pantalón de Potter, sólo para sentir su satisfactoria forma antes de preguntar:
—¿Puedo…?
Potter había jadeado cuando Severus lo había tocado por fuera de sus vaqueros. Dio una temblorosa bocanada de aire mientras asentía.
—Dios, por favor, lo que sea —dijo, aún con la voz entrecortada y sin aliento. Severus decidió tomar su invitación sin cuestionárselo, librándose primero de sus pantalones, por si acaso Potter decidía repentinamente que era del tipo tímido. Entonces su polla se marcó claramente contra el fino tejido, con una mancha oscura justo encima de la punta. Lentamente, Severus se inclinó hacia ella, frotando su cara contra su forma, inhalando para memorizar el aroma. Su lengua salió rápidamente para probar aquella mancha húmeda. Con un sobresalto, notó a Potter enredando los dedos en su pelo.
Cuando Severus alzó la vista, la boca de Potter estaba abierta sin emitir sonido alguno, la espalda estaba arqueada como si su cuerpo entero estuviera estirándose hacia él. Severus quería satisfacer aquella necesidad muda, pero no estaba seguro de si bajarle de un tirón los calzoncillos y simplemente meterse a Potter en la boca. Un temblor le vino a través de la carne que tenía bajo su boca mientras los dedos de Potter se tensaban y, entonces, arrepentidos, liberaron el mechón de pelo que había agarrado mientras Severus pasaba la boca a lo largo de su polla por encima de los calzoncillos.
—¿Puedes…? Dios, voy a explotar así —vino la lastimera queja desde arriba. De no haber estado Severus tan cerca de explotar allí mismo, contra la pierna de Potter, posiblemente hubiera sonreído con satisfacción.
En cambio, bajó los finos calzoncillos y les dio un puntapié hacia un lado. La polla de Potter no perdió tamaño por no estar confinada, elevándose oscura y húmeda desde rizos tan oscuros como los del propio Severus. Trató de darle un momento para protestar, a pesar de que Severus había perdido de vista todo rastro de protesta; no cuando los ojos de Potter se agitaban abiertos y sus caderas empujaban hacia Severus mientras este bajaba la boca. Los dedos de Potter se aferraban a los cobertores mientras él daba sacudidas entre los labios de Severus.
—Dios, sí, ohhhh.
Estaba jadeando antes de que Severus pusiera la boca por completo alrededor de su polla, con el líquido chorreando sobre la lengua de Severus.
Eso estuvo bien, porque Severus no era especialmente más habilidoso en aquello de lo que lo era besando, aunque nadie se le había quejado nunca. Se estaba apretando contra la pierna de Potter, tratando de tragar y esperando que Potter estuviera demasiado distraído por el orgasmo para darse cuenta de que Severus había babeado casi tanto como había tragado.
Jadeante, Potter se dejó caer contra la cama.
—¡Quiero que te corras! ¡Déjame hacer algo a mí también!
Severus hizo un sonido patético y necesitado, gateando el cuerpo boca abajo, empujando contra cada parte por la que pasaba en el camino. La mano de Potter encontró el cierre de sus pantalones y lo abrió con dedos temblorosos… joder, rodó hacia el lado e, inclinándose el doble, enterró su boca en los calzoncillos de Severus tan pronto como quedaron a la vista.
Al momento, Severus se dio cuenta de que no iba a durar lo suficiente ni para dejarle a Potter hacer lo que él le había hecho a un chico al que doblaba en edad; sin embargo, no podía pensar en lo humillado que se debería sentir, solo quería correrse. Inmediatamente.
—Potter, Harry, no puedo… Voy a…
El chico arañó sus calzoncillos, de algún modo los retiró y puso su boca alrededor de la polla de Severus.
Sus caderas dieron una sacudida, se encorvó, se derramó en aquel calor, con los dedos apretados en torno a algo suave, porque era la única cosa que a la que agarrarse mientras la habitación explotaba fuera de su vista. Cuando la explosión perdió intensidad y pudo empezar a respirar de nuevo, descubrió que estaba agarrando el pelo de Harry. Probablemente había empujado la cabeza de Harry hacia abajo y lo había mantenido allí; y en cuanto Harry se las arreglara para liberarse, estaría enfadado y asqueado.
Harry le estaba lamiendo. La polla, y el pelo alrededor de ella, y el sudoroso pliegue donde la pierna se encuentra con el torso, que probablemente olería como si Severus no se hubiera duchado en un día, ya que no lo había hecho. Eso hizo que Severus se estremeciera. Parando para respirar, Harry restregó su boca alrededor de los lados de los pantalones asegurándose de quedar perfectamente limpio antes de mirar hacia arriba. Sonriendo vacilantemente, Harry dijo:—Mira, ya estamos mejorando.
Eso le pareció a Severus una de las cosas más graciosas que nunca había oído. Obviamente toda la sangre había abandonado su cerebro hacia otras partes más bajas. Se rió fuerte, miró hacia Harry y se rió otra vez, incapaz de borrar la sonrisa que se extendía en su rostro.
—He mejorado de un Troll a un Desastroso.
Devolviéndole la sonrisa ampliamente, Harry le dio a su polla un lametón fanfarrón.
—Entonces tendremos que seguir practicando hasta que consigamos un Extraordinario.
De nuevo Severus estalló en carcajadas. Quizás había empezado la demencia.
—Te daré un Extraordinario.
Harry miró mitad perplejo, mitad encantado. Le devolvió la sonrisa.
—Creo que acabas de hacerlo —dijo, con un poco de timidez, mientras Severus liberaba su pelo.
Severus lo observó un momento y luego dijo:
—¿Esto era lo que querías?
Harry se acercó al lado de Severus, mientras asentía, todavía mirando tímido. Había un poco de líquido en la comisura de su boca, así que Severus se inclinó y lo lamió. Harry hizo un sonido sin aliento que hizo que Severus quisiera lamerle la boca de nuevo, pero ya estaba bastante impecable, por lo que Severus se echó hacia atrás y tomó su barbilla.
—¿Me besas de nuevo? —dijo Harry; se le veía esperanzado y un tanto delicioso. Severus lo acercó, tratando de hacerlo adecuadamente esa vez. La mano de Harry fue alrededor de la parte de atrás de su cabeza, acercándose él mismo también; el gemido entre ellos fue tanto suyo como de Harry.
Aquello era bastante excitante; a pesar de que estaba saciado, habiendo teniendo más sexo en las últimas horas que en los últimos años. No lo suficiente para ponerle duro de nuevo —ni la magia podía hacerlo—, pero besar y querer ser besado era bastante diferente de sus experiencias usuales. El corazón le golpeaba tan fuerte que estaba seguro de que Harry pudo sentirlo cuando una mano se deslizó sobre su pecho. Paró entre los besos, sintiendo los labios de Harry moverse buscando los suyos cuando se alejó para recobrar el aliento. Unos dedos tiraron de las prendas que aún estaban en el cuerpo de Severus.
—¿Puedo…? —Harry se alejó lo justo para poder mirarlo, quitándose rápido la ropa antes de volver a mirar a Severus a la espera de su respuesta.
—No soy…—empezó Severus, sintiendo enrojecer sus mejillas—. Tengo bastantes cicatrices.
Harry estudió su cara, ansiosa de alguna manera, mordiendo su labio inferior.
—Sigo queriendo mirar. Si vamos a seguir haciendo esto, no quiero tener que esperar siempre a que caiga la noche.
Si iban a continuar haciendo eso… Severus decidió que plantaría cara mejor a un rechazo en ese momento que después. Con hastío se desbotonó y abrió su camisa. Harry —joder, ahora era Harry— le miraba con una expresión prudente, pero no parecía asqueado por las cicatrices de Severus o por la falta de tono muscular, ni por los pelos grises entre los negros. Pasó las manos, luego su mejilla, sobre el pecho de Severus.
Un pequeño suspiro de alivio escapó de la nariz de Severus. Deslizó los dedos en el pelo de Harry, esperando que el joven no esperara de él que tuviera una erección tan pronto; si Harry estaba acostumbrado a chicos de su propia edad, Severus sería una gran decepción.
Temblando bajo sus manos, Harry se estiró, manteniendo tanta piel contra la de Severus como parecía físicamente posible. Uno de los pies de Harry cubrió sus tobillos. Se sintió blando cuando Harry ladeó su rostro, besó su barbilla y suspiró feliz.
—Sé que acabamos de despertar, pero otra vez tengo sueño —murmuró.
Severus dejó que su propia cabeza cayera contra la almohada. No estaba seguro de si estaba soñoliento exactamente, pero su cuerpo no sentía deseos de moverse.
—¿Te está esperando alguien? ¿Alguien a quien tengas que decirle dónde has ido? —preguntó.
Contra su pecho, Harry negó con la cabeza.
—Les dije a Ron y Hermione que tenía que irme por un tiempo. —Severus pudo sentir los labios curvándose en una sonrisa—. Si me dejas quedarme para cenar, prepararé esa tarta.
Severus hizo ver que lo estaba considerando con un ‘mmm’.
—Si quieres preparar una tarta, necesitaremos más azúcar.
—Si compramos azúcar, podríamos también comprar helado. —Hubo una pausa esperanzada.
—Si vas a hacernos una tarta, supongo que puedo ser persuadido para comprarte helado.
Harry volvió a suspirar feliz.
—Si consigues helado, puede que nunca me vaya.
Esa charla sobre helado le había dado frío a Severus. Tiró de las mantas hacia arriba y las puso sobre los dos.
—Si no te vas a marchar nunca, necesitaremos comprar más queso. Y té. Y huevos —murmuró.
El brazo de Harry se había deslizado en torno a su cintura.
—Si vamos a seguir haciendo esto, lo necesitaré —sus párpados se estaban cerrando.
—Si vamos a seguir haciendo esto, yo también lo necesitaré. —Harry murmuró algo en respuesta, pero ya no se movía y después de un momento Severus se dio cuenta de que ya estaba dormido de nuevo. Sus propios ojos se sentían pesados y se le ocurrió que podía cerrarlos, a pesar de que consideró primero si usar un hechizo de encierro para mantener a Harry dentro.
Pero Severus era un espía con muchos años de entrenamiento y estaba bastante seguro de que se despertaría si Harry intentaba marcharse. Además, le había prometido helado. Lo último le hizo asentir con satisfacción mientras se le cerraban los ojos.
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