Palomitas con mantequilla, pizza, cerveza y dos M16 apoyadas en el sofá. En la tele ponen una porno. Esa noche hace un frío que pela, tanto que hasta esos antros donde solo sirven garrafón están desiertos.
Dean bufa por quinta vez. “Podría estar con Lindsey. Ya sabes, la pelirroja”. No hace más que quejarse sobre lo mejorable de su situación y Sam le ignora y empieza la tercera lata de cerveza —de las grandes, las de tres cuartos de litro. “¿Qué coño hago yo viendo una porno con mi hermano? Preferiría estar haciéndole eso a esa tía”. Sam rueda los ojos. A veces Dean es TAN cansino. Entonces llega LA FRASE. Tal vez por culpa de la cerveza, del frío o del aburrimiento, pero el menor de los dos tiene que controlarse mucho para seguir sin hacer caso: “Alguna vez podríamos compartir una. Como esa”. Dean señala la pantalla con la cabeza. Una rubia oxigenada gime de forma artificial mientras le llenan todos —o casi— los orificios del cuerpo.
Sam le mira. Le sonríe. Y vuelve a beber. Su imaginación va más allá de una rubia oxigenada y de ver a Dean tirándosela. Prefiere ver a Dean. Sin rubia.
La cerveza no se acaba. “Puto canal 18”, piensa Sam. No llevan ni la mitad de la película y su hermano mayor ya tiene la mano debajo de los pantalones. “Tú haz como si nada, ¿eh, Sammie?”. Pero Sammie no puede hacer como si nada, joder, su hermano está a diez centímetros, borracho, con la mano bajo la ropa y jadeando. Y borracho. Total e inconscientemente borracho.
¿Qué pasaría si…?
Sam traga saliva. Sabe cómo se pone Dean cuando está borracho. Pierde la visión del mundo y deja que las cosas pasen. ¿Eso también va a dejar que pase? Se relame, se gira hacia él. “Te veo alterado”. Dean le responde con un gemido ronco. Más bien ha sido un gruñido. Y sorprendentemente (no tanto, en realidad), no se queja cuando Sam le mete la mano bajo la ropa.
Maldito canal 18.
Pero Dean sabe que la rubia oxigenada del canal 18 no sabe ni la mitad de lo que sabe Sam. Que nadie, ni siquiera ella, haría una mamada tan bien hecha como Sam la hace. No se trata de su boca, ni de su lengua, ni siquiera de su saliva. Es algo completamente diferente, es, joder, el gigante de su hermano arrodillado entre sus piernas y comiéndosela. Bebiéndosela. Desgastándosela. “¿Dónde has aprendido eso, Sammie?”. No contesta. Y que no lo haga, que no pare. Sigue, Sam sigue. Hasta el fondo, todo, DiossisigueSamsigue.
Ya ni la cerveza, ni la pizza ni la película. Dean se muere en la boca de Sam y sabe que nunca, nunca más querrá otra boca que no sea la suya.
Especial Wincest
por Ami
Canal 18