Ficción
Lucius Malfoy escuchaba los sollozos de su hijo, sonido que le oprimía el pecho. Como tantas veces antes, sin pronunciar palabra, lanzó un hechizo que le permitió ver a través de la pared. La mansión Malfoy no tenía secretos para él.

La imagen que apareció ante él oprimió un poco más el puño que se cerraba sobre su corazón. Draco estaba sentado en su butacón favorito cerca de la chimenea, abrazando sus rodillas, humedecidas por las lágrimas. El fuego se reflejaba en ellas, haciéndolas brillar sobre el pálido rostro. El largo cabello parecía casi blanco, resplandeciente a la luz tintineante del fuego. Sobre la mesa, como siempre, el origen de su dolor, de su llanto. El maldito Profeta.

Su hijo se estaba consumiendo. Desde el final de la guerra apenas había salido de casa. Todos sus intentos por estimular su interés en algo habían fallado, y Lucius sabía que el terror que Draco había tenido que soportar durante la estancia del maldito Señor Tenebroso en su casa no era el único culpable de su estado. Aún en esos duros momentos, haciendo uso de su belleza y su fingida candidez, había tenido humor suficiente para conseguir arrastrar a algún mortífago a su cama y desahogar su libido montando al infeliz de turno, que nunca repetía la experiencia. Él mismo era testigo de estos juegos desde su habitación, que compartía pared con la de su hijo. Desde que volvieron a la mansión tras la batalla, los desahogos sexuales de su hijo se habían reducido al onanismo, siempre frente al Profeta. Lucius solía observar desde su habitación como su hijo se acariciaba con la mirada fija en la primera plana del periódico, y sabía quién aparecía siempre en esa página, desde la caída de Voldemort.

Incapaz de seguir viendo el sufrimiento de su hijo, Lucius entró en el cuarto sin tan siquiera llamar antes. Draco se levantó inmediatamente, y su primera intención fue esconder su debilidad y la razón que la había causado. Pero no pudo secar su cara y apartar el diario antes de que su padre llegase hasta él y sujetase su muñeca.

—Quieto. Siéntate —Lucius se sentó en la butaca, calentada por el cuerpo de Draco, y sin soltar su brazo lo sentó encima de él—. Mi Dragón…

Draco, acostumbrado a obedecer a su padre, permitió que secase sus lágrimas con dulces caricias que aligeraban su alma. Se acomodó en su regazo, apoyando su cabeza en el cuello que tantas veces le había cobijado.

Lucius permitió que el joven se calmara en su regazo mientras le acariciaba el cabello. Su mirada se perdía en la foto de la portada que había causado el llanto de su pequeño. Como siempre, el héroe aparecía en la foto, pero esta vez no lo hacía solo. Esta vez la imagen de Harry Potter no había despertado su lujuria. Más bien la había apagado, mostrando la prueba de que sus deseos no se iban a cumplir.

—Draco, ya sabías que no tenías oportunidad alguna —Lucius vio la sorpresa en los ojos de su hijo—. Lo se, quizá antes que tú mismo. Nunca has sido tan oscuro como Voldemort, hijo. Tanta fijación por una persona no podía ser tan solo odio. He llegado a pensar que había sido mi culpa…

—¿Tu culpa, padre?

—Siempre te dí cuanto querías, y te enseñé a desear lo mejor. Creo saber que tu obsesión empezó cuando El-niño-que-vivió te negó su amistad.

Draco sonrió, rescatando recuerdos tan lejanos que ya no dolía rememorarlos

—Pero, ¿cómo supiste que yo…?

—Cuando recibía un sobre especialmente grueso de Hogwarts, sabía que me iba a encontrar con el nombre de Potter dentro. Tienes que volver a verlas, hijo, hasta Goyle habría podido verlo entre líneas, o más bien leerlo en ellas, porque no había línea libre del nombre del maldito héroe —miró la cara de súplica de su hijo. Súplica y perdón. Aún después de todo lo que habían pasado, su cachorro necesitaba su aprobación—. No me parece mal la elección, hijo, pero quiero que reacciones y sigas con tu vida. Sabes que no tienes opciones, por mil razones…

Lucius besó las lágrimas que rodaban por el rostro de su hijo. Maldito el día en que se unió a Tom Ryddle. Buscaba poder y acabó humillado en su propia casa y degradado ante la sociedad que ahora lo rechazaba. Quizá si no hubieran sido enemigos, Draco hubiera tenido una oportunidad con Potter y ahora sería feliz. O quizá sin ese enfrentamiento no hubiese llegado a desearlo tanto. Siempre queremos lo que se nos niega.

Las lágrimas se habían convertido en ríos que salían de unos ojos que miraban sin parpadear la fuente que los hacía brotar. Lucius lamió el camino de agua salina, pero no lograba contenerlo. Siguió su mirada, irritado y encendido por el dolor de su hijo. Con un golpe silencioso de varita, borró la figura pelirroja que robaba los besos que ansiaba su dragón. Eso paró el llanto.

Enderezó el cuerpo que tenía sobre él, reposando la espalda de su hijo contra su pecho, los dos mirando la cara de sorpresa del chico moreno de la fotografía. Lucius decidió no dejarlo solo y de paso ofrecer a su hijo material más adecuado para sus sueños húmedos que una simple foto en un periódico.

Un accio le acercó el marco situado sobre la repisa de la chimenea, donde aparecía Draco con el uniforme de Slytherin. Notaba sobre sus piernas cómo temblaba de anticipación. Su inteligente hijo había adivinado ya sus intenciones. Un gesto de su varita y Draco ya no estaba solo en su marco.

Padre e hijo observaban el silencioso enfrentamiento. En un plano de medio cuerpo, la imagen del chico moreno se movía inquieta mientras el rubio no dejaba de mirarlo. Draco levantó la mano, inconscientemente, deseando poder cumplir su mayor deseo y acariciar a Harry, como él lo llamaba en su mente, en los momentos de intimidad soñada. Siguiendo su ejemplo, dentro de la foto el rubio acercó su mano hacia el rostro del moreno, intentando calmarlo. Animado por la falta de rechazo, se acercó más y dejó que su mano se deslizase por el despeinado cabello, que su contrapartida real tanto había ansiado tocar.

Draco se estremecía contra el pecho de su padre, imaginando que realmente era su mano la que se perdía entre esa maraña negra. De pronto su cuerpo dentro de la foto se vio agarrado con violencia por la corbata. Lucius levantó la varita, pero Draco le bajó la mano. No era la clase de contacto que quería ver, pero sabía por experiencia que podía llegar a disfrutar de los escasos y violentos roces que le permitía una pelea.

Sorprendiendo a los tres rubios, el moreno tiró de la corbata atrayendo los labios de su enemigo hacia los suyos. Lo besó violenta y lascivamente, sin soltar su presa. Mientras el beso y las respiraciones se aceleraban, las manos del moreno salieron del encuadre, bajando por la parte trasera del uniforme de Slytherin.

A padre e hijo también les empezaba a costar respirar con tranquilidad. Lucius soltó el marco, que hechizó para que flotara y se agrandara. Con las manos libres, empezó a desabrochar los pantalones de Draco, que gemía ante la visión de su propio cuerpo siendo acariciado por el hombre que deseaba. Ahora se veían las manos cerradas sobre sus nalgas, apretando, empujando. No se dio cuenta de las manipulaciones de su padre hasta que su erección fue liberada. Se arqueó contra su pecho, apretando su culo contra el duro miembro de Lucius y abriendo más las piernas para dar acceso a la mano que empezaba a masturbarlo.

El moreno lamía desesperadamente el cuello del rubio, que miraba a su contrapartida real y sonreía con descaro. Se dejaba hacer y disfrutaba con la boca y las manos que lo estaban recorriendo. Sintió cómo abrían sus pantalones y los bajaban, sin ningún cuidado. Pero en ningún momento puso ningún impedimento. Ni tan siquiera cuando se vio empujado de cara a la pared, notando cómo se restregaba contra su culo mientras le acariciaba la polla.

Draco temblaba. No podía oír lo que se decían al oído, pero pudo ver los ojos del rubio cuando se giró para mirarlo. Le devolvió la media sonrisa. El moreno se desabrochó los pantalones.

Lucius levantó la varita pero Draco volvió a evitar su intromisión. Se giró, enfrentando su vergüenza.

—¿Mi dragón sumiso? —Lucius había espiado a su hijo durante las suficientes sesiones de sexo como para saber que siempre era dominante.

—Nunca antes. Solo lo haría con él, padre.

Lucius besó a su pequeño. Ahora entendía que no se trataba tan solo de una obsesión juvenil. Y eso le partió el corazón.

Cuando su atención regresó a la imagen flotante, Draco no pudo evitar que se le escapara un gemido. Su mayor fantasía se desarrollaba ante sus ojos. Se veía a sí mismo tomado bajo los fuertes envites de Harry Potter. Puso su mano sobre la de su padre, sugiriéndole un ritmo más acelerado.

Lucius no complació a su hijo. Lo acabó de desnudar con un hechizo y luego se lubricó los dedos de la mano con la que empezó a acariciar su entrada. Draco se tensó.

—Relájate, Draco. Observa como Potter te está follando.

Draco gimió, abriendo más las piernas, totalmente entregado. Su imagen en papel estaba ahora de rodillas, apoyado en la pared. La espalda del moreno se movía frenética, empujando, manteniendo el equilibrio sobre una rodilla y el pie de la pierna que tenía flexionada.

—Mírate a cuatro patas bajo el salvador del mundo mágico. Está disfrutando de tu cuerpo. Siéntelo, Draco —Lucius movía dos dedos en el interior de su hijo, estimulándolo mientras la otra mano sujetaba la base de su erección. Sus gemidos incontrolados le avisaban que estaba muy cerca ya. Lo conocía tan bien tras años de observación…

Draco sentía tanto dentro de él, que creía que iba a estallar. Deseaba sentir esas fuertes manos sobre sus propias caderas. Deseaba sentir cada envite, que cada vez era más fuerte y acelerado. Deseaba sentir los besos sobre su propia espalda. Estimulado por la visión de su propio cuerpo siendo follado y por las manos de su padre, temió que el orgasmo que sentía retenido en sus testículos pudiera matarlo con su intensidad.

—Padre, por favor…

Lucius comprendió y concedió la liberación rogada. Liberó su presión y masturbó con fuerza, mientras sus dedos presionaban un punto interno.

Draco se corrió soltando un fuerte gruñido, que sonó a queja. Se recostó sobre su padre, mientras éste limpiaba la foto manchada de semen y la dejaba sobre la mesa, donde el otro rubio seguía siendo penetrado por el moreno. Su erección palpitó llamando la atención de Draco, que se apresuró a responder a la provocación arrodillándose ante su padre y tomándolo en su boca.

Lucius no pudo prolongar mucho el placer de sentir la boca de su hijo estimulando su polla. Además de las deliciosas sensaciones que le regalaba la experimentada boca de Draco, la imagen de Potter follándose a su hijo le aceleraba hacia el clímax a una velocidad inusual para él.

Pero es que el culo de Potter se veía realmente apetitoso, moviéndose frenético, penetrando sin descanso a su hijo. Su resistencia llegó al límite al ver cómo el Draco de la fotografía mojaba el suelo con abundante semen, que seguramente estaba recibiendo también en su interior, a juzgar por los temblores de Potter.

Ajeno a la culminación de su yo virtual, Draco limpió por completo la polla de su padre, con admiración y cariño. No eran muy usuales ese tipo de encuentros entre ellos, por eso solía disfrutarlos todo lo que le era permitido.

Una vez satisfechos los dos, Draco llevó a Lucius a su cama y se estiró a su lado. Se trataba de una cama muy cómoda, pero nunca lo era tanto como cuando su padre se estiraba a su lado, acogiéndolo entre sus brazos. Draco se dejaba acariciar, mientras miraba el marco que había dejado en su mesita de noche, donde su propia imagen era arrullada por otras manos. Manos que deseaba que acariciasen su propio cuerpo.

—Padre, ¿por qué Potter ha actuado así en mi fotografía?

—Draco, una fotografía no es un retrato. No guarda los deseos de la persona retratada, simplemente los que sentía en el momento del flash. Recuerda que Potter fue fotografiado cuando se estaba besando… —A Lucius le dolía hurgar en la pena de su hijo, pero era mejor que olvidase sus esperanzas. Eran vanas.

—Lo sé, padre. Si tan solo pudiese tenerlo una vez…

Lucius Malfoy siempre había consentido a su hijo, nunca le había negado un capricho. Encendía su sangre el no poder cumplir sus deseos. Pero encontraría la forma. Cuando un Malfoy quería algo…


*****

 


Harry Potter seguía a Kreacher mientras se preguntaba quién lo iría a visitar precisamente el día de Navidad. No se trataba de nadie de la Orden, porque se encontrarían luego en La Madriguera. Tampoco ninguno de esos locos que le paraban por la calle, porque Kreacher no dejaba entrar a ningún desconocido. No entendía por qué el elfo se negaba a decirle la identidad del visitante, pero decidió confiar en él, al fin y al cabo le había demostrado su fidelidad durante meses. Al llegar a la habitación del tapiz Black, como secretamente la llamaba, se aclaró el misterio y se levantaron sus alarmas. Lucius Malfoy.

—Amo Potter, el señor Lucius Malfoy —Kreacher demostraba su respeto por el sangre pura. Era algo que todavía no había podido cambiar.

—Gracias Kreacher, has sido muy amable, si nos disculpas tengo que hablar de unos asuntos muy importantes con tu amo, que no nos molesten en dos horas, por favor.

—Por supuesto, señor Malfoy. Yo me encargaré personalmente de ello, señor. Es todo un honor para mí…

—Está bien, Kreacher —Harry no podía evitar sentirse defraudado por el elfo—. ¿Ahora eres amable con los elfos, Malfoy? Lo que hay que hacer para parecer respetable.

—Los Malfoy no parecemos respetables, Potter. Somos respetables —Se giró hacia el tapiz que había estado admirando—. No sabía que habían incluido a Draco en el tapiz.

—No creo que haya venido para admirar un viejo tapiz -Harry no esperaba nada bueno de esa visita y quería acabar cuanto antes.

—No espero que tengas el gusto y la clase suficientes como para comprender el significado de un árbol familiar. Para mí es todo un honor ver mi nombre entrelazado en una familia tan noble y antigua como la de los Black…

—Yo no veo más que nombres de personas entrelazadas a base de odio y perjuicios.

—Ya. Supongo que tú no puedes ver nada más –Lucius se obligó a calmarse, la conversación no le beneficiaba para su plan—. He venido para agradecerte debidamente la declaración ante el Wizengamot.

—¿Realmente has venido para eso, Malfoy? ¿Contagiado del espíritu de la Navidad?

—Pues la verdad es que sí que he venido empujado por el espíritu navideño. Quiero que me ayudes con el regalo de Draco.

—¿Draco? —Lo último que Harry se esperaba de Lucius Malfoy era que le ayudara con un regalo para su hijo. Esperó que lo que buscara en su elegante abrigo lo sacara de dudas. Cuando vio la varita fue demasiado tarde para reaccionar.

—¡Desmaius!


*****


Cuando recuperó la conciencia se encontró inmovilizado en una elegante cama con dosel. Sus manos y pies se abrían formando una equis, sin trabas aparentes, paralizados con magia. Cuando bajó la mirada, comprobó que su situación era peor de lo que imaginaba. Estaba completamente desnudo.

—Vaya, el héroe despertó —Lucius Malfoy apareció en su campo de visión—. ¡Silencius! Disculpa mi falta de hospitalidad, pero no puedo permitir que grites y estropees mi sorpresa.

Lucius se recostó en la cama, muy cerca de esos ojos verdes que lo miraban con furia. Acarició el firme torso con la punta de su varita.

—Realmente eres un magnífico regalo —rió ante la mirada de terror—. No te preocupes, no eres para mí. Si lo fueses tendrías razones para temer… Te usaría durante horas.

Si Harry tuvo alguna duda sobre sus intenciones, el tono sugerente y la peligrosa sensación de una mano acariciando su cadera le confirmaron sus miedos. Se movió frenéticamente, retorciendo su cuerpo, pero era poco el margen que le dejaban las ataduras mágicas.

—Cálmate, Potter. Te doy mi palabra de Malfoy de que no te vamos a dañar. Si te comportas, claro. Mi dragón no es tan rudo como yo —por el gesto del chico comprobó que no entendía bien la situación—. Draco te desea. Siempre lo ha hecho. Te has convertido en una obsesión para él, desde que te conoció. Y te aseguro que lo entiendo. Eres todo un ejemplar, Potter —Lucius seguía acariciando su cuerpo, joven y firme como el de su propio hijo. Se escuchó el golpe de una puerta al cerrarse, que lo hizo reaccionar—. Vamos a darle una gran sorpresa… No pongas esa cara, te aseguro que lo disfrutarás.

Harry temblaba, se sentía desprotegido, humillado, expuesto. Si Lucius le hubiera entregado a los mortífagos que seguían en paradero desconocido no se hubiera sorprendido tanto. Pero no sabía realmente qué esperar de una situación tan extraña. No sabía si su vida corría peligro, aunque a juzgar por las últimas palabras de Malfoy... ¿Realmente creía el asqueroso mortífago que podría llegar a disfrutar en esas circunstancias? ¿Draco Malfoy realmente lo deseaba? ¿Pensaba culminar sus numerosas peleas sometiéndolo sexualmente?

Cuando escuchó un gemido a su lado, dudó tener suficiente valor para enfrentarse a ello. Pero decidió que sería más humillante mostrarse sumiso y temeroso. Era un Gryffindor. Se había entregado a la muerte. Enfrentó la mirada gris, pero no encontró el sentimiento que esperaba ver. Draco Malfoy no se regodeaba de su posición dominante.

—Padre, ¡qué has hecho!

—Es tu regalo, mi dragón. Lo deseabas.

—No así, padre. Es peligroso, en nuestra situación…

—Draco, cálmate. Confía en mí. Un obliviate nos garantizará el anonimato. Nadie sabrá nada, solo tú y yo. Feliz Navidad, mi dragón -Lucius le acercó una redoma de color verde.

—¿Es un filtro amoroso? —Harry se estremeció, ante las palabras de Draco. Aunque quizá fuese mejor no ser consciente de lo que le iban a hacer. Pero lo que el rubio contestó ante la afirmación de su padre le descolocó—. No lo quiero, padre. Así no.

—Lo tienes desnudo ante ti, como querías. ¿Lo vas a dejar escapar?

Draco deslizó su mirada por el cuerpo que le esperaba en la cama. No, definitivamente no se iba a perder la oportunidad de sentirlo bajo él. La mirada que dirigió a su padre complació a éste y aterró a Harry.

—Pero a mi manera.

—Es tu regalo, dragón.

Harry sintió la cama ceder bajo el nuevo peso que se recostó a su lado. La situación se volvió aterradoramente real. Temeroso, esperó el siguiente paso del rubio, pero éste se limitó a mirarlo como un niño ante un regalo especialmente grande, sabiendo que la expectación acabaría al retirar el envoltorio. Sintió cómo se acercaba a su rostro sin dejar de mirarlo a los ojos. Intentó retirar su cara, pero se vio sujetado por dos firmes manos. Sintió como sus labios eran besados contra su voluntad. Pese a la sensación de ser profanado, el toque no fue brusco ni violento. Los labios de Draco lo tanteaban con suavidad, como si temiesen romperlo. Relajó la tensión en su boca, dejando que lo invadiesen las únicas sensaciones positivas que había experimentado en ese cuarto.

Toda esa entrega se acabó de golpe al sentir algo duro y exigente contra su pierna. Despertó su odio y recordó dónde y con quién estaba. Se estaba dejando besar por un hombre que deseaba follárselo, desnudo e inmovilizado en una cama. Y ese hombre era Draco Malfoy. Todo lo que pudo hacer, en su estado, fue morder con fuerza el labio que tenía sobre su boca. Llegó a notar el sabor metálico de la sangre, antes de que Lucius Malfoy los apartara con un hechizo. Cuando la varita lo apuntó, temió realmente por su vida.

—Padre.

—Draco, el cabrón te ha hecho daño.

—Tiene derecho a defenderse.

—Con un Imperius lo tendrás dócil.

—Padre. A mi manera.

Lucius se rindió ante la mirada suplicante de su hijo. Realmente amaba a Potter. Decidió que más tarde se vengaría. Ahora su hijo estaba sufriendo. Cogió su cabeza con ambas manos y lo acercó a él. Lamió la sangre que resbalaba por su barbilla hasta llegar a la herida abierta. Besó con suavidad los labios abiertos, queriendo borrar el dolor. Entrecerrando los ojos, con toda la furia de un Malfoy, amenazó a Potter por encima del hombro de Draco. No volvería a permitir que le hiciese daño.

Pero el destinatario de esa mirada amenazante apenas la notó. Estaba totalmente desconcertado, viendo cómo se besaban padre e hijo. La primera impresión le había dejado sin capacidad de reacción y luego había sido incapaz de apartar la mirada. No podía negar que los dos rubios eran bellos y verlos juntos era tan excitante que, pese al rechazo que le provocaba la situación, su confundida mente estaba haciendo reaccionar a su cuerpo.

Se percató de que Lucius le dirigía una irónica sonrisa, cuando se dio cuenta de su excitación. Temió ser burlado y humillado, pero el rubio no hizo el más mínimo comentario y siguió besando el cuello de su hijo. Sus manos se deslizaban por la camisa soltando los botones con lentitud y elegancia.

Draco se dejaba hacer, sabiendo que su padre compensaba con sus caricias las que no recibiría de Harry. Cuando se vio liberado de la prenda y sintió cómo su pecho era acariciado por una lengua, se entregó a lo que estaba sintiendo, gimiendo y echando atrás su cabeza.

Harry no había visto nada más delicioso en su vida. La situación no podía ser más esperpéntica. Se estaba excitando mirando a dos hombres besarse. Se estaba excitando viendo a un padre lamer lascivamente el cuerpo de su hijo. Se estaba excitando aún sabiendo que uno de esos hombres lo iba a violar. ¡Se estaba excitando mirando como Lucius Malfoy desnudaba a Draco Malfoy!

Aceptada la locura, se horrorizó al entender que si pudiera liberarse y acercarse a ellos, seguramente tomaría el lugar del padre para seguir lamiendo y desnudando a Draco Malfoy. Siguió las manos de Lucius, que habiendo desabrochado el pantalón, se habían introducido en su interior. Se volvieron a besar húmedamente, mientras la mano seguía su propio ritmo. Harry se dividía entre el deseo de que apartara los pantalones que le negaban la visión de la polla de Draco, y el saber que cuando el rubio estuviera completamente desnudo, le harían participar a él. Tan solo con pensar en ello le entró el pánico.

Tal como esperaba, una vez que estuvo desnudo, Lucius giró a su hijo y lo empujó hacia la cama. Hacia él. Intentó mirarle a los ojos con todo el odio que sentía, pero en ese momento su cerebro no tenía la sangre suficiente como para ordenar nada. Toda la sangre estaba llenando la erección más rígida que había tenido en su vida. Sus ojos acabaron bajando hacia el miembro de Draco, que parecía tan excitado como el suyo. Sólo pensar lo que le iba a hacer con aquello… Pero extrañamente su excitación no aminoró.

Draco se estiró encima de Harry. Los dos se estremecieron cuando sus cuerpos se rozaron. Notando que el moreno se había rendido, al menos su cuerpo, se arriesgó acercándose a la peligrosa boca. No se atrevió a rozarla, pero disfrutó de los preciosos ojos que lo miraban. Quería recordar sus rasgos ya que posiblemente no lo volvería a ver en persona y seguramente nunca tan cerca. Acarició el amado rostro con ambas manos y teniéndolo bien sujeto procedió a besar su cara dulcemente.

Harry se dejaba hacer, aunque no esperaba esta clase de atenciones. Casi hubiera preferido que lo besase lascivamente. Sí, tan lascivamente como le había visto besar a su padre. Al evocar esas imágenes tan excitantes, no pudo evitar levantar su pelvis, la única parte junto a la cabeza que podía mover un poco. Cuando lo hizo, chocó con la erección que tenía encima. Draco gimió como él lo hubiera hecho, de haber podido, y le regaló una de sus medias sonrisas. Las había echado de menos, ahora se daba cuenta.

Una vez probado el contacto, Draco había iniciado una fricción cadenciosa, que definitivamente le estaba reblandeciendo el cerebro. Ni siquiera le distrajo ver a Lucius Malfoy apoyado en una de las columnas de la cama, mirándolos con lujuria. Se había olvidado completamente de él.

Estaba totalmente aterrorizado, en parte porque le estaba complaciendo el roce de un hombre y en parte porque sabía lo que pretendía Malfoy.

Sólo recuperó la conciencia cuando la fricción paró. Draco se había incorporado y estaba sentado a horcajadas sobre él, mirándolo. Se retiró un poco para tener acceso a su erección y empezó a acariciarle. Cerró sus ojos para evitar esa mirada de deseo, sabiendo que en pocos momentos le abriría las piernas para situarse entre ellas. La suave y caliente caricia de una lengua sobre su cuello le ayudó a relajarse, aunque hubiese abandonado la deliciosa manipulación de su miembro. Un grito le obligó a abrir los ojos.

—¡Padre!

La voz de Draco se oyó lejos, ya que seguía erguido sobre él. Una larga melena le acarició al alejarse de su cuello. Lucius Malfoy le había lamido. Y parecía que a Draco no le gustaba que tocasen sus cosas.

La traviesa mirada llena de lujuria que le lanzó Lucius se abrió paso hasta el órgano que tenía su hijo en la mano. Draco notó la corriente de atracción entre los dos y los celos explotaron cuando notó cómo palpitaba la erección de Harry.

—Padre. Es mi regalo.

—Perdona hijo, os veis tan atractivos… —Lucius se acercó a su hijo y lo besó. Mientras delineaba sus labios con la lengua, miraba con deseo hacia unos ojos verdes. Sin dejar de hacerlo se apartó elegantemente, retirándose de nuevo hacia la columna.

Draco se inclinó hacia su regalo y lo tomó completamente en su boca, sin poder esperar a saborearlo ahora que lo tenía realmente ante él. Tras una tentativa succión, lamió toda su extensión, admirándola, probándola, aprendiendo su forma y sabor para futuras sesiones de sexo solitario donde esa maravillosa polla no estaría a su alcance.

Lucius fue incapaz de controlarse, observando cómo su hijo lamía la erección de Potter. Decidió que si no lo podía tocar a él, al menos ayudaría a su hijo a prepararse.

Tras un hechizo lubricante acarició suavemente su entrada, notando que Draco se tensaba. Pero en ningún momento dejó desatendido a Potter, que respiraba aceleradamente.

Las húmedas caricias de Draco lo estaban acercando peligrosamente al orgasmo. Y no se quería correr. Se suponía que lo estaban forzando, que él no quería participar en ese absurdo. Quería cerrar los ojos y pensar en cosas terroríficas y asquerosas que acabasen con su excitación. Pero se había quedado anclado en esos ojos grises que lo miraban con deseo. No los de Draco. Esos le hacían temblar por los extraños sentimientos que mostraban, tan inesperados en esos ojos que siempre lo habían mirado con odio.

La mirada que lo tenía retenido era la de Lucius Malfoy, que despertaba en él una lujuria que nunca había experimentado, no a ese nivel. No hasta el punto de que, viendo cómo preparaba a su hijo para penetrarlo, su cuerpo desease al mismo tiempo ser atendido por Draco. A pesar de que sería su primera vez, con hombre o mujer. A pesar de que sería con Draco Malfoy. O quizá por ello mismo.

Para su sorpresa, Lucius no se desnudó. Besó la espalda de su hijo y se retiró a su lugar en la columna. Draco se giró hacia su padre y éste asintió con una sonrisa. Una de esas sonrisas Malfoy que empezaba a ver con otros ojos. No se atrevió a mirar a ninguno de los dos, por miedo a mostrar la aceptación a la que su cuerpo ya se había rendido. Al menos sería solo con uno. Había temido tener que compartir a Draco. Por alguna extraña razón que su mente recién liberada no le explicaba, le molestaba que el padre tomase al hijo, más allá de la relación paternal.

Pero no pudo evadirse más en sus extraños pensamientos. Notó como su erección era manipulada. No sabía exactamente qué esperar, pero desde luego no necesitaba estar más preparado. Al menos no en esa parte…

Cuando Draco se colocó a horcajadas sobre él, sentándose poco a poco encima de su erección, entendió que Lucius no lo había preparado para él. ¡Por Merlín, se iba a follar a Draco Malfoy! No pudo evitar levantar las caderas para ir a su encuentro, ansioso de sentirse dentro. Pero notó que unas manos en sus piernas lo paraban. Las manos de Lucius. Por la cara de dolor de Draco entendió que era su primera vez y que lo había lastimado con su gesto.

Miró interrogativamente al rubio que tenía sobre él. Ahora sí que no entendía nada. Si no lo había hecho antes, ¿por qué con él? Hubiese creído más fácilmente que se trataba de alguna clase de ceremonia antes que descifrar el gesto de entrega que veía en su rostro, a pesar del dolor.

Lucius ayudaba a su hijo a acabar de introducirse. Le calmaba con palabras suaves que solo llegaban a su oído, mientras lo masturbaba para distraerlo del dolor. Una vez que Draco se acostumbró a la penetración, se volvió a apartar, respetando el momento que sabía que sería muy especial para él. El recuerdo de este momento sería todo lo que le quedaría después.

El placer que sentía Harry ya no podía ser roto por ningún pensamiento, porque había perdido la capacidad de pensar. Estaba anclado en esos ojos grises que lo miraban con amor, queriendo grabar su cara, que sabía que reflejaba el placer que sentía. Seguía con sus caderas los suaves movimientos de Draco, meciéndose sobre su erección. Agradecía tener los brazos inmovilizados, porque si los hubiera podido mover, habría delatado su completa aceptación al volar hacia los glúteos y acompañar esa suave danza.

Incluso agradecía estar silenciado, porque sabía que le rogaría a Draco más contacto, tal como le estaban solicitando sus ojos. Su deseo fue entendido por los ojos grises que lo acariciaban, o quizá lo complació porque él deseaba lo mismo.

Con cuidado, Draco se estiró sobre su amante, besando su pecho, sin dejar de moverse cadenciosamente. Harry lo recibió feliz, inclinando su cabeza para rozarlo, llamándolo, pidiéndole en silenciosa mirada que lo besara. Draco, perdido en su propio placer, siguió sus deseos y se abalanzó sobre esos labios que antes lo habían dañado.

Pero esta vez fue distinta. Harry se había entregado, esta vez en cuerpo y mente y besaba sus labios con dulzura pero llevando el control, ansioso, desesperado. Cuando sus lenguas se unieron y debido al delicioso rozamiento del cuerpo de Harry, perfectamente acoplado al suyo, Draco se corrió después de gritar su nombre. Arqueándose de placer, exponiendo su cuello, fue una visión demasiado hermosa para que Harry se pudiera contener. Mordió ese perfecto trozo de piel blanca, sin dañar, marcando posesivamente, mientras se corría con fuerza.

Draco se quedó sobre el pecho de Harry, besando dulcemente su rostro. Entre lágrimas de emoción, sin girarse, pidió a su padre que lo liberara. Lucius, que no había esperado esa inaudita aceptación, se había extasiado con la dulzura de los dos amantes. Pero eso no era bueno para su hijo. Un mal recuerdo era más fácil de olvidar.

—No puedo, Draco.

—Padre, por favor —Draco lamía sus propias lágrimas, que caían sobre el rostro de Harry.

—Él no te ha respondido. He sido yo… —Lucius sabía que sus palabras harían caer a su hijo del cielo a donde los besos de Potter lo habían llevado. Pero era necesario.

Draco se giró con violencia, cambiando sus lágrimas por una expresión de odio que golpeó el corazón de su padre. En dos pasos se enfrentó a él.

—¡Lo hiciste, utilizaste el Imperius! ¡Te odio! —golpeó el pecho de su padre con sus puños hasta que Lucius los sujetó—. ¡Me has engañado! Me has hecho creer…

Las lágrimas brotaron de nuevo, manchando esta vez la camisa de Lucius, que acariciaba su cabeza con pesar en el rostro. Harry lo miraba sorprendido, sin entender por qué había mentido, ya que obviamente su reacción no había sido forzada. Él podría haberse enfrentado a un Imperius.

De pronto Draco se separó de su padre. Lucius hubiera preferido que lo hubiese mirado con odio, en vez de esa expresión de pena que le partió el alma. Con una última mirada hacia su amor, salió corriendo de la habitación.

Harry se movía desesperado en su prisión invisible. El dolor en la cara de Draco le horrorizaba, más después de lo que habían compartido y sabiendo que sufría por algo que era mentira. Fijó su atención hacia el culpable, mirándolo con odio.

Lentamente, Lucius se acercó a la cama y se sentó en el borde, cerca de Harry.

—Es mejor para él. No puedes avivar su esperanza. Tú no lo has visto sufrir como yo, mirando tu foto en el Profeta, consumiéndose por ti. Debe superarlo. Esto ha sido una despedida, él se casará para darme descendencia, y tú te irás con la pelirroja…

Harry abrió los ojos, entendiendo lo que vendría ahora.

—¡Obliviate!


*****


Lucius Malfoy saludaba al nuevo ministro de magia, que lo miraba con recelo. Casi todos en esa fiesta lo miraban igual, excepto algunos que simplemente lo observaban con odio. Pero cuando aceptó la invitación ya sabía lo que se encontraría. Ya se había acostumbrado a ser el centro de los murmullos después de la primera desaparición del Lord Tenebroso. Y lo había superado. Un Malfoy siempre consigue lo que se propone.

—Querido, no teníamos que haber venido. No veo que haya mucha gente influyente —Narcisa miraba con desprecio al resto de asistentes a la fiesta.

—Ahora ellos son los influyentes, Narcisa. Las riendas del mundo mágico están siendo llevadas por algunos de los que están en esta casa. De momento. Para recuperar la posición social de la familia, debemos confraternizar con ellos. Ha sido un raro honor que Potter nos invitara a la fiesta de año nuevo. Demuéstrales que eres una Black. Tú tienes más derecho que ellos a estar en esta casa. —su esposa se irguió más, si eso fuera posible—. Pero querida, recuerda que ellos no son de tu alcurnia, tendrás que rebajar tu conversación.

—Por supuesto, querido —con una deliciosa sonrisa, Narcisa Malfoy se acercó a Molly Weasley, que había sido la única que se había dirigido a ellos, para agradecerle el haber salvado la vida de Harry. Rápidamente se vieron rodeadas por varias cabezas pelirrojas, pero Lucius confiaba ciegamente en la diplomacia de su esposa. Mientras la observaba ganarse a la matriarca Weasley, alguien le acercó una copa.

—¿Champagne?

—Harry Potter. No he podido agradecerte tu invitación. He de decir que me sorprendió recibirla. Agradable sorpresa, por supuesto —Lucius había intentado acercarse al más influyente de los presentes toda la noche, pero pese a lo reducido del espacio, la atención del héroe siempre estaba ocupada por alguna cabeza pelirroja.

—No hay de qué. Creo que no se deben mantener los enfrentamientos. La guerra acabó y al fin y al cabo, en el último momento, cambió de bando —Harry se aseguró de acentuar lo del último momento…

—Muy gentil por tu parte, Potter. Pero a juzgar por las miradas que nos envían, eres el único que piensa así.

Harry miró a su alrededor y todas las cabezas giradas hacia ellos cambiaron de dirección.

—Acompáñeme.

Lucius siguió a Potter hasta una habitación cercana, después de comprobar que Narcisa ya tenía a los Weasley a sus pies, y una copa en la mano.

—Me ha sorprendido que Draco no los acompañase. La invitación era para tres.

—Mi hijo lleva días indispuesto, pero le manda saludos —Lucius quería cambiar el tema de la conversación, Potter no volvería a saber de Draco—. Vaya, el tapiz genealógico de los Black, es un honor aparecer en él.

—Lo sé. Ya me lo dijo.

Lucius tardó dos segundos en darse cuenta. Los justos para mirar sorprendido a Potter y ver como un gesto de varita lo empujaba cuatro metros atrás, para estrellarlo contra la pared que no estaba acolchada. Se quedó en el suelo, saboreando su propia sangre.

—Has recuperado tus recuerdos.

—No los llegué a perder. Puedo resistir un Imperius, rechazar el obliviate no me costó demasiado —con un gesto de varita curó la nariz que sangraba y seguidamente tendió su mano hacia el rubio.

Lucius comprendió que esa mano que le tendían le ofrecía más que ayuda para levantarse.

—Gracias.

—No me las de. No estamos en paz. No puede ir tomando lo que quiere de la gente, el secuestro es un delito.

El Slytherin en Malfoy tembló ante la integridad del Gryffindor.

—No lo perdono, pero no tomaré represalias. Tiene algo que quiero, y me lo debe.

—Lo acepto, y si está en mi mano…

—Oh, lo está, créame: Draco.

Lucius caviló por un momento. Potter había rechazado olvidar. Potter había correspondido a su hijo, aún en una situación difícil para él. Potter era un Gryffindor. Amaba…

—Mi hijo no es un objeto. ¿Qué es lo que quieres?

—Quiero que no se interponga. Y que me lleve a Malfoy Manor. Ahora.

Lucius miró la copa que sostenía, la puerta, y al chico de verdes ojos que lo miraba con decisión. Narcisa se ocupaba de seducir a los nuevos aliados.

Él se ocuparía del más importante.


*****

 

Se aparecieron en la habitación de Draco, que ni siquiera se giró. Permanecía sentado en su butaca, abrazando sus rodillas, observando una foto que flotaba ante él. Harry se giró hacia Lucius, que se encogió de hombros.

—Lleva así desde Navidad.

—Vuelva a la fiesta —Harry empujó suavemente al rubio hacia la puerta. Lucius sonrió al ver las intenciones de Potter, pero no se desapareció. Se dirigió a su habitación.

Al acercarse a la butaca, Harry pudo vislumbrar la foto que flotaba ante Malfoy, donde una pareja se besaba recostada sobre una pared. Se sorprendió al comprobar que se trataba de él con Draco. Sin pensar, hizo flotar la foto hacia él.

Draco reaccionó y le arrebató la foto furiosamente, con violencia. Ni tan siquiera se dio cuenta de quién era el que le había robado su sueño. Harry lo abrazó por detrás, desolado por su estado, perdido en una fotografía.

—Draco, soy yo. ¿No prefieres al original?

Esas palabras lo hicieron reaccionar. Se giró dejando caer la foto y acercó el rostro amado con las dos manos.

—¿Harry?

Como respuesta recibió un beso, que se apresuró a contestar. Se besaban dulcemente, reconociéndose.

—Soy yo, Draco.

Le había llamado por su nombre. No podía ser real. Empujó fuertemente al moreno contra el suelo y se dirigió a la puerta.

—¡PADRE! ¡PADRE!

—¡DRACO! Escúchame —lo sujetó por los hombros, parando su huida—. Soy yo de verdad, sin pociones, sin Imperius, sin obliviates.

Draco abrió desmesuradamente los ojos.

–Recuerdas…

—No llegué a olvidar.

—Harry…

—Esta vez te pasaste, Malfoy. Fue inmoral —Draco se dejó caer en la cama, escondiendo su culpa bajo sus manos—. Fue una tortura tenerte sobre mí… y no poder tocarte.

—Harry… —Draco no creía lo que había oído. No podía creerlo. Dolería demasiado, si era mentira. Se levantó y se dirigió a besar esos labios que no le mentirían—. No me muerdas…

Se besaron hasta que Draco comprendió que su sueño se había hecho realidad.

—Eras tú. Tú me besabas, sin obligaciones.

—Aún no entiendo cómo lo hice. Pero no puedo seguir negando lo que siento. Te deseo y vas a ser mío.

Draco tembló de anticipación. Se dejó derribar en la cama y ahora fue Harry el que se sentó a horcajadas sobre él. Rompiendo los botones de la camisa, descubrió ese pecho blanco que le había impedido dormir desde Navidad. Lo besó con desesperación, acariciándolo ahora que se le permitía.

—Me vas a compensar, Malfoy. Toda una vida no te va a bastar…

El orgullo Malfoy asomó tímido y recién recuperado, al escuchar el tono Gryffindor que tantos años había odiado. Se giró, sorprendiendo a Harry, que quedó aprisionado debajo de él.

—Puede que esté loco por tí y desee que me folles, Potter. Pero aún soy un Malfoy. Hace tiempo que soy sólo para tí, pero tú vas a ser mío también. Nada de mujeres, nada de pelirrojas. Mío. Solo mío.

Harry rió lo que el peso sobre su estómago le permitía.

—Cómo te echaba de menos, Malfoy. Si he venido hasta aquí es para ser tuyo. Solo una condición… —Draco lo miraba tan extasiado que sabía que le podría pedir cualquier cosa. Cualquier cosa—. Tu padre se queda fuera.

Draco rió con ganas, como hacía años que no reía.

Lucius Malfoy también reía sentado en su cuarto, frente a la habitación de su hijo. Levantó una mano con la copa de champagne hacia los chicos que se amaban ante él, tras el muro translúcido. La otra se perdía dentro de sus elegantes pantalones…

—Feliz año nuevo, chicos…


 

Fin

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Regalo de Navidad para un Malfoy

Por Danvers - Beta: Crysania M

Advertencia: Malfoycest
Pairing: Lucius/Draco Harry/Draco
Rating: NC17